El doble llanto de Siria

10 oct. 2017

El doble llanto de Siria


  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

El hecho de que la situación social en Siria dista mucho de ser la ideal no necesita ser explicado, pues es ya algo desgraciadamente conocido por todo el mundo. Durante los últimos 7 años, un conflicto bélico cuyo fin no puede divisarse asola su territoria de manera totalmente inclemente, dejando cifras de muertes civiles escalofriantes. No obstante, dentro de ese sufrimiento real existió durante un tiempo un oasis virtual que, en cierto modo, otorgó un poco de alegría a un pueblo que no tiene muchas ocasiones para disfrutarla en su contexto: el buen papel de su selección durante la clasificación para el mundial de Rusia.

Por supuesto, en una situación tan desastrosa como la que se vive en el país árabe, no se puede decir tampoco que la figura de la selección se mantenga incontestable como un símbolo nacional. En un panorama politizado hasta el extremo, muchos detractores de Al-Assad ven al equipo nacional como un instrumento propagandístico del gobierno del país. No obstante, el fútbol no es política, y al fin y al cabo la población sabe que ese equipo es el único que tienen para representar a su país en un simple juego capaz de levantar pasiones.

La selección siria de fútbol disputó una clasificación para el mundial 2018 que nadie se esperaba. No fue un camino fácil para un equipo que debido a la guerra civil que azota el país se vio obligado a buscar refugio en el extranjero para disputar sus partidos como local. Tras hacerlo durante un tiempo en varios emplazamientos en diferentes países árabes sin ser bien recibidos allí donde iban, consiguieron asentar su casa finalmente en territorio malayo donde las cosas empezaron a ir muy bien. El combinado sirio se mantuvo invicto en su improvisada casa durante toda la fase de grupos, y un empate en el último momento del último partido contra Irán (esta vez como visitantes) les otorgó un puesto en la repesca. Tenían el Mundial, una cita que nunca en su historia habían disputado, a sólo un paso. Dicho paso no era fácil: en su camino se erigía la siempre complicada Australia.

Uno de los factores clave de este buen hacer fue la unión para la causa de muchos jugadores 'exiliados' con los que no se contaba hasta ahora por temas personales o políticos. La figura más reseñable dentro de estos casos es la del capitán Firas Al Khatib, que al poco de estallar la guerra prometió no volver hasta que su país estuviese en paz. No obstante, a lo largo de esta clasificación decidió regresar para ayudar a su país a conseguir un objetivo que se les llegó a poner muy cerca.

Como dije, sólo Australia se interponía en el camino de una selección errante que se había enfrentado hasta ese momento a todo sola ante el peligro, disputando sus encuentros como local en un estadio totalmente vacío a mucha distancia de su verdadera casa y con muchos compañeros muertos o desaparecidos en el recuerdo. Desde su país, pantallas gigantes se disponían durante algunos partidos importantes en la principal plaza de una desolada ciudad de Damasco que se teñía así durante los días de fútbol de un color diferente al gris de la vida cotidiana, y quizás saber eso bastaba para que los jugadores se sintiesen arropados para hacer un buen papel. Pero la hora de la verdad fue cruel, y tras conseguir un resultado bastante bueno en la ida en casa (1-1), volvieron de su visita a Australia para el partido de vuelta sin su ansiado premio: a pesar de que lucharon hasta el final y llevaron el partido hasta la prórroga, un gol de Tim Cahill en el minuto 109 les privó de la felicidad.

Al fin y al cabo sólo era fútbol, sólo era un trivial juego dentro del horror de la vida real, pero si de algo es capaz este deporte es de hacer olvidar durante 90 minutos todo lo demás. El juego se acabó para un pueblo sirio que llora ahora doblemente, por lo realmente importante y por lo que no era tan importante pero que sí ilusionaba. Un sólo partido privó a un país de disfrutar durante el mundia de Rusia  de un mes de ilusión cuando tan cerca lo habían tenido.

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