octubre 2018

15 oct. 2018

Dépor - Elche: Riazor vuelve a ser temible


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com 

El pasado viernes pudo verse en Riazor un partido en el que el equipo local demostró que si sabe mantener este nivel está en condiciones de pelear por todo esta temporada. En un escenario en el cual casi todo está saliendo bien este año, delante de su afición, el conjunto blanquiazul volvió a mostrar lo que ya había dejado entrever en jornadas pasadas: hay potencial para ser un bloque dominador en la categoría.

Salvo el partido contra el Málaga de la pasada semana, en el que los tres puntos se atascaron en el partido en el que mejor habrían venido, los de Natxo González cuentan todos sus encuentros como local en forma de victorias. Y lo más importante es que con el paso de las jornadas las sensaciones están siendo cada vez mejores y muy alejadas ya del esperpento vivido en Alcorcón, en el que el aplomo del equipo madrileño tuvo mucho que ver.

Más allá de la evidente buena noticia que supone llevarse los tres puntos, con lo que me quedo de lo visto en el partido del viernes es con un detalle que visto el devenir posterior del encuentro puede parecer una nimiedad, pero que es realmente algo muy importante: El Dépor supo cambiar el guión a un partido en el que su rival empezó mucho mejor en los primeros minutos, incluso contando con ocasiones de gol que podrían haber llevado el encuentro por un cauce muy diferente al que finalmente se vio. El Elche pudo haberse adelantado cerca del inicio en varias jugadas puntuales en las que se aprovecharon de una sucesión de errores de bulto del equipo local, que fueron excesivamente comunes durante los primeros compases del juego. Un gol tempranero del conjunto visitante habría cambiado las tornas del partido de manera inevitable y encauzar una situación en la que el equipo empieza mal es complicado, pero los blanquiazules lograron hacerlo con creces para acabar estableciendo un marcador final que no engaña y da buena cuenta de la superioridad vista en el campo.



No es casual que el juego colectivo del equipo esté dando sus frutos, pues según avanzan las jornadas estamos comprobando que el trabajo de Carmelo del Pozo a la hora de confeccionar la plantilla fue notable. Resulta sorprendente contar en segunda división con una pareja de centrales que están muy por encima del nivel medio de la liga. Cuando Duarte está más discreto (en los últimos partidos sigue a buen nivel, pero menos sobrado que a principios de temporada) aparece Marí en modo capitán general como en el último partido, demostrando que sabe ser impecable en defensa y también tener protagonismo en ataque tanto en salida de balón como en disparo de media y larga distancia cuando se le presenta la ocasión. Se compenetran a la perfección y no son la única gran noticia que está dejando la línea defensiva, pues Saúl volvió a demostrar que es un lateral notable que sabe acompañar el juego del equipo dando desahogo en la construcción y alternativas en la creación de contextos de peligro en los últimos metros.

En cualquier caso, si tuviéramos que destacar sólo a dos jugadores en el ámbito individual, está claro que por lo visto en esta última jornada esos serían Edu Expósito y Carlos Fernández. El centrocampista lleva toda la temporada viviendo a la sombra de Didier Moreno, pero ante el Elche mostró no sólo que es mejor futbolista que el colombiano, sino que además es mucho más adecuado para el estilo de juego de este equipo. Su descaro atreviéndose a filtrar pases verticales, su apoyo incansable y su inteligencia en el aspecto táctico dejan entrever a un jugador hecho para ser importante esta temporada. Por su parte, Carlos estuvo ante su explosión definitiva. El delantero cedido por el Sevilla había comenzado la temporada dando muestras de tener mucho fútbol dentro, pero también dejando la sensación de que jugaba con el freno echado, como si todavía estuviese cohibido ante el nuevo reto y sin atreverse del todo a soltarse. No obstante, su primer gol de la temporada en la anterior jornada ante el Málaga le ayudó a ganar confianza y a querer demostrar más aún de lo que había dejado ver hasta ahora, lo que le llevó a ser capaz de anotar tres tantos de diversos estilos que dejaron ver que es un futbolista muy versátil.

En cuanto a la gestión del partido, Natxo González supo ejercer su mando con coherencia y calma, entendiendo al hacer los cambios que el partido estaba controlado y sin hacer locuras innecesarias. Evitó hacer variaciones de esquema y tampoco echó al equipo atrás a pesar de la ventaja, dando minutos a jugadores que los necesitaban para reivindicarse. Como único matiz diría que uno de mis cambios habría sido para darle salida a un Carles Gil al que jugar partidos completos no le sienta bien físicamente, pero el mediapunta pudo acabar los 90 minutos sin problemas.

Por otra parte, también se debería decir que el partido de Christian Santos no se acercó al de un jugador que pueda resultar demasiado útil en el rol que tuvo encomendado. El venezolano es un futbolista del que se pueden sacar cosas, pero quizás se le pidió (o más bien el contexto de juego le llevó a tener que hacerlo) tener influencia demasiado alejado del área y en ese ámbito no se encuentra cómodo. Es un futbolista que sabe estar en el sitio adecuado para el remate, pero que cuando se aleja de la meta rival no luce. Quizás su rol ideal sea el de revulsivo más que el de opción para la titularidad, sobre todo teniendo en cuenta que sus rivales por el puesto son de lo mejor de la categoría.

En resumen, contra el Elche salió bien todo lo que podía salir bien y Riazor vuelve a confiar en que esta temporada podrá pasarselo bien después de años viendo la asistencia al estadio más con resignación que con ilusión. Habrá que esperar que todo continúe funcionando de la forma que estamos viendo.