31 ene. 2013

Manual de estilo (I): La psicología del fútbol

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Cuando el talento está igualado, lo vital es la cabeza. El aspecto psicológico del fútbol está, en las batallas a muerte, a la altura del táctico. ¿Qué lleva a un equipo a ver la victoria más cuesta arriba cuando juega fuera de casa? ¿Qué provoca la desaparición de las estrellas en partidos clave, aparte de una buena defensa sobre su figura? Todo está en la mente.

Se dice que el carácter del entrenador se contagia a los suyos. Un entrenador que no sabe sobrellevar la presión tendrá todas las papeletas para que su plantilla se hunda en los malos momentos, y un técnico con carácter ganador suele ser capaz de hacer que los suyos se crezcan ante la adversidad. El caso de Manolo Jiménez en Zaragoza fue un buen ejemplo: llegó a un equipo hundido y poco a poco consiguió (con la suerte de que ese cambio de carácter se tradujese en resultados) armar un conjunto capaz de conseguir victorias.

La  fortaleza mental es, a su vez, un estado delicado, que además depende de un factor incontrolable que mencioné antes: la suerte. ¿Qué le habría pasado a España en el Mundial si, con la primera derrota ante Suiza, la presión, la urgencia y la falta de confianza les hiciesen buscar un método diferente al utilizado en lugar de confiar en que lo estaban haciendo bien? Habría sido todo muy distinto. Los torneos no se ganan sólo a base de talento, sino también gracias a la fortaleza de los ideales de juego. Sobrarán los dedos de una mano para contar equipos exitosos sin un estilo marcado (ya sea un fútbol de toque como el Barcelona o de cerrojo atrás como el Chelsea de Di Matteo), y los pocos casos que existan serán de gloria fugaz.

El estado de ánimo lo controla casi todo y es la diferencia entre el dolor y la felicidad. Pocos creían en la remontada del Liverpool en aquella final de Champions de 2005 en la que el equipo lombardo se puso con 3-0 a favor en el descanso, pero los reds tuvieron la suerte de que parte de esos creyentes estaban en el vestuario y jugaban el partido. El resultado lo conocemos todos, y no es algo aislado. Quien 'confía' se crece, y quien 'se confía' suele llevar más de un susto. Todo es cuestión de saber jugar con la mente y tener en cuenta que nunca hay que tirar la toalla mientras el árbitro no pita el final, y esa es una de las tareas más complejas a las que debe hacer frente un entrenador.

El aspecto psicológico llega a su máximo esplendor en las luchas por el descenso. Por lo general, las plantillas que habitan en la zona baja de cualquier división de élite son de un nivel muy parecido, y el valor añadido que diferenciará al salvado de los condenados está en la fuerza mental que demuestren. Existen equipos que con el cambio de entrenador se encienden y todo cambia. A otros sólo les hace falta una victoria para cambiar su dinámica, o incluso que la afición responda en los momentos delicados para hacerles ver a los jugadores que no están solos. Todos esos factores tienen repercusión en gran medida por cuestiones mentales. La pelea por no descender es una lucha demasiado encarnizada como para que las tácticas y el talento se lleven todo el protagonismo. Un colectivo nervioso y acuciado por el abismo no sabrá poner en práctica las órdenes a no ser que tengan plena confianza en ellas y en sí mismos.

El fútbol moderno avanza. Ya no consiste sólo en poner a los mejores, sino a los más aptos. Un vestuario es un lugar de trabajo como cualquier otro, aunque la presencia en el mismo de una congregación de jóvenes millonarios que muchas veces pueden resultar caprichosos lo hace una selva salvaje cuando las cosas no van bien. Hacer que los futbolistas sean una piña y que exista un ambiente positivo es vital para lograr éxitos en el deporte moderno. Lo complejo es amoldarse a las personalidades, ya que no todos son iguales. Esto no es como el tenis (uno de los deportes con más influencia del factor mental), en el que sólo existe un competidor por bando. En el fútbol hay más de 20 individuos a las órdenes del técnico esperando su oportunidad de triunfar, y ninguno quiere que su futuro dependa de un entrenador que contagie negatividad y victimismo.

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