22 jul. 2020

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El peligro de caer en su juego

Lo digo en la primera frase porque es de vital importancia: Debemos dejar que Tebas y los responsables del CF Fuenlabrada que van en su línea hablen solos y no responder a sus comentarios fuera de lógica que van dirigidos a particularizar todo lo vivido en los últimos días en las peticiones de permanencia del Dépor. De otro modo estaremos cayendo en la trampa absurda de que uno de los más graves amaños de la competición deportiva en España en los tiempos recientes (no sólo por el hecho de que se vulneró la posibilidad de que todos los equipos compitieran en igualdad cuando es un derecho perfectamente asimilado desde hace años como parte de la competición, sino porque para ello se jugó con la gestión de una pandemia global) se convierta en una simple cuestión de justicia deportiva en lugar de una cuestión de justicia legal.

Desde que todo saltó por los aires hace un par de días la estrategia de alguna gente es clara: Acoso y derribo al Dépor para deslegitimar sus reclamaciones deportivas particulares a toda costa, reduciendo el conflicto simplemente a dichas reclamaciones. Y viendo el silencio de los restantes equipos y la reacción de sus aficionados, parece que están consiguiendo su intención de hacer ver que sólo se trata de eso cuando lo cierto es que es sólo lo menos importante de todo.

La maquinaria ya está en marcha para encontrar cualquier recoveco posible para evadir la problemática real. Por ejemplo, algún medio tiró de hemeroteca para irse hasta 1991:


Lo que olvidan decir es que en esa época la unificación de horarios en las últimas jornadas no era todavía como es ahora y que el partido ya había comenzado y no era aconsejable dejar morir a la gente en Riazor sólo por acabar un partido de fútbol. No creo que sea comparable ese suceso con ocultar informaciones sanitarias de interés general hasta que un chivatazo te descubre el pastel y no te queda más remedio que reconocerlo todo.

También son dignas de mención las declaraciones del presidente del Fuenlabrada, insinuando que una negligencia de tal calibre es comparable a la actuación de un grupo de gente no vinculada con el Deportivo más que en sentimiento y sin ninguna responsabilidad legal con respecto al club:


Aunque no los ponga aquí, hay muchos más ejemplos de declaraciones absurdas que buscan particularizar en el Deportivo un problema que atañe a todos y cada uno de los equipos participantes en esta competición. Porque los perjudicados directos esta vez fueron Coruña, Elche y Vallecas pero eso fue sólo un hecho coyuntural y cualquier otro podría haberse visto afectado si las circunstancias que se hubieran dado fuesen ligeramente diferentes.

¿Actuó el Fuenlabrada sabiendo las consecuencias catastróficas que tendría para su participación en el playoff de ascenso que se descubriera que en su plantilla había gente que había dado positivo? Si un diario aleatorio de Cádiz no hubiera dado una noticia que a priori todo el mundo daba por fake por el surrealismo que suponía, ¿alguna vez nos hubiésemos enterado de que un club había puesto en peligro la integridad sanitaria de toda una ciudad? ¿La impunidad con la que se hizo todo esto tendrá algo que ver con el parentesco entre el presidente de la liga y uno de los miembros del club madrileño? ¿Sería esta ocultación de positivos un hecho habitual en los clubes durante todo este tiempo? Ni lo sé ni me importa. Porque no soy yo el que tiene que responder a esas preguntas, sino un juez. Y en todas estas incógnitas de interés general para cualquiera el Deportivo de La Coruña no está mencionado en ningún lado.

El Deportivo no busca salvar la categoría. Salvar la categoría sería una limosna. El Dépor busca que esto no se convierta sólo en un problema de clubs insatisfechos con los resultados de esta última jornada, porque eso haría de esto un problema puramente deportivo cuando no lo es. Es un problema que va mucho más allá. Dejemos de caer en provocaciones y centrémonos en lo importante: Que no lleven esto a su terreno, convirtiendo en una cuestión de satisfacer a equipos de fútbol cuando es una cuestión de evitar que nadie, nunca más, pueda anteponer sus intereses a la integridad de la competición y es digno de llevar a gente ante un juez.

El Deportivo debe ir hasta el final, pero no para salvarse. Debe ir hasta el final por negarse a competir en un torneo adulterado y también por evitar que dirigentes se vean con derecho e impunidad para saltarse las normas jugando con la salud de la gente y la igualdad de la competencia. En Coruña tenemos más que aceptado que somos equipo de 2ªB, lo que nos negamos a aceptar es el competir en un sistema corrupto. A día de hoy, la disyuntiva es clara y es que o estás con el Dépor en sus reclamaciones o estás legitimando un sistema de competición del que el que este club no quiere ser partícipe. Soy consciente de que escribo estas líneas arriesgándome a que el Deportivo, como club, acabe tomando una decisión totalmente en contra de lo aquí expuesto si le ponen una zanahoria delante de las narices y le instan a pasar por el aro a cambio de venderse. Por supuesto que eso podría pasar, y el hecho de que el club esté controlado por un banco aumenta las posibilidades. La cosa es que si un sistema puede permitirse acallar a la voz crítica mediante un pequeño premio para comprar su silencio es porque el resto de participantes facilitaron, con su connivencia, que el problema se limitase sólo a eso en lugar de hacer la suficiente fuerza para erradicarlo. Soy consciente del drama deportivo y económico que supone irse a 2ªB, pero doy por hecho que en ese aspecto no existe salvación posible. Lo que quiero es irme a 2ªB sabiendo que cuando vuelva me encontraré un sistema limpio y no la misma basura acumulada que dejé atrás.
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21 jul. 2020

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Y parece que aún fue ayer

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


Pertenezco a la generación que creció aprendiendo sólo a ganar. A esa generación que vivió una época en la que sólo había un equipo en la ciudad y en la que lucir una camiseta de fútbol sin rayas blancas y azules era poco menos que un sacrilegio. A nosotros, incluso, nos tuvieron que contar cómo se vivió el mayor jarro de agua fría que experimentó nuestra grada en las últimas décadas, pues aunque en aquel entonces ya estábamos vivos todavía no entendíamos muy bien lo que era un penalti ni por qué todos se entristecían cuando el jugador que lo lanzaba no metía el balón en la red.

Somos la gente que no supo que el fútbol tenía dos caras hasta que la menos amable se manifestó. Escuchábamos historias de otros tiempos, pero aquello había quedado atrás, eran historias de los abuelos y nosotros habíamos llegado para vivir otra cosa. Sólo el tiempo evidenció que eso no era así. Lo cierto es que parece que fue ayer cuando hablábamos de cosas muy diferentes a esas de las que hablamos hoy. No tengo la noción de que haya pasado tanto tiempo desde que Coruña podía celebrar cosas que sucedían en una hectárea de tapete verde, pero supongo que será porque aquellos tiempos se quedaron mejor grabados en la memoria que los recientes, tan dignos de olvido.

Soy de la idea de que el fútbol crece con nosotros y se convierte en una parte de lo que somos. Es cierto que en una misma grada hay múltiples personalidades, incluso gente que se odia o desprecia, pero existe también una cierta influencia común que se forma enfrentando las sensaciones que transmite el devenir del escudo. Las aficiones tienen un alma común moldeada por su equipo. A mí, por lo general, no me gusta el concepto pertenencia a grupos y nunca reconoceré tener nada en común con nadie por el mero hecho de compartir un rasgo, pero no deja de ser cierto que el deportivismo, como cualquier otra afición, presenta en su globalidad una serie de características generales que se va forjando en base a los estímulos transmitidos en el césped (o incluso en los despachos que manejan lo que allí ocure). Ese equilibrio entre emociones transmitidas por la realidad del equipo se hacen parte de nosotros y ocupan un ínfimo porcentaje de lo que somos, pero que está ahí. La importancia de un balón se resume en ese 0.00000001% de nosotros.

Sinceramente, a los que nacimos cuando yo nací todo lo bueno nos pilló demasiado jóvenes como para entender realmente lo que era y en nuestra entrada en la vida adulta nos tocó aprender a fuego y a golpes la lección de que la caída se hace mucho más lenta que la subida, pero eso nos sirvió para grabar en nuestra cabeza que uno nunca se puede desvincular de su club cuando realmente es suyo. Algunos de los nuestros nos dejaron por el camino y lucen ya otras camisetas o incluso la expresión de la indiferencia ante todo lo blanco y azul, pero nadie obliga a nadie a seguir aquí. Los que quedamos, que somos muchos a pesar de todo, somos aquellos para los que este escudo se convirtió en una parte inseparable de nosotros y supimos perdonar que nuestro club ya no nos permita aprender geografía europea cada miércoles. No nos tocó la mejor era posible, pero esta es la nuestra y este es nuestro club. Un club muy diferente al que conocimos cuando estábamos empezando a conocer cosas, un club que nos destrozaron y abandonaron a su suerte, pero si algo aprendimos mientras tanto es que los de siempre estamos por encima de todo lo demás. Y volveremos. No sé a donde, creo que ni siquiera tenemos un lugar al que regresar porque a día de hoy todo es muy diferente a lo que existía cuando estábamos en un sitio que reconocíamos como nuestro, pero creo inevitable que volvamos a saber encontrar el hueco que nos corresponde. Necesitamos dormir y necesitamos pensar, pero el camino a seguir a partir de ahora es el que siempre seguimos: Quien no esté con nosotros, que no moleste.

No sé qué tiempos nos esperan ahora que la realidad está fuera del fútbol profesional y no sé cómo conseguiremos gestionar el golpe cuando nos demos cuenta de lo que implica. Creemos que somos conscientes de lo que acaba de ocurrir, pero no lo somos. Tenemos ante nosotros un camino oscuro del que ni siquiera vemos la primera curva y es bastante probable que nos perdamos más pronto que tarde. Podría hablar sobre las formas en las que nos dejaron fuera de esta competencia, pero no ganaría nada. Ya no. No creo que haya sido un final justo y no creo que deba aceptarse sin más, pero tampoco creo que nada vaya a cambiar porque estamos acostumbrados a que nada cambie a mejor y ya no lo esperamos. No nos queda más que seguir comprendiendo el fútbol de la manera que lo comprendemos y esperar a que las cosas sean diferentes en algún momento. En la categoría que toque, el apego por el escudo sigue intacto.

El fútbol, en lo anímico, tiene sus paralelismos con la música. Aunque no es un arte, también se consume en parte por lo que transmite, sea alegría o tristeza, y es curioso que, existiendo tanta música como existe, la esencia de este club esté encerrada como en ningún otro sitio en un grupo muy ligado a él. Nadie expresa la belleza del fracaso como Los Suaves, y son Los Suaves los que con esa forma de musicar la vida ponen banda sonora involuntaria a todo lo que vive el deportivismo desde tiempos inmemoriales. Porque el fracaso nunca es bello, pero su narración sí puede serlo:

Cuántas ilusiones
 traje a este mundo al reves,
que perdiendo una al día 
creo que aun me quedan dos o tres.
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1 jul. 2020

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La locura que da la experiencia

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


El Deportivo jugó ayer el que sin duda fue uno de los mejores partidos de la temporada, no carente de esa dosis de dramatismo que acompaña a cada uno de los encuentros de este equipo en los que lo normal ya comienza a ser el surrealismo. En Tenerife se consiguió dejar a un lado ese polémico aplatanamiento mencionado por Fernando Vázquez en la previa y se jugó como debe jugar un equipo que aspira a salir del pozo: de tú a tú y sin arrugarse. Y dentro de ese buen encuentro hubo un detalle curioso: Borja Valle jugó en el doble pivote durante buena parte del encuentro y Bergantiños actuó en el centro de la defensa.

Haber visto esto no es trivial. Es cierto que Álex había jugado ya de central en diferentes ocasiones en el pasado, pero lo cierto es que en mi opinión no lo había hecho nunca a un nivel ni siquiera cercano al mostrado en los últimos partidos. En esa posición de líbero moderno, decidiendo según el contexto si actuar como tercer central o dar un paso adelante para contribuir en el centro del campo, el coruñés se está encontrando cómodo dentro del contexto creado a su alrededor y está resultando ser un plan de emergencia ante las bajas que funciona incluso mejor que el plan que había antes de las lesiones que llevaron al capitán a ocupar este puesto. 

En cualquier caso, el hecho de que Bergantiños juegue de central, como ya dije, no es inédito. El caso realmente sorprendente es el de un Borja Valle que hasta hace días nadie lo veía como otra cosa que como un atacante más impetuoso que ordenado. Cuando en el último tramo del encuentro contra la Ponferradina sustituyó a Uche la incomprensión fue la sensación predominante, pero lo único cierto es que con su presencia se remontó un partido que estaba perdido en el tiempo añadido. Muchos de los mejores minutos de fútbol jugados por el Dépor esta temporada se jugaron con él sobre el campo en un puesto en el que nunca se le había visto y eso es digno de mención y reflexión.

A la vista de esto (y también a la vista del caso de Mollejo, que durante varios partidos ejerció de forma notable como lateral izquierdo de emergencia a pesar de que también era un puesto desconocido para él) debemos darle el merecido crédito al entrenador, porque su labor es ver cosas que los demás no ven y en este caso lo logró con creces. Hay que tener mucho fútbol interpretado a tus espaldas para saber ver que ese Borja Valle que siempre actuó de extremo o delantero podía aportar cosas muy interesantes situándolo en un puesto en el que estaba inédito. En ese doble pivote supo ocupar el puesto de manera solvente, dar continuos apoyos tanto en la distribución de balón como en la presión y, sobre todo, contribuir de manera impecable a mantener la posesión del balón. Con él en el campo el Dépor supo ser dominante con la pelota y no pasar apuros sin ella de una forma que no había visto en toda la temporada. No todo el mundo es capaz de intuir este buen rendimiento potencial y casi nadie es capaz de atreverse a probarlo en partido oficial.

Es cierto que los números desde la llegada de Vázquez son impresionantes, pero a mí me gusta ir más allá de la simple estadística y resaltar también que todo esto no se limita a la reactivación psicológica conseguida: Su lectura de juego y su capacidad para buscar lo mejor de sus jugadores está siendo de un altísimo nivel. Es cierto que en ocasiones sus planteamientos iniciales resultan especulativos y eso probablemente no es lo que necesita un equipo que se embota cuando las ideas no están claras, pero es igual de cierto que en cada uno de sus partidos supo hacer reaccionar al equipo en los momentos de necesidad y no es lo habitual saber dar siempre o casi siempre con la tecla. Vázquez tiene un punto de locura, pero esa locura es, igual que su experiencia, un grado. Sin ella no habríamos visto al Valle centrocampista, al Bergantiños líbero ni al Mollejo lateral, y con ello nos habríamos perdido tres de las buenas noticias que nos dejó esta temporada. La situación sigue siendo complicada, pero con lo que estamos viendo es imposible no confiar.
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20 ene. 2020

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Olvidarnos del absolutismo

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


El Deportivo aún está muy lejos de su objetivo, pero a día de hoy al menos respira y eso es algo que hace menos de un mes (cuando llegaba a debatirse la idoneidad de planificar ya desde enero un plan la siguiente temporada en Segunda B), parecía imposible. La llegada, por un lado, de un nuevo consejo dispuesto a cambiar cosas por fin para salvar a un club que no merecía arrastrarse como hasta ahora y, por otro, de un Fernando Vázquez que consiguió una vez más hacer creer a un equipo desahuciado, lo cambiaron todo. Ahora, cuando las cosas parecen estar más calmadas (sin que por ello la situación deje de ser crítica) es un momento interesante para echar la vista atrás y juzgar el contexto en el que vivimos en los últimos tiempos, inspeccionando las bases verdaderas y falsas de nuestro pasado más reciente.

¿Por qué se hace necesario este ejercicio de introspección y juicio? Simplemente porque venimos de períodos muy convulsos en los que se miró más a lo de fuera del campo que lo de dentro y, ahora que el césped otorga algo digno de ver, estamos en el momento idóneo para dar un portazo definitivo a unos años que fueron oscuros. Ese portazo no sería justo sin antes ver con qué nos podemos quedar y qué debemos rechazar de todas las cosas que escuchamos durante todo este tiempo para formarnos nuestra idea definitiva.

No comulgo con las ideas absolutas ni con las sentencias con ánimo de irrebatibilidad. En un debate puede haber muchos puntos de vista válidos, pero siempre deben partir de una base que a menudo es la que es y no se puede tergiversar porque hacerlo nos aleja de la verdad. Y las bases de esa verdad sobre los principales debates que rodearon a este club son la temática a explorar en este artículo. Iremos por partes:

Plantilla 2019/2020: A día de hoy no pasa nada por decir que esta plantilla no era el desastre que parecía ser hasta hace muy poco tiempo, aunque tampoco podamos decir que era una maravilla. Teniendo en cuenta que estos cuatro partidos seguidos se ganaron con la misma columna vertebral, resulta evidente que la clasificación no marcaba la realidad. No obstante, la realidad no estaba tan lejana, de los puestos de descenso, y eso también es evidente. El hecho de que los últimos partidos se ganaran con goles de los dos fichajes debutantes y actuaciones de mérito de ambos nos dice que la plantilla estaba falta, por un lado, de un jugador determinante y, por otra, de alguien no peleado con la portería que materializara las ocasiones. En cualquier caso, el no tener a un goleador en racha es secundario cuando no se llega a zonas de peligro, y hasta hace no mucho ver llegadas a portería del Dépor era un hecho poco habitual. No podemos decir que los delanteros fallasen cuatro ocasiones claras cada partido, porque no solía haberlas, con lo que algo cambió también en las posiciones de atrás, en las que siguen estando los mismos.

Por tanto, creo que no pasa nada por utilizar como base de este debate el hecho de que el verdadero problema de los resultados estuvo en la incapacidad por encontrar un técnico capaz de trabajar con esta plantilla, una plantilla que sin duda estaba descompensada (especialmente en las bandas) pero a la que se le podía sacar rendimiento para más que lo visto hasta diciembre.

Carmelo del Pozo: Hablar de calidades de plantilla nos lleva inevitablemente también a revisar el consenso sobre el máximo responsable de las mismas en las últimas temporadas. Me parece indiscutible que su marcha es una de las noticias más gratas de la temporada, pues pecó de vicios graves que nos llevaron al borde del desastre. El párrafo anterior deja claro que erró estrepitosamente en la gestión del entrenador esta temporada y que le faltó encontrar una referencia y un equilibrio a una plantilla que, por mucho que no fuera para arrastrarse como colista, dista muchísimo de ser digna del sexto presupuesto de la categoría. No debería haber dudas sobre el hecho de que el paso de Carmelo por el Dépor es, globalmente, muy negativo, pero tampoco pasa nada por reconocerle grandes aciertos como el tener la pasada temporada una pareja de centrales muy por encima del nivel de la categoría y un delantero (Carlos Fernández) igualmente superior. No pasa nada por decir la verdad, que el primer verano de del Pozo fue notable y los dos mercados de fichaje restantes que se vivieron con él (invierno 2019 y verano 2019) resultaron ser un despropósito muy dañino para el club. Pecó de buscar, de manera ególatra, hacerse un equipo a su imagen y semejanza rompiendo totalmente con el pasado (y criticando públicamente a su predecesor) para no conseguir más que un rotundo fracaso que gracias a esa actitud fue lo que sí pasó a ser sólo suyo.

Tino Fernández: Algo parecido pasa con el que fue presidente hasta el pasado verano, con una nota global a su gestión que sin duda debe ser de suspenso, ya que en lo deportivo dejó al club en una situación peor de la que lo cogió cinco años antes. Su etapa al frente del Dépor pasará a la historia como mediocre en lo que a resultados futbolísticos se refiere, cayendo en decisiones muy cuestionables como la destitución de Fernando Vázquez tras conseguir el ascenso, comenzando una ida y venida de entrenadores que nunca funcionaron salvo en una efímera etapa con Víctor Sánchez del Amo. Otros errores fueron más bien apuestas que salieron mal y que no se le pueden reprochar realmente, como una vuelta de Lucas en forma de cara cesión que a su llegada todos habríamos firmado. Tino dejó una hoja de servicios que, en el global, no dan para aprobarlo, pero no pasa nada por decir que no todo fueron equivocaciones.

Durante un tiempo, aunque fuese a duras penas, el club fue reduciendo deuda mientras subsistía en la máxima categoría, con lo que sin demasiado brillo se fue cumpliendo el objetivo. Es imposible equivocarse continuamente durante cinco años y, de nuevo, no pasa nada por decirlo incluso aunque desapruebes su gestión global como es mi caso. Tampoco pasa nada por haber pensado en su día que su trabajo era positivo y haber cambiado de opinión con el tiempo, como también es mi caso.Y, por último, tampoco pasa nada por decir que su traición real al Dépor no pasó durante su tiempo como presidente, sino con su marcha sin marcharse, siendo determinante para dejar a cargo del club a quien le interesaba sin pararse a pensar en su capacidad, que el tiempo destapó como nula.

Paco Zas: Al final, el único de quien podría decirse que lo hizo todo mal durante su etapa en el Deportivo durante estos años oscuros que empezaron con el primer descenso a segunda fue el consejo de Paco Zas. Su inmovilismo extremo y negligente, totalmente incomprensible, fue una losa insalvable para la viabilidad del equipo. Siempre me preguntaré cómo el capitán puede ver su nave camino de estrellarse y su única reacción es soltar el timón para entretenerse escuchando la orquesta esperando que todo se enderece por sí mismo. Puedes equivocarte, puedes hacer cosas sin sentido, pero lo que nunca es admisible es que el máximo responsable de un club no haga absolutamente nada por salvarlo cuando las cosas van extremadamente mal. En cualquier caso, tampoco pasa nada por decir que, con total seguridad, su inutilidad no fue intencionada y simplemente se vio superado por la situación. No es de recibo acosar a nadie por no hacerlo bien en su trabajo, aunque sí es necesario hacer todo lo posible por quitarlo de su puesto y más si está en juego el futuro de un ente cuya existencia afecta a tanta gente.



En resumen, puede decirse que nadie es ajeno a su humanidad y casi nadie es responsable absoluto de todo lo bueno ni de todo lo malo que ocurre a su alrrededor. Incluso Vázquez, el indiscutible principal artífice que a día de hoy veamos la luz al final del túnel, tuvo la fortuna de llegar justo en el momento en el que el equipo acababa de lograr una victoria, haciendo más sencillo su trabajo inicial. Reitero que es importante poder establecer las bases en las que se puede mover el debate y que no pasa absolutamente nada por tener en cuenta cosas positivas de gestiones globalmente negativas ni por reconocer que las gestiones positivas necesitan su punto de fortuna o de ayuda para llevarse a buen puerto. Tampoco es ningún deshonor cambiar de opinión ni pensar algo que con el tiempo se muestra manifiestamente equivocado. Parece obvio, pero la polarización que vivió el contexto que rodea al Dépor (y que, no nos engañemos, todavía sigue rodeándolo pero con los polos girados) hace necesario mencionarlo.


Decía Fernando Vázquez tras el partido contra el Cádiz que la afición era lo que hacía grande a este club por su omnipresencia en las buenas y en las malas. No tengo ninguna duda de ello, la afición del Deportivo es grande y responde con muy poco que reciba. No obstante yo creo que cambiaría el sentido del agradecimiento que siguió a esas palabras del técnico. Seguramente sea la grada quien tenga que darle las gracias a él por permitirnos volver al camino de mostrar esa grandeza en base a la tranquilidad que dan unos resultados alejados del ridículo cotidiano y crispante al que estábamos acostumbrados. Si todo sigue así, podremos dejar atrás el constante enfrentamiento y pasar página hacia la ilusión de un futuro que puede que ya no sea incierto ni oscuro. Al menos podremos hacerlo los que tengamos voluntad de hacerlo

Ahora, por fin, podemos ver con perspectiva y pasado y presente y podemos centrarnos en hablar de fútbol y futuro en vez de matar la frustración hablando de nosotros y contra nosotros. Podemos asentar las bases con las cuáles formarnos nuestra visión definitiva entorno a lo vivido, pero dejando atrás todo lo que generó problemas y conflictos. Empiezan unos nuevos tiempos, de los que todavía no se puede decir si vendrán acompañados de brillo o no, pero al menos son nuevos. Hoy podemos ser esa afición de la que Vázquez habla en ruedas de prensa y dejar de ser esa afición sobre la cuál solían existir reproches velados de la gente de dentro del club cada vez que venían mal dadas.

Seámoslo.
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