marzo 2018

21 mar. 2018

La ilusión robada



Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Hay una canción que la afición del Deportivo aceptó como suya hace tiempo y que acompaña a los éxitos del club desde hace casi dos décadas. Esta canción, tan escuchada en las buenas épocas del equipo blanquiazul (y que tanto llevamos sin oír debido al poco ambiente de celebración que vivimos desde hace tiempo) reza la ya famosa frase de 'y pobre del que quiera robarnos la ilusión'. Pues bien, si nos tomamos esa frase como lema, tengo que decir que este último fin de semana es el punto que tomo como aquel en el que considero definitivamente robada la ilusión.

¿Por qué justamente este fin de semana? pensará quien lea esto creyendo, quizá, que debería haber puesto el marcador un poco antes incluso. Y es cierto que esta temporada tuvo innumerables motivos para dejar de creer increíblemente pronto, pero es que he de decir que me ilusiono con poco en lo que al Dépor se refiere e incluso cuando llegó Seedorf intenté tomármelo por el lado bueno. Es una seña de identidad de la afición coruñesa eso de crear mucho con lo poco que recibe, pero como digo esta última jornada fue el punto de inflexión que dicta que ya no hay ilusión posible. El partido de Riazor ante Las Palmas, infame como pocos, dejó a las claras que Seedorf no va a salvar esto pero tampoco hubo movimiento alguno para darle el timón a alguienque sí pueda ser capaz. La señal es inequívoca: el capitán ya cree estar seguro de que el barco está hundido y simplemente lo deja irse a pique sin perder el tiempo con maniobras infructuosas.

Lo cierto es que llama la atención que el técnico neerlandés siga teniendo otra oportunidad a pesar de los 15 días que había de margen hasta la próxima jornada y la total incapacidad que mostró para cambiar nada a mejor. También, como opinión personal, me llama la atención que siempre que sale a rueda de prensa se tiene una excesiva benevolencia en las preguntas que se le realizan, como evitando que explique cuestiones tácticas (aunque sobre el césped no se atisba señal alguna de que exista pizarra alguna) y limitándose a cuestiones sobre esa psicología de la que tanto le gusta hablar al entrenador o sobre algún que otro chascarrillo o banalidad que siempre se cuela entre las preguntas pre y postpartido. Quizás esto sea una simple sensación mía, pero tengo la impresión de que entrenadores con una media de puntos mucho mejor y estilo de juego infinitamente más aseado tuvieron que vivir ruedas de prensa mucho más duras en sus momentos malos. Quizás se explique simplemente por el hecho de que ya todo da un poco igual, o quizás no.

En cualquier caso, lo único que podría haberse hecho para al menos encender una pequeña llama en la grada que diera motivos para creer que se puede cambiar la imagen sería un nuevo cambio de técnico. Sé que no todo se soluciona cambiando a un entrenador y a la vista está en base a lo experimentado estos años, pero en este caso es tan evidente (ojalá me equivoque) que Seedorf no es capaz de mejorar el rumbo que no queda otra que plantearse esa opción como vía única de escape ya no de un descenso que parece ineludible, sino del ridículo absoluto.

Sólo se me ocurren un puñado de motivos por los que a día de hoy el banquillo del Dépor no esté vacante o con un nuevo dueño, que ordeno de menor a mayor gravedad: o realmente la banca está ya en números rojos hasta un nivel extremo, o se le firmaron a Seedorf por contrato un número mínimo de partidos a dirigir o el consejo de administración no quiere realizar un cambio porque si la cosa va a mejor su decisión con Seedorf quedaría aún más en evidencia de lo que ya fue quedando con el paso del tiempo. La opción de la confianza en el proyecto no la contemplo, porque la media de puntos en la fase más asequible del campeonato es casi de record negativo en la historia de la competición.

Quizás 'robo' no sea la palabra adecuada para definir el final de la ilusión por la permanencia, porque no se la quedó nadie sino que simplemente se dejó que se desvaneciera. Seguramente en los peores años de la historia del club ocurriera alguna vez algo así, pero yo no viví nunca un final de temporada con la sensación de que los meses de competición que restan son puro relleno a la espera de un pésimo final. Al fin y al cabo, el descenso no es el fin del camino y simplemente hay que trabajar por volver.

20 mar. 2018

Entre el esperpento y la inoperancia


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Siempre fui tan consciente de las numerosas cosas buenas de la etapa de Lendoiro (al que aprovecho para desearle una pronta recuperación) en el Dépor como de las cuestiones que hicieron que su continuidad en la presidencia no fuese viable en su día. En ese contexto, la llegada de Tino Fernández al club me la tomé con calma y optimismo, sobre todo cuando comencé a ver que su gestión en lo que en ese momento era más delicado, el ámbito económico, estaba siendo muy aseada y casi intachable. Hasta este año los resultados deportivos no eran para celebrar, pero el objetivo real, el de la salvación, se iba consiguiendo. No había demasiado que decir teniendo en cuenta el difícil momento que atravesaba el Deportivo.

Teniendo eso en cuenta supe olvidar cuestiones que no vi bien como la injusticia de privar a Fernando Vázquez de una oportunidad en Primera División tras casi salvar a un equipo desahuciado en su primera temporada y devolverlo después a la élite tras un año en el infierno, poniendo como excusa unas declaraciones cuya gravedad (no dejaban de ser la realidad) no era mayor que las de Pepe Mel el pasado verano cuando exigía un portero de garantías. De hecho, si lo comparamos con las palabras de Seedorf intentando vender a la afición que todo está perfecto partido tras partido con la falta de respeto a la inteligencia que eso conlleva, el mensaje de Vázquez no fue ni mínimamente ofensivo. Pero como digo, es algo del pasado que quise pasar por alto.

No obstante, si echamos ya la vista al presente, al año que más tranquilo debería haber sido en la historia reciente del equipo, vemos que todo se torció en base a una sucesión de despropósitos totalmente inexplicables por cualquiera ajeno a la mente de quien tomó las decisiones que llevaron a ellos. Si uno se para a repasar todas y cada una de las decisiones importantes desde el verano pasado no se puede decir que existiera alguna de ellas en las que este consejo de administración acertase. De hecho, en la amplia mayoría no sólo no acertó, sino que su decisión se convirtió en esperpento. Repasemos las decisiones clave de esta temporada para comprobarlo:

Continuidad de Pepe Mel: Era evidente que nadie confiaba en que Mel era el adecuado para el proyecto de esta temporada, ni la propia directiva ni la grada. La temporada pasada se consiguió la salvación, pero salvo en un par de partidos el equipo no dio muestras de estar creando un estilo de juego efectivo y si consiguió la permanencia fue más por demérito ajeno que por mérito propio. Resultado: Cese en la primera vuelta.

Fichaje de Lucas: Creo que el fichaje de Lucas fue algo positivo, más allá de que finalmente su rendimiento no haya sido bueno nadie podía poner un pero en verano a su llegada como hecho aislado (sin juzgar otros aspectos externos). Sin embargo, volver a caer de nuevo en el error que se cometió con Mitroglou hace dos veranos jugándose todo a una carta y olvidándose de todo lo demás es impropio de un club de primera división. Resultado: Mal rendimiento del jugador agravado por el desamparo en posiciones que no se reforzaron a costa de pagar su fichaje.

Gestión de la portería: Intolerable y completamente incomprensible. Cinco ocupantes de la portería y ninguno con nivel para primera. Se escatimó en gastos para un puesto clave y se improvisó incluso en enero sabiendo que la situación era desesperada, sin mejorar en ningún caso lo que ya había. Lo peor es que si al menos se hubiese dado continuidad a Francis podría tenerse a un jugador ganando experiencia con progresión suficiente para poder llegar a  ser importante en un futuro.Resultado: La portería peor cubierta de la categoría con unas estadísticas ruborizantes.

Gestión de la dirección deportiva: ¿Alguna vez se dio el caso de un club de máximo nivel destituyendo a su director deportivo el primer día de mercado de fichajes teniendo meses para haberlo hecho para posteriormente sustituirlo por, esencialmente, nadie? Barral tuvo muchos puntos negros en su gestión (principalmente tratar portería y banquillo como elementos secundarios cuando son dos de las claves más importantes de un equipo) pero desde luego que era mejor que no tener a nadie a los mandos. Resultado: Llegada de jugadores en invierno que no mejoraron en nada la plantilla. El único que se ganó un sitio en el equipo fue Muntari por exigencias del guión, pero ni siquiera está en condiciones físicas para dedicarse al fútbol profesional.

Ascenso al primer equipo de Parralo: La decisión podía tomarse como un merecido premio para un Cristóbal que estaba haciendo destacar mucho al Fabril, pero ya en su momento comentaba aquí que no me parecía el momento adecuado pues podía destrozar al filial y no solucionar los problemas del primer equipo.  Resultado: Se cumplieron los peores pronósticos, sin obtener una solución para el primer equipo y mermando el rendimiento del Fabril.
 
Fichaje de Munúa como sustituto de Parralo en el Fabril: Si ya con lo expuesto hasta ahora podría escribirse una  novela de terror, este episodio da para una película de David Lynch. La ocurrencia de fichar a un entrenador en pleno juicio por amaño en el que el club está dentro de la acusación por el innegable perjuicio que supuso el partido amañado es totalmente inaudito. Resultado: El Fabril empeoró rendimiento y el Dépor pidió hace unas semanas penas de cárcel para el propio Munúa.

Fichaje de Seedorf: Incluso el menos sabio en temas futbolísticos sabe que fichar en una situación extrema a alguien con total desconocimiento del club, sin experiencia entrenando en el país y sin ningún mérito a sus espaldas como técnico más allá de fracasar en sus únicos dos proyectos hasta la fecha no es una decisión que se pueda tomar bajo ningún concepto. En este caso, la lógica no entra en juegoy fue la decisión a tomar. Resultado: 2 puntos de 21 posibles y un descenso virtual casi insalvable. Para agravar la situación, parece que el técnico neerlandés volverá a tener otra oportunidad contra el Atlético a pesar de que las dos semanas de descanso hacían este período como idóneo para intentar cambiar el rumbo trayendo a alguien adecuado.

Tras estar en el alambre tanto tiempo y salvándose año a año por extremo demérito ajeno resulta bastante descorazonador ver que por fin llegó un año en el que otros se salven por extremo demérito del Deportivo. Se veía venir y nadie puso el empeño necesario para evitarlo aún existiendo medios económicos por primera vez en mucho tiempo.

Es cierto, el Dépor nunca fue un grande de Europa, pero compitió con los grandes de tú a tú. Ganó todas las finales que disputó y durante muchos años, por mucho que a veces las cosas salieran mal o muy mal siempre existió orgullo y lucha hasta en los peores momentos. Incluso con el Super Dépor ya finiquitado este equipo pasó del abismo de pelear el descenso a la UEFA en el primer año de Lotina, y en la última temporada del técnico vizcaíno en la que el descenso no pudo evitarse se peleó hasta el último momento y se alcanzó una puntuación que en cualquier otro año hubiera mantenido al club en primera. E incluso en el último descenso, en el que la temporada en general fue igual de lastimosa que esta, el equipo supo recuperar el orgullo al final y plantar cara hasta la última jornada reenganchando a la afición. Este año no, este año llevamos descendidos desde enero y nadie cree en el equipo desde hace mucho tiempo. 

Lo siento, señor presidente, pero hace tiempo que dejé de encontrar motivos para defender la continuidad de este consejo. Desde el respeto que me merece la dificultad de ese puesto y siendo perfectamente consciente de que las cosas no se están haciendo mal a propósito ni mucho menos sólo me queda desear que aparezca alguien que tome la alternativa y tenga claro cómo llevar el club a ser viable por méritos deportivos, porque aunque la economía deba ser solventada cuanto antes, sin éxito en el césped este club se va igualmente a la ruina.

19 mar. 2018

Exdeportivistas en la actualidad: Christian Wilhelmsson


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


Christian Wilhelmsson pasó por el Dépor de manera muy efímera, pero se convirtió sin duda en uno de los fichajes más importantes de la última década por su contribución inestimable para salvar al equipo de un descenso que parecía seguro.

Nombre: Christian Wilhelmsson
Nacimiento: 8/12/1979
Posición: Extremo derecho
Temporadas en el Dépor: 1 (2007/2008)
Nacionalidad: Suecia
Estado actual: Retirado

¿Cómo llegó al Dépor?

Nació en Malmö pero se crió a unos 150 kilómetros de distancia de su ciudad natal, en Hällevik. Fue en el equipo de esa ciudad, el Mjällby, en el que se formó como futbolista desde los 9 años y en el que debutó como profesional en 1997, permaneciendo durante tres temporadas en el primer equipo disputando la segunda división sueca. Se convirtió en el futbolista más destacado del equipo y debido a ello el Stabæk noruego le otorgó la oportunidad de disputar una primera liga europea. No era una competición de primer nivel, pero al menos era la máxima categoría del país, así que hizo las maletas y se fue por primera vez a jugar fuera de su Suecia natal.

En su estancia de tres años en la Tippeligaen noruega disfrutó de un gran protagonismo, debutando con la selección sueca en 2001 y empezando a llamar la atención de equipos más importantes en Europa. De esta forma firma en 2003 por el Anderlecht belga, pasando allí otros tres años en los que fue titular habitual y consiguió dos títulos de liga.

Tras participar en el Mundial 2006 el Nantes se hizo con sus servicios, pero en Francia no le esperaba tan buena suerte como en sus etapas anteriores. Después de sólo medio año en el equipo, el entrenador decidió dejar de contar con él fue cedido a la Roma, donde jugó bastante pero no llegó a convencer al club giallorosso de ejercer su opción de compra y prefirió incorporar a Ludovic Giuly. A su vuelta a Nantes se encontró un equipo descendido a Ligue 2 y quiso buscar una nueva salida en forma de cesión, lo que le llevó a disputar Premier League con el Bolton Wanderers de nuevo sin éxito, finalizando su cesión antes de tiempo en enero de 2008.

Debido a que el jugador no quería jugar en la segunda categoría francesa y el Nantes tampoco contaba sus servicios, la búsqueda de un nuevo equipo era obligatoria. Fue ahí cuando el Dépor apareció para hacerse con su cesión hasta el final de la temporada 07/08.

¿Qué hizo en el Dépor?

Llegó a Coruña en una situación límite en la que el equipo, en la primera temporada de Lotina, se encontraba en puestos de descenso y ofreciendo un juego que distaba mucho de dar signos de que la salvación era posible, con sólo 6 victorias en 22 encuentros. No obstante, el sueco fue el revulsivo que el equipo necesitaba y desde su debut contra el Getafe en la jornada 23 se comenzaron a ver señales de que las cosas iban a cambiar. Lotina cambió el esquema dando entrada a una defensa de cinco que contribuyó a la solidez defensiva y dio la indiscutible titularidad a un Wilhelmsson que encajó a la perfección en el esquema aportando carácter, velocidad y un incansable trabajo que le hizo ganarse a la grada. El Dépor ganó 8 partidos de los 15 que disputó el sueco y empató 2, lo que permitió realizar una segunda vuelta de mucha categoría que llevó a los blanquiazules a un noveno puesto que  (debido a que Almería y Mallorca, que quedaron por encima, no se habían inscrito para la competición) les dio acceso a la Intertoto y permitió disputar la  Copa de la UEFA al año siguiente.

Tras su buen año el Dépor intentó hacerse con sus servicios de forma permanente, pero una gran oferta llegada del fútbol saudí unida a que la edad del futbolista hacía que desde el club no se viera adecuado igualar el montante económico acabaron provocando que su buen hacer en el equipo no se saldara con su permanencia en él. Wilhelmsson se fue dejando una muy buena impresión tras tan solo cinco meses en Riazor.

¿Qué fue de él?

En verano de 2008 se anunció su llegada al fútbol árabe para jugar en las filas del Al-Hilal, donde permaneció cuatro años (con un breve período de cesión al Al-Ahli catarí en 2011) en un fútbol menos exigente que el europeo, consiguiendo ganar dos ligas y convirtiéndose en uno de los mejores jugadores de la competición.


Su etapa en el fútbol saudí terminó en septiembre de 2012, cuando se incorporó brevemente a LA Galaxy de la MLS. Allí coincidió con David Beckham durante los cuatro meses que permaneció en el club estadounidense, pero no tuvo demasiado protagonismo. El club decidió no renovar su contrato para la teporada 2013 y el jugador decidió aceptar una oferta del Baniyas de lo EAU y regresó a la península arábiga. Tras siete meses de estancia en el Baniyas y después de permanecer casi un año sin equipo decide volver a Europa a colgar las botas en el equipo en el que empezó, el Mjällby, firmando en julio de 2014 para intentar ayudar a evitar el descenso a la segunda categoría, reto que no fue posible. El futbolista acabó anunciando su retirada a final de la temporada, pero anunció su vuelta menos de un año después al ver que de nuevo el Mjällby estaba teniendo problemas en la segunda división. Descolgó las botas para los últimos meses de la temporada 2015, pero fue en vano. El equipo de su juventud acabó descendiendo a la tercera categoría del fútbol sueco, donde todavía permanecea día de hoy. Tras este desencanto final, Wilhelmsson puso fin a su carrera como futbolista.


El jugador aprovechó su paso por los Emiratos para realizar contactos empresariales y después de su retirada entró a formar parte de la Royal Emirates Sports Academy, empresa afincada en Dubai que ofrece servicios deportivos  y experiencias varias entorno a sus instalaciones de entrenamiento para fútbol, tenis y rugby. Concretamente, dentro de dicha organización, preside desde enero de 2018 su sección de eSports, de reciente creación y llamada RES Gaming. El equipo está especializado en el videojuego Counter Strike: GO.


Curiosidades:

  • En suecia le apodan Chippen, un mote que tiene desde los 12 años en referencia a una épica jugada que realizó en una partida de minigolf (un 'chip'). Con un magistral golpe (o eso pensaron los que lo vieron) consiguió pasar la bola por encima de un complicado obstáculo y meterla directamente en el hoyo.
  •  En septiembre de 2006 fue expedientado por la selección de su país tras saltarse un toque de queda durante una concentración de la selección junto a Zlatan Ibrahimovic y Olof Mellberg.
Trayectoria

18 mar. 2018

Miedo y asco en Riazor


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

No suelo hablar de la grada ni cuando escucho cosas inauditas a mi alrededor (cosa bastante más común de lo que me gustaría, que nadie piense que Riazor es un oasis de cordialidad) debido a que no me parece un aspecto demasiado relevante del juego. Que sí, que la afición puede dar alas o cortarlas dependiendo de la situación, pero 30000 personas actuando como entes casi individuales no resultan ser un factor realmente determinante casi nunca. Si algo enseña la física es que la actuación de un número muy alto de cuerpos dejados a su libre albedrío durante un tiempo suficientemente alto tenderá a anular la acción conjunta global de todos ellos. No obstante hoy voy a comentar algunas impresiones con respecto al tema porque creo que el partido de ayer tuvo tintes fenomenológicos en la grada de la misma forma que los tuvo el jugado ante el Granada en la 12/13.

Si algo me llamó la atención de ayer fue la alevosía de ciertos cánticos. En una afición que se vangaloria (cada vez menos) de ser una de las mejores de España choca bastante el hecho de que vaya deliberadamente contra su propio equipo cuando todavía tiene opciones manifiestas de ganar un encuentro. A nivel táctico, el partido de ayer fue infame y se vio a las claras que Seedorf no tenía mayor plan que dejarlo todo a la casualidad después de elegir a sus once jugadores, pero también es innegable que Las Palmas no supo proponer mucho más y el Dépor llegó a hacer más peligro que sus rivales hasta los últimos minutos. Este partido se perdió porque la casualidad falló y es cierto que aunque se ganara no habría motivos para la alegría ante semejante esperpento táctico, pero desde luego que los cánticos burlones contra el equipo desde el comienzo de la segunda parte hicieron muy poco para ayudar a decantar la balanza en la última oportunidad de supervivencia. Si ahora estaba difícil, en la segunda categoría lo estará más todavía.

¿Es esto un reproche a todo aquel que se dedicó a reírse del equipo en lugar de intentar ayudar a que consiguieran una victoria que ayer habría podido llegar sin ningún tipo de problema? La respuesta es no, no me corresponde esa autoridad moral para decirle a nadie lo que ha de hacer. Creo que cada uno está en su derecho de comportarse de la manera que desee y a exponerse al juicio ajeno en base a ello y, en el caso de este artículo, a mi juicio. En mi opinión, lo realmente grave de ayer fueron las mofas a Lucas Pérez. El jugador está dando un nivel muy alejado del rendimiento esperado en base a lo que dio en el pasado y lo que cobra en el presente, pero si alguien duda de su implicación en cada partido es porque no le presta atención alguna y no ve que al menos es de los pocos que tira de orgullo. En cualquier caso, aunque no se dejara los pulmones en el campo, yo tengo claro quien es de los mios y creo que Lucas era de los que vestían de blanquiazul y de los que sienten innegablemente el escudo. Mofarse de él es mofarse de todos nosotros, porque veo evidente que lo que hace en el campo es lo que haría cualquiera de la grada si estuviera en su lugar, porque es la imagen de la impotencia y la desesperación que sentimos todos. Y debo decir que no defiendo esto porque sea Lucas, ni mucho menos, sino porque no me parece normal. Igual que no me parecieron normales otros acosos como los sufridos por Albentosa o Juan Domínguez en su día.

Quedan nueve partidos y ayer vimos a una afición que parecía querer perder el partido para poder despacharse a gusto y señalar a sus odiados. Y qué queréis que os diga, yo también espero una pronta convocatoria de elecciones y un cese fulminante de un técnico que no consiguió más en el Dépor que hacer que sus jugadores hicieran el ridículo, pero no a costa de dispararnos en el pie. En cualquier caso, felicidades: ahora sí que estamos en segunda y el estadio contribuyó ayer en su justa medida a destrozar la última bala con la inestimable ayuda de los que corrían sobre el césped. Ahora ya todo el mundo puede criticar sin miedo todo lo que quiera, porque ya no hay nada que perder. Nos vemos en segunda.

15 mar. 2018

Exdeportivistas en la actualidad: Pablo Álvarez


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


El protagonista de hoy permaneció seis temporadas en el Dépor con la incógnita de qué habría pasado con su carrera de no ser por las lesiones.

Nombre: Pablo Álvarez Núñez
Nacimiento: 14/05/1980
Posición: Extremo derecho
Temporadas en el Dépor: 6 (2006/2007-2011/2012)
Nacionalidad: España
Estado actual: En activo

¿Cómo llegó al Dépor?

A pesar de nacer en Oviedo se formó en el Lugo hasta categoría juvenil, momento en el que volvió a su Asturias natal para jugar en el Sporting de Gijón, incorporándose primero en 1998 al juvenil y un año más tarde al filial rojiblanco. Su debut en el primer equipo llegó en 2001 en un Sporting - Betis de Segunda División. Sería este el comienzo de una etapa de cinco años asentado en el equipo gijonés, donde se convirtió en titular indiscutible y destacó especialmente en su última temporada (2005-2006) marcando 8 goles en liga. Esto hizo que el Deportivo se fijara en él y firmara un preacuerdo a mediados de curso para incorporarse al club coruñés el verano siguiente. No obstante, la mala fortuna hizo que un par de meses antes de incorporarse al equipo herculino sufriera una grave lesión en un encuentro contra el Lleida, fractura de tibia y peroné, que le hizo estar de baja los ocho meses siguientes.

¿Qué hizo en el Dépor?

Debido a la ya comentada lesión su carrera en el Deportivo no empezó con buen pie y su debut con el equipo debió esperar hasta el 31 de enero de 2007 donde disputó la ida de los cuartos de final de Copa del Rey contra el Valladolid y marcó un gol para contribuir a la victoria final por 4-1. Era un comienzo que daba motivos para el optimismo, pero Caparrós no confió en él debido a que Arizmendi estaba despuntando aquella temporada y le tapaba el sitio y sólo tuvo minutos en un total de 9 partidos entre liga y copa.

Con la llegada de Lotina al año siguiete las cosas fueron a peor, y deespués de sólo conseguir disputar un encuentro en medio año el club decidió cederlo en invierno al Racing de Santander, donde por primera vez tuvo continuidad en Primera División y consiguió ayudar a la clasificación del equipo cántabro para la UEFA. A su vuelta Lotina comienza a confiar más en él y gana protagonismo en el equipo, pero siempre como jugador de rotación. En este papel pasó dos temporadas hasta perder, de nuevo, el favor de Miguel Ángel Lotina en la 2010/2011. En aquella temporada, la del primer descenso de este siglo, disputó solamente 390 minutos y no pudo ayudar a que el equipo luchara por una salvación que finalmente no se produjo. En el año en Segunda División, ya con Oltra en el banquillo, su protagonismo se redujo todavía más con la llegada de Bruno Gama y Salomão y una vez conseguido el ascenso su contrato no fue renovado, quedando libre para negociar con otros clubes en verano de 2012.

¿Qué fue de él?

Una vez liberado de su contrato, el equipo de su juventud llamó a su puerta para reincorporarse a su disciplina y Pablo no se lo pensó mucho antes de acabar firmando por el Lugo ese verano. Pasó dos años defendiendo los colores del equipo lucense, el primero de ellos con mucho protagonismo y en el segundo siendo usado mayoritariamente como jugador de rotación y revulsivo. Una vez acabado su contrato se resigna a bajar una categoría y firma en septiembre de 2014 con el Langreo de 2ªB, aunque sólo permaneció allí medio año debido a que no rechazó la oportunidad de incorporarse a la disciplina del recién creado New York City para un prolongado periodo de prueba que duró hasta marzo de 2015, cuando el equipo neoyorquino hizo oficial su fichaje para acompañar a su amigo David Villa, con el que compartió vestuario tanto en la cantera como en el primer equipo del Sporting. 


Estuvo un año en la MLS (con dos meses de cesión a los Wilmington Hammerheads de la liga USL Pro entre medias) y en mayo de 2016 volvió de manera fugaz al Langreo para ayudarles en el play-off de ascenso a 2ªB (habían perdido la categoría al final de la campaña anterior), pero  a pesar de que el equipo contaba con un ataque ilustre con él y con Michu no consiguieron el objetivo. Inmediatamente después de este desencanto ficha por la recién ascendida UD Llanera en junio de 2016 para ayudar a conseguir la permanencia, logrando el objetivo. Esta temporada continua en el equipo de Llanera, donde nuevamente pelea por una permanencia que tienen a tiro mientras se mantiene como titular habitual en el equipo asturiano.
Curiosidades:

  • En su año en el New York City no sólo coincidió con David Villa, sino también con Frank Lampard, Andrea Pirlo y Andoni Iraola.
  •  Su manera de celebrar los goles (ilustrada en la imagen que encabeza este artículo), situando la palma de la mano extendida sobre la cabeza le otorgó el apodo de 'Tiburón'.
Trayectoria:



14 mar. 2018

Emre Colak y el orden anárquico


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Si hay un futbolista diferente en el Deportivo de Coruña ese es Emre Çolak. El turco es un jugador cuya calidad está fuera de toda duda, pero su principal problema es otro. Siempre parece desconectado de todo lo demás y su nivel de compromiso suele ser como mínimo cuestionable. No obstante, el equipo está en una situación extrema (calificativo que resulta incluso optimista) que necesita soluciones cuanto antes.

Al Dépor no le sobra fútbol, y en ese aspecto debe intentar aferrarse a algo que solvente una papeleta tan complicada como verse incapaz de tener mecanismos para hacer daño al rival en plena jornada 30. Es cierto que algunas de sus actitudes fueron indefendibles, que tiene carencias que en ocasiones cuestan sustos y que su nivel de algunos partidos no es del todo aceptable, pero si no conseguiste formar un esquema que permita crear fútbol en toda la temporada y te ves metido en una situación insostenible como la actual resulta evidente que la solución pasa por buscar a jugadores que aporten algo diferente y Çolak es el único jugador en plantilla que puede dar algo así.

Emre no es un futbolista válido para correr detrás de un balón, pero sí puede solucionar el problema de tener que resignarse a jugar así. Es capaz de tener clarividencia en el último pase, de juntar las líneas de su equipo y desordenar las del rival. Continuar haciendo lo de siempre no tiene pinta de ir a dar resultados diferentes por mucho que el entrenador defienda que lo único que falta por llegar es la victoria.

Si se apuesta por él, no obstante, hay que hacerlo creyendo en sus aptitudes. No es admisible resignarlo a la banda, donde su presencia pierde todo el sentido. Es influyendo en el centro cuando mediante la posesión de balón es capaz de permitir a sus compañeros posicionarse en lugares donde pueden resultar dañinos. Ayer hablé de Lucas y de cómo el coruñés necesita a alguien que le busque, y utilizar en ese aspecto a Emre puede ser la única baza que tiene el equipo para aprovecharse de él de manera efectiva.

Es cierto que al turco le falta regularidad, aunque sería casi utópico que la consiguiera entrando y saliendo del equipo con tanta frecuencia como lo hace. En cualquier caso, si fuese capaz de rendir al nivel de sus mejores partidos con frecuencia resulta evidente que su equipo actual no sería el Dépor. Es un futbolista diferente y capaz de decantar partidos. El nivel de cualquiera de los jugadores de arriba es exactamente igual de irregular y siguen jugando partido tras partido, con lo que no hay motivo en ese sentido para prescindir de Emre. En mi concepción del equipo, en la situación actual sólo Çolak y Lucas serían innegociables en el ataque.

El incidente de enero con Parralo a punto estuvo de llevarlo a la puerta de salida, pero finalmente se quedó en plantilla para tener un protagonismo bastante leve. Seguramente no sea un futbolista fácil de llevar y frecuentemente se vivan situaciones a su alrededor que no tienen demasiado sentido en un equipo de fútbol, pero si aún se tiene una levísima esperanza de salvación ha de pasar por recuperar al único jugador que tiene fútbol suficiente para dar criterio a un ataque inocuo. 

En resumen, no se puede tomar la irregularidad de Çolak como penalización para juzgar su capacidad. Sí, en cuanto a calidad está varios peldaños por encima del resto, pero castigar que no siempre dé ese nivel es absurdo. Hay otros jugadores que no tienen su capacidad de determinación y fluctúan tanto o más que él sin perder su lugar en el once. Es una tendencia milenaria en el fútbol la de castigar más la irregularidad de aquel que tiene mayor talento cuando simplemente lo que la hace destacar es el hecho de que cuando está bien es capaz de alcanzar un nivel que otros no consiguen, pero renunciar a la oportunidad de disfrutar de ese recurso porque no lo va a conseguir ofrecer los 90 minutos de las 38 jornadas me parece una negligencia flagrante.

Los únicos minutos realmente buenos del partido contra el Espanyol, tan alabado por Seedorf, se dieron a partir de la entrada de Emre en el campo y sólo hace falta repasarlo para ver que su incidencia fue la clave de las llegadas de los coruñeses en la última fase de la segunda parte. También es necesario recordar que todas las victorias de este equipo salvo la conseguida en el Estadio de Gran Canaria contaron con la participación de Emre. El futbolista turco aporta la única clarividencia con la que cuenta el conjunto blanquiazul en ataque y cerrarse a esa evidencia es resignarse al juego que llevamos toda la temporada viendo: una orquesta de atacantes solistas incapaz de hacer casi nada en conjunto, a la que ahora se le añadió el tan manifiestamente inefectivo recurso de los balonazos arriba de Muntari. No nos engañemos, Çolak tiene muchos defectos y quizás su presencia en el equipo también reste bastantes cosas, pero no aprovechar lo que suma en esos 90 minutos a la semana que son los que realmente importan es pedirle al descenso que llegue cuanto antes.

También puede ser que la cabeza del futbolista turco esté en otro lugar y su compromiso se desvaneciera ya por completo desde sus incidentes de enero. En ese caso hay otro futbolista que puede ofrecer prestaciones similares jugando por dentro, que es Carles Gil, pero parece que su rol con Seedorf se limita al más puro ostracismo. Quizás haya que resignarse a seguir viendo a un Dépor falto de ideas en ataque hasta final de año y esperar que en la planificación para Segunda División en la temporada que viene se consiga por fin formar un equipo equilibrado y fichar a un entrenador con los conceptos asentados.

13 mar. 2018

Buscando a Lucas Pérez


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Cuando el mejor Lucas Pérez brilló en Coruña tenía a Luis Alberto como el compañero que necesitaba. Se entendían a la perfección y sabían leer sus movimientos, lo que hacía que todo fuera más sencillo para el coruñés. También tenía a Victor Sánchez del Amo en el banquillo, un entrenador que si bien demostró más tarde perder el control del vesturaio, durante media temporada dio una lección de como aprovechar los recursos de los jugadores de su equipo. En esta temporada no está ninguno de los dos, y lo más grave es que no existe nadie que cumpla lo que ellos cumplían respecto al futbolista cedido por el Arsenal.

Lucas es un jugador que aporta un gran porcentaje de todo lo que sabe dar en base a sus movimientos sin balón. Rompe líneas, desubica centrales y se sabe colocar en el sitio donde más peligro puede hacer, pero este tipo de movimientos son de caracter muy efímero, sólo se encuentran cuando se buscan o cuando se tiene mucha suerte. En cuanto al juego con balón no es un inútil ni mucho menos, pero prácticamente lo único que aporta a la altura de los mejores es su definición. También tiene cierta clarividencia para encontrar al compañero en los últimos metros, pero en la actualidad no es algo que se pueda esperar de él: como delantero está en esa fase egoísta en la que sabe que necesita un gol suyo, no del compañero.

Como decía al principio, Luis Alberto buscaba a Lucas pero esta temporada nadie lo busca y está claro que el ataque del Dépor carece de un plan concreto que maximice las aptitudes de los jugadores presentes. Los futbolistas pasan el esférico cuando se quedan sin ideas, pero no como noción de conjunto sino como forma de salvar la papeleta. Es muy curioso, no es algo que se suela ver, pero entre los atacantes que suelen formar el tridente ofensivo habitual no se suele dar un fútbol combinativo definido. Suele ser un juego a trompicones, individualista y monótono. Se busca el disparo o el centro con una total despreocupación por los movimientos del compañero, no hay conciencia de grupo: "Yo llevo el balón y si lo necesito la paso al compañero. El compañero es un recurso para mí en lagar de al revés", podrían pensar los futbolistas en posesión del esférico.

En ese contexto, Lucas se encuentra maniatado. No es esta una excusa para su bajísimo nivel de esta temporada, por supuesto, pero sí una explicación a por qué no puede conseguir la confianza necesaria. Si no se explota aquello para lo que es realmente bueno, su confianza para todo lo demás ha de verse resentida. Prueba de ello es que su número de tiros esta temporada es desolador. Lleva tan sólo 20 disparos, estadística que contrasta enormemente con los 100 intentos de gol que probó en su mejor temporada con el Dépor e incluso con los 40 de su primer año en Coruña, en el que estuvo tocado casi toda la temporada y sólo disputó 21 partidos. Lucas es diferencial en el remate, y cuando vemos que su media de tiros no llega ni a uno por partido tenemos motivos para la preocupación. Alguien no está sabiendo aprovechar sus características y le está relegando a simplemente vagar por el campo.

No creo que el Dépor deba jugar para Lucas en ataque porque, para empezar, por lo visto en esta temporada no se lo merece. Pero sí creo que debe jugar siendo muy consciente de lo que puede aportar el futbolista coruñés si se buscan sus movimientos, y resulta más que evidente que eso no se está haciendo. Cuando vacías las arcas del club para traer a una estrella no debe ser uno más sobre el campo, debe buscarse la amortización de tu dinero.

Lucas llegaba como impulso anímico, pero en ningún momento logró serlo. Su habitual empuje no fue capaz de contagiar a un vestuario que año tras año se va volviendo cada vez más apático y cuyos jugadores van encerrándose cada vez más en un egoísmo impropio de lo que debería significar un equipo. Si cuando las cosas van mal en otros lugares suelen salir los capitanes a mostrar algo de orgullo, en este equipo sacan a hablar a los canteranos o sale algún jugador a simplemente recitar las consignas totalmente fuera de la realidad de un entrenador que jornada tras jornada lo ve todo de color rosa. Identificarse con esta actitud, como aficionado, resulta imposible.

En cualquier caso, estamos viviendo momentos en los que no sólo Lucas está saliendo señalado, sino que todo el equipo parece digno de tercera división cuando en mayor o menor medida todos los futbolistas demostraron en su día ser válidos para primera. Para que un futbolista no se devalúe, el primer escollo a salvar es el de los resultados. Un equipo incapaz de conseguir victorias es una bomba de relojería anímica imposibilitada para ganar confianza y, por consiguiente, rendir de forma adecuada. No recuerdo ningún equipo en el que los resultados fuesen tan lamentables como en este Dépor y en el que los jugadores de calidad no fueran cuestionados. En estos contextos sólo pueden destacar los futbolistas de lucha y brega, y en este conjunto no pasa ni siquiera eso. Sobre todo, hay que tener en cuenta que un sólo futbolista no le puede cambiar la cara a un equipo salvo que se llame Leo Messi, y que la actitud no lo es todo. Hace falta un plan, y precisamente la ausencia de uno lleva siendo tradición durante toda la temporada. Durante cuatro temporadas se escatimaron gastos en el banquillo sin tener en cuenta que es el puesto más importante de un equipo y de esa manera se depositó el barro del que proceden estos lodos.

El Valencia es un ejemplo claro de jugadores buenos que durante mucho tiempo fueron tachados de inútiles y ahora parecen volver a ser no sólo válidos, sino que se les eleva a jugadores de nivel europeo. La diferencia entre los jugadores que estaban en Valencia hace unos años siendo unos inútiles y los que permanecen ahora habiéndose convertido en grandes futbolistas no va más allá de la creación de unos ideales claros de juego asimilados por el conjunto. Marcelino cambió la cara del equipo de la única manera que se le puede cambiar la cara a un equipo: siendo un entrenador consciente de lo que ha de hacer un entrenador.

En verano se hipotecó la planificación de todo lo demás a la llegada de Lucas cuando era evidente que hacía falta un técnico en el que confiar, un portero al nivel de la categoría y un MCD puro. Es cierto que un futbolista como el coruñés nunca sobra y que su llegada, como suceso individual, sólo puede verse como algo positivo, pero también resulta evidente que todo lo que está ocurriendo viene debido a algo que aquí se hizo y que ningún director deportivo puede hacer nunca: depositr todos los huevos en una cesta y olvidarse de todo lo demás.

No podemos olvidar como muchos están olvidando que Lucas es un buen jugador que simplemente está rindiendo mal (y tapoco podemos quitarle su parte de culpa). Lo mismo que pasa con Andone, con Sidnei, con Schär y con demasiados futbolistas que están actualmente en el Deportivo. Debe hacerse un análisis muy concienzudo del por qué de la acelerada devaluación de jugadores válidos, un mal endémico en el Dépor desde hace años, para llegar a la conclusión que permita solucionar este fenómeno. Mi conclusión sobre ello es clara: hasta el mejor violinista del mundo se convertirá en mediocre si el director de orquesta le manda tocar notas al azar.

12 mar. 2018

Exdeportivistas en la actualidad: Julian de Guzman


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


Después de seguir el rastro a Rindaroy y Morel vamos hoy con un futbolista que dejó una mayor impronta en su etapa como jugador del Dépor en las cuatro temporadas que defendió los colores del equipo coruñés.

Nombre: Julian Bobby de Guzman
Nacimiento: 25/03/1981
Posición: Mediocentro
Temporadas en el Dépor: 4 (2005/2006-2008/2009)
Nacionalidad: Canadá
Estado actual: Retirado


¿Cómo llegó al Dépor?

Llegó a Europa muy joven tras ser descubierto en 1997 por ojeadores del Olympique de Marsella mientras jugaba en su Toronto natal. Después de unos años jugando en la cantera del club francés fichó por el Saarbrücken, que le dio en 2001 la oportunidad de hacer su debut profesional en la segunda división del fútbol alemán. Destacó en su segunda temporada en el club de la capital del estado de Sarre y fue inmediatamente fichado por el recién ascendido Hannover 96, convirtiéndose en el tercer canadiense en jugar un partido de Bundesliga. En Hannover disfrutó de 4 años en los que tuvo protagonismo hasta que en verano de 2005 decidió no renovar para buscar una nueva experiencia en el fútbol europeo.

Su nombre se relacionó con el Tottenham, equipo al que su compañero de selección Paul Stalteri acababa de llegar, pero debido al gran número de jugadores con los que tendría que competir por un puesto en Londres decidió firmar por el Deportivo de La Coruña.

¿Qué hizo en el Dépor?

La etapa del canadiense en el Dépor tuvo subidas y bajadas. Llegó al club en verano de 2005 junto a Joaquín Caparrós, en una época muy convulsa en la que el conjunto deportivista estaba llevando a cabo una transición drástica entre la era de las estrellas y la nueva y más oscura realidad. En su primera temporada la presencia de dos pesos pesados como Sergio y Duscher le privó de ganarse la titularidad, pero fue uno de los futbolistas más utilizados en la rotación y sus minutos de juego fueron bastante altos. Se mostraba como un futbolista de gran sacrificio e intensidad, cualidades que supieron ser valoradas por el técnico utrerano.

En este rol de jugador de rotación permanecería otra temporada, pues la llegada de Juan Rodríguez le añadió todavía más competencia. No obstante, en la 07/08, ya con Lotina en el banquillo, de Guzmán supo ofrecer su mejor año como jugador del Dépor. Disputó 33 partidos de liga como titular y se convirtió en uno de los mejores de la temporada del equipo blanquiazul y ayudando a su clasificación para la Copa de la UEFA.

No obstante, su época dorada no duró mucho, pues al año siguiente las lesiones y una serie de actuaciones bastante desafortunadas le llevaron a perder el puesto en favor de un Juan Rodríguez que ocupó su lugar entre los jugadores destacados del equipo. Al terminar esta cuarta campaña viendo que había perdido protagonismo, decidió no renovar y volver a su Canadá natal.

¿Qué fue de él?

Tras finalizar su contrato con el Dépor regresó a su ciudad firmando por el Toronto FC como jugador franquicia (en la MLS se designa así a jugadores que la liga permite fichar sin tener en cuenta el tope salarial obligatorio en la competición), convirtiéndose en el primer futbolista canadiense en llegar al torneo en esa condición. 

Sus dos primeros años en Toronto estuvieron marcados por un rendimiento inconsistente y un buen número de lesiones, no siendo hasta su tercer año en el equipo cuando su rendimiento empezó a dar frutos. No obstante, nunca llegó a ofrecer el nivel esperado en un jugador franquicia y simplemente fue visto como un jugador de rendimiento aceptable, siendo utilizado en muchas ocasiones como rotación. En la MLS los jugadores franquicia son un recurso valioso y no consiguió llegar a las expectativas, con lo que en 2012 fue enviado al Dallas FC intercambiado por Andrew Wiedeman.

En Dallas permaneció solamente medio año antes de quedar libre y decidir probar suerte de nuevo en Europa fichando por el modesto SSV Jahn Regensburg en el mercado de invierno para ayudar a salvar al equipo de su descenso a la tercera categoría del fútbol alemán. Tras no conseguir la permanencia y finalizar su contrato, optó por firmar por el Skoda Xhanti de la superliga griega, equipo en el cuál volvió a jugar en Europa League.

Después de una temporada en Grecia con bastantes minutos de juego, su contrato expiró y comenzó a buscar una nueva oportunidad en el fútbol alemán para estar más cerca de su familia, pero no encontró nada de su agrado. Depués de medio año sin equipo firmó a principios de 2015 por Ottawa Fury de la NASL, donde llegó a ser nombrado capitán y permaneció hasta su retirada en enero de 2017 con 35 años.

Tras su retirada se convirtió en entrenador asistente para Ottawa Fury (que pasó a competir en la USL en lugar de en la NASL) y desde agosto hasta octubre del pasado año se convirtió en entrenador interino del primer equipo después de la dimisión de su predecesor en el cargo, consiguiendo ganar un solo partido de los doce que dirigió. Actualmente  continúa formando parte del organigrama de Ottawa Fury ocupando el puesto de manager general desde diciembre de 2017.

Curiosidades:

  • Fue el primer jugador canadiense en jugar en la primera división española, y hasta ahora el único junto a su hermano.
  • Su hermano menor, Jonathan, también es futbolista profesional y juega en el Eintracht de Frankfurt. A diferencia de Julian, Jonathan decidió ser internacional por Holanda.
  • Un año después de llegar al Toronto FC convenció a Mista, excompañero en el Dépor,  para  que fichara por el club.
Trayectoria:



10 mar. 2018

Callejón sin salida


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Quedan diez jornadas para el final de la liga, pero este Dépor ya está totalmente muerto. Y sí, aún tras volver a protagonizar un esperpento en Girona está tan solo a dos puntos de la salvación (tres si tenemos en cuenta el goal average con el Levante), pero no hay ningún motivo para la esperanza. El énfasis de la frase inicial ha de ponerse, no obstante, en el 'este' que precede a 'Depor'. No es que no haya esperanza para el equipo coruñés, pero simplemente no la hay para esta versión del equipo. No la hay para el proyecto de un Clarence Seedorf cuyo crédito ya está en números rojos y que después de no marcar un solo gol en seis partidos (el único gol a favor fue en propia puerta), encajar ocho y lograr 2 puntos de los 18 posibles sin ofrecer una idea de juego ilusionante deja a las claras que no hay nada que hacer si se tira por este camino.

Es cierto que el equipo está encajando menos goles que antes, pero lo cierto es que es más una consecuencia lógica del estilo plano que de una mejora defensiva. Estamos ante un conjunto que especula y no toma riesgos, completamente inocuo. En esa situación, los riesgos tomados se minimizan y por supuesto que se reciben menos goles, pero a la vez también se imposibilita la creación de ocasiones. La reducción de goles encajados simboliza más un problema que una solución.

Ahora, las decisiones que quedan por tomar en Plaza Pontevedra deberían ser ineludibles. ¿Despedir a Seedorf es una opción a día de hoy? Quizás no para la directiva, pero es sin duda la única alternativa razonable si lo que se quiere es intentar evitar lo que parece inevitable. Es bastante obvio que tampoco dio con la tecla y que el equipo está siendo un cadaver todavía más manifiestamente que con sus predecesores, pero con el agravante de que disputó la fase más sencilla del campeonato. No obstante, a pesar de esta obviedad, quizás ya no valga la pena pagar un tercer finiquito (que posiblemente ya no sea asumible por las arcas del club) sin tener ninguna garantía de salvación con un nuevo cambio de timonel y haya que centrarse en fichar a gente válida para la dirección deportiva para que el próximo año, con unas posibilidades alarmantes de que sea en segunda, no se repita el esperpento de esta temporada. De cualquier forma, las elecciones están a la vuelta de la esquina y cualquier fichaje que se realice para la gestión deportiva estará sujeto a evaluación por una teórica directiva entrante, con lo que tampoco sería garantía de nada.

En este contexto, ¿cuál es la mejor opción para el equipo coruñés? Lo cierto es que es complicado saberlo. Un descenso a segunda división sería poco menos que la antesala de un cataclismo, pero bajar es prácticamente la única opción para un equipo que no da ni la menor sensación de poder plantar cara en ninguno de sus partidos. No puede engañarnos un empate contra un Espanyol que lo buscaba descaradamente ni unas nuevas tablas ante un Eibar contra el que por una vez el ataque consiguió crear peligro pero sin hacer herida: las sensaciones son las sensaciones, y estas son peores incluso que con los entrenadores anteriores. Tres meses sin conseguir la victoria no son dignos de un club con el decimotercer límite salarial más alto de la categoría. Algo se hizo muy mal, y el hecho de que el actual entrenador no esté a la altura de la exigencia no es más que la punta del iceberg. Un cúmulo de horribles decisiones de dirección deportiva (que, dicho sea de paso, no tiene a día de hoy a un gestor reconocible) hacen que por un lado parezca que el mejor de los escenarios sea el de certificar el descenso cuanto antes y convocar elecciones inmediatas para que alguien con ideas nuevas llegue cuanto antes y empiece a gestionar la temporada en la división de plata. Sabemos que un descenso es mucho peor todavía de lo que asemeja y que las opciones de supervivencia del club pasarían por conseguir un rápido regreso a primera por tercera vez, tarea que resulta mucho más complicada de lo que podría parecerle hasta al más pesimista, pero ya que es el desenlace más esperable que al menos llegue cuanto antes daría mayor capacidad de reacción.

Nunca antes había perdido la esperanza de conseguir el objetivo a diez partidos del final (que es más de un cuarto de la competición, no es una cifra despreciable), pero esta vez resulta imposible no hacerlo. Este equipo no ofrece nada más que incapacidad para hacer frente a los partidos, no muerde y no da sensación de ser capaz de incomodar al rival en ningún momento. Y lo peor no es ver cómo el equipo se dedica a vagar por los campos, sino que la guinda llega en las ruedas de prensa, en las que Seedorf suele desbordar un insondable optimismo sobre las actuaciones de los suyos muy alejado de la realidad hasta unas dimensiones casi políticas. Ayer no había nada que destacar en lo positivo, pero el neerlandés ofreció un discurso que nuevamente estaba lleno de adornos y cuentos de hadas. No podemos engañarnos y pensar que el Dépor supo dominar en algunas fases a su rival, porque la sensación que personalmente tuve durante todo el partido fue que el Girona simplemente gestionó esfuerzos sabiendo que muchos de sus jugadores tienen mucha carga de partidos y era una ocasión ideal para dejarse llevar, dejando hacer a un rival incapaz de crear peligro real y vaciándose solamente en la presión, a sabiendas de que les hacía falta muy poco para conseguir robar.

Tras el fichaje de Seedorf intenté con todas mis fuerzas encontrar motivos para la ilusión y hasta me pareció muy interesante lo que dijo en su rueda de prensa de presentación. Incluso intenté sacar la lógica a sus alineaciones y en alguna ocasión me gustaron a priori, pero después de ver lo que ofrecían en el campo todo se iba al traste. Ojalá me equivoque y el optimismo del técnico esté justificado. Espero que estemos en la antesala de una racha de resultados épica, pero mucho me temo que la realidad es simplemente que el crédito del entrenador está más que agotado y que la única opción para conseguir luchar el ya increíblemente complicado objetivo pasa por un nuevo cambio en el banquillo con un perfil de técnico forjado en mil batallas como esta. Pero, por otra parte, viendo las continuas decisiones negligentes de una dirección deportiva que no tiene a nadie a los mandos me resulta inevitable pensar que cualquier otro cambio volvería a ser a peor.

9 mar. 2018

El reloj sigue corriendo


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


Creo que las dos principales labores que ha de realizar un entrenador son tan fáciles conceptualmente como complicadas en la práctica: hacer lo más sencilla posible la vida de sus jugadores cuando están sobre el campo y maximizar sus virtudes. Si tomamos esto como dogma y echamos la vista sobre lo que estamos viendo en la primera etapa de Clarence Seedorf en el Dépor creo que existen varias cosas que atentan de forma importante contra lo dicho.

Para comenzar, la búsqueda efectiva de automatismos es algo que suele marcar la diferencia entre ser un equipo y ser un fracaso. Aquellos equipos cuyo estilo de juego tiene pautas reconocibles (sin llegar a ser fácilmente predecibles) indican que se realizó un buen trabajo y los jugadores saben jugar al fútbol en conjunto. En el caso del Dépor de Seedorf (aunque no se puede decir que sea algo que empezara con la llegada del entrenador neerlandés, ni mucho menos) esto dista mucho de ser así. En sus 5 partidos hasta ahora se vieron cosas muy variopintas, desde la búsqueda de ganar el mediocampo y atacar de manera ordenada que se dio contra el Espanyol hasta el descarado y burdo recurso de poner a Muntari a lanzar balonazos arriba durante todo el partido en Getafe. Estos cambios de paradigma siempre van en contra del equipo, pues dejan claro que no se encontró la forma de jugar y que, una jornada más, la búsqueda de esos automatismos en el juego no puede ponerse en marcha. En cualquier caso creo que ya es demasiado tarde para el técnico de Surinam en este aspecto, pues este acoplamiento entre conjunto y estilo de juego no es algo que se pueda lograr en cuestión de días.

Por otro lado, los bandazos en cuanto a rotaciones del equipo titular en situaciones extremas siempre me parecieron una locura. La estructura básica debe ser una en la que se confíe de manera casi ciega y tocarla lo justo y necesario.  Si echamos la vista a la progresión del Alavés desde que empezó a salir del pozo se ve que Abelardo tardó un partido en encontrar su once tipo a su llegada, pero al segundo encuentro definió ya su columna vertebral y su esquema. En el mercado de invierno los fichajes y la recuperación de Laguardia le dieron más posibilidades y se volvió a amoldar rápidamente al nuevo contexto sin bandazos, lo que le permitió seguir adelante sin sobresaltos. En el caso del equipo coruñés, en tan solo 5 jornadas con Seedorf 21 futbolistas disputaron al menos un partido saliendo como titulares. Todos los futbolistas salvo Tyton, Valentín, Valle y Carles Gil tuvieron oportunidad de salir de inicio en algún encuentro, un dato que habla bastante claro sobre las vueltas bruscas de timón que está dando el equipo. Las probaturas continuadas cuando la liga se acerca a la jornada 30 suelen acabar en desastre.

Si pasamos a hablar de la maximización de virtudes de los futbolistas, me resulta imposible no echar la vista a un ámbito en el que llevamos toda la termporada viendo algo que sólo puede catalogarse de esperpéntico: Lucas Pérez es el lanzador de córners de un equipo que necesita gol como el comer y en el que (bache de nivel aparte) es su mejor rematador. Quizás Lucas no sea un cabeceador nato y su capacidad goleadora se fundamente más en otras habilidades, pero tampoco es un buen lanzador y no tiene sentido renunciar a tener a un goleador cerca de la portería en un contexto de peligro si no aporta una precisión milimétrica en el saque. Tampoco se está encontrando la manera de hacer que los jugadores de ataque, la principal baza que debería utilizar el Dépor para hacerse fuerte, se complementen de manera útil. Los balones que llegan a los futbolistas de arriba suelen acabar en alguien haciendo la guerra por su cuenta y eso no es admisible cuando tienes a futbolistas que dan un salto cualitativo respecto al resto del equipo.

Seedorf lleva todas sus jornadas en el cargo desbordando una optimismo que nadie más en A Coruña tiene y apelando a que todavía hay tiempo. No obstante, el tiempo es efímero y más todavía cuando juega contra ti. La recámara se está quedando sin balas y hoy ante el Girona no vale nada que no sea una victoria. Todo el crédito se irá por la borda si no se suma de tres esta jornada.

Exdeportivistas en la actualidad: Claudio Morel


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com



En la anterior edición de esta sección repasamos qué fue de Rindarøy, un lateral zurdo que no triunfó en el Dépor. Esta vez es turno de un futbolista que llegó a la vez que él para ese mismo puesto y cuya suerte (al menos en su primera temporada) fue similar.

Nombre: Claudio Marcelo Morel Rodríguez
Nacimiento: 02/02/1978
Posición: Lateral izquierdo
Temporadas en el Dépor: 2 (2010/2011-2011/2012)
Nacionalidad:Paraguay
Estado actual: En activo


¿Cómo llegó al Dépor?

Claudio Morel se convirtió en uno de los nombres más reconocibles de Boca Juniors a principios del siglo XXI tras llegar al equipo xeneize procedente de San Lorenzo en 2004. Jugador de garra incuestionable y pulmón inagotable, Morel se consagró durante años como uno de los defensores más destacados de la liga argentina y cosechó un palmarés envidiable en el que destaca sobre todo la Copa Libertadores de 2007, pero también dos torneos Apertura y el mismo número de torneos Clausura de la Primera División argentina.

El bajón en el nivel del conjunto bonaerense entre los años 2009 y 2010, época en la que además el jugador estuvo lastrado por varias lesiones, hizo que la directiva de Boca realizara un intento de encauzar la situación mediante una limpieza de plantilla, deshaciéndose de futbolistas que habían sido importantes como Federico Insúa, Hugo Ibarra o el propio Claudio Morel.



El paraguayo, sin contrato tras ser liberado, llegó a Coruña en agosto de 2010 para ocupar el complicado vacío que había dejado Filipe Luís en la banda zurda de Riazor y que tantos quebraderos de cabeza había dado ya en la 2009/2010 debido a la lesión del futbolista brasileño.

¿Qué hizo en el Dépor?

Su primer año fue más que decepcionante. Se esperaba de él que debido a su veteranía y su fama de futbolista cumplidor supiera resolver la papeleta de forma como mínimo aceptable, pero desde el principio se notó que físicamente ya no estaba en sus mejores condiciones y que su adaptación al torneo iba a ser complicada. Jugó 15 partidos de liga, pero no llegó a convencer en ningún momento y su banda fue una de las principales problemáticas del Dépor que acabó descendiendo a segunda en la 2010/2011.

Poco parecían mejorar las cosas para el paraguayo en la siguiente temporada, pues Ayoze Díaz llegó para reforzar su puesto y el nuevo técnico (Oltra) le comunicó a Morel que no contaba con él. No obstante, este decidió seguir en plantilla y la fortuna le sonrió a mitad de temporada, cuando un Ayoze que tampoco había conseguido convencer a nadie en su medio año en A Coruña fue expulsado ante el Cartagena a principios de febrero y Morel le sustituyó en el encuentro siguiente ante el Recreativo. Su desempeño en aquel encuentro, secando por completo al extremo Javi Álamo, fue de tal nivel que relegó al banquillo a partir de ese momento a Ayoze. Ya no se bajaría de la titularidad salvo debido a una inoportuna lesión que le hizo perderse algunos partidos en el tramo final de la temporada y se erigió como uno de los futbolistas que contribuyeron de forma importante a la vuelta a primera del cuadro blanquiazul.

Tras lograr el ascenso, el jugador manifestó que le gustaría continuar, pero el club decidió no seguir contando con él para su nueva etapa en la máxima categoría, con lo que su contrato no fue renovado y quedó libre.

¿Qué fue de él?

Tras finalizar su contrato con el Dépor volvió a la máxima categoría del fútbol argentino firmando por Independiente de Avellaneda y se hizo rápidamente con la titularidad en el histórico club argentino gracias al buen nivel mostrado primero como lateral y más tarde reconvertido a central. No obstante, el momento de Independiente no era bueno y en 2013 el equipo descendió, por primera vez en su historia, a la Primera B Nacional. Después de un año en la segunda división de Argentina y de contribuír a la vuelta a la máxima categoría tras sólo una temporada en la B, Morel finalizó su contrato con el club de Avellaneda y quedó libre nuevamente.

Después de esta etapa decide irse a su país y jugar por primera vez en el fútbol profesional paraguayo firmando por el Sol de América de la Primera División y permaneciendo un año antes de firmar por el más modesto 12 de Octubre la la segunda categoría paraguaya, donde permanecería un año antes de regresar a Argentina, donde comenzó a jugar al fútbol regional firmando en febrero de 2016 por el Sarmiento de Leones de la cuarta categoría, aunque su protagonismo se vio empañado por las continuas lesiones y apenas consiguió jugar.

En marzo del pasado 2017 fichó por el Maderense de la 6ª categoría del fútbol argentino, donde continúa a día de hoy. Ya alejado de los focos del fútbol profesional, Morel simplemente quiere disfrutar del fútbol y lo hace recorriendo 800 kilómetros en coche cada fin de semana para ir a jugar desde Córdoba, donde reside, hasta la localidad de Francisco Madero.

Curiosidades:

  • Su padre, Eugenio Morel, fue futbolista profesional en los años 70 y llegó a ganar una Copa América con Paraguay.
  • Jugó los 90 minutos en el partido de cuartos de final que enfrentó a su selección con España en el Mundial de 2010. Un mes después ficharía por el Dépor.
  • Es el futbolista paraguayo con más títulos de Copa Sudamericana (3)
Trayectoria:



8 mar. 2018

Exdeportivistas en la actualidad: Knut Olav Rindarøy


   Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


¿A quién no le genera curiosidad saber cómo les fue la vida a los antiguos jugadores de su equipo? Esta sección nace para unir pasado con presente  y encontrar qué fue de algunos jugadores que pasaron por el Deportivo de La Coruña y que hace ya algún tiempo que salieron de los focos del fútbol de primer nivel en Europa. 

Para comenzar, qué mejor que recurrir a uno de los fichajes más aleatorios del Dépor en la última década.

Nombre: Knut Olav Rindarøy
Nacimiento: 15/07/1985
Posición: Lateral izquierdo 
Temporadas en el Dépor: 1 (2010/2011)
Nacionalidad: Noruega
Estado actual: Retirado 


¿Cómo llegó al Dépor?

En verano de 2010 el Dépor se enfrentaba a un momento crítico cuando una de sus principales estrellas, Filipe Luís, abandonaba A Coruña para firmar por el Atlético de Madrid. En este contexto era necesario cubrir el puesto de lateral izquierdo desde cero, pues ya en la última temporada del brasileño en A Coruña se había visto que existían carencias al tapar esa posición cuando la grave lesión de Filipe (que le obligó a perderse media temporada) provocó que fuera un diestro como Laure quien cubriera su sitio durante la mayoría de su baja. Por ello, entre julio y agosto de 2010 la dirección deportiva del club blanquiazul trajo a dos nuevos futbolistas para ese puesto, Claudio Morel y Knut Olav Rindarøy

Rindarøy, que por aquel entonces acababa de cumplir 25 años, llegaba cedido al Dépor buscando su primera experiencia fuera de su país, donde había defendido los colores del Molde FK de su ciudad natal desde 2003. Sus grandes actuaciones durante 2009 le habían llevado a debutar con la selección noruega y en enero de 2010 viajó a Inglaterra para probarse en clubes de primer nivel como el Everton o Manchester United, sin contar con demasiada suerte. El representante del jugador vendía a su cliente como "un jugador de técnica, zancada y que sabe subir la banda".

¿Qué hizo en el Dépor?

Lo cierto es que no hizo demasiado. Tuvo presencia en sólamente 4 partidos de liga (3 de ellos como titular) y 2 de Copa del Rey (en ambos partiendo desde el inicio), no consiguiendo imponerse como un futbolista importante para el equipo. Tampoco su teórico competidor, Morel, tuvo una temporada digna de ser el sucesor en la banda de Filipe Luís, y de nuevo fue Laure a pierna cambiada el que ocupó el puesto durante gran parte de la temporada, evidenciando que la planificación de los fichajes veraniegos habían sido muy deficiente.

Rindaroy sólo estuvo una temporada en el club blanquiazul, en la que además de jugar poco vio desde la grada cómo el equipo certificaba su descenso a Segunda División en un partido de aciago recuerdo en Riazor que se saldó con una derrota por 0-2 frente al Valencia. Tras esto, finalizó su cesión e hizo las maletas para regresar al Molde.


¿Qué fue de él?

Su vuelta a Molde fue para ya no volver a salir del equipo de toda su vida, teniendo un mayor éxito en esta segunda etapa en cuanto a títulos conseguidos (aunque no en cuanto a nivel personal, pues a pesar de que consiguió hacerse de nuevo sin problemas con la titularidad no volvió a jugar en la selección). Si antes de llegar al Dépor sólo había levantado una Copa noruega (2005), en su segunda época consiguió tres ligas (2011, 2012, 2014) y una nueva Copa (2013)

Su carrera en Molde le llevó a disputar un total de 364 partidos oficiales hasta su retirada debida a las lesiones, anunciada hace tan solo unos meses, en noviembre de 2017. Actualmente colabora con la academia del Molde para ayudar a formar nuevos talentos y otorgarles los valores del club. En las declaraciones que ofreció al colgar las botas también tuvo palabras sobre su etapa en el Dépor, pero el equipo blanquiazul no fue el motivo principal de las mismas: "En España jugué contra el Barça que lo ganó todo, un equipo al que admiro y que además tenía a Messi. No todos pueden decir eso y es un recuerdo que guardo con cariño"

Curiosidades:

  • Su hermano menor, Ole Martin, compartió equipo con él en el Molde, pero el pasado mes de enero fue traspasado al Songdal.
  • El partido contra el Barcelona que jugó y recuerda con orgullo se dio en Riazor en la 18ª jornada de Liga. Acabó con un 0-4 a favor del equipo blaugrana y fue, precisamente, el último encuentro de liga en el que dispuso de minutos con el conjunto deportivista. 
Trayectoria: