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25 mar 2013

Manual de estilo (II): Los ideales de juego


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Siempre pensé que, a la hora de entrenar a un equipo, hay dos conceptos clave: la psicología (de la que ya hablé) y el estilo de juego, de lo que hablaré hoy. Este último apartado, es decir, la forma de jugar, es vital porque será el clavo ardiendo en los momentos duros, el ideal que un equipo va a defender hasta el final, y ha de estudiarse perfectamente para asegurarse de que es la forma adecuada de afrontar una competición. 

En mi opinión, lo primero que ha de tener claro un entrenador cuando se sienta en el banquillo de un equipo es 'a qué quiere jugar'. Puede tener a once jugadores en mente para alinear, puede tener una pizarra mágica con miles de jugadas preparadas, pero no sirve de nada si no se basa todo alrededor de unas bases asentadas a las que echar mano con certeza, sabiendo que en ese guión se encontrará en todo momento la respuesta.a las dudas que surjan durante el partido.

Es vital predefinir y estudiarlo desde una visión de temporada e intentar traicionar lo menos posible los citados ideales. No suele ser un método fiable el de alternar entre la valentía de los partidos de casa con cobardía en las salidas, ya que es algo con lo que los jugadores suelen acomplejarse. Un entrenador que renuncia a sus ideas cuando sale de su estadio crea en los jugadores una sensación de que no son capaces de dar la talla más allá de su terreno y no es fácil de salir de ella si los resultados no acompañan. Cuando decides que quieres jugar al fútbol la coherencia es lo más arriesgado, pero a la vez es la única forma de lograr que las costumbres se fijen en los jugadores. Es muy complicado conseguir un equipo compacto si cada fin de semana se alterna entre estilos.  Si no confías en la capacidad de tu equipo para jugar de tú a tú (evidentemente hablo de encuentros viables, no de un España - Nauru) y el resultado será la alternancia de estilos en porcentajes que ronden el 50-50 es mejor que te replantees el optar por el cerrojo.

Todo esto no quiere decir, no obstante, no adecuarse al rival (algo indispensable para obtener resultados), pero sí procurar que esto no sea el único objetivo. Como dije en el anterior artículo de la sección, el de la psicología, gran parte de los éxitos y fracasos del fútbol se explican entrando en la mente y la moral del equipo. Hacer ver a los jugadores que la intención es que el otro equipo sea el que deba adaptarse (aunque sea na falsa ilusión) y no al revés es algo a tener en cuenta si se quiere obtener algo más que una fama de amarrategui. ¿Suena complicado? No haberte querido apuntar a la moda del jogo bonito...

Y es que precisamente la apuesta por el fútbol de toque es una de las cosas que más de moda están en el fútbol actual, pero también una de las más voraces a la hora de devorar entrenadores que se la juegan con ella. Es quizá muy fácil para el imprudente decir que se apostará por el buen fútbol (algo que gusta mucho actualmente de cara a la galería) sin tener claro lo que eso supone. Para empezar, en el juego de toque se puede optar por multitud de variantes, pero si hay una figura que es clave e inamovible es la del organizador. Un organizador es un punto innegociable porque es el que se encarga de estar ahí cuando no hay avance posible para ofrecerse y empezar de nuevo, que sabe romper líneas, y entre otras cosas, se encarga de buscar el pase más seguro, es decir, el que no sólo no será una pérdida por su parte, sino que también hará que su receptor coja el balón en la mejor situación posible. En un día cercano hablaré de la figura del organizador, algo que muchas veces se confunde con un mediapunta cuando son dos cosas completamente diferentes. No es lo mismo Xavi que Iniesta.

Es también evidente que no todos los equipos sirven para todo. Muchos son los ejemplos de entrenadores que fracasaron en el empeño de lograr una buena temporada por no saber a qué jugar, por tener unas ideas preestablecidas que le llevaron al éxito en otras ocasiones y no saber adaptarlas a un nuevo equipo. Para este tema, la capacidad de saber hacer ver a los futbolistas que quienes hacen el juego (en el sentido de que se tienen en cuenta sus características a la hora de concebirlo) son ellos suele hacer que se comprometan más con la idea que con la de un técnico que llega a imponer sus métodos prefabricados.

Puede que estéis pensando que hablo teniendo en cuenta la formación táctica, pero no es necesariamente así. La formación es, más que un estilo, una forma de decirle a los jugadores cómo han de posicionarse al inicio del partido, y también importante porque marca la calidad del espacio cubierto por ellos, pero no dice, a priori, cuál será la mentalidad de juego (aunque claro está que un entrenador que opta por un 4-5-1 no optará por un juego 'a lo Barça'). En el siguiente artículo hablaré de esto mismo, de la táctica, pero siempre enmarcada desde el punto de vista de utilizarla bajo unas ideas a las que siempre echar mano. La victoria dependerá en gran medida del compromiso con ellas. De eso y de la suerte, eterna figura presente en la lotería del fútbol.

31 ene 2013

Manual de estilo (I): La psicología del fútbol


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Cuando el talento está igualado, lo vital es la cabeza. El aspecto psicológico del fútbol está, en las batallas a muerte, a la altura del táctico. ¿Qué lleva a un equipo a ver la victoria más cuesta arriba cuando juega fuera de casa? ¿Qué provoca la desaparición de las estrellas en partidos clave, aparte de una buena defensa sobre su figura? Todo está en la mente.

Se dice que el carácter del entrenador se contagia a los suyos. Un entrenador que no sabe sobrellevar la presión tendrá todas las papeletas para que su plantilla se hunda en los malos momentos, y un técnico con carácter ganador suele ser capaz de hacer que los suyos se crezcan ante la adversidad. El caso de Manolo Jiménez en Zaragoza fue un buen ejemplo: llegó a un equipo hundido y poco a poco consiguió (con la suerte de que ese cambio de carácter se tradujese en resultados) armar un conjunto capaz de conseguir victorias.

La  fortaleza mental es, a su vez, un estado delicado, que además depende de un factor incontrolable que mencioné antes: la suerte. ¿Qué le habría pasado a España en el Mundial si, con la primera derrota ante Suiza, la presión, la urgencia y la falta de confianza les hiciesen buscar un método diferente al utilizado en lugar de confiar en que lo estaban haciendo bien? Habría sido todo muy distinto. Los torneos no se ganan sólo a base de talento, sino también gracias a la fortaleza de los ideales de juego. Sobrarán los dedos de una mano para contar equipos exitosos sin un estilo marcado (ya sea un fútbol de toque como el Barcelona o de cerrojo atrás como el Chelsea de Di Matteo), y los pocos casos que existan serán de gloria fugaz.

El estado de ánimo lo controla casi todo y es la diferencia entre el dolor y la felicidad. Pocos creían en la remontada del Liverpool en aquella final de Champions de 2005 en la que el equipo lombardo se puso con 3-0 a favor en el descanso, pero los reds tuvieron la suerte de que parte de esos creyentes estaban en el vestuario y jugaban el partido. El resultado lo conocemos todos, y no es algo aislado. Quien 'confía' se crece, y quien 'se confía' suele llevar más de un susto. Todo es cuestión de saber jugar con la mente y tener en cuenta que nunca hay que tirar la toalla mientras el árbitro no pita el final, y esa es una de las tareas más complejas a las que debe hacer frente un entrenador.

El aspecto psicológico llega a su máximo esplendor en las luchas por el descenso. Por lo general, las plantillas que habitan en la zona baja de cualquier división de élite son de un nivel muy parecido, y el valor añadido que diferenciará al salvado de los condenados está en la fuerza mental que demuestren. Existen equipos que con el cambio de entrenador se encienden y todo cambia. A otros sólo les hace falta una victoria para cambiar su dinámica, o incluso que la afición responda en los momentos delicados para hacerles ver a los jugadores que no están solos. Todos esos factores tienen repercusión en gran medida por cuestiones mentales. La pelea por no descender es una lucha demasiado encarnizada como para que las tácticas y el talento se lleven todo el protagonismo. Un colectivo nervioso y acuciado por el abismo no sabrá poner en práctica las órdenes a no ser que tengan plena confianza en ellas y en sí mismos.

El fútbol moderno avanza. Ya no consiste sólo en poner a los mejores, sino a los más aptos. Un vestuario es un lugar de trabajo como cualquier otro, aunque la presencia en el mismo de una congregación de jóvenes millonarios que muchas veces pueden resultar caprichosos lo hace una selva salvaje cuando las cosas no van bien. Hacer que los futbolistas sean una piña y que exista un ambiente positivo es vital para lograr éxitos en el deporte moderno. Lo complejo es amoldarse a las personalidades, ya que no todos son iguales. Esto no es como el tenis (uno de los deportes con más influencia del factor mental), en el que sólo existe un competidor por bando. En el fútbol hay más de 20 individuos a las órdenes del técnico esperando su oportunidad de triunfar, y ninguno quiere que su futuro dependa de un entrenador que contagie negatividad y victimismo.