24 jun 2015

Ali Dia, el falso primo de George Weah que engañó al Southampton


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

En la temporada 96/97, Graeme Souness, ilustre capitán del glorioso Liverpool tricampeón de EuropaAli Dia de finales de los 70 y comienzos de los 80, estaba al mando del Southampton de Matt Le Tissier (referente indiscutible de los Saints durante los 90), y el equipo sufría en la zona baja de la Premier League. Ante este panorama, Souness necesitaba un golpe de suerte que les hiciese remontar el vuelo cuanto antes.

En noviembre de 1996, ese espaldarazo parecía llamar a sus puertas, o más bien a su teléfono, pues un hombre se puso en contacto con él para recomendarle encarecidamente un fichaje. El hombre en cuestión era ni más ni menos que George Weah, flamante ganador del Balón de Oro en 1995, y el futbolista al que recomendaba era su primo, Ali Dia, un talentoso jugador con el que además había coincidido en el Paris Saint-Germain y en la selección. Con esta carta de presentación, el bigotudo entrenador no se lo pensó demasiado, y decidió ofrecerle, a modo de prueba, un contrato de un mes.

Dia llegó al club y, después de sólo un puñado de entrenamientos, y con Souness deseando ver las virtudes de su nuevo crack, fue convocado por el primer equipo para disputar su primer partido de Premier League, contra el Leeds United, el 23 de noviembre. El plan inicial era que jugase unos días antes con el equipo reserva, pero el partido se canceló por las malas condiciones climáticas y su primera exhibición debía ser, de esa forma, con el primer equipo. Comenzó como suplente, pero la casualidad hizo que en el minuto 32 una lesión de Le Tissier provocara su entrada al campo en sustitución de la estrella del equipo. 

El futbolista entró como un elefante en una cacharrería, y no por arrasar con todo, sino por su torpeza. Graeme SounessSu actuación fue de tal calibre que en el minuto 85 fue sustituido y su contrato fue rescindido poco después. El propio Le Tissier dijo que "corría como Bambi en el hielo", una descripción bastante adecuada de su único partido en la Premier League.

Llegados a este punto, los que no conozcan su historia pensarán: ¿De verdad era el primo de Weah?. La respuesta es, rotundamente, no. Además, ni siquiera era liberiano como la estrella del Milán, sino senegalés, con lo que no había forma de que coincidieran en la selección. Por supuesto, tampoco había vestido nunca la camiseta del PSG, y el que había llamado al desdichado Souness tampoco era el talentoso Balón de Oro, sino un compañero de la universidad de Dia al que la broma le salió mucho mejor de lo esperado. Además, su trayectoria real se limitaba a modestísimos equipos franceses, finlandeses y alemanes, con lo que una simple llamada a las oficinas del PSG hubiera dado al traste con la improvisada mentira. Pero en aquellos tiempos en los que no existía Internet, el mundo era más crédulo.

Dia acabó sus días como futbolista en el equipo amateur de Gateshead, sólo un año después, y se graduó en 2001 en Administración de Empresas. Poco se sabe, más allá de eso, de su vida posterior, por no decir que no se sabe absolutamente nada. Desapareció de la misma forma que llegó, sin previo aviso y de manera fugaz. Para atestiguar su hazaña quedan algunos vídeos recopilando sus jugadas en aquel único partido jugado como profesional:



10 may 2015

Las segundas oportunidades del fútbol modesto



El mundo del fútbol es una jungla en la que el éxito está reservado para un ínfimo porcentaje de todos aquellos que empiezan en algún momento con la ilusión de conseguir algo en él. Incluso muchos de aquellos que llegan más lejos que la mayoría y consiguen plantarse a las puertas de la profesionalidad se acaban quedando a medias en la consecución de la consagración en las máximas categorías. Es en esos casos cuando el fútbol más modesto ejerce un papel fundamental para volver a ilusionar, estableciéndose como un lugar en el que luchar por una segunda oportunidad desde abajo.

Clubes como el Conil CF, que milita actualmente en Tercera División, son un claro ejemplo. Uno de sus jugadores, Jose Miguel Caballero, llegó a convertirse en una de las grandes promesas del Cádiz en su generación cuando logró hacerse un hueco como habitual en el primer equipo hace un lustro, pero la suerte no le acompañó y tuvo que buscarse la vida en el extranjero, probando fortuna en las categorías inferiores de la liga alemana.

Tras un periplo de varios años en tierras extranjeras pasando, entre otros, por el filial del Karlsruhe, Jose Miguel Caballero decidió que era momento para volver a casa e intentarlo de nuevo en el fútbol español primero en el Chiclana y ahora en el Conil. Y es ahí donde el mediocentro busca, desde la Tercera División, volver a aspirar a grandes cosas en el fútbol. 

Suele decirse que lo difícil no es llegar, sino mantenerse, y lo cierto es que el fútbol suele tener demasiado ímpetu a la hora de valorar, juzgar y desechar a sus actores. Es habitual ver cómo a menudo nos quedamos con la incógnita de qué habría pasado si determinado jugador hubiese tenido más suerte en su carrera, si las oportunidades le hubiesen llegado justamente, en lugar de resultar demasiado escasas para demostrar su valía. Es precisamente en esos casos, en los que existe todavía sensación de que queda mucho por demostrar y que el trato recibido por el cruel juicio rápido de este deporte no fue justo, en los que la presencia de las categorías modestas se presenta como na oportunidad. Esto es así más aún en estos tiempos en los que los clubes pequeños deben fijarse siempre muy bien en los que despuntan en la categoría inmediatamente inferior a la suya para conseguir ser competitivos en el mercado.

Reengancharse de nuevo al fútbol de alto nivel no es tarea sencilla, pero ejemplos como el reciente de Iago Beceiro resarciéndose en el Verín y consiguiendo que la Ponferradina confiase en él vienen a decirnos que es posible si la suerte y el esfuerzo acompañan.

9 abr 2015

Una nueva esperanza


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


El día de ayer dejó dos noticias importantes en el entorno del Depor. La primera, que el equipo está Victor Fernandezhundido en lo físico, quizás motivado en esencia por un hundimiento también moral, y la segunda debida al relevo, que muchos veíamos muy necesario desde hacía ya tiempo, en el banquillo blanquiazul.

Que nadie me malinterprete, pienso que lo mejor que habría podido pasarle al Depor sería la continuidad hasta final de temporada del hasta ahora técnico, no por pensar que lo estuviera haciendo bien (todo lo contrario), sino porque eso habría significado que los objetivos se estaban cumpliendo, algo que es lo único que debe importar tal y como se plantean actualmente las cosas. No obstante, el empate contra el colista de la categoría en el día de ayer, sólo conseguido gracias a un desafortunado gol en propia meta del rival y después de todo un partido viendo como el equipo era incapaz de hacer frente a un rival que parecía jugarse mucho más cuando realmente ambos están en la misma pelea, hace que sea más que necesario el cambio, un cambio que llega, como mínimo, 5 meses tarde.

Víctor Fernández deja tras de sí un pobre bagaje de 6 victorias en 30 encuentros, y en el recuerdo una imagen de juego que, salvo en 4 partidos, fue entre mala y nefasta, sin conseguir encontrar nunca hueco para la autocrítica. Para el maño, todo lo que pasó esta temporada fue mala suerte, culpa de la situación social del club y una interesante concatenación de más excusas en las que no se recuerda que diese la cara. El fútbol no es, casi nunca, cuestión de suerte. Puede haber partidos en los que un detalle decida para bien o para mal, pero esas situaciones no son comunes. Lo cierto es que el fútbol se basa en la búsqueda de los factores diferenciales, de conocer tus puntos fuertes y las debilidades del rival, y explotar ambas cosas convenientemente. Cuando parece que en 25 partidos tuviste mala José Rodriguez Luis Fariñasuerte porque curiosamente el rival marcó lo que tú no marcaste, las apariencias obedecen a un trasfondo más oscuro. 

En todos los años que llevo viendo fútbol (es cierto que no se puede decir que sean muchos), no recuerdo demasiados partidos en los que me quedara la sensación de que fue todo cuestión de suerte. Más bien, casi siempre, lo que pasa es que hubo ocasiones de gol en las que no se supo crear la ventaja para el jugador adecuado, no se consiguió contrarrestar debidamente el ataque del rival o se eligió un esquema que era adecuado para atacar en un determinado partido pero no para defender, o viceversa, y todo acabó en un desequilibrio fatal. Al final, los partidos en los que la fortuna realmente tuvo incidencia, en los que el lanzador de un penalti pisó una calva del terreno de juego sin advertirla y perdió apoyo para lanzarlo bien, en los que el portero fue obstruido en su visión por una gaviota  perversa o en los que el delantero estrella se pisa el cordón de la bota cayéndose de narices ante un pase de la muerte que le dejaba para rematar a placer son una ínfima minoría. La 'suerte' del Depor estuvo en un negligente aprovechamiento del juego a balón parado, una fragilidad defensiva demasiado evidente, un mediocampo sin competencias claras (que en buena medida contribuyó a lo anterior) o un confuso reparto de los mecanismos de ataque, pero no en el azar. De hecho, diría que globalmente Víctor Fernández tuvo buena fortuna desde el momento en elVictor Sanchez del Amo que un inconmensurable Fabricio apareció en su camino. Creo que todos estaremos de acuerdo en que sin la brillante actuación del portero canario en lo que va de año, el relevo en el banquillo habría venido mucho antes.

Sea como sea, lo cierto es que eso ahora es historia, o al menos es lo que se espera. Llega otro Víctor, esta vez un viejo conocido con ganas de hacerse un nombre como entrenador, y que tiene ante sí la papeleta de revertir una situación que no será nada fácil. Por ahora, lo que parece que sí que consiguió ya fue apaciguar en la medida de lo posible los ánimos en una grada que tenía al antiguo entrenador en el punto de mira y ve como al menos, ahora, llega alguien nuevo, que además es una cara conocida de buen recuerdo para el deportivismo. Por ahora poco puedo decir, pero tengo ganas de poder ver los primeros partidos de este nuevo Depor para poder, en un par de semanas, volver a aquí para escribir opiniones centradas en tácticas y juego, que al fin y al cabo es el único idioma válido para hablar de fútbol, confiando en que sean positivas. Empieza un nuevo ciclo, y una nueva esperanza. Empieza de nuevo la lucha por la supervivencia.

3 abr 2015

Fast & Fútbol



Aprovechando el auge debido a la publicación de su enésima entrega de la saga que se intenta parodiar con mayor o menor habilidad en el título de este artículo podría ser buena idea dedicar un tiempo a algunas anécdotas extradeportivas de un mundo tan elitista como el fútbol profesional, en este caso siempre con los lujosos coches que suelen conducir las estrellas de este negocio como protagonistas.
 
  •  Drenthe contra el cronómetro

Como no podía ser de otra forma, el primer protagonista de este apartado debía ser el futbolista holandés, que durante su etapa en el Hércules fue cazado a velocidades dignas de competir con el MP4-30 de McLaren esta temporada, y acusado de proferir insultos contra los agentes que le dieron el alto. Debía llevar a una amiga al hospital, según explicó, pero la anécdota fue de lo más recordado de su paso por Alicante.

  • Arbeloa, un lujo alternativo


Sorprendió a todos el lateral diestro del Real Madrid cuando se presentó en un entrenamiento conduciendo un Morgan 3 Wheeler de 2011 con su característico diseño de tiburón, un tipo de vehículo que no es precisamente el más habitual entre los elegidos por los jugadores de fútbol, y probablemente sí un quebradero de cabeza a la hora de buscar recambios para el coche. A pesar de tener tres ruedas y aspecto añejo, alcanza los 200Km/h con sus 82cv, que en una máquina tan ligera son suficientes para hacerle alcanzar de 0 a 100Km/s en unos 4 segundos. Diferente, pero veloz.

  • Zlatan Ibrahimovic y su hombría al volante


El futbolista sueco tuvo que lidiar en su etapa en el Barça con ciertas bromas debidas a su famosa foto junto a Gerard Piqué. Cuando salía de un entreno, uno de esos programas de televisión a los que no merece la pena hacer mención se inmiscuyó en la ventanilla enseñándole la foto con cierta burla. El futbolista no se lo tomó bien y la contestación fue rotunda.

  • Éver Banega y el coche que lo quería demasiado
Complicados meses en el dique seco vivió el argentino, por aquel entonces en el Valencia, cuando su flamante Audi R8 vio horrorizado cómo su dueño se despegaba de él para pagar la gasolina que acababa de repostar y quiso acompañarle. Lo dramatico del asunto fue que el futbolista no estaba de acuerdo con la decisión de su vehículo y no se le ocurrió mejor remedio que poner su pierna delante para pararlo. El resultado fue una rotura de tibia y peroné y seis meses de baja. Su siguiente coche fue un Ferrari 360, que acabó calcinado a la entrada de la ciudad deportiva de Paterna pocas horas después de que el argentino lo hubiese adquirido.

  • Pandiani para ser feliz quiso un camión 

De la misma manera que pregonaban Loquillo y Alaska hace tres décadas, el Rifle no se lo pensó dos veces a la hora de adquirir un  Iveco rojo allá por 2004, hecho que catalogó como "el sueño de mi vida". El jugador uruguayo también se compró un Mini con la bandera de Reino Unido en el techo cuando se rumoreaba su marcha a la Premier. Un amante de las excentricidades automotrices.

  • Jermaine Pennant y un olvido de casi 200.000 euros
El paso por Zaragoza de Pennant no será demasiado recordado, igual que tampoco lo fue para él un suceso que tardó cinco meses en volver a su mente: se había comprado un Porsche 911 Turbo y se lo había dejado olvidado al lado de la estación de tren de la ciudad aragonesa cuando volvió a Inglaterra para jugar en el Stoke City. Además, el coche estaba personalizado con una placa de matrícula que rezaba 'P33NNT'. Cosas que pasan.


  • El buggy del Chelsea


Quizás no sea un coche propiamente dicho, pero es entretenido. Durante la concentración de pretemporada del verano pasado, Didier Drogba manejaba el buggy que movía por el complejo de entranamiento a su equipo, cuando de repente algo falló y el pintoresco vehículo quedó enganchado. Hazard intentaba aconsejar de manera despreocupada una solución para la situación, Ivanovic reía resignado y Obi Mikel escapaba, casi cayéndose trepando una valla pero acabando con una carrera llena de felicidad tras superar el obstáculo. El resto simplemente miraban la escena, entre divertidos y confusos.

9 ene 2015

El debut profesional más precoz de la historia



   Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Corría el año 2008 cuando Julio César Baldivieso, uno de los mejores jugadores de la historia reciente del fútbol boliviano e integrante de aquella selección que llevó a su país en 1994 a disputar un Mundial por primera vez en 44 años, tomaba el mando del equipo en el que se había retirado como futbolista poco antes, el Club Aurora. En las categorías inferiores del club estaba un joven jugador que ya con 10 años había jugado en la segunda categoría del fútbol de su país, por físico y talento, pero también seguramente por llevar ese apellido tan familiar en el fútbol boliviano: su nombre era Mauricio Baldivieso, hijo del citado Julio César.

Mauricio comenzó a entrenar esporádicamente con el primer equipo tras la llegada de su padre al banquillo, hasta el punto de que el cuerpo técnico (quizás algo subjetivo debido a los lazos familiares) acabó dando el visto bueno a que fuese convocado para un partido oficial. El gran día fue el 19 de julio de 2009, tres días antes de que el futbolista cumpliese 13 años. En aquel encuentro, que enfrentaba al Aurora y La Paz, comenzó desde el banquillo, pero su padre le hizo portador de la camiseta número 10 que él mismo había llevado durante años, y acabó jugando los 10 últimos minutos. No obstante, el debut no fue ideal, ya que Aurora perdió 1-0 en campo rival.

Los problemas comenzaron a llegar poco después del partido. Las críticas hacia el entrenador, acusándole de un trato de favor hacia su hijo y de que si el entrenador hubiera sido otro Mauricio nunca habría debutado a esa edad hicieron que la dirección del club prohibiese la participación del joven en lo que quedaba de torneo, lo que provocó la dimisión de Julio César, y con ella también la marcha de su hijo del club. No obstante, años más tarde padre e hijo volverían a coincidir en su antiguo equipo, y esta vez Mauricio sí pudo ser titular habitual, e incluso llegó a jugar en Copa Sudamericana con 16 años.

A día de hoy tiene 18 años y es convocado habitualmente con las categorías inferiores de la selección boliviana, y se sigue estableciendo como uno de los mayores talentos jóvenes del fútbol de su país, a la espera de conseguir dar el salto a una liga más competitiva. Durante el pasado año se le relacionó con el Vitoria de Bahía brasileño, pero el acuerdo no fructificó.

8 ene 2015

Goles míticos (XXIV): Mauricio Cataldo a Universidad de Chile (2003)


Mauricio Cataldo tuvo una amplia carrera como centrocampista en equipos de su Chile natal. El futbolista santiaguino jugó en clubes como Cobreloa, Unión Española o Audax Italiano, pero seguramente el episodio más recordado de su carrera se produjo durante su estancia en Universidad de Concepción debido al gol que hoy nos ocupa.

El 15 de junio de 2003 se disputaba la vuelta de los cuartos de final de los play-offs del Apertura chileno, y el marcador de la ida había sido un 0-0. En la vuelta, al final de los 90 minutos, el resultado era un empate a 3 goles, con lo que ambos equipos se vieron obligados a disputar una prórroga que se decidía por Gol de Oro. En el minuto 6 de dicha próroga, Cataldo robaba un balón en el costado izquierdo y, tras correr hasta el lateral del área, se sacaba una inesperada rabona que se acabó colando en la portería de Johnny Herrera y que clasificaba a Universidad de Concepción para la siguiente fase, en la que quedarían eliminados. 

7 ene 2015

Luis Enrique y el timón que no responde


  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

El Barcelona comenzó el año de una forma similar a como lo acabó, sin encontrar la forma de acomodar todavía ninguna de las piezas que componen la totalidad del club, no sólo en la parcela deportiva, sino también en lo institucional. Son tiempos complicados en el club catalán, que en unos días sufrió acontecimientos importantes, como el despido del nunca eficiente Andoni Zubizarreta, la marcha de una leyenda como Carles Puyol o la dolorosa primera derrota del año ante la Real Sociedad, en la que el equipo se mostró inoperante en los últimos metros a pesar de monopolizar el balón. Suena también el río con problemas de Messi en el vestuario y división entre los futbolistas.
 
Con este panorama, Luis Enrique se enfrenta a una situación que pocos entrenadores envidiarían. Entrena a uno de los equipos con más prestigio del mundo, sí, pero lo que tiene en sus manos es un regalo envenenado. La situación no es fácil, y quizás no está encarándola desde el punto de vista ideal, sin apoyo y con un estilo en el que nadie parece confiar, menos él. Pasaron meses de competición, pero en mi opinión su valía para el cargo es una incógnita. El contexto en el que todo se desenvuelve hace que no sepa si en una situación diferente habría conseguido buenos resultados.

Luis Enrique quizá no es el ideal para el puesto, pero al menos cree en lo que hace. Sabe de esto, no es un entrenador sin chispa, pero quizás está algún escalón por debajo de lo que debería estar un técnico de un equipo como el Barça, al menos por ahora. Tiene sus ideas y su firmeza a la hora de morir con ellas, pero le falta ese toque de genialidad que sí tuvo Guardiola. Lo que sí posee es personalidad, una personalidad que podría ser su principal aliada para manejar el equipo, pero que se diluye entre la furia en el contexto de desquicio constante que sufre el club

Es también importante recordar que el principio del éxito de la era de Pep Guardiola (y de hecho el ahora entrenador del Bayern puso mucha énfasis en ello), que llegó en una situación similar, en la que un equipo ganador se resquebrajaba, pasó por hacer salir del vestuario a la gente que campaba a sus anchas por él sin ser realmente líderes, sino más bien caciques. Los Ronaldinho, Deco o un Eto'o que finalmente convenció al técnico eran muy buenos, de los mejores del mundo, pero hacía tiempo que habían perdido el hambre y eso hacía que su rendimiento en el campo, venido ya a menos, no compensara los caprichos fuera de él. Fueron marchas dolorosas de futbolistas queridos, pero se permitieron. El técnico actual, no obstante, se encontró con un contexto diferente en el perfil de estrellas acomodadas. Esta vez son gente de la casa, intocables, cuya marcha sería vista como poco menos que una herejía. No obstante, creo que el equipo que gana no es el que tiene al mejor, sino el que tiene el equilibrio ideal entre calidad y ganas de trabajar. Quizás el beneficio que reportaría dejar de tener a los mejores podría traducirse en crear un equipo compensado y con hambre que conseguiría llegar más lejos que un equipo con un futbolista que eclipsa al resto de las estrellas, y más cuando se tiene a otro jugador con condiciones para convertirse en el mejor del mundo cuando llegue el momento. La irrupción de Messi supuso el sacrificio de Ronaldinho, y es muy probable que no veamos al mejor Neymar bajo la sombra de Messi. 

Por otra parte, el ambiente hace ya tiempo que está enrarecido en todos los aspectos, la prensa lleva tiempo sin perdonar ninguna ocasión para crear morbo mediante la crítica, y la afición también exige cosas que hace ya algunos años que la plantilla no está en condiciones de dar, lo que desencadenó una descarga de rabia contenida tras la derrota contra la Real, que si bien fue inesperada, no fue dramática al venir acompañada de otra derrota del principal rival por el título, el Real Madrid. Fue una gran oportunidad perdida de reengancharse a la pelea, pero no una hecatombe. Al fin y al cabo, este Barcelona de los desastres está aún a tiro de piedra del liderato. Puede que ya sea demasiado tarde para Luis Enrique, pero no para un nuevo entrenador que llegue y al que le den la capacidad de estar por encima de sus jugadores, algo vital y que desde la salida de Guardiola no permitieron a nadie que llegara al banquillo del Camp Nou.

29 dic 2014

Chocando contra el muro


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
 
Tras 14 jornadas, es decir, pasado ya más de un tercio de liga, el Deportivo se encuentra penúltimo en la clasificación, empatado a 10 con el colista y ocupando, de esta forma, uno de los tres puestos marcados en color rojo de la clasificación. Es demasiado pronto para hablar de descensos, pero la sensación no es buena y con la media de puntos actual no dan las cuentas. Los partidos transcurren derrota tras derrota, con ciertos empates puntuales, una victoria engañosa frente al Eibar y un partido en el que sí, por una vez, se hicieron muchas cosas bien frente al Valencia.

Cuando un equipo cae en una mala racha, el técnico se ve ante una situación complicada, que sólo pueden levantar los que demuestran tener la suficiente personalidad para ello. Una personalidad que no se basa exclusivamente en empezar a pegar gritos para advertir de la situación a los jugadores, sino en la habilidad para hacer autocrítica, identificar errores, y trabajar desde el minuto uno en solventarlos. Un ejemplo reciente podría ser el Rayo Vallecano de la temporada pasada. Durante muchas jornadas convivieron con el descenso con una racha de resultados nefasta, y Paco Jémez supo ver que algo fallaba. No dejó que su equipo cayese en la autocomplacencia de creer que estaban en el buen camino, y en sus declaraciones advertía que no estaban jugando como debían jugar, mientras iba fórmulas alternativas. Evidentemente, sabía que cuando las victorias no llegan, es que algo estás haciendo peor que tus rivales.

En el caso del Depor, esa autocrítica no llega. El entrenador siempre estimó que se seguía el camino correcto, a pesar de que no se está consiguiendo sacar adelante los partidos. En el caso del último encuentro frente al Málaga es cierto que Kameni paró lo imparable y que en otras condiciones se podría haber conseguido la victoria, pero las ocasiones de gol no hay que juzgarlas como una verdad absoluta, sino como un hecho puntual perteneciente a un conjunto de situaciones mucho más grande y complejo. Se llegó a portería rival, sí, pero lo importante está en el cómo, y en ese aspecto no hay demasiados motivos para felicitarse. El Depor fue un equipo que supo aprovecharse de errores en despejes para montar ataques fugaces aprovechando los espacios de las transiciones fallidas del rival, o que supo encontrar en momentos puntuales un espacio creado más por demérito en la colocación de los contrarios que por la capacidad de buscarlo. Y precisamente esa incapacidad para mover al equipo contrario es un defecto que me sorprende, porque en el fútbol actual es una práctica más que recurrente.

El equipo blanquiazul muestra una evidente carencia de juego horizontal, algo que, sin que este deba de ser un recurso demasiado utilizado en un equipo sin superioridad técnica, es necesario en muchas ocasiones para conseguir superioridad posicional. Los jugadores de ataque buscan siempre el juego directo, ya sea mediante pases o conducciones, pero sin buscar otro camino que no sea el mas vertical, lo que, aunque pueda parecer debido a una eminente vocación defensiva, se traduce casi siempre en una tendencia preocupante al fallo en la toma de decisiones y la consiguiente propensión a la pérdida de balón. El equipo tiene ocasiones, pero dispara muy poco, impresionantemente poco. Sin los datos en la mano, me atrevería a decir que es uno de los equipos que menos tira a portería de Europa, y tampoco pisan área con demasiada frecuencia pero, como digo, sí es cierto que saben crear un puñado de ocasiones por partido. Eso nos lleva irremediablemente a pensar que en la zona de ataque hay jugadores capaces de conseguir ciertas ventajas cuando el balón llega en circunstancias idóneas, pero la raíz del problema viene de más atrás. Un dibujo de mediocampo cuya idea hace aguas, y que no es capaz de suministrar balones al ataque creando a una situación idónea. No se está sabiendo hacer circular el balón de manea que los rivales comprometan sus posiciones defensivas, ya que al buscar siempre el camino más directo se otorga a los contrarios la forma más fácil de defender, la basada en moverse hacia la propia portería guardando los espacios para el pase entre líneas.

Se hace evidente, y los resultados así lo muestran, que el equipo no está jugando bien más que en fases puntuales de partidos aislados, y una de las principales cuestiones está en lo que podría llamarse 'juego inconsciente', es decir, los mecanismos adquiridos. No sé si la incapacidad para dar pausa y respiro al juego es algo premeditado y ordenado o una circunstancia del contexto de ansiedad de esta temporada, pero no hay esa capacidad de templanza, de pararse y dársela a un jugador colocado en mejor situación para leer el contexto del juego. Al equipo le puede el ansia de ir hacia arriba y no saben encontrar espacios, pero es que tampoco lo intentan.

Si nos paramos a pensar en las ocasiones de gol, este equipo llega con peligro a área contraria casi siempre en contragolpes o jugadas rápidas, lo que en algunos casos podría leerse como buena pegada, pero que en el contexto de este equipo me inclino más por pensar que es debido a carencias a la hora de conseguir llegar de una forma más controlada. El mediocampo, como decía antes, es el principal problema en el rompecabezas de Víctor Fernández, ya que no sólo en ataque no consiguen crear una superioridad, sino que en tareas defensivas se aprecia cierta incapacidad para las ayudas, algo que se evidencia en la importante cantidad de oportunidades para probar el tiro desde media distancia que suelen gozar los rivales. Creo que habría que replantearse las funciones de los futbolistas que se encargan de la creación de juego, porque Medunjanin se pasa los partidos corriendo demasiados kilómetros de una manera ineficiente y que sólo hace que llegue tarde a todas las jugadas, Juan Domínguez se ahoga en tareas que no son su especialidad y José Rodríguez escorado a banda pierde aportación en el equipo. También creo que cuando Cuenca entra en el campo debe dársele mucha menos parcela de juego. Su sitio es pegado a la banda, donde sabe crear peligro, y lo estamos viendo con una tendencia demasiado alta a irse al centro, donde acaba perdiendo buena parte de los balones que conduce.

Se busca el ataque rápido, pero sin ofrecer la convicción adecuada para ello. Tras meses de competición, no parece que los mecanismos necesarios a adquirir para que la idea de juego sea fluída estén todavía insertados en el equipo, y eso es grave. Si la razón es que la idea de juego no es compatible con los jugadores o que el trabajo para ponerla en práctica no es el adecuado es algo que sólo pueden saber los que están dentro del vestuario, pero es un problema que hay que afrontar con autocrítica. El tiempo apremia y los resultados no dicen que las cosas se estén haciendo bien.