Mostrando entradas con la etiqueta Dépor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dépor. Mostrar todas las entradas

17 oct 2026

Antonio Hidalgo contra las expectativas que nunca prometió


 

Antonio Hidalgo no es un mal entrenador de fútbol. Su etapa en Sabadell hizo que su presidente llegara a hablar de él como el mejor entrenador de la historia del club. En el Sevilla Atlético enderezó el rumbo de un equipo que era colista de Segunda Federación cuando llegó y sentó las bases de un ascenso que llegaría al año siguiente, aunque sin él ya en el banquillo: a mitad de aquella temporada el Huesca se lo llevó para entrenar en Segunda División. En el equipo aragonés hizo un poco de lo mismo. Cogió a un equipo hundido en los puestos de descenso en la jornada 10 y, después de salvarlo en su primer año, rondó el play-off de ascenso durante su segunda temporada.

Esas fueron las credenciales con las que llegó a Coruña, que se pueden ver como una carrera con un porcentaje de éxito total (obviando que en Sabadell, tras un mal comienzo en su última temporada, fue destituido). Su primera campaña en el Dépor está también fuera de toda duda a nivel de resultados, pues devolvió al equipo blanquiazul a Primera División después de casi una década en el barro. A partir de ahí, podemos debatir si su forma de conseguir el ascenso fue rácana y poco estética, pero en ese debate nos equivocaremos si nos empeñamos en exigir cosas que nunca se prometieron. 

Concuerdo con muchas ideas que leo y escucho. No me enamora el estilo, creo que hay jugadores para jugar a otra cosa más atractiva y que incluso las características de la plantilla no son las ideales para jugar a esto. Hay rasgos que entran bastante en conflicto con la idea de jugar esperando en campo propio, como la carencia de una línea defensiva de jugadores tácticamente ordenados. De hecho, Noubi y Ede son lo contrario a eso, y la totalidad de los laterales disponibles destacan más por sus cualidades ofensivas que por el aspecto defensivo. Tampoco me convence la idea de Yeremay siendo una especie de delantero que actúa como verso libre en lugar de un extremo zurdo que genera peligro decidiendo cuándo aparece por el centro y cuándo abre campo para volverse impredecible. Y, por supuesto, me horroriza la idea de ver a Mella hundido en campo propio cuando el equipo recupera el balón en lugar de atacando la línea defensiva rival para hacer daño a la espalda. 

Hay bastantes aspectos de su propuesta con los que no estoy de acuerdo, sí, y en un mundo ideal me gustaría ver que se hacen de otra manera. Pero en este instante los resultados dicen que el 12º equipo de la categoría en valor de mercado está 8º en la clasificación, y el único equipo que tardó más tiempo en perder esta temporada fue el Barcelona. Sin enamorar a nadie, pero compitiendo de tú a tú contra todos los rivales salvo por 60 minutos para el olvido en Anoeta. Creo que hay que poner eso en valor antes de echar a nadie a los pies de los caballos, pero sobre todo hay que poner en valor que Antonio Hidalgo en ningún momento prometió otra cosa. Nunca dijo que viniese a Coruña a practicar un fútbol opuesto al que venía haciendo en su trayectoria. Se le fichó siendo ese entrenador defensivo y ordenado y lo único que hace es ser fiel a la idea que le hizo llegar a donde llegó. Sabíamos lo que fichábamos cuando vino aquí y podemos exigirle mejoría en lo que hace, pero no podemos exigirle lo que nunca quiso dar.

Contra el Levante se empató ante un rival que no demostró ser un equipo especialmente peligroso y los cambios no dieron con la tecla, pero solo un error impropio de un portero de la categoría y un fallo a puerta semivacía evitaron la victoria de un recién ascendido cuyo jugador más importante está lesionado para dos meses. No puedo sacar la bola de cristal para predecir si trayendo a otro entrenador acabaríamos jugando Champions y manteniendo a Hidalgo descenderemos, pero a día de hoy no creo que sea merecido empezar a cuestionar su continuidad cuando estamos muy lejos de pensar en situaciones preocupantes. Seamos conscientes de que hasta ahora no lo está haciendo mal, sino que lo está haciendo de una forma que conceptualmente no nos gusta. La afición puede y debe exigir más fútbol a Antonio Hidalgo, pero las críticas al estilo no deben confundirse con una condena a su trabajo. Hoy, al menos, las razones para discutir su continuidad no van más allá de gustos personales y sensaciones inciertas.

27 nov 2023

Nada funciona, nada cambia


 Por Rubén Pedreira 

Es digno de estudio lo que está pasando esta temporada. El Dépor no está bien y eso lo sabemos todos, pero no es solo que no esté bien, sino que con el mayor gasto salarial de la categoría (gasto incluso superior al de un buen puñado de equipos de 2ª división) se pasea con pena y sin gloria por la mitad de la tabla. Si nos fiamos de los datos consultables, gasta unos 5 millones en sus jugadores, mientras que el segundo que más gasta del grupo es el Lugo con alrededor de 2 millones. Haciendo una cuenta básica llegamos a que la masa salarial de la plantilla del segundo equipo que mayores sueldos paga es un 40% de la del equipo blanquiazul. Si lo trasladamos al contexto de la 1ª división, el tercer equipo que más gasta en salarios (Atlético) invierte hasta un 58% de lo que gasta el líder en ese concepto (Real Madrid).

Son rangos monetarios en diferentes órdenes de magnitud, pero creo que la comparación es significativa. Si tras 14 jornadas (faltan solo 5 para llegar a la mitad de la competición) el Real Madrid ocupara la decimoprimera posición de la tabla sin dar signos de mejoría no creo que hubiera dudas de lo que habría pasado hace ya unos cuantos partidos. Dan igual las sensaciones, que en cualquier caso son malas por mucho que nos quieran convencer de lo contrario. El equipo no funciona, el entrenador está visiblemente sin ideas nuevas y los máximos responsables de la gestión deportiva hicieron un trabajo que en cuanto a resultados y rendimiento está dejando a la labor de Carmelo del Pozo en un simpático capítulo del pasado.

Con lo que acabo de resumir creo que no exagero si digo que lo que está haciendo el Deportivo 23/24 es una gestión deportiva de negligencia histórica. Se invirtió el dinero suficiente como para crear tres plantillas medias de la categoría para que no salga absolutamente nada. Ni el entrenador, ni los fichajes estrella ni tampoco la clase media generaron por ahora motivos para creer en algo.  De las trece nuevas altas que firmó el club este verano, tan solo Pablo Vázquez logró convencer sin matices y ahora mismo nos vemos en una situación en la que con tantos nombres "de categoría superior" contratados a bombo y platillo la afición se encomienda a poco más que a dos canteranos, que rinden porque tienen capacidad y atrevimiento para ser versos libres y hacer cosas distintas dentro del inofensivo sistema planteado cada semana. 

Desde aquella remota victoria contra el Lugo no se volvió a dar con la tecla, y la inevitable convicción de que por aquel entonces lo único que hacía dar una apariencia de buen juego era la presencia de Yeremay condicionándolo todo aparece sin remedio. Y lo más desesperante es que la tecla que se toca siempre parece ser la misma, un fa bemol desafinado jornada tras jornada a pesar de que el piano tiene unas cuantas más para probar y ver si suenan de otra forma. En las últimas jornadas los 11 nombres que saltan al campo son prácticamente los mismos, cualquiera diría que la portería es lo único que genera dudas cuando en realidad lo casi imposible es encontrar una certeza en algún otro sitio. Preocupa porque da a entender que realmente se piensa que se va por el buen camino.

Creo que ya es suficiente. El ambiente el año pasado con Óscar Cano se hizo irrespirable por bastante menos. Porque Cano, con todos sus defectos, era un entrenador que tenía una receta para ganar, que era fea pero le funcionó hasta que una mala racha dio la excusa para empezar a estallar. No tengo ni una sola duda de que Cano, al que yo también critiqué y del que hay quien dijo que es el peor entrenador que pasó por aquí, demostró en Coruña ser mucho mejor entrenador de lo que demostró ser Imanol hasta ahora. Le mató su terrible lectura de la comunicación con la afición, que generó un ambiente irrecuperable. pero visto con ojos del presente si fuese la única alternativa posible para el banquillo lo cambiaría con los ojos cerrados.

La situación es seria y lo peor es ver que ya ni siquiera hay crispación en el ambiente, sino resignación y la convicción de que los malos resultados ya son la rutina normal. Ayer en Riazor escuché por primera vez en mucho tiempo los gritos del portero rival imponiéndose al barullo del estadio, y ni me siento muy cerca del portero ni tengo un oído especialmente fino. O se inyecta algo más que las las políticas de minimización de daños semanales, que venden que se están haciendo las cosas bien y los resultados llegarán, o la desvinculación puede hacer un daño al club que se dejará ver más pronto que tarde. Si echas a todo lo que huela a deportivismo y aún encima perpetras algo así es inevitable el desastre.

Decía Morata hace no mucho que "antes jugaba para evitar la crítica" y por eso no rendía, y en el Dépor pasa lo mismo, todo se basa en el miedo a salir en la foto. Aquí parece que se rechazan las personalidades que se alejan del quedar bien y ese tipo de normas pueden funcionar en el terreno bancario, donde lo pasional puede hacer perder mucho, pero en el fútbol lo que pierde es la indolencia. Si se quiere revertir esto no hacen falta ajustes, sino más bien una bomba de vestuario, y quizás un perfil Paco Jémez que te asegure que va a morir por sus ideas y no por su imagen pueda ser el ideal.

Estamos a tiempo de cambiar las cosas y de descubrir que gente como Valcarce o Davo no vienen de categorías superiores por casualidad, sino por ser jugadores de nivel alto. Yo estoy convencido de que pueden aportar muchísimo más que la ineptitud sobrevenida que se les está viendo hasta el momento. Pero para eso hace falta cambiar cosas y cambiar enfoques y dejar las declaraciones victimistas cada fin de semana. En manos del club está si quiere seguir el camino del ridículo o aceptar el fracaso y dar un volantazo a tiempo.

9 oct 2023

Una carencia difícil de cubrir para el Dépor de Imanol Idiákez


 Por Rubén Pedreira

El Dépor vuelve a tener un problema. Un problema más grave aún que el de los últimos años, porque el equipo nunca había caído tan peligrosamente bajo en la clasificación en las temporadas que lleva en la tercera categoría. Tras siete partidos, el equipo de Idiákez se encuentra en el puesto 14, empatado a puntos con el equipo que marca el límite del descenso tras encadenar dos derrotas dolorosas y preocupantes.

Lo más preocupante de las citadas derrotas, más allá del resultado, fue comprobar que ya ni nos podemos consolar pensando que el equipo hace las cosas bien pero tiene mala suerte, como se decía en los primeros partidos. Ahora mismo los últimos encuentros nos dejan más bien la sensación de que el equipo ya entró en esa fase en la que la cabeza piensa más en el miedo a un nuevo fracaso que en pelear por el objetivo. Y cuando esa inseguridad hace que te tiemblen las piernas ante un filial que te gana en casa no solo en resultado y en juego, sino también en intensidad y desparpajo sobre el campo, queda claro que las cosas están muy cuesta arriba. Más aún cuando ese filial es el de tu máximo rival.

El temido estado psicológico vuelve a estar presente un año más, pero no quiero hablar de eso sino de lo puramente futbolístico. Quiero opinar sobre lo que separó a estos jugadores de llegar a funcionar del todo antes de empezar a dar señas de que quizás no llegarán a funcionar nunca. De aquello que falta en ese equipo del que hasta hace un par de jornadas se decía "no juegan mal, pero falta algo", y que provocó que un conjunto solvente en defensa (2 goles encajados en cinco partidos era una buena marca) y que mostraba cosas interesantes en ataque no llegase a conseguir materializar esas sensaciones para sumar de tres en tres.

Empezaré diciendo que este equipo me recuerda, en ciertos aspectos, a aquel Dépor de las primeras jornadas de la primera temporada de Oltra. Lo acoto solo a "ciertos aspectos" porque aquel equipo tenía unas cuantas peculiaridades diferentes, como el hecho de tener una plantilla contrastada de un nivel muy superior a la media de la categoría y el de ser capaz de ganar partidos con solvencia por arranques de calidad incluso cuando las cosas no funcionaban. Aún así, estaba claro que a pesar de que se veía que el equipo tenía sus cosas buenas, no convencía y estaba lejos del puesto en la tabla que debía tener porque a esas cosas buenas les faltaba lo importante: Algo que las uniera y les diera sentido. A partir de la entrada en el once de Juan Domínguez, esa piedra angular necesaria hizo su aparición y todo fue rodado hasta un ascenso con récord histórico de puntos en la categoría.

Esta temporada, la sensación es la misma en lo que se refiere a la falta de un futbolista que regule el juego. Por algún motivo, está establecido que el Dépor debe jugar en 1ªRFEF dominando y abusando del balón, que no hay otra opción válida aunque la plantilla pida otras cosas. Parece que no hay otra forma posible de jugar, pues desde que se cayó a esta categoría casi siempre se buscó ese estilo. Es una forma lícita de enfrentar los partidos, igual que otras muchas, pero cuando haces eso pasa una cosa relevante: Siempre vas a necesitar ese estilo de futbolista que una y dé sentido a lo que haces en fase defensiva y ofensiva. Porque cuando dominas un partido, el acierto defensivo y ofensivo es mucho más coyuntural que cuando lo delegas todo a las contras o al juego directo. Cuando acaparas el balón, es difícil distinguir cuándo estás haciendo las cosas bien y cuando estás cayendo en la trampa del rival, muchas veces la seguridad en defensa es aparente y las buenas maneras en ataque son inofensivas si no manejas bien las fases en las que tienes que poner especial énfasis en ese contexto: Las transiciones y el manejo de los tiempos. Es la vieja historia, de nada sirve tener un 80% de posesión si terminas el partido con tres tiros a puerta inofensivo y el rival te mete dos goles a la contra.

En estos momentos, el Dépor vuelve a jugar (de hecho, es habitual que el propio rival le invite a jugar a eso, sabiendo que será sencillo anularlo) a este juego de posesión sin un jugador que le permita que el dominio del juego sea efectivo. Ese futbolista que consiga que el equipo deje de ser un equipo que da buenas sensaciones en fase ofensiva y defensiva y pase a ser un equipo que da buenas sensaciones en general, uniendo las dos mitades del campo. El doble pivote con Villares y José Ángel consta de dos jugadores de garantías, sí, pero que sumados no se adecúan a las necesidades del juego. Ninguno de los dos es un futbolista solvente contemporizando, midiendo los tiempos y abriendo espacios para romper líneas en función de los movimientos de sus compañeros y rivales. A día de hoy el equipo busca dominar los partidos con un destructor de juego y un centrocampista de recorrido y despliegue. Son roles necesarios, pero si buscas la posesión en una liga de equipos que en su mayoría se van a sentir cómodos dejándote el balón y metiéndote en su trampa, necesitas otra cosa. No hay nada más fácil de defender que un bloque que mantiene la posesión sin un futbolista que sepa manejar las líneas rivales. 

Para encontrar soluciones, la única manera que existe en este mundo es hacer cosas distintas, y si la intención es seguir con esta idea y este esquema, la única opción viable que se me ocurre es la de recuperar para el fútbol a Salva Sevilla. En los partidos que jugó se le vio muy falto de ritmo y alejado del jugador que fue, pero es el único perfil de la primera plantilla que puede dar lo necesario para arreglar esto, siempre que consiga dar el rendimiento que se le presuponía al llegar y que todavía ni insinuó. Con ese rol cubierto satisfactoriamente en el campo se podría aspirar a desatascar todo lo demás y seguramente jugadores que ahora parecen mediocres empezarían a destacar.

A día de hoy uno de los principales problemas está en que desde la lesión de Yeremay, salvo fogonazos de Mella, nadie parece funcionar en el puesto de extremo. Yo no creo que ni Davo,ni  Cayarga sirvan para jugar al fútbol, y no es casualidad que los extremos que funcionaron en este equipo en los últimos años fuesen extremos peculiares como Quiles o el propio Yeremay, capaces de generar sus ocasiones con recursos que van más allá de los del jugador típico de banda y que cuentan con mecanismos difíciles de defender. De hecho, la lesión de Yeremay es otro de los puntos claves de este bache: La capacidad de desborde y sorpresa del canario son también un mecanismo efectivo a la hora de generar roturas y espacios en las defensas rivales para que sus compañeros de ataque encuentren lugares en los que hacer daño. Una vez perdido eso, defender al Dépor es un trabajo rutinario.

Las lesiones, en cualquier caso, no deben de ser excusa porque un equipo que aspira a ascender debe ser una estructura y funcionar como un todo dependiendo lo mínimo posible de nombres individuales. Por ello es necesario un futbolista que, independientemente del estado físico de Yeremay, ejecute ese papel de crear y moldear el paso del balón desde la defensa al ataque, haciendo que la gente que tiene por atrás juegue menos exigida en labores de creación y la que tiene por delante vea recompensados sus movimientos en mayor medida. Creo que uno de los jugadores que más puede salir ganando en el momento en el que tenga alguien por detrás con voluntad de romper líneas y tomar riesgos es precisamente uno de los más criticados en este inicio de temporada: Davo. No le está saliendo nada, pero también es cierto que nadie le acompaña en sus intentos por generar situaciones favorables. Es un jugador que suele tener mucha movilidad, que tira muchos movimientos interesantes sin balón y busca dar alternativas en el pase al poseedor de la pelota, pero solo le buscan cuando es la opción obvia y no cuando tira desmarques de rotura, nadie se arriesga a ello. En el momento en el que alguien lo intente puede ser importante tener un jugador con esa movilidad en zona de tres cuartos.

El resumen de todo este es que, a día de hoy, las únicas soluciones factibles para el Dépor si quiere perseverar en la idea actual pasan por tener a Yeremay sano y por recuperar el nivel de Salva Sevilla, el único futbolista de los disponibles (junto con Jairo, que solo dentro del club sabrán en qué etapa de desarrollo real está) capaz de ejercer lo que el equipo necesita. Mientras tanto, el equipo podrá aspirar a dejar buenas sensaciones o a empezar el trabajo de cero y jugar a otra cosa. Pero pienso que difícilmente podrá aspirar a ser un equipo.

11 jul 2023

Exdeportivistas en la actualidad: Pepe Sand


 Por Rubén Pedreira 

Pepe Sand fue uno de los fichajes que realizó el Dépor en el mercado de invierno de 2011 para intentar enderezar un rumbo que tenía muy mala pinta. El delantero argentino llegaba cedido por el Al Ain de Emiratos Árabes Unidos con la vitola de goleador profesional y

la complicada misión de ayudar al equipo a salir de la pelea por el descenso. Sin embargo, su paso por el club gallego fue muy decepcionante y apenas se guarda en la memoria del deportivismo alguna imagen de lo que hizo en Riazor. Ni en la memoria ni en el mismísimo Internet, pues poco rastro fotográfico queda ya de su etapa como blanquiazul más allá de la foto de su presentación. 
 
Nombre: José Gustavo Sand
Nacimiento: 17/07/1980
Posición: Delantero
Temporadas en el Dépor: 1 (2010/2011)
Nacionalidad: Argentina
Estado actual: En activo

¿Cómo llegó al Dépor?

Pepe Sand comenzó su carrera en River Plate, donde se formó en las categorías inferiores y debutó en el primera división en Colón en 1999. Siguió después una procesión por diversos equipos de Argentina y Brasil hasta llegar en 2007 al equipo donde se convirtió en ídolo: Lanús.

En Lanús se le cayeron los goles de los bolsillos, ganó el Apertura 2007 y fue dos veces máximo goleador del torneo argentino. Aprovechó su apoteósico rendimiento (59 goles en 83 partidos) para firmar un contrato de muchos ceros con el Al Ain de Abu Dhabi en 2009 a cambio de un traspaso de 7 millones. En el equipo árabe mantuvo sus estadísticas y regaló la sorprendente cifras de 44 goles en 49 partidos.

En enero de 2011, el Deportivo de la Coruña anunció su fichaje como cedido hasta final de temporada y con opción de compra. El club buscaba un refuerzo para su ataque, que estaba muy mermado por las lesiones y la falta de gol. Sand llegaba con la ilusión de triunfar en Europa y el equipo blanquiazul confiaba en que sus números no se alejasen demasiado de los que venía promediando en sus últimas temporadas.

¿Qué hizo en el Dépor?

A pesar de llegar con las estadísticas por todo lo alto, la aventura de Sand en el Dépor fue un fracaso absoluto. El argentino no se adaptó al fútbol español ni al estilo de juego de Miguel Ángel Lotina. Además, sufrió varias molestias físicas que le impidieron tener continuidad y confianza, además de tener la eterna sospecha de haber llegado muy fuera de forma planeando siempre sobre él.

Sand solo disputó cinco partidos con la camiseta blanquiazul, tres de ellos saliendo como suplente, y no marcó ni un solo gol. La única estadística que engrosó durante su estancia en Coruña fue la de tarjetas amarillas, su juego no llegó a deslumbrar en ningún momento durante los escasos 200 minutos que disputó como blanquiazul.

El Deportivo acabó descendiendo a Segunda División esa temporada, poniendo fin a 20 años consecutivos en Primera. Sand abandonó el club inmediatamente después, sin que su continuidad se valorara ni por un instante, dejando el club por la puerta de atrás.

¿Qué fue de él?

Tras su paso por el Dépor, Sand regresó al Al Ain, pero no volvió a jugar con el equipo árabe. En julio de 2011 fichó por el Tijuana mexicano a cambio de 3 millones de euros, donde volvió tímidamente a recuperar su olfato goleador. En 2012 volvió a Argentina para jugar en Racing Club, pero solo anotó dos goles en 21 partidos.

Posteriormente inició un periplo por varios equipos argentinos de menor entidad: Tigre, Argentinos Juniors, Boca Unidos y Aldosivi. En todos ellos mostró destellos de su clase pasada, pero sin llegar a recuperar su mejor versión.

Todo cambió cuando en 2016 regresó a Lanús, el club donde se hizo ídolo. Reencontrado con su gente, reverdeció antiguos laureles y vivió una segunda etapa muy exitosa. Con los granates volvió a ser campeón en el Apertura de 2016 y subcampeón de la Copa Libertadores en 2017. Además, superó los 100 goles con la camiseta del club.

En 2018 se marchó al Deportivo Cali colombiano, donde también dejó una buena impresión. Echando de menos de nuevo su casa, un año después regresó por tercera vez a Lanús, donde sigue jugando actualmente a sus nada despreciables 42 años. Esta temporada, jugando sobre todo los últimos minutos de los partidos de su equipo, lleva la respetable cifra de 2 goles en 205 minutos, lo que extrapolado no le deja muy lejos del gol por partido. Números bastante decentes para el que es con diferencia el jugador de más edad del torneo, convertido ya en una de las mayores leyendas recientes de la liga argentina a pesar de su muy olvidable paso por tierras coruñesas.

 

Curiosidades

  • Fue, durante bastantes años, el máximo goleador de las categorías inferiores de River Plate (136 tantos) hasta que su récord fue superado por Federico Andrada.
  • Es el jugador máas longevo en anotar gol en la Primera División Argentina.
  • Es el máximo goleador histórico de Lanús.

Trayectoria


  • Colón (1999-2000)
  • Independiente Rivadavia (2000-2001)
  • Vitória (2001-2002)
  • Defensores de Belgrano (2002-2003)
  • River Plate (2004-2005)
  • Banfield (2005-2006)
  • Colón (2006-2007)
  • Lanús (2007-2009)
  • Al Ain (2009-2011)
  • Deportivo de la Coruña (2011)
  • Tijuana (2011-2012)
  • Racing Club (2012-2013)
  • Tigre (2013-2014)
  • Argentinos Juniors (2014)
  • Boca Unidos (2014)
  • Aldosivi (2015)
  • Lanús (2016-2018)
  • Deportivo Cali (2018)
  • Lanús (2019-presente)

1 jul 2023

Reflexiones a la llegada de Imanol Idiákez al Deportivo


 Por Rubén Pedreira

Esta mañana el Deportivo presentó a Imanol Idiákez como su nuevo entrenador. No lo hizo a las 19:06, como hacen los anuncios importantes, sino en el que posiblemente es el momento de la semana (dentro de un horario laboral común) de menor actividad social en las redes. Como mínimo resulta curioso, y es difícil no pensar que no signifique algo.

Lo primero que hay que decir se me hace evidente, y es que Idiákez no tiene culpa del contexto al que llega y seguramente firma con toda la ilusión del mundo pensando que puede conseguir el objetivo. Sólo es un profesional al que hicieron una oferta para continuar su carrera en un club que, visto desde fuera, es quizás el más apetecible de la categoría. Su crédito personal no debería verse perjudicado por llegar cuando llega, no sería justo.

Dicho esto, creo que también hay que decir otra cosa más importante, y es que esta decisión se toma de una manera inexplicable. Sabiendo que uno de los grandes lastres del año pasado fue el clima de guerra social, y también sabiendo que no había motivos de peso para despedir al entrenador que había conseguido la paz y el consenso tras poco más de un par de partidos en los que poco tiempo tuvo para cambiar grandes cosas, solo la negligencia explica un movimiento así. No se consiguió el objetivo que había en el campo, pero sí consiguió algo que quizás era mucho más importante: La voluntad de creer. 

Rubén de la Barrera no es el mejor entrenador de la historia, pero era el entrenador que toda persona veía indicada en la ciudad y que todo el mundo daría el crédito necesario. La decisión tomada, todavía sin explicación, consigue que ese crédito altísimo y libertad para trabajar se convierta, a día de hoy, en la ausencia total de crédito y la propensión a la beligerancia desde el primer momento en el que algo venga mal dado. A día de hoy, el deportivismo siente que le quitaron sin motivo la principal baza para creer en algo, que no era más que un director de orquesta que enseñaba los mismos ideales que lleva pidiendo la grada sin éxito durante años y que además tenía en su currículum varios éxitos alineados con los objetivos del club.

La afición no puede dirigir un club porque la afición no es un ente único con una sola opinión, pero quien dirige un club debe tener un mínimo de conciencia de lo que suponen sus decisiones. Este movimiento nos deja sin el entrenador que quería la inmensa mayoría y que además había demostrado en el pasado que tenía lo necesario, cambiándolo por un entrenador que empieza con la soga al cuello. Y es que además la decisión tendría justificación si el recién llegado fuese Guardiola, pero quien viene es una persona que nunca consiguió un ascenso y que fue despedido en sus dos últimos proyectos en España. 

Ojalá Idiákez (del que no puedo decir nada malo porque desconozco su trabajo) sea el hombre que lleve al Dépor de vuelta al fútbol profesional, como técnico no merece encontrarse un ambiente en contra porque no hizo nada malo, pero la serie de acontecimientos que lo trajo a la ciudad habla muy mal de la sensatez aplicada en el proceso. Porque, sobre todo, hay que tener en cuenta que todo esto ocurrió solo para que en el banquillo acabara alguien cuyos resultados nunca demostraron ser garantía de éxito, no alguien que tiene varias copas a sus espaldas. Ojalá en unos años estemos jugando Champions con Idiákez en el banquillo, pero lo que realmente impresiona es que hayan quitado lo único que mantenía ilusionado al deportivismo para poner a alguien cuya carrera simplemente dice que es un entrenador más. Incluso aunque termine siendo un rotundo éxito, la decisión no dejará de ser grave, porque si es un potencial genio invencible de los banquillos, hasta ahora no lo demostró y la única realidad es esa. Que nadie diga que sabía que era el mayor genio oculto del fútbol español, porque las cosas no funcionan así. Nadie podrá sacar pecho incluso logrando objetivos porque hasta si funciona no será mucho más que una feliz casualidad improvisada a costa de algo imperdonable: Traicionar los ideales y la identidad de tu grada sin motivo una vez más.

21 may 2023

Lo de dentro


   Por Rubén Pedreira  

El fútbol no es algo sencillo. Aunque hay quien dice aquello de que "es tan fácil como poner a los mejores" o que "son solo once personas corriendo detrás de un balón", esas no son más que frases hechas que no se adaptan a la realidad. En un solo partido tras el cambio de técnico en el Dépor, vimos ya varios rasgos de la complejidad que tiene cada decisión tomada por un entrenador en un encuentro. Un cambio de esquema de base que redefine las zonas de superioridad e inferioridad sobre el campo, una vuelta de tuerca a los mecanismos de salida de balón con nuevos automatismos todavía algo verdes o incluso un reajuste en la posición de Lucas que cambia el modo en el que los rivales deben hacer frente a su amenaza. Hay infinitas formas de emplear la táctica, y decidir con qué quedarse no es una cosa sencilla, todo lo contrario.

No obstante, hay algo con mucho peso en el juego que sí es sencillo, que sí se basa en algo muy simple, y es lo emocional. Ese aspecto del trabajo de un equipo sí que se basa en conseguir una de dos posibilidades: Que la gente se sienta cómoda o que no lo haga. Me sorprende lo mucho que hablo de lo psicológico al hablar del Dépor, pero lo hago porque es un aspecto importante y creo que en los problemas a la hora de gestionarlo se basan bastantes los recurrentes problemas del equipo a lo largo de estos últimos años. Y no hablo aquí de nada que tenga que ver con esa siempre hipócritamente exigida "actitud" ya que no se trata de eso, sino del estado mental con el que el jugador puede permitirse mostrar dicha actitud. Hasta esta semana, el Dépor de Cano era un equipo que encaraba lo emocional, al menos en lo que se dejaba ver públicamente, poniendo la exigencia, las prisas y la concepción conservadora por encima de todo. Se transmitía un mensaje de equipo psicológicamente encorsetado, sin margen para nada más allá de todo eso. Y eso, cuando las cosas salen mal, genera un abismo.

Ayer, en cambio, vimos una muestra de que Rubén de la Barrera comienza su etapa entendiendo que tan importante como el mensaje escrito en la pizarra es el mensaje que no está escrito en ningún sitio pero que cala en la mente de los futbolistas. Volvió a Riazor con una idea clara, la de que aquí todo el que tenga condiciones para aportar no va a ser tratado como un lastre, y dio la oportunidad a jugadores que hasta ahora eran tratados como una carga a presente. Dejándole a Yeremay minutos por delante para afrontar con calma el partido se atreverá a hacer cosas con calma (como la acción de su gol) en lugar de atropelladamente para intentar demostrar algo en los cinco minutos que tiene. Dándole a Trilli la oportunidad de demostrar en el campo su madurez podrá madurar. Y dándole minutos a Mella podrá ir entrando en una dinámica de primer equipo que no se consigue solo entrenando.

El Dépor deja atrás una etapa con un entrenador que nunca supo manejar las emociones. No sé si a nivel interno fue distinto, pero tanto en ruedas de prensa como en las decisiones de cada fin de semana enviaba mensajes que eran losas en las espaldas de todos. En solo un partido (habrá que ver si en lo que viene se sigue esa línea o no), ese Deportivo que vivía agarrotado por el mensaje pasó a ser un Deportivo donde el mensaje es esperanzador, en el que todos saben que no se pudrirán en el banquillo si lo merecen. El nuevo entrenador llega sabiendo que dar oportunidad con cordura al talento no es algo que impida conseguir objetivos, y eso ya es un paso importante. En cuanto a los aspectos puramente deportivos, a pesar de lo ilusionante del resultado no se puede decir todavía nada. Ni el Algeciras llegó a Riazor siendo un rival apto para sacar conclusiones ni tres entrenamientos pueden tomarse como indicativo de nada. Lo visto ayer no es más que el trabajo de Óscar Cano con retoques, pero alegra ver que se busca hacer más fuertes a quienes no merecían verse tan debilitados.

Ayer se consiguió una victoria y no fue a pesar de dar oportunidades a los menos habituales, sino que fue una victoria en la que esos jugadores que estaban en el ostracismo desde hace meses participaron con importancia. Los jugadores pudieron salir a zona mixta a hablar de cosas que no eran solo la exigencia en los partidos que quedan o que están obligados a ganarlo todo. En el Deportivo de Cano solo había margen para la presión, el Deportivo de De la Barrera empieza permitiéndose hablar de otras cosas para que ese miedo a no conseguir el objetivo no sea lo único que atormente las cabezas. Y también para que todo jugador con talento no esté desperdiciándose entre el banquillo en la grada porque su entrenador cree que es mejor que fallen otros. Saldrá bien o saldrá mal, pero la ilusión es más poderosa que la presión.

7 may 2023

Un problema de cara al tramo decisivo sin solución ideal posible


  Por Rubén Pedreira  

Hay una cosa que me preocupa actualmente. Esa cosa no es que el Dépor consiga el ascenso directo pues, a pesar de que en el fútbol casi todo se puede conseguir mientras las matemáticas acompañen, casi doy por hecho que el resultado contra el Alcorcón hizo decir adiós a esa posibilidad. Que tres equipos fallen lo suficiente teniendo dos de ellos la diferencia de goles a favor es una utopía en la que es mejor no pensar por pura salud mental. Lo que me preocupa es más bien lo que puede venir una vez certificado que lo de subir pasará obligatoriamente por unas eliminatorias a todo o nada.

A día de hoy, la ruptura entre el entrenador del equipo y la grada es total. En los últimos tiempos las iras de la afición fueron a parar al banquillo con frecuencia y de forma más o menos generalizada, pero no recuerdo un consenso semejante al actual. No gusta el planteamiento, no gusta la manera de comunicarse públicamente y tampoco gusta la mentalidad imprimida al equipo. Incluso en aquella época en la que Víctor Fernández hablaba de autodestrucción se encontraba gente partidaria del técnico, y ni siquiera con Seedorf se acumuló tanta rabia, porque hay que reconocer que a pesar de las múltiples limitaciones mostradas era un tipo simpático.

Es cierto que la afición no dirige equipos de fútbol y quien sí los dirige debe respetarla, pero no dejarse manipular por ella, porque el aficionado nunca tiene todos los datos para tomar decisión alguna. Seguro que hay un motivo lógico para mantener a Cano aunque yo no vea razones para ello desde el partido contra la Cultural, pero me preocupa que, en mi opinión, el técnico no demostró ser garantía de nada desde hace dos o tres meses. Teniendo en cuenta esa falta de argumentos con los resultados en la mano, me cuesta mucho pensar que valga la pena sacrificar el apoyo incondicional de la grada en un momento clave como el que se viene. Porque la afición, como siempre hizo, va a responder estando presente en los momentos importantes, pero no tengo claro que no aparezca el temido murmullo si algún bache aparece, y la experiencia dice que este equipo es propenso al bache. En el fútbol, en los momentos importantes, es el factor psicológico el que decide un gran porcentaje del éxito.

Me cuesta creer que Cano sea merecedor de sacrificar la estabilidad mental de los jugadores y que jueguen con esa losa de pensar que si las cosas se tuercen perderán el favor general, y me parece especialmente preocupante cuando en varias declaraciones recientes diversos jugadores dejaron claro que este grupo está teniendo problemas para manejarse psicológicamente. A día de hoy el Dépor tiene un problema importante, y es el de haber llegado a una altura de la temporada en el que no prescindir del entrenador es una locura y prescindir de él también lo es, porque no hay tiempo para nada.

Solo nos queda confiar en que el Dépor es un equipo experto en lo grotesco. Quizás sea así, con el ambiente más en contra que nunca y con la nula confianza en ser capaces de conseguir nada, cuando se consiga el objetivo. Al final lo único que nos queda es confiar en lo que no confiamos.

28 feb 2023

Compatibilizar las prisas con el proyecto de cantera del Dépor


  Por Rubén Pedreira 

En los últimos tiempos el debate de la cantera está muy presente en la discusión habitual sobre la actualidad del Deportivo. Los recientes éxitos juveniles y el buen momento del Fabril, todo unido al hundimiento del primer equipo en el pozo de la 1ªRFEF, provocan la recurrente exigencia desde la grada de que los jugadores que llegan desde las categorías inferiores consigan mayor protagonismo cuanto antes. 

No soy una excepción, a mí me gusta ver a la cantera llegar con éxito al primer equipo. Creo que a todo el mundo le gusta eso, es lógico porque son activos del club que solo pueden dar beneficios cuando salen bien, además de tener el valor añadido de ser de la casa y presuponerse un mínimo de interés por el club. No obstante, cuando se habla de cantera se suele pecar extrañamente de fijarse solo en lo cuantitativo de un proceso que es más bien cualitativo y muy específico de cada jugador. Casos como el de Iago Beceiro o Bicho vienen a decir que no por hacer debutar a tus jugadores más prometedores con 17 años van a llegar antes, pero lo que sí puede ocurrir es que nunca lleguen por no estar preparados para afrontarlo todo demasiado pronto. Existen también casos como el de Fran, titularísimo antes de cumplir los 20, pero no es siempre así.

No tengo ni la menor idea de lo que pasa internamente para que la cantera tenga a día de hoy el grado de protagonismo que tiene en el primer equipo y no uno superior (o inferior). Lo que sí tengo claro es que en cuanto a cantera lo importante no es lo que se ve hacer desde fuera, sino tener claro desde dentro lo que se está haciendo. La verdad, teniendo en cuenta los más que notables resultados de las categorías inferiores en los últimos años me resulta imposible pensar que no hay una estrategia clara sobre qué hacer con esos frutos a corto y medio plazo, porque esos resultados indican un buen trabajo y no son casuales. Mi postura es la de dar crédito a quien gestionó esos éxitos para seguir gestionando los plazos y valorar más tarde.

Debemos tener claro que los futbolistas, como cualquier persona, van quemando etapas. Hay futbolistas que van más rápido y otros menos, y quien lo ve es quien trabaja día a día con ellos. Son palabras típicas para excusar la falta de decisiones de riesgo, y en cierta medida lo son, pero también es una realidad. El riesgo no suele ser sinónimo de éxito, sino no sería arriesgado.

La generación que llevó al éxito al Juvenil en la Copa del Rey está siguiendo su progreso ahora en categoría senior llevando por buen camino al Fabril, con el mismo entrenador que tuvieron en su anterior etapa y completando su progresión de la mano de quien mejor los conoce futbolísticamente. Algunos jugadores, como Trilli o Yeremay, se estimaron como de progresión más rápida y ya están participando como miembros de pleno derecho del primer equipo (con menor protagonismo del que muchos creemos oportuno, sí) y otros son piezas clave de un segundo equipo que funciona y que lucha por ganar una categoría, lo que sería una grandísima noticia de cara a la progresión de futuros talentos.

El resumen de lo que pretendo decir aquí es que yo también querría mayor presencia de la cantera en el primer equipo y creo que seguramente se podría conseguir desde ya, pero no hacerlo puede tener una explicación tan lógica como lo contrario. Estoy seguro de que el rol de Pepe Sánchez podría cumplirlo Barcia, que buena parte de los minutos de Kuki podrían dársele a Ochoa y que la participación de gente como Álvaro Rey el año pasado bien podría haber ido para Yeremay. Eso es tan cierto como el hecho de que a muchos jugadores les ayuda más tener minutos todos los fines de semana y ser indiscutibles en el filial que pasar tres de cada cinco jornadas en blanco por ir convocados con el primer equipo para acabar jugando cinco minutos o incluso ninguno.

Estoy casi seguro (aunque carezca de pruebas) de que hay un plan claro con la cantera, es el único camino para sacar al club de un bache como este, teniendo en cuenta que la nueva generación sobresale sobre la mayoría de generaciones de otros clubes españoles y nadie en su sano juicio carecería de un plan definido para aprovecharlo estando en la tercera categoría. La mejor prueba de que hay un camino a seguir son los buenos frutos de estos últimos años y el hecho de que algunos de sus máximos responsables hayan ido escalando hacia puestos senior. El paso del tiempo dará o quitará razones.

Una cosa que sí se está viendo de manera recurrente en cuanto a comunicación de club y que no creo que ayude es la insistencia en hablar del canterano como si fuera unido a inmadurez y falta de garantías. Porque es posible que vaya unido, sí, pero no creo que ayude en nada usar esos términos porque probablemente al futbolista le genere una de dos: O una impotencia que le hace escapar a otro sitio donde sentir que lo tratan de otra manera o una zona de confort en la que, cuando llega al primer equipo, tiene excusa para comportarse como ese crío que creen que es y no dar el paso adelante. Aunque quizás me equivoco, al fin y al cabo no estoy en el vestuario para medir la influencia de esas declaraciones.

1 feb 2023

No me preocupa el mercado de invierno del Dépor


 Por Rubén Pedreira 

Parece haber una ley no escrita en el fútbol. Esa ley dice claramente lo siguiente, con estas mismas palabras: "No se puede confiar en el mercado de invierno para salvar una temporada, casi nunca sirve de nada". La gente aún recuerda aquel fichaje de Edgar Davids por el Barça hace mil años como ejemplo de traspaso de invierno capaz de generar un impacto instantáneo y clave, porque lo cierto es que no hay muchos más casos de mejoras realmente increíbles en el fútbol de primer nivel. Y si pensamos en tono Dépor, se nos vienen a la cabeza Wilhelmsson, Sabin Merino y poco más.

Hay razones lógicas para no confiar en el mercado invernal. Por lo general, los jugadores que suelen cambiar de aires en estas fechas son aquellos que no cuentan en sus equipos o que están libres. Llegan sin minutos, faltos de ritmo e incluso con algunas decenas de kilos de más. También les falta una pretemporada adecuada con sus nuevos compañeros para adaptarse a las mecánicas de juego, y cuando entran en dinámica la temporada ya se está terminando. Los fichajes que llegaron a Coruña desde la caída del equipo al fútbol semiprofesional fueron Álvaro Rey (2022) y Raí (2021), que poco o nada pudieron aportar. Villares sí consiguió, también en 2021, entrar en el equipo en invierno generando un verdadero salto de nivel; pero ya era de la casa, tenía ritmo y entrenaba con el primer equipo. Su situación era diferente.

En cualquier caso, las leyes no escritas no están escritas porque no son realmente leyes, siempre puede haber excepciones. Durante el año del último descenso vimos que las llegadas del citado Merino, Uche Agbo e incluso Çolak dieron un lavado de cara al bloque. Una cosa que se hace evidente es que el equipo a día de hoy no funciona, o al menos no funciona como debería, y por ello cambiar cosas sin pasarse no es algo que deba preocupar. Al fin y al cabo los cromos que se cambiaron apenas tenían protagonismo y el inmovilismo tampoco suele solucionar nada.

Es cierto que se fueron dos jugadores que podrían haber sido útiles. Para mi Borja Granero es un central de nivel sobrado para la categoría a pesar de la eterna discusión que hubo siempre a su alrededor, y Narro fue uno de los pocos salvables del primer tramo de la temporada. Pero si echamos un visitazo global al mercado de invierno, es imposible pensar que fue malo. Porque los dos jugadores citados no estaban jugando y además se cambió a otros dos que no contaban (Retu y Gorka) por jugadores de categoría superior (Lebedenko y Lucas). Se reforzó el centro de la defensa y también la punta de ataque para permitir más variación de estilos de juego y facilitar que Lucas pueda alternar la referencia con el puesto al que estaba más acostumbrado en los últimos años: el de segundo delantero. Esta plantilla estará menos encorsetada y permitirá más variantes ofensivas en función del momento de juego, lo cuál es positivo.

11 dic 2022

Vamos a volver a ver sufrir al Dépor


 Por Rubén Pedreira 

El partido que jugó el Deportivo hoy en Riazor fue una muestra de solvencia. Ante un Racing desconocido e incapaz de hacer daño durante los noventa minutos, el equipo blanquiazul jugó a lo que quiso y lo hizo sin más sufrimiento que algún susto puntual. Los locales marcaron los tiempos del partido y alternaron entre la dominancia del primer tiempo, que les llevó a hacer dos goles, y la calma del segundo, cuando decidieron matar el encuentro protegiéndose más y desordenándose menos.

Visto el guión de esta jornada, lo sencillo en un ambiente tan histriónico como es siempre el coruñés sería volver a las andadas y empezar a creerse que este es por fin el punto de inflexión que creará a un equipo perfecto capaz de aplastar a todo rival que aparezca de aquí al final de temporada. Pero creo que debería ser, más bien, un punto de inflexión para poner un mínimo de cordura a todo esto y ver las cosas como realmente son, tras siete días en los que se alternó entre la sensación agridulce del partido contra el Córdoba a la depresión de Badajoz para culminar en la alegría de hoy. Razonemos esto con un poco de lógica y pensemos hoy lo obvio: Vamos a volver a ver sufrir al Dépor.

Debemos tener clara esa frase, porque va a ser así. Si nos paramos a pensar, el equipo está en una situación bastante mejorable en cuanto a la clasificación, pero ilusionante en cuanto a contexto. Porque ese contexto nos dice que viendo los partidos contra rivales directos el equipo siempre supo ser superior. Incluso contra el teórico rival a batir, que hoy por hoy es el Córdoba. Se volverá a sufrir porque jugar con los equipos de arriba, obligados a conseguir resultados sin especular con ellos por su propia lucha por el ascenso, no es lo mismo que jugar contra equipos que juegan para dar la sorpresa. Hoy se jugó contra un Racing que no es el equipo sólido que suele ser (más allá de su mala racha reciente), pero que sí fue un equipo que a pesar de su falta de ideas peleó por proponer su fútbol sin encerrarse ni dar al Dépor la responsabilidad de llevar el peso del partido. 

Cuando se vuelva a jugar contra un equipo que busque protegerse durante los 90 minutos para no encajar y encontrar una contra, el equipo lo volverá a pasar mal. Porque las cosas no se dieron bien esta temporada para evitar que eso suceda, a pesar de que se intentó. Existen críticas a la confección de la plantilla, pero no estoy de acuerdo, creo que se formó un grupo con la idea de que, sin renunciar a imponer un estilo definido, pudiera jugar de tú a tú a los rivales directos (cosa que se está cumpliendo) y también romper cerrojos de rivales de zona baja. Esto último no lo demostró porque cuando juegas con la idea de Óscar Cano necesitas ante esos rivales una referencia arriba que sea diferencial para la categoría y que con sus características arrastre la atención de la defensa para que los errores en el bloque rival sucedan. Ese hombre era un Gorka Santamaría del que nadie podía sospechar que estaría a años luz del jugador que demostró ser la temporada pasada, y Svensson no es un recambio adecuado para ese rol porque es más bien un delantero habilitador.

Estamos en una situación más favorable de lo que puede parecer, porque ser capaces de plantar cara a cualquier rival directo es una buena noticia aunque por ahora aún se sufra contra otras propuestas. No es el contexto ideal pero entendamos que, incluso en el caso de no solucionar el problema, si somos capaces de mantener las cosas así seremos un rival muy competitivo en play-off. Empecemos a ver las cosas con perspectiva y quitémonos la losa de que solo valga el ascenso directo, porque es cierto que es lo exigible para un club como el Dépor, pero no ayuda ni dentro ni fuera del campo. Este equipo nunca será la apisonadora que se exige que sea, la utopía que tenemos montada en la cabeza sobre lo que ha de conseguirse no es real. Hay y habrá cosas mejorables, pero empecemos por relativizar y no alternar entre lo más bajo y lo más alto en cada resultado. Entendamos que vamos a sufrir y entendamos por qué. No busquemos posiciones a reforzar cada vez que un jugador tenga un día malo, porque quizás solo necesitemos a ese jugador diferencial que ayude a que los partidos que se nos atascan tengan otro desenlace y el mercado de enero está a la vuelta de la esquina. Sea Lucas o sea otro, estamos a nada de poder intentar encontrar algo que aporte lo necesario. Y aún dando con la tecla sufriríamos en alguna ocasión, porque el fútbol es así.

21 may 2022

¿Qué pasa con Borja Jiménez si se consigue el objetivo?


 Por Rubén Pedreira

Los entrenadores nunca se ven como proyectos de futuro como sí pasa con los futbolistas. Cuando se les juzga no se está siquiera juzgando a personas, son simples figuras inanimadas a las que se les exige éxito inmediato sin que importe nada más. El caso de Xavi desde que llegó al Barça es un ejemplo claro de este juicio sometido a impulsos irreflexivos: Tras un puñado de partidos malos de inicio Xavi ya no servía, pero cuando empezó a imponer su estilo la cosa cambió y se convirtío en el nuevo Guardiola. Poco duró la alegría, pues la eliminación europea volvió a hacer desconfiar en el proyecto hasta que en los últimos partidos, de nuevo, la trayectoria de la confianza empezó a tomar un camino ascendente. La vida del entrenador es así, nadie tiene tiempo para afianzar su trabajo antes de ser juzgado y los juicios siempre serán instantáneamente irrevocables aunque quien los emite se permita el lujo de cambiarlos en cuestión de semanas como si no pasara nada.

¿Por qué empecé estos párrafos hablando de ver a los entrenadores como proyectos de futuro? Porque cuando se fichó a Borja Jiménez se fichó a un entrenador de 36 años que llegaba en una trayectoria claramente ascendente. Consiguió cumplir los objetivos en todos los equipos por los que pasó y en los dos últimos consiguió justamente lo que busca aquí, el ascenso al fútbol profesional. Eso ya lo sabíamos antes de su llegada, hasta aquí nada nuevo. Lo que no sabíamos era que la temporada iba a seguir la trayectoria que siguió. Después de una primera vuelta intachable, en la que los rivales hacían ya suyas aquellas palabras de Arrasate en las que afirmaba hace unos años que "la pregunta no es si el Dépor va a ascender, sino cuando lo hará", el equipo se cayó de manera incalificable y llegó incluso a temerse que entrar en el playoff estuviera en peligro. Eso sí que no lo esperaba nadie.

Es evidente que el entrenador es el principal responsable de que el equipo se dejara remontar una ingente cantidad de puntos en cuestión de unos meses y que ya no pueda aspirar a más que a una segunda plaza que, por el contexto del que se viene, se ve más como un mal menor que como un éxito. Aún así está más que a tiempo de ser suficiente para llevar la temporada a ser exitosa y, en ese caso, yo no tengo dudas de que el puesto de entrenador del Deportivo debería seguir ocupado la temporada que viene por la misma persona. Los entrenadores también pueden ofrecer motivos para creer que son buenos proyectos a los que interesa mantener, y Borja Jiménez además hizo un doctorado en esta temporada aquí. Supo hacer un equipo ganador que, es cierto, acabó cayéndose con todo el equipo, pero la tendencia de los últimos partidos es hacia una recuperación que parece prometedora. Si esa recuperación se mantiene hasta conseguir el éxito en los play-offs, el técnico habrá conseguido una de las tareas más complicadas del fútbol: revivir a un equipo mentalmente muerto.

Son situaciones distintas, un jugador es uno más y un entrenador es el responsable máximo de los resultados, pero igual que una mala racha no haría pensar a nadie que Noel no debe seguir en el club, quizás deberíamos tener también esa visión global cuando se trata de un entrenador. Si se consigue el objetivo, Borja habrá demostrado en un solo año saber crear a un equipo dominante y también recuperarlo anímicamente cuando todo había dejado de funcionar, y todo ello habiendo aprendido más de lo que sabía antes porque entrenar en Coruña siempre supone una presión mayor. Lo único que importa ahora es conseguir el objetivo, pero si se consigue la continuidad del entrenador no debería estar en entredicho.

25 nov 2021

Un estudio estadístico de las rutinas de juego del Dépor 21/22 (Primera parte)


 Por Rubén Pedreira

El Dépor es líder de su grupo de 1ªRFEF y se encuentra actualmente en una dinámica muy positiva de resultados. Teniendo en cuenta que las victorias llegan y que estamos ya en un punto de la temporada en el que se pueden empezar a sacar conclusiones, es buen momento para preguntarse: Más allá de las sensaciones, ¿qué podemos decir del juego del equipo? En este artículo se realizará la primera parte, referida hoy al aspecto defensivo, de un estudio estadístico que permitirá entender a qué juega el conjunto de Borja Jiménez y cómo de bien lo hace en términos cuantitativos.

PRIMERA PARTE: FASE DEFENSIVA: 

En esta primera parte del análisis comenzaremos por la fase de defensa, en la que el equipo está destacando después de recibir solo 6 goles en 13 partidos.

I: Portería

Soy de la idea, no sé si equivocada o no, de que la posición de portero es poco tolerante a ser juzgada con estadísticas a pesar de lo que pueda parecer. Si bien hay muchos números que pueden servir para sacar mil conclusiones acerca de los jugadores de campo, en el caso de los porteros creo que solo hay dos que pueden ayudar a clasificarlos: El ratio entre goles y disparos recibidos y, en los últimos años y siempre con prudencia, la diferencia entre el xGA y los goles recibidos reales. 

Veamos el caso del xGA. Este parámetro, análogo al xG pero para goles encajados, nos da una medida de los goles esperados en un partido en base al estudio de las jugadas de peligro que se llevan a cabo en el encuentro. Utilizando este parámetro lo que encontramos para los partidos que disputó el Dépor es lo siguiente:

FIGURA 1: Análisis del xGA. Dentro de los círculos verdes vemos el dato de los goles encajados en el partido y dentro de los círculos amarillos los que serían esperables encajar según el xGA

En la FIGURA 1 se comprueba que solo en 4 partidos el Dépor encajó más goles de los esperados. En la columna gris de la derecha podemos ver la diferencia numérica entre los goles encajados y el xGA, que si realizamos una suma simple nos dice que, a día de hoy, el Dépor encajó 1.66 goles menos de lo que le correspondería si el xGA se hubiese cumplido.

Hay que tener en cuenta, no obstante, que el xGA no es infalible. En mi opinión, el valor del partido contra el Real Unión infravalora mucho la ocasión del primer gol, en la que un error en la salida de balón provocó una situación de uno contra uno muy clara. En cualquier caso, vemos que el saldo es muy positivo para un Ian Mackay totalmente indiscutido en su puesto y que partido a partido demuestra que es un jugador de otra categoría. Recibió 34 disparos a puerta y encajó solo 6 goles, lo que nos dice que hay que disparar casi 6 veces entre los tres palos para marcarle un gol. Números de nivel superior.

II: Zonas defensivas

La defensa del Dépor esta temporada estuvo marcada por los problemas para cubrir el lateral derecho. La baja de Trilli tras el primer encuentro conllevó una serie de probaturas en esa banda de la zaga, donde nadie llegó a convencer hasta que Víctor García se asentó en el puesto a base de trabajo y despliegue físico. 

Es precisamente esa banda derecha la que se muestra como región preferente de los ataques rivales, conocedores de esa carencia a lo largo de la temporada y sabiendo que incluso ahora que existe un ocupante asentado este no es lateral puro.

FIGURA 2: Ataques recibidos por el Deportivo en sus 12 partidos jugados desglosados por zona del campo por la que llegaron


Si bien la tendencia de los contrarios a atacar el flanco derecho blanquiazul es clara (FIGURA 2), también lo es que no parece estar sacando los frutos esperados por los conjuntos que se enfrentan al Deportivo. Si bien esa zona derecha es claramente la que más se intenta explotar, no es ni mucho menos la más frágil en la práctica, y las siguientes gráficas así lo demuestran. El Dépor sufre más, por normal general, cuando los ataques recibidos llegan por la zona media:


FIGURA 3: Ataques recibidos por la zona central. El valor numérico sobre los datos de ataques finalizados corresponden al porcentaje del total que suponen.

FIGURA 4: Ataques recibidos por la banda derecha. El valor numérico sobre los datos de ataques finalizados corresponden al porcentaje del total que suponen.

FIGURA 5: Ataques recibidos por la banda izquierda. El valor numérico sobre los datos de ataques finalizados corresponden al porcentaje del total que suponen.

Si nos vamos a las cifras brutas, encontramos que de los 372 ataques que recibió el Dépor por su banda derecha (FIGURA 4), sólo un 9% de ellos acabaron en una acción de finalización. Es un porcentaje muy bajo comparado con el 12% de finalizaciones a las que se llegaron en los 297 ataques intentados por zona media (FIGURA 3), aunque alto si lo comparamos con el cerrojo de la banda izquierda (FIGURA 5). La pareja habitual formada por Héctor y Jaime en ese flanco consiguió que solo el 6% de los ataques por su región llegaran a una acción de finalización.

Tenemos, por tanto, que el rival tiene tendencia a buscar hacer daño por banda derecha, buscando aprovechar las dudas que ofreció el equipo en esa posición en la mayor parte de la temporada. Si bien es cierto que en las 5 primeras jornadas consiguieron altos porcentajes de finalización entrando por ese lado, desde la jornada 6 dicho porcentaje experimentó una caída en picado. En el caso dela banda izquierda, los porcentajes de finalización fueron consistentemente bajos mientras que la zona central fluctuó de manera clara.

Comentario técnico: Lo introducido hasta ahora fueron puros números, pero para que tenga utilidad al número hay que complementarlo siempre con la capacidad para interpretarlo o incluso para reconocer que no tiene correspondencia con lo visto en el campo. En el caso de estas estadísticas, existen tres detalles claros a comentar:

  • El rival siempre tuvo tendencia a explotar la banda derecha y durante las primeras cinco jornadas, que coincidieron con el baile de nombres para ocupar ese lateral (Trilli, Benito, Villares, Lapeña...), eso conllevó éxito. No, obstante, justamente vemos que el porcentaje de ataques finalizados por esa banda comienza a caer en picado a partir de la jornada 6, que coincide justamente con el momento en el que Víctor se asentó en la posición y se quedó como titular hasta la actualidad. Los números demuestran que el despliegue físico del valenciano no sólo es meritorio, sino también efectivo. La caída en picado del peligro generado por su lado resulta sorprendente y no es casual.
  • La zona central es un frente de rendimiento muy fluctuante en lo que respecta al orden defensivo del Dépor. Los números secundan sensaciones que ya nos había dejado lo visto en el campo, y es que en ciertas ocasiones es fácil hacer daño al equipo por el centro aprovechando transiciones rápidas. El trio que conforman Álex, Villares y Juergen está dando grandes resultados, pero la versatilidad que demuestran en ocasiones en el reparto de funciones los dos últimos crea algunos contextos en los que es más fácil hacer daño si el rival roba rápido en zona media y se lanza al juego directo. Esta temporada vimos muchas acciones de peligro en contra tras pérdida en esa zona, y es un detalle a mejorar para conseguir afianzar esa capacidad del equipo de saber sufrir tras ponerse por delante en el marcador.
  • En lo que respecta a la banda izquierda, los datos avalan el trabajo impecable de la pareja Héctor - Jaime. Gran capacidad para mantener el cerrojo en esa banda, incluso teniendo normalmente por delante a extremos que suelen ser menos constantes en las ayudas de lo que es Quiles. Los número quizás no acompañen a las sensaciones en lo ocurrido en el último partido, contra el Rayo, en el que Aguirre ocupó el puesto de Héctor y se vió un flanco más vulnerable de lo habitual. Aún así, el porcentaje de finalizaciones desde ese lado se mantuvo claramente bajo en ese partido.

III: Transiciones

Estudiemos ahora las rutinas de recuperación de balón para encontrar en qué zonas es más efectivo el Dépor obteniendo de nuevo la posesión. Para tener una idea realista de esta estadística es importante no solo tener los datos normalizados a una unidad temporal concreta (como en este análisis estamos haciendo un estudio partido a partido ya tenemos esto), sino que también debemos normalizarla a unidad de posesión para eliminar errores debidos al hecho de que ambos equipos no tienen el balón el mismo tiempo durante los encuentros.

En los siguientes gráficos se normaliza el número de recuperaciones a la unidad de posesión de balón rival. Es decir, obtendremos el valor de cuantas recuperaciones realizan los equipos por valor unitario de la posesión contraria, que es cuando estas se realizan:

FIGURA 6: Balones recuperados por el Dépor desglosados por zona de recuperación

La gráfica de recuperaciones llevadas a cabo por el Dépor es una gráfica dentro de lo esperable.


FIGURA 6: Balones recuperados por los rivales desglosados por zona de recuperación

No obstante, en la gráfica de recuperaciones del rival vemos un hecho importante, y es que por lo general al Dépor suelen robarle más balones en zonas medias que en las inmediaciones del área rival. Esto implica que muchos ataques mueren antes de llegar a donde deberían, aunque no necesariamente tiene que implicar una forma negligente de atacar.

Hagamos ahora la comparativa por zonas para ambos equipos. Si se hace eso, lo que obtenemos es lo siguiente:



FIGURA 7: Balones recuperados en zona baja por el Dépor en comparación con sus rivales. El valor numérico sobre cada jornada se refiere al tiempo de posesión obtenido en el partido por el equipo que jugó contra el Deportivo.

FIGURA 8: Balones recuperados en zona media por el Dépor en comparación con sus rivales. El valor numérico sobre cada jornada se refiere al tiempo de posesión obtenido en el partido por el equipo que jugó contra el Deportivo.

FIGURA 9: Balones recuperados en zona baja por el Dépor en comparación con sus rivales. El valor numérico sobre cada jornada se refiere al tiempo de posesión obtenido en el partido por el equipo que jugó contra el Deportivo.

En estos gráficos destaca mucho el partido de la jornada 7, contra el Real Unión. A pesar de perder el encuentro, el Dépor consiguió más de un 70 de posesión y su presión fue muy efectiva en todas las alturas, pero incluso así fue incapaz de dar la vuelta al marcador. Un xG neto de 2.33 a favor del Dépor demuestra que ese partido fue una anomalía estadística.

En datos brutos promedio, el Dépor consigue recuperar 0.65 balones por unidad de posesión rival en zona baja, 0.66 en zona media y 0.22 en zona alta. Por otro lado, los rivales son capaces de conseguir quitarle la posesión de 0.55 balones en zona baja, 0.68 en zona media y 0.17 en zona alta.

 

Comentario técnico: En esta parte del análisis vemos reflejados indicios del que quizás sea el único defecto que se suele reprochar al Dépor esta temporada. El conjunto blanquiazul está siendo un equipo capaz de explotar al máximo sus llegadas gracias a la calidad de los jugadores ofensivos y también sabe resguardarse atrás. La cantidad de recuperaciones en zona baja es por norma general bastante superior a la de sus rivales y eso habla de un equipo que sabe armarse atrás, pero existen otras parcelas en las que los números no son tan positivos.

Ya en la anterior sección se comentó que las pérdidas en zona media estaban creando problemas y generando peligro de los rivales por la zona central, y estas gráficas certifican que el mediocampo es el lugar en el que el Dépor tiene más problemas para generar y para protegerse. No obstante, hay que tener en cuenta un detalle importante y es que el Dépor suele encontrarse con rivales que buscan darle protagonismo y resguardarse. El conjunto de Borja Jiménez suele encontrarse contra bloques cerrados y en ese contexto es normal no encontrar huecos para llegar a las inmediaciones del área y acabar perdiendo balones en zonas intrascendentes. Si bien el dato por sí solo podría hablarnos de un equipo con problemas para generar, el fútbol nos dice más bien que es un equipo al que los rivales no quieren dejar ser protagonista. El ejemplo de lo que puede hacer este equipo contra un rival que deja espacios estuvo en el partido contra el Celta B, y los rivales se esfuerzan por evitar eso.

Seguramente el mismo razonamiento explique en parte los datos de las recuperaciones en zona alta, que no resultan especialmente destacables con respecto a sus rivales a pesar de la intención del técnico de utilizar a menudo la presión tras pérdida en esa zona. El Dépor es un equipo con tendencia a buscar la presión adelantada con su bloque de tres delanteros y el apoyo de Villares o Elitim, aunque también es cierto que su segunda línea suele buscar acudir a regiones de protección en lugar de unirse a la primera presión.

30 ago 2021

Inyección de moral para empezar la temporada


  Por Rubén Pedreira

Todo lo que le podía haber salido bien al Dépor en su vuelta a la competición salió bien. El partido de ayer frente al Celta B dejó solo buenas sensaciones, pues un 5-0 logrado sin sufrimientos no es para menos. Supone generar un buen colchón de moral de cara al futuro del torneo, que además era necesario debido a la irregular pretemporada, pero también supone ver pasar ante nuestros ojos la frase aleccionadora por excelencia del deportivismo: "Cuidado con la fiesta, que nos la quitan de los fuciños".

Por ahora nadie está de fiesta en Coruña, como es evidente, no hay motivos para ello. Hay alegría, pues se ganó convenciendo y contra un rival con cierto significado emocional, pero quien más y quien menos sabe que esto solo fue un partido y que queda mucho. El Dépor no tuvo fisuras, jugó como un equipo consolidado a pesar de tener una plantilla prácticamente nueva, y eso es un paso importante de cara al futuro que pocos podían esperar viendo que las sensaciones de los amistosos eran de equipo al que le faltaba trabajo por hacer. El equipo que conocíamos hasta hoy era otro y sembraba dudas, pero un partido tampoco siembra certezas.

En cualquier caso, no hay razones para buscar hoy puntos en contra, es día para alegrarse por muchas cosas. Alegrarse por ver un plan definido de juego durante 90 minutos, por ver a dos juveniles demostrar que están más que capacitados para ser parte importante del proyecto, por una línea defensiva que esta vez sí fue sólida (en gran parte gracias al trabajo de todo el equipo que impidió al Celta causar peligro real) o por la demostración de que existen jugadores en plantilla diferenciales para la categoría. El que más destacó ayer fue Juergen, al que poco pudimos ver en verano y dejó dos asistencias dignas de colgar en la pared, pero otros como Quiles o Villares confirmaron que serán referencias, aunque en el caso de estos dos últimos sorprendió menos porque ya nos lo habían dejado claro vistiendo la blanquiazul.

Cabe preguntarse, eso sí, lo que pasará en partidos menos idóneos para desplegar el juego mostrado. El plan de juego del Celta B está entre los más propicios para desarrollar el plan de dominio y búsqueda del espacio que vimos ayer. El filial vigués jugó abierto y mirando hacia adelante, y eso permite encontrar con más facilidad las debilidades que se encontraron ayer. Hacerlo tan bien ante un equipo con calidad y que se quedó cerca del ascenso el año pasado no es sencillo, pero sí queda todavía la incógnita de ver qué pasará ante equipos de los que se espera que tengan la vista más puesta en su propia portería que en la contraria contra el equipo blanquiazul. 

La temporada pasada se vio perfectamente en la segunda vuelta: El partido ante el Celta B, si bien era un equipo con mucho talento, fue más exitoso para ese Dépor que buscaba ser proactivo que los jugados contra otros equipos más centrados en protegerse y hacer daño a la contra. Seguramente Juergen tendrá espacios menos evidentes para explotar la espalda de la línea defensiva en partidos futuros y los movimientos claros de rotura de Miku o Quiles serán menos habituales. Queda por ver si al equipo se le sigue haciendo de noche en la zona de tres cuartos en esas situaciones como ocurría la temporada pasada o por fin habrá armas (hay motivos para creer que sí) para romper defensas dispuestas a enrocarse en su área.

Esto acaba de empezar y nadie aprendió más que Coruña lo que es quedarse sin éxitos que celebrar incluso cuando el camino está mucho más avanzado que ahora. Pero también cabe tener confianza plena después de ver los mimbres del equipo. Al final, estamos jugando básicamente a algo que ya sabemos que es buena idea: Balones a Villares y que él marque los tiempos. Y este año, por lo que parece, los acompañantes de ataque son mucho más capaces de generar cosas cuando les llega el turno.