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14 jul 2015

Los cracks que nos perdimos (IX): Kerlon Moura


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com 


En el mundo del fútbol, el talento no lo es todo. También hace falta saber sacarle partido, y tener la suerte necesaria para que tus habilidades marquen la diferencia. Nuestro protagonista de hoy no pudo, después de destacar durante sus primeros años por su técnica, convertirse en lo que parecía destinado a ser.


  • Kerlon Moura, la 'foquinha' que no supo salir a flote
Kerlon Moura Cruzeiro


Kerlon Moura llamó la atención del mundo del fútbol en el Campeonato Sudamericano sub-17 de 2005. Aquel futbolista destacaba por su habilidad con el balón en los pies y su olfato goleador, y al final del campeonato fue nombrado jugador más valioso y máximo anotador. Era un delantero menudo y frágil, pero de sobrados recursos técnicos, como suele pasar en las estrellas brasileñas, pero en este caso tenía un regate especial y tremendamente efectivo, un movimiento por el que le impusieron el sobrenombre de 'Foquinha'. Kerlon se llevaba con precisión milimétrica el balón desde el pie hacia la cabeza, y avanzaba con el esférico en alto, dando leves toques con la cabeza que hacían complicado que el defensor pudiera robarle el cuero sin hacer falta. Su innovador regate fue una de las sensaciones de aquel torneo, y los principales clubes europeos apuntaron su nombre en la agenda.

Kerlon pertenecía al Cruzeiro, equipo del que ya habían salido genios como Ronaldo, aunque todavía no había jugado demasiado en el fútbol profesional de su país. Ese salto al profesionalismo marcó el principio del fin., ya que cuando Kerlon empezó a jugar 'con los mayores', se encontró un panorama algo distinto a lo que estaba acostumbrado en categorías inferiores. Se enfrentó a defensas con mucha más experiencia y mucha menos paciencia, a los que no les gustaba que un joven bajito les intentara dejar quedar mal con malabarismos, y comenzó a ser objetivo de entradas realmente aparatosas con un claro mensaje: el fútbol es un deporte de contacto, y el contacto es menos doloroso cuanto menos exhuberante es el regate (y cuanto más lejos de la cabeza está el balón). El inexperto jugador se dio de bruces contra esta realidad por primera vez muy rápido, cuando todavía digería su éxito del Campeonato Sudamericano, al sufrir una lesión de tobillo que le hizo perderse más de seis meses de competición tras un duro lance de juego con un rival, una dureza que no fue para nada un caso aislado, sino más bien todo lo contrario [1][2]. Una vez recuperado, sin tiempo todavía para volver a sentirse futbolista, una rotura de ligamento cruzado lo volvió a dejar en el dique seco durante otra larga temporada, haciendo que el talento emergente del Cruzeiro comenzase a ver un futuro muy negro, que todavía lo sería más cuando llegó la tercera mala noticia tras su segunda recuperación: su rodilla izquierda necesitaba intervención quirúrgica, y el túnel no parecía tener fin.

A pesar de todos estos problemas, que le impidieron brillar en el campeonato brasileño, el Inter de Milán todavía tenía su nombre anotado en mayúsculas y decidió confiar en él y darle la oportunidad de llegar al fútbol europeo con un largo contrato, enviándolo primero al Chievo Verona para ver qué tal se adaptaba a Italia. El resultado no fue bueno, y el Inter decidió, a su vuelta, mandarle de nuevo a otro club, esta vez al Ajax, donde apenas se vistió de corto más que para entrenar cuando las lesiones se lo permitían.

En 2011, y viendo el Inter que su proyecto de estrella no iba a despuntar debido a su frágil físico y su tendencia a ser el objetivo de la contundencia defensiva rival, decidió definitivamente enviarlo a cesiones de trámite a equipos menores de su país a la espera de que simplemente acabase su vinculación con el club nerazzurro. Fue así cómo volvió a Brasil para jugar en el Paraná y en el Nacional de Minas Gerais, sin contar tampoco con ningún tipo de suerte y apenas llegando a tener minutos.

Al acabar su vinculación con el Inter en 2012 y hastiado de su poca suerte en el fútbol, decidió aceptar una oferta muy exótica (quizás demasiado) y marcharse a Japón para firmar por el increíblemente modesto Fujieda MYFC, de la tercera categoría nipona. En su nuevo equipo por fin dispuso de una mínima continuidad, hasta que de nuevo volvieron sus problemas de rodilla, que le obligaron a volver a Brasil para operarse y a dejar el fútbol asiático en enero de 2014. Ahí empezaría un año en blanco, probando suerte en diversos equipos pero sin conseguir contratos, hasta que recientemente (marzo de 2015) llegó al fútbol estadounidense. ¿MLS?¿NASL? Lo cierto es que ninguna de las dos, pues el brasileño firmó por el Miami Dade de la APSL para intentar, al menos, volver a disfrutar del fútbol que un día parecía irle a ofrecer tanto y del que finalmente sólo sacó lesiones y decepciones. Esperemos que por fin pueda tener la continuidad necesaria y, quién sabe, alguna nueva oportunidad en una liga mayor, pues a pesar de todo tiene tan solo 27 años.

15 ago 2013

Los cracks que nos perdimos (VIII): Adrian Mutu


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com 

Hay jugadores a los que les pierde su cabeza. De hecho, la gran mayoría de los protagonistas de esta sección tienen cabida porque supieron hacer que la polémica y las malas decisiones siempre les rodeasen. El de hoy es uno de esos casos:

  • Adrian Mutu, el hombre de los mil frentes abiertos


Verlo jugar en uno de sus grandes días nos decía que estábamos ante un futbolista de un talento peculiar, gran golpeo de balón y olfato goleador. Tenía condiciones para conseguir convertirse en algo más (si bien es cierto que consiguió ser la estrella en la mayoría de los equipos en los que jugó) pero no supo centrarse, la indisciplina que mostraba en su forma de jugar se trasladaba también fuera del terreno de juego.

Cuando comenzó su carrera como profesional en Rumanía en las filas del Arges Pitesti en 1996 no se imaginaba que, tras destacar y fichar por el Dinamo de Bucarest, donde acabó de explotar definitivamente, sería fichado por un todopoderoso de Europa como el Inter de Milan. Llegó en el mercado de invierno de la 99/00 y se encontró rivalizando por un puesto con una amplia  nómina de delanteros de calidad como Vieri, Recoba o Zamorano., contienda en la que no salió victorioso y no aguantó más que media temporada en el club neroazzurro.

Tras su breve paso por el Giuseppe Meazza, Mutu llegó al Hellas Verona y más tarde al Parma, donde su gran papel le llevó a ser uno de los fichajes estrella de la primera temporada del Chelsea de Abramovich, al que llegó por 22 millones de euros. Su primer año en Londres tuvo luces y sombras, y su segunda temporada, con la llegada de Mourinho al banquillo todo se torció para el futbolista rumano, ya que tuvo una difícil relación con el técnico. Su situación se agravó con el positivo por cocaina en 2004, que le llevó a ser suspendido 8 meses. Este incidente provocó una larga batalla judicial entre el Chelsea y el futbolista por incumplimiento de contrato, que se resolvió en 2008 condenando a Adrian a pagar más de 17 millones de euros al club inglés (la sanción más alta de la historia impuesta por la FIFA a un futbolista). Desde entonces el jugador se encuentra apelando la multa ante diversos organismos.

Fichó por la Juventus antes de que acabase su segundo año en el Chelsea, pero por la sanción no podía jugar hasta mayo. La temporada 05/06 ayudó al equipo a conseguir el Scudetto, pero la alegría duraría poco, pues precisamente ese año se destapó el escandalo del Moggigate y la Vecchia Signora fue relegada a la Serie B y desposeída del título.

Con el descenso de su equipo, llegó a la Fiorentina, donde llegó recomendado por Cesare Prandelli, con el que ya había coincidido en Parma. Sus primeros momentos en el club fueron felices, fue uno de los mejores jugadores de la liga en su primer año y fue siempre indiscutible, pero la vida en rosa duró poco: En enero de 2010 volvió a dar positivo, fue sancionado por 6 meses y volvió a ser demandado por su club por incumplimiento de contrato, pero esta vez pidió disculpas y todo llegó a buen puerto. Jugó la 10/11 en la Viola y fue traspasado al Cesena, donde firmó dos años pero su contrato fue rescindido cuando el equipo descendió a Serie B, y firmó por el Ajaccio, equipo al que llegó retando a Zlatan Ibrahimovic (sin éxito) y donde continúa a día de hoy, dando unos últimos y arrítmicos coletazos que a veces dejan entrever lo que pudo llegar a ser.

En este año en Ajaccio parece tener intención de asentar la cabeza y pretender tener una vida apacible como estrella del equipo francés. Una de las últimas noticias de las que fue protagonista lo relacionó con una buena acción, su voluntad de adoptar al niño chino que fue lanzado al váter por su madre, aunque sin escapar de la extravagancia, diciendo que lo quería hacer porque Dios se lo había dicho.

6 may 2013

Los cracks que nos perdimos (VII): Mateja Kezman


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com 

 Rescato después de bastante tiempo esta sección dedicada a contar la historia de esos jugadores que se quedaron en el camino de ser lo que se preveía. Hoy hablaremos de un delantero serbio que deslumbró en Holanda y se apagó poco a poco: 

  • Mateja Kezman, el killer al que se le mojó la pólvora

Todo espectador que vio jugar a Mateja Kezman a partir de su desembarco en el Chelsea se quedó con la sensación de que supo aprovechar muy poco su potencial. Y digo a partir de ese momento porque poco antes hacía lo que quería cuando encaraba la portería.

Hijo de Zlatko Kezman, un ex portero que había jugado en las filas del FK Zemun, el pequeño Mateja dio sus primeros pasos en el fútbol alistado en el equipo al que había pertenecido su padre. Allí permaneció durante 10 años, hasta 1996, cuando el Radnicki Pirot (equipo por el que pasaron, entre otros, el actual entrenador de la Lazio Vladimir Petkovic o el héroe deportivista Zoran Stojadinovic) se lo llevó para hacerle debutar en el fútbol profesional con 17 años, y allí dio señas de su olfato goleador y llamó la atención de los grandes de su país. En los dos siguientes años pasó por el FK Loznica y Sartid (actual FK Smederevo, cuna futbolística también del 'Mortadelo' del Cádiz, Nenad Mirosavljevic) antes de fichar por uno de los dos grandes del por aquel entonces país de Yugoslavia, el Partizan, donde llegó a ser el máximo goleador de la 99/00 y obtuvo el empujón necesario para llegar una liga más grande cuando el PSV Eindhoven llamó a su puerta.

En Holanda se desató completamente. Sobrepasó los 30 goles en dos de las 4 temporadas que disputó en el equipo de la Philips, algo sorprendente teniendo en cuenta que en la Eredivise sólo hay 34 jornadas. Era un delantero de garra, de trabajo y amenaza constante en el área rival, aunque prefería el juego raso., y sobre todo con una confianza que le permitía ser capaz de marcar sólo con proponérselo. Puede que, precisamente perder esa confianza en sí mismo fuese lo que hizo que cuando dio el salto a una liga un escalón mayor le hiciese desinflarse. En sus dos últimas temporadas en el PSV coincidió con un joven llamado Arjen Robben con el que formó una dupla bestial, y ambos se ganaron el apelativo de 'Batman y Robben' en la grada del Philips Stadion. Tal fue la fama que ganaron que en 2004, Roman Abramovich fichó a ambos para su Chelsea, en la primera temporada de José Mourinho al frente del equipo blue.

La suerte de Mateja en Londres no fue la esperada. En los 41 partidos que disputó en todas las competiciones sólo pudo hacer 7 goles, una media muy escasa comparada con la de más de uno por partido que había logrado en años anteriores. No pudo hacer nada por competir la posición contra una bestia llamada Didier Drogba y después de un año sin suerte decidió emigrar a España y probar suerte en el Atlético de Madrid ocupando el lugar del campechano Demis Nikolaidis.

En Madrid no le fueron muy bien las cosas. Compartió delantera con Fernando Torres de forma habitual, pero no consiguió marcar más que 8 goles en 30 partidos. El espíritu de killer implacable ya no estaba dentro de ese cuerpo, así que dejó el Vicente Calderón por algo más de 6 millones de euros para desembarcar en el Fenerbahce en la temporada del centenario del club turco. Sus cifras goleadoras en liga siguieron sin llegar a la docena, pero esta vez permaneció más de un año en su equipo. Estuvo en Turquía hasta 2008, cuando el PSG se hizo con sus servicios.

En la Ligue 1 su declive empezó a ser ya una caída en picado. Nunca supo ganarle el puesto a dos jugadores como el siempre sobrevalorado Hoarau y el más sobrevalorado aún Luyindula, y fue un habitual del banquillo del equipo parisino hasta que fue cedido al Zenit en agosto de 2009 para cubrir la baja de Pavel Pogrebnyak, que había firmado por el Stuttgart en verano. Se fue con opción de compra, pero volvió en enero decepcionado, después de no poder ganarse la titularidad debido a que el entrenador Dick Advocaat se la confiase a Fatih Tekke. En noviembre del 2010 rescindiría su contrato de mutuo acuerdo para, unos meses después, firmar un pintoresco fichaje por el South China hongkonés, algo que le sirvió para poco más que jugar un puñado de partidos y criticar duramente la AFC Cup tildándola de 'competición estúpida'.

Al dar por terminado su contrato en South China volvió a Europa para firmar por el BATE, pero no pudo marcar ni un sólo gol ni en liga ni en Champions, donde el equipo quedó eliminado en la fase de grupos. Acabaría su carrera volviendo a South China para participar con el equipo en la AFC Challenge Cup, donde su última acción en un campo de fútbol profesional fue errar el penalty decisivo en la tanda de penaltys del partido por el tercer y cuarto puesto.

19 abr 2012

Los cracks que nos perdimos (VI): Guti


Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com


El caso que hoy trataremos en esta sección ganó Champions, jugó en un grande durante muchos años y llegó a ser internacional, pero muchos nos quedamos con la incógnita de lo que podría haber sido. Nunca disputó un Mundial o Eurocopa.
  
  • Guti, la eterna promesa


Contaba con tan sólo 9 años cuando el Real Madrid lo incorporó a sus categorías inferiores. José María Gutiérrez, al que terminarían llamando Guti, fue aprendiendo a jugar al fútbol en el  equipo merengue, mostrando un talento de futuro crack que hacía a sus entrenadores presagiarle un brillante futuro. Desde muy joven muchos ya profetizaban que llegaría al primer equipo madridista, pero había que esperar. Contaba con 18 años cuando debutó con el Real Madrid Castilla, en 1995, y sólo unos meses después, Jorge Valdano le dio su primera oportunidad en el primer equipo, en un partido contra el Sevilla en el Santiago Bernabeu que se saldó con victoria local por 4-1.

Sus primeros 3 años en el primer equipo fueron de rodaje, cumplía el papel de jugador de recambio mientras cogía experiencia en Primera División, pero en la 98/99 pasó a tener un papel más importante y debutó con la selección española de Camacho. La siguiente campaña, con la llegada al banquillo de Vicente Del Bosque (que se convirtió en su principal valedor) fue el espaldarazo definitivo que le llevó a conseguir un papel de peso en el equipo. Guti participó activamente en la consecución de la 8ª Champions League de la historia del Real Madrid cuando contaba con tan sólo 23 años. Un jugador de leyenda parecía estar llegando. Pero pasaban las temporadas, y aunque jugaba partidos y deslumbraba por momentos, algo fallaba. A pesar de ser uno de los jugadores con más talento de la plantilla, no llegó a hacerse con la titularidad en casi ninguna de sus muchas temporadas vistiendo de blanco. Se le acusaba de falta de profesionalidad y de estar más pendiente de lo que pasaba fuera del campo.

Su carencia de esfuerzo le llevó a convertirse en el habitual jugador número 12 en lugar del jugador total al que aspiraba convertirse. Se vio envuelto en diversos incidentes extradeportivos y aparecía en un tipo de prensa que no tenía nada que ver con el deporte demasiado a menudo. En algunos partidos de importancia se borraba de las convocatorias o desaparecía en la inmensidad del campo. Cuando Del Bosque se fue, la sucesión de entrenadores que llegaron fueron, alternativamente, considerándolo una pieza clave de su proyecto o relegándolo a suplente con gran facilidad.

La llegada de Schuster a punto estuvo de hacer que abandonara el club, pero finalmente el técnico alemán terminó por convencerse de su valía y le hizo sentirse importante. De hecho, en la primera temporada que 'el ángel rubio' dirigió al conjunto merengue, el nivel ofrecido por Guti fue el mejor en mucho tiempo, y se convirtió en el máximo asistente del campeonato. Todo se terció con la destitución del alemán y la llegada de Juande Ramos, que se olvidó del canterano y lo hizo pasar absolutamente desapercibido. A Juande no le gustaban los jugadores volubles.

En 2009 Florentino Pérez, que siempre mostró predilección por Guti, volvió a la presidencia del club merengue, y se llevó a Manuel Pellegrini de la mano. El chileno estaba dispuesto a volver a hacerle sentir importante, pero el jugador mordió la mano que le iba a dar de comer y se las apañó para emprender una campaña de desprestigio contra su nuevo jefe que terminó por empañar completamente su temporada, que a la postre sería su último año en Madrid. José Mourinho ni siquiera consideró contar con él en su proyecto.

Salió por la puerta de atrás de su club de toda la vida para firmar por el Besiktas. No llegó a triunfar en Turquía, y después de estar poco más de un año  en tierras otomanas, decidió rescindir su contrato de mutuo acuerdo. A día de hoy sigue sin equipo, y a pesar de que se vinculó con algunos proyectos, parece poco probable que pueda volver a vestir la camiseta de otro equipo profesional. Por fin tiene inmunidad para hacer todo lo que hacía pero no debía.

Guti fue un jugador con un talento desbordante, un talento mayor del que él mismo creyó tener. Fue durante mucho tiempo el jugador con mejor técnica del Real Madrid, y su mejor nivel no lo eclipsó casi ninguno de los cracks que pasaron por las filas del conjunto merengue, aunque su irregularidad lo condenó. Nos quedamos con la duda de qué podría haber sido de este jugador si tuviera la mitad de coraje y capacidad de sacrificio de su compañero Raúl. Si pudo permitirse ser un crack sin esforzarse, con un poco de trabajo pudo ser leyenda. Una lástima.

5 abr 2012

Los cracks que nos perdimos (V): Jonathan Valle


Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

Es el turno de un futbolista español. De él se dijo que sería la futura estrella de la selección española, pero su realidad fue muy distinta.  
 
  • Jonathan Valle, el niño prodigio que no supo llevar la fama


Saltó a la fama nacional con 11 años, en el Torneo de Brunete de 1996. En dicho torneo destacó por encima del resto y fue nombrado mejor jugador de la competición, en la que también participo un chaval llamado Andrés Iniesta. Llamó la atención de equipos de primer nivel europeo, por lo que el Racing se dio prisa para conseguir convencerlo de permanecer en sus categorías inferiores. Era tal la confianza en su futuro que el entrenador Gustavo Benítez se lo llevó en 1999, cuando contaba con tan sólo 14 años, a una concentración de pretemporada en Holanda con el primer equipo. Su ascenso hacia la máxima categoría fue meteórica, y su primer partido en 1ª División le llegó en 2003, cuando contaba con 18 años, firmando su primer contrato profesional pocos meses después.

Por esta época empezaban a intuirse los problemas que suele acarrear el éxito a edades tempranas. A menudo se veía implicado en situaciones extradeportivas polémicas (mención aparte merece su interés por el boxeo, llegando a entrenar para convertirse en boxeador) y el público racinguista empezaba a hartarse de que su eterna promesa fuese noticia más por lo que hacía fuera del campo que por sus buenas actuaciones futbolísticas. Después de 3 temporadas con el primer equipo en las que no pudo ganarse la confianza de los entrenadores, el club decidió buscarle una cesión para intentar alejarlo de sus problemas, con lo que recaló en el Málaga, por aquel entonces en 2ª división.

Demostró en su periodo de cesión que podía ser un buen jugador, y regresó a Santander con Marcelino (entrenador por aquel entonces) dispuesto a darle un papel importante, aunque una lesión lo dejó fuera de los terrenos de juego durante 6 meses, haciendo que apenas pudiera disputar 10 partidos aquella campaña. Con la llegada de Muñiz al banquillo del Racing se le comunica que el club no cuenta con él, por lo que llega cedido a la Ponferradina, donde se convierte en pieza clave y consigue unos números que hicieron pensar en la vuelta de su mejor nivel. Esta actuación no sirvió para convencer a su equipo de toda la vida, por lo que se desvinculó finalmente del club cántabro para recalar en el Castellón, donde sólo jugó media temporada sin cumplir las expectativas, y regresó en el mercado de invierno como cedido a la Ponferradina

En su vuelta al equipo berciano consiguió dar una contribución necesaria para que por segunda vez en su historia lograsen el ascenso a 2ª División, aunque no pudo acompañar a los blanquiazules en la categoría de plata debido al final de su cesión. En agosto de 2010 el Castellón le dejó marchar libre al Leganés, en un proyecto hecho para buscar el ascenso. Las cosas no salieron bien, y a pesar de acabar en las posiciones de arriba, se quedaron sin la posibilidad de subir, en una temporada en la que Jonathan tuvo problemas con las lesiones. En verano de 2011 volvió a hacer las maletas tras ser liberado y tuvo problemas para encontrar un nuevo equipo. Sonó para varios clubes pero no pudo llegar a un acuerdo con ninguno, por lo que terminó tomando parte en las jornadas de la AFE para futbolistas en paro. Destacó y el Rubin Kazan optó por darle una oportunidad de volver a jugar en primer nivel. A día de hoy sigue en Rusia, esperando recuperar el tiempo perdido.

29 mar 2012

Los cracks que nos perdimos (IV): Joe Cole


Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

 Seguimos con esta serie de artículos con un jugador que todavía sigue en activo y a primer nivel, pero con el que a muchos nos quedó la incógnita de a qué podría haber llegado.




  • Joe Cole, un talento que no pudo escapar de las lesiones 

Joe Cole apareció por primera vez en los medios ingleses con la etiqueta de niño prodigio y se le relacionó desde muy joven con los grandes de Inglaterra. Cuando contaba con sólo 16 años se dijo que el Manchester United ofreció por él 10 millones de libras al West Ham, pero el traspaso nunca se llevó a cabo. Su progresión en las categorías inferiores del equipo 'Hammer' fue tan clara que debutó en el primer equipo con 17 años y con 21 el entrenador Glenn Roeder le hizo capitán.


Después de unos años siendo una de las estrellas destacadas del equipo londinense, y tras el descenso de 2003, emigra a los vecinos de Stamford Bridge para jugar en el Chelsea como uno de los primeros fichajes del ambicioso proyecto de Abramovich y pronto se hizo con la titularidad, siendo una de las piezas clave que consiguieron el campeonato de Premier League en 2005. Las cosas iban bien para el habilidoso  atacante, en 2006 firmó una renovación de contrato que aseguraría su estancia en el equipo blue durante otros 4 años y además pudieron revalidar el título liguero nuevamente con Cole como hombre destacado. 


Todo empezó a torcerse tras el Mundial de 2006. Mientras realizaba la pretemporada sufrió una lesión que le trajo problemas durante todo el año, y que le llevó a operarse en enero de 2007 y a jugar pocos encuentros esa temporada, aunque llegó a tiempo para disputar y ganar la FA Cup en una final ante el Manchester United. El 07/08 fue un curso más tranquilo, en el que tuvo regularidad y su nivel volvió a ser el de sus buenos años, llevándole a ser elegido mejor jugador del equipo. El Chelsea se quedó a las puertas de ganar la Champions League, pero después del fracaso de la final, empezó una nueva etapa, con Scolari al cargo, en la que Cole viviría de nuevo un calvario. Una lesión de rodilla le privó de disputar gran parte de la temporada y le hizo perderse también la preparación veraniega.


El nuevo entrenador, Carlo Ancelotti, quiso devolverle la confianza en su vuelta a los terrenos de juego, y le dio el brazalete de capitán durante algunos de sus primeros partidos tras la lesión. Las molestias no aparecieron, pero ya no era el mismo jugador. Sufría de la incertidumbre propia del miedo a recaer, y sus buenas actuaciones no eran tan abundantes como en sus mejores tiempos. Esto hizo que el Chelsea lo dejase marchar al finalizar su contrato, no sin antes ganar su 3ª FA Cup como jugador blue. Su nuevo destino fue el Liverpool.


Roy Hodgson tenía confianza en su nueva contratación. Le dio el número 10 y lo trató como fichaje estrella, pero su suerte en el equipo red no fue la esperada. Tuvo partidos memoables, combinados con épocas de absoluta irregularidad, y terminó la temporada con el equipo buscándole una salida, que encontrarían mediante una cesión al campeón francés, el Lille, para darle la oportunidad de demostrar que podría volver a ser el de antes.


En lo que va de campaña, el jugador inglés está siendo uno de los mejores de su equipo, ayudando a mantener a los de Rudi Garcia en los primeros puestos de la Ligue 1 y despertando intereses de equipos como el PSG. Está por ver si volverá a vestir del rojo del equipo de la ciudad de los Beatles, pero a sus 30 años todavía está a tiempo de recuperar el tiempo perdido.


Esta es la historia de un jugador con un talento que pudo llevarle a lo más alto, pero las lesiones le privaron de una continuidad vital en el momento menos oportuno, aunque no le impidieron ser un futbolista importante y de reconocida calidad.

18 mar 2012

Los cracks que nos perdimos (III): Ronaldinho Gaúcho


Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

Llegó a ser el mejor del mundo, pero sin duda me parece uno de los mayores (si no el mayor) casos de futbolistas que pudieron llegar a mucho más. Hoy el el turno de Ronaldinho Gaúcho.

  • Ronaldinho, el talento que levantó al mundo   

    Hubo un día en el que en Brasil apareció un chaval que apenas era mayor de edad y ya levantaba los aplausos de los más veteranos. En su infancia había demostrado que en sus botas había un potencial que podría convertirse en oro, pero no fue hasta que empezó a destacar con el primer equipo del Grêmio de Porto Alegre cuando se confirmó que su talento podía llevarle a ser un jugador inmenso. El Mundial sub-17 de Egipto lo había consagrado como una de las mayores promesas del fútbol mundial y ya en su segunda temporada como profesional fue llamado a la canarinha por Vanderlei Luxemburgo para debutar en un amistoso previo a la Copa América de 1999, convenciendo al seleccionador para que lo convocase para la gran competición sudamericana y pocos días después para la Copa Confederaciones del mismo año, donde marcó en todos los partidos menos en la final, en la que Brasil perdió ante México. A pesar de la derrota, Ronaldinho consiguió el Balón de Oro y la Bota de Oro del torneo, lo que hizo que los clubes europeos soñasen con su contratación, ya que a sus éxitos internacionales se unía su buen hacer con Grêmio, dónde era la estrella indiscutible a pesar de que apenas llegaba a la veintena.

    El equipo más decidido a la hora de hacerse con sus servicios fue el PSG, que se lo llevó por 5 millones de euros, ofreciéndole un contrato por 5 años. Aunque empezó sin conseguir ganarse del todo la titularidad (Luis Fernández, su entrenador por aquel entonces, decía que estaba demasiado pendiente de la noche parisina), su segundo tramo de temporada fue impresionante y le valió para ser convocado por Scolari para jugar su primer Mundial, en Corea y Japón, formando una 'triple R' envidiable junto a Rivaldo y Ronaldo y marcando un gol de cine a David Seaman que el portero inglés todavía recordará.

    Su buena actuación veraniega hizo que su caché subiese como la espuma, y en la siguiente temporada consiguió ser el nuevo número 10 del PSG, número heredado del mítico Jay-Jay Okocha. Su segunda y última temporada en París no fue tan impresionante como la primera, pero aún así sus actuaciones lo elevaban al nivel de crack, haciendo que en 2003 existiese una severa pugna entre equipos de primer nivel (entre los que destacaba la lucha entre Real Madrid y Barcelona) por hacerse con sus servicios. Finalmente, y tras meses de negociaciones, Laporta y Rosell consiguieron convencerlo y lo unieron a su proyecto como nueva estrella culé

    En su nueva etapa debutó con gol en un amistoso veraniego ante el Milán, pero una lesión lo apartó del equipo durante el primer tramo de campaña, regresando para ayudar de forma valiosa al equipo de Frank Rijkaard a terminar en segunda posición la campaña 03/04. Para los más jóvenes y despistados, que estarán pensando, aplicando la lógica reciente, que aquella liga la ganó el Real Madrid, cabe destacar que el campeón aquel año fue el Valencia, y que el equipo merengue acabó 4º por detrás del Deportivo.

    Ya en la 04/05, Ronaldinho fue el líder que llevó al Barcelona a ganar el título de Liga, algo que le hizo ganar el FIFA World Player en 2004 y revalidarlo en 2005. El brasileño empezaba a ser un habitual ganador de premios individuales que lo coronaban como el mejor futbolista del mundo (ganó un balón de oro en 2005) y estaba en el mejor momento de su carrera. Su temporada inolvidable llegó en la 05/06, en la que el equipo de Rijkaard consiguió tres títulos, la Supercopa, la Liga y la Champions, con Ronaldinho (que ese año llegó a  ser aplaudido en el Bernabeu) y Eto'o en su mejor momento, aunque también fue el principio del fin del momento dulce de esa etapa dorada del club. En la siguiente campaña empezaron a aparecer rasgos de que algo empezaba a fallar en el engranaje del ataque culé. Su nivel seguía siendo considerable, pero no llegaba a deslumbrar tanto como anteriormente, aunque terminó como máximo goleador del equipo. Además, tuvo algunos problemas con su compañero Samuel Eto'o.

    El ocaso del idilio del jugador de Porto Alegre con el éxito llegó en su última campaña en Barcelona, la 07/08. Su forma física se deterioraba de manera preocupante, y su vida extradeportiva parecía ser más importante para él que lo que ocurría dentro del campo. Henry le quitó el puesto y su futuro parecía estar muy lejos del Camp Nou. El fin de la era Ronaldinho marcó también el término del esplendor del Barcelona de Rijkaard.

    Tras la llegada de Guardiola se marchó al AC Milan, en busca de un nuevo reto. Empezó bien su primer año, pero su estado de forma seguía siendo malo y nunca llegó a ser indiscutible en el esquema de Carlo Ancelotti. Su 2º año estuvo plagado de altibajos. Hubo momentos en los que mostró su mejor nivel y se convirtió en el jugador más valioso del equipo, pero también atravesó etapas en las que partía siempre desde el banquillo.  La primera mitad de la 10/11 serían los últimos meses de estancia en San Siro, antes de regresar a Brasil para jugar en el Flamengo, donde aún continúa dejando muestras de su calidad y jugando esporádicamente con la canarinha.

    Esta es la historia de un jugador que no quiso ser leyenda. El mayor talento que pude ver en directo y que podría haber llegado a ser uno de los 3 mejores jugadores de la historia, pero que decidió 'acabar' su carrera con 26 años.

    9 mar 2012

    Los cracks que nos perdimos (II): Adriano


    Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

    Después de hablar hace un par de días de Sebastian Deisler, toca hoy hablar de uno de los casos de desperdicio de talento más evidentes de los últimos años:

    • Adriano Leite, el emperador que malgastó su imperio


    En 2001, Massimo Moratti anunciaba con orgullo el fichaje de un joven brasileño de 19 años al que presentaron como 'el nuevo Ronaldo'. Sus condiciones para la practica del fútbol, tanto físicas como técnicas, eran abrumadoras y hacían presagiar el mejor de los futuros para un delantero que tenía toda su carrera por delante. Su andadura en Milán no podría haber empezado mejor, su debut llegó en el Trofeo Santiago Bernabeu de ese mismo año y en los 10 minutos que estuvo sobre el campo anotó el gol que dió la victoria a su equipo ante el Real Madrid con un zurdazo que habría firmado el mismísimo Roberto Carlos. Parecía que todo iba bien. El joven Adriano necesitaba todavía acabar de pulirse, por lo que se decidió cederlo a la Fiorentina en la segunda mitad de la 01/02, donde mostró buenas maneras. Pero su explosión llegó en su etapa siguiente, su estancia en el Parma, equipo al que llegó en copropiedad. Sus números fueron de escándalo y el Inter no se lo pensó a la hora de repescarlo.

    Sus dos primeros años en el equipo neroazurro siguieron la tónica marcada en Parma, y el mundo del fútbol miraba con admiración a aquel portento al que se le auguraba el mejor de los futuros. En 2005 renovó su contrato por 5 años y algo empezó a fallar. Su rendimiento bajó de forma alarmante, se hizo habitual verlo en  fiestas con un ritmo imposible de compaginar con el deporte al alto nivel, faltaba a entrenamientos sin previo aviso y los excesos eran la tónica habitual de su día a día. Los castigos de Roberto Mancini y Dunga (seleccionador brasileño por aquel entonces) con intención de que cambiase su comportamiento no surtían efecto alguno y su estado de forma comenzó a empeorar a un ritmo preocupante. Se dijo que la muerte de su padre lo cambió por completo y lo llevó a unos hábitos que nunca debió probar.

    Después de unas últimas temporadas desastrosas en el Inter, con numerosas ausencias injustificadas y desapariciones mismteriosas incluidas, fue cedido al Sao Paulo, para intentar que en su país de origen volviese a ser el de antes, aunque la realidad fue muy distinta. No pudo ni debutar en liga, ya que su comportamiento provocó que la directiva del club paulista lo devolviese al Inter, alegando que rompía el buen ambiente del vestuario. A Moratti no le quedó otra que darle una última oportunidad. Si José Mourinho, su nuevo entrenador, no era capaz de enderezar su rumbo, nadie podría. Comenzó bien la temporada, pero en 2009 las cosas se complicaron. Se ausentó prolongadamente en su estancia en Brasil de forma reiterada cuando asistía a partidos con la canarinha sin dar señales de vida, y la gota que colmó el vaso fue una famosa y polémica fiesta que destapó la prensa en marzo de aquel año, de la que Adriano fue anfitrión. Al Inter se le acabó la paciencia y rescindió su contrato.

    Llegó al Flamengo, donde sus cifras y juego volvían a recordar vagamente a aquel jugador que maravilló a Europa años atrás, por lo que la Roma le ofreció la oportunidad de regresar al Calcio, con resultados desastrosos, y 7 meses después de firmar rescindió su contrato con el equipo de la capital italiana para firmar el pasado verano con Corinthians, donde pernanece a pesar de algún que otro escándalo reciente.

    Esta es la historia de un jugador que pudo marcar una época si hubiera querido, pero aún así consiguió superar los 100 goles en la Serie A.

    7 mar 2012

    Los cracks que nos perdimos (I): Sebastian Deisler


    Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

    Comienzo hoy una serie de artículos sobre esos jugadores que apuntaban muy alto y que todos daban por hecho que se convertirían en los próximos ídolos del mundo del fútbol pero qué, por una razón o por otra, se quedaron en el camino y no pudieron convertirse en lo que un día prometían. Todavía no sé de cuantos artículos constará la serie, pero hay suficientes casos como para hacerla casi infinito. El primero será un futbolista con un talento privilegiado, pero sobre el que cayó la maldición de las lesiones:

    • Sebastian Deisler, el genio que no supo salir del pozo 

    Hace una década, Alemania se fijaba en un chaval de apenas 20 años que llamaba la atención de forma poderosa cada vez que saltaba al campo.Maravilló en sus inicios en el Borussia Monchengladbach y se confirmó en el Herta como la mayor promesa del momento en el país germano. Su diestra era capaz de hacer magia y Deisler confiaba en ella de forma notable. El campo era su refugio, el lugar donde más cómodo se sentía y todo parecía sonreirle, los principales clubes del país lo seguían de cerca. Debutó con 19 años en la Mannschaft y se esperaba que fuese uno de los hombres clave del equipo nacional dirigido por Rudi Völler en el Mundial 2002, pero no pudo ser. Una lesión de rodilla le dejó KO poco antes de la gran cita.

    A pesar del revés, el Bayern lo fichó con el cartel de estrella apenas superada la veintena y con confianza en su recuperación. El propio Deisler encaraba el fichaje con optimismo, pero se equivocó. Su nueva etapa, que sería un sueño para cualquier jugador alemán, se convirtió pronto en pesadilla. Su rodilla derecha nunca dejó de dar problemas, y las lesiones fueron continuas. Nunca consiguió tener regularidad debido a los problemas físicos, que se cebaban con su pierna derecha que tantas alegrías le había dado. No supo hacer frente a la situación, su personalidad era demasiado frágil y llegó a verse internado en varias ocasiones en centros psiquiatricos para tratar sus continuas depresiones. Después de numerosas vueltas al fútbol que se vieron pronto frustradas por nuevos problemas se vio sin fuerzas para continuar y en 2007, con tan sólo 27 años de edad, Deisler puso fin a su carrera, una carrera que en otras condiciones habría sido (y todavía seguiría siendo) brillante.