27 oct. 2020

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Plantillas buenas, plantillas malas y puzles en montaje

 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Esta mañana leía un tuit de un medio de comunicación que sigue la actualidad del Dépor abriendo debate sobre si la plantilla del club coruñés está sobrevalorada. Sinceramente, yo no supe qué contestar y simplemente ignoré la encuesta. No es que me molesten este tipo de preguntas, pero sí que he de reconocer que lo veo como un debate totalmente banal y carente de objetivo. ¿Qué respuesta puede darse ante una pregunta como esa más que un 'no se puede saber'?

El rompecabezas de 11 piezas

Voy a desarrollar la idea: Opino que las plantillas son un puzle por montar, con unas piezas predefinidas a las que únicamente se les puede pedir que sean acordes al contexto, es decir, que tengan el nivel futbolístico exigible para la categoría. Yo creo que este requisito lo cumplen la práctica totalidad de los equipos, todo el mundo tiene al menos un once titular con nivel suficiente para competir en la división en la que está, unos con mayor holgura y otros con menos. Esa holgura será la que marque la diferencia entre pelear con los de arriba o con los de abajo, pero si con esos mimbres peores o mejores se hacen las cosas suficientemente bien o suficiente mal todo equipo está capacitado para quedar en mitad de tabla al final del curso.

Hablar de plantillas sobrevaloradas es engañoso, porque te lleva a debates trampa de los que no puedes extraer nada. ¿Está la plantilla del Granada infravalorada? Yo creo que no, pienso que Machís no es mejor que Messi, que Rui Silva no es mejor que ter Stegen y que Luis Milla no es mejor que de Jong. Pero están por delante del Barcelona porque el trabajo que están realizando situando las piezas de su puzle está siendo magistral desde hace ya varios años. Por ello el debate debería ser otro, el debate debería ser sobre a qué puede jugar el Deportivo con los jugadores que tiene, pues cualquier otra cosa es banal. La plantilla estará sobrevalorada o no al final de temporada en función de si cumple objetivos, a día de hoy no es más que un grupo que no encuentra su camino.

Creo que no hay dudas de que los jugadores que tiene el Deportivo en plantilla cumplen los mínimos exigibles en cuanto a nivel para jugar en la categoría, y es aquí donde empieza el puzle. Un puzle que, como los que se compran en cualquier juguetería, puede ser fácil o complicado. El tuit que comento al comienzo del artículo insinúa que hay plantillas buenas y plantillas malas (y la existencia de esta dualidad no deja de ser algo obvio, claro), pero creo que la división realmente adecuada una vez la plantilla está hecha es la misma que la de los puzles: hay plantillas fáciles y plantillas complicadas, y ahí está el debate con el que se puede llegar a algo.

Ejemplifiquemos con nombres para ver esta diferencia entre plantillas 'fáciles' y 'complicadas'. Creo que si un entrenador llega a un equipo en el que la columna vertebral está formada por Piqué, Busquets, Xavi e Iniesta tendrá bastante claro cómo construir juego. Aquel grupo de jugadores con los que se encontró Guardiola (y a los que este ayudó a mejorar en sus condiciones grupales) habían nacido todos ellos para jugar a lo que jugaron y se complementaron a la perfección. Incluso así, ser capaz de verlo sin que antes hubiese alguien enseñando ese camino habría tenido su aquel, pero convengamos en que son jugadores con roles de construcción muy bien complementados. No digo que sea fácil alcanzar lo que alcanzaron, pero ver la pasta de la que están hechos como grupo de jugadores y sus necesidades asociativas sí que salta a la vista.

Pongamos ahora otro ejemplo, algo más enrevesado, con jugadores que ni siquiera coincidieron nunca como grupo. Pongamos a un equipo vertebrado por Sol Campbell, Scholes, Kanté y Lampard. Todos ellos son jugadores de un nivel análogo a los anteriores (sin entrar en comparativas concienzudas, todos ellos estuvieron a lo largo de sus carreras entre los mejores del mundo en sus puestos, como los futbolistas mencionados antes) y que no sea tan fácil conjuntarlos a primera vista no implica que estén sobrevalorados si no acaban de funcionar adecuadamente, una plantilla con esos futbolistas tiene que ser capaz de alcanzar altas cotas sí o sí porque talento tiene. Simplemente se debe buscar la manera de encontrar la construcción más eficiente con esas piezas, que no son tan sencillas de encajar como las otras. ¿Cabe buscar excesivamente el recurso de la conducción explosiva hacia arriba para romper las primeras líneas con rapidez que tenía Campbell o vale más renunciar a ello, teniendo en cuenta que el antiguo capitán del Arsenal nunca fue un excelso pasador, y darle más peso a la pausa de Scholes aunque esto suponga un menor factor sorpresa? En el caso de Kanté, ¿explotaremos su rol de todocampista abarcando terreno como nadie y por ello robándole espacio de influencia a un Scholes que aunque nunca tuviera la fama siempre fue posicionalmente excelente en defensa o explotaremos más bien ese talento del francés para ser un llegador nato que (si bien fue abandonando con el tiempo) mostró sobre todo en el Leicester campeón y que rivalizaría con la de un Lampard que siempre destacó por ser protagonista en ese aspecto? Es complicado encontrar el equilibrio adecuado entre quién debe ser el especialista en qué, y en el camino te puedes encontrar con un mecanismo poco engrasado que hace parecer que los jugadores sean mucho peores de lo que son, pero eso no hace que tus futbolistas tengan menor nivel por arte de magia.

La plantilla del Dépor es del segundo tipo. No creo que exista duda alguna sobre ello, las características de los futbolistas blanquiazules en fase ofensiva no casan del todo bien. La mayoría de futbolistas de centro del campo (pivotes y volantes) son de un perfil más físico o de llegada que creadores, y por otro lado jugadores de ataque, como Lara, gustan de intentar el desmarque de ruptura buscando recibir pases entre líneas que ninguno de los jugadores titulares de los últimos encuentros suelen realizar por sistema. Las cosas cambiarían si el volante ocupando el flanco del jugador cedido por el Sevilla hubiese sido Carles Gil, por ejemplo, pero por el momento está siendo Celso Borges, cuyas cualidades son otras. Este tipo de plantillas tienen un hándicap importante, y es que necesitan mucho trabajo y mucha probatura para encontrar un equilibrio adecuado. Y Fernando Vázquez tuvo un cúmulo de problemas importantes que fueron totalmente en contra de todo esto: El escándalo del Fuenlabrada que retrasó la confirmación de la categoría en la que jugaría el club, la situación pandémica que en cierta medida lastró y sigue lastrando la preparación, una plantilla nueva en su práctica totalidad y casos como el de Rolán, que hacen tener que prescindir de manera indefinida de un futbolista con sueldo de referente. 

¿Cuál sería la solución al puzle de Fernando Vázquez?

En un párrafo anterior (y en el artículo sobre el partido contra el Compostela) ya di algunas pautas sobre lo que creo que necesita intentar el equipo para funcionar en el aspecto que más le está costando, que es la construcción y la creación de peligro. Creo que de mediocampo para adelante hay varios futbolistas que son claramente mejores que el resto y se debería buscar optimizar sus capacidades, estos son Uche, Borges, Keko y, quizás, (necesito verlo en un contexto favorable a su juego) Lara.

¿En qué destaca Borges? El costarricense siempre fue un futbolista excelente descolgándose de su posición y pisando área para crear superioridades y de esa manera crear peligro. Por ello me sorprende que esté jugando en el mismo flanco de Lara en lugar de jugar en el de Keko, un jugador mucho más pausado y combinativo con el que se puede asociar para progresar en su camino al área y obteniendo a partir de tres cuartos una doble amenaza entre un balón filtrado hacia el extremo para el centro o la peligrosidad por la zona media del centrocampista tico. De esta manera encontramos ya una primera idea para un ambiente ofensivo más agradable para ambos jugadores que el que se están encontrando en los últimos partidos

¿En qué destaca Lara? En el caso del extremo zurdo, es un jugador mucho más móvil que Keko, que da profundidad y que disfruta el espacio y los pases filtrados entre líneas hacia él. Por ello, a priori parece factible que la presencia de Gandoy en la posición de volante por su banda le ayudase a encontrar un socio que maximizara su contribución, pues el canterano demostró en el partido ante el Salamanca que sabe moverse en esa zona en la que el equipo se queda con ideas y romper líneas con pases filtrados. 

En cuanto a Uche, es un jugador posicional sobre el que asentar todo lo demás, es cierto que en sus últimos encuentros dio signos de que físicamente le falta bastante, pero en forma debería ser fundamental en este equipo. 

Dicho esto, diría que la formación con la que se está jugando en fase ofensiva es la adecuada, pero yo probaría a cambiar piezas y hacer lo comentado en los párrafos anteriores para maximizar las individualidades determinantes, con lo que mi equipo titular sería algo así:

Por supuesto, esto es sólo la idea que yo extraigo sobre lo que probaría si fuese yo el que tuviera que subsanar los problemas vistos en los últimos encuentros. No sé si esta alineación y recursos sugeridos se probaron ya con desastroso resultado o no. En cualquier caso, creo que este es el debate del que podemos extraer algo, hablar a estas alturas de si los jugadores sirven o no no es más que una crítica destructiva. No quiero decir que exista mala intención en el debate, sino que no construye.

¿Qué podemos juzgar como 'malo' o 'bueno' en relación con la plantilla?

A pesar de todo lo dicho (debido a ello, de hecho), por supuesto que se puede hablar de cosas sobrevaloradas, o cosas buenas o malas. Me refiero, claro, a la labor de confección de la plantilla y no a la plantilla en sí. Una vez cerrada no tiene mucho sentido ponerse a debatir sobre el nivel de lo que hay, porque, salvo hecatombe, como ya dije los jugadores de cada plantilla tienen nivel para su categoría. De lo que sí puede hablarse es de una buena o mala gestión de la parcela deportiva fichando jugadores, pues está claro que es responsabilidad de ellos generar un puzle de la menor dificultad posible para las ideas del entrenador, y si lo que queda al final es un rompecabezas de 10000 piezas de un cielo completamente despejado habrá que rendir crédito. Pero vamos a tener un poco de calma y a esperar a ver realmente lo que puede dar equipo.

¿Qué es la plantilla del Dépor? Por ahora sólo se puede decir que es un puzle al que le falta trabajo. Quizás a final de temporada sí se pueda hablar sobre si se sobrevaloraron sus opciones o no.

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26 oct. 2020

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Las claves de la inocuidad del Dépor en San Lázaro

 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

 El Deportivo sacó en el estadio de San Lázaro un punto que, si bien poniendo los ojos en el objetivo con el que parte el equipo es muy escaso, viendo lo ocurrido durante el partido es más que justo. La incapacidad para crear juego, la desaparición de las individualidades determinantes y una actividad en área rival apenas inexistentes son algunos de los preocupantes signos que deja un equipo que necesita reaccionar ya si quiere pelear por lo que está obligado a pelear. 

En este artículo se estudia lo visto durante la primera parte del Compostela 0-0 Deportivo, buscando una explicación a la incapacidad mostrada por el equipo visitante para crear peligro.

LAS BASES DE JUEGO 

El equipo deportivista se plantó en San Lázaro con una variante del 4-3-3 (con Álex Bergantiños de pivote y Celso y Nacho de volantes más adelantados, casi a la altura de los dos extremos), que en fase defensiva se convertía en 4-4-2  (ver IMAGEN 1) con Nacho acompañando a Claudio para intentar incomodar la salida de balón del conjunto rival.

IMAGEN 1: 4-4-2 en fase defensiva. En esta ocasión es Keko el que centra su posición para acompañar a Beauvue

El Deportivo empezó ya su primera jugada con una declaración de intenciones: Balón desde el saque de centro a Borja Granero para que el central lanzara el balón a tres cuartos de campo buscando la cabeza de Claudio Beauvue con la intención de que este prolongara desde el aire, sin éxito, hacia la internada de Lara. Tras el fracaso de esta primera jugada, el argumento deportivista fue tan claro como ineficiente en la práctica: Presión adelantada a los centrales del Compostela y búsqueda de balones filtrados hacia tres cuartos por parte de los centrales para intentar explotar (con nulo éxito) la zona central.

Destaca la intencionalidad que se busca con Bergantiños, que desde el inicio se instala recurrentemente en fase ofensiva entre los dos centrales (ver IMAGEN 2) y da un paso hacia atrás cuando cualquiera de los dos se lanza a iniciar el juego, una constante durante toda la primera parte. La búsqueda de sacar el balón mediante el recurso de permitir subir a Mujaid o Granero mientras el 4 les cubre las espaldas es la tónica habitual para buscar crear espacios en la presión rival que permitan superar líneas lo más rápido posible, aunque cuando el balón sale de los pies de cualquiera de los dos centrales para llegar a los de los jugadores de ataque de su flanco la jugada suele entrar en un punto de cortocircuito. Ni por movimientos ni por conducción el entramado ofensivo del Dépor consiguió ver la luz más que en un par de intentos entre todos los que existieron en el primer tiempo.

IMAGEN 2: Bergantiños da un paso hacia atrás para permitir la subida de Mujaid

CORTOCIRCUITO EN ATAQUE

El Compostela imprimió una presión muy centrada en anular a los dos volantes (ver IMAGEN 3), y la escasa movilidad ofrecida en la posesión propia tanto por Borges como por Nacho ayudó a que el balón apenas pudiese pasar por los pies de esos jugadores que, a priori, deberían tener la responsabilidad de filtrar el juego hacia las posiciones más adelantadas. El cortocircuito para llevar el balón desde la línea central a tres cuartos fue evidente al ser incapaces de sacudirse esa presión.

IMAGEN 3: Nacho rodeado nada más recibir e incapaz de mirar a portería

Lo más preocupante, debido a que implica un importante problema propio más que de planteamiento rival, fue la falta de comprensión en la combinación. Los errores en las sistemáticas de juego, especialmente a partir de tres cuartos de campo, fueron recurrentes y provocaron pérdidas de contextos favorables en situaciones sin presión. Pases en profundidad demasiado largos, pases en triangulación directamente a las piernas del rival o balones en largo que llegan a ninguna parte se ven en todos los partidos, pero el Deportivo los sufrió más como norma general que como excepción y condenaron al equipo a ser ineficiente por sistema. Decía Bergantiños en rueda de prensa que el equipo abusó de la conducción, pero yo no lo vi así. Creo que de lo único que abusó el equipo fue de ese error no forzado.

Si nos centramos en buscar el origen del cortocircuito, la manera más fácil de encontrarlo fue la posición de los volantes en fase ofensiva. Borges y Nacho se mostraron como islas demasiado alejadas de Bergantiños a la hora de buscar mover el balón en campo rival, forzando al capitán a jugarse balones en largo o a buscar apoyarse en los centrales para regresar al inicio de la jugada (ver IMAGEN 4 e IMAGEN 5). Esto embotó la capacidad de salida en todo momento.

IMAGEN 4: Bergantiños conduciendo el balón sin apoyo de volantes. Se destaca la zona donde debería ofrecerse el apoyo

IMAGEN 5: Análogo a IMAGEN 4 para otra acción

Por otro lado, en las bandas se vivió un duelo en tablas en todo momento. Ni Compostela ni Deportivo supieron hacer daño al rival por esas zonas, siendo el centro el único lugar descompensado del que ambos equipos buscaron sacar réditos. Y fue por ahí donde el equipo local supo hacer más daño, pues el equipo deportivista, como se explicó ya, nunca supo encontrar a Borges ni a Nacho González en posiciones ventajosas. El costarricense no entró en juego en toda la primera mitad y el uruguayo ofreció más voluntad en la presión que en la posesión. 

Otra problemática a la que se enfrentó el equipo fue la falta de efectivos en el área ante las escasas llegadas a línea de fondo de Keko (ver IMAGEN 6). Si apenas eres capaz de llegar a ese contexto, no te puedes permitir que en las ocasiones que lo hagas no haya nadie para sacar algo de la acción. Beauvue estuvo habitualmente más alejado de los balones colgados de lo que debería.

 

IMAGEN 6: Keko se prepara para centrar sin que nadie haya llegado al remate

Sólo un remate de Lara tras un centro de Keko, al que encontró Mujaid tras la única acción exitosa de todas las que se buscaron haciendo conducir a los centrales hacia campo rival, creó peligro sobre la portería de Pato Guillén en toda la primera parte.


EL PELIGRO DEL COMPOSTELA

Al Compostela se le permitió jugar el partido que quiso jugar, que se basó en  no perder puntos y crear peligro a partir de la búsqueda de desajustes defensivos del rival mediante movimientos de barrido que aprovecharan el posicionamiento excesivamente adelantado de los dos volantes deportivistas en fase defensiva y dejaran a menudo a Bergantiños con más de un jugador del que estar pendiente.

Una de las cosas que más me llamó la atención del Dépor sin balón fue la demasiado habitual discrepancia en los roles de Keko y Nacho. A ambos jugadores se les vio en reiteradas ocasiones ocupar la misma parcela de campo durante la subida del balón del rival (ver IMAGEN 7 e IMAGEN 8), dejando un carril libre para que el Compostela subiera de manera rápida al ataque tras recuperación.  

IMAGEN 7: Keko y Nacho cubren el mismo espacio durante la subida de balón rival dejando un flanco descubierto para una construcción rápida del Compostela.

IMAGEN 8: Análogo a IMAGEN 7

La primera acción peligrosa del equipo local se produjo en el minuto 8. Una desconfiguración de los roles en la marca creó un contexto beneficioso que supieron explotar (ver IMAGEN 9). Se vio recurrentemente a un Compostela que, encontrando en ciertos ataques una línea defensiva deportivista mal posicionada de manera análoga a esta acción, intentó conseguir repetir este contexto favorable utilizando el ataque de espacios por parte de sus jugadores más adelantados, atacando la posición del central más atrasado para anular a Bergantiños. El dinamismo de los jugadores de ataque compostelanos fue una pesadilla recurrente para el orden defensivo deportivista, y las lagunas fueron tan frecuentes y visibles que incluso el central Álvaro Casas llegó a animarse a subir para hacer daño en una ocasión, provocando un nuevo desorden que en esa ocasión no pasó a mayores por una buena presión deportivista sobre el jugador con balón.

IMAGEN 9: Desconfiguración defensiva del Dépor aprovechada por atacantes atacando al espacio débil

Poco después, en el minuto 9, un barrido simple en un saque de banda permite a Juampa Barros dejar atrás la marca de Bergantiños, que no lee su movimiento (ver IMAGEN 10). Con Mujaid excesivamente lejos de la cobertura, el extremo del equipo compostelano es capaz de llegar sin resistencia a las cercanías de la portería de Abad, aunque su disparo no consigue batir al portero.

IMAGEN 10: Desconfiguración defensiva tras saque de banda que desemboca en ocasión

En cuanto a la presión en zona alta, realizada normalmente por Beauvue y Nacho, fue un primer recurso muy habitual tras pérdida en zonas altas, pero no podría haber funcionado peor. La presión se diluyó debido a la incapacidad de mantener el sistema adecuadamente escalonado para cubrir huecos de pase. Los defensas del Compostela siempre encontraron a compañeros para sacar el balón jugado sin rifarlo (ver IMAGEN 11 e IMAGEN 12).


IMAGEN 11: La presión del Dépor es incapaz de evitar la salida de balón del rival

IMAGEN 12: Análogo a IMAGEN 11

 

¿QUÉ SOLUCIÓN SE NECESITAN?

Es complicado encontrar la panacea a un equipo en el que las principales complicaciones parecen ser la extrema inmadurez de los automatismos en la combinación, la falta de tono físico de algunos futbolistas clave, la falta de ideas a la hora de hacer daño en los últimos metros y la escasa fluidez. Si nos ceñimos a lo visto en estos dos primeros partidos oficiales, al Deportivo le falta prácticamente todo lo necesario para competir debidamente. Sólo se salva, quizá, la fortaleza en área propia y la capacidad para tener el ritmo del partido bajo control, aunque este último detalle es algo con lo que los rivales se sienten cómodos. Viendo el cortocircuito en la creación que presenta el Dépor, dejar que lleven el ritmo del juego y del balón no supone un peligro. El equipo es inocuo en sus posesiones y eso no es un detalle con el que se pueda competir. Es cierto que hay individualidades capaces de descompensar partidos, pero Keko no está encontrando socios capaces de rematar sus balones, Beauvue sólo está actuando como objetivo de envíos largos a los que es capaz de llegar pero no de conseguir que se queden en posesión del equipo y Lara parece no sentirse cómodo en un contexto en el que no encuentra espacios ni a nadie que le filtre balones entre líneas. 

Mención aparte merece un Celso Borges que no está encontrando su sitio sobre el terreno de juego, creo que por una mezcla de cuestiones físicas y tácticas. El costarricense no está sabiendo influir en el juego desde la posición de la que parte ni se está animando a pisar área en esa labor de llegada desde segunda línea en la que tanto destacó en su anterior etapa en Coruña. Su irrelevancia en San Lázaro fue preocupante.

Teniendo esto en cuenta, Gandoy debería tener protagonismo ya que demostró en el partido ante el Salamanca que sabe moverse en la zona muerta entre los centrocampistas y los hombres de ataque, ofreciendo apoyos combinativos en lugar de movimientos de ruptura que suelen predominar en el estilo de juego de Lara y Beauvue. De hecho, existe cierta predilección de los compañeros más atrasados por buscar la conexión con Keko, el único de los tres jugadores de arriba con interés por ofrecerse dentro del contexto de creación. Esto provocó numerosos balones en largo a su posición que acabaron en pérdidas debido a las imprecisiones en este recurso.

En cualquier caso, más allá de nombres faltan muchas cosas a nivel colectivo, cosas que resulta complicado que aparezcan de un partido a otro. El equipo es nuevo, la mayoría de jugadores nunca habían coincidido y la categoría es también una desconocida para muchos. Teniendo todo esto en cuenta y el hecho que no se puede decir nada bueno del encuentro de San Lázaro, sólo cabe comentar un resumen final: No jugamos sólo contra los rivales, jugamos también contra el tiempo y contra nosotros mismos.

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21 jul. 2020

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Y parece que aún fue ayer

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


Pertenezco a la generación que creció aprendiendo sólo a ganar. A esa generación que vivió una época en la que sólo había un equipo en la ciudad y en la que lucir una camiseta de fútbol sin rayas blancas y azules era poco menos que un sacrilegio. A nosotros, incluso, nos tuvieron que contar cómo se vivió el mayor jarro de agua fría que experimentó nuestra grada en las últimas décadas, pues aunque en aquel entonces ya estábamos vivos todavía no entendíamos muy bien lo que era un penalti ni por qué todos se entristecían cuando el jugador que lo lanzaba no metía el balón en la red.

Somos la gente que no supo que el fútbol tenía dos caras hasta que la menos amable se manifestó. Escuchábamos historias de otros tiempos, pero aquello había quedado atrás, eran historias de los abuelos y nosotros habíamos llegado para vivir otra cosa. Sólo el tiempo evidenció que eso no era así. Lo cierto es que parece que fue ayer cuando hablábamos de cosas muy diferentes a esas de las que hablamos hoy. No tengo la noción de que haya pasado tanto tiempo desde que Coruña podía celebrar cosas que sucedían en una hectárea de tapete verde, pero supongo que será porque aquellos tiempos se quedaron mejor grabados en la memoria que los recientes, tan dignos de olvido.

Soy de la idea de que el fútbol crece con nosotros y se convierte en una parte de lo que somos. Es cierto que en una misma grada hay múltiples personalidades, incluso gente que se odia o desprecia, pero existe también una cierta influencia común que se forma enfrentando las sensaciones que transmite el devenir del escudo. Las aficiones tienen un alma común moldeada por su equipo. A mí, por lo general, no me gusta el concepto pertenencia a grupos y nunca reconoceré tener nada en común con nadie por el mero hecho de compartir un rasgo, pero no deja de ser cierto que el deportivismo, como cualquier otra afición, presenta en su globalidad una serie de características generales que se va forjando en base a los estímulos transmitidos en el césped (o incluso en los despachos que manejan lo que allí ocure). Ese equilibrio entre emociones transmitidas por la realidad del equipo se hacen parte de nosotros y ocupan un ínfimo porcentaje de lo que somos, pero que está ahí. La importancia de un balón se resume en ese 0.00000001% de nosotros.

Sinceramente, a los que nacimos cuando yo nací todo lo bueno nos pilló demasiado jóvenes como para entender realmente lo que era y en nuestra entrada en la vida adulta nos tocó aprender a fuego y a golpes la lección de que la caída se hace mucho más lenta que la subida, pero eso nos sirvió para grabar en nuestra cabeza que uno nunca se puede desvincular de su club cuando realmente es suyo. Algunos de los nuestros nos dejaron por el camino y lucen ya otras camisetas o incluso la expresión de la indiferencia ante todo lo blanco y azul, pero nadie obliga a nadie a seguir aquí. Los que quedamos, que somos muchos a pesar de todo, somos aquellos para los que este escudo se convirtió en una parte inseparable de nosotros y supimos perdonar que nuestro club ya no nos permita aprender geografía europea cada miércoles. No nos tocó la mejor era posible, pero esta es la nuestra y este es nuestro club. Un club muy diferente al que conocimos cuando estábamos empezando a conocer cosas, un club que nos destrozaron y abandonaron a su suerte, pero si algo aprendimos mientras tanto es que los de siempre estamos por encima de todo lo demás. Y volveremos. No sé a donde, creo que ni siquiera tenemos un lugar al que regresar porque a día de hoy todo es muy diferente a lo que existía cuando estábamos en un sitio que reconocíamos como nuestro, pero creo inevitable que volvamos a saber encontrar el hueco que nos corresponde. Necesitamos dormir y necesitamos pensar, pero el camino a seguir a partir de ahora es el que siempre seguimos: Quien no esté con nosotros, que no moleste.

No sé qué tiempos nos esperan ahora que la realidad está fuera del fútbol profesional y no sé cómo conseguiremos gestionar el golpe cuando nos demos cuenta de lo que implica. Creemos que somos conscientes de lo que acaba de ocurrir, pero no lo somos. Tenemos ante nosotros un camino oscuro del que ni siquiera vemos la primera curva y es bastante probable que nos perdamos más pronto que tarde. Podría hablar sobre las formas en las que nos dejaron fuera de esta competencia, pero no ganaría nada. Ya no. No creo que haya sido un final justo y no creo que deba aceptarse sin más, pero tampoco creo que nada vaya a cambiar porque estamos acostumbrados a que nada cambie a mejor y ya no lo esperamos. No nos queda más que seguir comprendiendo el fútbol de la manera que lo comprendemos y esperar a que las cosas sean diferentes en algún momento. En la categoría que toque, el apego por el escudo sigue intacto.

El fútbol, en lo anímico, tiene sus paralelismos con la música. Aunque no es un arte, también se consume en parte por lo que transmite, sea alegría o tristeza, y es curioso que, existiendo tanta música como existe, la esencia de este club esté encerrada como en ningún otro sitio en un grupo muy ligado a él. Nadie expresa la belleza del fracaso como Los Suaves, y son Los Suaves los que con esa forma de musicar la vida ponen banda sonora involuntaria a todo lo que vive el deportivismo desde tiempos inmemoriales. Porque el fracaso nunca es bello, pero su narración sí puede serlo:

Cuántas ilusiones
 traje a este mundo al reves,
que perdiendo una al día 
creo que aun me quedan dos o tres.
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20 jul. 2020

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El peligro de caer en su juego

Lo digo en la primera frase porque es de vital importancia: Debemos dejar que Tebas y los responsables del CF Fuenlabrada que van en su línea hablen solos y no responder a sus comentarios fuera de lógica que van dirigidos a particularizar todo lo vivido en los últimos días en las peticiones de permanencia del Dépor. De otro modo estaremos cayendo en la trampa absurda de que uno de los más graves amaños de la competición deportiva en España en los tiempos recientes (no sólo por el hecho de que se vulneró la posibilidad de que todos los equipos compitieran en igualdad cuando es un derecho perfectamente asimilado desde hace años como parte de la competición, sino porque para ello se jugó con la gestión de una pandemia global) se convierta en una simple cuestión de justicia deportiva en lugar de una cuestión de justicia legal.

Desde que todo saltó por los aires hace un par de días la estrategia de alguna gente es clara: Acoso y derribo al Dépor para deslegitimar sus reclamaciones deportivas particulares a toda costa, reduciendo el conflicto simplemente a dichas reclamaciones. Y viendo el silencio de los restantes equipos y la reacción de sus aficionados, parece que están consiguiendo su intención de hacer ver que sólo se trata de eso cuando lo cierto es que es sólo lo menos importante de todo.

La maquinaria ya está en marcha para encontrar cualquier recoveco posible para evadir la problemática real. Por ejemplo, algún medio tiró de hemeroteca para irse hasta 1991:


Lo que olvidan decir es que en esa época la unificación de horarios en las últimas jornadas no era todavía como es ahora y que el partido ya había comenzado y no era aconsejable dejar morir a la gente en Riazor sólo por acabar un partido de fútbol. No creo que sea comparable ese suceso con ocultar informaciones sanitarias de interés general hasta que un chivatazo te descubre el pastel y no te queda más remedio que reconocerlo todo.

También son dignas de mención las declaraciones del presidente del Fuenlabrada, insinuando que una negligencia de tal calibre es comparable a la actuación de un grupo de gente no vinculada con el Deportivo más que en sentimiento y sin ninguna responsabilidad legal con respecto al club:


Aunque no los ponga aquí, hay muchos más ejemplos de declaraciones absurdas que buscan particularizar en el Deportivo un problema que atañe a todos y cada uno de los equipos participantes en esta competición. Porque los perjudicados directos esta vez fueron Coruña, Elche y Vallecas pero eso fue sólo un hecho coyuntural y cualquier otro podría haberse visto afectado si las circunstancias que se hubieran dado fuesen ligeramente diferentes.

¿Actuó el Fuenlabrada sabiendo las consecuencias catastróficas que tendría para su participación en el playoff de ascenso que se descubriera que en su plantilla había gente que había dado positivo? Si un diario aleatorio de Cádiz no hubiera dado una noticia que a priori todo el mundo daba por fake por el surrealismo que suponía, ¿alguna vez nos hubiésemos enterado de que un club había puesto en peligro la integridad sanitaria de toda una ciudad? ¿La impunidad con la que se hizo todo esto tendrá algo que ver con el parentesco entre el presidente de la liga y uno de los miembros del club madrileño? ¿Sería esta ocultación de positivos un hecho habitual en los clubes durante todo este tiempo? Ni lo sé ni me importa. Porque no soy yo el que tiene que responder a esas preguntas, sino un juez. Y en todas estas incógnitas de interés general para cualquiera el Deportivo de La Coruña no está mencionado en ningún lado.

El Deportivo no busca salvar la categoría. Salvar la categoría sería una limosna. El Dépor busca que esto no se convierta sólo en un problema de clubs insatisfechos con los resultados de esta última jornada, porque eso haría de esto un problema puramente deportivo cuando no lo es. Es un problema que va mucho más allá. Dejemos de caer en provocaciones y centrémonos en lo importante: Que no lleven esto a su terreno, convirtiendo en una cuestión de satisfacer a equipos de fútbol cuando es una cuestión de evitar que nadie, nunca más, pueda anteponer sus intereses a la integridad de la competición y es digno de llevar a gente ante un juez.

El Deportivo debe ir hasta el final, pero no para salvarse. Debe ir hasta el final por negarse a competir en un torneo adulterado y también por evitar que dirigentes se vean con derecho e impunidad para saltarse las normas jugando con la salud de la gente y la igualdad de la competencia. En Coruña tenemos más que aceptado que somos equipo de 2ªB, lo que nos negamos a aceptar es el competir en un sistema corrupto. A día de hoy, la disyuntiva es clara y es que o estás con el Dépor en sus reclamaciones o estás legitimando un sistema de competición del que el que este club no quiere ser partícipe. Soy consciente de que escribo estas líneas arriesgándome a que el Deportivo, como club, acabe tomando una decisión totalmente en contra de lo aquí expuesto si le ponen una zanahoria delante de las narices y le instan a pasar por el aro a cambio de venderse. Por supuesto que eso podría pasar, y el hecho de que el club esté controlado por un banco aumenta las posibilidades. La cosa es que si un sistema puede permitirse acallar a la voz crítica mediante un pequeño premio para comprar su silencio es porque el resto de participantes facilitaron, con su connivencia, que el problema se limitase sólo a eso en lugar de hacer la suficiente fuerza para erradicarlo. Soy consciente del drama deportivo y económico que supone irse a 2ªB, pero doy por hecho que en ese aspecto no existe salvación posible. Lo que quiero es irme a 2ªB sabiendo que cuando vuelva me encontraré un sistema limpio y no la misma basura acumulada que dejé atrás.
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1 jul. 2020

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La locura que da la experiencia

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


El Deportivo jugó ayer el que sin duda fue uno de los mejores partidos de la temporada, no carente de esa dosis de dramatismo que acompaña a cada uno de los encuentros de este equipo en los que lo normal ya comienza a ser el surrealismo. En Tenerife se consiguió dejar a un lado ese polémico aplatanamiento mencionado por Fernando Vázquez en la previa y se jugó como debe jugar un equipo que aspira a salir del pozo: de tú a tú y sin arrugarse. Y dentro de ese buen encuentro hubo un detalle curioso: Borja Valle jugó en el doble pivote durante buena parte del encuentro y Bergantiños actuó en el centro de la defensa.

Haber visto esto no es trivial. Es cierto que Álex había jugado ya de central en diferentes ocasiones en el pasado, pero lo cierto es que en mi opinión no lo había hecho nunca a un nivel ni siquiera cercano al mostrado en los últimos partidos. En esa posición de líbero moderno, decidiendo según el contexto si actuar como tercer central o dar un paso adelante para contribuir en el centro del campo, el coruñés se está encontrando cómodo dentro del contexto creado a su alrededor y está resultando ser un plan de emergencia ante las bajas que funciona incluso mejor que el plan que había antes de las lesiones que llevaron al capitán a ocupar este puesto. 

En cualquier caso, el hecho de que Bergantiños juegue de central, como ya dije, no es inédito. El caso realmente sorprendente es el de un Borja Valle que hasta hace días nadie lo veía como otra cosa que como un atacante más impetuoso que ordenado. Cuando en el último tramo del encuentro contra la Ponferradina sustituyó a Uche la incomprensión fue la sensación predominante, pero lo único cierto es que con su presencia se remontó un partido que estaba perdido en el tiempo añadido. Muchos de los mejores minutos de fútbol jugados por el Dépor esta temporada se jugaron con él sobre el campo en un puesto en el que nunca se le había visto y eso es digno de mención y reflexión.

A la vista de esto (y también a la vista del caso de Mollejo, que durante varios partidos ejerció de forma notable como lateral izquierdo de emergencia a pesar de que también era un puesto desconocido para él) debemos darle el merecido crédito al entrenador, porque su labor es ver cosas que los demás no ven y en este caso lo logró con creces. Hay que tener mucho fútbol interpretado a tus espaldas para saber ver que ese Borja Valle que siempre actuó de extremo o delantero podía aportar cosas muy interesantes situándolo en un puesto en el que estaba inédito. En ese doble pivote supo ocupar el puesto de manera solvente, dar continuos apoyos tanto en la distribución de balón como en la presión y, sobre todo, contribuir de manera impecable a mantener la posesión del balón. Con él en el campo el Dépor supo ser dominante con la pelota y no pasar apuros sin ella de una forma que no había visto en toda la temporada. No todo el mundo es capaz de intuir este buen rendimiento potencial y casi nadie es capaz de atreverse a probarlo en partido oficial.

Es cierto que los números desde la llegada de Vázquez son impresionantes, pero a mí me gusta ir más allá de la simple estadística y resaltar también que todo esto no se limita a la reactivación psicológica conseguida: Su lectura de juego y su capacidad para buscar lo mejor de sus jugadores está siendo de un altísimo nivel. Es cierto que en ocasiones sus planteamientos iniciales resultan especulativos y eso probablemente no es lo que necesita un equipo que se embota cuando las ideas no están claras, pero es igual de cierto que en cada uno de sus partidos supo hacer reaccionar al equipo en los momentos de necesidad y no es lo habitual saber dar siempre o casi siempre con la tecla. Vázquez tiene un punto de locura, pero esa locura es, igual que su experiencia, un grado. Sin ella no habríamos visto al Valle centrocampista, al Bergantiños líbero ni al Mollejo lateral, y con ello nos habríamos perdido tres de las buenas noticias que nos dejó esta temporada. La situación sigue siendo complicada, pero con lo que estamos viendo es imposible no confiar.
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20 ene. 2020

Published 16:29 by with 0 comment

Olvidarnos del absolutismo

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


El Deportivo aún está muy lejos de su objetivo, pero a día de hoy al menos respira y eso es algo que hace menos de un mes (cuando llegaba a debatirse la idoneidad de planificar ya desde enero un plan la siguiente temporada en Segunda B), parecía imposible. La llegada, por un lado, de un nuevo consejo dispuesto a cambiar cosas por fin para salvar a un club que no merecía arrastrarse como hasta ahora y, por otro, de un Fernando Vázquez que consiguió una vez más hacer creer a un equipo desahuciado, lo cambiaron todo. Ahora, cuando las cosas parecen estar más calmadas (sin que por ello la situación deje de ser crítica) es un momento interesante para echar la vista atrás y juzgar el contexto en el que vivimos en los últimos tiempos, inspeccionando las bases verdaderas y falsas de nuestro pasado más reciente.

¿Por qué se hace necesario este ejercicio de introspección y juicio? Simplemente porque venimos de períodos muy convulsos en los que se miró más a lo de fuera del campo que lo de dentro y, ahora que el césped otorga algo digno de ver, estamos en el momento idóneo para dar un portazo definitivo a unos años que fueron oscuros. Ese portazo no sería justo sin antes ver con qué nos podemos quedar y qué debemos rechazar de todas las cosas que escuchamos durante todo este tiempo para formarnos nuestra idea definitiva.

No comulgo con las ideas absolutas ni con las sentencias con ánimo de irrebatibilidad. En un debate puede haber muchos puntos de vista válidos, pero siempre deben partir de una base que a menudo es la que es y no se puede tergiversar porque hacerlo nos aleja de la verdad. Y las bases de esa verdad sobre los principales debates que rodearon a este club son la temática a explorar en este artículo. Iremos por partes:

Plantilla 2019/2020: A día de hoy no pasa nada por decir que esta plantilla no era el desastre que parecía ser hasta hace muy poco tiempo, aunque tampoco podamos decir que era una maravilla. Teniendo en cuenta que estos cuatro partidos seguidos se ganaron con la misma columna vertebral, resulta evidente que la clasificación no marcaba la realidad. No obstante, la realidad no estaba tan lejana, de los puestos de descenso, y eso también es evidente. El hecho de que los últimos partidos se ganaran con goles de los dos fichajes debutantes y actuaciones de mérito de ambos nos dice que la plantilla estaba falta, por un lado, de un jugador determinante y, por otra, de alguien no peleado con la portería que materializara las ocasiones. En cualquier caso, el no tener a un goleador en racha es secundario cuando no se llega a zonas de peligro, y hasta hace no mucho ver llegadas a portería del Dépor era un hecho poco habitual. No podemos decir que los delanteros fallasen cuatro ocasiones claras cada partido, porque no solía haberlas, con lo que algo cambió también en las posiciones de atrás, en las que siguen estando los mismos.

Por tanto, creo que no pasa nada por utilizar como base de este debate el hecho de que el verdadero problema de los resultados estuvo en la incapacidad por encontrar un técnico capaz de trabajar con esta plantilla, una plantilla que sin duda estaba descompensada (especialmente en las bandas) pero a la que se le podía sacar rendimiento para más que lo visto hasta diciembre.

Carmelo del Pozo: Hablar de calidades de plantilla nos lleva inevitablemente también a revisar el consenso sobre el máximo responsable de las mismas en las últimas temporadas. Me parece indiscutible que su marcha es una de las noticias más gratas de la temporada, pues pecó de vicios graves que nos llevaron al borde del desastre. El párrafo anterior deja claro que erró estrepitosamente en la gestión del entrenador esta temporada y que le faltó encontrar una referencia y un equilibrio a una plantilla que, por mucho que no fuera para arrastrarse como colista, dista muchísimo de ser digna del sexto presupuesto de la categoría. No debería haber dudas sobre el hecho de que el paso de Carmelo por el Dépor es, globalmente, muy negativo, pero tampoco pasa nada por reconocerle grandes aciertos como el tener la pasada temporada una pareja de centrales muy por encima del nivel de la categoría y un delantero (Carlos Fernández) igualmente superior. No pasa nada por decir la verdad, que el primer verano de del Pozo fue notable y los dos mercados de fichaje restantes que se vivieron con él (invierno 2019 y verano 2019) resultaron ser un despropósito muy dañino para el club. Pecó de buscar, de manera ególatra, hacerse un equipo a su imagen y semejanza rompiendo totalmente con el pasado (y criticando públicamente a su predecesor) para no conseguir más que un rotundo fracaso que gracias a esa actitud fue lo que sí pasó a ser sólo suyo.

Tino Fernández: Algo parecido pasa con el que fue presidente hasta el pasado verano, con una nota global a su gestión que sin duda debe ser de suspenso, ya que en lo deportivo dejó al club en una situación peor de la que lo cogió cinco años antes. Su etapa al frente del Dépor pasará a la historia como mediocre en lo que a resultados futbolísticos se refiere, cayendo en decisiones muy cuestionables como la destitución de Fernando Vázquez tras conseguir el ascenso, comenzando una ida y venida de entrenadores que nunca funcionaron salvo en una efímera etapa con Víctor Sánchez del Amo. Otros errores fueron más bien apuestas que salieron mal y que no se le pueden reprochar realmente, como una vuelta de Lucas en forma de cara cesión que a su llegada todos habríamos firmado. Tino dejó una hoja de servicios que, en el global, no dan para aprobarlo, pero no pasa nada por decir que no todo fueron equivocaciones.

Durante un tiempo, aunque fuese a duras penas, el club fue reduciendo deuda mientras subsistía en la máxima categoría, con lo que sin demasiado brillo se fue cumpliendo el objetivo. Es imposible equivocarse continuamente durante cinco años y, de nuevo, no pasa nada por decirlo incluso aunque desapruebes su gestión global como es mi caso. Tampoco pasa nada por haber pensado en su día que su trabajo era positivo y haber cambiado de opinión con el tiempo, como también es mi caso.Y, por último, tampoco pasa nada por decir que su traición real al Dépor no pasó durante su tiempo como presidente, sino con su marcha sin marcharse, siendo determinante para dejar a cargo del club a quien le interesaba sin pararse a pensar en su capacidad, que el tiempo destapó como nula.

Paco Zas: Al final, el único de quien podría decirse que lo hizo todo mal durante su etapa en el Deportivo durante estos años oscuros que empezaron con el primer descenso a segunda fue el consejo de Paco Zas. Su inmovilismo extremo y negligente, totalmente incomprensible, fue una losa insalvable para la viabilidad del equipo. Siempre me preguntaré cómo el capitán puede ver su nave camino de estrellarse y su única reacción es soltar el timón para entretenerse escuchando la orquesta esperando que todo se enderece por sí mismo. Puedes equivocarte, puedes hacer cosas sin sentido, pero lo que nunca es admisible es que el máximo responsable de un club no haga absolutamente nada por salvarlo cuando las cosas van extremadamente mal. En cualquier caso, tampoco pasa nada por decir que, con total seguridad, su inutilidad no fue intencionada y simplemente se vio superado por la situación. No es de recibo acosar a nadie por no hacerlo bien en su trabajo, aunque sí es necesario hacer todo lo posible por quitarlo de su puesto y más si está en juego el futuro de un ente cuya existencia afecta a tanta gente.



En resumen, puede decirse que nadie es ajeno a su humanidad y casi nadie es responsable absoluto de todo lo bueno ni de todo lo malo que ocurre a su alrrededor. Incluso Vázquez, el indiscutible principal artífice que a día de hoy veamos la luz al final del túnel, tuvo la fortuna de llegar justo en el momento en el que el equipo acababa de lograr una victoria, haciendo más sencillo su trabajo inicial. Reitero que es importante poder establecer las bases en las que se puede mover el debate y que no pasa absolutamente nada por tener en cuenta cosas positivas de gestiones globalmente negativas ni por reconocer que las gestiones positivas necesitan su punto de fortuna o de ayuda para llevarse a buen puerto. Tampoco es ningún deshonor cambiar de opinión ni pensar algo que con el tiempo se muestra manifiestamente equivocado. Parece obvio, pero la polarización que vivió el contexto que rodea al Dépor (y que, no nos engañemos, todavía sigue rodeándolo pero con los polos girados) hace necesario mencionarlo.


Decía Fernando Vázquez tras el partido contra el Cádiz que la afición era lo que hacía grande a este club por su omnipresencia en las buenas y en las malas. No tengo ninguna duda de ello, la afición del Deportivo es grande y responde con muy poco que reciba. No obstante yo creo que cambiaría el sentido del agradecimiento que siguió a esas palabras del técnico. Seguramente sea la grada quien tenga que darle las gracias a él por permitirnos volver al camino de mostrar esa grandeza en base a la tranquilidad que dan unos resultados alejados del ridículo cotidiano y crispante al que estábamos acostumbrados. Si todo sigue así, podremos dejar atrás el constante enfrentamiento y pasar página hacia la ilusión de un futuro que puede que ya no sea incierto ni oscuro. Al menos podremos hacerlo los que tengamos voluntad de hacerlo

Ahora, por fin, podemos ver con perspectiva y pasado y presente y podemos centrarnos en hablar de fútbol y futuro en vez de matar la frustración hablando de nosotros y contra nosotros. Podemos asentar las bases con las cuáles formarnos nuestra visión definitiva entorno a lo vivido, pero dejando atrás todo lo que generó problemas y conflictos. Empiezan unos nuevos tiempos, de los que todavía no se puede decir si vendrán acompañados de brillo o no, pero al menos son nuevos. Hoy podemos ser esa afición de la que Vázquez habla en ruedas de prensa y dejar de ser esa afición sobre la cuál solían existir reproches velados de la gente de dentro del club cada vez que venían mal dadas.

Seámoslo.
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