Un puzle con piezas descolocadas

24 oct. 2017

Un puzle con piezas descolocadas


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Ayer en Riazor el Dépor volvió a exponer todos sus males, todas esas debilidades que lleva dejando ver desde hace ya demasiado tiempo en una sangría que nadie es capaz de parar y que se encamina, si no se le pone remedio, hacia un fracaso cuya magnitud esta todavía por ver. El Girona ganó su primer partido fuera de casa en la máxima categoría después de seis jornadas consecutivas sin sumar los tres puntos, y el equipo coruñés dejó escapar de Riazor una vida que en la jornada 38 puede hacerles llevarse las manos a la cabeza. Ocho puntos en nueve encuentros es un bagaje que no invita al optimistmo.

Jornada tras jornada da la sensación de que Pepe Mel no está sabiendo utilizar sus piezas, pues la idea de juego no encaja para nada con los futbolistas clave. El estilo hace sufrir a los jugadores de más talento, pues se da predominancia a un juego rápido y que busca las bandas como fin para acabar en centro, y Lucas no es un delantero que se sienta cómodo esperando en el área. El coruñés destaca por dos cosas: por participar en la jugada creando superioridades con toques puntuales o rompiendo y por dar frenetismo en los últimos metros cuando tiene espacio para desequilibrar a las defensas. Es un jugador que por características no suele estar en el área cuando el ataque llega rápido a línea de fondo, con lo que basar el juego en hacer daño por los flancos y centrar el balón con prontitud es banal. A Lucas le gusta adentrarse en el área con el balón en su posesión, no pelear el remate por alto.

Más de lo mismo pasa con Çolak (y su ostracismo está en parte relacionado con la incapacidad de Lucas para ser determinante esta temporada, pues podrían formar una asociación perfecta), que ve cómo su capacidad para aportar pausa y romper líneas se ahoga en la más absoluta nada cuando lo que busca el equipo es achicar balones hacia las bandas. No se recuerda un partido este año en el que el turco tuviera influencia, y no todo se puede achacar a su habitual apatía. Mel no está sabiendo utilizar a Emre igual que no está sabiendo utilizar a Lucas, y eso es un lujo que no se puede permitir el Depor, pues son sus dos únicos hombres con capacidad real para decantar partidos.

Un futbolista que sí está sabiendo usar el técnico del Dépor es Fede Cartabia, pues llegar con prontitud a su posición le deja tiempo para pensar e irse al centro cuando la línea defensiva rival está todavía reajustándose, pero viendo su alineación ayer cuesta saber si su buen rendimiento esta temporada está siendo coyuntural o si realmente Mel lo utiliza sabiendo que le da una ventaja a su juego. Ayer el argentino no brilló, y era fácil teorizar antes del partido que sus condiciones no eran las ideales para el juego contra un equipo de tres centrales, al menos no más ideales que las de otras opciones disponibles. Debido a las condiciones de la defensa del Girona, alineando un trío de defensas flanqueados por dos carrileros, me quedaros las ganas de ver desde el inicio a una doble punta formada por Andone y Lucas con Emre por detrás y renunciar a los extremos puros, pues tanto Cartabia como Valverde son dos jugadores con tendencia a irse hacia dentro cuando poseen el balón, y eso no es la mejor opción en ese contexto. A una defensa de tres puede hacérsele mucho daño por velocidad aprovechando espacios a sus espaldas o cayendo a banda desde el centro, pues se obliga a desplazar marcas y se crean huecos. Son acciones que tanto Florin como Lucas tienen entre las mejores de su repertorio, y tener a dos compañeros en banda coarta libertad de movimientos para realizar dichas acciones. Cartabia sabe crear superioridades contra defensas más compactas, pero el de ayer no parecía el encuentro idóneo para su fútbol, y no consiguió ser útil como en otras fechas.

Los partidos del Dépor contra rivales directos por la permanencia suelen acabar con esa sensación de que el partido podía haberse decantado hacia cualquiera de los dos lados, y es normal. Los futbolistas que compiten por objetivos iguales tienen niveles muy similares y saben jugar al fútbol lo suficientemente bien para competir partidos a gente de su misma enjundia, pero es en ese contexto, en el que el equipo está disputando de tú a tú el encuentro, cuando necesitan un golpe de pizarra que cree superioridades tácticas para dar estocadas. Y esta temporada Pepe Mel perdió la práctica totalidad de esos duelos de pizarra, y los que ganó fueron sin demasiada lucidez. Ayer Gil Manzano no estuvo para nada acertado, pero de la misma forma que se inventó un penalty de Albentosa también fue totalmente severo a la hora de compensarlo con un rigurosísimo penalty pitado en los albores de la segunda mitad que acabó transformando Lucas. Si bien no se puede obviar que permitió al Girona irse al descanso en superioridad, también es cierto que tampoco se puede utilizar como excusa clave: cuando el partido estaba en tablas fue el Girona el que supo dar el hachazo final.

Da la sensación de que el equipo no encuentra apoyo desde fuera del césped para sacar adelante situaciones desfavorables, en cada final de partido es habitual ver a los futbolistas intentando tirar de espíritu y frustrándose cuando ven que no funcionan las cosas para acabar corriendo como pollos sin cabeza temiendo un gol en contra que sentencie el partido a favor del rival. Echar toda la culpa encima del entrenador es una tontería, por supuesto, es algo que existía antes de la llegada de Mel, pero simplemente no supo arreglarlo en ningún momento. La idea de juego, como dije, no encaja con los futbolistas clave y tampoco otorga comodidad en el campo al conjunto, y jornada tras jornada nos limitamos a ver a un equipo que no sabe ganar partidos y que cuando lo hace no convence. Cuando un técnico tiene un ultimátum sobre su cabeza a veces es positivo y quizás en ocasiones salga bien, pero cuando lleva más de uno el dirigente ha de saber que lo único que está haciendo es intentar reanimar un cadáver. Pepe Mel no debería seguir ni una jornada más al frente de un equipo al que no supo dar vida y no porque la culpa de todo sea suya, sino porque simplemente no supo hacer que funcionara lo que tiene y el rendimiento fue en todo momento muy inferior a los nombres. La sangre nueva nunca garantiza el éxito, pero lo malo conocido en el fútbol nunca es la mejor opción. El Deportivo no tiene carácter, y eso es lo que marca la diferencia entre los que sacan la papeleta hacia adelante y los que se quedan por el camino.

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