6 abr 2019

El mal momento del Dépor entendido como un fracaso ideológico


  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Reconozco que el 10 de junio se encendió una alarma en mi cerebro. Un clic mental de esos que saltan cuando ocurre algo, por muy nimio que sea, que no puedes evitar ver como un suceso con potencial capacidad de repercutir en el futuro de manera manifiesta. Ese suceso, que durante todo el año llevo teniendo en la cabeza como temido presagio de lo que podría ser un infame efecto mariposa, no es más que una frase que en su momento me golpeó en el orgullo con violencia. Aquel 10 de junio, Carmelo del Pozo se pronunció de la siguiente manera: 

El ascenso es un premio, no es un objetivo. El objetivo es volver a hacer un equipo competitivo y que ilusione a la gente. Seguramente si hacemos eso en ese trayecto llegaremos a unos retos deportivos a medio plazo muy buenos

Quizás, quien lea ahora estas palabras torcerá el gesto irremediablemente y se burle de lo lejos que se quedó el proyecto de lograr esa intención, pero yo voy más allá, voy a la implicación de las palabras. En el momento en el que leí eso la conclusión que me vino a la mente fue horrenda: Esa complaciente y absurdamente alejada de la realidad idea iba a ser la base sobre la que se va a edificar el entramado ideológico de nuestro equipo en una temporada de importancia capital. Evidentemente, en su momento no pude más que callarme con la esperanza de no tener razón y desear no llegar nunca a sentirme inclinado a escribir este artículo, pero no tuvimos esa suerte. Además, según pasaba el tiempo todas las declaraciones sobre objetivos que se hacían desde el club (las más recientes de Natxo González diciendo que jugar el play-off no sería un fracaso) iban orientadas a reafirmarse en esa intención de crear un ambiente en el que no conseguir ascender no fuese visto como una hecatombe.

Sinceramente, por muy duro que suene decirlo de una forma tan cortante, no puedo negar que siempre desprecié esa filosofía de buscar descargar peso de los propios hombros, porque ni la comparto ni la practico. No es simplemente que no me gusten las excusas, sino que creo que lo único que puede llevar al éxito son unos ideales muy definidos entorno a ellos, y pensar que el fracaso tiene cabida me parece la cumbre de la indefinición cuando hablamos de un club que debe aspirar a ser dominante en un contexto de competición. Es cierto que vivimos en una sociedad cada vez más infantilizada en la que el miedo al fracaso y al rechazo están cada vez más presentes, pero la solución no es poner el fracaso como algo aceptable, porque por más que nos queramos vendar los ojos, no es así. La única manera que conozco de sobrevivir al fracaso es autoexigirse lo máximo para que no suceda y, en el caso de no poder evitarlo, asimilarlo como algo que no se puede volver a repetir. Poner paños calientes de antemano sólo ayuda en los momentos buenos, en los que el agua no llega al cuello, pues evita pensar en otras cosas, pero cuando vienen mal dadas (y siempre hay malas épocas, es inevitable) aferrarse a la errada idea de cerrar los ojos al peligro acechante del fiasco es una manera contraproducente de afrontar los problemas. La temporada del Deportivo es claro ejemplo de ello, pues lo único que se consiguió es que en el momento en el que las cosas se empezaron a torcer la realidad golpeara con fuerza y entraran las prisas y el bloqueo.

El equipo, con algún que otro revés inicial, empezó bien la temporada, viendo el final lejano y sin ningún tipo de presión. El objetivo era 'agradar' y la plantilla es de calidad sobrada (no creo que nadie pueda poner un pero a esa afirmación) para hacer cosas importantes en la categoría, con lo que conseguir hacer bien las cosas no fue problema mientras los momentos decisivos estaban todavía lejos. No obstante, ¿qué pasó cuando la segunda vuelta empezó y cada punto debía ser atesorado como si fuera el oro más puro del planeta? Ahí las dudas empezaron a aparecer, porque en el fondo todo el mundo sabe que este club no puede permitirse una temporada sin el ascenso. En el momento en el que se empezó a entrever el final como algo más cercano de lo que parecía y el ansia resultadista hizo acto de presencia todos fueron golpeados por la realidad de que la jornada 42 se acercaba cada vez más y no había una ideología real a la que atenerse más allá de la de aceptar la mediocridad. No había un objetivo inequívoco entre ceja y ceja con el que motivarse y con el que inyectar sangre a los ojos. Por supuesto, estoy seguro de que la intención de lograr el ascenso lleva todo el año flotando en el vestuario como la necesidad imperiosa que deben saciar, pero esa tirita que de cara al público se esforzó por establecer la dirección deportiva desde el principio hizo que de alguna manera el cerebro no estuviera preparado para afrontar los momentos decisivos con esa solvencia que todo equipo que aspira a la grandeza tiene que mostrar obligatoriamente.

Siempre fui de la idea de que lo puramente futbolístico, lo táctico y lo técnico, es la base sobre la que evidentemente ha de sustentarse todo, pero que ese plus que decide la balanza entre quien triunfa y quien fracasa tiene una fortísima componente psicológica, y esa componente se basa casi en su totalidad en la ideología básica con la que afrontas la temporada. Pensemos en los grandes dominadores del fútbol mundial a lo largo de la historia y en todos ellos veremos ese denominador común. Creo que nadie se replantea las ideologías innegociables que enarbolaban las mejores épocas de Real Madrid, Barcelona, Manchester United o Bayern. Todos esos grandes equipos que se sucedieron a lo largo de la historia mostraron unos argumentos a los que aferrarse con uñas y dientes y que, a pesar de que dependiendo del club adopta manifestaciones muy variopintas (juego de posición, fortaleza mental capaz de empequeñecer al rival, pegada temible etc.) siempre se resume en un mismo trasfondo: centrarse en buscar el éxito y ni siquiera plantearse la posibilidad de fracaso. Si Guardiola, Mourinho, Simeone o Klopp son quienes son a día de hoy es porque entendieron como nadie ese concepto, el fútbol se divide entre quien busca triunfar y quien tiene miedo a fracasar. Y, aceptémoslo, por muy comprensible y humano que sea temer las situaciones negativas aquí no estamos para intentar que nadie se sienta mejor consigo mismo, sino para debatir sobre este deporte, y en el fútbol los que triunfan casi nunca son los que muestran esa humanidad de temblar ante la adversidad. Cada individuo, cada jugador, puede tener (y de hecho tiene, irremediablemente) sus dudas y sus temores, pero ante todo ha de sentirse arropado por un refugio basado en la fortaleza psicológica de un conjunto cobijado bajo el convencimiento inequívoco de que lo mejor está por venir, algo que refuerza al grupo y contribuye a levantar a los caídos.

Ahora, después de decir todo esto, habrá quien piense que una frase dicha a principios de año no puede tener toda la culpa de la mala temporada, y yo le respondo que por supuesto que no. Aparte de esto veo más problemas, como la baja de Carles Gil en invierno que inevitablemente provocó la pérdida del único jugador de la plantilla que, a falta de ver a Silva en esa posición, podía aportar algo jugando centrado en tres cuartos. También los innegables inconvenientes que supone renunciar a un jugador como Mosquera a saber por qué razón para dar protagonismo a un Didier Moreno que por muy voluntarioso que sea no cumple los mínimos para la categoría o, sobre todo, la habitual incapacidad de Natxo González para conseguir influir positivamente en los partidos con sus cambios, y el partido contra el Rayo Majadahonda fue un ejemplo perfecto de ello. La primera parte fue una declaración de intenciones del equipo de Antonio Iriondo, que desde el principio mostró la intención de hacer daño a los blanquiazules con una línea defensiva muy adelantada, presión intensa y aprovechar la velocidad de sus atacantes para ganarle la espalda a la defensa herculina. En ese contexto, en el que los madrileños consiguieron imponer su idea e incomodar al equipo local, no se intentó buscar en casi ningún momento los recursos que podrían haber dado un toque distinto al partido: aprovechar que esta vez había jugadores válidos para buscar mantener la posesión y ponerle pausa a un partido cuyo control se había escapado (siempre se buscó llegar rápido al área con unas prisas incomprensibles), permitiendo así crear espacios en las líneas rivales y a la vez que los jugadores deportivistas no perdieran su puesto para poder arropar mejor la salida de balón rival o explotar también la espalda de la defensa usando la velocidad de Quique o Nahuel. Se jugó a lo que quiso el Rayo sin ofrecer resistencia alguna.

Tampoco los cambios hoy fueron capaces de sumar nada, y si acaso consiguieron algo fue restar. La entrada de Vítor Silva por Vicente no aportó nada que se necesitara para cambiar el rumbo del partido y la salida de Pedro Sánchez fuera de posición para dar profundidad en el lateral en un momento en el que a todas luces hacía falta meter en el área a un rematados como Christian Santos me dejó también una sensación amarga. La rueda de prensa del técnico, de una cruda introspección, no dejó ningún lugar a la duda: el técnico vasco está superado por la situación desde hace varias jornadas y atentaría contra toda lógica que este no fuera su último encuentro. Ahora, aunque llegue un cambio en el banquillo, el reto es mayúsculo: ¿será posible cambiar un chip programado con instrucciones erróneas durante toda la temporada en sólo un puñado de partidos de importancia mayúscula? Ojalá sí. Y ojalá también se erradique para siempre de nuestro club, pues esta tolerancia hacia los resultados mediocres es algo endémico. Quizás la transformación de Gaizka Garitano desde la tristeza transmitida en Coruña hasta la solvencia mostrada en Bilbao, en un Athletic Club donde acercarse a los puestos de descenso nunca estuvo permitido, tenga un componente explicable en base a la clásica condescendencia coruñesa.

1 abr 2019

El Dépor jugó bien en el Tartiere


 
No me iré por las ramas antes de explicar convenientemente el título de este artículo: El Dépor jugó bien en el Tartiere, sí, pero la bondad de su juego le duró poco, muy poco. Exactamente el tiempo que estuvieron juntos sobre el verde los jugadores más capaces, de los que había disponibles, de aportar al bloque a la hora de crear superioridades en ataque. Cuando Vítor Silva salió al campo y pudo aliarse con Vicente y Carlos Fernández para efectuar una circulación efectiva en campo rival las sensaciones del equipo fueron muy diferentes a lo que habían sido el resto del encuentro. Quitando esos minutos entre la entrada de Silva y la salida de Carlos, el conjunto blanquiazul dejó sensación de ganas y voluntad, pero poco más.

Se volvía al rombo y el rombo exige cosas que han de estar muy claras cuando recurres a él. No dudo de que Natxo lo tiene presente, pero tampoco dudo de que quiere experimentar para ver si el sistema es compatible con añadidos que llevamos demasiados partidos viendo que no se van a dar, al menos no sin renunciar a todo lo demás. Juntar a Álex y Didier Moreno no es buena idea en un sistema en el que se hace necesario hacer circular el balón con precisión milimétrica para crear espacios en el esquema rival al carecer de extremos que abran campo, por mucho que partas de una idea de usar laterales profundos (además, tener a David Simón en la derecha dista mucho de un lateral profundo de utilidad real en ataque). A Moreno no se le puede reprochar nada, sus ganas en el campo son innegables, pero es un sumidero en la construcción y, más allá de eso, encontrarle siempre es complicado porque no suele estar en el sitio indicado: Vicente está mal y sufre más cuando se rodea de jugadores indisciplinados en el posicionamiento porque no encuentra apoyos, y ayer ni Didier ni Pedro supieron ser una ayuda. Al colombiano, se le vio lejos de la posición de apoyo incluso en los saques de banda de Simón.

En el caso de Pedro, puede verse su alineación ayer como la búsqueda de tener un enganche que funcionara en fase ofensiva como un tercer delantero para desequilibrar una zaga de tres centrales que puede ser más vulnerable a la diversificación de hombres a los que cubrir que al pase entre líneas, pero no funcionó. Y no funcionó precisamente porque se eliminó una etapa de la creación, la que lleva el balón desde el mediocampo hasta el penúltimo hombre. Hacer que Pedro diese un paso adelante provocó que Vicente, el único jugador capaz de contribuir en esa parcela de todos los que jugaron de titulares en el rombo, se viera ante un vacío zonal en el que tenía que afrontar sólo ante el peligro una tarea que ya de por sí no es su principal virtud. Ese nexo final hacia el peligro es la tarea en la que más se echa en falta al ausente Expósito.

Personalmente veo el planteamiento del rombo titular de ayer como una aberración lógica a la que sólo encuentro explicación si divido el problema y voy buscando razones jugador por jugador para ver por qué fueron alineados, pero el fútbol tiene que tener en cuenta contextos globales y no le encuentro razón alguna al once si pienso en ese sentido. Por supuesto que Natxo se la encontraría,es indudable que pensó en cómo acoplar las individualidades al plan, pero a mí se me escapa.

Vuelvo a ver como un sacrilegio el ostracismo de Mosquera en estas circunstancias. Por supuesto, siempre pueden buscarse motivos para sus continuadas ausencias si tenemos en mente el plan habitual del entrenador: No es un destructor puro y le gusta demasiado buscar el riesgo en el pase. A Natxo le gusta mantener las posesiones de manera pausada sin caer en los balones por alto que tanto suele buscar el centrocampista coruñés. El técnico prefiere el toque simple en las primeras fases de construcción y por eso opta por Bergantiños o Didier, que en un porcentaje altísimo de ocasiones pasarán al compañero más cercano, pero a pesar de ello sus errores no forzados en el pase son habituales y condenan la construcción de manera peligrosa o eliminan las potenciales ventajas a la jugada. Mosquera no es impecable, tiende también a ciertos errores en el pase, pero es mucho más aseado y desde luego creo que es el más idóneo para usar de medio defensivo si lo que se quiere es jugar a tener la iniciativa.

Sinceramente, por mucho que se puedan sacar conclusiones positivas del resultado de ayer, no veo motivo alguno para consolarse con el punto. Tampoco me gustó el empate en Malaga que fue valorado por algunos como un buen resultado (aunque sea cierto que con el contexto que se dio en el partido fue el menor de los males). La razón por la que no me gustaron ninguno de los dos resultados es simple: Cuando aspiras a ser dominador en una categoría, un empate sólo es una excusa para ir a por el gol, y un 1-0 es la confirmación de que las cosas van bien y de que hay que buscar afianzar esa superioridad amoldándose necesariamente al cambio de estrategia que buscará rival, pero sin dar pasos atrás más allá que los que una buena respuesta del contrincante obligue. Un equipo dominador debe salir al campo confiado de infundir miedo y que cada partido sea visto por un infierno por los rivales. Por supuesto que esto no es fácil y no se le debe exigir obligatoriamente a un equipo porque no es tan sencillo como simplemente intentarlo, pero el problema del Dépor es que al principio de la temporada lo consiguió y ahora se frustra en la impotencia de verse incapaz de ello porque la inmediatez de los momentos decisivos hicieron que apareciera el miedo al riesgo y ellos sólos fueron dejando morir esa condición. Desde hace demasiadas jornadas se le da un valor excesivo a no perder puntos y ganarlos pasa a ser secundario, actitud que no es propia de un equipo obligado a ser protagonista. La base de todo está en la seguridad atrás, es cierto, pero no encajar nunca debe ser el principal objetivo para un equipo que busque acabar en los primeros puestos, porque las porterías a cero no llevan al éxito si el equipo no es capaz de marcar, y a día de hoy el mal principal está en la pegada más que en área propia. Los empates que hoy nos parecen valiosos pueden transformarse muy rápido en dos puntos perdidos, pues si volvemos al ejemplo del Málaga lo cierto es que si la temporada acabase hoy para lo único que nos habría valido la igualada sería para quedar por debajo de un rival directo. Los partidos hay que verlos en su contexto y si el rival está atosigando hay que cambiar cosas, pero puedes buscar recuperar la iniciativa (cosa que ayer creo que sí se hizo) o rendirte a su merced deseando que no estén acertados (cosa que se hizo en La Rosaleda). Es el banquillo el que decide el mensaje a transmitir a los jugadores.

El panorama de cara al futuro inmediato es ahora una incógnita. No entro en debates sobre un posible cese del entrenador que no tengo nada claro que sea recomendable o no, mi única certeza es que en gran medida el fútbol se basa en poner a los mejores o a los que mejor están, y ya que nadie está para ganar un Balón de Oro últimamente en este equipo, la única opción válida es la de buscar enchufar a los teóricamente más válidos dándoles confianza. El rombo ideal, si lo que queremos es jugar a lo que este equipo demostró saber jugar, para mí no es otro que el que formarían Mosquera en el vértice defensivo, Vicente y Expósito en los interiores y Vítor Silva en la mediapunta. Todo lo que se salga de esa idea de aquí a final de temporada debería ser por exigencias del guión.

El Deportivo debe (y quiere, pero lleva meses sin encontrar las piezas necesarias para hacerlo) aspirar a jugar en campo rival todo el tiempo posible, tiene mimbres para hacerlo ahora que Carlos está recuperado. Es la manera de conseguir protección atrás y a la vez causar peligro mientras se gana la confianza perdida, la única forma de triunfar que se encontró en lo que va de temporada con una plantilla demasiado orientada a eso como para buscar otros planes o confiar en ese a medias. Es momento de confiar en la única idea que aportó algo y no negociarla.

23 mar 2019

La afición de Riazor no es el problema


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

¿Alguna vez coincidieron con esa gente que va a un McDonald's y no recoge su bandeja jactándose de no hacerlo mientras espetan: "No voy a hacer el trabajo de otra persona cuando vengo aquí y pago"? ¿Alguna vez coincidieron con esa gente que trata a su pareja como basura y cuando al final la pareja se harta y termina la relación se lo toman muy a pecho y acaban reprochando de manera psicópata: "No tienes derecho a dejarme. ¡Yo te quería!"? Ambas son actitudes de persona que no sabe (o no quiere saber) lo que significan sus actos y actúa y reflexiona sobre ellos ajeno a la realidad, metido en su propia mentira. El primero no sabe que no está pagando por el servicio de mesa y que el dependiente no cobra por hacer lo que él no hace. Por ahorrarse dos míseros segundos de vida está perjudicando a un trabajador. En el segundo caso pues bueno, poco hay que explicar.

Parece que en la grada de Riazor estamos ante un fenómeno parecido. No quiero profundizar demasiado en el tema porque ya está más que tratado, pero  como veo a muchos tomándose como una afrenta que se hable de la grada como si alguien estuviera diciendo que esta sea la causante de todos los males de un equipo que tiene problemas muy graves más allá del ambiente al que se enfrenta en su propia casa habrá que dedicarle a esto unas últimas líneas.

No, la afición de Riazor no es el problema. Es más que evidente que nadie quiere decir eso. Y todo el mundo tiene derecho a expresar su opinión como le venga en gana, faltaría más, igual que todo el mundo tiene derecho a no recoger su bandeja en el McDonald's. Pero, por favor, sin victimismos y sin estar ajenos a la realidad de lo que conlleva. Si haces algo que a todas luces tiene una repercusión negativa en otras personas, afróntalo con dignidad y sin crearte una coartada en el falso victimismo como en los dos ejemplos que puse al principio. Es evidente lo que se quiere decir cuando se habla de la afición, es evidente que si desde dentro lo llevan mencionando desde que se atisba esta beligerancia es porque realmente afecta y no como excusa (aunque pueda servir en parte como coartada) y es evidente, sobre todo, que yo no soy nadie para decirle a nadie lo que tiene que hacer. Sinceramente, en este tema me quedo en el bando de los RB, el de apoyar e intentar sumar para que a final de temporada nadie pueda reprochar nada. Y sí, si el objetivo exigible se escapa todos sabemos que los máximos responsables no serán los 16000 de todos los fines de semana, pero es que vuelve a ser algo tan evidente que me da hasta cierto reparo tener que decirlo.

Y, quien no quiera entender, que no entienda

22 mar 2019

Lo que explica y lo que implica la no convocatoria de Mosquera contra el Almería


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


La ausencia de Edu Expósito es un condicionante muy a tener en cuenta a la hora de planear un partido en el Deportivo actual. El centrocampista catalán es seguramente el activo más importante del conjunto blanquiazul y los dos encuentros de sanción a los que se enfrenta no serán fáciles, está claro que va echarse en falta su contribución. Ahora, teniendo este factor en cuenta, ¿se puede leer en esta ausencia la no convocatoria de Pedro Mosquera para el partido contra el Almería? Tal y como yo lo veo, creo que en parte sí y en parte no.

Empezaré primero por la parte que sí: Es indudable que este Dépor se alimentó en sus mejores momentos de un recurso impagable para un equipo que busca tener la posesión del balón: acumular jugadores en ataque con unas condiciones privilegiadas para ayudar al equipo mantener posesión de balón en tres cuartos y tener la fortuna de que estos estuvieran en su mejor nivel. Me refiero, por supuesto, a Edu, Vicente y, sobre todo, Carlos Fernández. Estos tres jugadores fueron la auténtica clave de la capacidad del equipo de Natxo González para hacer daño en los últimos meses de 2018. A día de hoy, debido a las lesiones, Edu es el único que pudo seguir aportando algo al equipo en este contexto durante estos meses, pero no es suficiente. Un sólo jugador no puede hacer un trabajo tan colectivo como mantener la pelota con garantías en terreno peligroso, hace falta la labor de espaldas y de retención de balón que ofrecía Carlos, la pausa y protección de posesión que aportaba Vicente y, como colofón, la creación de contextos de superioridad que siempre aporta el propio Expósito. Todo aquello, aderezado con un Quique muy móvil y muy capaz de sacar petróleo de los espacios convirtió al Dépor en un equipo con mucha pegada y que se podía permitir tomarse los partidos sin prisas, sabiendo que el gol llegaría. A día de hoy, a la máquina le faltan demasiadas piezas y Natxo lo sabe. Por ello, busca otro tipo de juego, un juego en el que cree que Mosquera no es adecuado. Seguramente quiera darle velocidad al juego, aprovechar los errores del rival en vez de esperarlos y llevar rápido el balón al área. Un doble pivote Didier - Vicente como el que se está dando por hecho en el once de esta noche no se entendería sin situar unas bandas muy abiertas (lo ideal sería contar con Nahuel en este contexto, pero quizás sus problemas físicos recientes no le permitan ser titular) y Christian Santos de referencia. Implicaría un cambio considerable en todos los conceptos adquiridos durante la temporada, pero sería la única opción realmente honesta con lo que se intuye a la vista de las pruebas y la convocatoria.

Trataré ahora la parte en la que la ausencia de Edu no tiene influencia, que a la vez me parece el gran error conceptual de la decisión (por supuesto, siempre que realmente estuviese fundamentado en las ideas que expongo): Es bastante poco habitual en Segunda División enfrentarse a equipos que alineen a un mediapunta clásico como es el caso del Almería. Es cierto que hay equipos que juegan con alguien centrado en tres cuartos, pero suelen ser jugadores con un objetivo más puesto en la llegada y sin tantos recursos. El perfil de Juan Carlos Real, viejo conocido de Riazor, es distinto a la mayoría de jugadores de la categoría. Es un futbolista que aporta las cualidades del mediapunta de toda la vida, que ofrece último pase, que tiene más peligro cuando recibe unos cuantos metros fuera del área que dentro de ella pero que también tiene gol, y no precisamente poco. Es un futbolista al que hay que tener controlado, y el entrenador deportivista no es ajeno a ello. Todo apunta a que usará a Didier para esa labor, pues lo ve como un jugador con capacidad de abarcar mucho campo por rendimiento físico, lo que puede ser un valor añadido contra el 10 del conjunto almeriense aprovechando que a pesar de sus virtudes no es un jugador rápido. El juego ofensivo del Almería tiene una dependencia importante de Juan Carlos y minimizar su influencia minimiza el peligro.

Visto esto Didier es un futbolista que, con todas sus limitaciones, siempre llega al apoyo y puede verse su alineación como algo con cierto sentido, pero teniendo a Pedro Mosquera en plantilla la idea se cae por su propio peso. No sólo porque haya sido de lo poco salvable del último partido, sino porque también se adecua mucho mejor a lo que podría buscarse en el encuentro de hoy. Por mucho que el centrocampista coruñés no sea generalmente loado por su labor defensiva, lo cierto es que su función dando equilibrio al equipo es vital y, yendo a lo que nos atañe aquí, es un jugador que abarca también mucho mucho más campo de lo que puede parecer: no se pega grandes carreras como Didier, pero es porque siempre suele estar bien posicionado, lo que le evita correr más de la cuenta. Las grandes carreras quedan bien en cámara, pero a menudo son simples formas de tapar mediante el fondo físico una mala gestión táctica.

Ojalá acabe saliendo bien, pero he de reconocer que esta elección no me gusta. Supone un cambio importante en la mentalidad, supone adecuar por primera vez la idea de juego al rival (distíngase idea de juego y plan de juego, este último siempre ha de tener en cuenta al equipo contrario) en lugar de al revés. Es evidente que nada estaba funcionando en los últimos meses y esta es una manera de agitar el árbol, pero no tengo claro que un equipo hecho para ascender y dominar en la categoría pueda conseguir este cambio de mentalidad con la temporada ya avanzada y lograr algo más que acomplejarse. En cualquier caso, nadie sabe mejor lo que puede dar cada jugador que quien los entrena cada día, con lo que sólo queda confiar en que mi visión esté equivocada.El partido de hoy dirá si realmente se consiguen los frutos del árbol agitado o simplemente estamos ante un preocupante bandazo.

5 mar 2019

Dépor - Alcorcón: Un punto para alejarse del objetivo


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

El partido de ayer en Riazor alejó peligrosamente al equipo local de la lucha por el ascenso directo, no tanto en lo que respecta a los puntos (que también) como en las sensaciones. El encuentro pasó por tres fases muy definidas: La primera de ellas nos mostró a un equipo blanquiazul que entró tarde en el juego y no supo frenar el arranque de un Alcorcón que empezó en Riazor sin ningún complejo y que durante 15 minutos superó a su rival de manera incontestable. La segunda, mucho más agradable para la grada local, mostró a un Dépor encontrando la forma de hacer daño y lográndolo con asiduidad, creando un interesante número de ocasiones claras que en muchos casos sólo la magnífica actuación de un Dani Jiménez estelar pudo salvar. No obstante, cuando los locales contaban ya con el favorable 2-1 la cosa se torció. El equipo alfarero consiguió volver a encontrar contextos desde los cuales hacer daño y la tercera y última fase tuvo a un Deportivo que, a pesar de seguir buscando el gol de la sentencia, deseaba con demasiadas ganas el pitido final hasta que un gol de Casadesús lo frustró todo.

El guión del partido volvió a tener un final ya visto en otras ocasiones. Un Dépor que sabe llegar con peligro y que se adelanta en el marcador de forma merecida, pero que no se ve capaz de cerrar el partido y acaba encajando un gol en los últimos minutos que le roba dos puntos vitales. Ayer, quizás, faltó el refuerzo positivo porque dio la sensación de que Natxo no supo transmitir desde el banquillo la confianza para sentenciar. No hablo aquí del cambio de Simón por Somma (el contexto recomendaba hacerlo), pero sí de la forma de hacer los cambios y también de la adecuación de estos a lo que se buscaba en cada contexto.

El problema en Cartabia y Simón estaba identificado. El argentino estaba teniendo un partido desastroso y el lateral estaba pasado de revoluciones y con una amarilla que cada vez se volvía más naranja. Además, Edu (que volvió a ser el mejor) estaba bastante falto de apoyos cuando cogía el balón en el último tramo de la creación y alguien capaz de ofrecerse y dar pausa al juego en la búsqueda del asedio al área contraria se hacía necesario. Tenemos entonces que las salidas de Fede y Simón y la entrada de Vicente eran muy recomendables y el técnico supo ver eso. No obstante, ¿fue la ejecución adecuada? Mi subjetiva opinión es que en gran parte no:

  •  El trueque de Cartabia, el primero de ellos, llegó cerca del ecuador de la segunda parte a pesar de que desde el primer tiempo se veía que estaba teniendo muchos problemas para entrar en el partido. La banda derecha estaba siendo un agujero muy oscuro y el principal sumidero de posesiones del equipo, hacía falta subsanarlo cuanto antes y se tardó demasiado. Cuando algo no funciona y es tan evidente no tiene sentido esperar más de la cuenta. Fede no está y a veces da muestras de que ni siquiera se le espera. Aunque suene extraño, la titularidad no le sienta nada bien, se le nota dosificando esfuerzos desde el primer minuto y esa preocupación por su físico le saca del partido. El argentino es, con total seguridad, el mejor jugador de revulsivo de la categoría, sabe entender y cambiar los contextos del partido al que entra como pocos, pero probablemente nunca se conforme con ese rol. No obstante, si quiere dar el salto a ser un buen titular necesita un cambio radical con respecto a lo que estamos viendo.
  • El segundo cambio, la entrada de Vicente por Mosquera, también tiene sus matices. Quieres mantener el balón en campo contrario y mantener la bola buscando espacios, necesitas el gol cuanto antes y sacas a un jugador capaz de darte eso. Hasta ahí todo bien, pero, ¿por qué el sustituido vuelve a ser Mosquera? El 5 lleva una trayectoria ascendente en las últimas jornadas y es un jugador que sabe rendir como MCD siendo un primer eslabón en la creación más constante y fiable que Bergantiños en esos contextos en los que un error en construcción puede condenarte.
  • Por último, el cambio más controvertido del encuentro. Muchos no vieron adecuado el cambio definitivo, el que dió entrada a Somma por David Simón. El canario había sido más que advertido por el árbitro, tenía amarilla desde el comienzo del partido y aún así estaba pasado de vueltas, con lo que mantenerlo sobre el césped era un riesgo importante. En esa situación, no es ninguna locura realizar la sustitución, pero sí realmente querías asegurarte de no acabar con 10 jugadores, podían verse motivos desde mucho antes que el minuto 83 (aunque sí es cierto que fue justo instantes antes de esa sustitución cuando se vio una clara acción en la que el árbitro le perdonó sorprendentemente la roja). Que ese sea el cambio definitivo, poco después de haberte puesto por delante en el marcador y con el equipo en un momento alto de moral y de juego, es algo muy susceptible de generar dudas entre los jugadores y llevarles a pensar que importa más ser comedidos que ir a por el partido, que la sentencia es algo secundario.
Una vez dada mi visión (visión de aficionado, por supuesto, una condición desde donde es muy fácil opinar) sobre la manera de ejecutar las sustituciones, me quiero centrar en el último aspecto que comenté en estos tres puntos: Lo que pudo haber transmitido al equipo el último cambio. Digo que un cambio de esta índole es capaz de dar un mensaje peligroso al equipo porque, de hecho, tengo la sensación de que fue eso lo que pasó. Seguro que la instrucción nunca fue pisar el freno, seguro que desde el banquillo no se pidió perder protagonismo y el equipo siguió atacando, siguió teniendo peligro, pero se pudo ver una actitud diferente. Se vio a un Dépor sufriendo un ataque de realidad, que captó el tono de la salida de Simón como una llamada a ser cautos y el equipo empezó a jugar de manera sustancialmente distinta. Volvieron, como ya había pasado en el primer tiempo, a aparecer excesivos espacios en campo propio que el Alcorcón supo gestionar igual de bien que en los primero 15 minutos, y aunque es cierto que no tuvieron muchas oportunidades para explotarlos debido a que el conjunto herculino continuó buscando tener el balón y consiguiéndolo, fueron suficientes para que en una llegada rápida consiguieran poner el definitivo 2-2 en el marcador.

No podemos ser catastrofistas todavía, pero sí que es cierto que la catástrofe está más cerca. A día de hoy, da la sensación de que el equipo se está instalando en el miedo y en la falta de confianza de manera casi inconsciente  y de que se piensa en la clasificación desde demasiado antes del pitido final. Encauzar eso y entender que los estímulos externos son vitales es la asignatura pendiente para Natxo González, que está haciendo un buen trabajo en muchos aspectos pero que en cuanto a la gestión de partidos desde el banquillo con frecuencia no está sabiendo ser un entrenador de los que suman. Al fin y al cabo, el detalle diferencial que decanta a un equipo hacia el éxito o el fracaso en el fútbol tiene a menudo más que ver con el aspecto psicológico que con la pizarra.

15 oct 2018

Dépor - Elche: Riazor vuelve a ser temible



El pasado viernes pudo verse en Riazor un partido en el que el equipo local demostró que si sabe mantener este nivel está en condiciones de pelear por todo esta temporada. En un escenario en el cual casi todo está saliendo bien este año, delante de su afición, el conjunto blanquiazul volvió a mostrar lo que ya había dejado entrever en jornadas pasadas: hay potencial para ser un bloque dominador en la categoría.

Salvo el partido contra el Málaga de la pasada semana, en el que los tres puntos se atascaron en el partido en el que mejor habrían venido, los de Natxo González cuentan todos sus encuentros como local en forma de victorias. Y lo más importante es que con el paso de las jornadas las sensaciones están siendo cada vez mejores y muy alejadas ya del esperpento vivido en Alcorcón, en el que el aplomo del equipo madrileño tuvo mucho que ver.

Más allá de la evidente buena noticia que supone llevarse los tres puntos, con lo que me quedo de lo visto en el partido del viernes es con un detalle que visto el devenir posterior del encuentro puede parecer una nimiedad, pero que es realmente algo muy importante: El Dépor supo cambiar el guión a un partido en el que su rival empezó mucho mejor en los primeros minutos, incluso contando con ocasiones de gol que podrían haber llevado el encuentro por un cauce muy diferente al que finalmente se vio. El Elche pudo haberse adelantado cerca del inicio en varias jugadas puntuales en las que se aprovecharon de una sucesión de errores de bulto del equipo local, que fueron excesivamente comunes durante los primeros compases del juego. Un gol tempranero del conjunto visitante habría cambiado las tornas del partido de manera inevitable y encauzar una situación en la que el equipo empieza mal es complicado, pero los blanquiazules lograron hacerlo con creces para acabar estableciendo un marcador final que no engaña y da buena cuenta de la superioridad vista en el campo.



No es casual que el juego colectivo del equipo esté dando sus frutos, pues según avanzan las jornadas estamos comprobando que el trabajo de Carmelo del Pozo a la hora de confeccionar la plantilla fue notable. Resulta sorprendente contar en segunda división con una pareja de centrales que están muy por encima del nivel medio de la liga. Cuando Duarte está más discreto (en los últimos partidos sigue a buen nivel, pero menos sobrado que a principios de temporada) aparece Marí en modo capitán general como en el último partido, demostrando que sabe ser impecable en defensa y también tener protagonismo en ataque tanto en salida de balón como en disparo de media y larga distancia cuando se le presenta la ocasión. Se compenetran a la perfección y no son la única gran noticia que está dejando la línea defensiva, pues Saúl volvió a demostrar que es un lateral notable que sabe acompañar el juego del equipo dando desahogo en la construcción y alternativas en la creación de contextos de peligro en los últimos metros.

En cualquier caso, si tuviéramos que destacar sólo a dos jugadores en el ámbito individual, está claro que por lo visto en esta última jornada esos serían Edu Expósito y Carlos Fernández. El centrocampista lleva toda la temporada viviendo a la sombra de Didier Moreno, pero ante el Elche mostró no sólo que es mejor futbolista que el colombiano, sino que además es mucho más adecuado para el estilo de juego de este equipo. Su descaro atreviéndose a filtrar pases verticales, su apoyo incansable y su inteligencia en el aspecto táctico dejan entrever a un jugador hecho para ser importante esta temporada. Por su parte, Carlos estuvo ante su explosión definitiva. El delantero cedido por el Sevilla había comenzado la temporada dando muestras de tener mucho fútbol dentro, pero también dejando la sensación de que jugaba con el freno echado, como si todavía estuviese cohibido ante el nuevo reto y sin atreverse del todo a soltarse. No obstante, su primer gol de la temporada en la anterior jornada ante el Málaga le ayudó a ganar confianza y a querer demostrar más aún de lo que había dejado ver hasta ahora, lo que le llevó a ser capaz de anotar tres tantos de diversos estilos que dejaron ver que es un futbolista muy versátil.

En cuanto a la gestión del partido, Natxo González supo ejercer su mando con coherencia y calma, entendiendo al hacer los cambios que el partido estaba controlado y sin hacer locuras innecesarias. Evitó hacer variaciones de esquema y tampoco echó al equipo atrás a pesar de la ventaja, dando minutos a jugadores que los necesitaban para reivindicarse. Como único matiz diría que uno de mis cambios habría sido para darle salida a un Carles Gil al que jugar partidos completos no le sienta bien físicamente, pero el mediapunta pudo acabar los 90 minutos sin problemas.

Por otra parte, también se debería decir que el partido de Christian Santos no se acercó al de un jugador que pueda resultar demasiado útil en el rol que tuvo encomendado. El venezolano es un futbolista del que se pueden sacar cosas, pero quizás se le pidió (o más bien el contexto de juego le llevó a tener que hacerlo) tener influencia demasiado alejado del área y en ese ámbito no se encuentra cómodo. Es un futbolista que sabe estar en el sitio adecuado para el remate, pero que cuando se aleja de la meta rival no luce. Quizás su rol ideal sea el de revulsivo más que el de opción para la titularidad, sobre todo teniendo en cuenta que sus rivales por el puesto son de lo mejor de la categoría.

En resumen, contra el Elche salió bien todo lo que podía salir bien y Riazor vuelve a confiar en que esta temporada podrá pasarselo bien después de años viendo la asistencia al estadio más con resignación que con ilusión. Habrá que esperar que todo continúe funcionando de la forma que estamos viendo.

10 sept 2018

Sensaciones tras el Deportivo - Sporting



El Dépor debutó ayer ante su afición en un Riazor de circunstancias en el que la mitad del estadio se encontraba inhabilitada por obras. Había bastante curiosidad por ver lo que harían los jugadores de Natxo González delante de su público después de un exilio de tres jornadas y lo cierto es que aunque la actuación no fue deslumbrante (todo lo contrario que los focos del estadio, que para compensar la falta de la iluminación de los fondos se encendieron a mayor rendimiento del normal) sí que permite sacar algunas conclusiones positivas y algunas no tanto.

La solidez de conjunto y la falta de ideas en los últimos metros

Lo más importante que se pudo ver ayer es que el equipo demostró saber estar tranquilo todo el partido, sin pasar apuros innecesarios en campo propio que sí se vieron en los anteriores encuentros, especialmente contra el Tenerife. Es cierto que el Sporting nunca quiso hacer daño y sólo buscó no recibirlo, pero el Dépor estuvo cómodo en ese contexto sabiendo dominar en la monotonía y sin sufrir sobresaltos. Las estadísticas de disparos, con un 17-0 a favor del equipo coruñés, es una estadística muy difícil de ver en un partido de fútbol profesional, pero esa estadística tan impresionante también guarda una contrapartida a tener en cuenta, y es que a este equipo le cuesta un mundo finalizar. Por el momento el conjunto blanquiazul no tiene una figura de referencia que culmine en gol un porcentaje de jugadas importante, y eso es una carencia que suele hacer perder puntos. Quizás Quique sea el que más papeletas tenga para ejercer ese rol una vez consiga ritmo, pero por ahora los goles siguen siendo tan caros como en los últimos años.

Es evidente también que a este Dépor le falta inventiva, se muestra en muchas ocasiones como un equipo plano y Carles Gil y Fede Cartabia son los únicos capaces de cambiar eso en los últimos metros. Ayer la entrada de ambos dio aire al equipo y consiguió crear contextos de superioridad en ataque que contribuyeron a debilitar a la zaga del Sporting, pero también es cierto que el esquema no ayuda a que exploten al máximo sus capacidades, al menos no mientras no se adapten del todo a él. Especialmente Fede está más suelto partiendo de la línea de banda, pero Natxo tiene claro que este es su sistema y parece que va a morir con él aunque a veces dé la sensación de que está hecho para encajar a toda la gente que 'debe' estar más que para maximizar sus virtudes.

Una pareja de centrales para no pasar apuros

En el ámbito defensivo el equipo estuvo muy atinado y sin sobresaltos más allá de alguna imprecisión en la salida de balón que pudo haber resultado más dañina de lo que finalmente resultó ser. A falta de ver el nivel de Somma no creo que haya dudas de que esta debe ser la pareja de centrales titular este año. Duarte está en segunda división por motivos inexplicables y Marí deja ver cosas muy interesantes, siendo superior a Bóveda en todo. Ordenado y con buena salida de balón, añadirle a sus cualidades un gol en su debut en Riazor sólo hace presuponer que seguirá teniendo la confianza del entrenador en los próximos encuentros.

Caballo ante la grada de Riazor

El lateral zurdo jugó de manera impecable los tres primeros partidos de liga siendo muy correcto en defensa y diferencial en ataque con centros medidos, pero ayer se le notó cambiado, con imprecisiones y dando cierta sensación de nerviosismo. Seguramente sea algo puntual y no debe haber dudas de que es el mejor lateral de esta plantilla, pero hace plantearse si por la cabeza del jugador no estaría pasando la alargada sombra de las implacabilidad de la grada de Riazor con algunos jugadores de la casa a los que pilla manía irracional cuando su nivel no es el deseado. En cualquier caso, siguió mostrando que sabe llegar y sacó algún que otro centro con mucho peligro.

Fede Cartabia y su capacidad para cambiar contextos

Cuando veo a Cartabia salir desde el banquillo y ser capaz de cambiar partidos pienso que es un revulsivo demasiado bueno como para ponerlo de titular, pero por otro lado esto es segunda división y tener de recambio a un jugador de su nivel no parece demasiado sostenible. No obstante, creo que se debe aprovechar todo lo que se pueda este talento del futbolista argentino, pues ayer fue pieza clave en la mejoría de los últimos minutos y en la creación del gol.

Pedro Sánchez y la falta de trascendencia

Sólo llevamos cuatro partidos, pero por lo visto hasta ahora no me convence Pedro. Me parece un jugador demasiado en la media, que no aporta nada diferencial aunque tampoco reste. Un jugador de tres cuartos no puede ser cumplidor y nada más, debe pedírsele que haga cosas que provoquen que pasen otras cosas. Hasta el momento ni siquiera se expuso como lo que prometía ser, un especialista a balón parado, y tampoco dio demasiado en la creación de juego ni en el último pase. A pesar de que está teniendo minutos, según se vayan recuperando los efectivos de ataque su papel debería pasar a ser más secundario.

Krohn-Dehli, el inadaptado

Da la sensación de que el rol de Krohn-Dehli en este equipo debe ser repensado. En esa posición de interior en la que se le vio ayer lo único que ofreció fue inoperancia y la sensación de estar fuera de sitio. El danés es un jugador al que se le da bien acompañar la jugada y estar siempre presente, pero quizás no está ya para ser clarividente en los últimos metros. Ayer se le vio cumplidor pero falto de ideas, como si jugara con el freno echado.

Vicente Gómez, la noticia más grata de lo que va de temporada

Después de lo visto en estos primeros partidos puedo decir ya que el jugador canario es mi jugador preferido de esta plantilla. Es un Juan Domínguez maduro y con personalidad que siempre sabe lo que hacer con la pelota cuando llega a sus dominios y rara vez la pierde. Si alguien le quita la bola es con falta de por medio y tiene siempre el pase adecuado en mente. Su papel debe ser capital en la construcción de juego.


Resumiendo, hay mimbres para conseguir cosas interesantes. La categoría es muy igualada y el hecho de que un equipo invicto tras cuatro partidos y con dos victorias sólo sea 7º lo hace evidente. Por el momento debemos quedarnos con que la vuelta a Riazor dejó a la afición aplaudiendo de satisfacción al final de los 90 minutos, algo que hacía tiempo que no pasaba. Todo lo demás acabará llegando.

2 sept 2018

Un Dépor que aún no se cree lo que puede llegar a ser



Creo no estar diciendo ninguna locura si afirmo que el primer tiempo del Dépor en Tenerife dio la sensación de que estamos ante un equipo con potencial para ser dominante en la categoría. Ideas preclaras en la creación de juego, fluidez en las cercanías del área rival y la capacidad de crear peligro con diversidad de recursos, principalmente utilizando la inventiva de Carles Gil por la zona central y la habilidad para el centro de un Caballo que está demostrando tener un guante en su pie izquierdo. El Dépor estaba tan tranquilo sobre el césped del Heliodoro Rodríguez López que no existía apenas nada que hiciera presagiar que el partido iba a cambiar demasiado tras el descanso.

No obstante, el mencionado cambio ocurrió para desesperación de un Natxo González que vio como el Tenerife comenzó la segunda parte con descaro y manifiesta superioridad. Durante la práctica totalidad del segundo tiempo el equipo local fue quien llevó el peso del partido y el balón permaneció en el campo del Dépor más tiempo del debido. En ese contexto de superioridad, el gol tinerfeño hizo acto de presencia apenas transcurridos diez minutos de la segunda mitad y tras el empate se pudo ver que el nuevo guión que había empezado a seguir el partido no tenía visos de cambiar. El monólogo tinerfeño continuó hasta que Didier Moreno cogió el ritmo del partido tras salir desde el banquillo en el minuto 64. El colombiano, al que se le nota que llegó a Coruña con ritmo de competición, demostró superioridad física e incomodó a la defensa rival abarcando mucho campo y contribuyendo tanto en llegada como en presión, ejerciendo de contrapeso justo para que la balanza cambiara de posición. Llegó con peligro y tuvo una ocasión de gol que no acertó a rematar adecuadamente y suya fue la asistencia a Borja Valle que puso por delante al Dépor hasta que un error en la salida de Dani Giménez provocó el empate rival a escasos segundos del final.

Una vez contado el aspecto objetivo de lo ocurrido en el partido de ayer, ¿qué análisis queda por sacar de lo visto en el campo y por qué el Dépor mostró dos caras tan diferenciadas? Mi opinión es que el equipo supo jugar mientras estuvo cómodo. El Tenerife está teniendo problemas para salir enchufado a los partidos y el de ayer no fue una excepción. El equipo herculino supo aprovechar eso y asentarse antes sobre el terreno de juego, echando del encuentro a su rival hasta la llegada del descanso. No obstante, en la segunda mitad el conjunto canario salió con otra mentalidad y con la remontada entre ceja y ceja, dejándose todas las inseguridades en el vestuario y haciendo que aparecieran las del equipo dirigido por Natxo González, que vio una vez más cómo aparecían los problemas para plantar cara a un rival que quería conseguir mandar en el partido.

Creo que este Dépor tiene un potencial enorme que dejó ver sobradamente en el primer tiempo, pero también posee el que probablemente sea el peor defecto que puede tener un equipo nacido para buscar dominar una categoría: no llegan a creerse lo que son. Hay miedo a ejercer de favoritos cuando las cosas se complican y miedo a no ser lo suficientemente buenos como para ir a sentenciar el partido. Habrá quien le llame falta de personalidad del conjunto, pero creo más bien que es una cuestión de 

Por otra parte, es fácil caer en señalar a Dani Giménez como el jugador que  costó dos puntos en el último momento, pero su partido hasta ese instante (y también su temporada hasta hoy) fue más que digna y no es del todo justo cargarle las culpas de un error que compensó con aciertos importantes previos. Antes de pensar en Giménez debemos ver que existieron también otras imprecisiones que contribuyeron de manera clave en el marcador, como un mal cabeceo de Quique a un gran centro de Caballo en los instantes iniciales o un mano a mano con el portero muy mal gestionado por Pedro en el 85'. Giménez erró a final, pero también dio seguridad en los restantes tramos, y si alguien quedó señalado tras el partido de Tenerife fue más bien un Eneko Bóveda que sigue dejando tantas dudas en el centro de la defensa como la pasada temporada. Difícil recordar una buena acción del ex jugador del Athletic en el partido de ayer, en el que ofreció demasiadas carencias tanto en la marca como, sobre todo, en la salida de balón. No sería demasiado comprensible que en la próxima jornada no viésemos a Marí o a Somma acompañando a Duarte.

En resumidas cuentas, este Dépor tiene mucho para ilusionar, pero también deja bastante lugar a la preocupación. El aspecto psicológico falla, y eso no es fácil de gestionar. Es un mal endémico en este club desde hace demasiado tiempo y puede traer muchos disgustos si en los momentos clave siguen apareciendo los peores miedos. El error real no fue defender la falta decisiva en el área pequeña, ni la mala salida del portero. El error fue no saber ni siquiera intentar discutir el dominio de la segunda parte al rival. Habrá que esperar que la vuelta a Riazor sepa curar las carencias de un equipo que promete más de lo que da pero que, por ver la nota positiva, lleva unos más que decentes 5 puntos en 3 partidos fuera de casa.