7 oct 2019

Desorientación deportiva


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Juan Antonio Anquela llegó, vió y perdió. Su etapa en A Coruña fue breve y su estancia en el banquillo de Riazor será recordado durante mucho tiempo, no en vano durante su dirección se pudo ver el que posiblemente sea el peor Deportivo en décadas. En estos escasos cuatro meses al frente del equipo blanquiazul sólo en el partido contra el Oviedo conseguimos ver una idea de juego definida, en los restantes partidos (ni siquiera pueden salvarse los encuentros contra Albacete o Cádiz en los que el equipo estuvo mejor asentado que en el resto de sinsentidos pero sin llegar a ofrecer nada digno de elogio) todo fue desorden, falta de ideas, incapacidad para mover el balón y desastre defensivo. Ni siquiera se le puede reprochar, como muchos temían tras su nombramiento, que su juego fuera rácano, ya que para racanear es necesario primero tener algo que proteger y eso nunca fue el caso. El Dépor de Anquela fue el vacío más absoluto y sin lugar a dudas estuvimos ante el peor equipo, a nivel de juego colectivo, de todo el fútbol profesional español. Incluso puedo decir que en los años que llevo viendo fútbol recuerdo a pocos equipos que jugaran peor de lo que lo hizo el Deportivo en las primeras diez jornadas de liga.

Las palabras del primer párrafo son duras, sí, pero no es para menos. Además, por irónico que parezca, no creo que a Anquela se le pueda culpar demasiado de todo lo ocurrido. Es cierto que no supo encontrar soluciones, que sólo hizo peores a sus jugadores y no los protegió de sus defectos, pero no deja de ser consecuencia de haber sido nombrado líder de un proyecto para el que no era el hombre adecuado. Anquela es culpable del mal juego, sí, pero también es víctima de unos bandazos inadmisibles en la dirección deportiva de un club que alternó sin sonrojos y en sólo diez meses entre entrenadores tan distintos como Natxo González, Pep Martí, Juan Antonio Anquela y Luis César. No existe ningún tipo de conexión ideológica entre ellos, e incluso podría decirse que los dos últimos son tan antagónicos como lo eran los dos primeros.

Esos antagonismos Natxo - Martí y Anquela - Luis César es un verdadero atentado contra la cordura. Dos temporadas seguidas se cambió a un entrenador por otro que no tiene nada que ver, lo cuál indica que la confección de plantilla se hizo sin una idea en mente y su timón se dio a entrenadores elegidos sin buscar coherencia con los jugadores disponibles. No creo que Luis César sea un mal entrenador, de hecho hizo cosas muy destacables en Lugo y Tarragona además de conseguir hacer funcionar en tiempo record a un Tenerife que no carburaba la pasada temporada y de ese modo conseguir la salvación, pero me genera dudas lo que puede conseguir con sus ideas teniendo para trabajar un equipo al que le cuesta tanto sacar el balón jugado en las primeras fases del juego. Creo que vamos a ver un intento importante de que Vicente vuelva a ser capitán general en el centro del campo, me sorprendería que el nuevo entrenador no buscara darle relevancia, pero la primera fase de construcción tiene difícil salvación. Veremos si la recuperación de Somma, un jugador que a priori encaja bien con Peru, puede conseguir que Sampedro consiga tener una defensa capaz de sacar el balón jugado sin problemas. En cualquier caso, es evidente que el enésimo cambio de entrenador en tan sólo un lustro trae a la mente la idea del eterno deja vù en el que el banquillo de Riazor se convierte en una trituradora de nombres.

Carmelo del Pozo demostró sobradamente no tener ni la menor idea de lo que está haciendo. El equipo no funciona y no consigue lograr objetivos, algo que no es exclusivo de la primera plantilla. Es cierto, Anquela nunca fue capaz de enderezar esto y su marcha en este caso era necesaria, pero cambiar de entrenador cada cuatro meses no es la solución por mucho que las personas al mando del Deportivo se empeñen en continuar haciéndolo sin pizca de autocrítica. Está más que claro que el problema de este equipo es estructural y hace falta sangre nueva que sea capaz de cambiar todo lo que no funciona. Los cambios de entrenador son sólo un parche, la solución definitiva pasa por la marcha de un Carmelo del Pozo que debe asumir cuanto antes su fracaso por el bien del club y por la convocatoria de unas nuevas elecciones que den paso a gente que sepa darle al club una consistencia más que necesaria.

Por lo demás, toda la suerte del mundo a Luis César, ya que ahora todo está en sus manos. También suerte a Anquela en el futuro, ya que al fin y al cabo sólo fue un entrenador que llegó y vivió con toda la ilusión del mundo su etapa pero encontró unas condiciones de trabajo imposibles para él.