La lluvia que no cesa. Reflexiones sobre la portería del Dépor

30 ene. 2018

La lluvia que no cesa. Reflexiones sobre la portería del Dépor


   Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
 
Germán Lux, Manu Fernández, Stipe Pletikosa, Przemyslaw Tyton, Davy Roef, Rubén Martinez, Costel Pantilimon y Francis Uzoho. Esta ingente lista, a la que presumiblemente se unirá dentro de poco el nombre de Maksym Koval, recoge los nombres de todos los porteros que jugaron algún partido de liga con el Deportivo desde que se fue el último ocupante exitoso de su portería, Fabricio Agosto. Como se puede ver son nada más y nada menos que ocho nombres (potencialmente nueve) que defendieron las mallas del equipo blanquiazul en un período que, por la exhuberancia nominal mostrada, parece mucho más largo de lo que es. Para los aficionados deportivistas parecen lustros también debido a que desde la marcha de Fabri no existió la alegría más que de manera efímera en la grada de Riazor. Sea como sea, desde el último partido con el Dépor del ahora guardameta del Besiktas sólo pasaron dos años y medio.

Estos números nos dejan unas estadísticas demoledoras, de aproximadamente un portero cada 12 partidos ligueros (téngase en cuenta que si Koval debutara en el siguiente encuentro este dato bajaría hasta casi los 10 partidos). Creo que es lo suficientemente preocupante como para ver que no es casualidad, y desde luego habría que rebuscar bastante para comprobar si no sería este un record si lo extrapolamos a períodos de tiempo igual de prolongados y a equipos de máximas categorías europeas, pero eso no es realmente lo importante. Lo importante es valorar qué explicación tiene esto y qué conllevó en el devenir del equipo en los últimos tiempos. 

Para empezar, ha de ser dicho que Fabricio fue precisamente el último portero fichado por el club antes de la llegada de Richard Barral a la dirección deportiva, y eso nos lleva a una deducción clara: el hasta hace poco director deportivo del club tuvo un bagaje paupérrimo a la hora de fichar ocupantes para la meta del equipo. De hecho, creo que su incapacidad para traer a un guardameta capaz de sumar a su equipo fue la gran losa que provocó que plantillas que a priori parecían para metas más altas acabaran resignándose a luchar a duras penas por no descender. Estos tres últimos veranos se basaron en eso, en esperanzas depositadas en plantillas que acabaron desempeñando un papel terrible en comparación con las ilusiones de principio de temporada. Los errores defensivos siempre estuvieron presentes (especialmente este año), pero otros equipos también los tienen y en algunas ocasiones son salvados por el arquero, algo que en el equipo coruñés no suele pasar desde hace mucho tiempo salvo actuaciones puntuales que suelen coincidir con goleadas recibidas en las que el portero tiene que intervenir tanto que acaba realizando algunas paradas de mérito por simple estadística.

Puede sonar duro, pero la realidad es esta. El Dépor no tuvo en todo este tiempo un portero que realmente demostrara tener nivel para jugar de titular indiscutible en Primera División,  y las cifras de goles encajadas por temporada son para quitar los colores. Por supuesto que no recae en el portero toda la culpa, pero son datos muy significativos y que llevan a pensar que nunca se le prestó la debida atención a un pilar básico como es la portería. Un equipo lo tiene muy difícil para mantenerse si encaja una media de más de dos goles por partido, y a día de hoy eso es lo que señalan las estadísticas en la clasificación. 

Creo que los principales problemas de la etapa de Barral en el club, las razones que hicieron que a día de hoy ya no esté en nómina, pasan por dos detalles que realmente es el mismo aplicado a dos ámbitos: su falta de atención a dos de los puestos más importantes  (si no los que más) de un equipo de fútbol: el portero y el entrenador. En cuanto a los técnicos, el ejemplo de barajar en su día nombres que fluctuaron al mismo tiempo entre Jémez y Garitano dejó todo más que claro, y en la portería nunca se apostó por hacer un fichaje de galones y simplemente se tiró de recortes que nunca demostraron tener un nivel por encima de la media o que incluso estaban muy por debajo de esta. Estos dos errores, si bien parecen sólo un par de fallos como podrían ser otros, son realmente la peor carencia que puede tener la confección de una plantilla, pues estaremos de acuerdo en que un equipo exitoso tiene solamente dos pilares que nunca rotan en los partidos importantes: el portero y el entrenador. Puede existir la típica alternancia entre portero de Liga y Copa, pero eso se hace porque esta última siempre se suele tomar como una competición menor. Nadie se imagina a ningún equipo puntero de Europa haciendo a su portero suplente indiscutible en Champions salvo que cuente con Bravo y ter Stegen en nómina al mismo tiempo. Tampoco nadie en su sano juicio cambia al técnico cuando las cosas llegan bien dadas salvo que haga algo de gravedad irrebatible. No obstante, si antes de un partido importante Mourinho ve que Alexis Sánchez está especialmente cansado o no se adecúa a la exigencia del encuentro puede introducir a Rashford o Martial y, si bien no es exactamente lo mismo, tampoco es algo que no pase con cierta frecuencia. 

Una vez mencionadas las cuestiones más frías, pragmáticas y evidentes de lo que significa en el fútbol una portería bien cubierta resulta inevitable hablar también de esos intangibles que es imposible evitar mencionar cuando se habla de un equipo tan roto anímicamente como este Dépor. No cabe duda que el puesto de portero es también, si no el que más, uno de los más exigentes en el aspecto mental del fútbol. Es la última barrera, el hombre que siempre será juzgado cuando llega el balón a su rango de acción. Igual que del delantero siempre se espera el gol, del guardameta siempre se espera que sólo deje entrar lo imparable. Son las posiciones más ingratas del fútbol, las que siempre tienen la lupa sobre su ocupante, y cuando dicho ocupante está cada día en tela de juicio resulta todavía más insoportable llevar ese peso. Muchas veces el mundo tiende a pensar que el futbolista, al igual que el famoso en general, es simplemente un actor que está obligado a ser impasible, poner buena cara a 'quien les da de comer' y a olvidarse de que tienen un cerebro que responde a estímulos, pero lo cierto es que también les genera sensaciones lo que leen en periódicos y los improperios que escuchan en las gradas hacia ellos. Es su trabajo imponerse a ello durante 90 minutos a la semana, claro, pero cuando la sombra de la duda se cierne en todo momento sobre ti no todo el mundo sabe sobrellevarlo de igual manera.

Tampoco los compañeros suelen llevar bien tener a alguien falto de confianza y tendente al fallo como socio de batalla. El futbolista, como norma general, es un ente egoista que no tolera que el de al lado falle pero sí espera que otros entiendan sus fallos propios. Cuando siente que un compañero no rinde como debería le entra el miedo, deja de confiar y cree que cualquier fallo suyo podría magnificarse si se une a otro ajeno, con lo que la bola de nieve crece. 

Los problemas enumerados son suficientes para ver que contar con un portero extremadamente confiable es tan importante como tener un delantero que no le dé un balonazo al banderín de corner en cada ocasión de gol clara, pero aún así en este mercado en el que de ya de casi nada se puede culpar a Barral se optó de nuevo por la probatura. Yo no conozco como juega Koval, pero desde luego es innegable que no es un futbolista de rendimiento probado. El futuro a corto plazo del equipo  pasa por las manos del ucraniano, y si no responde las opciones de salvación serán ínfimas, si es que ya no lo son ahora mismo por mucha liga por delante que quede.

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