Buscando a Lucas Pérez

13 mar. 2018

Buscando a Lucas Pérez


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Cuando el mejor Lucas Pérez brilló en Coruña tenía a Luis Alberto como el compañero que necesitaba. Se entendían a la perfección y sabían leer sus movimientos, lo que hacía que todo fuera más sencillo para el coruñés. También tenía a Victor Sánchez del Amo en el banquillo, un entrenador que si bien demostró más tarde perder el control del vesturaio, durante media temporada dio una lección de como aprovechar los recursos de los jugadores de su equipo. En esta temporada no está ninguno de los dos, y lo más grave es que no existe nadie que cumpla lo que ellos cumplían respecto al futbolista cedido por el Arsenal.

Lucas es un jugador que aporta un gran porcentaje de todo lo que sabe dar en base a sus movimientos sin balón. Rompe líneas, desubica centrales y se sabe colocar en el sitio donde más peligro puede hacer, pero este tipo de movimientos son de caracter muy efímero, sólo se encuentran cuando se buscan o cuando se tiene mucha suerte. En cuanto al juego con balón no es un inútil ni mucho menos, pero prácticamente lo único que aporta a la altura de los mejores es su definición. También tiene cierta clarividencia para encontrar al compañero en los últimos metros, pero en la actualidad no es algo que se pueda esperar de él: como delantero está en esa fase egoísta en la que sabe que necesita un gol suyo, no del compañero.

Como decía al principio, Luis Alberto buscaba a Lucas pero esta temporada nadie lo busca y está claro que el ataque del Dépor carece de un plan concreto que maximice las aptitudes de los jugadores presentes. Los futbolistas pasan el esférico cuando se quedan sin ideas, pero no como noción de conjunto sino como forma de salvar la papeleta. Es muy curioso, no es algo que se suela ver, pero entre los atacantes que suelen formar el tridente ofensivo habitual no se suele dar un fútbol combinativo definido. Suele ser un juego a trompicones, individualista y monótono. Se busca el disparo o el centro con una total despreocupación por los movimientos del compañero, no hay conciencia de grupo: "Yo llevo el balón y si lo necesito la paso al compañero. El compañero es un recurso para mí en lagar de al revés", podrían pensar los futbolistas en posesión del esférico.

En ese contexto, Lucas se encuentra maniatado. No es esta una excusa para su bajísimo nivel de esta temporada, por supuesto, pero sí una explicación a por qué no puede conseguir la confianza necesaria. Si no se explota aquello para lo que es realmente bueno, su confianza para todo lo demás ha de verse resentida. Prueba de ello es que su número de tiros esta temporada es desolador. Lleva tan sólo 20 disparos, estadística que contrasta enormemente con los 100 intentos de gol que probó en su mejor temporada con el Dépor e incluso con los 40 de su primer año en Coruña, en el que estuvo tocado casi toda la temporada y sólo disputó 21 partidos. Lucas es diferencial en el remate, y cuando vemos que su media de tiros no llega ni a uno por partido tenemos motivos para la preocupación. Alguien no está sabiendo aprovechar sus características y le está relegando a simplemente vagar por el campo.

No creo que el Dépor deba jugar para Lucas en ataque porque, para empezar, por lo visto en esta temporada no se lo merece. Pero sí creo que debe jugar siendo muy consciente de lo que puede aportar el futbolista coruñés si se buscan sus movimientos, y resulta más que evidente que eso no se está haciendo. Cuando vacías las arcas del club para traer a una estrella no debe ser uno más sobre el campo, debe buscarse la amortización de tu dinero.

Lucas llegaba como impulso anímico, pero en ningún momento logró serlo. Su habitual empuje no fue capaz de contagiar a un vestuario que año tras año se va volviendo cada vez más apático y cuyos jugadores van encerrándose cada vez más en un egoísmo impropio de lo que debería significar un equipo. Si cuando las cosas van mal en otros lugares suelen salir los capitanes a mostrar algo de orgullo, en este equipo sacan a hablar a los canteranos o sale algún jugador a simplemente recitar las consignas totalmente fuera de la realidad de un entrenador que jornada tras jornada lo ve todo de color rosa. Identificarse con esta actitud, como aficionado, resulta imposible.

En cualquier caso, estamos viviendo momentos en los que no sólo Lucas está saliendo señalado, sino que todo el equipo parece digno de tercera división cuando en mayor o menor medida todos los futbolistas demostraron en su día ser válidos para primera. Para que un futbolista no se devalúe, el primer escollo a salvar es el de los resultados. Un equipo incapaz de conseguir victorias es una bomba de relojería anímica imposibilitada para ganar confianza y, por consiguiente, rendir de forma adecuada. No recuerdo ningún equipo en el que los resultados fuesen tan lamentables como en este Dépor y en el que los jugadores de calidad no fueran cuestionados. En estos contextos sólo pueden destacar los futbolistas de lucha y brega, y en este conjunto no pasa ni siquiera eso. Sobre todo, hay que tener en cuenta que un sólo futbolista no le puede cambiar la cara a un equipo salvo que se llame Leo Messi, y que la actitud no lo es todo. Hace falta un plan, y precisamente la ausencia de uno lleva siendo tradición durante toda la temporada. Durante cuatro temporadas se escatimaron gastos en el banquillo sin tener en cuenta que es el puesto más importante de un equipo y de esa manera se depositó el barro del que proceden estos lodos.

El Valencia es un ejemplo claro de jugadores buenos que durante mucho tiempo fueron tachados de inútiles y ahora parecen volver a ser no sólo válidos, sino que se les eleva a jugadores de nivel europeo. La diferencia entre los jugadores que estaban en Valencia hace unos años siendo unos inútiles y los que permanecen ahora habiéndose convertido en grandes futbolistas no va más allá de la creación de unos ideales claros de juego asimilados por el conjunto. Marcelino cambió la cara del equipo de la única manera que se le puede cambiar la cara a un equipo: siendo un entrenador consciente de lo que ha de hacer un entrenador.

En verano se hipotecó la planificación de todo lo demás a la llegada de Lucas cuando era evidente que hacía falta un técnico en el que confiar, un portero al nivel de la categoría y un MCD puro. Es cierto que un futbolista como el coruñés nunca sobra y que su llegada, como suceso individual, sólo puede verse como algo positivo, pero también resulta evidente que todo lo que está ocurriendo viene debido a algo que aquí se hizo y que ningún director deportivo puede hacer nunca: depositr todos los huevos en una cesta y olvidarse de todo lo demás.

No podemos olvidar como muchos están olvidando que Lucas es un buen jugador que simplemente está rindiendo mal (y tapoco podemos quitarle su parte de culpa). Lo mismo que pasa con Andone, con Sidnei, con Schär y con demasiados futbolistas que están actualmente en el Deportivo. Debe hacerse un análisis muy concienzudo del por qué de la acelerada devaluación de jugadores válidos, un mal endémico en el Dépor desde hace años, para llegar a la conclusión que permita solucionar este fenómeno. Mi conclusión sobre ello es clara: hasta el mejor violinista del mundo se convertirá en mediocre si el director de orquesta le manda tocar notas al azar.

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