26 ago. 2019

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Baño de realidad en Huesca

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Duro golpe en Huesca para el Dépor en todos los sentidos en la segunda jornada del campeonato de liga. El palo a nivel deportivo es evidente y deja ver que a día de hoy el equipo blanquiazul es muy inferior a un teórico rival directo, pero sin duda lo más doloroso es el golpe de realidad que se sufrió con lo que se pudo ver en El Alcoraz. Nada que ver con esa propaganda de equipo luchador y entregado que vendió Anquela en la pretemporada. Esas palabras hicieron a muchos temblar presagiando un equipo especulador, ramplón y tosco, pero en el último partido ni siquiera eso fue ofrecido por el cuadro coruñés. Salvo 20 minutos al final del encuentro en los que el Huesca bajó el pistón y se vio a un Dépor más capaz de hacer cosas con el balón, el resto del encuentro fue una masacre a favor del equipo local. Sólo hicieron falta dos jugadores en ataque para hacer añicos al Dépor, Mikel Rico y Dani Raba. Ellos solos se bastaron para combinar en la débil zona izquierda de la zaga blanquiazul y hacer que los tres puntos se quedaran en casa.

El principal punto negro en el que haya que poner la lupa es precisamente esa banda zurda, en la que Luis Ruiz hizo aguas en todo momento y demostró por qué fue suplente en un equipo que casi desciende la temporada pasada. Incapaz de ganar duelos (algo de lo que no hay que exculpar a las escasas ayudas efectivas que ofreció Borja Valle, su compañero de banda) y falto de recursos como el balón en los pies, incluso la mala suerte se cebó con él en el primer gol al no ser capaz de reaccionar para dejar un espacio necesario para que Gaku despejara el balón de una zona delicada y obstruir de esa manera un en envío que acabó llegando a un delantero rival que fabricó el tanto inicial. En el tercero, de nuevo, volvió a ser protagonista al no estar ni remotamente cerca del extremo que dio el pase de gol a placer a Pulido tras un mal movimiento de Bergantiños. En cualquier caso, es inexcusable que desde el banquillo no se buscara proteger especialmente ese flanco al ver los incesantes problemas que ahí existían. Ruiz, con todos sus defectos, se vio a menudo solo ante el peligro.

La figura de Bergantiños vuelve a necesitar ser comentada. Fuera de toda duda está su condición de jugador de garra y compromiso, pero esta forma de jugar, en la que se ve envuelto en un contexto de ida y vuelta descontrolada, es la antítesis de su habitat natural. Es un jugador desordenado en lo posicional y debido a esa tendencia al balonazo del equipo blanquiazul se ve continuamente superado al correr hacia delante y también cuando hay que ir hacia atrás. No es igual jugar a esto que jugar teniendo a Marí y a Duarte detrás con una salida limpia de balón que permite más tiempo para ubicarse sin perder balones continuamente haciendo vivir al mediocentro en una constante transición. Incluso hay fases en las que Gaku destaca más que él en la destrucción y eso no debería ser así. Sobre todo porque con Gaku en esa zona se pierde al japonés para hacer lo que realmente sabe hacer.

Hablando de Gaku, la tendencia vuelve a ser verlo demasiado retrasado y ejerciendo como base de creación, al menos en el plan A que vimos en la primera parte, dando unos pasos hacia el campo rival en los últimos minutos del partido. Esto le obliga a empequeñecerse, haciendo que deba correr hacia atrás con más frecuencia que hacia delante y perdiéndole en el área de influencia donde puede ser importante. Incluso Aketxe se vio obligado en algunas ocasiones a ir a la base de creación para conseguir tener algo de incidencia en el juego, algo que no debería ocurrir nunca


Todo este panorama se tradujo, en el ámbito ofensivo, en posesiones breves y sin control alguno sobre el juego, relegándolo todo en la primera parte a que Koné consiguiera sacar petróleo de balones que llegaban a su zona para ser peleados, algo que no parece demasiado eficiente. En los últimos minutos y con Longo y Santos sobre el campo, la estrategia cambió y se adelantó al equipo en bloque para intentar llegar al área con mayor superioridad. Los ataques en ese contexto fueron más exitosos, pero sin que la diferencia fuera suficiente más allá del gol conseguido por Santos.

En cualquier caso, lo preocupante debe ser el desbarajuste defensivo en el que habitó el equipo y que se iniciaba ya desde que el Huesca empezaba sus jugadas. Mucho espacio en la zona de mediocampo en el comienzo de los ataques rivales hizo muy sencillo que rompieran líneas en las primeras fases de su juego, pudiéndose plantar con suma facilidad en la zona de peligro con un complemento de lujo para ello como resultó ser la calidad de Raba, un suplicio caído a la banda más débil.

No es exagerado decir que la línea defensiva titular del Deportivo está hoy por hoy muy lejos del nivel que debería tener un aspirante al ascenso. La pareja formada en su centro por Lampropoulos y Somma está a años luz de lo que ofrecían Duarte y Marí, y los laterales no pasan de tener nivel para ser simples suplentes cumplidores en un equipo de segunda división. No hay más de donde sacar, y la baja de Peru durante el próximo mes hace que las perspectivas al respecto no sean las mejores. Hay poquísimo margen de maniobra en tiempo y dinero, pero parece evidente que, salvo milagro, con esta línea de cuatro es imposible optar a luchar por nada.

Creo que también debo mencionar el partido de un Pedro Mosquera con el Huesca que generó mucha superioridad para su equipo gracias a su buen juego posicional y distribución. Rompió líneas y cortó ataques mostrando una solvencia notable por alto. En Coruña nunca se confió en darle esa manija y tuvo que irse para demostrar su valía en ese ámbito. Además, no sólo fue relevante en campo propio, sino que también tuvo acciones meritorias en la zona de tres cuartos. El tercer gol de su equipo, por ejemplo, nace de una buena decisión suya al leer las posiciones de la defensa deportivista que deja al bloque ofensivo del Huesca en una situación muy ventajosa. Actuando de pivote  y acompañado de dos interiores bastante adelantados no sufrió en ningún momento hasta que empezó a perder un poco de fuelle a partir del minuto 70, y eso es decir mucho de un jugador que en Coruña "no servía" para ese rol (aunque la labor de su técnico actual protegiéndolo de los aspectos del juego en los que sufre también tiene algo que ver). Su único error, no obstante, fue grave: un pase que acabó en las botas de Álex Bergantiños y dio pie al gol de Christian Santos. La capacidad para el remate del delantero venezolano es quizá la única noticia positiva del encuentro.

En resumen, es muy rácano confiar en que Koné consiga crearse la oportunidad a partir de balonazos. Es muy rácano hablar de que el fútbol es una guerra y hacen falta soldados y, sobre todo, es muy rácano confiar en el caracter cuando el único plan fuera de casa parece ser el jugar a no perder, lo que muestra una total carencia de él. Cuando juegas a ser un equipo ordenado necesitas jugadores capaces de hacer eso, necesitas jugadores muy superiores tacticamente en los puestos clave y no sólo no los hay sino que el orden en la fase defensiva en general es de chiste. No hay equipos exitosos en este estilo de fútbol sin un central imperial, sin un mediocentro defensivo posicionalmente enorme y con dos laterales muy por debajo del nivel de los titulares de la categoría. Si además lo acompañas de unos jugadores en los extremos que no aportan nada diferencial en ataque, el cóctel es de órdago.

Este equipo no es superior en nada al del año pasado, y lo preocupante no es analizarlo en clave de individualidades, sino en clave de equipo. Todo lo visto en el primer encuentro se evaporó en Huesca, no hay una idea a la que encomendarse más allá de la especulación. Si esta es la apuesta que se va a llevar a cabo no hay duda: Carmelo creó un equipo de segunda fila con el que vamos a sufrir en una decisión que tomó forma desde el mismo momento en el que se eligió el técnico. Cinco goles encajados (que podrían haber sido bastantes más) en dos partidos dejan bastante claro que a día de hoy al Dépor no le queda ni siquiera agarrarse al clavo ardiendo de pensar que somos un equipo rácano pero ordenado y sólido como se dice que son todos los equipos de Anquela. Sólo nos queda la racanería.
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19 ago. 2019

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Lo que se intuye y lo que le falta al Dépor de Anquela

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
 
Este domingo la liga volvió a Riazor enfrentando al equipo local con el Oviedo. No fue en primera, como todos habríamos deseado en junio, pero lo que comienza es una nueva oportunidad para regresar al lugar al que el club blanquiazul busca volver cuanto antes y el resultado no fue un mal comienzo, pues a pesar del sufrimiento los 3 puntos se quedaron en Coruña. Fue un partido de altibajos, que sirve para ver las intenciones, las virtudes y las carencias de un equipo que empieza a rodar y que se intentarán resumir en este artículo.

La primera parte fue interesante. En ella se vieron los principios de juego, unos principios que se adecuaron bien a lo que se dispuso sobre el campo. Se renunció a tener el balón en muchos aspectos, pero es algo que no me parece realmente censurable si hay un plan y en este partido lo había. Se alineó a un equipo que quiso dar el máximo en los contextos muy favorables, en los que abundaban espacios para ser explotados por los de arriba, y dio manifiestamente el protagonismo y el balón al rival cuando no los había y la situación no era propicia para ir al ataque. Se quiso economizar el esfuerzo y también guardarse las espaldas.

El Dépor buscó con frecuencia la creación activa de esos espacios en el esquema del rival, sobre todo mediante movimientos de Koné y riesgos tomados en el pase (para mí excesivos y propiciadores de un número alto de errores no forzados) de Gaku. Eso aportó capacidad para sacar el máximo de las contras y optimizar su eficiencia recurriendo a ellas sólo cuando la ocasión era lo suficientemente clara como para apostar por ella. Complementando ese recurso con la poca intención de mantener la posesión, se consiguió tener al equipo asentado en campo propio sin sobresaltos. Quizás esto último parezca algo contradictorio, pero no lo es. Renunciar a mantener la posesión reduce las fases críticas de creación en campo propio y minimiza, de esa manera, los sustos que puede dar la presión alta del rival. Teniendo una primera fase de creación en la que el balón pasa irremediablemente por jugadores como Bergantiños, Lampropoulos o Bóveda, parece inteligente buscar maneras de atacar que sean diferentes a la continua construcción. En ese contexto, construir sólo cuando el riesgo vale la pena parece prudente y permitió que en el minuto 56 el equipo fuera ganando por un aparentemente cómodo 2-0.

Hay ciertas incógnitas que me parece interesante abordar en este juicio de la idea básica de juego, como la de si Aketxe puede llegar a ser ese metrónomo necesario en su zona para jugar al contrataque, ese tipo de jugador del que el mejor Özil es paradigma. De Aketxe vimos bastantes cosas, vimos que tiene llegada y descaro pero quizás se echa demasiado a banda como para ofrecer el rol comentado y Gaku juega demasiado atrás como para cumplirlo. Habrá que ver cómo se acopla eso en futuros partidos.

La cara menos amable la dejó una segunda parte que respondió a una incógnita que rondaba por la mente de cualquier espectador en la primera: La pareja de centrales está formada por dos jugadores no muy destacables por alto (ningún jugador defensivo de este Dépor lo es) ni muy capaces de correr hacia atrás. ¿Qué pasaría ante equipos que buscaran su espalda o buscasen colgar balones? Egea había planteado de inicio un ataque buscando que la sorpresa la dieran sus jugadores de segunda línea, planteamiento en el que la defensa blanquiazul estuvo cómoda al no tener que competir contra ninguna de las carencias comentadas. Pero cuando el Oviedo juntó a dos puntas y cambió la estrategia todo se complicó. A partir de ese momento, el estilo de ataque del conjunto asturiano pudo volverse más imprevisible y variado, atacando a las evidentes carencias de la pareja de centrales con éxito. Aparecieron los balones laterales y las espaldas descubiertas, y llegó el empate. Al Dépor no le quedaba más remedio que defenderse utilizando su ataque y alejando el balón del área y por ello salieron al campo Santos y Longo. Una gran acción del delantero venezolano dio al Depor el 3-2 definitivo.


Si buscamos resumir lo bueno y lo malo, veo una idea de base que podría llegar a funcionar en ataque (en la que tener a Koné sano es capital, y si las lesiones le respetan va a ser un gran fichaje) pero con piezas defensivas que rechinan y en las que debe buscarse un parche como sea, porque son potencialmente insostenibles.Las primeras piezas a revisar ya las mencioné y son la pareja de centrales. Otra de ellas es Álex Bergantiños. Siempre se le cuestiona y al final siempre acaba siendo importante, pero en este tipo de juego es en el que más difícil adaptación puede tener. En un estilo de juego como el planteado contra el Oviedo es vital un mediocentro posicionalmente muy pulido y Álex dista mucho de ser eso. Es un jugador de oficio, empeño y pulmón, pero la colocación no es su virtud.Se le vio fuera de sitio en acciones clave, limitándose a ver pasar el balón por encima de su cabeza o incluso estando a diez metros de la jugada a taponar. Lo hizo mejor incluso con el balón en los pies que en la destrucción, y por ello me gustaría ver ahí a Peru y comprobar si puede dar una alternativa.

Queda mucho trabajo, todo está muy verde todavía.Este juego podría funcionar, pero debe haber incorporaciones defensivas para que tenga éxito y eso es lo que me hace replantearme su validez. El entramado defensivo es demasiado endeble como para conseguir un bloque compacto atrás sin fichajes que den un salto de nivel importante, y sin esa solidez sólo se conseguirá perder para la causa a un jugador creativo como Gaku, que sufre de lo mismo que Edu Expósito sufrió la temporada pasada: una multiplicación de funciones que no le benefician. Habrá que esperar.

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10 jun. 2019

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¡Canten, putos, canten!

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
Luz. Llamas. Ruido. Cánticos. Euforia. Riazor tuvo todo eso el pasado sábado después del último partido de su liga regular y lo tuvo porque pudo y porque quiso. Más allá de que no hubiera ningún ascenso que celebrar todavía, los allí presentes nos recreamos en lo único que tenemos por ahora, que es a la vez lo máximo que podíamos tener: seguir vivos aspirando a conseguir el objetivo del ascenso. El acto salió de una mezcla entre la espontaneidad y el preparativo previo y fue recibido con cierto rechazo por una parte de la afición, pero yo creo que fue algo de lo que sólo se pueden sacar cosas positivas. Superado un escollo que hace sólo unas semanas parecía imposible, es momento de aprovechar la buena ola y no poner freno a la euforia, porque la euforia por sí misma no es mala. Si se consigue que no provoque un alejamiento de la realidad es un valor añadido.

Esta misma temporada fue un claro ejemplo de los beneficios que una euforia bien gestionada puede dar. Lo vimos en la Champions, donde, en medio de esa histriónica atmósfera que siempre rodea a Klopp, el Liverpool venció sobre el agarrotamiento de la obligación que suponía el cetro europeo para equipos como City o Barcelona, que se quedaron por el camino con una sensación de decepción notable. Pero también se vio en nuestra propia categoría con Osasuna, campeón con el que pocos contaban y que se hizo fuerte consiguiendo el compromiso de una afición que desde que empezó a verse con opciones supo que no había nada que perder y transmitir ese sentimiento al equipo. Y es que la euforia es eso, ser consciente de que una derrota no es el fin del mundo y que el fútbol está hecho para ilusionarse con las grandes victorias.
 
El fútbol, en resumen, es creer, crear, criar... Creer porque la creencia nos lleva a despertarnos cada domingo esperando al menos un gol más en el lado de nuestro escudo que en el del rival en el marcador al final del partido. Crear porque cada partido es una forma de creación, de mostrar al mundo la capacidad de un conjunto. Y criar, por supuesto, porque no existe mejor medio para formar a las nuevas generaciones que un juego, los juegos son como la vida. Hay malos, hay buenos, hay lealtades, éxitos y fracasos. El fútbol se filtra en cada uno de los huecos de la mente del niño que va a ver a su equipo, y a un niño no lo puedes criar en la obligación del éxito porque eso es irreal y sólo crea frustración. La ilusión de la euforia controlada, la emoción por cada victoria y la aceptación de la derrota como el inicio de un nuevo ciclo hasta el siguiente partido en vez de como el fin del mundo. Eso es este deporte y eso demostró entender Riazor hace unos días.
 
La euforia no es mala mientras los pies estén en el suelo. La buena euforia conduce a los éxitos de la misma forma que la frustrante obligación conduce a los fracasos. Ese Liverpool de Klopp del que ya hablé y que vive en la euforia constante es el perfecto ejemplo. Incluso en el peor de los casos, me gustaría que tuviésemos en la cabeza esa imagen de Mohamed Salah desolado hace poco más de un año. Porque esa imagen, una imagen que podría parecer de fracaso, no lo es. Esa imagen es la imagen de un futuro éxito, un éxito que se produjo tan solo un año después. Tanto esa falsa noción de fracaso (ser el segundo equipo de Europa no lo es) como el éxito posterior tuvieron un denominador común: Creer. Porque cuando crees puedes ganar o puedes perder, pero cuando te obligas y te generas urgencia no hay alegría posible porque ganar es lo normal y la derrota es una debacle que hace temblar las piernas mientras compites. No hay ilusión porque no puedes conseguir nada, sólo hay miedo por perder lo que necesitas para poder sobrevivir.

No hay motivos reales para el pesimismo. Si analizamos nuestra situación, es cierto que tenemos ese leve handicap que haría que antes de unos hipotéticos penaltis estuviéramos eliminados. No nos importa. ¿Cuántos partidos históricos de nuestro Deportivo nos engrandecieron en los penaltis? No somos de esos, nosotros mejor que nadie tenemos grabado a fuego un dogma incuestionable: nuestra grandeza no debe volver a depender de un penalti, nunca más. Olvidemos las obligaciones y creamos que es posible, porque si el año que viene no estamos en primera seguiremos teniendo esa imagen de un desolado Salah hace 12 meses y la satisfacción de saber cómo continua esa historia un año más tarde. Mientras todo está en el aire hasta que el tercero en discordia del ascenso se decida en esa mágica noche de San Juan en la que en Coruña somos omnipotentes, sólo cabe recordar las palabras que un sabio nos dedicó en tiempos pretéritos: ¡Canten, putos, canten!
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20 may. 2019

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No es sólo el quién, también es el cómo

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

El Dépor dejó encarrilada su permanencia en Segunda División de cara a la siguiente temporada con su inerte actuación en el Anxo Carro el pasado domingo. El equipo de Martí dejó ver vicios anteriormente mostrados y convirtió en espejismo todo lo que en anteriores partidos había parecido parte de una lenta pero esperanzadora progresión. Quizás simplemente fuera una mala tarde y realmente sí existe tal progresión, pero a estas alturas no había ya margen para malas tardes. Haría falta ahora no fallar en los partidos que restan para tener alguna opción, y no parece lo más probable viendo que en la presente temporada el Deportivo nunca fue capaz de encadenar tres victorias seguidas.

Teniendo en cuenta que la temporada está casi perdida, cabe pensar en qué fue lo que la llevó al probable fracaso. Si en la etapa de Natxo se abusó de dar confianza a jugadores poco confiables en contextos desfavorables, lo cierto es que con Martí se minimizó ese protagonismo de los jugadores de perfil más bajo y se apostó por los que a priori tienen mayor calidad, al menos en la parcela ofensiva. Las presencias en el once de jugadores como Didier Moreno o Pedro Sánchez pasaron a ser anecdóticas, aunque el extremo alicantino todavía tiene un peso inexplicable en las segundas partes. Otra cosa que se frenó con Martí fueron los bandazos: a día de hoy la idea y la estructura es clara. 

No obstante, hay un aspecto que continua a la orden del día en el Dépor, y es la negligente elección del contexto en el que se hace desenvolver a los futbolistas. Con una plantilla hecha para dominar, el entrenador tiene que esforzarse siempre por encajar a los mejores, eso se da por descontado, pero además tiene que rodearlos de un contexto favorable aprovechando sus virtudes y minimizando sus defectos. Es cierto que no siempre se puede favorecer a todos, pero al menos se debe buscar el equilibrio, algo que no pasa desde hace demasiado tiempo en Coruña, no es un defecto sólo de esta temporada. El equipo lleva años haciendo caer en picado el valor de sus jugadores, jugadores que en muchos casos demostraron de nuevo su valía al salir de Coruña, y esa desvalorización tiene mucho de explicable en clave de contexto de juego al que se enfrentó aquí. Hay jugadores que en este equipo no sólo no son aprovechados con sus mejores virtudes, sino que se les mata haciéndoles actuar en situaciones desfavorables. Y, si buscamos  particularizar, hay nombres propios para regalar:

  • Saúl lleva varios partidos siendo un futbolista mediocre e incluso nefasto por momentos. El lateral tiene nivel más que demostrado en la categoría y es probable que acabe siendo un jugador de primera durante bastantes años, con lo que no debemos buscar las razones sólo en él, sino también en lo que le rodea. ¿En qué beneficia a Saúl, un jugador con predilección por seguir las jugadas, ofrecerse como apoyo y participar siempre en la combinación, encontrarse un solar desierto de apoyos en su zona? En los últimos partidos, es habitual verlo recibir sin compañeros ofreciéndose en su banda, viéndose obligado a algo tan impropio de un lateral como darse la vuelta y buscar un amigo en zonas retrasadas. Su influencia en ataque está perdida totalmente porque no es un lateral sorpresivo, sino un llegador gradual, y perder la presencia de un interior con el que buscar subidas como era Vicente le perjudicó evidentemente. 
  • Edu Expósito lleva bastante tiempo sin deslumbrar y posiblemente el menos culpable de ello sea él. Lo cierto es que se está viendo obligado a actuar en un entorno que le obliga a la intrascendencia aunque, paradójicamente, le obligue también a la omnipresencia. ¿En qué beneficia a Edu verse obligado a dar varios pasos hacia atrás para desatascar la función de salida de balón porque Bergantiños no es un jugador solvente realizándola, cuando la principal aportación de Edu es la de ser determinante con el balón en tres cuartos y cuando la labor de construcción previa puede ser realizada por jugadores que sí son específicos para ella como Vicente o Mosquera? Y, sobre todo, ¿en qué beneficia al equipo tener a Expósito ahogado en el minuto 60 por esa ida y vuelta, haciendo labores propias de tres posiciones diferentes y siendo incapaz por ello de no brillar en ninguna? Por si fuera poco, ayer no fueron pocas las ocasiones en las que teniendo Expósito el balón fue incapaz de encontrar apoyos para soltarlo.
  • Carlos Fernández es el jugador más diferencial del equipo, un futbolista que facilita enormemente el mantener la posesión en zonas altas por su juego de espaldas y capacidad combinativa. ¿En qué beneficia a Carlos caer en el juego brusco y rápido, de ida y vuelta, al que se entrega el Dépor sin reticencia a instancias de sus rivales? Cuando el balón llega a Carlos, el panorama inmediatamente detrás de él es desolador. Edu, incapaz de estar en todos sitios, no siempre está en el apoyo y Fede en ataques rápidos no tiene tiempo de cubrir su hueco desde la banda. Al final, los balones que llegan a los dos de arriba acaban siendo en muchas ocasiones una invitación agresiva a que se busquen la vida ellos mismos y no se puede vivir de la pegada en un equipo en el que tus dos delanteros, aunque solventes y de calidad, no son Messi y Cristiano Ronaldo.
  • Marí y Duarte son dos defensas que se sienten muy cómodos desde el dominio. No se tensan cuando hay que sacar el balón con calma y se toman su tiempo moviendo al rival y tocando entre ellos todo lo que sea necesario si así se requiere. Son jugadores con un muy buen posicionamiento, pero no son centrales excelsos cubriendo campo, cuando el control se pierde sufren, cuando los ataques pillan desordenado al equipo y la transición defensiva es errática lo pasan mal. ¿De qué les sirve también a ellos esa continua ida y vuelta que acaba casi siempre con pérdidas rápidas y transiciones a trompicones que conllevan contras inmediatas del rival, contexto que especialmente cuando el delantero es rápido (y, contra el Dépor, los rivales suelen usar esta opción conociendo este detalle) tiene grandes posibilidades de hacer especial daño?
  • Bergantiños es un destructor puro, necesita a alguien cerca para dársela inmediatamente cuando recupera, un jugador que haga lo que hizo Juan Domínguez cuando los dos fueron jugadores muy destacados hace unas temporadas en segunda. Por lo explicado anteriormente, es evidente que Edu no es el hombre adecuado para hacerlo. ¿En qué beneficia a Álex y, sobre todo, en qué beneficia al equipo, que sea la base del juego de ataque? Su habilidad para sacar el balón mejoró considerablemente de hace unos años a esta parte, pero nadie sale beneficiado de hacerle resolver papeletas en las que sufre.
  • Todos los jugadores de banda están a un nivel horrendo, sin excepción, desde hace tiempo. Y ni Cartabia, ni Valle ni Nahuel son jugadores horrendos. Es evidente que existe un problema estructural en su irrelevancia, que la existencia en la pierna cambiada es un invento sin pies ni cabeza dentro de la sistemática de juego del equipo porque no aporta nada en la estructura habitual de ataque y limita tanto a ellos como a los delanteros, porque siempre va a sobrar un jugador, un jugador que además al estar a pie cambiado tampoco te va a dar la capacidad de sacarte un centro en la mayoría de ocasiones. Me parece adecuado el recurso de las bandas cambiadas en esquemas con un sólo delantero, algo que te permite usar a un jugador para mover la defensa y sorprender introduciendo a un jugador en conducción desde el exterior, o en aspectos puntuales de los partidos, pero utilizarlo como recurso por defecto carece de sentido si no es con argumentos de peso que resulta evidente que no existen.
Se podría entrar a valorar más cosas, muchas más, pero haríamos de este artículo una sucesión infinita de párrafos. El resumen se basa simplemente en que poner a los mejores es sólo una parte esencial del plan, pero no la única. Saber por qué son los mejores y permitirles serlo es realmente la clave de todo. Pero seguramente sea ya muy tarde para todo esto, porque el fútbol es un juego orquestal que no cambia de la noche a la mañana. Habrá que confiar en la ciencia infusa y en la suerte.
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22 abr. 2019

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En busca de la competitividad perdida


  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Los equipos tienen personalidad. Siempre existen versos libres que vagan a su aire por el vestuario, pero puede decirse que lo normal es que cada equipo alcance con el tiempo su propia forma de ser, que esencialmente dicta la manera con la que se enfrentan a las adversidades en el campo. El Real Madrid de la primera etapa de Zidane era un equipo ególatra, el United de Ferguson era un equipo prepotente, el Inter de Mourinho era un equipo sacrificado y leal y el Barça de Rijkaard era un equipo feliz y despreocupado. Estos rasgos, aunque en algún caso puedan parecer peyorativos, no lo son. Son ese factor diferencial que estos grandes equipos supieron explotar para convertir su proyecto en grandeza en los momentos críticos, el punto que, bien gestionado, marcó la diferencia entre el éxito y el fracaso cuando tenía que hacerlo. La egolatría del Real Madrid les permitió ser un equipo inmune a la presión de las grandes citas. La prepotencia del United les permitió ser un equipo que nunca se veía inferior a nadie bajo ninguna circunstancia. La lealtad del Inter permitió ver un equipo que de otra manera, sin morir por las ideas, nunca habría sido campeón de Europa y la alegría despreocupada del Barcelona hizo que el equipo dejara atrás a pasos agigantados una época oscura demasiado triste. Por supuesto, para lograr convertir en algo positivo estas personalidades colectivas fue necesario moldearlas o gestionarlas adecuadamente para conseguir esos resultados positivos.

Los ejemplos utilizados hasta ahora son ejemplos de éxito, pero evidentemente también hay ejemplos de personalidades que conllevan fracaso, ya sea por predisposición hacia ello o por fallar en lo ya comentado: no tener una gestión adecuada. Muchos equipos con grandes nombres que acaban fracasando suelen ser equipos divos fruto de una prepotencia o egolatría mal llevada a diferencia de los casos comentados anteriormente en los que sí dio frutos. En el fracaso, la etiqueta es más difícil de poner que en el éxito, ya que no se sabe bien si lo que se muestra es lo real o el producto de la negligencia. El caso del Deportivo lo veo como un claro ejemplo de fracaso en la gestión de la personalidad y es algo que ya traté anteriormente. A día de hoy creo que es una plantilla estancada en la ''cómoda'' inoperancia de no querer afrontar el fracaso y preferir verlo como falta de suerte más que como falta de atrevimiento. Creo que estamos viendo un equipo postrado a aceptar la ansiedad propia de ese sentimiento casi victimista, un sentimiento que llegó a vencer a este equipo por completo. Y eso es un desastre, ya que no hay nada más anticompetitivo que eso.

Esa actitud es una garantía de fracaso cuando uno se abandona a ella. Hay ocasiones en las que gente capaz de sacar adelante sus obligaciones se ve totalmente embotada cuando conoce el escollo de la derrota. Ya sea en el fútbol, en un carrera universitaria o en la vida laboral, los malos momentos siempre aparecen y no saber afrontarlos es algo que puede aparecer en cualquier momento. Y según cómo seas, la manera de arreglarlo difiere bastante. Veo a este Dépor como a ese alumno que va a los exámenes sabiendo que va a suspender y que se bloquea ante ese miedo prefiriendo evadirse antes que poner todo de su parte para que eso no pase. Salir de ese catastrofismo no es sencillo, y por supuesto que la influencia externa tiene su peso. De hecho, algo observado ayer relacionado con esta influencia externa es lo que me llevó a recuperar hoy este tema.

Soy de los que defiende que una grada no debe ser hostil contra su equipo cuando todo está en juego, de hecho lo hice aquí mismo no hace mucho. No obstante, lo que expongo en el párrafo anterior sobre que cada personalidad necesita estímulos distintos para sobreponerse a los malos momentos también es algo que ha de tenerse en cuenta, y contra el Extremadura se vio algo curioso que me hizo reflexionar este asunto: Justamente los únicos momentos para guardar del equipo en el partido se dieron con la grada totalmente en contra (sin que se pueda obviar a mayores el hecho de que esos momentos los cambios habían mejorado al equipo al haber introducido a Mosquera y Cartabia). Fue cuando la grada empezó a pensar más en acusar que en apoyar cuando apareció un Dépor con un poco de sangre inyectada en los ojos y que olvidó de la apatía para encenderse en busca del gol.  No obstante, era demasiado tarde. No ha de entenderse esto como una invitación a increpar a los jugadores desde la grada, ni mucho menos. Quizás podría serlo si una grada de fútbol fuese un colectivo de gente de la que se pudiera esperar conocer los límites de la decencia humana, pero como no es el caso simplemente es una simple reflexión: quizás el equipo necesite que le dejen claro la clase de ridículo que están haciendo para que dejen de hacer el ridículo y saquen la pizca de orgullo que les pueda quedar en su interior.

En cualquier caso, no soy psicólogo ni trabajo a diario con los jugadores para que mis palabras sean más que opiniones en base a la observación lanzadas sin más pretensión que el puro debate y, por supuesto, aunque me guste bastante tratar el aspecto psicológico (porque creo que lleva siendo un handicap en este club desde hace tiempo y este año es el más significativo en ese aspecto) eso sólo es el factor qe da la puntilla a todo lo demás. Una plantilla con la que el equipo debería ir bastante holgado para conseguir al menos estar en puestos de play off sin sufrir se mermó de manera inadmisible haciendo peores a los más válidos o directamente prescindiendo de ellos (entran aquí Mosquera, Saúl, Vicente, Carles Gil y Cartabia) para dar una confianza desmesurada a jugadores mediocres que no deberían ser más que un complemento puntual (Didier, Pedro o Bóveda). Tampoco se dio oportunidad a jugadores que parecían poder aportar, como es el caso de Montiel. Si a eso le sumas las continuas lesiones de Carlos Fernández y Krohn Dehli, dos jugadores que partían como piezas importantes, lo que te queda es una plantilla que dista mucho de lo que se podía entrever en verano y que se asemeja más a una balanza descompensada.

Por otro lado, tampoco se puede negar que desde el banquillo no se está ayudando para nada al equipo desde hace meses. Si la lectura de los partidos de Natxo en sus últimos tiempos estaba siendo deficiente, Martí ayer dio una lección de lo que no debe hacerse en el apartado táctico. La idea de alinear a Vítor Silva (un jugador que sólo puede rendir en un contexto de mucha posesión adelantada y poca ida y vueta) poniendo a la vez un costado derecho formado por tres jugadores como Moreno, Bóveda y Pedro que son totalmente contraproducentes para el fútbol combinativo no te hace sólo perder toda posibilidad de jugar a lo que podrías querer jugar, sino que además conlleva jugar con un jugador menos, ya que Vítor Silva pasa a no servirte para nada y a restar más que sumar. La alineación contra el Extremadura es un error tan inexplicable y grave como el de acabar jugando con Pedro de lateral derecho. Cuando llegas para cambiar la dinámica de un equipo lo último que puedes hacer es caer en las mismas locuras absurdas en las que cayó tu predecesor en el banquillo en sus últimos partidos, cuando buscaba soluciones desesperadas.

Nadie debería engañarse, este Dépor no va a ascender ni va a meterse en el play off. Quizás a partir de la próxima jornada veamos a un equipo diferente, pero las cosas no son tan sencillas y llevamos media temporada confiando en milagros que no llegan. Y a estas alturas, prácticamente ni un milagro puede hacer que este no sea el fracaso más sonado de las últimas décadas en este club. Un año más, el proyecto deportivo vuelve a fallar de manera estrepitosa.
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7 abr. 2019

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El debate sobre la culpa de Natxo en el fracaso de su proyecto en el Dépor es irrelevante

  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
Natxo González ya es historia para el deportivismo. Con su cese, anunciado esta tarde, se cierra una nueva etapa fallida que acabó mucho peor de lo que se esperaba hace no demasiados meses. Una etapa que llegó a parecer diferente a las anteriores en algún momento, pero que se cerró como absolutamente todas las que se abrieron durante los últimos tiempos: con un sonado fracaso.

Natxo forma ya parte del pasado, y el debate útil ya no debe tenerle a él como objeto de reflexiones. Siempre es importante tener presente el pasado para tomar decisiones de cara al futuro, pero también es importante identificar la raíz de los problemas a los que uno se enfrenta, y en el Deportivo hay uno evidente que eclipsa a todos los demás. El único debate que se debe hacer a día de hoy es el que busque dar respuesta a una simple pregunta: ¿Qué se está haciendo mal a nivel de club para que exista esa imposibilidad de crear un proyecto estable a medio plazo?

El caso del club coruñés es sorprendente, ya que no se puede decir que no hubiera intentos muy variopintos de hacer cosas diferentes. No todo proyecto estuvo encabezado por entrenadores incapaces como Clarence Seedorf o que tomaron las riendas en un momento demasiado hostil como Cristobal Parralo, también existieron etapas en las que por un momento todo parecía ir bien como en la época de Víctor Sánchez del Amo o mismamente en la de Natxo. También intriga ver cómo un entrenador como Gaizka Garitano, que en Coruña mostró una versión gris, está actualmente consiguiendo objetivos con cierta holgura en Bilbao.

Creo que en este club existe cierta tendencia por no encontrar el punto medio, tendencia a confiar en técnicos con buenas intenciones pero a los que todavía les queda grande un club de la categoría del Deportivo (de nuevo los ejemplos de Víctor y Natxo) o entrenadores de vuelta y media que ya no tienen ese ansia de crecer y ese factor sorpresa que aportar al fútbol moderno (Mel y Víctor Fernandez). Esas alternativas pueden salir bien y tanto la opción de dar la alternativa a gente nueva como la de echar mano de la experiencia son perfectamente válidas, pero cuando ninguna te funcionó cabe preguntarse si no vendría bien apostar por algo distinto por una vez.

Cuando hablo de algo distinto, y este me parece un aspecto clave, me refiero a que deberíamos echar la vista hacia atrás y analizar un detalle: ninguno de los entrenadores que llegaron durante la era Tino para encabezar sus proyectos tenía experiencia o la tenía pero había experimentado sólo el fracaso en el cometido para el que llegaban. Si excluimos los entrenadores que llegaron al Dépor con la temporada empezada (se intuye una mayor disponibilidad para elegir a un entrenador cuando se contrata en verano que con la temporada ya empezada y por ello debemos ser más críticos con los errores en el mercado veraniego), tenemos los siguientes casos:

  •  Víctor Fernández: Llegó para pelear por el descenso, pero a lo largo de su carrera sólo conoció esa lucha en una ocasión, en su primera temporada en Primera. Llegó a mitad de temporada al Zaragoza y consiguió el objetivo, sí, pero aquello fue en 1991. En el resto de sus proyectos en la categoría quedó en la mitad alta de la tabla salvo en su última temporada completa en Zaragoza, donde quedó 13º pero sin estar nunca en peligro real. En las campañas en las que entrenó a equipos que acabaron luchando por no descender fue siempre destituido antes de acabar el año.
  • Gaizka Garitano: Llegó con el objetivo de la permanencia en primera después de no haberla logrado en su única oportunidad previa en la máxima categoría (a pesar de que el Eibar acabaría manteniéndose en los despachos).
  • Natxo González: Llegó con el objetivo fundamental del ascenso a primera, pero en su única oportunidad de estar en esa lucha acabó siendo eliminado el el play off.

En cuanto a los fichajes de urgencia en mitad de la temporada como parche para salvar al equipo de la hecatombe, sólo Mel había tenido alguna experiencia exitosa en salvar a un equipo del descenso desde primera división (y sólo en una temporada). Víctor, Seedorf y Cristóbal eran debutantes en la categoría. Pero como dije antes el mercado de entrenadores una vez la temporada ya está empezada es muy limitado, lo realmente preocupante es errar el tiro en el mercado de verano en tres ocasiones que podrían contabilizarse como cuatro si tenemos en cuenta la renovación de la confianza en un Mel que a pesar de haber conseguido la salvación estaba ya muy discutido al final de su primera temporada.

Sea como sea, siete proyectos fallidos en cinco años es argumento suficiente para esquivar casi por completo el debate sobre la figura de Natxo González ahora que ya no es parte del club. El nuevo entrenador ha de tener presente su etapa para ver qué fortalezas y debilidades mostró el equipo tanto colectiva como individualmente y buscar no repetir errores, pero poco más. El debate realmente útil pasa por reconocer que algo se está haciendo mal a nivel de club que hace que sea imposible alcanzar la estabilidad y todo debate debe orientarse a hallar la raíz de ese problema. Encontrar una persona y una idea para asentar el futuro deportivo del club es una condición obligatoria para alcanzar objetivos, y la deriva actual sólo puede dirigir al Deportivo al fracaso endémico.
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