17 ene 2021

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Conclusiones imposibles y clavos ardiendo en Salamanca

 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

 

El Dépor sacó de Salamanca un empate de los que hasta hace muy poco provocarían titulares apocalípticos en algunos medios coruñeses. Juego trabado, tiros a puerta brillando por su ausencia y un rival, colista de la categoría, que se sintió bastante más cómodo que el equipo coruñés durante casi todo el partido. Esto es el resumen que se puede hacer de lo visto hoy, pero también es cierto que no se puede decir mucho más si queremos analizarlo de cara al futuro. Es un encuentro que añade un bache más al camino de penurias del conjunto blanquiazul, pero a la vez cualquier conclusión a extraer sería precipitada.

En frente estaba un equipo, el Salamanca, que a pesar de ser colista tiene un equipo hecho para objetivos bastante mayores y que a partir del cambio en el banquillo sólo puede ir hacia arriba. El equipo salmantino también tiene entrenador nuevo, pero este tuvo mucho más tiempo para trabajar en las nuevas ideas que un Dépor que tuvo escaso margen de adaptación a la novedad. El Salamanca se encontró cada vez más cómodo según iba viendo que la nueva pizarra funcionaba mejor que la antigua y, con el paso de los minutos, se fue haciendo evidente que confiaban en el cambio de rumbo. Después de unos primeros instantes con un Dépor totalmente protagonista, el guión cambió y quienes decidían cómo se jugaba eran los locales. 

No se puede decir que el Dépor fuera superado, pues la portería de Carlos Abad no se vio comprometida en casi ningún momento, pero sí que vimos un partido en el que los coruñeses no supieron lo que debía hacerse para crear peligro. Como en algún otro partido de esta temporada, apenas se habría notado si el portero rival hubiese sido sustituido en mitad del encuentro por un muñeco de nieve. Una nieve que fue protagonista y condicionó también, a su modo, un partido en el que ambos querían reafirmarse como un equipo mejor de lo que habían demostrado ser y en el que sólo un bando se fue a casa habiendo conseguido ese objetivo. Eso sí, el resultado fue desastroso para ambos. 

No creo que haya mucho que comentar sobre fútbol en lo que atañe a los jugadores dirigidos por Rubén de la Barrera, pues fútbol vimos poco. Lo que vimos fue indecisión, errores pueriles en la combinación y la sensación eterna de que hay jugadores que individualmente son mejores de lo que muestran pero como engranajes de una misma máquina no son fácilmente compatibles. Aunque la plantilla del Salamanca sea mucho más barata que la del Dépor, por lo visto hoy cualquier habría cambiado a Ernest por Galán o a Anderson Arroyo por Valín y el mediocampo fue completamente dominado por Antonio Amaro en lugar de por el mundialista Borges. Sólo Mujaid, a su nivel habitual, demostró ser digno de decirse de él que es un jugador de categoría superior. La zona ofensiva volvió a ser un solar y Rui Costa, que hace unas cuantas jornadas demostró cosas que apuntaban a verlo como un delantero útil, volvió a pasar por el césped con mucha más pena que gloria en su nueva oportunidad desaprovechada de demostrar que puede ser el 9 de este equipo.

La mejor noticia es haber sacado, al menos, un resultado mejor que el peor de los resultados posibles, pero, ¿qué podemos extraer de este partido? Como decía en el primer párrafo, muy poco. Un entrenador nuevo y de ideas diametralmente opuestas a las preexistentes no puede cambiar todo en una semana y, por tanto, difícilmente lo que digamos hoy tendrá validez dentro de tres jornadas (y si la tiene será muy mala señal). Me quedo con que, al menos durante los primeros diez minutos, vimos a un equipo situando y buscando a Gandoy en la zona en la que este conjunto necesita un jugador de sus características y siendo capaz de combinar con fluidez y paciencia desde atrás. No hay margen para que la progresión entre tener diez minutos de buenas sensaciones y conseguir noventa minutos sólidos sea lenta, y en la siguiente jornada debería verse algo radicalmente distinto para que la temporada no se vea muy comprometida, pero supongo que es el clavo al que aferrarse cuando todo lo demás parece estar mal. Lo único que tenemos a día de hoy es eso, diez minutos de escasa relevancia pero haciendo cosas con sentido, hay que esperar un poco más para poder hablar de lo que nos espera en esta nueva etapa.

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