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26 oct 2017

Futbol instantaneo (XV): Alegrar a un país




Brandi Chastain se convirtió en heroína de su país al convertir el penalty decisivo en una final contra China delante de su público.
'Alegrar a un país'



La edición de 1999 fue la tercera de la historia del mundial de fútbol femenino, habiendo sido inaugurada esta competición en 1991 con Estados Unidos como selección campeona. Tras no haber conseguido llegar a la final en la cita de 1995, la selección americana se presentaba aquel año con más ganas todavía de levantar de nuevo el trofeo y convertirse en las primeras en reeditar el campeonato en este torneo.

El fútbol femenino en EEUU no era profesional por aquel entonces (la Women's United Soccer Asociation no se creó hasta el 2000, siendo la primera liga femenina del país en la que se estableció el profesionalismo) y todas las jugadoras de la selección participaban en ligas universitarias que, en cualquier caso, ofrecían uno de los mejores niveles a nivel mundial en la disciplina. De este modo, grandes leyendas del fútbol femenino norteamericano como Carla Overbeck o Mia Hamm llegaban a este mundial sin haber conseguido nunca tener un contrato profesional dentro del fútbol.

Estados Unidos era además el país anfitrión aquel año y mostró desde el primer momento una gran superioridad. Ganaron todos los partidos de la fase de grupos concediendo sólo un gol, y en las eliminatorias solo Alemania les planteó problemas. Con esta carta de presentación llegaban a la final ante una también poderosa selección de China que tenía capacidad para aguarles la fiesta en casa lideradas por una de las mejores jugadoras de la historia, Sun Wen.

Disputada ante más de 90.000 personas en el Rose Bowl Stadium de Pasadena, la final fue un encuentro trabado y sin demasiadas ocasiones, en el que ambos conjuntos parecían tener más miedo de encajar goles que ganas de marcarlos. Esto provocó que se llegara al final del tiempo reglamentario con 0-0, y la prórroga tampoco sirvió para dilucidar a las ganadoras: habría tanda de penaltis. 

En los lanzamientos desde 11 metros, las cosas comenzaron muy igualadas. Los cuatro primeros lanzamientos entraron en la portería, estableciendo un 2-2 que daba todavía mayor incertidumbre sobre quien ganaría. No fue hasta que Liu Ying erró el tercer penalti de la selección china cuando se empezó a entrever confianza en las estadounidenses y nerviosismo en el lado asiático. En cualquier caso, nadie más había errado su pena máxima hasta que Brandi Chastain, defensora de EEUU se encaminó al punto de penalti para lanzar el decisivo. Ante ella, Gao Hong defendía la portería sabiendo que debía pararlo sí o sí, pero la lanzadora disparó un tiro colocado que la arquera china no pudo ni siquiera rozar, llevando a las suyas a la victoria delante de su público.

Chastain fue así una de esas pocas elegidas para experimentar la sensación de ser el motivo de la alegría de todo su país por una acción propia haciéndolo además delante de su público. Esta victoria fue además clave para dar mayor visivilidad al fútbol femenino y un impulso importantísimo para poner en marcha las competiciones profesionales que sobrevinieron un año después en el país norteamericano.

6 oct 2017

Futbol instantaneo (XIV): Dos minutos de gloria


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


La Champions League 98/99 destacó por dos cosas: Por ser la de la consagración de Andriy Shevchenko liderando su sorprendente Dynamo de Kiev y por su apasionante final, una de las más recordadas de la historia de la competición.

'Dos minutos de gloria'


Manchester United y Bayern de Múnich comenzaron la Champions League de aquel año en el grupo de la muerte. Además de los dos todopoderosos clubes, en el grupo D de aquel año se encontraba también el Barcelona y un mucho más modesto Brondby liderado por Ebbe Sand. Con aquel panorama, resultaba complicado adivinar qué dos equipos conseguirían pasar a la siguiente ronda, algo que finalmente consiguieron ingleses y alemanes.

Debido a que habían coincidido en el mismo grupo, ambos equipos acabaron yendo por diferentes caminos hasta llegar a la final, donde se encontraron de nuevo. El United tuvo unos enfrentamientos mucho más duros (tuvo que dejar por el camino a Juventus e Inter), pero consiguió llegar al partido decisivo completamente imbatido en la competición y con cierta categoría de favorito debido a ello.

No obstante, la final empezó a pedir de boca para el equipo bávaro dirigido Ottmar Hitzfeld, ya que un gol de Mario Basler de falta en el minuto 6 les ponía las cosas de cara desde muy pronto. El futbolista alemán supo engañar a Peter Schmeichel (que jugaba su último encuentro como Red Devil) e introducir el balón en la portería para que su equipo empezase dominando el marcador. A partir de aquí, los alemanes optaron por hacerse fuertes atrás y tapar espacios, haciendo que el United se bloqueara y fuese incapaz de encontrar la forma de hacer daño.

Viendo que el partido no estaba para jugar a lo que estaban jugando, Ferguson optó por dar entrada a dos rematadores natos y buscar hacerles llegar el balón de la forma que fuera: Teddy Sheringham y Solksjaer entrarían para intentar cazar algún gol que les metiera en el partido.

Con este contexto, el de un Manchester volcado a por el gol y un Bayern cómodo dejando atacar, el partido parecía atrancado y las caras en el banquillo muniqués eran de alegría, apareciendo incluso algún gesto de celebración antes de tiempo. Pierluigi Colina señalaba el añadido y se agregaban 2 minutos: todo estaba casi hecho. Pero la alegría no duraría mucho más, pues un disparo de Giggs al poco de que la tablilla fuese mostrada fue rechazado por Oliver Kahn y el recientemente ingresado Sheringham aprovechó para recoger el balón e introducirlo en la meta. El empate se establecía a pocos segundos de haberse cumplido el minuto 90.

De este modo, con menos de dos minutos por jugarse, todo el mundo daba por hecha la prórroga. Pero el Bayern está noqueado, y sus jugadores perdieron el balón nada más sacar de centro. El United, inyectado de moral gracias al inesperado empate, tira de empuje y llega hasta la zona de peligro, donde consigue ganarse un corner, la última jugada del tiempo reglamentario. Sería Giggs quien golpearía el saque de esquina para remate de Sheringham, que esta vez no consigue marcar. No obstante, Kahn fue incapaz de nuevo de retener el balón tras su intervención, no pudiendo evitar que cayera al otro jugador recientemente incorporado al partido. Solksjaer estaba allí, dispuesto para rematar aquella ocasión, y no falló. El United había remontado una final de Champions en escasos dos minutos y no había tiempo para más. 

El por aquel entonces presidente de la UEFA, Lennart Johansson, había bajado del palco antes de la locura para entregar el trofeo, que inocentemente se encontraba ya engalanado con adornos con colores del Bayern para ganar tiempo. Johansson, mientras salía del túnel de vestuarios, se mostraba enormemente sorprendido y sin creérselo. Más tarde manifestó: "Estaba sorprendido. Veía a los ganadores llorando y a los perdedores saltando y no entendía nada". Eran las palabras de toda Europa, nadie podía creérselo salvo los 11 jugadores que lo habían conseguido y su técnico, que festejaban sobre el césped una gesta que pasó a la historia.

31 oct 2016

Futbol instantaneo (XIII): El feliz regreso



 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


Hay muy pocos futbolistas en la historia del fútbol que consiguieran hacer levantar a gradas rivales para aplaudirles. El protagonista de hoy es uno de ellos.

'El feliz regreso'
 


No se descubre nada nuevo diciendo que Ronaldino fue un futbolista diferente. Uno de los jugadores más espectaculares, mágicos e impredecibles de la historia que dejó una gran huella en sus actuaciones sobre el césped, pero también fuera del campo. Al menos, eso es lo que siempre se pudo ver en cada uno de los reencuentros con antiguos compañeros, que siempre le saludaron con especial aprecio.

Uno de los mejores ejemplos de esto ocurrió durante el trofeo Joan Gamper disputado en 2010 en el Camp Nou, y que enfrentó al Barça con el Milan. El futbolista brasileño había sido fichado por el equipo rossonero  dos años antes, y aquel encuentro significaba su vuelta al estadio que lo había encumbrado como jugador a nivel mundial. El trofeo serviría como forma de homenaje al jugador, que pudo de esa forma quitarse la espina de no haber podido irse del club en su momento por la puerta grande.

Durante las fotos previas al encuentro en las que los equipos forman con la alineación inicial, Carles Puyol se acercó a su compañero en representación de la plantilla del Barcelona e invitó a Ronaldinho a sacar la foto como uno más de ellos. Su uniforme desentonaba, pero en su cara y en la de Puyol podía notarse que, igualmente, se sentía uno más. Sin duda, fue un adiós mucho más amable que el que recibió en 2008, cuando Guardiola prescindió de él en sus primeros días al cargo del equipo azulgrana. Aquel partido significó también la última visita de la carrera del futbolista brasileño a la que había sido su casa durante 5 años.

Aunque en el improvisado homenaje a la antigua estrella, y teniendo en cuenta que lo que estaba en juego era un torneo amistoso, el resultado era lo de menos, aquel partido acabó llevándoselo el equipo local tras la tanda de penaltis.

9 may 2016

Futbol instantaneo (XII): Una celebración de narices


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Hay celebraciones de gol que pasan a la historia. Los bailes de Roger Milla, las cunas de Bebeto, Mazinho y Romario o o el robot de Peter Crouch son imágenes que se quedaron grabadas para el recuerdo en la memoria popular. No obstante, no todas las celebraciones son actos de alegría, sino que de vez en cuando obedecen a otras razones. La que hoy protagoniza este artículo fue una reivindicación mezclada con provocación y provocó gran conmoción en la Inglaterra de finales de los noventa.

'Una celebración de narices'


A Robbie Fowler siempre le persiguió la fama de futbolista polémico, y no es que él se esforzase demasiado por cambiarlo. Su controversia más conocida fue, sin duda, la que protagonizó en un derby entre Liverpool y Everton. En los días previos a aquel partido, los aficionados rivales se habían empeñado en hacer de Fowler (probablemente debido a que conocían su impredecible personalidad) el principal objetivo de sus provocaciones. Entre los aficionados toffees se propagaba el rumor de que el delantero red consumía sustancias nada legales en su tiempo de ocio, y todo aquello llegó a oídos del futbolista, que no pareció tomárselo nada bien. 

En el día del encuentro, un 3 de abril de 1999, el Everton empezó adelantándose muy pronto, cuando Olivier Dacourt batió a David James en el minuto 1 de partido. El ambiente en Anfield se ponía de esa forma muy tenso, y Fowler no era ajeno a ello. Quince minutos después, el colegiado señaló penalty a favor de los locales y fue él el encargado de ejecutarlo. Sin pensárselo demasiado, lo lanzó raso y ajustado al palo izquierdo del portero, que no pudo hacer nada para detenerlo. Fue un gol más en un partido más, que no habría pasado a la historia de no ser por la celebración que sobrevino. Fowler corrió a la línea de fondo, se arrodilló sobre la cal y comenzó a avanzar lentamente tapándose una fosa nasal con la mano y acercando la nariz al suelo. 

Sus compañeros reaccionaron rápidamente y McManaman lo levantó para que dejase su curiosa actividad, pero Fowler seguía dirigiendo gestos de rabia hacia la hinchada rival. Cuando su compañero le soltó, confiando en que se había calmado y volvería con todos a campo propio, volvió a hacer exactamente lo mismo, siendo en ese momento reprendido por Rigobert Song. El partido transcurrió después de eso con relativa normalidad hasta la victoria final del Liverpool por 3-2, pero el incidente no pasó desapercibido para nadie. Cuando se le preguntó a su entrenador Gérard Houllier lo que opinaba de todo aquello, no se le ocurrió más que decir que era una celebración africana en la que se simulaba comer hierba y que su compañero Song le había enseñado, una excusa que resultó poco creíble.

El incidente conllevó seis partidos de suspensión para el jugador, que además se vió obligado a ofrecer disculpas públicas tras el gran revuelo causado en Inglaterra.

3 may 2016

Fútbol instantáneo (X): El heredero estaba en casa


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

En el día de ayer se confirmó el feliz final de la que a buen seguro es la historia más sorprendente de la temporada. El Leicester City consiguió una emotiva hazaña partiendo la temporada como uno de los equipos que lucharían por no descender y convirtiéndose, al final, en el campeón de la Premier League. En el camino hacia su gesta logró granjearse amplias simpatías entre aficionados de todo el mundo, y no es para menos, pues la escalada en poco más de un lustro desde League One hasta el campeonato de la máxima categoría con una plantilla plagada de jugadores sin demasiado cartel que supieron convertirse en superestrellas es una historia digna de admirar. Hasta aquí sólo dije lo evidente, pero dentro de la felicidad de los Foxes hay alguna intrahistoria digna de contar.

'El heredero estaba en casa'


Los hechos nos dicen que es poco habitual ver a un danés ganando la Premier League inglesa. Hasta el día de ayer sólo dos jugadores nacidos en Dinamarca habían ganado el trofeo, ambos con el Manchester United: Peter Schmeichel y Anders Lindegaard. No obstante, sólo uno de ellos lo hizo siendo titular indiscutible en su equipo (Schmeichel). Tras el último título del que, sin duda, es uno de los  mejores porteros de la historia de este deporte, pasaron 17 años sin que ninguno de sus compatriotas levantase el título siendo pieza importante de su equipo. 

Esque sequía se cortó ayer, cuando otro danés logró de nuevo hacerse con el ansiado título de la liga inglesa, siendo protagonista además de una historia épica como la que se vivió en Leicester. Ese hombre, también portero, no es otro que Kasper, el hijo de Peter, que en la foto superior aparece celebrando uno de los cinco títulos de Premier League conseguidos por su padre. Ambos, curiosamente, consiguieron su primer título de esta competición con 29 años.

La historia del éxito de Kasper no fue fácil. Comenzó su carrera a muy temprana edad en el Manchester City, equipo en el que por aquel entonces coincidió con su padre. El joven portero no estaba todavía preparado para la máxima categoría por aquel entonces, y se vio envuelto en una serie interminable de cesiones a equipos de categorías inferiores inglesas.  Durante las cesiones consiguió siempre la titularidad, pero al regresar a Manchester la experiencia ganada en League Two nunca era suficiente. Cuando en la temporada 07/08 parecía que todo iba a cambiar y contaba con confianza en el City of Manchester, jugando partidos y renovando su contrato, la irrupción de Joe Hart cambió su destino y le relegó a más cesiones y a la suplencia durante sus estancias en el equipo Citizen.

En la 2009 decidió irse definitivamente del City y fichó por el Notts County de League Two, que contaba con un ambicioso proyecto a medio plazo. No duró mucho allí, y tras un corto paso por el Leeds llegó a su actual equipo, el Leicester, para retornar al lugar que ansiaba desde que dejó el City: La Premier League. No fue fácil, pues fichó cuando el equipo estaba todavía en Championship y no mucho después de que ascendiese desde League One, pero fue allí donde consiguió estabilidad y confianza para acabar, años después, emulando a su progenitor.

28 mar 2016

Fútbol instantáneo (XI): Ellos señalaron el camino


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Hace unos días se iba una de las mayores leyendas de la historia del fútbol. Johan Cruijff, el eterno 14, será siempre recordado como uno de los hombres cuya aportación individual influyó de manera más significativa en el fútbol de su tiempo, una influencia que continúa notándose en la actualidad.

'Ellos señalaron el camino'



Durante décadas, sólo hubo cinco. Cinco hombres cuyo nombre se escribió sin discusión alguna en el más alto nivel de la pirámide futbolística, convirtiéndose en intocables. Algunos, sin éxito, opositaron de manera firme para situarse a su altura, pero todos, algunos con mayor crueldad que otros, fueron desechados mientras los insustituibles cinco miraban desde arriba. Antes de que Messi llegara para exigir acogida por las buenas o por las malas como el sexto de ellos, Pelé, Maradona, Di Stéfano, Cruijff y Beckenbauer reinaban sin discusión por encima del resto.

Los dos últimos, holandés y alemán, vivieron sus carreras con una interesante particularidad: fueron los únicos de los cinco que vivieron su plenitud de manera contemporánea en el fútbol europeo. El Flaco y El Káiser vivieron la rivalidad más significativa de su tiempo, la búsqueda del reconocimiento como el mejor de su época. A pesar de que sus enfrentamientos no abundaron tanto como si jugasen en la misma liga, sí que pudieron enfrentarse cara a cara en un puñado de partidos, siendo el más significativo la final del Mundial 74'. Aquel encuentro acabó con victoria alemana, pero Beckenbauer siempre dijo públicamente que, para él, Johan era el mejor.

Ambos futbolistas comenzaron (o culminaron, según se mire) una revolución en el fútbol que lo condicionó para ser lo que es hoy. Beckenbauer demostró que se podía ser el mejor defensa del mundo con clase (aunque también con contundencia), sin limitarse al concepto de dureza y sobriedad imperante, mientras que Cruijff sembró un precedente curioso: fue el primer crack elegante. No fue el primero en exhibir una técnica brillante, ni en inventar dentro de un campo lo que parecía imposible, pero sí fue el indiscutible precursor del futbolista bohemio. Estableció las bases de un estilo de jugador que hasta su llegada apenas existía, y con su precedente comenzaron a aflorar talentos modelados según su patrón. Los dos rivales, que también supieron ser amigos, fueron en su época mucho más que espectáculo: fueron ejemplo.

No obstante, en el aspecto en el que Cruijff ganó la partida de manera holgada en esta batalla de influencias fue en los banquillos. Es cierto que el Káiser consiguió la gesta de ganar un Mundial tanto de jugador como de técnico, pero lo que sembró el holandés es complicado de explicar con palabras. No sólo dirigió a uno de los equipos más emblemáticos y dominantes de su era (el Dream Team) y cambió por completo la mentalidad de un equipo que vivía a su llegada una época de cierta depresión, sino que fue el principal impulsor de unas bases que se asentaron en la forma de trabajar de la cantera del Barcelona según las que el club a día de hoy (en una versión actualizada con los tiempos) sigue trabajando, y que fue la raíz de sus más recientes éxitos.

En la foto que encabeza este artículo se ve reflejado un significativo instante acaecido durante un partido entre Ajax y Bayern en 1973. Ambos futbolistas, líderes indiscutibles de sus equipos, aparecen, como si se hubiesen sincronizado previamente, señalando de la misma manera una acción a sus compañeros. Quizás, la instantánea más icónica del fútbol de los 70.

23 mar 2016

Fútbol instantáneo (IX): El castigo del 'codino'


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Hay jugadores a los que un episodio de su carrera les persigue para siempre. Roberto Baggio fue uno de los mejores futbolistas de su generación, pero a duras penas podrá olvidar su error en la final del Mundial de 1994.

'El castigo del codino'



La selección de Italia se presentó en Estados Unidos en junio de 1994 con una plantilla de gran nivel. Maldini, Baresi, Albertini... Y por encima de todos, el por aquel entonces último Balón de Oro, Roberto Baggio. El delantero de la Juventus estaba en el mejor momento de su carrera, y aunque durante la fase de grupos no estuvo del todo acertado, en las eliminatorias desplegó todo su nivel y fue el principal artífice de que su equipo llegara a la final del torneo gracias a sus 5 goles y a su indiscutible calidad. No obstante, en el partido decisivo todo se torció.

Baggio empezaba el encuentro definitivo contra Brasil incómodo debido a unos problemas en el muslo que arrastraba desde el partido de semifinales, pero el delantero era innegociable para Sacchi. Las molestias no le impidieron crear unas cuantas ocasiones ante la portería de Cláudio Taffarell, pero su selección fue incapaz de anotar gol, y tanto los 90 minutos reglamentarios como la prórroga terminaron con 0-0. Era turno de la lotería de los penaltis.

La tanda no empezó bien para los italianos. Baresi falló el primer disparo, y algo más tarde, Massaro erró también el suyo. Cuando le llegó el turno a Baggio, que se había reservado el lanzamiento definitivo, el marcador estaba 3-2 a favor de los brasileños y un nuevo error sería definitivo. El italiano dió un notable número de pasos hacia atrás, y sin pararse siquiera a visualizar los tres palos se encaminó a golpear la bola, pero con demasiada fuerza. Su disparo se marchó muy por encima de la portería y las opciones de Italia se quedaron en nada. Dos de sus compañeros también habían fallado, pero la valentía de tirar el lanzamiento decisivo lo centró todo en su figura. Aquella final pasó a ser la del penalty de Baggio, y el episodio fue recurrentemente recordado durante toda su carrera. Aún tras su retirada manifestó que pensaba en aquello con frecuencia.


No obstante, el estigma arrastrado por Baggio a partir de aquel momento fue totalmente injusto. Habría sido muy poco probable que sin su impresionante desempeño durante la fase eliminatoria Italia hubiese llegado a la final por delante de Bulgaria o España, que habían demostrado más en cuanto a colectivo, pero el Codino fue determinante en los partidos contra ellos.

Aquel error pesó en Baggio más de lo esperable, y él mismo reconoció que le había afectado durante muchos años, y puede que hiciese mella en su confianza y capacidad de aguantar la presión, pues desde aquel momento no volvió a triunfar del todo jugando para un grande como había hecho anteriormente, y sólo pudo volver a destacar a su nivel con los colores de equipos más modestos y con menor exigencia, como el Bologna o Brescia.

14 mar 2016

Fútbol instantáneo (VIII): El gol de la escupidera



 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Es una práctica milenaria en todo patio de colegio en el que se practica el fútbol. Un gesto que busca el máximo aprovechamiento de la frustración del contrario cuando este sabe que va a encajar un gol. No obstante, en el fútbol profesional también tuvo sus practicantes. El de hoy es un ejemplo de ello. 

'El gol de la escupidera'


Francisco Criado Jurado, conocido futbolísticamente como Quirro, fue un delantero cordobés de las décadas de los 50 y 60. Tras iniciarse como profesional en el Sevilla, donde no tuvo muchas oportunidades, vivió sus mejores años en Segunda División, entre Cádiz y Huelva. Fue precisamente durante su estancia en el Recreativo cuando tuvo lugar el que probablemente fuese el momento más peculiar de su carrera como futbolista.

En la temporada 58/59, el equipo onubense había preparado un ambicioso proyecto para conseguir el ascenso a Segunda que se le llevaba resistiendo un par de años, desde su último descenso. Jugadores de calidad y con pasado en la máxima categoría española, como el protagonista de nuestra historia, llegaron a Huelva para llevar al equipo a la categoría soñada, y lo cierto es que lo consiguieron de manera brillante, con una sola derrota en 30 partidos en la que por aquel entonces era la Tercera División (que equivalía, en cuanto a posición en la pirámide, a la actual Segunda B).  

Tras este paseo militar, llegaba el escollo más importante para conseguir el objetivo: la promoción de ascenso. Después desembarazarse sin problemas del Calvo Sotelo, el rival más duro posible se interpuso en el camino del equipo andaluz. El Albacete, el otro gran favorito al ascenso, sería el último obstáculo para conseguir el ansiado ascenso.

La eliminatoria fue muy accidentada. El partido de ida, en tierras manchegas, se saldó con un disputadísimo 1-1 y con palpable tensión en el ambiente. Los locales acabaron el partido crispados ante las decisiones del árbitro, que juzgaban como perjudiciales para sus intereses y claramente erróneas, y todo acabó en una trifulca que tuvo como resultado la agresión al colegiado por parte de un puñado de jugadores del Albacete y duras sanciones a los implicados. También se produjo el lanzamiento de objetos desde la grada, con la consiguiente multa para el equipo de casa.

Aquel primer partido no sólo enrareció el ambiente y creó un caldo de cultivo para que una marcada rivalidad surgiera de cara al partido de vuelta, sino que además provocó que los manchegos viajaran a Huelva con numerosas bajas. El Recre lo tenía todo de cara y no fallaron, consiguiendo manejar el partido y llegar a los últimos minutos del mismo con un cómodo 2-0. 

No obstante, la traca final se la reservó Quirro para el minuto 88, cuando un balón largo llegó a sus dominios. El delantero andaluz corrió hacia la bola y, al ver al portero muy adelantado debido al contexto del encuentro, inició una rápida carrera hacia portería, dejando atrás al guardameta y llegando a la línea de gol con sobrada holgura como para no ser alcanzado por nadie. Tan clara vio la situación que optó por sentarse cómodamente sobre el esférico durante un par de segundos, mientras el portero volvía con paso resignado a su meta. No fue hasta que el rival se acercó suficiente cuando el delantero se decidió a darle un taconazo que llevó el balón hacia dentro de las mallas, sentenciando definitivamente el encuentro y certificando el ascenso del Decano, que no consiguió mantener la categoría al año siguiente.

11 dic 2015

Fútbol instantáneo (VII): La patada del diablo


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

En Old Trafford siempre gustaron los jugadores temperamentales, esos que se convierten en la perfecta analogía del Diablo Rojo que simboliza al Manchester United. Entre todos esos jugadores, es uno en particular quien destaca sobre el resto.

'La patada del diablo'





Eric Cantona fue uno de los iconos más reconocibles del fútbol de los 90. Héroe y villano, amado y odiado, alabado y vilipendiado... Nunca dejó a nadie indiferente sobre su personalidad, pero si hay algo que todo el mundo reconoce al unísono es que fue un futbolista de un talento tan inabarcable como tempestuoso. Quizás su caso sea comparable, extrapolándolo a un modelo actual, al de Zlatan Ibrahimovic. Aún siendo futbolistas de estilos diferentes, coinciden en ciertos rasgos característicos.

Cantona era tan impredecible fuera del campo como dentro de él y, por supuesto, también lo era en la zona de frontera entre ambos medios (es decir, durante el momento de abandonar el césped). En un partido en Selhurst Park contra el Cristal Palace en enero de 1995, el francés protagonizó la que probablemente sea la anécdota más recordada de su carrera. Una reacción que vino a demostrar el gusto del delantero por tomarse la justicia por su mano.

Era la estrella y tenía la fama de personalidad complicada. En todo estadio que pisaba, era el objetivo de futbolistas y aficionados rivales, que ejercían un acoso dentro de los límites sobre él para intentar aprovecharse de su temperamento. Por otra parte, Cantona siempre se caracterizó por tener un marcado rechazo a las injusticias, y en aquel encuentro se encontró también con eso. Richard Shaw, uno de los defensas rivales, le hizo un férreo marcaje durante todo el partido, con algunas acciones que el talentoso futbolista francés protestó airadamente al árbitro, como un notable agarrón en la camiseta que le impidió avanzar en un forcejeo ocurrido durante la primera parte.

El ya caldeado ambiente entre ambos futbolistas llegó al máximo en el minuto 56 de partido, cuando peleaban por llegar a un balón largo lanzado por Peter Schmeichel a zona de nadie. Cantona, sintiéndose nuevamente obstruido de manera ilegal, no pudo refrenar una mezcla entre rabia y frustración y provocó el final de su partido propinándole una patada en la espinilla a su rival, lo que provocó su expulsión. Era la quinta tarjeta roja en su carrera con el United.

No obstante, no fue ese incidente el que hizo que aquello se recuerde todavía hoy. Durante su camino hacia el túnel de vestuarios, Cantona vio como un seguidor del Palace le seguía corriendo por la grada increpándole y gritándole que se fuera de vuelta a Francia (añadiendo, entre medias, alguna mención a una supuesta profesión de su progenitora), algo que el carácter de Eric, ya suficientemente castigado, no soportó. El emblemático número 7 de los red devils descargó la ira acumulada por la expulsión sobre el seguidor rival, propinándole la patada voladora que se puede observar en la imagen y algún que otro puñetazo al aire.

Aquel incidente hizo correr tinta y conllevó una dura sanción para el jugador del United, que no volvió a jugar durante aquella temporada. Por otra parte, aquello también nos dejó la que probablemente sea una de las ruedas de prensa más apoteósicas de la historia de este deporte. Un Cantona con cara muy seria entraba en una sala atestada de periodistas buscando carnaza y, segundos después de sentarse, pronunciaba con inquebrantable calma las siguientes palabras:

"Cuándo las gaviotas siguen al pesquero es porque creen que tirará sardinas al mar"

Tras las cuáles, y sin mediar palabra, se levantó y abandonó a una multitud cariacontecida y que se debatía entre la risa y la confusión. The King lo había vuelto a hacer, había dejado al mundo sin palabras.

14 nov 2015

Fútbol instantáneo (VI): La furia del capitán


  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Dave Mackay fue uno de esos jugadores ásperos tan típicos fútbol británico de los años 60. Con carácter marcado, contundencia dentro del campo y una capacidad de liderazgo que le llevó a ser el capitán del Tottenham ganador del doblete en 1961, tuvo que vivir con una fama de tipo duro que nunca le gustó demasiado tener fuera del césped. Poco le ayudó su fotografía más icónica, que siempre manifestó odiar debido a que opinaba que le representaba como un abusón.

'La furia del capitán'



Allá por el año 1966, y a pesar que con el transcurso de los años la aparición puntual de futbolistas de contundencia al límite de la legalidad penal como Roy Keane o Joey Barton fuese vista como una rareza, la figura del tipo duro no era algo para nada fuera de contexto dentro de un campo de fútbol, sobre todo en Inglaterra. Dave Mackay era esa clase de futbolista. Era el alma de su equipo, capaz de entrar con todo al inigualable George Best o tratar de levantarse para seguir jugando un partido tras romperse una pierna, y por ello nadie osaba rechistarle. Ni siquiera Billy Bremner, la volcánicamente temperamental estrella de aquel viril Leeds United entrenado por Don Revie osó hacerle frente. Es a Bremner a quien sujeta de la camiseta en la imponente escena, sin que este parezca capaz de reaccionar ante la cara de odio que se le acerca peligrosamente.  

A Mackay siempre le disgustó la foto. No le gustaba la imagen que daba de él, y es que, a pesar de que mostraba un caracter bestial en el campo, era más que eso. Sabía manejar el juego de su equipo, y el fútbol de uno de los mejores Spurs de la historia estaba condicionado por su presencia en el campo (en alguna ocasión él mismo comparó su juego con el de Paul Scholes). Décadas más tarde, el propio protagonista explicó su reacción en aquel encuentro:

"[Bremner] me dio una patada en la pierna que había roto dos veces. Si me hubiese golpeado en la otra podría haberme dado igual, pero no soporté que me hubiese dado en esa. Pude haberle matado aquel día"
El final del enfrentamiento se resolvió con una charla de reproche del árbitro y la posterior separación de ambos contendientes. Ni una tarjeta o amenaza de sacarla. El fútbol de antaño era un mundo diferente y Mackay nunca, en toda su carrera, fue expulsado.

11 oct 2015

Fútbol instantáneo (V): El abrazo del alma


  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

La foto de hoy tiene título propio (debido al titular que la acompañó en su día en la portada de la revista El Gráfico), no hubo que buscárselo de manera improvisada para aparecer en esta sección. Se tomó hace ya 37 años, y es una de las fotografías más aclamadas de la historia de este deporte.

'El abrazo del alma'

El abrazo del alma


1978. El Mundial de aquel año se disputaba en Argentina, y la selección local se presentaba con una plantilla a la altura de la gran cita, a pesar de la ausencia de la jovencísima estrella de Argentinos Juniors, Diego Armando Maradona, que a sus 17 años fue excluído de la convocatoria por César Luis Menotti para dar entrada al más experimentado Omar Larrosa.

Aquel equipo, que contaba en sus filas con iconos como Kempes, Passarella o Fillol, consiguió llegar a la final del torneo y jugarse el campeonato delante de su afición ante una Holanda que ofreció una dura resistencia, empatando en el minuto 82 un partido que los locales habían ido ganando desde la primera parte, y forzando de esa manera la prórroga. En los 30 minutos de tiempo extra ambas selecciones dieron muestras de flaquear, pero la albiceleste supo aprovechar mejor ese contexto, anotando dos goles que les llevarían a conseguir su primer Campeonato del Mundo. 

Tras el pitido del árbitro, el argentino Alberto Tarantini se dejó caer al suelo, extenuado y sin poder creer todavía que lo habían conseguido. Tras unos segundos, se levantó y corrió hacia su portero, Ubaldo Fillol, que estaba postrado en el césped sin poder contener la emoción de la victoria. Ambos jugadores se abrazaron arrodillados en el suelo, y fue ahí cuando un aficionado que había conseguido saltar al campo apareció para compartir el momento. Ese aficionado, llamado Victor Dell'Aquila, tenía la particularidad de haber perdido ambos brazos en un accidente, y cuando se acercó a los futbolistas no pudo abrazarlos de manera física, pero su presencia fue un emotivo añadido a una imagen que pasó a la historia del fútbol. Un abrazo con el alma.

6 oct 2015

Fútbol instantáneo (IV): Dos fenómenos contra El Fenómeno


  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Hay fotos que quizás no llegan a la categoría de históricas, pero eso no les quita fuerza cuando lo que enseñan es un instante significativo. En el caso expuesto hoy, una imagen vale más que mil palabras para hacerse una idea del peligro que suponía en su tiempo el que posiblemente fue el mejor 9 de la historia del fútbol.

'Dos fenómenos para el fenómeno'

Paolo Maldini, Ronaldo, Fabio Cannavaro


Si hace un tiempo se exponía aquí la admiración que causaba Ronaldo en un homólogo posicional como Zlatan Ibrahimovic, es momento ahora de efectuar un necesario contraste y dejar clara la sensación que producía en sus rivales defensivos, que no era otra que la del más puro pánico. Ese miedo innato al peligro causado por el brasileño era muy palpable sobre todo en la época en la que se dió esta instantánea, cuando aquella fatídica lesión de 1999 todavía no había hecho acto de presencia y su capacidad física era todavía sobrehumana.

La imagen muestra al delantero haciendo irse al suelo a dos defensas con marcada huella en la historia reciente del fútbol: Fabio Cannavaro, Balón de Oro en 2006 y Paolo Maldini, una de las mayores leyendas del Calcio. En ese partido, jugado dentro del calendario de aquel Tournoi de France organizado en 1997 como una competición amistosa en forma de liguilla entre las selecciones de Francia, Inglaterra, Italia y Brasil y tomada como una especie de calentamiento para el Mundial, Ronaldo fue un quebradero de cabeza para la Azzurra. Marcó dos goles en un partido que acabó 3-3, siendo pieza clave para que su selección remontase el 3-1 que mostraba el marcador en el 70'. La foto muestra con claridad la urgencia con la que los rivales intentaban parar sus galopadas, porque una vez llegaba a su máximo de potencia en conducción de balón era un jugador imparable.

Ronaldo fue la referencia futbolística internacional indiscutible en el cómputo global de la década de los 90, el último líder temible de un ejército brasileño que desde su marcha ya no es tan fiero como todos conocíamos en los años en los que O Fenómeno comandaba su ataque. Un mito al que las lesiones impidieron mostrar todo lo que habríamos querido, pero que supo reponerse de ellas y reconvertirse en un jugador igualmente letal.

6 sept 2015

Fútbol instantáneo (III): Pioneros de otro tiempo


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
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Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.co
Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmr Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.co
 
 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

A veces la historia tiende a olvidar a sus pioneros o, incluso de manera más cruel, a desplazarlos para ponerle el nombre de otro a su trabajo. En el caso que trataremos hoy son muchos los que tienen creencias erróneas sobre quienes fueron (en algunas versiones el Real Madrid, en otras el Barcelona) los que sentaron el precedente, pero nada más lejos de la realidad.

'Pioneros de otro tiempo'

Racing Santander Teka 1981

En los tiempos que corren, donde lo que más se valora en el mercado de la publicidad suele ser llegar a la gente valorando más la cantidad que la calidad, es habitual ver como Barcelona y Real Madrid (o sus jugadores) son los equipos que suelen introducir todas las novedades que llegan a nuestro fútbol. Los dos equipos grandes de la Liga española son los que recogen buena parte de la atención de todas las compañías que buscan dar repercusión a sus nuevos lanzamientos. Es habitual ver como se nos presentan productos como 'las nuevas botas de Leo Messi' o 'la marca oficial del Real Madrid', y suelen ser campañas efectivas debido al amplio número de seguidores que tienen.

No obstante, si pensamos en el signo más característico de publicidad en el fútbol, a muchos se nos vendrá a la cabeza los sponsors en las camisetas, y curiosamente no fue ninguno de los dos gigantes los que primero los lucieron. Tenemos que viajar algo más de tres décadas atrás en el tiempo, concretamente a 1981, y echar la vista a un partido disputado en el estadio Santiago Bernabeu  el 27 de diciembre de aquel año. El Racing de Santander, capitaneado por el inolvidable Manolo Preciado, saltó al campo con su segunda equipación y una peculiaridad nunca antes vista en el fútbol español: el logo de la empresa alemana Teka en la parte delantera, convirtiéndose así en el introductor de un fenómeno que se convertiría en una fuente vital de ingresos en los clubes de fútbol y que ya se había visto en Alemania o Inglaterra. 

El Racing perdió aquel partido por un contundente 4-0, pero se convirtió en precursor una vez más, pues no fue en esto en lo único en lo que el club fue el primero. También fue uno de los fundadores de la Liga, el primero en fichar extranjeros en la máxima categoría (los mexicanos Alonso y Fuente, en 1934), participaron en el primer partido televisado de la Primera División (Real Madrid - Racing en 1954) y se convirtieron en el primer equipo que oficializó su conversión a SAD en 1991.

29 ene 2013

Fútbol instantáneo (II): La pasión no entiende de épocas



Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

No todos los flashes van a ser para las estrellas. El fútbol no es solamente el que juega, sino también lo que lo rodea. Las aficiones son capaces de centrar la atención cuando el papel de los futbolistas llega a su fin. Y la pasión del aficionado a este deporte es atemporal.

'La pasión no entiende de épocas'



¿Qué tiene el fútbol, que crea pasiones desmedidas a su paso? ¿A quién pertenece este deporte con el que muchos sufren mientras otros pocos se lucran? Son preguntas de difícil respuesta, pero no hace falta más que ver una imagen para comprender por qué se formulan. "Fútbol, pasión de multitudes", como decía el inolvidable Andrés Montes. Una pasión a la que es complicado poner freno, y que hacer ciegos a los más reflexivos, desesperados a los más tranquilos e imprevisibles a los más templados. Sólo un partido es capaz de crear sentimientos de todo tipo, y cuando se habla del éxito cosechado mediante el trabajo de toda una temporada, mayor es aún la dimensión de la sensación.

Ese sentir elevado a infinito no conoce de edades, ni conoce de épocas históricas. ¿Quién habría sido capaz de decirle a la sentida afición del Granada que tenían menos motivos de celebración por conseguir la gloria en tiempos complicados? Puede que quizá tuvieran incluso mayor deber aún de disfrutar de lo bueno. La foto corresponde a la primera ocasión en la que el equipo andaluz ascendió a Primera División. Corría el 9 de abril de 1941 y la afición no quería perder la oportunidad de arropar a los héroes que llegaban de Castellón después de asegurarse de llevar al club a la máxima categoría por primera vez en su historia. La celebración, como se puede ver, fue multitudinaria a pesar de que el equipo contaba con tan sólo 10 años de historia.

En la imagen, tomada aquel día en la Plaza del Carmen, se puede observar como el número de congregados era muy elevado, de una magnitud que sólo un deporte como este es capaz de juntar. "Fútbol, pasión de multitudes".

27 nov 2012

Fútbol instantáneo (I): 'Buscaban la gloria'


  Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

Sale a la luz hoy una nueva sección en este blog, que se dedicará a recopilar y comentar las fotografías/imágenes más significativas, históricas, curiosas etc. que nos dejó el fútbol a lo largo de su historia. 

'Buscaban la gloria'


Saltaban al campo sabiendo que podían ser los primeros. Era 30 de julio de 1930, y en juego estaba levantar por primera vez el trofeo dorado denominado por aquel entonces 'La diosa de la victoria', que se rebautizaría más tarde como Copa Jules Rimet y que ahora es conocido simplemente como el trofeo del Mundial. 

El Estadio Centenario de Montevideo lucía sus mejores galas. Uruguay se había ganado el privilegio de organizar la primera Copa del Mundo de fútbol de la historia debido a su victoria en los Juegos Olímpicos dos años antes, y la afición local veía cómo los suyos podían convertirse en campeones delante de su público, y además ante un rival histórico como Argentina.

En la foto se puede ver a los dos equipos saltando al campo. Los argentinos al lado izquierdo de la imagen y los uruguayos a la derecha, con sus capitanes al frente (Manuel Ferreira y Jose Nasazzi respectivamente), buscarían aquel día coronarse como la primera selección campeona de un Mundial. La victoria sólo podía caer de un lado, y fueron los locales quienes se llevarían el torneo, después de ganar 4-2 a sus rivales.