1 jul. 2020

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La locura que da la experiencia

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


El Deportivo jugó ayer el que sin duda fue uno de los mejores partidos de la temporada, no carente de esa dosis de dramatismo que acompaña a cada uno de los encuentros de este equipo en los que lo normal ya comienza a ser el surrealismo. En Tenerife se consiguió dejar a un lado ese polémico aplatanamiento mencionado por Fernando Vázquez en la previa y se jugó como debe jugar un equipo que aspira a salir del pozo: de tú a tú y sin arrugarse. Y dentro de ese buen encuentro hubo un detalle curioso: Borja Valle jugó en el doble pivote durante buena parte del encuentro y Bergantiños actuó en el centro de la defensa.

Haber visto esto no es trivial. Es cierto que Álex había jugado ya de central en diferentes ocasiones en el pasado, pero lo cierto es que en mi opinión no lo había hecho nunca a un nivel ni siquiera cercano al mostrado en los últimos partidos. En esa posición de líbero moderno, decidiendo según el contexto si actuar como tercer central o dar un paso adelante para contribuir en el centro del campo, el coruñés se está encontrando cómodo dentro del contexto creado a su alrededor y está resultando ser un plan de emergencia ante las bajas que funciona incluso mejor que el plan que había antes de las lesiones que llevaron al capitán a ocupar este puesto. 

En cualquier caso, el hecho de que Bergantiños juegue de central, como ya dije, no es inédito. El caso realmente sorprendente es el de un Borja Valle que hasta hace días nadie lo veía como otra cosa que como un atacante más impetuoso que ordenado. Cuando en el último tramo del encuentro contra la Ponferradina sustituyó a Uche la incomprensión fue la sensación predominante, pero lo único cierto es que con su presencia se remontó un partido que estaba perdido en el tiempo añadido. Muchos de los mejores minutos de fútbol jugados por el Dépor esta temporada se jugaron con él sobre el campo en un puesto en el que nunca se le había visto y eso es digno de mención y reflexión.

A la vista de esto (y también a la vista del caso de Mollejo, que durante varios partidos ejerció de forma notable como lateral izquierdo de emergencia a pesar de que también era un puesto desconocido para él) debemos darle el merecido crédito al entrenador, porque su labor es ver cosas que los demás no ven y en este caso lo logró con creces. Hay que tener mucho fútbol interpretado a tus espaldas para saber ver que ese Borja Valle que siempre actuó de extremo o delantero podía aportar cosas muy interesantes situándolo en un puesto en el que estaba inédito. En ese doble pivote supo ocupar el puesto de manera solvente, dar continuos apoyos tanto en la distribución de balón como en la presión y, sobre todo, contribuir de manera impecable a mantener la posesión del balón. Con él en el campo el Dépor supo ser dominante con la pelota y no pasar apuros sin ella de una forma que no había visto en toda la temporada. No todo el mundo es capaz de intuir este buen rendimiento potencial y casi nadie es capaz de atreverse a probarlo en partido oficial.

Es cierto que los números desde la llegada de Vázquez son impresionantes, pero a mí me gusta ir más allá de la simple estadística y resaltar también que todo esto no se limita a la reactivación psicológica conseguida: Su lectura de juego y su capacidad para buscar lo mejor de sus jugadores está siendo de un altísimo nivel. Es cierto que en ocasiones sus planteamientos iniciales resultan especulativos y eso probablemente no es lo que necesita un equipo que se embota cuando las ideas no están claras, pero es igual de cierto que en cada uno de sus partidos supo hacer reaccionar al equipo en los momentos de necesidad y no es lo habitual saber dar siempre o casi siempre con la tecla. Vázquez tiene un punto de locura, pero esa locura es, igual que su experiencia, un grado. Sin ella no habríamos visto al Valle centrocampista, al Bergantiños líbero ni al Mollejo lateral, y con ello nos habríamos perdido tres de las buenas noticias que nos dejó esta temporada. La situación sigue siendo complicada, pero con lo que estamos viendo es imposible no confiar.
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20 ene. 2020

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Olvidarnos del absolutismo

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


El Deportivo aún está muy lejos de su objetivo, pero a día de hoy al menos respira y eso es algo que hace menos de un mes (cuando llegaba a debatirse la idoneidad de planificar ya desde enero un plan la siguiente temporada en Segunda B), parecía imposible. La llegada, por un lado, de un nuevo consejo dispuesto a cambiar cosas por fin para salvar a un club que no merecía arrastrarse como hasta ahora y, por otro, de un Fernando Vázquez que consiguió una vez más hacer creer a un equipo desahuciado, lo cambiaron todo. Ahora, cuando las cosas parecen estar más calmadas (sin que por ello la situación deje de ser crítica) es un momento interesante para echar la vista atrás y juzgar el contexto en el que vivimos en los últimos tiempos, inspeccionando las bases verdaderas y falsas de nuestro pasado más reciente.

¿Por qué se hace necesario este ejercicio de introspección y juicio? Simplemente porque venimos de períodos muy convulsos en los que se miró más a lo de fuera del campo que lo de dentro y, ahora que el césped otorga algo digno de ver, estamos en el momento idóneo para dar un portazo definitivo a unos años que fueron oscuros. Ese portazo no sería justo sin antes ver con qué nos podemos quedar y qué debemos rechazar de todas las cosas que escuchamos durante todo este tiempo para formarnos nuestra idea definitiva.

No comulgo con las ideas absolutas ni con las sentencias con ánimo de irrebatibilidad. En un debate puede haber muchos puntos de vista válidos, pero siempre deben partir de una base que a menudo es la que es y no se puede tergiversar porque hacerlo nos aleja de la verdad. Y las bases de esa verdad sobre los principales debates que rodearon a este club son la temática a explorar en este artículo. Iremos por partes:

Plantilla 2019/2020: A día de hoy no pasa nada por decir que esta plantilla no era el desastre que parecía ser hasta hace muy poco tiempo, aunque tampoco podamos decir que era una maravilla. Teniendo en cuenta que estos cuatro partidos seguidos se ganaron con la misma columna vertebral, resulta evidente que la clasificación no marcaba la realidad. No obstante, la realidad no estaba tan lejana, de los puestos de descenso, y eso también es evidente. El hecho de que los últimos partidos se ganaran con goles de los dos fichajes debutantes y actuaciones de mérito de ambos nos dice que la plantilla estaba falta, por un lado, de un jugador determinante y, por otra, de alguien no peleado con la portería que materializara las ocasiones. En cualquier caso, el no tener a un goleador en racha es secundario cuando no se llega a zonas de peligro, y hasta hace no mucho ver llegadas a portería del Dépor era un hecho poco habitual. No podemos decir que los delanteros fallasen cuatro ocasiones claras cada partido, porque no solía haberlas, con lo que algo cambió también en las posiciones de atrás, en las que siguen estando los mismos.

Por tanto, creo que no pasa nada por utilizar como base de este debate el hecho de que el verdadero problema de los resultados estuvo en la incapacidad por encontrar un técnico capaz de trabajar con esta plantilla, una plantilla que sin duda estaba descompensada (especialmente en las bandas) pero a la que se le podía sacar rendimiento para más que lo visto hasta diciembre.

Carmelo del Pozo: Hablar de calidades de plantilla nos lleva inevitablemente también a revisar el consenso sobre el máximo responsable de las mismas en las últimas temporadas. Me parece indiscutible que su marcha es una de las noticias más gratas de la temporada, pues pecó de vicios graves que nos llevaron al borde del desastre. El párrafo anterior deja claro que erró estrepitosamente en la gestión del entrenador esta temporada y que le faltó encontrar una referencia y un equilibrio a una plantilla que, por mucho que no fuera para arrastrarse como colista, dista muchísimo de ser digna del sexto presupuesto de la categoría. No debería haber dudas sobre el hecho de que el paso de Carmelo por el Dépor es, globalmente, muy negativo, pero tampoco pasa nada por reconocerle grandes aciertos como el tener la pasada temporada una pareja de centrales muy por encima del nivel de la categoría y un delantero (Carlos Fernández) igualmente superior. No pasa nada por decir la verdad, que el primer verano de del Pozo fue notable y los dos mercados de fichaje restantes que se vivieron con él (invierno 2019 y verano 2019) resultaron ser un despropósito muy dañino para el club. Pecó de buscar, de manera ególatra, hacerse un equipo a su imagen y semejanza rompiendo totalmente con el pasado (y criticando públicamente a su predecesor) para no conseguir más que un rotundo fracaso que gracias a esa actitud fue lo que sí pasó a ser sólo suyo.

Tino Fernández: Algo parecido pasa con el que fue presidente hasta el pasado verano, con una nota global a su gestión que sin duda debe ser de suspenso, ya que en lo deportivo dejó al club en una situación peor de la que lo cogió cinco años antes. Su etapa al frente del Dépor pasará a la historia como mediocre en lo que a resultados futbolísticos se refiere, cayendo en decisiones muy cuestionables como la destitución de Fernando Vázquez tras conseguir el ascenso, comenzando una ida y venida de entrenadores que nunca funcionaron salvo en una efímera etapa con Víctor Sánchez del Amo. Otros errores fueron más bien apuestas que salieron mal y que no se le pueden reprochar realmente, como una vuelta de Lucas en forma de cara cesión que a su llegada todos habríamos firmado. Tino dejó una hoja de servicios que, en el global, no dan para aprobarlo, pero no pasa nada por decir que no todo fueron equivocaciones.

Durante un tiempo, aunque fuese a duras penas, el club fue reduciendo deuda mientras subsistía en la máxima categoría, con lo que sin demasiado brillo se fue cumpliendo el objetivo. Es imposible equivocarse continuamente durante cinco años y, de nuevo, no pasa nada por decirlo incluso aunque desapruebes su gestión global como es mi caso. Tampoco pasa nada por haber pensado en su día que su trabajo era positivo y haber cambiado de opinión con el tiempo, como también es mi caso.Y, por último, tampoco pasa nada por decir que su traición real al Dépor no pasó durante su tiempo como presidente, sino con su marcha sin marcharse, siendo determinante para dejar a cargo del club a quien le interesaba sin pararse a pensar en su capacidad, que el tiempo destapó como nula.

Paco Zas: Al final, el único de quien podría decirse que lo hizo todo mal durante su etapa en el Deportivo durante estos años oscuros que empezaron con el primer descenso a segunda fue el consejo de Paco Zas. Su inmovilismo extremo y negligente, totalmente incomprensible, fue una losa insalvable para la viabilidad del equipo. Siempre me preguntaré cómo el capitán puede ver su nave camino de estrellarse y su única reacción es soltar el timón para entretenerse escuchando la orquesta esperando que todo se enderece por sí mismo. Puedes equivocarte, puedes hacer cosas sin sentido, pero lo que nunca es admisible es que el máximo responsable de un club no haga absolutamente nada por salvarlo cuando las cosas van extremadamente mal. En cualquier caso, tampoco pasa nada por decir que, con total seguridad, su inutilidad no fue intencionada y simplemente se vio superado por la situación. No es de recibo acosar a nadie por no hacerlo bien en su trabajo, aunque sí es necesario hacer todo lo posible por quitarlo de su puesto y más si está en juego el futuro de un ente cuya existencia afecta a tanta gente.



En resumen, puede decirse que nadie es ajeno a su humanidad y casi nadie es responsable absoluto de todo lo bueno ni de todo lo malo que ocurre a su alrrededor. Incluso Vázquez, el indiscutible principal artífice que a día de hoy veamos la luz al final del túnel, tuvo la fortuna de llegar justo en el momento en el que el equipo acababa de lograr una victoria, haciendo más sencillo su trabajo inicial. Reitero que es importante poder establecer las bases en las que se puede mover el debate y que no pasa absolutamente nada por tener en cuenta cosas positivas de gestiones globalmente negativas ni por reconocer que las gestiones positivas necesitan su punto de fortuna o de ayuda para llevarse a buen puerto. Tampoco es ningún deshonor cambiar de opinión ni pensar algo que con el tiempo se muestra manifiestamente equivocado. Parece obvio, pero la polarización que vivió el contexto que rodea al Dépor (y que, no nos engañemos, todavía sigue rodeándolo pero con los polos girados) hace necesario mencionarlo.


Decía Fernando Vázquez tras el partido contra el Cádiz que la afición era lo que hacía grande a este club por su omnipresencia en las buenas y en las malas. No tengo ninguna duda de ello, la afición del Deportivo es grande y responde con muy poco que reciba. No obstante yo creo que cambiaría el sentido del agradecimiento que siguió a esas palabras del técnico. Seguramente sea la grada quien tenga que darle las gracias a él por permitirnos volver al camino de mostrar esa grandeza en base a la tranquilidad que dan unos resultados alejados del ridículo cotidiano y crispante al que estábamos acostumbrados. Si todo sigue así, podremos dejar atrás el constante enfrentamiento y pasar página hacia la ilusión de un futuro que puede que ya no sea incierto ni oscuro. Al menos podremos hacerlo los que tengamos voluntad de hacerlo

Ahora, por fin, podemos ver con perspectiva y pasado y presente y podemos centrarnos en hablar de fútbol y futuro en vez de matar la frustración hablando de nosotros y contra nosotros. Podemos asentar las bases con las cuáles formarnos nuestra visión definitiva entorno a lo vivido, pero dejando atrás todo lo que generó problemas y conflictos. Empiezan unos nuevos tiempos, de los que todavía no se puede decir si vendrán acompañados de brillo o no, pero al menos son nuevos. Hoy podemos ser esa afición de la que Vázquez habla en ruedas de prensa y dejar de ser esa afición sobre la cuál solían existir reproches velados de la gente de dentro del club cada vez que venían mal dadas.

Seámoslo.
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19 dic. 2019

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Una mirada al pasado para intentar tener un futuro

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


Parece prácticamente confirmado que Fernando Vázquez sucederá próximamente a Luis César Sampedro como entrenador del Deportivo. Su nombramiento, en mi opinión, es quizás la noticia más grata de lo que va de temporada aunque lo cierto es que tal y como se están desarrollando los acontecimientos decir eso no parece gran cosa. No obstante, creo que su llegada al banquillo de Riazor es una de las pocas cosas que podrían hacerme confiar en que algo va a cambiar, aunque lo cierto es que el cambio a estas alturas se ve como algo casi imposible y ni siquiera la llegada de Jürgen Klopp podría hacer confiar en una mejoría firme, ya que todo hace aguas por tantos costados que difícilmente una única persona puede lograr achicar todo el líquido que está hundiendo el barco blanquiazul.

En cualquier caso, el presumible fichaje del entrenador gallego de la mano de la que con alta probabilidad será la futura directiva del Dépor parece un primer paso para encontrar algo que hace tiempo que se perdió, y que parte de una búsqueda de volver a todo aquello que somos. El deportivismo y el club en general necesita referentes con los que sentirse cómodos, gente que genera esa identificación con lo que significa el escudo que se vio minada por la gestión deportiva de Carmelo del Pozo, que buscó crear un equipo a su imagen y semejanza eliminando todo rastro del pasado para inventarse un ególatra futuro que convirtió en rotundo fracaso. El pasado del que procede Vázquez no es tan glorioso como otros pasados más remotos, ni mucho menos, pero es un pasado que evoca algunas alegrías que en Coruña hace demasiado que ni se intuyen en lo referente al fútbol. Los argumentos futbolísticos ofrecidos en aquella etapa no fueron dignos de elogio formal, pero sí dignos de lo que se espera de un equipo de fútbol, que no es otra cosa que buscar lograr los objetivos utilizando unos ideales básicos reconocibles. Yo, a estas alturas, es lo único que pido, sabiendo que eso es la base de que llegue todo lo demás.

Entiendo que pueda haber críticas a la elección de Fernando Vázquez como nuevo entrenador del Dépor. No es un técnico al que los analistas comparen con Guardiola, no es un técnico de los que se llevan titulares en los tiempos modernos y ni siquiera es una de esos antiguas estrellas del fútbol recientemente retirada que viene a comerse el mundo en su nueva etapa como entrenador. Entiendo que posiblemente (aunque nunca se sabe lo que puede llegar a pasar) no es un entrenador para un proyecto largo en el que asentar las bases de un futuro que a día de hoy es más incierto que nunca, pero eso no me preocupa ya que asentar las bases del futuro no es lo principal ahora mismo: lo principal es asegurarse de que el club pueda tener dicho futuro. No sé si las cosas mejorarán y no sé si existe una opción factible que sea mejor que Vázquez para entrenar a este equipo, pero sí estoy seguro de que su llegada tiene motivos para ser vista con gran positividad y de que su anterior marcha del club fue una de las decisiones más injustas y carentes de lógica deportiva que se tomaron en el Dépor en los últimos años.

Nunca debió irse, al menos no en aquel momento. El entrenador gallego tuvo, en su etapa en Coruña, dos objetivos a conseguir: uno casi imposible y otro factible. El factible fue el de su segunda temporada, el ascenso desde la categoría de plata, y aunque hubo momentos de inquietud lo cierto es que resolvió la papeleta de manera digna y dando confianza a gente de la casa con un juego que nunca fue brillante pero casi siempre fue sólido. El casi imposible fue el de su primer año, y los paralelismos con la situación actual hacen que su desempeño en aquel momento sirva al menos para tener un clavo ardiendo al que agarrarse. Llegó a un equipo roto, sin salvación y en un momento en el que el ambiente entorno al club estaba completamente desgarrado por dentro y por fuera. En ese contexto impracticable no consiguió el milagro, pero sí consiguió acercarse a él contra todo pronósitico y llevar a todo el mundo a unirse entorno a él y a creer, porque él fue el único que creyó cuando hacía falta que creyese alguien y contagiase ese sentimiento a todos los demás.

El fichaje de Fernando Vázquez no es populismo, es confianza en la última persona (dejando aparte esos brillantes meses de Víctor Sánchez del Amo) que trajo al club algo más que mediocridad, porque salirse de la mediocridad en el fútbol no está en jugar bonito sino en que la afición reciba desde el césped algo con lo que identificarse, y Riazor recibió en aquellos tiempos un equipo al que era imposible reprochar casi nada incluso cuando las cosas no salían. En A Coruña nunca se pidió jugar bien, sólo se pide poder creer en el equipo, y Vázquez demostró saber conseguir eso en el pasado. ¿Hay elecciones factibles que mejoren a la suya? Quizás, no lo sé. ¿Es el mejor entrenador del mundo? Evidentemente no. ¿Puede acabar en desastre? Por supuesto que puede hacerlo, pero el desastre es el único destino al que lleva abocado este equipo desde hace casi cuatro meses y sólo sería la continuación de un rumbo heredado.

Al menos esta vez tenemos a alguien que sabemos que moverá cielo y tierra para intentar que ese desastre final no se produzca, porque si algo no se le puede negar a Vázquez es que, más allá de aciertos o equivocaciones, la pasión que pone en conseguir que las cosas funcionen es la que cualquier aficionado en su puesto mostraría pero añadiendo a mayores los conocimientos de un profesional, innegables en alguien con décadas de carrera a sus espaldas. De esta forma sobreviviremos o moriremos, confiando en uno de los nuestros, en alguien como nosotros que sabemos que dará todo por recuperar esto y nunca se dejará llevar por la corriente. Es lo único que nos queda.
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7 oct. 2019

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Desorientación deportiva

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Juan Antonio Anquela llegó, vió y perdió. Su etapa en A Coruña fue breve y su estancia en el banquillo de Riazor será recordado durante mucho tiempo, no en vano durante su dirección se pudo ver el que posiblemente sea el peor Deportivo en décadas. En estos escasos cuatro meses al frente del equipo blanquiazul sólo en el partido contra el Oviedo conseguimos ver una idea de juego definida, en los restantes partidos (ni siquiera pueden salvarse los encuentros contra Albacete o Cádiz en los que el equipo estuvo mejor asentado que en el resto de sinsentidos pero sin llegar a ofrecer nada digno de elogio) todo fue desorden, falta de ideas, incapacidad para mover el balón y desastre defensivo. Ni siquiera se le puede reprochar, como muchos temían tras su nombramiento, que su juego fuera rácano, ya que para racanear es necesario primero tener algo que proteger y eso nunca fue el caso. El Dépor de Anquela fue el vacío más absoluto y sin lugar a dudas estuvimos ante el peor equipo, a nivel de juego colectivo, de todo el fútbol profesional español. Incluso puedo decir que en los años que llevo viendo fútbol recuerdo a pocos equipos que jugaran peor de lo que lo hizo el Deportivo en las primeras diez jornadas de liga.

Las palabras del primer párrafo son duras, sí, pero no es para menos. Además, por irónico que parezca, no creo que a Anquela se le pueda culpar demasiado de todo lo ocurrido. Es cierto que no supo encontrar soluciones, que sólo hizo peores a sus jugadores y no los protegió de sus defectos, pero no deja de ser consecuencia de haber sido nombrado líder de un proyecto para el que no era el hombre adecuado. Anquela es culpable del mal juego, sí, pero también es víctima de unos bandazos inadmisibles en la dirección deportiva de un club que alternó sin sonrojos y en sólo diez meses entre entrenadores tan distintos como Natxo González, Pep Martí, Juan Antonio Anquela y Luis César. No existe ningún tipo de conexión ideológica entre ellos, e incluso podría decirse que los dos últimos son tan antagónicos como lo eran los dos primeros.

Esos antagonismos Natxo - Martí y Anquela - Luis César es un verdadero atentado contra la cordura. Dos temporadas seguidas se cambió a un entrenador por otro que no tiene nada que ver, lo cuál indica que la confección de plantilla se hizo sin una idea en mente y su timón se dio a entrenadores elegidos sin buscar coherencia con los jugadores disponibles. No creo que Luis César sea un mal entrenador, de hecho hizo cosas muy destacables en Lugo y Tarragona además de conseguir hacer funcionar en tiempo record a un Tenerife que no carburaba la pasada temporada y de ese modo conseguir la salvación, pero me genera dudas lo que puede conseguir con sus ideas teniendo para trabajar un equipo al que le cuesta tanto sacar el balón jugado en las primeras fases del juego. Creo que vamos a ver un intento importante de que Vicente vuelva a ser capitán general en el centro del campo, me sorprendería que el nuevo entrenador no buscara darle relevancia, pero la primera fase de construcción tiene difícil salvación. Veremos si la recuperación de Somma, un jugador que a priori encaja bien con Peru, puede conseguir que Sampedro consiga tener una defensa capaz de sacar el balón jugado sin problemas. En cualquier caso, es evidente que el enésimo cambio de entrenador en tan sólo un lustro trae a la mente la idea del eterno deja vù en el que el banquillo de Riazor se convierte en una trituradora de nombres.

Carmelo del Pozo demostró sobradamente no tener ni la menor idea de lo que está haciendo. El equipo no funciona y no consigue lograr objetivos, algo que no es exclusivo de la primera plantilla. Es cierto, Anquela nunca fue capaz de enderezar esto y su marcha en este caso era necesaria, pero cambiar de entrenador cada cuatro meses no es la solución por mucho que las personas al mando del Deportivo se empeñen en continuar haciéndolo sin pizca de autocrítica. Está más que claro que el problema de este equipo es estructural y hace falta sangre nueva que sea capaz de cambiar todo lo que no funciona. Los cambios de entrenador son sólo un parche, la solución definitiva pasa por la marcha de un Carmelo del Pozo que debe asumir cuanto antes su fracaso por el bien del club y por la convocatoria de unas nuevas elecciones que den paso a gente que sepa darle al club una consistencia más que necesaria.

Por lo demás, toda la suerte del mundo a Luis César, ya que ahora todo está en sus manos. También suerte a Anquela en el futuro, ya que al fin y al cabo sólo fue un entrenador que llegó y vivió con toda la ilusión del mundo su etapa pero encontró unas condiciones de trabajo imposibles para él.
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26 ago. 2019

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Baño de realidad en Huesca

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Duro golpe en Huesca para el Dépor en todos los sentidos en la segunda jornada del campeonato de liga. El palo a nivel deportivo es evidente y deja ver que a día de hoy el equipo blanquiazul es muy inferior a un teórico rival directo, pero sin duda lo más doloroso es el golpe de realidad que se sufrió con lo que se pudo ver en El Alcoraz. Nada que ver con esa propaganda de equipo luchador y entregado que vendió Anquela en la pretemporada. Esas palabras hicieron a muchos temblar presagiando un equipo especulador, ramplón y tosco, pero en el último partido ni siquiera eso fue ofrecido por el cuadro coruñés. Salvo 20 minutos al final del encuentro en los que el Huesca bajó el pistón y se vio a un Dépor más capaz de hacer cosas con el balón, el resto del encuentro fue una masacre a favor del equipo local. Sólo hicieron falta dos jugadores en ataque para hacer añicos al Dépor, Mikel Rico y Dani Raba. Ellos solos se bastaron para combinar en la débil zona izquierda de la zaga blanquiazul y hacer que los tres puntos se quedaran en casa.

El principal punto negro en el que haya que poner la lupa es precisamente esa banda zurda, en la que Luis Ruiz hizo aguas en todo momento y demostró por qué fue suplente en un equipo que casi desciende la temporada pasada. Incapaz de ganar duelos (algo de lo que no hay que exculpar a las escasas ayudas efectivas que ofreció Borja Valle, su compañero de banda) y falto de recursos como el balón en los pies, incluso la mala suerte se cebó con él en el primer gol al no ser capaz de reaccionar para dejar un espacio necesario para que Gaku despejara el balón de una zona delicada y obstruir de esa manera un en envío que acabó llegando a un delantero rival que fabricó el tanto inicial. En el tercero, de nuevo, volvió a ser protagonista al no estar ni remotamente cerca del extremo que dio el pase de gol a placer a Pulido tras un mal movimiento de Bergantiños. En cualquier caso, es inexcusable que desde el banquillo no se buscara proteger especialmente ese flanco al ver los incesantes problemas que ahí existían. Ruiz, con todos sus defectos, se vio a menudo solo ante el peligro.

La figura de Bergantiños vuelve a necesitar ser comentada. Fuera de toda duda está su condición de jugador de garra y compromiso, pero esta forma de jugar, en la que se ve envuelto en un contexto de ida y vuelta descontrolada, es la antítesis de su habitat natural. Es un jugador desordenado en lo posicional y debido a esa tendencia al balonazo del equipo blanquiazul se ve continuamente superado al correr hacia delante y también cuando hay que ir hacia atrás. No es igual jugar a esto que jugar teniendo a Marí y a Duarte detrás con una salida limpia de balón que permite más tiempo para ubicarse sin perder balones continuamente haciendo vivir al mediocentro en una constante transición. Incluso hay fases en las que Gaku destaca más que él en la destrucción y eso no debería ser así. Sobre todo porque con Gaku en esa zona se pierde al japonés para hacer lo que realmente sabe hacer.

Hablando de Gaku, la tendencia vuelve a ser verlo demasiado retrasado y ejerciendo como base de creación, al menos en el plan A que vimos en la primera parte, dando unos pasos hacia el campo rival en los últimos minutos del partido. Esto le obliga a empequeñecerse, haciendo que deba correr hacia atrás con más frecuencia que hacia delante y perdiéndole en el área de influencia donde puede ser importante. Incluso Aketxe se vio obligado en algunas ocasiones a ir a la base de creación para conseguir tener algo de incidencia en el juego, algo que no debería ocurrir nunca


Todo este panorama se tradujo, en el ámbito ofensivo, en posesiones breves y sin control alguno sobre el juego, relegándolo todo en la primera parte a que Koné consiguiera sacar petróleo de balones que llegaban a su zona para ser peleados, algo que no parece demasiado eficiente. En los últimos minutos y con Longo y Santos sobre el campo, la estrategia cambió y se adelantó al equipo en bloque para intentar llegar al área con mayor superioridad. Los ataques en ese contexto fueron más exitosos, pero sin que la diferencia fuera suficiente más allá del gol conseguido por Santos.

En cualquier caso, lo preocupante debe ser el desbarajuste defensivo en el que habitó el equipo y que se iniciaba ya desde que el Huesca empezaba sus jugadas. Mucho espacio en la zona de mediocampo en el comienzo de los ataques rivales hizo muy sencillo que rompieran líneas en las primeras fases de su juego, pudiéndose plantar con suma facilidad en la zona de peligro con un complemento de lujo para ello como resultó ser la calidad de Raba, un suplicio caído a la banda más débil.

No es exagerado decir que la línea defensiva titular del Deportivo está hoy por hoy muy lejos del nivel que debería tener un aspirante al ascenso. La pareja formada en su centro por Lampropoulos y Somma está a años luz de lo que ofrecían Duarte y Marí, y los laterales no pasan de tener nivel para ser simples suplentes cumplidores en un equipo de segunda división. No hay más de donde sacar, y la baja de Peru durante el próximo mes hace que las perspectivas al respecto no sean las mejores. Hay poquísimo margen de maniobra en tiempo y dinero, pero parece evidente que, salvo milagro, con esta línea de cuatro es imposible optar a luchar por nada.

Creo que también debo mencionar el partido de un Pedro Mosquera con el Huesca que generó mucha superioridad para su equipo gracias a su buen juego posicional y distribución. Rompió líneas y cortó ataques mostrando una solvencia notable por alto. En Coruña nunca se confió en darle esa manija y tuvo que irse para demostrar su valía en ese ámbito. Además, no sólo fue relevante en campo propio, sino que también tuvo acciones meritorias en la zona de tres cuartos. El tercer gol de su equipo, por ejemplo, nace de una buena decisión suya al leer las posiciones de la defensa deportivista que deja al bloque ofensivo del Huesca en una situación muy ventajosa. Actuando de pivote  y acompañado de dos interiores bastante adelantados no sufrió en ningún momento hasta que empezó a perder un poco de fuelle a partir del minuto 70, y eso es decir mucho de un jugador que en Coruña "no servía" para ese rol (aunque la labor de su técnico actual protegiéndolo de los aspectos del juego en los que sufre también tiene algo que ver). Su único error, no obstante, fue grave: un pase que acabó en las botas de Álex Bergantiños y dio pie al gol de Christian Santos. La capacidad para el remate del delantero venezolano es quizá la única noticia positiva del encuentro.

En resumen, es muy rácano confiar en que Koné consiga crearse la oportunidad a partir de balonazos. Es muy rácano hablar de que el fútbol es una guerra y hacen falta soldados y, sobre todo, es muy rácano confiar en el caracter cuando el único plan fuera de casa parece ser el jugar a no perder, lo que muestra una total carencia de él. Cuando juegas a ser un equipo ordenado necesitas jugadores capaces de hacer eso, necesitas jugadores muy superiores tacticamente en los puestos clave y no sólo no los hay sino que el orden en la fase defensiva en general es de chiste. No hay equipos exitosos en este estilo de fútbol sin un central imperial, sin un mediocentro defensivo posicionalmente enorme y con dos laterales muy por debajo del nivel de los titulares de la categoría. Si además lo acompañas de unos jugadores en los extremos que no aportan nada diferencial en ataque, el cóctel es de órdago.

Este equipo no es superior en nada al del año pasado, y lo preocupante no es analizarlo en clave de individualidades, sino en clave de equipo. Todo lo visto en el primer encuentro se evaporó en Huesca, no hay una idea a la que encomendarse más allá de la especulación. Si esta es la apuesta que se va a llevar a cabo no hay duda: Carmelo creó un equipo de segunda fila con el que vamos a sufrir en una decisión que tomó forma desde el mismo momento en el que se eligió el técnico. Cinco goles encajados (que podrían haber sido bastantes más) en dos partidos dejan bastante claro que a día de hoy al Dépor no le queda ni siquiera agarrarse al clavo ardiendo de pensar que somos un equipo rácano pero ordenado y sólido como se dice que son todos los equipos de Anquela. Sólo nos queda la racanería.
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19 ago. 2019

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Lo que se intuye y lo que le falta al Dépor de Anquela

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
 
Este domingo la liga volvió a Riazor enfrentando al equipo local con el Oviedo. No fue en primera, como todos habríamos deseado en junio, pero lo que comienza es una nueva oportunidad para regresar al lugar al que el club blanquiazul busca volver cuanto antes y el resultado no fue un mal comienzo, pues a pesar del sufrimiento los 3 puntos se quedaron en Coruña. Fue un partido de altibajos, que sirve para ver las intenciones, las virtudes y las carencias de un equipo que empieza a rodar y que se intentarán resumir en este artículo.

La primera parte fue interesante. En ella se vieron los principios de juego, unos principios que se adecuaron bien a lo que se dispuso sobre el campo. Se renunció a tener el balón en muchos aspectos, pero es algo que no me parece realmente censurable si hay un plan y en este partido lo había. Se alineó a un equipo que quiso dar el máximo en los contextos muy favorables, en los que abundaban espacios para ser explotados por los de arriba, y dio manifiestamente el protagonismo y el balón al rival cuando no los había y la situación no era propicia para ir al ataque. Se quiso economizar el esfuerzo y también guardarse las espaldas.

El Dépor buscó con frecuencia la creación activa de esos espacios en el esquema del rival, sobre todo mediante movimientos de Koné y riesgos tomados en el pase (para mí excesivos y propiciadores de un número alto de errores no forzados) de Gaku. Eso aportó capacidad para sacar el máximo de las contras y optimizar su eficiencia recurriendo a ellas sólo cuando la ocasión era lo suficientemente clara como para apostar por ella. Complementando ese recurso con la poca intención de mantener la posesión, se consiguió tener al equipo asentado en campo propio sin sobresaltos. Quizás esto último parezca algo contradictorio, pero no lo es. Renunciar a mantener la posesión reduce las fases críticas de creación en campo propio y minimiza, de esa manera, los sustos que puede dar la presión alta del rival. Teniendo una primera fase de creación en la que el balón pasa irremediablemente por jugadores como Bergantiños, Lampropoulos o Bóveda, parece inteligente buscar maneras de atacar que sean diferentes a la continua construcción. En ese contexto, construir sólo cuando el riesgo vale la pena parece prudente y permitió que en el minuto 56 el equipo fuera ganando por un aparentemente cómodo 2-0.

Hay ciertas incógnitas que me parece interesante abordar en este juicio de la idea básica de juego, como la de si Aketxe puede llegar a ser ese metrónomo necesario en su zona para jugar al contrataque, ese tipo de jugador del que el mejor Özil es paradigma. De Aketxe vimos bastantes cosas, vimos que tiene llegada y descaro pero quizás se echa demasiado a banda como para ofrecer el rol comentado y Gaku juega demasiado atrás como para cumplirlo. Habrá que ver cómo se acopla eso en futuros partidos.

La cara menos amable la dejó una segunda parte que respondió a una incógnita que rondaba por la mente de cualquier espectador en la primera: La pareja de centrales está formada por dos jugadores no muy destacables por alto (ningún jugador defensivo de este Dépor lo es) ni muy capaces de correr hacia atrás. ¿Qué pasaría ante equipos que buscaran su espalda o buscasen colgar balones? Egea había planteado de inicio un ataque buscando que la sorpresa la dieran sus jugadores de segunda línea, planteamiento en el que la defensa blanquiazul estuvo cómoda al no tener que competir contra ninguna de las carencias comentadas. Pero cuando el Oviedo juntó a dos puntas y cambió la estrategia todo se complicó. A partir de ese momento, el estilo de ataque del conjunto asturiano pudo volverse más imprevisible y variado, atacando a las evidentes carencias de la pareja de centrales con éxito. Aparecieron los balones laterales y las espaldas descubiertas, y llegó el empate. Al Dépor no le quedaba más remedio que defenderse utilizando su ataque y alejando el balón del área y por ello salieron al campo Santos y Longo. Una gran acción del delantero venezolano dio al Depor el 3-2 definitivo.


Si buscamos resumir lo bueno y lo malo, veo una idea de base que podría llegar a funcionar en ataque (en la que tener a Koné sano es capital, y si las lesiones le respetan va a ser un gran fichaje) pero con piezas defensivas que rechinan y en las que debe buscarse un parche como sea, porque son potencialmente insostenibles.Las primeras piezas a revisar ya las mencioné y son la pareja de centrales. Otra de ellas es Álex Bergantiños. Siempre se le cuestiona y al final siempre acaba siendo importante, pero en este tipo de juego es en el que más difícil adaptación puede tener. En un estilo de juego como el planteado contra el Oviedo es vital un mediocentro posicionalmente muy pulido y Álex dista mucho de ser eso. Es un jugador de oficio, empeño y pulmón, pero la colocación no es su virtud.Se le vio fuera de sitio en acciones clave, limitándose a ver pasar el balón por encima de su cabeza o incluso estando a diez metros de la jugada a taponar. Lo hizo mejor incluso con el balón en los pies que en la destrucción, y por ello me gustaría ver ahí a Peru y comprobar si puede dar una alternativa.

Queda mucho trabajo, todo está muy verde todavía.Este juego podría funcionar, pero debe haber incorporaciones defensivas para que tenga éxito y eso es lo que me hace replantearme su validez. El entramado defensivo es demasiado endeble como para conseguir un bloque compacto atrás sin fichajes que den un salto de nivel importante, y sin esa solidez sólo se conseguirá perder para la causa a un jugador creativo como Gaku, que sufre de lo mismo que Edu Expósito sufrió la temporada pasada: una multiplicación de funciones que no le benefician. Habrá que esperar.

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