8 jun 2021

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Destrucción y construcción para crear un Deportivo funcional

 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Tardó bastante tiempo en llegar la estabilidad después de un periodo de incertezas en lo deportivo, pero parece que el Dépor ya tiene organigrama cerrado para empezar a destruir la plantilla 2021 y comenzar a construir la plantilla 2022. Durante estas épocas suele tratarse el tema con términos menos absolutos, se habla más de "confección de plantilla", pero creo que esa dualidad destrucción/construcción es más adecuada para describir el trabajo que tiene por delante el club coruñés de cara a cerrar nombres para el curso que viene.

No creo que se descubra nada nuevo si se dice que la plantilla de la temporada que acaba de finalizar no era apta para lo que se necesitaba. No sé si lo que tuvo más peso para llevar al equipo al fracaso final fueron los nombres, los hombres o la coherencia de las piezas, pero a día de hoy sabemos que la mala adecuación de cada una de esas cosas fue un hecho. Un hecho que sufrió especialmente Rubén de la Barrera al implementar sus ideas de juego, pues quedó patente que las sensaciones de atasco ofensivo de la primera parte de la temporada eran un problema intrínseco y no algo solucionable con una reorientación de las bases del juego.

De la Barrera llegó al equipo con la intención de conseguir un ascenso haciendo jugar al equipo de su ciudad según el estilo que propuso durante toda su carrera, un estilo cuyos cimientos están asentados sobre la idea del juego de posición, pero se encontró un contexto muy complicado para conseguirlo. La idea sobre la que se construye el concepto de 'juego de posición' se basa en la creación de superioridades con un objetivo muy claro: La oscilación de la pelota y los movimientos sin balón orientados a acumular hombres libres entre líneas que permitan una circulación fluida que facilite encontrar múltiples caminos posibles para hacer daño al rival en cada fase de la construcción. No se basa en dar pases para que el contrario se canse corriendo ni en conseguir un 90% de posesión durante el partido para alardear de ello, es una búsqueda activa de espacios para los receptores potenciales de pase que dejen vulnerables las líneas de presión del equipo contrario y la recepción llegue en un entorno liberado. Y si por algo se caracterizaba el equipo al que llegó Rubén, era precisamente por la nula capacidad de sus piezas para encontrar fluidez a partir de tres cuartos y para encontrar líneas de pases que rompieran la organización defensiva rival. 

La etapa de De la Barrera dejó algunos partidos interesantes, incluso buenos, pero eso no fue la norma y por lo general cuando triunfó fue en contextos favorables de entrada a su idea. Esto es, contra sistemas defensivos más abiertos por el caracter proactivo del rival, que dejaba las líneas contrarias más expuestas y la movilidad efectiva entre ellas más asequible (Celta B) o contra transiciones defensivas con presión laxa (como ese Langreo que ya no se jugaba nada en la última jornada y se dejó ir al encajar el primer gol). Cuando la búsqueda de las superioridades se encontró ante sistemas desfavorables a los que había que desordenar en favor propio de manera proactiva antes de poder explotarse, nunca se consiguió fluidez y nuca hubo un jugador capaz de conseguirla. A lo largo del año sólo Gandoy, brevísimamente y en el partido de la primera vuelta ante Unionistas, dio muestras en algún momento de ser un jugador capaz de tener herramientas propias para paliar esa falta de capacidad para encontrar debilidad en las líneas rivales en el último cuarto de campo, pero fue un espejismo. El canterano se fue difuminando por completo con el avance de la temporada. A falta tanto de un jugador diferencial en esa fase del juego como de capacidad grupal para solventar la carencia del futbolista específico, el resultado fue la impotencia ofensiva como norma.

Creo que un equipo cuyas piezas no son capaces de encontrar recursos para hacer daño a sistemas rivales desfavorables después de haber utilizado durante un año dos sistemas ofensivos muy diferenciados es un equipo que necesita una remodelación más que importante, una destrucción (por enésima vez, si hablamos de lo referente al Deportivo, y eso es preocupante). Este artículo, en cierta medida, exculpa a Rubén de la Barrera de no haber llegado a sacar el rendimiento necesario a lo que tenía, pero sobre todo busca fijar la lupa sobre lo que nos interesa ahora: Las salidas que habrá que buscar para que otros puedan llegar.

Si lo pensamos fríamente, no creo que haya más de 5 jugadores cuya marcha debería evitarse de manera decidida (y aquí no cuento a Lucho, pues los acontecimientos recientes invitan a pensar que su marcha está cercana). Esos jugadores, por una u otra razón, son en mi opinión Borja Granero, Alex Bergantiños, Héctor Hernández, Diego Villares y Celso Borges. Por otro lado, también me quedaría con Valín y Gandoy por su condición de sub 23 y con Adri Castro. Para todos los demás, pienso que otro vendrá que igual o mejor lo hará, así que la puerta debería estar abierta para ellos en todo momento. Toca, esperando que esta vez sea la definitiva, destruir la casa todo lo que la situación permita y construirla de nuevo sin reutilizar nada más que los verdaderos cimientos y los materiales de los que no sea posible desprenderse o que no se puedan sustituir.

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27 may 2021

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Razones para ver aciertos en la llegada de Borja Jiménez al Dépor

 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

 

El otro día escribí unos tuits sobre por qué habría elegido a Yago Iglesias como entrenador. No obstante, el ocupante del banquillo del Dépor será Borja Jiménez, que llega a Coruña después de conseguir ascender a segunda por la vía rápida en sus dos últimos proyectos en la categoría y dejar muy buenas sensaciones en el anterior con el Rápido de Bouzas. A pesar de que no era la opción que yo tenía en mente en un primer momento, ¿es una buena noticia su fichaje? Yo creo que sí.

Hay algo a lo que estamos más que acostumbrados en Coruña, y es que nuestra forma de vida se basa en ver cómo las plantillas que creíamos buenas en agosto acaban siendo lamentables en enero. En Riazor no hay un virus que se contagia a los jugadores nada más llegar y que les hacen convertirse en algo que nadie esperaba, sino que los rendimientos catastróficos, en categorías profesionales, suelen ser cosa de recorrer en un orden concreto los dos escalones de la escalera hacia el fracaso absoluto:

1º - Falta de adecuación entre la plantilla y la idea

2º - Lastre psicológico derivado de los malos resultados, generalmente debidos al primer punto

El primer escalón, el de la falta de adecuación, es el único que se puede evitar en verano desde los despachos, y tiene una explicación simple. Una plantilla está cortada por un patrón, sea cual sea, y el hecho diferencial está en dársela a alguien que cumpla 2 características: Que hable el mismo idioma que la plantilla e, idealmente, que tenga experiencia en el objetivo marcado. Si echamos un vistazo a los últimos proyectos del Dépor, veremos que esto no es la tónica general y el mejor ejemplo me parece el del año del descenso en Segunda División: Los jugadores de aquella plantilla llamaban a ser explotados desde la versatilidad y tenía como principales talentos a jugadores que maximizan su rendimiento desde sistemas abiertos e ideas de juego permisivas con la libertad de ideas a partir de tres cuartos. Tener a jugadores como Aketxe o Gaku y confiar en un rematador de área como Longo para ser la referencia así lo pedía, y en cambio se delegó el juego del equipo en un entrenador de estilo cuadriculado como Anquela. El técnico, que tiene sus virtudes y lo está demostrando en su meritorio  desempeño reciente en el Alcorcón, no era el adecuado para aquel proyecto ni por ideas ni por experiencia en la tarea de pelear por el ascenso a la máxima categoría y el desenlace fue el que fue.

Una vez se sube al escalón de la falta de adecuación entre los jugadores y el banquillo, lo más lógico es que el impulso para subir al siguiente empiece a aparecer, y es que cuando el juego cortocircuita lo normal es que los resultados no lleguen y cuando los resultados no llegan lo normal es creerse mucho peor de lo que eres. Una vez empieza a aparecer el lastre psicológico, punto diferencial en el fútbol profesional entre el éxito y el fracaso, es muy difícil salir de esa dinámica. No obstante, aquí desde los despachos ya poco puede hacerse más que dar un nuevo vuelco al timón y ver si trayendo a otro entrenador la cosa cambia. Pero ese entrenador ya habrá empezado su trabajo condicionado por la situación y con una plantilla en la que no tuvo voz ni voto.

¿Qué tiene que ver todo esto con la llegada de Borja, estará pensando el lector más escéptico? La respuesta está en el primer punto mencionado y en lo difícil que es acertar revolucionando una plantilla para, desde cero (la plantilla del Dépor 20/21 se desveló no apta para mantener variante alguna de juego de posición), adecuarla a un entrenador como Yago Iglesias que trabaja un estilo muy concreto y que, sin que eso signifique que no sea solvente adaptándose, tuvo sus éxitos con dicho estilo y no con otros. Borja llega con la virtud de haber triunfado en el objetivo que se le propone y además con una virtud más esotérica pero que en un club con la losa de haber fallado durante demasiado tiempo en la adecuación de su plantilla puede ser un hecho diferencial: Es un entrenador al que, más que un estilo, se le asocia a la adecuación de sus ideas a los jugadores. Ese rasgo suele ser un cliché, lo primero que se enseña en las escuelas técnicas es que el buen entrenador es el que se adapta a lo que tiene en lugar de adaptar a sus jugadores a sus bases, pero lo cierto es que en la vida real es muy difícil encontrar a entrenadores que renuncien tan fácilmente a ese encorsetamiento. Saber que existe esa predisposición a buscar alternativas (aunque evidentemente no se planifica una temporada sin mostrar una ideología de base, pero eso no significa que la cosa no acabe por torcerse) es un añadido que puede ayudar a evitar ese mencionado primer escalón hacia el fracaso que llevamos años y años predestinados a subir.

Borja Jiménez llega sabiendo lo que es conseguir lo que se espera de él y sabiendo que los jugadores y el entrenador están condenados a entenderse aunque sea el técnico quien tenga que acudir a la escuela de idiomas para ello. Es capaz de conseguirlo, si tiene talento a su disposición y la suerte no se pone caprichosa, no hay motivo para no pensar que la vuelta al fútbol profesional no pueda ser una realidad. Eso sí, teniendo en cuenta los grandes problemas que suponen desde hace años en este club la visión cortoplacista y la exigencia del resultado inmediato.

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24 ene 2021

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El salmón

 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Acaba el partido y la ventana está abierta. La del vecino también lo está, y de los altavoces que tiene junto a ella sale la voz de Andrés Calamaro cantando aquello de "siempre seguí la misma dirección: la difícil, la que usa el salmón". Unos versos que, con las estadísticas de ese Deportivo 0-2 Compostela dominando todavía la emisión y contigo pensando hacia dónde se dirige tu equipo, no te generan más que ganas de asentir y decirle a Andrés, telepáticamente y desde la distancia, un vehemente: "Tú también ves la mierda que tenemos que aguantar, ¿verdad?".

El camino del Dépor lleva años siendo el mismo: La lucha contra la corriente, el apocalipsis inminente, la urgencia, la situación desesperada... Llevamos días escuchándolo, no hay experto que no lo dijera esta semana: SI EL DEPORTIVO NO GANA AL COMPOSTELA, LA SITUACIÓN SERÁ LÍMITE. Y te lo dicen así, en mayúsculas, porque cuando alguien es experto dice las cosas en grande. Yo no creo que sea tiempo aún de escribir en mayúscula, aunque evidentemente el tiempo pasa, la situación es horrible y lo preocupante es que no hay brotes verdes en cuanto a juego. Yo hasta el partido contra el Celta B sabía a lo que se trataba de jugar, aunque la idea no recibiera los elogios entusiastas de Jorge Valdano. Desde ese partido, en cuya previa se impuso la idea de que era imperativo jugar a otra cosa, ya no tengo ni la menor idea de qué es lo que se quiere conseguir cuando el equipo salta al campo. Matiz importante: En aquellos tiempos en los que el juego era inadmisible el Dépor era líder de la categoría.

Resulta insoportable ver cómo cada temporada empieza con la sensación de que hay un foso de caimanes rodeando el césped en cada partido y que si alguien tiene una acción desafortunada hay gente de sobra dispuesta a tirarlo al agua. Y esto es un estado mental alimentado por todos, desde el dirigente que tiene la ocurrencia de soltar en verano que tiene esperanzas de ganar la Copa con una plantilla que todavía no demostró nada hasta quien le dice al entrenador en rueda de prensa, después de una victoria, que el Deportivo está obligado a jugar a otra cosa. Como si al fútbol se jugara a cosas diferentes que a intentar lograr la victoria, sea con un 99% de posesión o con un 0% y un gol en propia de un rival que la lió al pasársela a su portero. Creo que en Coruña existe un estado psicológico instaurado que hace que lo bueno parezca siempre muy mejorable, la mejoría de lo bueno parezca insuficiente y lo malo sea totalmente inaceptable. Siempre es necesario dar más y siempre existe la obligación de conseguir lo máximo. Este club siempre está entre la pared y la obligación de lograr el más difícil todavía bajo amenaza de desaparición inminente. Y, aunque es posible que esta vez sí sea tristemente cierto, ningún proyecto se asienta en las prisas y en el conseguir cosas sí o sí.

Sinceramente, la planificación de este proyecto me generó cierto aroma a despotismo ilustrado.  Pura demostración de poderío, todos los lujos del mundo para el entrenador bajo promesas de construír "la mejor plantilla de la historia de la categoría", pero sin preguntarle al entrenador. Vinieron jugadores mundialistas, se quedaron futbolistas con sueldos de primera y se ficharon jugadores que deberían estar en una categoría superior. Todo eso para que, en una tarde de enero en Riazor, Bicho demuestre que quizás no es mejor jugador que Borges pero sí un fichaje mucho más coherente para la categoría o que Roberto Baleato, que lleva toda la vida currándoselo entre 2ªB y 3ª, salga en los últimos minutos a matar el partido conduciendo y calmando el juego ante un puñado de nerviosos jugadores con trayectoria en primera.

Hay una cosa evidente, y es que este equipo es una trituradora de futbolistas y eso no puede ser casual. Llevamos muchos años viendo cómo, entre los fichajes lamentables, aparecen también jugadores que son de un nivel muy superior al mostrado en Coruña. Se me ocurre un Carles Gil que siempre estuvo absurdamente bajo sospecha o un Fede Valverde que pasó sin pena ni gloria, por ejemplo. Algunos consiguieron recuperarse con el tiempo, como los mencionados, otros muchos nunca volvieron al nivel previamente mostrado o prometido una vez se marcharon de Coruña y este año está volviendo a pasar. Abad dejó de ser el coloso de inicio de temporada para dejar ver en cada una de sus acciones la sombra de la duda. Diego Rolán, jugador diferencial que venía a comerse la categoría lleva un par de partidos sin dar signos de ser un futbolista de otro nivel y Granero dejó de ser el central imperial de las primeras jornadas para pensar que si puede ser otro el que llegue al balón y evitarle a él la posibilidad de fallar mejor que mejor. Son sólo tres ejemplos, la trituradora nunca se apagó y la dolorosa (y merecida, el baño fue de proporciones bíblicas) derrota contra el Compostela es sólo la punta de ese iceberg.

Seguiremos, hasta que la realidad nos permita seguir, poniéndonos losas sobre las espaldas que contagian a todos. Siempre empezaremos las temporadas con la obligación de ganar todos los partidos, si empezamos ganando todos los partidos diremos que necesitamos jugar mucho mejor y si empezamos a jugar mejor exigiremos que los jugadores celebren los goles con coreografías bonitas. Eso pasa en todos sitios, en todo el mundo existe la crítica por absurda que sea. Pero nosotros tenemos un problema: nuestro club está instaurado en el fracaso desde hace mucho tiempo y además es un club de historia grande, pero en una ciudad pequeña. Aquí se sabe todo y todo llega a su receptor. En Coruña si alguien critica a otro en Os Mallos el aludido nota en Matogrande cómo le pitan los oídos. La urgencia nunca ayudó a nadie, y cuando vives en ella lo único que tienes es una corriente en contra ante la que tienes dos opciones: Tomarte un rato para parar, relativizar, salir del río y continuar a pie o seguir la misma dirección: La difícil, la que usa el salmón. 

Y al salmón, cuando llega al final de su carrera contracorriente y consigue desovar, no le espera generalmente un desenlace bonito.

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17 ene 2021

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Conclusiones imposibles y clavos ardiendo en Salamanca

 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

 

El Dépor sacó de Salamanca un empate de los que hasta hace muy poco provocarían titulares apocalípticos en algunos medios coruñeses. Juego trabado, tiros a puerta brillando por su ausencia y un rival, colista de la categoría, que se sintió bastante más cómodo que el equipo coruñés durante casi todo el partido. Esto es el resumen que se puede hacer de lo visto hoy, pero también es cierto que no se puede decir mucho más si queremos analizarlo de cara al futuro. Es un encuentro que añade un bache más al camino de penurias del conjunto blanquiazul, pero a la vez cualquier conclusión a extraer sería precipitada.

En frente estaba un equipo, el Salamanca, que a pesar de ser colista tiene un equipo hecho para objetivos bastante mayores y que a partir del cambio en el banquillo sólo puede ir hacia arriba. El equipo salmantino también tiene entrenador nuevo, pero este tuvo mucho más tiempo para trabajar en las nuevas ideas que un Dépor que tuvo escaso margen de adaptación a la novedad. El Salamanca se encontró cada vez más cómodo según iba viendo que la nueva pizarra funcionaba mejor que la antigua y, con el paso de los minutos, se fue haciendo evidente que confiaban en el cambio de rumbo. Después de unos primeros instantes con un Dépor totalmente protagonista, el guión cambió y quienes decidían cómo se jugaba eran los locales. 

No se puede decir que el Dépor fuera superado, pues la portería de Carlos Abad no se vio comprometida en casi ningún momento, pero sí que vimos un partido en el que los coruñeses no supieron lo que debía hacerse para crear peligro. Como en algún otro partido de esta temporada, apenas se habría notado si el portero rival hubiese sido sustituido en mitad del encuentro por un muñeco de nieve. Una nieve que fue protagonista y condicionó también, a su modo, un partido en el que ambos querían reafirmarse como un equipo mejor de lo que habían demostrado ser y en el que sólo un bando se fue a casa habiendo conseguido ese objetivo. Eso sí, el resultado fue desastroso para ambos. 

No creo que haya mucho que comentar sobre fútbol en lo que atañe a los jugadores dirigidos por Rubén de la Barrera, pues fútbol vimos poco. Lo que vimos fue indecisión, errores pueriles en la combinación y la sensación eterna de que hay jugadores que individualmente son mejores de lo que muestran pero como engranajes de una misma máquina no son fácilmente compatibles. Aunque la plantilla del Salamanca sea mucho más barata que la del Dépor, por lo visto hoy cualquier habría cambiado a Ernest por Galán o a Anderson Arroyo por Valín y el mediocampo fue completamente dominado por Antonio Amaro en lugar de por el mundialista Borges. Sólo Mujaid, a su nivel habitual, demostró ser digno de decirse de él que es un jugador de categoría superior. La zona ofensiva volvió a ser un solar y Rui Costa, que hace unas cuantas jornadas demostró cosas que apuntaban a verlo como un delantero útil, volvió a pasar por el césped con mucha más pena que gloria en su nueva oportunidad desaprovechada de demostrar que puede ser el 9 de este equipo.

La mejor noticia es haber sacado, al menos, un resultado mejor que el peor de los resultados posibles, pero, ¿qué podemos extraer de este partido? Como decía en el primer párrafo, muy poco. Un entrenador nuevo y de ideas diametralmente opuestas a las preexistentes no puede cambiar todo en una semana y, por tanto, difícilmente lo que digamos hoy tendrá validez dentro de tres jornadas (y si la tiene será muy mala señal). Me quedo con que, al menos durante los primeros diez minutos, vimos a un equipo situando y buscando a Gandoy en la zona en la que este conjunto necesita un jugador de sus características y siendo capaz de combinar con fluidez y paciencia desde atrás. No hay margen para que la progresión entre tener diez minutos de buenas sensaciones y conseguir noventa minutos sólidos sea lenta, y en la siguiente jornada debería verse algo radicalmente distinto para que la temporada no se vea muy comprometida, pero supongo que es el clavo al que aferrarse cuando todo lo demás parece estar mal. Lo único que tenemos a día de hoy es eso, diez minutos de escasa relevancia pero haciendo cosas con sentido, hay que esperar un poco más para poder hablar de lo que nos espera en esta nueva etapa.

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11 ene 2021

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El Deportivo no funciona

 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

 

Desde hace un tiempo tengo la firme sensación de que a Fernando Vazquez no le ilusiona ahora mismo estar al mando del Dépor, que está hastiado y que eso, para un entrenador tan emocional como él, es algo muy negativo. Yo soy defensor de su trabajo y lo entendería si así fuera, porque existen muchos varapalos recientes: el descenso cuando todo parecía estar encarrilado, las formas en las que se corroboró, lo atípico de esta nueva temporada o la constante cantinela de que, a pesar de todo lo hecho, se diga sin matices que la culpa del descenso aún habiendo logrado números de ascenso directo la tuvo su planteamiento contra el Extremadura (ni a los jugadores les temblaron las piernas ni existió la primera vuelta, por lo que parece, las culpas en esta ciudad son siempre verdades absolutas). En cualquier caso, no estoy aquí para hablar de eso. Si estamos seguros, tan seguros como se estuvo con Oltra, Mel, Victor Fernández, Víctor Sanchez del Amo, Natxo González o unos cuantos otros más, de que el entrenador es un inútil y que la solución es cesarlo, no pondré objeción. Espero que, esta vez sí, De la Barrera, Sacchi o Abel Resino lleguen a Coruña para convertirse finalmente en el mesías.

A lo que quiero llegar con este artículo es a otro lugar, y es que el Deportivo no funciona. No hablo de lo visto en el campo, eso es más que evidente. Hasta un orangután de espaldas al césped puede ver que lo que demuestra el equipo recientemente no tiene ni pies ni cabeza y que el partido de Zamora, en el que ni yendo por detrás en el marcador durante casi todo el encuentro se dio una simple muestra de querer empatar, fue un despropósito. No quiero hablar del campo, quiero hablar del por qué, año tras año, más pronto o más tarde, llegamos a la fase de esperpento y desilusión a la que ya estamos acostumbrados y que asimilamos antes siquiera de empezar las temporadas.

Llevamos mucho tiempo siendo una caricatura, y por ello me parece ilógico pensar que la única persona capaz de dar con la tecla del equipo en más de un lustro sea la única razón de que la temporada no esté yendo bien. Hay quien habla de que con racanería es imposible conseguir los objetivos, pero por este club pasaron excelsos manejadores de la pizarra como Natxo González que no cumplieron objetivos, conservadores extremos como Anquela que se estamparon con todo el equipo o gente sin conocimiento de causa como Clarence Seedorf. Aquí no funciona ni uno sólo de los múltiples estilos de juego propuestos desde tiempos inmemoriales. Que esto no sirva para excusar el nulo juego planteado en los últimos tiempos, pero que ese nulo juego no sirva de excusa para pensar que todo el problema es ese.

Es evidente que el Deportivo no funciona, pero no funciona a nivel de club y no creo que se pueda cargar todo ese peso sobre el entrenador. Es un puesto en el que no hubo pudor en pasar, de una temporada a otra, de pagar un clausulazo por Natxo para darle el futuro del proyecto a dejarle el mando a su antítesis Anquela un año después, todo bajo la misma gerencia deportiva. No puede ser que todos sean inútiles y no valga nadie, ni un Garitano que más tarde demostró (aunque haya sido recientemente cesado) que puede defender un proyecto en primera, ni un Parralo que venía de hacer un trabajo colosal con el filial, ni un Víctor Fernández que pudo haber dejado atrás su mejor época, pero de entrenar sabe bastante. Es totalmente imposible que entrenadores de dilatada carrera en el fútbol se conviertan en absurdos peleles justo en el momento en el que llegan a Coruña y al irse de aquí, en algunos casos, vuelvan a ser capaces de conseguir algo más que la indecencia.

A mí me gustaría poder sentenciar este tema con alguna certeza evidente, pero lo cierto es que no tengo certezas, sólo tengo opiniones de lo que mi limitado conocimiento sobre lo que puede ocurrir a nivel interno de club me puede permitir opinar. Una de las cuestiones que veo problemáticas de este equipo es su absurda tendencia a recrearse en la endogamia, esa manía por tener a la misma gente de siempre en la agenda y marcar los mismos números cuando hay huecos que cubrir. En este club se dieron segundas partes a Çolak, Lucas Pérez, Celso Borges... Y aplaudimos a todos ellos con las orejas y promocionamos esas vueltas, incluso se llegó a mencionar a Sissoko recientemente al conocerse que estaba libre. Voy más lejos aún: Incluso se volvió a dar el mando de la dirección deportiva a la misma persona que hace pocos años no cumplió expectativas. Sinceramente, todos los futbolistas mencionados tuvieron sus buenas aportaciones en el club y quizás (lo desconozco) Barral sea el mejor director deportivo disponible para el Dépor, pero creo que esa tendencia a casarte siempre con los mismos que en el pasado ofrecieron cosas pero pertenecieron a proyectos fallidos es un problema . 

Hay varios motivos por los que creo que en el fútbol las segundas partes nunca fueron buenas, la primera de ellas es la evidencia de que un futbolista al que tuviste en un momento de plenitud de su carrera será más viejo de lo que era cuando vuelva. Otra cuestión a tener en cuenta es que cuando alguien (quizás pueda hacerse una excepción con la gente de la casa, pero no siempre) vuelve a un lugar en el que ya estuvo suele hacerlo porque en ese lugar tiene una zona de confort, y eso está reñido con el hambre. Llega con la sensación de ya ser alguien y buscando comodidad. Desde un primer momento te arriesgas a que sienta que no tiene nada que demostrar y que a poco que consiga se le aplaudirá. En definitiva, te arriesgas a tener a alguien de vacaciones, igual que si fichas a gente "de categoría superior" para jugar en campos de hierba artificial y no te aseguras antes de que no piensen que se quedan contigo para hacerte un favor. 

En el fútbol, como en la vida, es importante echar un vistazo a lo que hay alrededor. Echando la vista a casos de éxito reciente, vemos que el reciclaje de piezas que no dieron resultado colectivo no es algo que se utilice en las recetas interesantes, como norma general. ¿Recuperó la Real Sociedad a Claudio Bravo para convertirse en una de las revelaciones recientes de la Liga? ¿Entró el Getafe en Europa gracias a confiar de nuevo en aquel Guaita que tanto rindió en malos momentos y dándole el banquillo a Laudrup? No, eso no pasó. El éxito se consiguió con fichajes cuidados, savia nueva, líderes marcados y proyectos claros a los que se les dio confianza. Imanol continua en San Sebastián a pesar de momentos complicados, Bordalás lo mismo. Si se van, probablemente sea porque ellos se sienten desgastados. Si pienso en casos de viejas glorias que volvieron al club donde fueron felices, los casos que se me ocurren son los de Gareth Bale comiendo (al menos por ahora) banquillo en los Spurs, Cesc tirando los mejores años de su carrera en Barcelona o Torres volviendo al Atlético para tener un par de años siendo un muy buen suplente. Hay honrosas excepciones (Ibrahimovic ahora mismo en Milán, por ejemplo), pero los ejemplos más abundantes que se me vienen a la cabeza son esos, y no los de gente que haya vuelto a su equipo para llevarlos a ganar una Champions como estrella indiscutible.

Otro detalle que evidencia que las cosas no funcionan está en el filial. Podemos consolarnos pensando en que están en la categoría más alta en la que podrían estar ahora mismo, pero pasar en poco más de un par de años de ser un equipo con potencial para ascender a segunda a jugarse el plato de callos sufriendo en Tercera División no deja a la gestión en muy buen lugar. Es cierto que las canteras son fluctuantes, que hay generaciones buenas y generaciones malas, pero en cualquier caso la caída exponencial del segundo equipo no es más que otro síntoma más de que hay cosas que no van bien. Confío en que lo saben y que los cambios que se dieron en el organigrama de base hace un tiempo ayuden a paliar la sangría, al menos parece que en cuanto a juego empiezan a funcionar con Valerón al mando y a encontrar algunos jugadores de interés.

Después, más allá de lo dicho, están pequeñas cosas que van minando las posibilidades económicas y deportivas de manera constante y acumulativa. Aquí meto, por ejemplo, el lastre autoimpuesto a nivel de plantilla. Siempre se prefirió confiar en lo malo conocido o comprar productos más quemados que Roger Moore en su última película como 007, y eso nos deja situaciones como la de haber mantenido en nuestro viaje desde 1ª hasta 2ªB al que consistentemente se mostró como el peor jugador de la plantilla en cualquiera de las categorías (aunque como profesional tiene mi respeto total) o la de fichar a futbolistas que desde el primer día se huele que no están para dar rendimiento (Miku, Jovanovic, Luis Ruiz...) y cortar con ellos progresión de gente de la casa que no lo haría peor. 

Otra pequeña gran cosa es la eterna urgencia impuesta, obligada o no. Aquí siempre hay prisas, conseguir el objetivo siempre es cuestión de vida o muerte, y es cierto que la situación económica es extrema pero también es verdad que haciéndolo todo con la idea del cortoplacismo lo único que consigues es una máquina de fundir dinero, quemar proyectos y generar frustración. Es imposible que, haciendo cosas con prisas, salga nada bien. Si te marcas el objetivo de ascender a la de ya, más te vale saber exactamente lo que estás haciendo, porque en caso contrario te arriesgas de formar una plantilla de calidad sobrada para la categoría que te da un muy buen nivel cuando juega contra gente que no es de su liga, como el Alavés, pero no sabe cómo encarar la competición en el Municipal Luis Ramos contra un Guijuelo con las ideas muy claras.

Habrá quien piense que este artículo dice muchas cosas sin decir nada, y precisamente es el objetivo. Porque hay muchas cosas que decir y el dardo sólo se pone sobre la que interesa. Las filias y las fobias llevan a señalar, con grados de respeto muy fluctuantes, a diversos puntos del organigrama blanquiazul, pero yo creo que nombrar responsables puntuales a la situación que vive el club no es más que ponerle una tirita a un elefante para salvarlo mientras es comido por los leones. El Deportivo no funciona, pero no hay dardos para tanta diana. Podría estar mucho más tranquilo pensando que esto lo arregla para siempre cambiar el nombre de quien se sienta en el banquillo, pero a priori no lo pienso. A priori lo que pienso es que este club necesita pensar muy bien en lo que funciona y en lo que no funciona, y cambiarlo prácticamente todo. Porque cuando año tras año eres el equipo de los esperpentos y los fracasos la situación no es casual. Cuando eso pasa el fracaso es un problema endémico y la única manera de solucionarlo es empezar de nuevo y construir algo muy diferente a lo que te llevó a pasar en sólo 15 años de jugar en Europa a vagar por el fútbol semiprofesional. Esa es mi opinión.

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