7 feb 2021

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Miedo y asco en O Vao

  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

No se me quitan de la cabeza unas palabras de Boveda a principios de diciembre en las que comentaba, con cierto mosqueo, que no entendía que se discutiera continuamente el juego del equipo y la labor de Fernando Vázquez. Esas palabras llegaban con el equipo invicto y en lo más alto de la tabla, pero el runrún de que había que jugar a otra cosa y que las victorias llegaban de casualidad ya era ensordecedor.  Cumplir el objetivo era imposible jugando así, se decía. Y reconozco que yo no podría decir lo contrario, el juego no era bueno y ganar partidos de esa manera nunca está asegurado. 
 
De cualquier manera, al escuchar a Eneko hablar dí casi por seguro que la traducción de esas palabras a lenguaje claro sería algo así como: "Estamos ganando y nos sentimos cómodos jugando así. Mientras no se nos puedan reprochar los resultados no nos toquéis las narices, que por una vez las cosas nos salen bien". Y esa lectura, para mí, es lo más importante del asunto, porque lo que necesita un equipo para ganar es sentirse cómodo y capaz de conseguir sus objetivos. Ese contexto mental es más importante que una pizarra de entrenador llena de ideas geniales.

El aspecto psicológico, el sentirse comodos en el campo, es algo que debe protegerse como lo más sagrado de un vestuario. En el futbol, en una misma categoría en la que los equipos están parejos, lo que marca la diferencia entre quedar arriba o abajo es que la cabeza responda, y casi siempre la cabeza responde en base a los resultados y no en base al juego. Por aquel entonces la cabeza parecía responder y el equipo era capaz de sacar encuentros adelante sin sufrir aunque sin brillar, pero ya se había establecido en el ambiente la idea de que "el Deportivo no juega a nada y así es imposible". Yo creo que si le dices a alguien que es imposible, sea futbolista o arquitecto, empezará a plantearse la posibilidad de que efectivamente sea imposible. Quizás los colosos psicológicos, los Rafa Nadal del vestuario, sigan indemnes a esa presión, pero los demás irán viendo cómo hace mella el ser preguntados cada día sobre por qué lo están haciendo tan mal y si no les da vergüenza estar ganando por pura suerte.
 
Para que la cabeza funcione necesitas no estar sintiendote en el alambre y no sentir que el trabajo está bajo sospecha. Boveda pedía que los dejaran en paz, y no los dejaron. Porque ganar partidos no valía, había que jugar bien aunque eso costara sacrificar lo más valioso que tenía el grupo, que era la confianza. Había que jugar como decían otros en vez de continuar con la idea en la que ellos creían. El siguiente partido después de aquellas declaraciones del lateral fue el que enfrentó al Dépor y al Celta B en Riazor, en el que el estilo de juego cambió y el resultado de aquello no fue solo una primera derrota muy dolorosa, sino una racha de infortunios y de actuaciones inexcusables que llega hasta hoy. Se plantaron las semilla de la duda y de la exigencia y brotaron hasta convertir a un equipo ganador en una banda.

Sinceramente, sé que es ventajista decir esto porque yo no sé lo que habría pasado si no hubiésemos pecado de creernos mejores de lo que éramos y pedir que se nos diera de otra forma algo que ya se nos estaba dando. Quizás el resultado de no haber empezado a rajar de quienes tenían al equipo cumpliendo adecuadamente los objetivos y no haber instaurado la idea de que lo hecho hasta aquel entonces no valía habría sido el mismo. Eso sí, que nadie me diga que no tuvo influencia, porque las declaraciones de Bóveda y de otros por aquel entonces son muestra de que ese aroma a exigencia entraba en el vestuario. Ver cómo Abad pasó en semanas de porterazo a manco, Uche de jugador espectacular a futbolista que trota por el campo como si nada le interesara o Gandoy de gran promesa a alumno conflictivo que necesita un toque de atención deja claro que las cabezas no están donde deberían estar.
 
En cualquier caso, se consiguió de nuevo lo que se lleva consiguiendo años y en O Vao se confirmó una vez más: el equipo tiene miedo y nosotros sentimos asco.
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24 ene 2021

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El salmón

 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Acaba el partido y la ventana está abierta. La del vecino también lo está, y de los altavoces que tiene junto a ella sale la voz de Andrés Calamaro cantando aquello de "siempre seguí la misma dirección: la difícil, la que usa el salmón". Unos versos que, con las estadísticas de ese Deportivo 0-2 Compostela dominando todavía la emisión y contigo pensando hacia dónde se dirige tu equipo, no te generan más que ganas de asentir y decirle a Andrés, telepáticamente y desde la distancia, un vehemente: "Tú también ves la mierda que tenemos que aguantar, ¿verdad?".

El camino del Dépor lleva años siendo el mismo: La lucha contra la corriente, el apocalipsis inminente, la urgencia, la situación desesperada... Llevamos días escuchándolo, no hay experto que no lo dijera esta semana: SI EL DEPORTIVO NO GANA AL COMPOSTELA, LA SITUACIÓN SERÁ LÍMITE. Y te lo dicen así, en mayúsculas, porque cuando alguien es experto dice las cosas en grande. Yo no creo que sea tiempo aún de escribir en mayúscula, aunque evidentemente el tiempo pasa, la situación es horrible y lo preocupante es que no hay brotes verdes en cuanto a juego. Yo hasta el partido contra el Celta B sabía a lo que se trataba de jugar, aunque la idea no recibiera los elogios entusiastas de Jorge Valdano. Desde ese partido, en cuya previa se impuso la idea de que era imperativo jugar a otra cosa, ya no tengo ni la menor idea de qué es lo que se quiere conseguir cuando el equipo salta al campo. Matiz importante: En aquellos tiempos en los que el juego era inadmisible el Dépor era líder de la categoría.

Resulta insoportable ver cómo cada temporada empieza con la sensación de que hay un foso de caimanes rodeando el césped en cada partido y que si alguien tiene una acción desafortunada hay gente de sobra dispuesta a tirarlo al agua. Y esto es un estado mental alimentado por todos, desde el dirigente que tiene la ocurrencia de soltar en verano que tiene esperanzas de ganar la Copa con una plantilla que todavía no demostró nada hasta quien le dice al entrenador en rueda de prensa, después de una victoria, que el Deportivo está obligado a jugar a otra cosa. Como si al fútbol se jugara a cosas diferentes que a intentar lograr la victoria, sea con un 99% de posesión o con un 0% y un gol en propia de un rival que la lió al pasársela a su portero. Creo que en Coruña existe un estado psicológico instaurado que hace que lo bueno parezca siempre muy mejorable, la mejoría de lo bueno parezca insuficiente y lo malo sea totalmente inaceptable. Siempre es necesario dar más y siempre existe la obligación de conseguir lo máximo. Este club siempre está entre la pared y la obligación de lograr el más difícil todavía bajo amenaza de desaparición inminente. Y, aunque es posible que esta vez sí sea tristemente cierto, ningún proyecto se asienta en las prisas y en el conseguir cosas sí o sí.

Sinceramente, la planificación de este proyecto me generó cierto aroma a despotismo ilustrado.  Pura demostración de poderío, todos los lujos del mundo para el entrenador bajo promesas de construír "la mejor plantilla de la historia de la categoría", pero sin preguntarle al entrenador. Vinieron jugadores mundialistas, se quedaron futbolistas con sueldos de primera y se ficharon jugadores que deberían estar en una categoría superior. Todo eso para que, en una tarde de enero en Riazor, Bicho demuestre que quizás no es mejor jugador que Borges pero sí un fichaje mucho más coherente para la categoría o que Roberto Baleato, que lleva toda la vida currándoselo entre 2ªB y 3ª, salga en los últimos minutos a matar el partido conduciendo y calmando el juego ante un puñado de nerviosos jugadores con trayectoria en primera.

Hay una cosa evidente, y es que este equipo es una trituradora de futbolistas y eso no puede ser casual. Llevamos muchos años viendo cómo, entre los fichajes lamentables, aparecen también jugadores que son de un nivel muy superior al mostrado en Coruña. Se me ocurre un Carles Gil que siempre estuvo absurdamente bajo sospecha o un Fede Valverde que pasó sin pena ni gloria, por ejemplo. Algunos consiguieron recuperarse con el tiempo, como los mencionados, otros muchos nunca volvieron al nivel previamente mostrado o prometido una vez se marcharon de Coruña y este año está volviendo a pasar. Abad dejó de ser el coloso de inicio de temporada para dejar ver en cada una de sus acciones la sombra de la duda. Diego Rolán, jugador diferencial que venía a comerse la categoría lleva un par de partidos sin dar signos de ser un futbolista de otro nivel y Granero dejó de ser el central imperial de las primeras jornadas para pensar que si puede ser otro el que llegue al balón y evitarle a él la posibilidad de fallar mejor que mejor. Son sólo tres ejemplos, la trituradora nunca se apagó y la dolorosa (y merecida, el baño fue de proporciones bíblicas) derrota contra el Compostela es sólo la punta de ese iceberg.

Seguiremos, hasta que la realidad nos permita seguir, poniéndonos losas sobre las espaldas que contagian a todos. Siempre empezaremos las temporadas con la obligación de ganar todos los partidos, si empezamos ganando todos los partidos diremos que necesitamos jugar mucho mejor y si empezamos a jugar mejor exigiremos que los jugadores celebren los goles con coreografías bonitas. Eso pasa en todos sitios, en todo el mundo existe la crítica por absurda que sea. Pero nosotros tenemos un problema: nuestro club está instaurado en el fracaso desde hace mucho tiempo y además es un club de historia grande, pero en una ciudad pequeña. Aquí se sabe todo y todo llega a su receptor. En Coruña si alguien critica a otro en Os Mallos el aludido nota en Matogrande cómo le pitan los oídos. La urgencia nunca ayudó a nadie, y cuando vives en ella lo único que tienes es una corriente en contra ante la que tienes dos opciones: Tomarte un rato para parar, relativizar, salir del río y continuar a pie o seguir la misma dirección: La difícil, la que usa el salmón. 

Y al salmón, cuando llega al final de su carrera contracorriente y consigue desovar, no le espera generalmente un desenlace bonito.

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17 ene 2021

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Conclusiones imposibles y clavos ardiendo en Salamanca

 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

 

El Dépor sacó de Salamanca un empate de los que hasta hace muy poco provocarían titulares apocalípticos en algunos medios coruñeses. Juego trabado, tiros a puerta brillando por su ausencia y un rival, colista de la categoría, que se sintió bastante más cómodo que el equipo coruñés durante casi todo el partido. Esto es el resumen que se puede hacer de lo visto hoy, pero también es cierto que no se puede decir mucho más si queremos analizarlo de cara al futuro. Es un encuentro que añade un bache más al camino de penurias del conjunto blanquiazul, pero a la vez cualquier conclusión a extraer sería precipitada.

En frente estaba un equipo, el Salamanca, que a pesar de ser colista tiene un equipo hecho para objetivos bastante mayores y que a partir del cambio en el banquillo sólo puede ir hacia arriba. El equipo salmantino también tiene entrenador nuevo, pero este tuvo mucho más tiempo para trabajar en las nuevas ideas que un Dépor que tuvo escaso margen de adaptación a la novedad. El Salamanca se encontró cada vez más cómodo según iba viendo que la nueva pizarra funcionaba mejor que la antigua y, con el paso de los minutos, se fue haciendo evidente que confiaban en el cambio de rumbo. Después de unos primeros instantes con un Dépor totalmente protagonista, el guión cambió y quienes decidían cómo se jugaba eran los locales. 

No se puede decir que el Dépor fuera superado, pues la portería de Carlos Abad no se vio comprometida en casi ningún momento, pero sí que vimos un partido en el que los coruñeses no supieron lo que debía hacerse para crear peligro. Como en algún otro partido de esta temporada, apenas se habría notado si el portero rival hubiese sido sustituido en mitad del encuentro por un muñeco de nieve. Una nieve que fue protagonista y condicionó también, a su modo, un partido en el que ambos querían reafirmarse como un equipo mejor de lo que habían demostrado ser y en el que sólo un bando se fue a casa habiendo conseguido ese objetivo. Eso sí, el resultado fue desastroso para ambos. 

No creo que haya mucho que comentar sobre fútbol en lo que atañe a los jugadores dirigidos por Rubén de la Barrera, pues fútbol vimos poco. Lo que vimos fue indecisión, errores pueriles en la combinación y la sensación eterna de que hay jugadores que individualmente son mejores de lo que muestran pero como engranajes de una misma máquina no son fácilmente compatibles. Aunque la plantilla del Salamanca sea mucho más barata que la del Dépor, por lo visto hoy cualquier habría cambiado a Ernest por Galán o a Anderson Arroyo por Valín y el mediocampo fue completamente dominado por Antonio Amaro en lugar de por el mundialista Borges. Sólo Mujaid, a su nivel habitual, demostró ser digno de decirse de él que es un jugador de categoría superior. La zona ofensiva volvió a ser un solar y Rui Costa, que hace unas cuantas jornadas demostró cosas que apuntaban a verlo como un delantero útil, volvió a pasar por el césped con mucha más pena que gloria en su nueva oportunidad desaprovechada de demostrar que puede ser el 9 de este equipo.

La mejor noticia es haber sacado, al menos, un resultado mejor que el peor de los resultados posibles, pero, ¿qué podemos extraer de este partido? Como decía en el primer párrafo, muy poco. Un entrenador nuevo y de ideas diametralmente opuestas a las preexistentes no puede cambiar todo en una semana y, por tanto, difícilmente lo que digamos hoy tendrá validez dentro de tres jornadas (y si la tiene será muy mala señal). Me quedo con que, al menos durante los primeros diez minutos, vimos a un equipo situando y buscando a Gandoy en la zona en la que este conjunto necesita un jugador de sus características y siendo capaz de combinar con fluidez y paciencia desde atrás. No hay margen para que la progresión entre tener diez minutos de buenas sensaciones y conseguir noventa minutos sólidos sea lenta, y en la siguiente jornada debería verse algo radicalmente distinto para que la temporada no se vea muy comprometida, pero supongo que es el clavo al que aferrarse cuando todo lo demás parece estar mal. Lo único que tenemos a día de hoy es eso, diez minutos de escasa relevancia pero haciendo cosas con sentido, hay que esperar un poco más para poder hablar de lo que nos espera en esta nueva etapa.

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11 ene 2021

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El Deportivo no funciona

 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

 

Desde hace un tiempo tengo la firme sensación de que a Fernando Vazquez no le ilusiona ahora mismo estar al mando del Dépor, que está hastiado y que eso, para un entrenador tan emocional como él, es algo muy negativo. Yo soy defensor de su trabajo y lo entendería si así fuera, porque existen muchos varapalos recientes: el descenso cuando todo parecía estar encarrilado, las formas en las que se corroboró, lo atípico de esta nueva temporada o la constante cantinela de que, a pesar de todo lo hecho, se diga sin matices que la culpa del descenso aún habiendo logrado números de ascenso directo la tuvo su planteamiento contra el Extremadura (ni a los jugadores les temblaron las piernas ni existió la primera vuelta, por lo que parece, las culpas en esta ciudad son siempre verdades absolutas). En cualquier caso, no estoy aquí para hablar de eso. Si estamos seguros, tan seguros como se estuvo con Oltra, Mel, Victor Fernández, Víctor Sanchez del Amo, Natxo González o unos cuantos otros más, de que el entrenador es un inútil y que la solución es cesarlo, no pondré objeción. Espero que, esta vez sí, De la Barrera, Sacchi o Abel Resino lleguen a Coruña para convertirse finalmente en el mesías.

A lo que quiero llegar con este artículo es a otro lugar, y es que el Deportivo no funciona. No hablo de lo visto en el campo, eso es más que evidente. Hasta un orangután de espaldas al césped puede ver que lo que demuestra el equipo recientemente no tiene ni pies ni cabeza y que el partido de Zamora, en el que ni yendo por detrás en el marcador durante casi todo el encuentro se dio una simple muestra de querer empatar, fue un despropósito. No quiero hablar del campo, quiero hablar del por qué, año tras año, más pronto o más tarde, llegamos a la fase de esperpento y desilusión a la que ya estamos acostumbrados y que asimilamos antes siquiera de empezar las temporadas.

Llevamos mucho tiempo siendo una caricatura, y por ello me parece ilógico pensar que la única persona capaz de dar con la tecla del equipo en más de un lustro sea la única razón de que la temporada no esté yendo bien. Hay quien habla de que con racanería es imposible conseguir los objetivos, pero por este club pasaron excelsos manejadores de la pizarra como Natxo González que no cumplieron objetivos, conservadores extremos como Anquela que se estamparon con todo el equipo o gente sin conocimiento de causa como Clarence Seedorf. Aquí no funciona ni uno sólo de los múltiples estilos de juego propuestos desde tiempos inmemoriales. Que esto no sirva para excusar el nulo juego planteado en los últimos tiempos, pero que ese nulo juego no sirva de excusa para pensar que todo el problema es ese.

Es evidente que el Deportivo no funciona, pero no funciona a nivel de club y no creo que se pueda cargar todo ese peso sobre el entrenador. Es un puesto en el que no hubo pudor en pasar, de una temporada a otra, de pagar un clausulazo por Natxo para darle el futuro del proyecto a dejarle el mando a su antítesis Anquela un año después, todo bajo la misma gerencia deportiva. No puede ser que todos sean inútiles y no valga nadie, ni un Garitano que más tarde demostró (aunque haya sido recientemente cesado) que puede defender un proyecto en primera, ni un Parralo que venía de hacer un trabajo colosal con el filial, ni un Víctor Fernández que pudo haber dejado atrás su mejor época, pero de entrenar sabe bastante. Es totalmente imposible que entrenadores de dilatada carrera en el fútbol se conviertan en absurdos peleles justo en el momento en el que llegan a Coruña y al irse de aquí, en algunos casos, vuelvan a ser capaces de conseguir algo más que la indecencia.

A mí me gustaría poder sentenciar este tema con alguna certeza evidente, pero lo cierto es que no tengo certezas, sólo tengo opiniones de lo que mi limitado conocimiento sobre lo que puede ocurrir a nivel interno de club me puede permitir opinar. Una de las cuestiones que veo problemáticas de este equipo es su absurda tendencia a recrearse en la endogamia, esa manía por tener a la misma gente de siempre en la agenda y marcar los mismos números cuando hay huecos que cubrir. En este club se dieron segundas partes a Çolak, Lucas Pérez, Celso Borges... Y aplaudimos a todos ellos con las orejas y promocionamos esas vueltas, incluso se llegó a mencionar a Sissoko recientemente al conocerse que estaba libre. Voy más lejos aún: Incluso se volvió a dar el mando de la dirección deportiva a la misma persona que hace pocos años no cumplió expectativas. Sinceramente, todos los futbolistas mencionados tuvieron sus buenas aportaciones en el club y quizás (lo desconozco) Barral sea el mejor director deportivo disponible para el Dépor, pero creo que esa tendencia a casarte siempre con los mismos que en el pasado ofrecieron cosas pero pertenecieron a proyectos fallidos es un problema . 

Hay varios motivos por los que creo que en el fútbol las segundas partes nunca fueron buenas, la primera de ellas es la evidencia de que un futbolista al que tuviste en un momento de plenitud de su carrera será más viejo de lo que era cuando vuelva. Otra cuestión a tener en cuenta es que cuando alguien (quizás pueda hacerse una excepción con la gente de la casa, pero no siempre) vuelve a un lugar en el que ya estuvo suele hacerlo porque en ese lugar tiene una zona de confort, y eso está reñido con el hambre. Llega con la sensación de ya ser alguien y buscando comodidad. Desde un primer momento te arriesgas a que sienta que no tiene nada que demostrar y que a poco que consiga se le aplaudirá. En definitiva, te arriesgas a tener a alguien de vacaciones, igual que si fichas a gente "de categoría superior" para jugar en campos de hierba artificial y no te aseguras antes de que no piensen que se quedan contigo para hacerte un favor. 

En el fútbol, como en la vida, es importante echar un vistazo a lo que hay alrededor. Echando la vista a casos de éxito reciente, vemos que el reciclaje de piezas que no dieron resultado colectivo no es algo que se utilice en las recetas interesantes, como norma general. ¿Recuperó la Real Sociedad a Claudio Bravo para convertirse en una de las revelaciones recientes de la Liga? ¿Entró el Getafe en Europa gracias a confiar de nuevo en aquel Guaita que tanto rindió en malos momentos y dándole el banquillo a Laudrup? No, eso no pasó. El éxito se consiguió con fichajes cuidados, savia nueva, líderes marcados y proyectos claros a los que se les dio confianza. Imanol continua en San Sebastián a pesar de momentos complicados, Bordalás lo mismo. Si se van, probablemente sea porque ellos se sienten desgastados. Si pienso en casos de viejas glorias que volvieron al club donde fueron felices, los casos que se me ocurren son los de Gareth Bale comiendo (al menos por ahora) banquillo en los Spurs, Cesc tirando los mejores años de su carrera en Barcelona o Torres volviendo al Atlético para tener un par de años siendo un muy buen suplente. Hay honrosas excepciones (Ibrahimovic ahora mismo en Milán, por ejemplo), pero los ejemplos más abundantes que se me vienen a la cabeza son esos, y no los de gente que haya vuelto a su equipo para llevarlos a ganar una Champions como estrella indiscutible.

Otro detalle que evidencia que las cosas no funcionan está en el filial. Podemos consolarnos pensando en que están en la categoría más alta en la que podrían estar ahora mismo, pero pasar en poco más de un par de años de ser un equipo con potencial para ascender a segunda a jugarse el plato de callos sufriendo en Tercera División no deja a la gestión en muy buen lugar. Es cierto que las canteras son fluctuantes, que hay generaciones buenas y generaciones malas, pero en cualquier caso la caída exponencial del segundo equipo no es más que otro síntoma más de que hay cosas que no van bien. Confío en que lo saben y que los cambios que se dieron en el organigrama de base hace un tiempo ayuden a paliar la sangría, al menos parece que en cuanto a juego empiezan a funcionar con Valerón al mando y a encontrar algunos jugadores de interés.

Después, más allá de lo dicho, están pequeñas cosas que van minando las posibilidades económicas y deportivas de manera constante y acumulativa. Aquí meto, por ejemplo, el lastre autoimpuesto a nivel de plantilla. Siempre se prefirió confiar en lo malo conocido o comprar productos más quemados que Roger Moore en su última película como 007, y eso nos deja situaciones como la de haber mantenido en nuestro viaje desde 1ª hasta 2ªB al que consistentemente se mostró como el peor jugador de la plantilla en cualquiera de las categorías (aunque como profesional tiene mi respeto total) o la de fichar a futbolistas que desde el primer día se huele que no están para dar rendimiento (Miku, Jovanovic, Luis Ruiz...) y cortar con ellos progresión de gente de la casa que no lo haría peor. 

Otra pequeña gran cosa es la eterna urgencia impuesta, obligada o no. Aquí siempre hay prisas, conseguir el objetivo siempre es cuestión de vida o muerte, y es cierto que la situación económica es extrema pero también es verdad que haciéndolo todo con la idea del cortoplacismo lo único que consigues es una máquina de fundir dinero, quemar proyectos y generar frustración. Es imposible que, haciendo cosas con prisas, salga nada bien. Si te marcas el objetivo de ascender a la de ya, más te vale saber exactamente lo que estás haciendo, porque en caso contrario te arriesgas de formar una plantilla de calidad sobrada para la categoría que te da un muy buen nivel cuando juega contra gente que no es de su liga, como el Alavés, pero no sabe cómo encarar la competición en el Municipal Luis Ramos contra un Guijuelo con las ideas muy claras.

Habrá quien piense que este artículo dice muchas cosas sin decir nada, y precisamente es el objetivo. Porque hay muchas cosas que decir y el dardo sólo se pone sobre la que interesa. Las filias y las fobias llevan a señalar, con grados de respeto muy fluctuantes, a diversos puntos del organigrama blanquiazul, pero yo creo que nombrar responsables puntuales a la situación que vive el club no es más que ponerle una tirita a un elefante para salvarlo mientras es comido por los leones. El Deportivo no funciona, pero no hay dardos para tanta diana. Podría estar mucho más tranquilo pensando que esto lo arregla para siempre cambiar el nombre de quien se sienta en el banquillo, pero a priori no lo pienso. A priori lo que pienso es que este club necesita pensar muy bien en lo que funciona y en lo que no funciona, y cambiarlo prácticamente todo. Porque cuando año tras año eres el equipo de los esperpentos y los fracasos la situación no es casual. Cuando eso pasa el fracaso es un problema endémico y la única manera de solucionarlo es empezar de nuevo y construir algo muy diferente a lo que te llevó a pasar en sólo 15 años de jugar en Europa a vagar por el fútbol semiprofesional. Esa es mi opinión.

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26 dic 2020

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Anecdotario grotesco del Real Club Deportivo de La Coruña (4): La lealtad de Sylvain Wiltord

 

  •  Puedes leer todo el 'Anecdotario grotesco del Real Club Deportivo de La Coruña' aquí  

 

Sylvain Wiltord fue uno de los atacantes franceses más importantes de su época. Fue protagonista en el Arsenal dominante de principios de siglo, acumuló casi un centenar de internacionalidades con su selección y dejó goles en todos los sitios a los que fue. ¿En todos? No, en realidad no en todos, pues su paso por A Coruña fue tan efímero que no tuvo tiempo ni a vestirse de corto.

 



El atacante galo cerró un contrato con el Deportivo, tras largas negociaciones con su club de origen (el Rennes), en verano de 1996. No obstante, el acuerdo contemplaba que Sylvain se quedaría un año más en el club francés antes de recalar en Coruña para que el Rennes tuviera tiempo de encontrarle un sustituto a la altura. Desafortunadamente para todos, ese período de cesión sirvió poco más que para invitar al jugador a empezar a demostrar cierta laxitud en la interpretación de sus obligaciones profesionales. Tanto su escaso rendimiento como algunas de sus declaraciones durante la temporada fueron indicios delatores:

"Ya no me interesa el Rennes, pierda o gane el equipo casi me da igual. En España la vida es más interesante" 

El año de margen hasta llegar a Coruña pasó y las cosas habían cambiado más de lo que Wiltord esperaba. Toshack, el entrenador que había convencido al futbolista para fichar, había sido cesado a mitad de la campaña anterior y el nuevo técnico, Carlos Albert Silva, tenía preferencia por contar con otros jugadores. Con este panorama algo incierto aterrizó el futbolista francés en Coruña en verano de 1997, y posó en Plaza Pontevedra como nuevo jugador blanquiazul con una expresión que denotaba poca ilusión. Quizás las palabras del presidente durante el acto, desvelando que había recibido ofertas por él más cuantiosas de lo que había pagado, le hacían sospechar que su futuro en la liga española no estaba demasiado claro.

Wiltord tan solo duró un mes en A Coruña, el tiempo suficiente para que Lendoiro llegara a un jugoso acuerdo con el Girondins, que incluía un pago de casi medio millón de euros más de lo que había costado y un porcentaje de una venta futura que, con su fichaje por el Arsenal tres años después a cambio de casi veinte millones, acabó dejando una buena aportación a las arcas deportivistas. Eso sí, antes de finalizar su mes de extrañas vacaciones en Galicia para recalar definitivamente en Burdeos no dejó escapar la oportunidad de efectuar una de sus declaraciones marca de la casa:

"Menos mal que se arregló todo; antes de jugar en el Deportivo, prefiero retirarme"

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26 nov 2020

Published 18:57 by with 0 comment

Y todo el pueblo cantó

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
 
 

 

El fútbol son 22 personas corriendo detrás de una pelota en la misma medida en la que una orquesta sinfónica es un grupo de gente golpeando objetos y frotando cuerdas. Hay matices en esta comparación, claro, porque el fútbol no es un arte y no sería conveniente establecer un paralelismo puro. Pero que el fútbol no sea un arte no convierte a este deporte en una práctica banal. Es, de hecho, una de las pocas expresiones no artísticas que son capaces de conseguir aquello para lo que el arte suele estar concebida: desatar pasiones y generar sentimientos.

Es ‘sólo’ un deporte, pero también es una fuente inagotable de estímulos. En día como hoy, en el que un país entero se echó a la calle para despedir a su mayor leyenda, tenemos el mejor ejemplo de que no es simple ocio y reducirlo a eso tergiversa su significado. El fútbol es aquello con lo que crecimos y soñamos, algo que cada fin de semana de nuestra vida ocupó nuestra cabeza durante al menos 90 minutos. Es un vínculo que se entiende cuando uno pone de su parte para conectar con esa sintonía pero, de la misma forma que un heavy purista entra con recelo en un pub latino, no todo el mundo es receptivo a ella. Y tampoco tiene por qué serlo.

No es lógico banalizar con absurda condescendencia algo que a muchos nos acompaña como una constante desde que tenemos uso de razón. El fútbol es un microcosmos dentro de la vida que te enseña parte de lo bueno y lo malo de esta. Te lleva a la ilusión, a la alegría y a la decepción. Te enseña lo que es el éxito y lo que es el fracaso y, sobre todo, te enseña a estar siempre con los tuyos. No son patadas a una pelota, es todo lo que rodea a esas patadas. Durante siglos, personas de casi todo el planeta crecieron creando ídolos (de barro o de leyenda), deseando conseguir lo mismo que ellos en el futuro y emocionándose con jugadas que, si bien debo volver a repetir que no son arte, transmiten lo mismo que el arte.  El cine no son simples fotogramas pasando por delante de nuestros ojos.

¿Cómo le vas a decir a alguien que celebró una victoria de su equipo hasta quedarse afónico que el fútbol no es nada? ¿Cómo pretendes sentirte superior a alguien por simplemente sentir ese cosquilleo emocionado antes de la final de un Mundial? Millones de personas se movilizaron hoy para despedir a una persona y eso no ocurre con las personas que hacen cosas que no importan. Ocurre con personas que fueron capaces de convertirse en parte de la vida de la gente, y eso dota a su actividad de una importancia capital. Es una cultura, crea héroes, villanos e historias. El fútbol es un lenguaje en si mismo, una forma de expresión que conlleva muchas otras.

El fútbol puede no gustarte,  puede aburrirte, pero no puedes odiarlo. Porque el fútbol nunca fueron esas 22 personas corriendo detrás de una pelota. El fútbol no es ni siquiera una cosa sino muchas, hay una concepción de este deporte encerrada en cada uno de nosotros. ¿Cómo puedes atreverte a decirle a alguien que el fútbol es sólo un juego? Al fútbol se juega, pero no es sólo un juego. El fútbol puede ser una parte tan definitoria de nosotros como nuestro trabajo o nuestra nacionalidad. Es algo que, dentro de la concepción que le demos, nos acompaña hasta el grado que nosotros le permitamos. Justo al lado de tu grupo de música favorito es donde guardas a tu equipo. El fútbol es parte de nuestra vida. Supongo que es difícil de entender desde la óptica de alguien que no tiene interés por este mundo, pero no es necesario convencer a nadie porque sólo estando dentro importa.

Algo que también importa un día como hoy es pensar en qué nos deparará el futuro cuando los clásicos (ahora que nos dejó el más grande de todos ellos) nos abandonen del todo. ¿Llegará el fútbol al punto de no retorno en su avance hacia el mercadeo puro de la afición o morirá de éxito para resurgir de nuevo como deporte del pueblo? ¿Conseguirán robarnos para siempre el sentido de algo que nos pertenece a todos, seamos del equipo que seamos, para convertirlo en simples cifras? Quizás sí, quizás llegue el día en el que tengamos que elegir entre renunciar a una parte de nuestra vida o continuar dándole relevancia a pesar de que su significado ya no es el mismo. Puede incluso que ese día ya haya llegado y simplemente nos negamos a abrir los ojos a la evidencia. Por lo de pronto, sin Diego Armando el fútbol pierde al futbolista por excelencia. Ahora nos toca a nosotros no perder la excelencia del fútbol.

Estamos condenados a perder a sus iconos, porque ningún humano es terrenalmente eterno, pero pongamos de nuestra parte por no perder el fútbol que conocemos. Y cuando nos quieran convencer de que no es más que un juego para el pueblo ignorante, de lo único que nos pueden convencer es de que quizás nosotros ignoremos todo lo demás, pero quienes ignoran lo que esto significa son ellos. Maradona siempre supo qué era lo que había que hacer para no manchar la pelota. Mancharía otras cosas que no es nuestra incumbencia juzgar, pero siempre protegió al balón. Defender su legado es defender que el fútbol siga siendo nuestro, y no de quien nos lo quiera robar.

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