enero 2018

30 ene. 2018

La lluvia que no cesa. Reflexiones sobre la portería del Dépor


   Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
 
Germán Lux, Manu Fernández, Stipe Pletikosa, Przemyslaw Tyton, Davy Roef, Rubén Martinez, Costel Pantilimon y Francis Uzoho. Esta ingente lista, a la que presumiblemente se unirá dentro de poco el nombre de Maksym Koval, recoge los nombres de todos los porteros que jugaron algún partido de liga con el Deportivo desde que se fue el último ocupante exitoso de su portería, Fabricio Agosto. Como se puede ver son nada más y nada menos que ocho nombres (potencialmente nueve) que defendieron las mallas del equipo blanquiazul en un período que, por la exhuberancia nominal mostrada, parece mucho más largo de lo que es. Para los aficionados deportivistas parecen lustros también debido a que desde la marcha de Fabri no existió la alegría más que de manera efímera en la grada de Riazor. Sea como sea, desde el último partido con el Dépor del ahora guardameta del Besiktas sólo pasaron dos años y medio.

Estos números nos dejan unas estadísticas demoledoras, de aproximadamente un portero cada 12 partidos ligueros (téngase en cuenta que si Koval debutara en el siguiente encuentro este dato bajaría hasta casi los 10 partidos). Creo que es lo suficientemente preocupante como para ver que no es casualidad, y desde luego habría que rebuscar bastante para comprobar si no sería este un record si lo extrapolamos a períodos de tiempo igual de prolongados y a equipos de máximas categorías europeas, pero eso no es realmente lo importante. Lo importante es valorar qué explicación tiene esto y qué conllevó en el devenir del equipo en los últimos tiempos. 

Para empezar, ha de ser dicho que Fabricio fue precisamente el último portero fichado por el club antes de la llegada de Richard Barral a la dirección deportiva, y eso nos lleva a una deducción clara: el hasta hace poco director deportivo del club tuvo un bagaje paupérrimo a la hora de fichar ocupantes para la meta del equipo. De hecho, creo que su incapacidad para traer a un guardameta capaz de sumar a su equipo fue la gran losa que provocó que plantillas que a priori parecían para metas más altas acabaran resignándose a luchar a duras penas por no descender. Estos tres últimos veranos se basaron en eso, en esperanzas depositadas en plantillas que acabaron desempeñando un papel terrible en comparación con las ilusiones de principio de temporada. Los errores defensivos siempre estuvieron presentes (especialmente este año), pero otros equipos también los tienen y en algunas ocasiones son salvados por el arquero, algo que en el equipo coruñés no suele pasar desde hace mucho tiempo salvo actuaciones puntuales que suelen coincidir con goleadas recibidas en las que el portero tiene que intervenir tanto que acaba realizando algunas paradas de mérito por simple estadística.

Puede sonar duro, pero la realidad es esta. El Dépor no tuvo en todo este tiempo un portero que realmente demostrara tener nivel para jugar de titular indiscutible en Primera División,  y las cifras de goles encajadas por temporada son para quitar los colores. Por supuesto que no recae en el portero toda la culpa, pero son datos muy significativos y que llevan a pensar que nunca se le prestó la debida atención a un pilar básico como es la portería. Un equipo lo tiene muy difícil para mantenerse si encaja una media de más de dos goles por partido, y a día de hoy eso es lo que señalan las estadísticas en la clasificación. 

Creo que los principales problemas de la etapa de Barral en el club, las razones que hicieron que a día de hoy ya no esté en nómina, pasan por dos detalles que realmente es el mismo aplicado a dos ámbitos: su falta de atención a dos de los puestos más importantes  (si no los que más) de un equipo de fútbol: el portero y el entrenador. En cuanto a los técnicos, el ejemplo de barajar en su día nombres que fluctuaron al mismo tiempo entre Jémez y Garitano dejó todo más que claro, y en la portería nunca se apostó por hacer un fichaje de galones y simplemente se tiró de recortes que nunca demostraron tener un nivel por encima de la media o que incluso estaban muy por debajo de esta. Estos dos errores, si bien parecen sólo un par de fallos como podrían ser otros, son realmente la peor carencia que puede tener la confección de una plantilla, pues estaremos de acuerdo en que un equipo exitoso tiene solamente dos pilares que nunca rotan en los partidos importantes: el portero y el entrenador. Puede existir la típica alternancia entre portero de Liga y Copa, pero eso se hace porque esta última siempre se suele tomar como una competición menor. Nadie se imagina a ningún equipo puntero de Europa haciendo a su portero suplente indiscutible en Champions salvo que cuente con Bravo y ter Stegen en nómina al mismo tiempo. Tampoco nadie en su sano juicio cambia al técnico cuando las cosas llegan bien dadas salvo que haga algo de gravedad irrebatible. No obstante, si antes de un partido importante Mourinho ve que Alexis Sánchez está especialmente cansado o no se adecúa a la exigencia del encuentro puede introducir a Rashford o Martial y, si bien no es exactamente lo mismo, tampoco es algo que no pase con cierta frecuencia. 

Una vez mencionadas las cuestiones más frías, pragmáticas y evidentes de lo que significa en el fútbol una portería bien cubierta resulta inevitable hablar también de esos intangibles que es imposible evitar mencionar cuando se habla de un equipo tan roto anímicamente como este Dépor. No cabe duda que el puesto de portero es también, si no el que más, uno de los más exigentes en el aspecto mental del fútbol. Es la última barrera, el hombre que siempre será juzgado cuando llega el balón a su rango de acción. Igual que del delantero siempre se espera el gol, del guardameta siempre se espera que sólo deje entrar lo imparable. Son las posiciones más ingratas del fútbol, las que siempre tienen la lupa sobre su ocupante, y cuando dicho ocupante está cada día en tela de juicio resulta todavía más insoportable llevar ese peso. Muchas veces el mundo tiende a pensar que el futbolista, al igual que el famoso en general, es simplemente un actor que está obligado a ser impasible, poner buena cara a 'quien les da de comer' y a olvidarse de que tienen un cerebro que responde a estímulos, pero lo cierto es que también les genera sensaciones lo que leen en periódicos y los improperios que escuchan en las gradas hacia ellos. Es su trabajo imponerse a ello durante 90 minutos a la semana, claro, pero cuando la sombra de la duda se cierne en todo momento sobre ti no todo el mundo sabe sobrellevarlo de igual manera.

Tampoco los compañeros suelen llevar bien tener a alguien falto de confianza y tendente al fallo como socio de batalla. El futbolista, como norma general, es un ente egoista que no tolera que el de al lado falle pero sí espera que otros entiendan sus fallos propios. Cuando siente que un compañero no rinde como debería le entra el miedo, deja de confiar y cree que cualquier fallo suyo podría magnificarse si se une a otro ajeno, con lo que la bola de nieve crece. 

Los problemas enumerados son suficientes para ver que contar con un portero extremadamente confiable es tan importante como tener un delantero que no le dé un balonazo al banderín de corner en cada ocasión de gol clara, pero aún así en este mercado en el que de ya de casi nada se puede culpar a Barral se optó de nuevo por la probatura. Yo no conozco como juega Koval, pero desde luego es innegable que no es un futbolista de rendimiento probado. El futuro a corto plazo del equipo  pasa por las manos del ucraniano, y si no responde las opciones de salvación serán ínfimas, si es que ya no lo son ahora mismo por mucha liga por delante que quede.

29 ene. 2018

Krohn-Dehli: Los problemas como posible ventaja


   Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
 
Esta mañana el Deportivo sorprendió a propios y extraños anunciando un fichaje que no se esperaba nadie. De la misma forma que Koval y Bóveda, el hasta ahora sevillista Michael Krohn-Dehli fue anunciado como nueva incorporación cuando su nombre no había aparecido en ninguna quiniela. En este artículo se intentará dar respuesta a qué podríamos esperar del danés en la etapa que se le abre en A Coruña.

Para comenzar, debe decirse lo evidente: El entramado defensivo del Dépor es un castillo de naipes que se cae al mínimo toque y el equipo carece de un sostén claro, pues el puesto de pivote está ocupado sólo nominalmente. No hay nadie que actúe de la forma que debería actuar un mediocentro defensivo posicional y la línea de centrales sufre al estar pendiente de cubrir no sólo sus flancos (debido a la presencia de laterales con proyección ofensiva que a menudo dejan huecos a sus espaldas) sino también la zona delantera debido a la ausencia de un tapón. Ahora bien, ¿podemos esperar que el nuevo fichaje solucione esto? La respuesta que me sale a esta pregunta es un contundente 'quizás'.

En Krohn-Dehli no tenemos a un mediocentro defensivo, pero sí a un jugador que podría cumplir en ese puesto y que precisamente podría hacerlo en mayor medida debido a los problemas que se le achacan a su llegada. Es un futbolista que siempre destacó por su despliegue y presencia, pero la edad y la grave lesión sufrida hace dos temporadas son cuestiones que hacen mella en lo físico. En ese contexto, el futbolista podría reconvertirse en un puesto en el que en diferentes etapas en el Celta ya supo cumplir (de hecho, el Sevilla lo fichó para desempeñar esa labor en su día aunque finalmente no acabara haciéndolo) y en el que sería menos todoterreno y más posicional, permitiéndose correr menos y 'estar' más.

No comencemos engañándonos, Krohn-Dehli es naturalmente un volante o mediapunta. Si no hay más movimientos en este mercado, su fichaje en lugar de un medio defensivo natural (por muy bien que pudiera salir finalmente) volvería a ser una negligencia de la dirección deportiva por el simple hecho de dedicarse a apostar cuando lo que se necesitan son certezas. Pero este artículo lo escribo con ese ánimo de probatura y teorización, exponiendo el por qué creo que el jugador podría ser válido en el MCD. Hablar de Krohn es hablar de un jugador que cobró repercusión como un futbolista de regate y capaz de cambiar partidos desde tres cuartos, como demostró en aquella EURO 2012 que le llevó a ganarse el interés de equipos importantes. Era un jugador con tendencia a estar en todos sitios, y probablemente ahora ya no puede ser eso. Cuando el físico deja de acompañar, lo que queda es la mentalidad, y en eso el danés tiene cosas que aportar: es un futbolista frío y asentimental cuya cabeza busca hacer lo que debe y nada más. La mentalidad del pivote ideal.

En el primigenio Celta de Berizzo, Krohn-Dehli era el hombre para todo. Comenzaba las jugadas erigiéndose en el apoyo principal para la línea defensiva cuando había que comenzar la construcción de juego y acompañaba lo combinación posterior en todo momento con una movilidad que sólo podría ofrecer alguien con una resistencia a su altura. Era en ocasiones mediocentro virtual y en otras mediapunta posicional, y su influencia en el juego daba grandes ventajas a la verticalidad del fútbol celeste. Es un jugador cuya virtudes principales se basan en minimizar el error y ofrecer continuos apoyos fáciles a sus compañeros, lo que contribuye y mucho a desatascar el juego y reducir las pérdidas. En ese contexto, un rol de pivote podría ajustársele adecuadamente, pues también goza de una lectura de juego notable.

No obstante, hasta ahora sólo hablamos de sus virtudes en el contexto en el que su equipo tiene la pelota, que son amplias tanto con balón como sin él, pero ¿qué pasa cuando se pierde la posesión? Es ahí donde genera más dudas, pues si bien es un jugador de gran sacrificio, no cabe duda que el danés es más un futbolista de presión y brega que de destrucción. Es organizado en la lucha y no suele dejar huecos infantiles para el pase, pero probablemente el robo no sea su mayor virtud. No es, por tanto, un jugador que a priori sea ideal para el rol, pero si no se ficha a nadie más creo que sería el más adecuado en plantilla para ocupar el MCD, toda vez que ninguna opción utilizada ahí esta temporada fue válida.  

Lo que más escalofríos puede generarme de este fichaje es que se haga para jugar en su posición natural, la de volante, por confiar en Guilherme en las tareas de mediocentro defensivo. El brasileño no está funcionando en esa posición y mantenerlo atenta contra la lógica, pero es lo que llevamos viendo toda la temporada a pesar de que para muchos parezca evidente que resta más de lo que suma ahí. Quizás un jugador de las características del internacional danés le resulte beneficiosa para verse más liberado, pero no es la solución ideal ni mucho menos.

Dicho todo esto, no podemos mentirnos a nosotros mismos. El fichaje puede salir bien o mal, pero si no se va a traer a un pivote defensivo me parece una verdadera negligencia deportiva, pues resulta claro que es ese el perfil que necesita el equipo. No obstante, estamos olvidando una variable fundamental, y es que puede que alguien inesperado esté a punto de salir, siendo Emre el que más papeletas tiene después de lo sucedido esta semana. Si el danés viene a sustituir una hipotética salida del turco y se consigue fichar a mayores a un medio defensivo puro podría decirse con todas las letras que el ex del Sevilla es un gran fichaje, pero en caso contrario, y siempre a priori, volveremos a estar ante una chapuza digna de pedir dimisiones. Sobre todo porque probablemente no está para jugar partidos completos, pues lleva sin disputar los 90 minutos de un encuentro desde abril de 2016.

28 ene. 2018

Una semana para juzgar a Parralo


   Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

La última semana será difícilmente olvidada por Cristóbal Parralo. Más allá de la desagradable derrota frente al Real Madrid en el partido que inauguraba la segunda vuelta de la competición de liga, los últimos días en el equipo deportivista estuvieron marcados por el incidente provocado por Emre Çolak en el entrenamiento del pasado martes y, evidentemente, el resultado del encuentro contra el Levante (2-2). Ambos momentos tuvieron un fuerte calado en la atmósfera deportivista de estos días.

La primera de las cuestiones, la que atañe al conflicto entre Çolak fue resuelta por el entrenador con especial dureza, y lo cierto es que aunque recibió algunas críticas debido a que de esa manera se creó un nuevo frente abierto, a mi juicio la actitud fue correcta y demostró la personalidad adecuada. El entrenador dio un golpe sobre la mesa evidenciando que quería jugadores que antepusieran el equipo a su propio ego, y además de esa forma se erigió como el único que podía permitirse tomar una decisión en el vestuario y quien no siguiera el camino correcto tendría represalias. La decisión era arriesgada, pero no existía otra salida: permitir a Emre salirse con la suya después de un berrinche sería perder la autoridad sobre un equipo que ya de por sí parece difícil de llevar. Se reafirmó como entrenador y dejó claro que en la situación en la que está el Deportivo, más que buscar que jueguen los mejores debe buscarse que jueguen los que mentalmente estén más implicados.

Por otro lado, en el encuentro ante el Levante se vivió una auténtica montaña rusa. El encuentro empezó de manera inmejorable, con un gol de Adrián en los primeros minutos que dió motivos para creer al equipo, pero la expulsión de Borges poco después del ecuador de la primera mitad puso las cosas complicadas. No obstante, un nuevo gol anotado esta vez por Florin Andone puso las cosas más calmadas.

Durante el encuentro puede decirse que el técnico deportivista tomó decisiones adecuadas y tácticamente no deberían existir reproches graves a su labor. Gestionó el partido de manera adecuada dentro de las limitaciones que surgen de sufrir una lesión y una expulsión en los primeros 30 minutos y no le tembló el pulso al aplicar los cambios que creía necesarios. Tras la roja de Borges, viéndose con un sólo mediocentro en el campo, decidió sacar del partido a Lucas para introducir a Valverde, y lo cierto es que el cambio era el que más sentido tenía, pues permitía utilizar a Carles Gil como una especie de falso centrocampista que ofreció apoyo a la creación y a la combinación en campo rival, algo que el 7 deportivista no garantiza de la misma manera. Dejar a Lucas en el campo implicaría sacrificar a Andone, Adrián o Carles Gil. La idoneidad de este último en el partido acaba de ser comentada, la de Andone estaba fuera de toda duda ya que es el jugador en mejor forma de los últimos encuentros, y en cuanto a Adrián (aunque su partido no estuvo ni mucho menos a la altura de sus mejores días) era necesaria su presencia debido a que era el único de los jugadores de arriba con capacidad de jugar en banda izquierda de manera natural.

En este contexto, Parralo consiguió crear un encuentro en el que, a pesar de la inferioridad numérica, el equipo lograba asentarse de manera cómoda y no sufrió en la práctica totalidad de los 90 minutos. No obstante, todo aquel que siga al Depor este año sabe que cuando las cosas van bien es porque todavía no está todo dicho, y efectivamente al guión del encuentro le quedaba mucho más por ofrecer. Primero, un disparo de Ivi en el que Schär mete la cabeza de forma negligente y sólo consigue darle un toque que despista a Rubén introduciendo el balón en su propia portería hizo que el marcador reflejara un inquietante 2-1. La tensión entre los futbolistas blanquiazules se hacía latente y todo aquel que estuviera viendo el partido sabía lo que iba a pasar, incluso el más nefasto de los pitonisos podría adivinar que el Depor iba a sufrir porque en la cabeza de los 11 jugadores sólo existía el miedo y se notaba en cada movimiento. Y, como suele pasar, al final del sufrimiento llegó el empate, un empate que nace de un despiste defensivo de los que llevan condenando al equipo todo el año y que una vez más volvió a ser digno de categorías inferiores. Basta una imagen para dejarlo claro:


En esta instantánea se pueden ver varias cosas preocupantes y que explican lo que vendría segundos más tarde: Andone está en el área pequeña pero realmente ni tapa el primer palo ni realiza marcaje. Adrián está a su lado, en tierra de nadie y también sin una marca clara. Por último, lo más grave y con más fatal consecuencia, la situación de Ivi (con el número 14) en la frontal del área sin ningún jugador blanquiazul preocupándose de su presencia -véase que no hay absolutamente nadie que lo tenga dentro de un radio de acción razonable - acabó siendo la causante del gol del empate, pues el lanzador del corner vio lo evidente e hizo llegar el balón hacia él, que remató sin la más ínfima oposición. La épica levantinista se había forjado ya, y el Depor se iba un día más cabizbajo a los vestuarios sabiéndose hundido en unos puestos de descenso cuya salida es cada vez más inviable.

La semana de Parralo habría tenido, por todo lo comentado, un juicio muy positivo si el encuentro hubiese terminado antes de ese infame minuto 84 en el que Ivi sellaba un empate catastrófico para los intereses deportivistas, pero debido a la existencia de ese gol es inevitable pensar que el pozo está cada vez más cerca y los signos son cada vez más preocupantes. La llegada de Cristobal mejoró mucho las sensaciones de la época de Pepe Mel, pero hace tiempo que eso ya no es suficiente. El calendario no ayudó, pero el partido contra el Levante significó un golpe que resulta difícil de encajar y que deja aún más visible el problema de que la mente de los jugadores pasa por un momento de fragilidad extrema sin que se encuentre el remedio.

A día de hoy el Deportivo es posiblemente el equipo con menos alma de la categoría y las mejoras que se están dejando entrever en el juego de sus rivales directos no encuentran respuesta a la altura en el conjunto coruñés. La dirección deportiva del club durante lo que va de temporada fue un absoluto ridículo y no parece que las carencias de la plantilla vayan a ser en absoluto subsanadas tampoco durante este mercado. Mientras, la afición asiste a cada partido con miedo, un miedo que contagiado desde el césped se va asentando en el contexto del club como algo endémico y que avanza peligrosamente hacia la resignación de afrontar la temporada que viene en la categoría de plata del fútbol español.

23 ene. 2018

Cuando el silencio suena



  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Permítaseme en el día de hoy comenzar esta historia por el final: ¿Qué pensaría el lector de estas líneas de un equipo que, tras perder 7-1 (con sensaciones nefastas que no son más que una réplica de lo visto durante meses) deja que sea un canterano debutante quien dé la cara por todos ellos? No es necesario que nadie realice un ejercicio de abstracción para imaginar la situación, pues eso ocurrió en el mundo real: El Deportivo perdió con exactamente el marcador citado el pasado domingo frente al Real Madrid y fue Aldo One, quien disputaba su primer partido en Primera División, quien salió a hablar en zona mixta.

Habrá quién piense que es algo que va en la personalidad de cada uno, que el jugador querría hablar porque era su primer encuentro en la máxima categoría y tendría cosas que decir sobre ello. Habrá quien lo achaque a que el joven central deportivista se ofreció con vehemencia a hacerlo y el resto no pudieron frenarlo. Pues bien, es muy probable que este último sea el caso acertado, pero no por ello es tranquilizador. El aspecto conductual del fútbol, más allá de todo lo que pueda rodearlo, es un mundo muy simple y tradicional (en cuanto a su comprensión, no en cuanto al manejo de sus turbias aguas llenas de agudos egos). Las cosas de vestuario y las relaciones básicas con la afición son como son y como llevan siendo incontables décadas. Ahora ya no hay futbolistas profesionales mezclados con la gente de la grada en los aperitivos postpartido como en los felices años 20 del fútbol inglés, pero lo básico sigue siendo lo básico.

¿A qué me refiero cuando me remito a lo básico? Pues simplemente, que en un vestuario hay ciertas normas de convivencia que los jugadores no llevan bien que se les cambie de golpe cuando llega alguien nuevo. Me refiero también a que en un campo de fútbol todo lo que no sea ver 11 frentes sudadas no gusta al aficionado o que cuando hay una riña entre futbolistas, lo que pasa entre la plantilla se queda en la plantilla y no se airea bajo pena de exclusión total del chivato por parte del grupo. Esos códigos (llámeseles erróneos si se quiere, el aquí firmante sólo refleja la realidad) llevan manteniéndose de esa manera demasiados años como para hacer como que no existen por muy modernos que nos volviésemos y por mucho que nos guste hablar del siglo XXI de la civilización humana como si tuviese un nivel evolutivo que realmente ni se puede soñar. Otro de esos códigos, el que viene al caso en este momento, es quizás uno de las leyes no escritas más grabadas a fuego en la mente de todo el mundo: El que sale a zona mixta después de un partido lamentable es el que da la cara por todos.

Pues bien, una vez dicho esto último: ¿Por qué cualquier futbolista veterano de una plantilla, uno que lleve toda la temporada teniendo protagonismo en la mala racha de resultados del Dépor desde que comenzó el curso, dejaría simplemente salir a un compañero recién llegado y que además poca culpa tuvo del resultado? Por mucho que el propio jugador pidiera salir, se me ocurren pocas respuestas a la pregunta que no pasen por creer que la plantilla está falta de jugadores con los galones necesarios o sobrada de futbolistas que sólo quieren mirarse su propio ombligo y que su ego salga indemne a costa de lo que sea. Es sólo una conclusión tomada en base a la observación, por supuesto que puedo estar errado, pero la ausencia de una figura que imponga un liderazgo indiscutible brilla por su ausencia desde hace tiempo. Más allá de las carencias individuales que puedan existir en plantilla, lo cierto es que tampoco hay nadie que, al menos desde fuera, de la sensación de ser un jugador conocedor de esos códigos del fútbol, una voz imponente que sepa decir las cosas claras y que dichas cosas vayan a misa. 

Por lo general no hablo en esta página de este tipo de intangibles tan subjetivos y que sin estar en el día a día del club son imposibles de acertar plenamente. Normalmente me gusta hablar de lo táctico, lo técnico o lo probabilístico, pero después de más de media temporada, sabiendo que muchos de los jugadores en plantilla están dando un nivel muy por debajo de lo que pueden ofrecer, es inevitable pensar en el tema psicológico. Es inevitable hablar de una falta de actitud, pero teniendo claro a qué me refiero con esto. Nunca, en ningún caso, quiero insinuar que haya jugadores que no quieran ganar partidos (eso va contra la naturaleza del futbolista), pero sí que parece evidente que no se dan las condiciones idóneas para que sus mentes funcionen de manera adecuada. Cuando uno se fija en el lenguaje no verbal de los portadores del escudo blanquiazul mientras el partido está en disputa parece que el fútbol es un deporte individual en el que se dió la casualidad de que 11 hombres se presentaron en el campo con camisetas idénticas. Cada uno protesta por su lado, se lamenta para sí mismo y protesta al árbitro de motu proprio sin fijarse en las intenciones del compañero. No da sensación de equipo, sino de un grupo de lobos solitarios que se juntan para intentar cazar algo sin estar muy convencidos de que la unión haga la fuerza.

¿Qué grado de culpabilidad tienen los errores individuales en este aparente falta de compromiso con el compañero? Posiblemente mucho, posiblemente poco. ¿Existe una falta de apego por la idea de juego? ¿Hay jugadores en plantilla que hacen que el resto no se sientan cómodos? Como el lector comprenderá, alguien que opina desde fuera no puede adivinar este tipo de cosas, pero sí puede decir que resulta evidente que alguien debería estar día a día en Abegondo observando y sacando conclusiones e intentando buscar soluciones a algo que sólo con ver 90 minutos a la semana resulta tan evidente. No parece que a día de hoy se esté haciendo algo así, al menos no por parte de alguien profesional en el asunto.

A mí me preocupa más este tema que los posibles fichajes. El problema resulta muy palpable desde hace años, por lo que no se soluciona fichando, o al menos no sin limpiar al completo la plantilla. La devaluación del 90% (porcentaje a ojo, pero diría que bastante acertado) de los futbolistas que pasaron por el club durante el último lustro nos viene a decir ue algo pasa y que algo no se está arreglando. La psicología en el fútbol de alto nivel es un factor determinante, especialmente en la lucha por el descenso. Nadie llega a primera división sin saber jugar a esto, y los niveles de los 10 últimos equipos en cuanto a plantilla siempre están muy parejos (salvo excepciones). La diferencia entre quien se salva y quien no casi nunca está en factores ajenos a la fortaleza anímica, y cuando un entrenador cambia el rumbo del equipo al llegar a un banquillo que iba mal, es casi siempre porque supo encontrar remedio a esas debilidades anímicas, ya sea de manera intencionada (centrándose deliberadamente en infundir carácter) o no (cambiando a un esquema de juego que hace a los jugadores sentirse más cómodos, etc.). Algo muy preocupante flota en el ambiente del Depor desde hace tiempo e incluso la afición, aquella que estaba en las buenas y en las malas, lleva tiempo dando signos de desgaste más que evidentes. No poner todo el empeño en borrar la nube negra que tapa el sol de Riazor puede costar muy caro.

14 ene. 2018

Guilherme, una piedra angular que no sostiene al Depor


  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

El Deportivo volvió ayer a dar la misma sensación que lleva dando en la mayor parte de los partidos desde que Cristobal Parralo asumió el mando: El equipo funciona mejor encuentro a encuentro (salvo baches imperdonables como el del partido ante el Celta), pero suele ocurrir que errores individuales condenan al conjunto a recaer en una fragilidad mental que le impide saber afrontar las adversidades. Ayer el error puntual que condenó al equipo fue de Rubén, que encajó un gol impropio de un portero de Primera División, pero no quiero centrarme en eso; el problema de la portería es un inconveniente que no se puede resolver sin fichar. Hoy quiero hablar del único problema de este Dépor que realmente asocio al entrenador y que me parece un sinsentido táctico sin explicación aparente: el rol de Guilherme.

El futbolista brasileño sale en cada partido de teórico pivote, siendo indiscutible en ese puesto (sólo se perdió un partido y fue por sanción), y observar su desempeño hace que la decisión no parezca comprensible. Prácticamente el único mecanismo natural que posee para la función que se le asigna es su habitual tendencia a fijarse entre los centrales en los primeros compases de la salida de balón para ofrecerse y dar el primer pase. En todo caso, tampoco puede decirse que sea excelso en esta  labor, pues no suele ofrecer soluciones reales. No construye, se limita a no perder el balón. Contra el Valencia se le vio en varias ocasiones dando el balón a Albentosa para que se buscase la vida en contextos sin mucho sentido que no resolvieron el problema de la construcción de ataque.
 
Este apoyo en primeros metros es, además, bastante evanescente. Una vez da el primer pase su predisposición le lleva a liberarse de las tareas de creación y lanzarse hacia arriba, cesando pronto su apoyo en la combinación de base. Cuando el balón llega a Luisinho o Juanfran en campo propio no suele haber nadie ofreciéndose con seguridad en posiciones centradas y suelen verse obligados a pegar un balonazo hacia arriba, rifando el balón.
 
En contextos sin balón tampoco destaca en labores de pivote. Si hace de tapón en contras no es experimentado en destruir con solvencia. Su mecanismo habitual es salir hacia el atacante y se limita a escorarse un poco para meter el pie, ofreciendo una salida fácil al rival que los habilidosos suelen aprovechar sin mayor problema, dejando además al jugador deportivista en una posición desde la que le resulta casi imposible continuar el marcaje. Esto hace que los centrales deban salir a tapar y creando huecos que suelen conllevar peligro. En ocasiones incluso se le puede ver simplemente manteniéndose delante del jugador en control de la pelota mirándolo sin actuar, a la espera de que dé el pase y sea problema de otro.
 
En situaciones de ataques largos del rival, en los que se espera que ejerza una defensa posicional, es muy frecuente que no esté donde debe. Casi siempre se le ve defendiendo a alguien por detrás del dueño de la pelota en lugar de ejerciendo de pantalla para que los centrales puedan coger cada uno a su marca sin estar pendientes de más. Este detalle es una faena en el Dépor, pues incita a un Sidnei que siempre peca de ímpetu a salir a cortar pases que se van de su jurisdicción. Este movimiento, cuando no tiene éxito, deja vendida a la defensa porque la línea de pase se ensancha visiblemente. Es uno de los principales creadores de peligro en el área deportivista.

Si nos paramos a pensar en el estilo de juego que quiere imprimir Cristobal, es inevitable pensar que cuando buscas jugar con presión elevada y sin querer perder rápido la posesión del balón no puedes hacerlo (salvo que reinventes algo revolucionario) sin un pivote defensivo que sepa hacer su trabajo. No puedes no tener a alguien que fije, limpie y proteja. No sé si Edu Expósito (aunque tampoco es un pivote real) podría rendir ahí con continuidad, pero el equipo está perdiendo el tiempo haciendo indiscutible a un jugador en un rol en el que hace mucho peor y mucho más débil al conjunto. Mosquera es el jugador en primera plantilla con condiciones más adecuadas a priori para desenvolver estas funciones, pero su bajísimo nivel desde hace más de un año hace que tampoco sea una apuesta segura.

La puntilla a esto es que, además, Guilherme no es para nada un mal futbolista, pero lo que sabe hacer lo hace cuando juega liberado, en otras tareas que exigen no ser tan posicional y puede tener presencia entre el centro del campo y tres cuartos. La decisión de utilizarle donde se le está utilizando no está sólo privando al Dépor de jugar de manera adecuada, sino también de tener a un jugador útil haciendo lo que se le da bien.

Análisis de la zona alta de la tabla


Ya han transcurrido 18 jornadas, y los equipos ya se van colocando en las posiciones que desean o en las zonas por las cuales pelearán a final de temporada. La zona alta de la tabla la ocupan los clásicos de siempre, con algunos invitados y otros que no están cumpliendo las expectativas.

La zona Champions, más interesante que nunca

Son cuatro los equipos en zona Champions. El FC Barcelona, que está imparable y en un gran  momento de forma, sobre todo gracias a un Messi estelar. El conjunto culé además ha incorporado a Coutinho, además de recuperar a Dembelé para el tramo final de temporada, por lo que sin duda el rendimiento del equipo irá incluso a más.

El Atlético de Madrid, cumplidor como siempre. Segunda posición para el equipo del Cholo, que ha
incorporado a Diego Costa en el mercado de invierno, uno de los jugadores más importantes para el
equipo y que dará ese plus de poderío ofensivo que necesitaba el equipo.

El Valencia es un equipo “nuevo” este año en la zona Champions. Tras varias temporadas deambulando por La Liga, el conjunto ché ha logrado formar un bloque muy sólido y competitivo con Marcelino a la cabeza. El hecho de que el equipo no dispute competición europea ahora mismo lespuede hacer centrarse al 100% en Liga y cumplir el objetivo propuesto por la plantilla, que no es otro que disputar competición europea el próximo año.

Uno de los equipos que sin duda está decepcionando esta temporada en La Liga es el Real Madrid. Una sorprendente cuarta posición para el conjunto de Zidane, muy por debajo de las posiciones y rendimientos esperados, y con una brecha amplia de puntos respecto a las primeras posiciones. 

La Europa League, con los de siempre

En la zona de la Europa League podemos encontrar a los mismos equipos que en ediciones anteriores, lo cual es un sinónimo de continuidad en los equipos y estabilidad en los proyectos.
 
El Villarreal está cuajando una temporada notable, como siempre. Tras la destitución de Fran Escribá, Javi Calleja ha formado un gran equipo, aunque habrá que ver si el equipo se resiente de la baja de Bakambu, el máximo goleador del equipo y un hombre muy importante para el equipo, que ha puesto rumbo a China.

El Sevilla por el contrario está rindiendo por debajo de lo esperado. La destitución de Berizzo no ha causado el efecto deseado, y el equipo genera muchas dudas en su juego y resultados. Quizás el objetivo real sevillista era pelear por la zona de Champions League. Habrá que ver si mejoran su rendimiento, su juego y sus resultados con Montella en el banquillo, aunque hasta ahora tampoco se ha visto mejoría en sus dos partidos. El derbi sevillano se saldó con una derrota y el partido contra el Cádiz acabó con una pitada de la grada.
 
Otro equipo que merece mención es el Eibar, que está merodeando la zona europea, en la octava posición. Totalmente merecida para un equipo que, un año más, está haciendo muy bien las cosas.