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1 jul 2023

Reflexiones a la llegada de Imanol Idiákez al Deportivo


 Por Rubén Pedreira

Esta mañana el Deportivo presentó a Imanol Idiákez como su nuevo entrenador. No lo hizo a las 19:06, como hacen los anuncios importantes, sino en el que posiblemente es el momento de la semana (dentro de un horario laboral común) de menor actividad social en las redes. Como mínimo resulta curioso, y es difícil no pensar que no signifique algo.

Lo primero que hay que decir se me hace evidente, y es que Idiákez no tiene culpa del contexto al que llega y seguramente firma con toda la ilusión del mundo pensando que puede conseguir el objetivo. Sólo es un profesional al que hicieron una oferta para continuar su carrera en un club que, visto desde fuera, es quizás el más apetecible de la categoría. Su crédito personal no debería verse perjudicado por llegar cuando llega, no sería justo.

Dicho esto, creo que también hay que decir otra cosa más importante, y es que esta decisión se toma de una manera inexplicable. Sabiendo que uno de los grandes lastres del año pasado fue el clima de guerra social, y también sabiendo que no había motivos de peso para despedir al entrenador que había conseguido la paz y el consenso tras poco más de un par de partidos en los que poco tiempo tuvo para cambiar grandes cosas, solo la negligencia explica un movimiento así. No se consiguió el objetivo que había en el campo, pero sí consiguió algo que quizás era mucho más importante: La voluntad de creer. 

Rubén de la Barrera no es el mejor entrenador de la historia, pero era el entrenador que toda persona veía indicada en la ciudad y que todo el mundo daría el crédito necesario. La decisión tomada, todavía sin explicación, consigue que ese crédito altísimo y libertad para trabajar se convierta, a día de hoy, en la ausencia total de crédito y la propensión a la beligerancia desde el primer momento en el que algo venga mal dado. A día de hoy, el deportivismo siente que le quitaron sin motivo la principal baza para creer en algo, que no era más que un director de orquesta que enseñaba los mismos ideales que lleva pidiendo la grada sin éxito durante años y que además tenía en su currículum varios éxitos alineados con los objetivos del club.

La afición no puede dirigir un club porque la afición no es un ente único con una sola opinión, pero quien dirige un club debe tener un mínimo de conciencia de lo que suponen sus decisiones. Este movimiento nos deja sin el entrenador que quería la inmensa mayoría y que además había demostrado en el pasado que tenía lo necesario, cambiándolo por un entrenador que empieza con la soga al cuello. Y es que además la decisión tendría justificación si el recién llegado fuese Guardiola, pero quien viene es una persona que nunca consiguió un ascenso y que fue despedido en sus dos últimos proyectos en España. 

Ojalá Idiákez (del que no puedo decir nada malo porque desconozco su trabajo) sea el hombre que lleve al Dépor de vuelta al fútbol profesional, como técnico no merece encontrarse un ambiente en contra porque no hizo nada malo, pero la serie de acontecimientos que lo trajo a la ciudad habla muy mal de la sensatez aplicada en el proceso. Porque, sobre todo, hay que tener en cuenta que todo esto ocurrió solo para que en el banquillo acabara alguien cuyos resultados nunca demostraron ser garantía de éxito, no alguien que tiene varias copas a sus espaldas. Ojalá en unos años estemos jugando Champions con Idiákez en el banquillo, pero lo que realmente impresiona es que hayan quitado lo único que mantenía ilusionado al deportivismo para poner a alguien cuya carrera simplemente dice que es un entrenador más. Incluso aunque termine siendo un rotundo éxito, la decisión no dejará de ser grave, porque si es un potencial genio invencible de los banquillos, hasta ahora no lo demostró y la única realidad es esa. Que nadie diga que sabía que era el mayor genio oculto del fútbol español, porque las cosas no funcionan así. Nadie podrá sacar pecho incluso logrando objetivos porque hasta si funciona no será mucho más que una feliz casualidad improvisada a costa de algo imperdonable: Traicionar los ideales y la identidad de tu grada sin motivo una vez más.

16 may 2023

Quemarlo todo


  Por Rubén Pedreira 

La etapa de Óscar Cano al frente del Dépor terminó ayer tras una destitución necesaria y previsible, que incluso llega con algún que otro mes de retraso. Esta salida viene a confirmar que la gestión de los ocupantes del banquillo esta temporada distó de ser ideal, pero también creo que hay que profundizar un poco más allá. Porque se vuelve a notar una corriente a favor de demoler los cimientos deportivos del club y creo que a día de hoy no estamos aún en situación de volver una vez más, como ya es tradición, al punto de exigir quemarlo todo.

Estos días vemos opiniones muy vehementes sobre la necesidad de que se vaya todo el mundo. No me sorprende porque es habitual, lo normal aquí es que se vaya todo el mundo, salvo Álex Bergantiños, cada poco tiempo. Resulta curioso que la masa social de un club que llegó al éxito internacional gracias a la estabilidad y la paciencia con la gente que trabajaba en la parcela deportiva se distinga ahora por pedir dimisiones masivas cada vez que un proyecto no logra el objetivo marcado. No hay comparación posible y Lendoiro es irrepetible, pero que su modelo tuviera como una de las constantes esa estabilidad incluso en los años menos exitosos tiene que hacernos pensar que posiblemente esa era una de las causas de sus logros y no una de las consecuencias. Deberíamos mirarnos en ese espejo y entender que si deportivamente las cosas no son como en la mejor época es en parte porque no permitimos que se hagan las cosas como se hicieron en la mejor época.

Tampoco podemos engañarnos ni ser condescendientes con las cosas que no salen bien, es cierto. El Dépor tiene la obligación deportiva, por economía y por masa social, de salir cuanto antes del pozo en el que está y es normal exigir resultados inmediatos. Pero debemos también saber exigir con cabeza e interpretar todo como un proceso que no puede empezar de cero cada vez que las cosas no se dan. Es verdad que llevan demasiados años sin darse, pero también podemos analizar en qué somos mejores hoy que cuando llegamos a esta categoría. Y en épocas como la de Carmelo del Pozo era evidente que nada estaba yendo a mejor, pero a día de hoy creo que hay cosas en las que la mejoría es notable.

Mi opinión es que el salto de calidad de la plantilla con respecto al primer año en la tercera categoría no es grande, sino inmenso. Yo sí creo que el paso adelante que se dió en enero en cuanto a los jugadores y en cuanto a la coherencia entre ellos fue importante y que a día de hoy ningún entrenador puede tener excusa para no pelear por todo con esta plantilla. Puedo estar equivocado o no, pero mi sensación es esa. También creo que el trabajo del área deportiva en las múltiples etapas del desarrollo de la base está trayendo frutos que cuesta creer que sean casuales. Y también ahí veo coherencia, con apuestas como la continuidad de Gilsanz junto a los jugadores a los que hizo campeones juveniles para llevarlos también al éxito con el Fabril. La gestión de los entrenadores del primer equipo sí resultó ser un punto negro importante en general en los años que lleva el equipo en esta división, aunque en el caso de la continuidad de Borja en verano también creí en su momento que había casi tantos argumentos para que se diera como para lo contrario. Lo de Cano sí fue mucho más inexplicable, y para mí el verdadero error que se recordará con el tiempo, junto a la no continuidad de Rubén de la Barrera.

Cuando un fracaso sucede, no significa que todo tenga que empezar de nuevo de cero hasta dar con alguien que, contra toda ley de la condición humana, consiga hacer todo su trabajo desde el primer día hasta su jubilación sin fracasar ni una sola vez. Al menos no en 1ªRFEF. Si estás en la élite del fútbol quizás puedas llevarte a tu equipo a gente que cobra decenas de millones y te asegura éxitos inmediatos, pero en el fútbol semiprofesional la cosa cambia. En el caso del Dépor existe el privilegio de poder mirar más alto a veces y tener casos como el de Lucas, pero debemos ser conscientes de donde estamos y saber que al juzgar las decisiones tomadas el hecho de que salgan bien no es todo lo que hay que valorar.

Me preocupa la vehemencia pidiendo la salida de toda la parcela deportiva del club junto con Cano, porque los proyectos son proyectos por algo. Si cada vez que se fracasa (y recordemos que este año todavía hay opciones de conseguir el objetivo secundario, que es el ascenso por play-off) hay que cambiarlo todo, no existiría proyecto alguno porque no habría un camino de mejoría hasta llegar al punto de consecución. El camino al éxito no pasa por quemarlo todo cada año, sino por aportar un poco de calma y reconfigurar lo que no funcionó para volver a intentarlo siendo mejores al año siguiente. Tenemos recientes dos ejemplos de gestión de fracasos: Osasuna y Valencia. Nosotros sabremos cuál nos gusta más.

Fracasar es algo que puede suceder, y es cierto que no es algo a aplaudir. Pero, aunque puedo estar equivocado y quizás la decimonovena dimisión en masa llegue a ser justamente la que nos devuelva Europa, mi sensación es que mientras pensemos que el éxito pasa por no fracasar nunca en lugar de por crear un camino estable hacia él, estamos perdidos. Si establecemos la cultura del pánico al fracaso cada vez que algo no se da bien en un equipo que ya no hace más que fracasar, de ese bucle es bastante probable que no salgamos nunca.

2 oct 2021

William de Camargo contra el fútbol moderno


   Por Rubén Pedreira

William de Camargo lleva un par de partidos sin participar con el Dépor, dos partidos en los que el equipo tropezó y en los que, en mi opinión, el contexto de ambas segundas partes pedían a gritos su entrada. En un caso, para darle imprevisibilidad al ataque ante un rival cómodo (en el caso del encuentro contra Unionistas) y en el otro para aprovechar su profundidad ante una SD Logroñés que consiguió hacer dar un paso atrás a los coruñeses en los últimos minutos. 

Hace unos días, William ofrecía una entrevista en La Voz de Galicia en la que comentaba que el fútbol actual le aburría por ser muy robótico y muy táctico. Más allá de que se pueda estar de acuerdo o no con su opinión, lo cierto es que son unas palabras muy acordes a su estilo como futbolista. El fútbol, efectivamente, tiende a estar cada vez más encorsetado, y en el caso del fútbol español incluso puede decirse que se encuentra también embotado. En el fútbol patrio no sólo vemos cómo el ansia por el dominio de todo contexto del juego cohibe con frecuencia al talento y la improvisación, sino que también existe una tendencia al ritmo excesivamente lento y trabado que lleva a que el tiempo de juego efectivo sea muy bajo. El primer perfil casi extinguido por las derivas del fútbol moderno fue el del mediapunta, un tipo de futbolista que no puede sobrevivir ante las exigencias de intensidad y de precisión suiza, y está por ver cómo afectarán los cánones del fútbol español a otro perfil en peligro: El del extremo desequilibrante y regateador.

Creo que en nuestro país existe una filosofía desde la base, instaurada en años recientes, que inconscientemente tiende a enviar el mensaje a los jugadores en formación de que el regate es un recurso demasiado arriesgado como para intentarlo. De un tiempo a esta parte, el regate está bajo sospecha y es cada vez más difícil encontrar a jugadores que llegan a línea de fondo en un contexto de no superioridad y sean capaces de decantarse con éxito por la opción del desborde. España, anclada en los éxitos de 2010, continúa estimulando la predominancia del pase y la posesión como argumento estrella y eso se deja ver incluso en los últimos metros, donde se ven muchas más elecciones de combinación hacia atrás en contextos de uno contra uno en banda de las que se deberían. Si juegas con extremos, gran parte de los contextos en los que se encontrarán estos para generar peligro real más allá de tres cuartos de campo implicarán una situación de uno contra uno, y si las afrontan desde el miedo al error al encarar no conseguirán ser decisivos en ninguna de ellas.

Los extremos de perfil combinativo (tuvimos a Keko en Coruña hasta hace poco) o los extremos con perfil de apoyo y ruptura (como Quiles en muchos momentos de su juego) son útiles y necesarios, pero siempre te encontrarás contextos en los que un regateador generará superioridades que nunca se encontrarían por otros métodos. En los últimos años, el único extremo español que se me viene a la mente que entre dentro del perfil de regateador es Bryan Gil, y esta carencia es preocupante porque hace perder variantes de alto potencial y que no puedes conseguir realmente con jugadores no específicos. Un jugador tiene talento para el desborde o no lo tiene, y si desde la base condicionas a los que lo tienen para que tengan miedo a buscarlo acabas por extinguirlo, porque el don de encarar es casi más un estado de ánimo que una cuestión de técnica.

El fútbol español está perdiendo el regate, y creo que es un gran error. Mientras no se hace nada por solucionarlo, jugadores que aportan ese preciado y escaso don, como es el caso de William, deberían ser utilizados todo lo posible en los contextos que se amoldan a sus características, porque si algo positivo tiene para ellos esa escasez es que los convierte en todavía más peligrosos. No puede ser que extremos nacidos para el desborde se reconviertan en otra cosa y repriman su talento, porque el deborde es tan útil como el mantener la posesión dependiendo de la situación del juego. No puede ser que la cultura futbolística cohiba a un jugador a seguir intentando lo que sabe hacer si en un par de acciones no se le dan las cosas, porque cuando un desborde sale bien en el lugar adecuado genera un peligro que puede compensar cinco pérdidas anteriores y un pase hacia atrás por no atreverse a encarar en el lateral del área nunca genera nada de por sí.

Creo que este Dépor no suele sufrir, sabe controlar los partidos de manera bastante eficiente, y eso es una gran virtud. Pero a veces los planes se vienen abajo y te ves, como contra Unionistas, jugando contra un equipo bien plantado contra el que tienes que marcar gol, o contra la SD Logroñés contra un equipo que consigue hacer que des un paso atrás. Y cuando eso pasa no puedes permitirte no usar al único jugador con esas características singulares de la plantilla. No puedes permitirte no dar libertad a de Camargo para que haga sin miedo lo que mejor se le da.

8 jun 2021

Destrucción y construcción para crear un Deportivo funcional


Tardó bastante tiempo en llegar la estabilidad después de un periodo de incertezas en lo deportivo, pero parece que el Dépor ya tiene organigrama cerrado para empezar a destruir la plantilla 2021 y comenzar a construir la plantilla 2022. Durante estas épocas suele tratarse el tema con términos menos absolutos, se habla más de "confección de plantilla", pero creo que esa dualidad destrucción/construcción es más adecuada para describir el trabajo que tiene por delante el club coruñés de cara a cerrar nombres para el curso que viene.

No creo que se descubra nada nuevo si se dice que la plantilla de la temporada que acaba de finalizar no era apta para lo que se necesitaba. No sé si lo que tuvo más peso para llevar al equipo al fracaso final fueron los nombres, los hombres o la coherencia de las piezas, pero a día de hoy sabemos que la mala adecuación de cada una de esas cosas fue un hecho. Un hecho que sufrió especialmente Rubén de la Barrera al implementar sus ideas de juego, pues quedó patente que las sensaciones de atasco ofensivo de la primera parte de la temporada eran un problema intrínseco y no algo solucionable con una reorientación de las bases del juego.

De la Barrera llegó al equipo con la intención de conseguir un ascenso haciendo jugar al equipo de su ciudad según el estilo que propuso durante toda su carrera, un estilo cuyos cimientos están asentados sobre la idea del juego de posición, pero se encontró un contexto muy complicado para conseguirlo. La idea sobre la que se construye el concepto de 'juego de posición' se basa en la creación de superioridades con un objetivo muy claro: La oscilación de la pelota y los movimientos sin balón orientados a acumular hombres libres entre líneas que permitan una circulación fluida que facilite encontrar múltiples caminos posibles para hacer daño al rival en cada fase de la construcción. No se basa en dar pases para que el contrario se canse corriendo ni en conseguir un 90% de posesión durante el partido para alardear de ello, es una búsqueda activa de espacios para los receptores potenciales de pase que dejen vulnerables las líneas de presión del equipo contrario y la recepción llegue en un entorno liberado. Y si por algo se caracterizaba el equipo al que llegó Rubén, era precisamente por la nula capacidad de sus piezas para encontrar fluidez a partir de tres cuartos y para encontrar líneas de pases que rompieran la organización defensiva rival. 

La etapa de De la Barrera dejó algunos partidos interesantes, incluso buenos, pero eso no fue la norma y por lo general cuando triunfó fue en contextos favorables de entrada a su idea. Esto es, contra sistemas defensivos más abiertos por el caracter proactivo del rival, que dejaba las líneas contrarias más expuestas y la movilidad efectiva entre ellas más asequible (Celta B) o contra transiciones defensivas con presión laxa (como ese Langreo que ya no se jugaba nada en la última jornada y se dejó ir al encajar el primer gol). Cuando la búsqueda de las superioridades se encontró ante sistemas desfavorables a los que había que desordenar en favor propio de manera proactiva antes de poder explotarse, nunca se consiguió fluidez y nuca hubo un jugador capaz de conseguirla. A lo largo del año sólo Gandoy, brevísimamente y en el partido de la primera vuelta ante Unionistas, dio muestras en algún momento de ser un jugador capaz de tener herramientas propias para paliar esa falta de capacidad para encontrar debilidad en las líneas rivales en el último cuarto de campo, pero fue un espejismo. El canterano se fue difuminando por completo con el avance de la temporada. A falta tanto de un jugador diferencial en esa fase del juego como de capacidad grupal para solventar la carencia del futbolista específico, el resultado fue la impotencia ofensiva como norma.

Creo que un equipo cuyas piezas no son capaces de encontrar recursos para hacer daño a sistemas rivales desfavorables después de haber utilizado durante un año dos sistemas ofensivos muy diferenciados es un equipo que necesita una remodelación más que importante, una destrucción (por enésima vez, si hablamos de lo referente al Deportivo, y eso es preocupante). Este artículo, en cierta medida, exculpa a Rubén de la Barrera de no haber llegado a sacar el rendimiento necesario a lo que tenía, pero sobre todo busca fijar la lupa sobre lo que nos interesa ahora: Las salidas que habrá que buscar para que otros puedan llegar.

Si lo pensamos fríamente, no creo que haya más de 5 jugadores cuya marcha debería evitarse de manera decidida (y aquí no cuento a Lucho, pues los acontecimientos recientes invitan a pensar que su marcha está cercana). Esos jugadores, por una u otra razón, son en mi opinión Borja Granero, Alex Bergantiños, Héctor Hernández, Diego Villares y Celso Borges. Por otro lado, también me quedaría con Valín y Gandoy por su condición de sub 23 y con Adri Castro. Para todos los demás, pienso que otro vendrá que igual o mejor lo hará, así que la puerta debería estar abierta para ellos en todo momento. Toca, esperando que esta vez sea la definitiva, destruir la casa todo lo que la situación permita y construirla de nuevo sin reutilizar nada más que los verdaderos cimientos y los materiales de los que no sea posible desprenderse o que no se puedan sustituir.

27 may 2021

Razones para ver aciertos en la llegada de Borja Jiménez al Dépor


 

El otro día escribí unos tuits sobre por qué habría elegido a Yago Iglesias como entrenador. No obstante, el ocupante del banquillo del Dépor será Borja Jiménez, que llega a Coruña después de conseguir ascender a segunda por la vía rápida en sus dos últimos proyectos en la categoría y dejar muy buenas sensaciones en el anterior con el Rápido de Bouzas. A pesar de que no era la opción que yo tenía en mente en un primer momento, ¿es una buena noticia su fichaje? Yo creo que sí.

Hay algo a lo que estamos más que acostumbrados en Coruña, y es que nuestra forma de vida se basa en ver cómo las plantillas que creíamos buenas en agosto acaban siendo lamentables en enero. En Riazor no hay un virus que se contagia a los jugadores nada más llegar y que les hacen convertirse en algo que nadie esperaba, sino que los rendimientos catastróficos, en categorías profesionales, suelen ser cosa de recorrer en un orden concreto los dos escalones de la escalera hacia el fracaso absoluto:

1º - Falta de adecuación entre la plantilla y la idea

2º - Lastre psicológico derivado de los malos resultados, generalmente debidos al primer punto

El primer escalón, el de la falta de adecuación, es el único que se puede evitar en verano desde los despachos, y tiene una explicación simple. Una plantilla está cortada por un patrón, sea cual sea, y el hecho diferencial está en dársela a alguien que cumpla 2 características: Que hable el mismo idioma que la plantilla e, idealmente, que tenga experiencia en el objetivo marcado. Si echamos un vistazo a los últimos proyectos del Dépor, veremos que esto no es la tónica general y el mejor ejemplo me parece el del año del descenso en Segunda División: Los jugadores de aquella plantilla llamaban a ser explotados desde la versatilidad y tenía como principales talentos a jugadores que maximizan su rendimiento desde sistemas abiertos e ideas de juego permisivas con la libertad de ideas a partir de tres cuartos. Tener a jugadores como Aketxe o Gaku y confiar en un rematador de área como Longo para ser la referencia así lo pedía, y en cambio se delegó el juego del equipo en un entrenador de estilo cuadriculado como Anquela. El técnico, que tiene sus virtudes y lo está demostrando en su meritorio  desempeño reciente en el Alcorcón, no era el adecuado para aquel proyecto ni por ideas ni por experiencia en la tarea de pelear por el ascenso a la máxima categoría y el desenlace fue el que fue.

Una vez se sube al escalón de la falta de adecuación entre los jugadores y el banquillo, lo más lógico es que el impulso para subir al siguiente empiece a aparecer, y es que cuando el juego cortocircuita lo normal es que los resultados no lleguen y cuando los resultados no llegan lo normal es creerse mucho peor de lo que eres. Una vez empieza a aparecer el lastre psicológico, punto diferencial en el fútbol profesional entre el éxito y el fracaso, es muy difícil salir de esa dinámica. No obstante, aquí desde los despachos ya poco puede hacerse más que dar un nuevo vuelco al timón y ver si trayendo a otro entrenador la cosa cambia. Pero ese entrenador ya habrá empezado su trabajo condicionado por la situación y con una plantilla en la que no tuvo voz ni voto.

¿Qué tiene que ver todo esto con la llegada de Borja, estará pensando el lector más escéptico? La respuesta está en el primer punto mencionado y en lo difícil que es acertar revolucionando una plantilla para, desde cero (la plantilla del Dépor 20/21 se desveló no apta para mantener variante alguna de juego de posición), adecuarla a un entrenador como Yago Iglesias que trabaja un estilo muy concreto y que, sin que eso signifique que no sea solvente adaptándose, tuvo sus éxitos con dicho estilo y no con otros. Borja llega con la virtud de haber triunfado en el objetivo que se le propone y además con una virtud más esotérica pero que en un club con la losa de haber fallado durante demasiado tiempo en la adecuación de su plantilla puede ser un hecho diferencial: Es un entrenador al que, más que un estilo, se le asocia a la adecuación de sus ideas a los jugadores. Ese rasgo suele ser un cliché, lo primero que se enseña en las escuelas técnicas es que el buen entrenador es el que se adapta a lo que tiene en lugar de adaptar a sus jugadores a sus bases, pero lo cierto es que en la vida real es muy difícil encontrar a entrenadores que renuncien tan fácilmente a ese encorsetamiento. Saber que existe esa predisposición a buscar alternativas (aunque evidentemente no se planifica una temporada sin mostrar una ideología de base, pero eso no significa que la cosa no acabe por torcerse) es un añadido que puede ayudar a evitar ese mencionado primer escalón hacia el fracaso que llevamos años y años predestinados a subir.

Borja Jiménez llega sabiendo lo que es conseguir lo que se espera de él y sabiendo que los jugadores y el entrenador están condenados a entenderse aunque sea el técnico quien tenga que acudir a la escuela de idiomas para ello. Es capaz de conseguirlo, si tiene talento a su disposición y la suerte no se pone caprichosa, no hay motivo para no pensar que la vuelta al fútbol profesional no pueda ser una realidad. Eso sí, teniendo en cuenta los grandes problemas que suponen desde hace años en este club la visión cortoplacista y la exigencia del resultado inmediato.

24 ene 2021

El salmón


Acaba el partido y la ventana está abierta. La del vecino también lo está, y de los altavoces que tiene junto a ella sale la voz de Andrés Calamaro cantando aquello de "siempre seguí la misma dirección: la difícil, la que usa el salmón". Unos versos que, con las estadísticas de ese Deportivo 0-2 Compostela dominando todavía la emisión y contigo pensando hacia dónde se dirige tu equipo, no te generan más que ganas de asentir y decirle a Andrés, telepáticamente y desde la distancia, un vehemente: "Tú también ves la mierda que tenemos que aguantar, ¿verdad?".

El camino del Dépor lleva años siendo el mismo: La lucha contra la corriente, el apocalipsis inminente, la urgencia, la situación desesperada... Llevamos días escuchándolo, no hay experto que no lo dijera esta semana: SI EL DEPORTIVO NO GANA AL COMPOSTELA, LA SITUACIÓN SERÁ LÍMITE. Y te lo dicen así, en mayúsculas, porque cuando alguien es experto dice las cosas en grande. Yo no creo que sea tiempo aún de escribir en mayúscula, aunque evidentemente el tiempo pasa, la situación es horrible y lo preocupante es que no hay brotes verdes en cuanto a juego. Yo hasta el partido contra el Celta B sabía a lo que se trataba de jugar, aunque la idea no recibiera los elogios entusiastas de Jorge Valdano. Desde ese partido, en cuya previa se impuso la idea de que era imperativo jugar a otra cosa, ya no tengo ni la menor idea de qué es lo que se quiere conseguir cuando el equipo salta al campo. Matiz importante: En aquellos tiempos en los que el juego era inadmisible el Dépor era líder de la categoría.

Resulta insoportable ver cómo cada temporada empieza con la sensación de que hay un foso de caimanes rodeando el césped en cada partido y que si alguien tiene una acción desafortunada hay gente de sobra dispuesta a tirarlo al agua. Y esto es un estado mental alimentado por todos, desde el dirigente que tiene la ocurrencia de soltar en verano que tiene esperanzas de ganar la Copa con una plantilla que todavía no demostró nada hasta quien le dice al entrenador en rueda de prensa, después de una victoria, que el Deportivo está obligado a jugar a otra cosa. Como si al fútbol se jugara a cosas diferentes que a intentar lograr la victoria, sea con un 99% de posesión o con un 0% y un gol en propia de un rival que la lió al pasársela a su portero. Creo que en Coruña existe un estado psicológico instaurado que hace que lo bueno parezca siempre muy mejorable, la mejoría de lo bueno parezca insuficiente y lo malo sea totalmente inaceptable. Siempre es necesario dar más y siempre existe la obligación de conseguir lo máximo. Este club siempre está entre la pared y la obligación de lograr el más difícil todavía bajo amenaza de desaparición inminente. Y, aunque es posible que esta vez sí sea tristemente cierto, ningún proyecto se asienta en las prisas y en el conseguir cosas sí o sí.

Sinceramente, la planificación de este proyecto me generó cierto aroma a despotismo ilustrado.  Pura demostración de poderío, todos los lujos del mundo para el entrenador bajo promesas de construír "la mejor plantilla de la historia de la categoría", pero sin preguntarle al entrenador. Vinieron jugadores mundialistas, se quedaron futbolistas con sueldos de primera y se ficharon jugadores que deberían estar en una categoría superior. Todo eso para que, en una tarde de enero en Riazor, Bicho demuestre que quizás no es mejor jugador que Borges pero sí un fichaje mucho más coherente para la categoría o que Roberto Baleato, que lleva toda la vida currándoselo entre 2ªB y 3ª, salga en los últimos minutos a matar el partido conduciendo y calmando el juego ante un puñado de nerviosos jugadores con trayectoria en primera.

Hay una cosa evidente, y es que este equipo es una trituradora de futbolistas y eso no puede ser casual. Llevamos muchos años viendo cómo, entre los fichajes lamentables, aparecen también jugadores que son de un nivel muy superior al mostrado en Coruña. Se me ocurre un Carles Gil que siempre estuvo absurdamente bajo sospecha o un Fede Valverde que pasó sin pena ni gloria, por ejemplo. Algunos consiguieron recuperarse con el tiempo, como los mencionados, otros muchos nunca volvieron al nivel previamente mostrado o prometido una vez se marcharon de Coruña y este año está volviendo a pasar. Abad dejó de ser el coloso de inicio de temporada para dejar ver en cada una de sus acciones la sombra de la duda. Diego Rolán, jugador diferencial que venía a comerse la categoría lleva un par de partidos sin dar signos de ser un futbolista de otro nivel y Granero dejó de ser el central imperial de las primeras jornadas para pensar que si puede ser otro el que llegue al balón y evitarle a él la posibilidad de fallar mejor que mejor. Son sólo tres ejemplos, la trituradora nunca se apagó y la dolorosa (y merecida, el baño fue de proporciones bíblicas) derrota contra el Compostela es sólo la punta de ese iceberg.

Seguiremos, hasta que la realidad nos permita seguir, poniéndonos losas sobre las espaldas que contagian a todos. Siempre empezaremos las temporadas con la obligación de ganar todos los partidos, si empezamos ganando todos los partidos diremos que necesitamos jugar mucho mejor y si empezamos a jugar mejor exigiremos que los jugadores celebren los goles con coreografías bonitas. Eso pasa en todos sitios, en todo el mundo existe la crítica por absurda que sea. Pero nosotros tenemos un problema: nuestro club está instaurado en el fracaso desde hace mucho tiempo y además es un club de historia grande, pero en una ciudad pequeña. Aquí se sabe todo y todo llega a su receptor. En Coruña si alguien critica a otro en Os Mallos el aludido nota en Matogrande cómo le pitan los oídos. La urgencia nunca ayudó a nadie, y cuando vives en ella lo único que tienes es una corriente en contra ante la que tienes dos opciones: Tomarte un rato para parar, relativizar, salir del río y continuar a pie o seguir la misma dirección: La difícil, la que usa el salmón. 

Y al salmón, cuando llega al final de su carrera contracorriente y consigue desovar, no le espera generalmente un desenlace bonito.

26 dic 2020

Anecdotario grotesco del Real Club Deportivo de La Coruña: La lealtad de Sylvain Wiltord


 

  •  Puedes leer todo el 'Anecdotario grotesco del Real Club Deportivo de La Coruña' aquí  

 

Sylvain Wiltord fue uno de los atacantes franceses más importantes de su época. Fue protagonista en el Arsenal dominante de principios de siglo, acumuló casi un centenar de internacionalidades con su selección y dejó goles en todos los sitios a los que fue. ¿En todos? No, en realidad no en todos, pues su paso por A Coruña fue tan efímero que no tuvo tiempo ni a vestirse de corto.

 



El atacante galo cerró un contrato con el Deportivo, tras largas negociaciones con su club de origen (el Rennes), en verano de 1996. No obstante, el acuerdo contemplaba que Sylvain se quedaría un año más en el club francés antes de recalar en Coruña para que el Rennes tuviera tiempo de encontrarle un sustituto a la altura. Desafortunadamente para todos, ese período de cesión sirvió poco más que para invitar al jugador a empezar a demostrar cierta laxitud en la interpretación de sus obligaciones profesionales. Tanto su escaso rendimiento como algunas de sus declaraciones durante la temporada fueron indicios delatores:

"Ya no me interesa el Rennes, pierda o gane el equipo casi me da igual. En España la vida es más interesante" 

El año de margen hasta llegar a Coruña pasó y las cosas habían cambiado más de lo que Wiltord esperaba. Toshack, el entrenador que había convencido al futbolista para fichar, había sido cesado a mitad de la campaña anterior y el nuevo técnico, Carlos Albert Silva, tenía preferencia por contar con otros jugadores. Con este panorama algo incierto aterrizó el futbolista francés en Coruña en verano de 1997, y posó en Plaza Pontevedra como nuevo jugador blanquiazul con una expresión que denotaba poca ilusión. Quizás las palabras del presidente durante el acto, desvelando que había recibido ofertas por él más cuantiosas de lo que había pagado, le hacían sospechar que su futuro en la liga española no estaba demasiado claro.

Wiltord tan solo duró un mes en A Coruña, el tiempo suficiente para que Lendoiro llegara a un jugoso acuerdo con el Girondins, que incluía un pago de casi medio millón de euros más de lo que había costado y un porcentaje de una venta futura que, con su fichaje por el Arsenal tres años después a cambio de casi veinte millones, acabó dejando una buena aportación a las arcas deportivistas. Eso sí, antes de finalizar su mes de extrañas vacaciones en Galicia para recalar definitivamente en Burdeos no dejó escapar la oportunidad de efectuar una de sus declaraciones marca de la casa:

"Menos mal que se arregló todo; antes de jugar en el Deportivo, prefiero retirarme"

21 jul 2020

Y parece que aún fue ayer




Pertenezco a la generación que creció aprendiendo sólo a ganar. A esa generación que vivió una época en la que sólo había un equipo en la ciudad y en la que lucir una camiseta de fútbol sin rayas blancas y azules era poco menos que un sacrilegio. A nosotros, incluso, nos tuvieron que contar cómo se vivió el mayor jarro de agua fría que experimentó nuestra grada en las últimas décadas, pues aunque en aquel entonces ya estábamos vivos todavía no entendíamos muy bien lo que era un penalti ni por qué todos se entristecían cuando el jugador que lo lanzaba no metía el balón en la red.

Somos la gente que no supo que el fútbol tenía dos caras hasta que la menos amable se manifestó. Escuchábamos historias de otros tiempos, pero aquello había quedado atrás, eran historias de los abuelos y nosotros habíamos llegado para vivir otra cosa. Sólo el tiempo evidenció que eso no era así. Lo cierto es que parece que fue ayer cuando hablábamos de cosas muy diferentes a esas de las que hablamos hoy. No tengo la noción de que haya pasado tanto tiempo desde que Coruña podía celebrar cosas que sucedían en una hectárea de tapete verde, pero supongo que será porque aquellos tiempos se quedaron mejor grabados en la memoria que los recientes, tan dignos de olvido.

Soy de la idea de que el fútbol crece con nosotros y se convierte en una parte de lo que somos. Es cierto que en una misma grada hay múltiples personalidades, incluso gente que se odia o desprecia, pero existe también una cierta influencia común que se forma enfrentando las sensaciones que transmite el devenir del escudo. Las aficiones tienen un alma común moldeada por su equipo. A mí, por lo general, no me gusta el concepto pertenencia a grupos y nunca reconoceré tener nada en común con nadie por el mero hecho de compartir un rasgo, pero no deja de ser cierto que el deportivismo, como cualquier otra afición, presenta en su globalidad una serie de características generales que se va forjando en base a los estímulos transmitidos en el césped (o incluso en los despachos que manejan lo que allí ocure). Ese equilibrio entre emociones transmitidas por la realidad del equipo se hacen parte de nosotros y ocupan un ínfimo porcentaje de lo que somos, pero que está ahí. La importancia de un balón se resume en ese 0.00000001% de nosotros.

Sinceramente, a los que nacimos cuando yo nací todo lo bueno nos pilló demasiado jóvenes como para entender realmente lo que era y en nuestra entrada en la vida adulta nos tocó aprender a fuego y a golpes la lección de que la caída se hace mucho más lenta que la subida, pero eso nos sirvió para grabar en nuestra cabeza que uno nunca se puede desvincular de su club cuando realmente es suyo. Algunos de los nuestros nos dejaron por el camino y lucen ya otras camisetas o incluso la expresión de la indiferencia ante todo lo blanco y azul, pero nadie obliga a nadie a seguir aquí. Los que quedamos, que somos muchos a pesar de todo, somos aquellos para los que este escudo se convirtió en una parte inseparable de nosotros y supimos perdonar que nuestro club ya no nos permita aprender geografía europea cada miércoles. No nos tocó la mejor era posible, pero esta es la nuestra y este es nuestro club. Un club muy diferente al que conocimos cuando estábamos empezando a conocer cosas, un club que nos destrozaron y abandonaron a su suerte, pero si algo aprendimos mientras tanto es que los de siempre estamos por encima de todo lo demás. Y volveremos. No sé a donde, creo que ni siquiera tenemos un lugar al que regresar porque a día de hoy todo es muy diferente a lo que existía cuando estábamos en un sitio que reconocíamos como nuestro, pero creo inevitable que volvamos a saber encontrar el hueco que nos corresponde. Necesitamos dormir y necesitamos pensar, pero el camino a seguir a partir de ahora es el que siempre seguimos: Quien no esté con nosotros, que no moleste.

No sé qué tiempos nos esperan ahora que la realidad está fuera del fútbol profesional y no sé cómo conseguiremos gestionar el golpe cuando nos demos cuenta de lo que implica. Creemos que somos conscientes de lo que acaba de ocurrir, pero no lo somos. Tenemos ante nosotros un camino oscuro del que ni siquiera vemos la primera curva y es bastante probable que nos perdamos más pronto que tarde. Podría hablar sobre las formas en las que nos dejaron fuera de esta competencia, pero no ganaría nada. Ya no. No creo que haya sido un final justo y no creo que deba aceptarse sin más, pero tampoco creo que nada vaya a cambiar porque estamos acostumbrados a que nada cambie a mejor y ya no lo esperamos. No nos queda más que seguir comprendiendo el fútbol de la manera que lo comprendemos y esperar a que las cosas sean diferentes en algún momento. En la categoría que toque, el apego por el escudo sigue intacto.

El fútbol, en lo anímico, tiene sus paralelismos con la música. Aunque no es un arte, también se consume en parte por lo que transmite, sea alegría o tristeza, y es curioso que, existiendo tanta música como existe, la esencia de este club esté encerrada como en ningún otro sitio en un grupo muy ligado a él. Nadie expresa la belleza del fracaso como Los Suaves, y son Los Suaves los que con esa forma de musicar la vida ponen banda sonora involuntaria a todo lo que vive el deportivismo desde tiempos inmemoriales. Porque el fracaso nunca es bello, pero su narración sí puede serlo:

Cuántas ilusiones
 traje a este mundo al reves,
que perdiendo una al día 
creo que aun me quedan dos o tres.

1 jul 2020

La locura que da la experiencia


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


El Deportivo jugó ayer el que sin duda fue uno de los mejores partidos de la temporada, no carente de esa dosis de dramatismo que acompaña a cada uno de los encuentros de este equipo en los que lo normal ya comienza a ser el surrealismo. En Tenerife se consiguió dejar a un lado ese polémico aplatanamiento mencionado por Fernando Vázquez en la previa y se jugó como debe jugar un equipo que aspira a salir del pozo: de tú a tú y sin arrugarse. Y dentro de ese buen encuentro hubo un detalle curioso: Borja Valle jugó en el doble pivote durante buena parte del encuentro y Bergantiños actuó en el centro de la defensa.

Haber visto esto no es trivial. Es cierto que Álex había jugado ya de central en diferentes ocasiones en el pasado, pero lo cierto es que en mi opinión no lo había hecho nunca a un nivel ni siquiera cercano al mostrado en los últimos partidos. En esa posición de líbero moderno, decidiendo según el contexto si actuar como tercer central o dar un paso adelante para contribuir en el centro del campo, el coruñés se está encontrando cómodo dentro del contexto creado a su alrededor y está resultando ser un plan de emergencia ante las bajas que funciona incluso mejor que el plan que había antes de las lesiones que llevaron al capitán a ocupar este puesto. 

En cualquier caso, el hecho de que Bergantiños juegue de central, como ya dije, no es inédito. El caso realmente sorprendente es el de un Borja Valle que hasta hace días nadie lo veía como otra cosa que como un atacante más impetuoso que ordenado. Cuando en el último tramo del encuentro contra la Ponferradina sustituyó a Uche la incomprensión fue la sensación predominante, pero lo único cierto es que con su presencia se remontó un partido que estaba perdido en el tiempo añadido. Muchos de los mejores minutos de fútbol jugados por el Dépor esta temporada se jugaron con él sobre el campo en un puesto en el que nunca se le había visto y eso es digno de mención y reflexión.

A la vista de esto (y también a la vista del caso de Mollejo, que durante varios partidos ejerció de forma notable como lateral izquierdo de emergencia a pesar de que también era un puesto desconocido para él) debemos darle el merecido crédito al entrenador, porque su labor es ver cosas que los demás no ven y en este caso lo logró con creces. Hay que tener mucho fútbol interpretado a tus espaldas para saber ver que ese Borja Valle que siempre actuó de extremo o delantero podía aportar cosas muy interesantes situándolo en un puesto en el que estaba inédito. En ese doble pivote supo ocupar el puesto de manera solvente, dar continuos apoyos tanto en la distribución de balón como en la presión y, sobre todo, contribuir de manera impecable a mantener la posesión del balón. Con él en el campo el Dépor supo ser dominante con la pelota y no pasar apuros sin ella de una forma que no había visto en toda la temporada. No todo el mundo es capaz de intuir este buen rendimiento potencial y casi nadie es capaz de atreverse a probarlo en partido oficial.

Es cierto que los números desde la llegada de Vázquez son impresionantes, pero a mí me gusta ir más allá de la simple estadística y resaltar también que todo esto no se limita a la reactivación psicológica conseguida: Su lectura de juego y su capacidad para buscar lo mejor de sus jugadores está siendo de un altísimo nivel. Es cierto que en ocasiones sus planteamientos iniciales resultan especulativos y eso probablemente no es lo que necesita un equipo que se embota cuando las ideas no están claras, pero es igual de cierto que en cada uno de sus partidos supo hacer reaccionar al equipo en los momentos de necesidad y no es lo habitual saber dar siempre o casi siempre con la tecla. Vázquez tiene un punto de locura, pero esa locura es, igual que su experiencia, un grado. Sin ella no habríamos visto al Valle centrocampista, al Bergantiños líbero ni al Mollejo lateral, y con ello nos habríamos perdido tres de las buenas noticias que nos dejó esta temporada. La situación sigue siendo complicada, pero con lo que estamos viendo es imposible no confiar.

7 oct 2019

Desorientación deportiva


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Juan Antonio Anquela llegó, vió y perdió. Su etapa en A Coruña fue breve y su estancia en el banquillo de Riazor será recordado durante mucho tiempo, no en vano durante su dirección se pudo ver el que posiblemente sea el peor Deportivo en décadas. En estos escasos cuatro meses al frente del equipo blanquiazul sólo en el partido contra el Oviedo conseguimos ver una idea de juego definida, en los restantes partidos (ni siquiera pueden salvarse los encuentros contra Albacete o Cádiz en los que el equipo estuvo mejor asentado que en el resto de sinsentidos pero sin llegar a ofrecer nada digno de elogio) todo fue desorden, falta de ideas, incapacidad para mover el balón y desastre defensivo. Ni siquiera se le puede reprochar, como muchos temían tras su nombramiento, que su juego fuera rácano, ya que para racanear es necesario primero tener algo que proteger y eso nunca fue el caso. El Dépor de Anquela fue el vacío más absoluto y sin lugar a dudas estuvimos ante el peor equipo, a nivel de juego colectivo, de todo el fútbol profesional español. Incluso puedo decir que en los años que llevo viendo fútbol recuerdo a pocos equipos que jugaran peor de lo que lo hizo el Deportivo en las primeras diez jornadas de liga.

Las palabras del primer párrafo son duras, sí, pero no es para menos. Además, por irónico que parezca, no creo que a Anquela se le pueda culpar demasiado de todo lo ocurrido. Es cierto que no supo encontrar soluciones, que sólo hizo peores a sus jugadores y no los protegió de sus defectos, pero no deja de ser consecuencia de haber sido nombrado líder de un proyecto para el que no era el hombre adecuado. Anquela es culpable del mal juego, sí, pero también es víctima de unos bandazos inadmisibles en la dirección deportiva de un club que alternó sin sonrojos y en sólo diez meses entre entrenadores tan distintos como Natxo González, Pep Martí, Juan Antonio Anquela y Luis César. No existe ningún tipo de conexión ideológica entre ellos, e incluso podría decirse que los dos últimos son tan antagónicos como lo eran los dos primeros.

Esos antagonismos Natxo - Martí y Anquela - Luis César es un verdadero atentado contra la cordura. Dos temporadas seguidas se cambió a un entrenador por otro que no tiene nada que ver, lo cuál indica que la confección de plantilla se hizo sin una idea en mente y su timón se dio a entrenadores elegidos sin buscar coherencia con los jugadores disponibles. No creo que Luis César sea un mal entrenador, de hecho hizo cosas muy destacables en Lugo y Tarragona además de conseguir hacer funcionar en tiempo record a un Tenerife que no carburaba la pasada temporada y de ese modo conseguir la salvación, pero me genera dudas lo que puede conseguir con sus ideas teniendo para trabajar un equipo al que le cuesta tanto sacar el balón jugado en las primeras fases del juego. Creo que vamos a ver un intento importante de que Vicente vuelva a ser capitán general en el centro del campo, me sorprendería que el nuevo entrenador no buscara darle relevancia, pero la primera fase de construcción tiene difícil salvación. Veremos si la recuperación de Somma, un jugador que a priori encaja bien con Peru, puede conseguir que Sampedro consiga tener una defensa capaz de sacar el balón jugado sin problemas. En cualquier caso, es evidente que el enésimo cambio de entrenador en tan sólo un lustro trae a la mente la idea del eterno deja vù en el que el banquillo de Riazor se convierte en una trituradora de nombres.

Carmelo del Pozo demostró sobradamente no tener ni la menor idea de lo que está haciendo. El equipo no funciona y no consigue lograr objetivos, algo que no es exclusivo de la primera plantilla. Es cierto, Anquela nunca fue capaz de enderezar esto y su marcha en este caso era necesaria, pero cambiar de entrenador cada cuatro meses no es la solución por mucho que las personas al mando del Deportivo se empeñen en continuar haciéndolo sin pizca de autocrítica. Está más que claro que el problema de este equipo es estructural y hace falta sangre nueva que sea capaz de cambiar todo lo que no funciona. Los cambios de entrenador son sólo un parche, la solución definitiva pasa por la marcha de un Carmelo del Pozo que debe asumir cuanto antes su fracaso por el bien del club y por la convocatoria de unas nuevas elecciones que den paso a gente que sepa darle al club una consistencia más que necesaria.

Por lo demás, toda la suerte del mundo a Luis César, ya que ahora todo está en sus manos. También suerte a Anquela en el futuro, ya que al fin y al cabo sólo fue un entrenador que llegó y vivió con toda la ilusión del mundo su etapa pero encontró unas condiciones de trabajo imposibles para él.

7 abr 2019

El debate sobre la culpa de Natxo en el fracaso de su proyecto en el Dépor es irrelevante


  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
Natxo González ya es historia para el deportivismo. Con su cese, anunciado esta tarde, se cierra una nueva etapa fallida que acabó mucho peor de lo que se esperaba hace no demasiados meses. Una etapa que llegó a parecer diferente a las anteriores en algún momento, pero que se cerró como absolutamente todas las que se abrieron durante los últimos tiempos: con un sonado fracaso.

Natxo forma ya parte del pasado, y el debate útil ya no debe tenerle a él como objeto de reflexiones. Siempre es importante tener presente el pasado para tomar decisiones de cara al futuro, pero también es importante identificar la raíz de los problemas a los que uno se enfrenta, y en el Deportivo hay uno evidente que eclipsa a todos los demás. El único debate que se debe hacer a día de hoy es el que busque dar respuesta a una simple pregunta: ¿Qué se está haciendo mal a nivel de club para que exista esa imposibilidad de crear un proyecto estable a medio plazo?

El caso del club coruñés es sorprendente, ya que no se puede decir que no hubiera intentos muy variopintos de hacer cosas diferentes. No todo proyecto estuvo encabezado por entrenadores incapaces como Clarence Seedorf o que tomaron las riendas en un momento demasiado hostil como Cristobal Parralo, también existieron etapas en las que por un momento todo parecía ir bien como en la época de Víctor Sánchez del Amo o mismamente en la de Natxo. También intriga ver cómo un entrenador como Gaizka Garitano, que en Coruña mostró una versión gris, está actualmente consiguiendo objetivos con cierta holgura en Bilbao.

Creo que en este club existe cierta tendencia por no encontrar el punto medio, tendencia a confiar en técnicos con buenas intenciones pero a los que todavía les queda grande un club de la categoría del Deportivo (de nuevo los ejemplos de Víctor y Natxo) o entrenadores de vuelta y media que ya no tienen ese ansia de crecer y ese factor sorpresa que aportar al fútbol moderno (Mel y Víctor Fernandez). Esas alternativas pueden salir bien y tanto la opción de dar la alternativa a gente nueva como la de echar mano de la experiencia son perfectamente válidas, pero cuando ninguna te funcionó cabe preguntarse si no vendría bien apostar por algo distinto por una vez.

Cuando hablo de algo distinto, y este me parece un aspecto clave, me refiero a que deberíamos echar la vista hacia atrás y analizar un detalle: ninguno de los entrenadores que llegaron durante la era Tino para encabezar sus proyectos tenía experiencia o la tenía pero había experimentado sólo el fracaso en el cometido para el que llegaban. Si excluimos los entrenadores que llegaron al Dépor con la temporada empezada (se intuye una mayor disponibilidad para elegir a un entrenador cuando se contrata en verano que con la temporada ya empezada y por ello debemos ser más críticos con los errores en el mercado veraniego), tenemos los siguientes casos:

  •  Víctor Fernández: Llegó para pelear por el descenso, pero a lo largo de su carrera sólo conoció esa lucha en una ocasión, en su primera temporada en Primera. Llegó a mitad de temporada al Zaragoza y consiguió el objetivo, sí, pero aquello fue en 1991. En el resto de sus proyectos en la categoría quedó en la mitad alta de la tabla salvo en su última temporada completa en Zaragoza, donde quedó 13º pero sin estar nunca en peligro real. En las campañas en las que entrenó a equipos que acabaron luchando por no descender fue siempre destituido antes de acabar el año.
  • Gaizka Garitano: Llegó con el objetivo de la permanencia en primera después de no haberla logrado en su única oportunidad previa en la máxima categoría (a pesar de que el Eibar acabaría manteniéndose en los despachos).
  • Natxo González: Llegó con el objetivo fundamental del ascenso a primera, pero en su única oportunidad de estar en esa lucha acabó siendo eliminado el el play off.

En cuanto a los fichajes de urgencia en mitad de la temporada como parche para salvar al equipo de la hecatombe, sólo Mel había tenido alguna experiencia exitosa en salvar a un equipo del descenso desde primera división (y sólo en una temporada). Víctor, Seedorf y Cristóbal eran debutantes en la categoría. Pero como dije antes el mercado de entrenadores una vez la temporada ya está empezada es muy limitado, lo realmente preocupante es errar el tiro en el mercado de verano en tres ocasiones que podrían contabilizarse como cuatro si tenemos en cuenta la renovación de la confianza en un Mel que a pesar de haber conseguido la salvación estaba ya muy discutido al final de su primera temporada.

Sea como sea, siete proyectos fallidos en cinco años es argumento suficiente para esquivar casi por completo el debate sobre la figura de Natxo González ahora que ya no es parte del club. El nuevo entrenador ha de tener presente su etapa para ver qué fortalezas y debilidades mostró el equipo tanto colectiva como individualmente y buscar no repetir errores, pero poco más. El debate realmente útil pasa por reconocer que algo se está haciendo mal a nivel de club que hace que sea imposible alcanzar la estabilidad y todo debate debe orientarse a hallar la raíz de ese problema. Encontrar una persona y una idea para asentar el futuro deportivo del club es una condición obligatoria para alcanzar objetivos, y la deriva actual sólo puede dirigir al Deportivo al fracaso endémico.

1 abr 2019

El Dépor jugó bien en el Tartiere


 
No me iré por las ramas antes de explicar convenientemente el título de este artículo: El Dépor jugó bien en el Tartiere, sí, pero la bondad de su juego le duró poco, muy poco. Exactamente el tiempo que estuvieron juntos sobre el verde los jugadores más capaces, de los que había disponibles, de aportar al bloque a la hora de crear superioridades en ataque. Cuando Vítor Silva salió al campo y pudo aliarse con Vicente y Carlos Fernández para efectuar una circulación efectiva en campo rival las sensaciones del equipo fueron muy diferentes a lo que habían sido el resto del encuentro. Quitando esos minutos entre la entrada de Silva y la salida de Carlos, el conjunto blanquiazul dejó sensación de ganas y voluntad, pero poco más.

Se volvía al rombo y el rombo exige cosas que han de estar muy claras cuando recurres a él. No dudo de que Natxo lo tiene presente, pero tampoco dudo de que quiere experimentar para ver si el sistema es compatible con añadidos que llevamos demasiados partidos viendo que no se van a dar, al menos no sin renunciar a todo lo demás. Juntar a Álex y Didier Moreno no es buena idea en un sistema en el que se hace necesario hacer circular el balón con precisión milimétrica para crear espacios en el esquema rival al carecer de extremos que abran campo, por mucho que partas de una idea de usar laterales profundos (además, tener a David Simón en la derecha dista mucho de un lateral profundo de utilidad real en ataque). A Moreno no se le puede reprochar nada, sus ganas en el campo son innegables, pero es un sumidero en la construcción y, más allá de eso, encontrarle siempre es complicado porque no suele estar en el sitio indicado: Vicente está mal y sufre más cuando se rodea de jugadores indisciplinados en el posicionamiento porque no encuentra apoyos, y ayer ni Didier ni Pedro supieron ser una ayuda. Al colombiano, se le vio lejos de la posición de apoyo incluso en los saques de banda de Simón.

En el caso de Pedro, puede verse su alineación ayer como la búsqueda de tener un enganche que funcionara en fase ofensiva como un tercer delantero para desequilibrar una zaga de tres centrales que puede ser más vulnerable a la diversificación de hombres a los que cubrir que al pase entre líneas, pero no funcionó. Y no funcionó precisamente porque se eliminó una etapa de la creación, la que lleva el balón desde el mediocampo hasta el penúltimo hombre. Hacer que Pedro diese un paso adelante provocó que Vicente, el único jugador capaz de contribuir en esa parcela de todos los que jugaron de titulares en el rombo, se viera ante un vacío zonal en el que tenía que afrontar sólo ante el peligro una tarea que ya de por sí no es su principal virtud. Ese nexo final hacia el peligro es la tarea en la que más se echa en falta al ausente Expósito.

Personalmente veo el planteamiento del rombo titular de ayer como una aberración lógica a la que sólo encuentro explicación si divido el problema y voy buscando razones jugador por jugador para ver por qué fueron alineados, pero el fútbol tiene que tener en cuenta contextos globales y no le encuentro razón alguna al once si pienso en ese sentido. Por supuesto que Natxo se la encontraría,es indudable que pensó en cómo acoplar las individualidades al plan, pero a mí se me escapa.

Vuelvo a ver como un sacrilegio el ostracismo de Mosquera en estas circunstancias. Por supuesto, siempre pueden buscarse motivos para sus continuadas ausencias si tenemos en mente el plan habitual del entrenador: No es un destructor puro y le gusta demasiado buscar el riesgo en el pase. A Natxo le gusta mantener las posesiones de manera pausada sin caer en los balones por alto que tanto suele buscar el centrocampista coruñés. El técnico prefiere el toque simple en las primeras fases de construcción y por eso opta por Bergantiños o Didier, que en un porcentaje altísimo de ocasiones pasarán al compañero más cercano, pero a pesar de ello sus errores no forzados en el pase son habituales y condenan la construcción de manera peligrosa o eliminan las potenciales ventajas a la jugada. Mosquera no es impecable, tiende también a ciertos errores en el pase, pero es mucho más aseado y desde luego creo que es el más idóneo para usar de medio defensivo si lo que se quiere es jugar a tener la iniciativa.

Sinceramente, por mucho que se puedan sacar conclusiones positivas del resultado de ayer, no veo motivo alguno para consolarse con el punto. Tampoco me gustó el empate en Malaga que fue valorado por algunos como un buen resultado (aunque sea cierto que con el contexto que se dio en el partido fue el menor de los males). La razón por la que no me gustaron ninguno de los dos resultados es simple: Cuando aspiras a ser dominador en una categoría, un empate sólo es una excusa para ir a por el gol, y un 1-0 es la confirmación de que las cosas van bien y de que hay que buscar afianzar esa superioridad amoldándose necesariamente al cambio de estrategia que buscará rival, pero sin dar pasos atrás más allá que los que una buena respuesta del contrincante obligue. Un equipo dominador debe salir al campo confiado de infundir miedo y que cada partido sea visto por un infierno por los rivales. Por supuesto que esto no es fácil y no se le debe exigir obligatoriamente a un equipo porque no es tan sencillo como simplemente intentarlo, pero el problema del Dépor es que al principio de la temporada lo consiguió y ahora se frustra en la impotencia de verse incapaz de ello porque la inmediatez de los momentos decisivos hicieron que apareciera el miedo al riesgo y ellos sólos fueron dejando morir esa condición. Desde hace demasiadas jornadas se le da un valor excesivo a no perder puntos y ganarlos pasa a ser secundario, actitud que no es propia de un equipo obligado a ser protagonista. La base de todo está en la seguridad atrás, es cierto, pero no encajar nunca debe ser el principal objetivo para un equipo que busque acabar en los primeros puestos, porque las porterías a cero no llevan al éxito si el equipo no es capaz de marcar, y a día de hoy el mal principal está en la pegada más que en área propia. Los empates que hoy nos parecen valiosos pueden transformarse muy rápido en dos puntos perdidos, pues si volvemos al ejemplo del Málaga lo cierto es que si la temporada acabase hoy para lo único que nos habría valido la igualada sería para quedar por debajo de un rival directo. Los partidos hay que verlos en su contexto y si el rival está atosigando hay que cambiar cosas, pero puedes buscar recuperar la iniciativa (cosa que ayer creo que sí se hizo) o rendirte a su merced deseando que no estén acertados (cosa que se hizo en La Rosaleda). Es el banquillo el que decide el mensaje a transmitir a los jugadores.

El panorama de cara al futuro inmediato es ahora una incógnita. No entro en debates sobre un posible cese del entrenador que no tengo nada claro que sea recomendable o no, mi única certeza es que en gran medida el fútbol se basa en poner a los mejores o a los que mejor están, y ya que nadie está para ganar un Balón de Oro últimamente en este equipo, la única opción válida es la de buscar enchufar a los teóricamente más válidos dándoles confianza. El rombo ideal, si lo que queremos es jugar a lo que este equipo demostró saber jugar, para mí no es otro que el que formarían Mosquera en el vértice defensivo, Vicente y Expósito en los interiores y Vítor Silva en la mediapunta. Todo lo que se salga de esa idea de aquí a final de temporada debería ser por exigencias del guión.

El Deportivo debe (y quiere, pero lleva meses sin encontrar las piezas necesarias para hacerlo) aspirar a jugar en campo rival todo el tiempo posible, tiene mimbres para hacerlo ahora que Carlos está recuperado. Es la manera de conseguir protección atrás y a la vez causar peligro mientras se gana la confianza perdida, la única forma de triunfar que se encontró en lo que va de temporada con una plantilla demasiado orientada a eso como para buscar otros planes o confiar en ese a medias. Es momento de confiar en la única idea que aportó algo y no negociarla.

23 mar 2019

La afición de Riazor no es el problema


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

¿Alguna vez coincidieron con esa gente que va a un McDonald's y no recoge su bandeja jactándose de no hacerlo mientras espetan: "No voy a hacer el trabajo de otra persona cuando vengo aquí y pago"? ¿Alguna vez coincidieron con esa gente que trata a su pareja como basura y cuando al final la pareja se harta y termina la relación se lo toman muy a pecho y acaban reprochando de manera psicópata: "No tienes derecho a dejarme. ¡Yo te quería!"? Ambas son actitudes de persona que no sabe (o no quiere saber) lo que significan sus actos y actúa y reflexiona sobre ellos ajeno a la realidad, metido en su propia mentira. El primero no sabe que no está pagando por el servicio de mesa y que el dependiente no cobra por hacer lo que él no hace. Por ahorrarse dos míseros segundos de vida está perjudicando a un trabajador. En el segundo caso pues bueno, poco hay que explicar.

Parece que en la grada de Riazor estamos ante un fenómeno parecido. No quiero profundizar demasiado en el tema porque ya está más que tratado, pero  como veo a muchos tomándose como una afrenta que se hable de la grada como si alguien estuviera diciendo que esta sea la causante de todos los males de un equipo que tiene problemas muy graves más allá del ambiente al que se enfrenta en su propia casa habrá que dedicarle a esto unas últimas líneas.

No, la afición de Riazor no es el problema. Es más que evidente que nadie quiere decir eso. Y todo el mundo tiene derecho a expresar su opinión como le venga en gana, faltaría más, igual que todo el mundo tiene derecho a no recoger su bandeja en el McDonald's. Pero, por favor, sin victimismos y sin estar ajenos a la realidad de lo que conlleva. Si haces algo que a todas luces tiene una repercusión negativa en otras personas, afróntalo con dignidad y sin crearte una coartada en el falso victimismo como en los dos ejemplos que puse al principio. Es evidente lo que se quiere decir cuando se habla de la afición, es evidente que si desde dentro lo llevan mencionando desde que se atisba esta beligerancia es porque realmente afecta y no como excusa (aunque pueda servir en parte como coartada) y es evidente, sobre todo, que yo no soy nadie para decirle a nadie lo que tiene que hacer. Sinceramente, en este tema me quedo en el bando de los RB, el de apoyar e intentar sumar para que a final de temporada nadie pueda reprochar nada. Y sí, si el objetivo exigible se escapa todos sabemos que los máximos responsables no serán los 16000 de todos los fines de semana, pero es que vuelve a ser algo tan evidente que me da hasta cierto reparo tener que decirlo.

Y, quien no quiera entender, que no entienda

22 mar 2019

Lo que explica y lo que implica la no convocatoria de Mosquera contra el Almería


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


La ausencia de Edu Expósito es un condicionante muy a tener en cuenta a la hora de planear un partido en el Deportivo actual. El centrocampista catalán es seguramente el activo más importante del conjunto blanquiazul y los dos encuentros de sanción a los que se enfrenta no serán fáciles, está claro que va echarse en falta su contribución. Ahora, teniendo este factor en cuenta, ¿se puede leer en esta ausencia la no convocatoria de Pedro Mosquera para el partido contra el Almería? Tal y como yo lo veo, creo que en parte sí y en parte no.

Empezaré primero por la parte que sí: Es indudable que este Dépor se alimentó en sus mejores momentos de un recurso impagable para un equipo que busca tener la posesión del balón: acumular jugadores en ataque con unas condiciones privilegiadas para ayudar al equipo mantener posesión de balón en tres cuartos y tener la fortuna de que estos estuvieran en su mejor nivel. Me refiero, por supuesto, a Edu, Vicente y, sobre todo, Carlos Fernández. Estos tres jugadores fueron la auténtica clave de la capacidad del equipo de Natxo González para hacer daño en los últimos meses de 2018. A día de hoy, debido a las lesiones, Edu es el único que pudo seguir aportando algo al equipo en este contexto durante estos meses, pero no es suficiente. Un sólo jugador no puede hacer un trabajo tan colectivo como mantener la pelota con garantías en terreno peligroso, hace falta la labor de espaldas y de retención de balón que ofrecía Carlos, la pausa y protección de posesión que aportaba Vicente y, como colofón, la creación de contextos de superioridad que siempre aporta el propio Expósito. Todo aquello, aderezado con un Quique muy móvil y muy capaz de sacar petróleo de los espacios convirtió al Dépor en un equipo con mucha pegada y que se podía permitir tomarse los partidos sin prisas, sabiendo que el gol llegaría. A día de hoy, a la máquina le faltan demasiadas piezas y Natxo lo sabe. Por ello, busca otro tipo de juego, un juego en el que cree que Mosquera no es adecuado. Seguramente quiera darle velocidad al juego, aprovechar los errores del rival en vez de esperarlos y llevar rápido el balón al área. Un doble pivote Didier - Vicente como el que se está dando por hecho en el once de esta noche no se entendería sin situar unas bandas muy abiertas (lo ideal sería contar con Nahuel en este contexto, pero quizás sus problemas físicos recientes no le permitan ser titular) y Christian Santos de referencia. Implicaría un cambio considerable en todos los conceptos adquiridos durante la temporada, pero sería la única opción realmente honesta con lo que se intuye a la vista de las pruebas y la convocatoria.

Trataré ahora la parte en la que la ausencia de Edu no tiene influencia, que a la vez me parece el gran error conceptual de la decisión (por supuesto, siempre que realmente estuviese fundamentado en las ideas que expongo): Es bastante poco habitual en Segunda División enfrentarse a equipos que alineen a un mediapunta clásico como es el caso del Almería. Es cierto que hay equipos que juegan con alguien centrado en tres cuartos, pero suelen ser jugadores con un objetivo más puesto en la llegada y sin tantos recursos. El perfil de Juan Carlos Real, viejo conocido de Riazor, es distinto a la mayoría de jugadores de la categoría. Es un futbolista que aporta las cualidades del mediapunta de toda la vida, que ofrece último pase, que tiene más peligro cuando recibe unos cuantos metros fuera del área que dentro de ella pero que también tiene gol, y no precisamente poco. Es un futbolista al que hay que tener controlado, y el entrenador deportivista no es ajeno a ello. Todo apunta a que usará a Didier para esa labor, pues lo ve como un jugador con capacidad de abarcar mucho campo por rendimiento físico, lo que puede ser un valor añadido contra el 10 del conjunto almeriense aprovechando que a pesar de sus virtudes no es un jugador rápido. El juego ofensivo del Almería tiene una dependencia importante de Juan Carlos y minimizar su influencia minimiza el peligro.

Visto esto Didier es un futbolista que, con todas sus limitaciones, siempre llega al apoyo y puede verse su alineación como algo con cierto sentido, pero teniendo a Pedro Mosquera en plantilla la idea se cae por su propio peso. No sólo porque haya sido de lo poco salvable del último partido, sino porque también se adecua mucho mejor a lo que podría buscarse en el encuentro de hoy. Por mucho que el centrocampista coruñés no sea generalmente loado por su labor defensiva, lo cierto es que su función dando equilibrio al equipo es vital y, yendo a lo que nos atañe aquí, es un jugador que abarca también mucho mucho más campo de lo que puede parecer: no se pega grandes carreras como Didier, pero es porque siempre suele estar bien posicionado, lo que le evita correr más de la cuenta. Las grandes carreras quedan bien en cámara, pero a menudo son simples formas de tapar mediante el fondo físico una mala gestión táctica.

Ojalá acabe saliendo bien, pero he de reconocer que esta elección no me gusta. Supone un cambio importante en la mentalidad, supone adecuar por primera vez la idea de juego al rival (distíngase idea de juego y plan de juego, este último siempre ha de tener en cuenta al equipo contrario) en lugar de al revés. Es evidente que nada estaba funcionando en los últimos meses y esta es una manera de agitar el árbol, pero no tengo claro que un equipo hecho para ascender y dominar en la categoría pueda conseguir este cambio de mentalidad con la temporada ya avanzada y lograr algo más que acomplejarse. En cualquier caso, nadie sabe mejor lo que puede dar cada jugador que quien los entrena cada día, con lo que sólo queda confiar en que mi visión esté equivocada.El partido de hoy dirá si realmente se consiguen los frutos del árbol agitado o simplemente estamos ante un preocupante bandazo.

2 sept 2018

Un Dépor que aún no se cree lo que puede llegar a ser



Creo no estar diciendo ninguna locura si afirmo que el primer tiempo del Dépor en Tenerife dio la sensación de que estamos ante un equipo con potencial para ser dominante en la categoría. Ideas preclaras en la creación de juego, fluidez en las cercanías del área rival y la capacidad de crear peligro con diversidad de recursos, principalmente utilizando la inventiva de Carles Gil por la zona central y la habilidad para el centro de un Caballo que está demostrando tener un guante en su pie izquierdo. El Dépor estaba tan tranquilo sobre el césped del Heliodoro Rodríguez López que no existía apenas nada que hiciera presagiar que el partido iba a cambiar demasiado tras el descanso.

No obstante, el mencionado cambio ocurrió para desesperación de un Natxo González que vio como el Tenerife comenzó la segunda parte con descaro y manifiesta superioridad. Durante la práctica totalidad del segundo tiempo el equipo local fue quien llevó el peso del partido y el balón permaneció en el campo del Dépor más tiempo del debido. En ese contexto de superioridad, el gol tinerfeño hizo acto de presencia apenas transcurridos diez minutos de la segunda mitad y tras el empate se pudo ver que el nuevo guión que había empezado a seguir el partido no tenía visos de cambiar. El monólogo tinerfeño continuó hasta que Didier Moreno cogió el ritmo del partido tras salir desde el banquillo en el minuto 64. El colombiano, al que se le nota que llegó a Coruña con ritmo de competición, demostró superioridad física e incomodó a la defensa rival abarcando mucho campo y contribuyendo tanto en llegada como en presión, ejerciendo de contrapeso justo para que la balanza cambiara de posición. Llegó con peligro y tuvo una ocasión de gol que no acertó a rematar adecuadamente y suya fue la asistencia a Borja Valle que puso por delante al Dépor hasta que un error en la salida de Dani Giménez provocó el empate rival a escasos segundos del final.

Una vez contado el aspecto objetivo de lo ocurrido en el partido de ayer, ¿qué análisis queda por sacar de lo visto en el campo y por qué el Dépor mostró dos caras tan diferenciadas? Mi opinión es que el equipo supo jugar mientras estuvo cómodo. El Tenerife está teniendo problemas para salir enchufado a los partidos y el de ayer no fue una excepción. El equipo herculino supo aprovechar eso y asentarse antes sobre el terreno de juego, echando del encuentro a su rival hasta la llegada del descanso. No obstante, en la segunda mitad el conjunto canario salió con otra mentalidad y con la remontada entre ceja y ceja, dejándose todas las inseguridades en el vestuario y haciendo que aparecieran las del equipo dirigido por Natxo González, que vio una vez más cómo aparecían los problemas para plantar cara a un rival que quería conseguir mandar en el partido.

Creo que este Dépor tiene un potencial enorme que dejó ver sobradamente en el primer tiempo, pero también posee el que probablemente sea el peor defecto que puede tener un equipo nacido para buscar dominar una categoría: no llegan a creerse lo que son. Hay miedo a ejercer de favoritos cuando las cosas se complican y miedo a no ser lo suficientemente buenos como para ir a sentenciar el partido. Habrá quien le llame falta de personalidad del conjunto, pero creo más bien que es una cuestión de 

Por otra parte, es fácil caer en señalar a Dani Giménez como el jugador que  costó dos puntos en el último momento, pero su partido hasta ese instante (y también su temporada hasta hoy) fue más que digna y no es del todo justo cargarle las culpas de un error que compensó con aciertos importantes previos. Antes de pensar en Giménez debemos ver que existieron también otras imprecisiones que contribuyeron de manera clave en el marcador, como un mal cabeceo de Quique a un gran centro de Caballo en los instantes iniciales o un mano a mano con el portero muy mal gestionado por Pedro en el 85'. Giménez erró a final, pero también dio seguridad en los restantes tramos, y si alguien quedó señalado tras el partido de Tenerife fue más bien un Eneko Bóveda que sigue dejando tantas dudas en el centro de la defensa como la pasada temporada. Difícil recordar una buena acción del ex jugador del Athletic en el partido de ayer, en el que ofreció demasiadas carencias tanto en la marca como, sobre todo, en la salida de balón. No sería demasiado comprensible que en la próxima jornada no viésemos a Marí o a Somma acompañando a Duarte.

En resumidas cuentas, este Dépor tiene mucho para ilusionar, pero también deja bastante lugar a la preocupación. El aspecto psicológico falla, y eso no es fácil de gestionar. Es un mal endémico en este club desde hace demasiado tiempo y puede traer muchos disgustos si en los momentos clave siguen apareciendo los peores miedos. El error real no fue defender la falta decisiva en el área pequeña, ni la mala salida del portero. El error fue no saber ni siquiera intentar discutir el dominio de la segunda parte al rival. Habrá que esperar que la vuelta a Riazor sepa curar las carencias de un equipo que promete más de lo que da pero que, por ver la nota positiva, lleva unos más que decentes 5 puntos en 3 partidos fuera de casa.

23 ene 2018

Cuando el silencio suena



  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Permítaseme en el día de hoy comenzar esta historia por el final: ¿Qué pensaría el lector de estas líneas de un equipo que, tras perder 7-1 (con sensaciones nefastas que no son más que una réplica de lo visto durante meses) deja que sea un canterano debutante quien dé la cara por todos ellos? No es necesario que nadie realice un ejercicio de abstracción para imaginar la situación, pues eso ocurrió en el mundo real: El Deportivo perdió con exactamente el marcador citado el pasado domingo frente al Real Madrid y fue Aldo One, quien disputaba su primer partido en Primera División, quien salió a hablar en zona mixta.

Habrá quién piense que es algo que va en la personalidad de cada uno, que el jugador querría hablar porque era su primer encuentro en la máxima categoría y tendría cosas que decir sobre ello. Habrá quien lo achaque a que el joven central deportivista se ofreció con vehemencia a hacerlo y el resto no pudieron frenarlo. Pues bien, es muy probable que este último sea el caso acertado, pero no por ello es tranquilizador. El aspecto conductual del fútbol, más allá de todo lo que pueda rodearlo, es un mundo muy simple y tradicional (en cuanto a su comprensión, no en cuanto al manejo de sus turbias aguas llenas de agudos egos). Las cosas de vestuario y las relaciones básicas con la afición son como son y como llevan siendo incontables décadas. Ahora ya no hay futbolistas profesionales mezclados con la gente de la grada en los aperitivos postpartido como en los felices años 20 del fútbol inglés, pero lo básico sigue siendo lo básico.

¿A qué me refiero cuando me remito a lo básico? Pues simplemente, que en un vestuario hay ciertas normas de convivencia que los jugadores no llevan bien que se les cambie de golpe cuando llega alguien nuevo. Me refiero también a que en un campo de fútbol todo lo que no sea ver 11 frentes sudadas no gusta al aficionado o que cuando hay una riña entre futbolistas, lo que pasa entre la plantilla se queda en la plantilla y no se airea bajo pena de exclusión total del chivato por parte del grupo. Esos códigos (llámeseles erróneos si se quiere, el aquí firmante sólo refleja la realidad) llevan manteniéndose de esa manera demasiados años como para hacer como que no existen por muy modernos que nos volviésemos y por mucho que nos guste hablar del siglo XXI de la civilización humana como si tuviese un nivel evolutivo que realmente ni se puede soñar. Otro de esos códigos, el que viene al caso en este momento, es quizás uno de las leyes no escritas más grabadas a fuego en la mente de todo el mundo: El que sale a zona mixta después de un partido lamentable es el que da la cara por todos.

Pues bien, una vez dicho esto último: ¿Por qué cualquier futbolista veterano de una plantilla, uno que lleve toda la temporada teniendo protagonismo en la mala racha de resultados del Dépor desde que comenzó el curso, dejaría simplemente salir a un compañero recién llegado y que además poca culpa tuvo del resultado? Por mucho que el propio jugador pidiera salir, se me ocurren pocas respuestas a la pregunta que no pasen por creer que la plantilla está falta de jugadores con los galones necesarios o sobrada de futbolistas que sólo quieren mirarse su propio ombligo y que su ego salga indemne a costa de lo que sea. Es sólo una conclusión tomada en base a la observación, por supuesto que puedo estar errado, pero la ausencia de una figura que imponga un liderazgo indiscutible brilla por su ausencia desde hace tiempo. Más allá de las carencias individuales que puedan existir en plantilla, lo cierto es que tampoco hay nadie que, al menos desde fuera, de la sensación de ser un jugador conocedor de esos códigos del fútbol, una voz imponente que sepa decir las cosas claras y que dichas cosas vayan a misa. 

Por lo general no hablo en esta página de este tipo de intangibles tan subjetivos y que sin estar en el día a día del club son imposibles de acertar plenamente. Normalmente me gusta hablar de lo táctico, lo técnico o lo probabilístico, pero después de más de media temporada, sabiendo que muchos de los jugadores en plantilla están dando un nivel muy por debajo de lo que pueden ofrecer, es inevitable pensar en el tema psicológico. Es inevitable hablar de una falta de actitud, pero teniendo claro a qué me refiero con esto. Nunca, en ningún caso, quiero insinuar que haya jugadores que no quieran ganar partidos (eso va contra la naturaleza del futbolista), pero sí que parece evidente que no se dan las condiciones idóneas para que sus mentes funcionen de manera adecuada. Cuando uno se fija en el lenguaje no verbal de los portadores del escudo blanquiazul mientras el partido está en disputa parece que el fútbol es un deporte individual en el que se dió la casualidad de que 11 hombres se presentaron en el campo con camisetas idénticas. Cada uno protesta por su lado, se lamenta para sí mismo y protesta al árbitro de motu proprio sin fijarse en las intenciones del compañero. No da sensación de equipo, sino de un grupo de lobos solitarios que se juntan para intentar cazar algo sin estar muy convencidos de que la unión haga la fuerza.

¿Qué grado de culpabilidad tienen los errores individuales en este aparente falta de compromiso con el compañero? Posiblemente mucho, posiblemente poco. ¿Existe una falta de apego por la idea de juego? ¿Hay jugadores en plantilla que hacen que el resto no se sientan cómodos? Como el lector comprenderá, alguien que opina desde fuera no puede adivinar este tipo de cosas, pero sí puede decir que resulta evidente que alguien debería estar día a día en Abegondo observando y sacando conclusiones e intentando buscar soluciones a algo que sólo con ver 90 minutos a la semana resulta tan evidente. No parece que a día de hoy se esté haciendo algo así, al menos no por parte de alguien profesional en el asunto.

A mí me preocupa más este tema que los posibles fichajes. El problema resulta muy palpable desde hace años, por lo que no se soluciona fichando, o al menos no sin limpiar al completo la plantilla. La devaluación del 90% (porcentaje a ojo, pero diría que bastante acertado) de los futbolistas que pasaron por el club durante el último lustro nos viene a decir ue algo pasa y que algo no se está arreglando. La psicología en el fútbol de alto nivel es un factor determinante, especialmente en la lucha por el descenso. Nadie llega a primera división sin saber jugar a esto, y los niveles de los 10 últimos equipos en cuanto a plantilla siempre están muy parejos (salvo excepciones). La diferencia entre quien se salva y quien no casi nunca está en factores ajenos a la fortaleza anímica, y cuando un entrenador cambia el rumbo del equipo al llegar a un banquillo que iba mal, es casi siempre porque supo encontrar remedio a esas debilidades anímicas, ya sea de manera intencionada (centrándose deliberadamente en infundir carácter) o no (cambiando a un esquema de juego que hace a los jugadores sentirse más cómodos, etc.). Algo muy preocupante flota en el ambiente del Depor desde hace tiempo e incluso la afición, aquella que estaba en las buenas y en las malas, lleva tiempo dando signos de desgaste más que evidentes. No poner todo el empeño en borrar la nube negra que tapa el sol de Riazor puede costar muy caro.

31 oct 2017

¿Un equipo nuevo?


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Después del partido que el Dépor disputó ayer en Las Palmas es necesario dejar establecidas dos claves. La primera es que el equipo tiene todavía malos vicios que fue adquiriendo con el tiempo y seguro que aún va a sufrir mucho en enfrentamientos contra equipos de zona alta, pero la segunda clave es la realmente importante en el contexto blanquiazul: dichos malos vicios están siendo visiblemente identificados y paliados por el nuevo técnico, que ayer dejó ver a un equipo que estuvo ordenado, asentado y sabiendo lo que se esperaba de él en todo momento.

En este artículo se repasarán las principales claves de lo visto ayer y de lo que se puede esperar del futuro inmediato.

Portería sin soluciones

De los defectos principales, uno de ellos no tiene solución. Los problemas en la portería no se pueden resolver hasta la vuelta de Rubén, pues tanto Tyton como Pantilimon demostraron sobradamente que no son porteros de Primera División y el gol en contra del encuentro de ayer fue incluso de mal gusto. No se puede competir sin un portero que al menos detenga los balones que todos los demás en la categoría detienen, y quizás una llamada a Àlex Cobo hasta la recuperación del guardameta titular sea una opción a tener muy en cuenta. No obstante, nadie en el club conoce al portero del filial mejor que Cristóbal, y será él quien decida si es una opción o no lo es.

Una fragilidad psicológica que va a mejor

Por otro lado, volvimos a ver ayer otro de esos problemas recurrentes a los que tan acostumbrados estamos durante esta temporada, que es el de un equipo algo desbordado psicológicamente después de encajar gol. De nuevo, el conjunto pareció contagiado algunos minutos tras el gol en contra por una ansiedad y un agarrotamiento que durante varios minutos conllevaron una falta de ideas y de concentración que hicieron temer lo peor, incluso llegando a estar cerca de encajar el segundo después de un rechace de Pantilimon que Vicente mandó al larguero. No obstante, a diferencia de otros partidos, el equipo supo rehacerse antes del descanso y volverse a los vestuarios con empate. Reforzar la mentalidad del equipo es un aspecto clave, pues marca la diferencia entre hundirse y encajar el segundo o venirse arriba para lograr el empate.

Mejora táctica: presión avanzada creando dificultad en el rival para iniciar la jugada

En cuanto al aspecto táctico, la mejoría va dejándose ver poco a poco. Si en la etapa de Mel se veía una formación en la que las líneas se intuían más que verse, en el partido de ayer hubo orden y funciones marcadas en el campo. También se siguió viendo, como ya pasó en el partido de Copa, una apuesta clara por comenzar la presión en posiciones avanzadas. No hubo frecuente suerte en el robo efectivo, pero sí que sirvió para incomodar mucho el inicio de jugadas de Las Palmas y provocar numerosos errores forzados que permitieron recuperar la posesión.

Las bandas, protagonistas del ataque

Cristóbal demostró saber el tipo de juego por banda que necesita al equipo. Hace algunos días comentaba la futilidad de buscar un juego veloz y profundo acabado en centro debido a las condiciones de Lucas, que hacían que al llegar demasiado rápido muchas veces no hubiera rematador en el área. Si bien ese recurso puede ser útil en algunas ocasiones, no puede buscarse que sea la norma como muchas veces habíamos visto con Mel. Ayer vimos un juego desde las bandas por parte de Bakkali y Cartabia que partían de posiciones abiertas y permitían anchear el campo para facilitar su contacto con el balón. En los ataques rápidos se buscó el desborde hacia el centro para poder aprovechar los movimientos sin balón de Lucas rompiendo a la defensa y creando superioridades de cara al disparo. En los ataques con más calma se buscó aportar gestión de tiempos y combinar para buscar el centro de manera efectiva, dando margen a la segunda línea para llegar al remate y a Lucas para asentarse en el área. De esta manera llegó el primer tanto de Borges, un futbolista con un don para estar en el momento adecuado en el lugar preciso en el área rival.

La fragilidad defensiva sigue presente

A pesar de las buenas noticias generales, no puede obviarse que sigue siendo excesivamente fácil hacer daño al Dépor. Juanfran suele estar demasiado adelantado en transición defensiva y suele ser incapaz de llegar a tiempo para dar un apoyo efectivo, algo que Schär nota debido a que le obliga a tapar más campo del asumible y se junta con la evanescencia de un Guilherme que esta temporada está mucho menos enchufado que la pasada. El mediocentro cae demasiado a menudo en fallos de posicionamiento que provocan líneas de pase abiertas para el rival y contribuyen aún más al sufrimiento de la línea de centrales.

Un equipo mucho más definido

La mejor noticia no fue la victoria, sino que el equipo comienza a tener unos ideales de juego que se consiguen ver de manera clara. El equipo está adquiriendo identidad y asimilando ideas, algo que es necesario para progresar en ellas. Es complicado salir de la zona baja una vez te asientas en ella, pero todavía hay tiempo para un giro de timón que permita mirar hacia arriba en vez de hacia abajo, y la única mala noticia es que está a punto de comenzar la fase difícil del calendario deportivista.

Parralo empieza su aventura liguera con tres puntos que en el contexto del Depor saben a algo más. Saben, por primera vez en mucho tiempo, a ilusión.