Antonio Hidalgo contra las expectativas que nunca prometió
Antonio Hidalgo no es un mal entrenador de fútbol. Su etapa en Sabadell hizo que su presidente llegara a hablar de él como el mejor entrenador de la historia del club. En el Sevilla Atlético enderezó el rumbo de un equipo que era colista de Segunda Federación cuando llegó y sentó las bases de un ascenso que llegaría al año siguiente, aunque sin él ya en el banquillo: a mitad de aquella temporada el Huesca se lo llevó para entrenar en Segunda División. En el equipo aragonés hizo un poco de lo mismo. Cogió a un equipo hundido en los puestos de descenso en la jornada 10 y, después de salvarlo en su primer año, rondó el play-off de ascenso durante su segunda temporada.
Esas fueron las credenciales con las que llegó a Coruña, que se pueden ver como una carrera con un porcentaje de éxito total (obviando que en Sabadell, tras un mal comienzo en su última temporada, fue destituido). Su primera campaña en el Dépor está también fuera de toda duda a nivel de resultados, pues devolvió al equipo blanquiazul a Primera División después de casi una década en el barro. A partir de ahí, podemos debatir si su forma de conseguir el ascenso fue rácana y poco estética, pero en ese debate nos equivocaremos si nos empeñamos en exigir cosas que nunca se prometieron.
Concuerdo con muchas ideas que leo y escucho. No me enamora el estilo, creo que hay jugadores para jugar a otra cosa más atractiva y que incluso las características de la plantilla no son las ideales para jugar a esto. Hay rasgos que entran bastante en conflicto con la idea de jugar esperando en campo propio, como la carencia de una línea defensiva de jugadores tácticamente ordenados. De hecho, Noubi y Ede son lo contrario a eso, y la totalidad de los laterales disponibles destacan más por sus cualidades ofensivas que por el aspecto defensivo. Tampoco me convence la idea de Yeremay siendo una especie de delantero que actúa como verso libre en lugar de un extremo zurdo que genera peligro decidiendo cuándo aparece por el centro y cuándo abre campo para volverse impredecible. Y, por supuesto, me horroriza la idea de ver a Mella hundido en campo propio cuando el equipo recupera el balón en lugar de atacando la línea defensiva rival para hacer daño a la espalda.
Hay bastantes aspectos de su propuesta con los que no estoy de acuerdo, sí, y en un mundo ideal me gustaría ver que se hacen de otra manera. Pero en este instante los resultados dicen que el 12º equipo de la categoría en valor de mercado está 8º en la clasificación, y el único equipo que tardó más tiempo en perder esta temporada fue el Barcelona. Sin enamorar a nadie, pero compitiendo de tú a tú contra todos los rivales salvo por 60 minutos para el olvido en Anoeta. Creo que hay que poner eso en valor antes de echar a nadie a los pies de los caballos, pero sobre todo hay que poner en valor que Antonio Hidalgo en ningún momento prometió otra cosa. Nunca dijo que viniese a Coruña a practicar un fútbol opuesto al que venía haciendo en su trayectoria. Se le fichó siendo ese entrenador defensivo y ordenado y lo único que hace es ser fiel a la idea que le hizo llegar a donde llegó. Sabíamos lo que fichábamos cuando vino aquí y podemos exigirle mejoría en lo que hace, pero no podemos exigirle lo que nunca quiso dar.
Contra el Levante se empató ante un rival que no demostró ser un equipo especialmente peligroso y los cambios no dieron con la tecla, pero solo un error impropio de un portero de la categoría y un fallo a puerta semivacía evitaron la victoria de un recién ascendido cuyo jugador más importante está lesionado para dos meses. No puedo sacar la bola de cristal para predecir si trayendo a otro entrenador acabaríamos jugando Champions y manteniendo a Hidalgo descenderemos, pero a día de hoy no creo que sea merecido empezar a cuestionar su continuidad cuando estamos muy lejos de pensar en situaciones preocupantes. Seamos conscientes de que hasta ahora no lo está haciendo mal, sino que lo está haciendo de una forma que conceptualmente no nos gusta. La afición puede y debe exigir más fútbol a Antonio Hidalgo, pero las críticas al estilo no deben confundirse con una condena a su trabajo. Hoy, al menos, las razones para discutir su continuidad no van más allá de gustos personales y sensaciones inciertas.






