17 mar 2016

Fútbol, odios políticos e imcomprensión




    Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

El tema que trataré hoy tiene poco que ver con el fútbol. No se hablará de nada que se pueda ver en Miguel Ángel Román, protagonista del incidenteun terreno de juego, sino que atañe a temas más importantes que un simple juego. Si se habla de ello aquí es simplemente porque ocurrió alrededor de un evento futbolístico, pero quizás haya que reconocer que no pinta mucho en un lugar en el que se pretende hablar de este deporte sin caer en contenidos transversales. No obstante creo que es un fenómeno suficientemente relevante como para dedicarle unas líneas.

En el día de ayer, durante la retransmisión del partido de Champions League entre el Bayern de Munich y la Juventus, el comentarista Miguel Ángel Román tuvo un lapsus en el descanso, pensando que en ese momento no estaban emitiendo. Un despiste que le llevó a hablar de la manera en la que, supongo, lo hace habitualmente con sus compañeros de beIN Sports a micro cerrado: en catalán. La sede de esta compañía de retransmisiones deportivas está en Barcelona y, por ello no parece para nada descabellado que la lengua habitual en sus instalaciones sea una de las dos cooficiales en la región. No obstante, es lo que me parece a mí, pues algunos espectadores acudieron raudos a las redes sociales a increpar tanto a Miguel Ángel Román como a su compañero de retransmisión, Axel Torres. Este último se hizo eco en su cuenta de Twitter de algunos comentarios realmente fuera de lugar, que piden respeto dando sólo odio a cambio:





Supongo que para una persona que no vive el día a día en una región en la que coexisten varias lenguas oficiales puede resultar chocante ver que alguien que posee dos idiomas maternos pueda intercambiar entre ellos con naturalidad sin que eso signifique un acto independentista, siendo un simple acto de costumbre. Yo no tengo ni idea de la ideología de este comentarista agraviado, ni tampoco me importa ni lo más mínimo. De lo que estoy seguro es de que que alguien ejerza su derecho a utilizar el idioma que le apetezca cuando todos los presentes lo entienden (hay que recalcar que Román no sabía que estaba en el aire) no es una falta de respeto, pero reprocharle a alguien que lo haga sí que lo es. Ni simpatizo con el proceso independentista catalán (para empezar porque no es algo que me incumba a mí) ni tampoco - cubriéndome las espaldas, porque sé cómo funciona esto - con ningún equipo catalán. No obstante, me es imposible no defender a alguien cuyo único 'error' fue hablar en su lengua cuando no sabía que le estaban escuchando fuera de la habitación, y mostrar mi total rechazo a actitudes de incitación al odio que parten posiblemente del desconocimiento de lo que es el bilingüismo y de lo cotidiano que es cambiar entre idiomas según el contexto en los lugares en los que sucede este fenómeno. 

Me sorprende ver a tanta gente que piensa que la intolerancia está en otras culturas y que se siente muy agraviada (con razón) cuando alguien viene de fuera imponiendo sus costumbres, pero que a la vez no tolera que alguien hable como le apetezca en su ámbito privado (volviendo a recordar que para él, aquella situación lo era). Si desde Catalunya no se hace mucho últimamente por la convivencia, no puede decirse que desde el otro bando la cosa sea muy diferente. Ningún problema se resuelve con intolerancia mutua, ni con multitudes de gente subiéndose como borregos a un carro, el de la crítica destructiva, que no lleva a ningún sitio más allá que el del eterno conflicto.No obstante, hay que tener una cosa clara: La gente que pregona y disfruta esta cultura del odio son abrumadora minoría. Simplemente su bombo y platillo les hace ser más ruidosos que el resto.

14 mar 2016

Fútbol instantáneo (VIII): El gol de la escupidera



 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Es una práctica milenaria en todo patio de colegio en el que se practica el fútbol. Un gesto que busca el máximo aprovechamiento de la frustración del contrario cuando este sabe que va a encajar un gol. No obstante, en el fútbol profesional también tuvo sus practicantes. El de hoy es un ejemplo de ello. 

'El gol de la escupidera'


Francisco Criado Jurado, conocido futbolísticamente como Quirro, fue un delantero cordobés de las décadas de los 50 y 60. Tras iniciarse como profesional en el Sevilla, donde no tuvo muchas oportunidades, vivió sus mejores años en Segunda División, entre Cádiz y Huelva. Fue precisamente durante su estancia en el Recreativo cuando tuvo lugar el que probablemente fuese el momento más peculiar de su carrera como futbolista.

En la temporada 58/59, el equipo onubense había preparado un ambicioso proyecto para conseguir el ascenso a Segunda que se le llevaba resistiendo un par de años, desde su último descenso. Jugadores de calidad y con pasado en la máxima categoría española, como el protagonista de nuestra historia, llegaron a Huelva para llevar al equipo a la categoría soñada, y lo cierto es que lo consiguieron de manera brillante, con una sola derrota en 30 partidos en la que por aquel entonces era la Tercera División (que equivalía, en cuanto a posición en la pirámide, a la actual Segunda B).  

Tras este paseo militar, llegaba el escollo más importante para conseguir el objetivo: la promoción de ascenso. Después desembarazarse sin problemas del Calvo Sotelo, el rival más duro posible se interpuso en el camino del equipo andaluz. El Albacete, el otro gran favorito al ascenso, sería el último obstáculo para conseguir el ansiado ascenso.

La eliminatoria fue muy accidentada. El partido de ida, en tierras manchegas, se saldó con un disputadísimo 1-1 y con palpable tensión en el ambiente. Los locales acabaron el partido crispados ante las decisiones del árbitro, que juzgaban como perjudiciales para sus intereses y claramente erróneas, y todo acabó en una trifulca que tuvo como resultado la agresión al colegiado por parte de un puñado de jugadores del Albacete y duras sanciones a los implicados. También se produjo el lanzamiento de objetos desde la grada, con la consiguiente multa para el equipo de casa.

Aquel primer partido no sólo enrareció el ambiente y creó un caldo de cultivo para que una marcada rivalidad surgiera de cara al partido de vuelta, sino que además provocó que los manchegos viajaran a Huelva con numerosas bajas. El Recre lo tenía todo de cara y no fallaron, consiguiendo manejar el partido y llegar a los últimos minutos del mismo con un cómodo 2-0. 

No obstante, la traca final se la reservó Quirro para el minuto 88, cuando un balón largo llegó a sus dominios. El delantero andaluz corrió hacia la bola y, al ver al portero muy adelantado debido al contexto del encuentro, inició una rápida carrera hacia portería, dejando atrás al guardameta y llegando a la línea de gol con sobrada holgura como para no ser alcanzado por nadie. Tan clara vio la situación que optó por sentarse cómodamente sobre el esférico durante un par de segundos, mientras el portero volvía con paso resignado a su meta. No fue hasta que el rival se acercó suficiente cuando el delantero se decidió a darle un taconazo que llevó el balón hacia dentro de las mallas, sentenciando definitivamente el encuentro y certificando el ascenso del Decano, que no consiguió mantener la categoría al año siguiente.

12 mar 2016

El pegamento evanescente del Depor


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


El Depor de Víctor ofreció en la primera vuelta un fútbol de gran nivel y efectividad. Consiguieron cerrar la primera mitad de campaña en puestos europeos e ilusionar a la afición, así como maravillar a los competidores por nunca dar un encuentro por perdido y poner a algunos de sus jugadores en la agenda preferente de algunos equipos importantes. Eran días de gloria que, no obstante, terminaron de manera brusca de la noche a la mañana. Lo que antes eran victorias que llegaban hasta cuando no se merecían, ahora son tropiezos e inoperancia para sacar adelante los partidos incluso cuando se ponen de cara. Ya no se sueña con entrar en competición europea, sino que se mira hacia el descenso con cierta inquietud.

Debemos hacernos, ante este cambio sin previo aviso de la situación, una pregunta evidente: ¿Qué pasó? ¿Cuál fue la semilla de esta incómoda situación? La respuesta es sencillamente aterradora: Pasan demasiadas cosas. Un entramado defensivo que hace aguas en cada balón colgado y que cuando falta Sidnei se deshace, pues el brasileño es capaz por físico y condiciones de corregir fallos de sus compañeros como ningún otro en el equipo, una portería (aunque soy de la idea que Lux es un portero suplente muy decente para un equipo que se presupone de zona baja) que no está tan brillantemente cubierta como el curso pasado, numerosas imprecisiones en la salida de balón que suponen sustos e inquietud continua y, sobre todo, un sistema ofensivo que ya no hace daño.

El Blitzkrieg del Depor ya no funciona. El sistema era efectivo, simple y atípico, ingredientes que le hicieron triunfar durante meses, pero a la vez venía acompañado de un grandísimo fallo: resulta considerablemente fácil de defender si se espera de antemano. Los rivales se acostumbraron a enfrentarse a un recurso que a su vez era el único automatismo exitoso del Depor para hacer daño. Ni el balón parado, ni las internadas por banda están funcionando, pues salvo Luisinho ninguno de los extremos es centrador (ya sea por tendencia o por calidad). Tampoco los envíos en largo y cambios de orientación de Mosquera están funcionando como variantes ofensivas, pues el nivel del centrocampista coruñés está muy lejos del nivel de la primera vuelta, lo mismo que pasa con casi todos los pesos pesados de la plantilla. El Depor tenía un sistema de ofensivo con el que la transición de defensa a ataque era esencialmente irrelevante, pero este dejó de funcionar y nos encontramos a un equipo sin recursos para efectuarlo. En este contexto, me resulta inevitable acordarme de un nombre que para muchos tiene connotaciones negativas, pero que a día de hoy es el único jugador en plantilla capaz de revertir de manera natural esta falta de cohesión: Juan Domínguez.

El organizador de Pontedeume pasa por una época aciaga en su carrera. Sus últimos años fueron para olvidar, tanto por minutos como por nivel ofrecido. Sus partidos en los últimos tiempos fueron sinónimo de intrascendencia y estuvieron muy lejos de lo que se sabe (por mucho que algunos renieguen de lo que en el pasado vieron sus ojos) que puede dar. Hace algo menos de tres años, cuando estaba ofreciendo su mejor fútbol, escribía este artículo sobre él, y en él pueden verse las características idóneas que se necesitan para revivir un equipo roto por la mitad y sin conexión natural ni ordenada entre su defensa y su ataque. 

No obstante, el problema del 10 deportivista está en él mismo. A día de hoy su personalidad dentro del terreno de juego sigue siendo la misma que cuando empezó su carrera, y no fue capaz de dar ese paso al frente, de madurez, que todo jugador necesita para progresar en su carrera. Quizás el hecho de haber sido siempre, sin excepción, el primer damnificado cuando las cosas no fueron bien menguó su confianza, o quizás fue precisamente esa característica la que hizo que los entrenadores decidieran apartarle de puestos de relevancia cuando el contexto necesitaba de futbolistas de carácter más marcado. Sea como sea, hace demasiado tiempo que no veo a aquel jugador que todos vimos en su día y que me convenció de que el fútbol que tiene en sus botas es de nivel más que suficiente para un equipo como el Depor. Y no sólo suficiente, sino que además es un estilo de futbolista atípico y escaso, con características muy complicadas de encontrar. Un jugador que sabe culminar la transición entre la fase defensiva y la ofensiva, que protege el balón como nadie, que siempre encuentra el pase que más ventaja puede ofrecer al equipo (que no es necesariamente el más espectacular, sino el que más protegido y con mejor visión deja a su receptor) y con una lectura del juego de sus compañeros muy notable. Es cierto que le falta último pase y desplazamiento en largo, pero para un organizador eso son complementos no vitales, sólo presentes conjuntamente con los anteriores en jugadores de nivel máximo.

A día de hoy, este equipo no necesita un trivote, sino un organizador (y en este momento no hay otro) para no ser la intrascendencia personificada. Necesita ese pegamento entre fases que no haga naufragar. Y sobre todo necesita que el pegamente sea firme y no tenga tendencia a desaparecer cuando las cosas se tuerzan como le pasó a Juan en anteriores ocasiones. Si echamos la vista atrás en el futuro reciente, el de Pontedeume fue con frecuencia ese último recurso utilizado por los entrenadores en situaciones de verdadera urgencia, y casi siempre supuso un punto de inflexión positivo. Darle confianza real a Juan Domínguez y hacerle jugar a lo que sabe jugar (en vez de otorgarle roles para los que no está hecho y después culparle de no dar la talla, como lleva pasando dos temporadas) puede ser la única opción para no caer en la barbarie de un final de temporada con sufrimiento tras una primera parte del campeonato en la que todo parecía preparado para la tranquilidad. Que le dejen jugar a lo que sabe y que le rodeen de jugadores que protejan su función, y si todavía queda algo de él en su interior, saldrá a flote todo lo que puede ofrecer. Y por favor, que el público deje de silbarle en cada balón: No disparen al pianista.

2 mar 2016

El partido de los 135 minutos reglamentarios


  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

En la actualidad estamos tan acostumbrados a un fútbol con una organización muy mecanizada y Sunderland Newcastle Road 1894sobria (aunque no necesariamente eficiente) que nos sorprendería encontrarnos con un procedimiento atípico a la hora de disputar un partido, pero en los primeros años de este deporte no todo era tan poco dado a salirse del guión, existiendo lugar para cierta improvisación. El partido del que hablaremos hoy es fiel ejemplo de ello.

La temporada 1894/95 fue la séptima en la historia de la Football League inglesa, y su forma de comenzar fue considerablemente original. El 1 de septiembre de 1894 se daban cita Sunderland y Derby en Newcastle Road (una de los primeras casas de los Black Cats) para disputar la jornada inicial del torneo. Los locales comenzaban la campaña entre los favoritos para conseguir el título, después de levantarlo en dos de los tres anteriores años, mientras que el Derby quería luchar por conseguir un buen puesto de nuevo tras haber conseguido la tercera posición en la 93/94.

Aquel partido comenzó con ciertas dificultades, tras comprobarse que el arbitro designado para el mismo, Thomas Kirkham, no llegaría a tiempo para el inicio. Como medida de urgencia se decidió utilizar un colegiado improvisado, que en el acta respondía al carismático (y quizás, quién sabe, inventado para la ocasión) nombre de John Conqueror. Tras jugarse los primeros 45 minutos con un marcador de 3-0 favorable al Sunderland, Kirkham llegó al estadio, provocando la incertidumbre sobre qué pasaría a partir de ese momento. 

El colegiado oficial se acercó a los representantes del Derby y, puesto que habían jugado una parte con un árbitro local improvisado, les ofreció comenzar el partido desde el principio, ofrecimiento que debido al abultado marcador en contra aceptaron sin dudar. La situación era extraña, y la prensa allí congregada no sabía cómo reaccionar ante aquello, pues ya habían enviado mensajes a sus medios informando del marcador al descanso. El partido comenzaría de nuevo y se arriesgaban a que les acusaran de dar una noticia falsa.

Jugados los nuevos primeros 45 minutos, los temores de los periodistas se desvanecieron, pues el Derby volvió a conceder tres tantos sin anotar ninguno, y el panorama no mejoró en la segunda (o mejor dicho tercera) parte, pues encajaron cinco goles más que llevaron a un marcador final de 8-0. 

Aquel, además de ser el partido más extraño de la temporada, fue también la victoria más abultada de un torneo que acabó levantando el Sunderland, mientras sus rivales en aquel partido de las tres partes no lograron más que un penúltimo puesto.

26 feb 2016

Perú - Austria: El partido discordante en los Juegos de Hitler


  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
Los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 tuvieron repercusión más allá del puro deporte. Fueron elPerú fútbol Berlin 1936 escaparate ideado por Adolf Hitler para enseñar al mundo una imagen idealizada de su Alemania nazi, y lo cierto es que en su día fueron bastante efectivos como elemento de propaganda. Muchos turistas y aficionados volvieron a sus hogares creyendo que aquel país era un lugar muy diferente de la cruda realidad debido a todos los artificios dispuestos por el NSDAP. Incluso Jesse Owens (contrariamente a la leyenda popular) dijo que se le había tratado mucho mejor en Alemania que en su propio país, reconociendo que no había sido Hitler quien le había despreciado, sino Franklin D. Roosevelt, quien ni siquiera le había enviado un telegrama tras su gesta.

Sea como sea, y política aparte, durante aquellos  JJOO existió una anécdota dentro de la competencia futbolística que vista desde la perspectiva actual llama la atención, no sólo por el hecho en sí, sino porque cerca de 80 años después todavía nadie sabe realmente bien qué ocurrió y cuál fue el motivo real por el que un partido de cuartos de final del torneo olímpico de Berlín tuvo que ser repetido.

El 8 de agosto de 1936 se enfrentaron en el Stadion am Gesundbrunnen (antecesor del Olympiastadion) las selecciones de Perú y Austria. El encuentro fue disputado hasta el último momento, con remontada incluida en el último suspiro por parte del equipo peruano, que anuló el 0-2 con el que se había ido ganando el conjunto austríaco al descanso. Hicieron falta 30 minuto de Juan Valdivieso Perú Austria 1936prórroga, en la que el combinado sudamericano se impuso marcando otros dos tantos, logrando la hazaña de clasificarse para las semifinales del campeonato, o al menos eso parecía.

Tras el partido, los austríacos solicitaron  repetir el encuentro basándose en que un nutrido grupo de seguidores peruanos (algunos, dijeron, armados con pistolas) habían invadido el campo durante el encuentro y se habían aliado con los futbolistas de su selección para amenazar y zarandear a los rivales. También alegaron que el estadio no estaba en las condiciones adecuadas para disputar un partido de fútbol profesional.

La demanda de la Federación de Austria llegó al Comité Olímpico y también al bando peruano, aunque estos últimos no pudieron llegar a defenderse, pues un desfile nazi se interpuso en el camino de su delegación impidiéndoles llegar a tiempo a la reunión organizada para tomar la decisión sobre el asunto. El Comité y la FIFA dieron la razón a Austria sin que Perú pudiese decir ni una palabra y el partido quedó fijado para redisputarse el 10 de agosto, dos días después del encuentro original.

Agraviados por esta decisión, la expedición peruana decidió abandonar el territorio alemán como Lolo Fernández Perúsigno de protesta y retirarse del torneo, con la consiguiente eliminación automática. En Perú, los ciudadanos indignados atacaron el consulado alemán e incendiaron banderas olímpicas en rechazo a una medida que consideraban injusta e irrespetuosa, y recibieron como héroes a los futbolistas que habían sido capaces de clasificarse en el campo para unas semifinales olímpicas, a pesar de que se las hubieran quitado en el despacho.

La historia no pasaría de una anécdota curiosa si no fuese porque a día de hoy, casi un siglo después, aún no está muy claro qué pasó. En Perú la tradición popular dice que Adolf Hitler interfirió para que su apreciada Austria no se quedara por el camino, pero lo cierto es que quien tuvo el peso de la decisión fue la FIFA, sobre la que el líder nazi no habría de tener poder alguno. También parece probado que sí existió invasión de campo, con lo que la denuncia austríaca tuvo fundamento. Si los detalles fueron exagerados y los organismos competentes decidieron en base a simpatías es ya otra historia que posiblemente nunca podamos aclarar.

25 feb 2016

Un derby para seguir creyendo



El encuentro que enfrentará la siguiente jornada a Real Madrid y Atlético será un derby en el que
estará en juego una medicinal reivindicación para aquel que se lleve el enfrentamiento entre los dos poderosos de la capital de España. Será así porque ninguno de los dos vive su mejor momento en Liga, estando los dos muy alejados de su principal competidor por el título, el Barcelona.

Ambos equipos madrileños viven momentos antagónicos al del conjunto culé. Los de Luis Enrique parecen haber robado un poco del alma de sus rivales, pues esta temporada, están consiguiendo ganar esos partidos atorados que tan bien se le daban al equipo de Simeone y que tantos disgustos le dan al Cholo esta temporada, y también están exhibiendo un genial poderío en las contras, recurso que en los últimos años se asoció irremediablemente al estilo de juego merengue.

Será este un partido en el que estará en juego no sólo el prestigio, sino también toda la esperanza posible en conseguir algo en este campeonato doméstico. Arrebatarle la corona al Barça parece una tarea dificil y la remontada no tendría precedentes, pero la estadística siempre existió para romperse.

Será un encuentro con sabor a reválida para muchos de los presentes. En el Real Madrid, Zinedine Zidane debe demostrar que la mejoría en el juego del equipo desde su llegada no se debió al factor sorpresa, y que tiene argumentos para hacer que su equipo juegue acorde al nivel que su precio y calidad indican, mientras que James Rodríguez parece tener ante sí una oportunidad para reivindicar su nivel, que este año está siendo una sombra de lo que conocemos.

En el bando colchonero, también existen nombres a seguir de cerca. La continua búsqueda de un delantero titular que garantice goles es algo que llevó a Simeone de cabeza durante toda la presente campaña, y tanto Torres como Vietto buscarán poner un punto de inflexión a su discretísima temporada en un escenario tan distinguido como es el estadio del máximo rival.

La suerte está echada y sólo los aficionados de un equipo podrán salir del estadio con amplia sonrisa y opciones de seguir peleando por el título. El Real Madrid CF puso a la venta las últimas entradas en los medios habituales para que todo aquel que quiera soñar con pertenecer a ese selecto grupo de vencedores del partido de mayor rivalidad de la ciudad pueda vivirlo en directo. Mientras tanto, habrá que esperar a que el balón comience a rodar.

16 feb 2016

Pesan los años (II): El rap del Dream Team


Si para algo se creó esta sección de la página fue para rememorar documentos audiovisuales como el que protagonizaron a principios de los años 90 varios futbolistas del Barcelona de Cruijff después de conseguir, en 1991, la primera liga ganada en la etapa del técnico holandés, tras varios años de sequía en la competición doméstica.

Aquel título suponía la confirmación de aquel Dream Team, y todo iba bien en el club azulgrana. Tanto era así que algunos de sus jugadores decidieron cantarlo a los cuatro vientos y editar un single entonado a modo de rap (o al menos eso fue el calificativo que ellos le pusieron), titulado 'Aquest Any sí!', llegando incluso a editarse en vinilo.

En el videoclip, el sexteto formado por Alexanco, Bakero, Begiristain, Eusebio, Laudrup y Koeman lo dan todo durante unos dos minutos, siendo el holandés el que arranca el tema con su particular y desgarrado tono de barítono. Los seis futbolistas, elegantemente uniformados, supieron regalar a su afición un montaje instrumental impecable y versos tan elegantes como: "Vamos, queremos que te muevas, hemos superado todas las pruebas" o "hemos ganado, ya lo has oído, no ha sido fácil pero sí divertido"



15 feb 2016

Una falta (de respeto) dentro del área


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Una jornada más, el titular deportivo del fin de semana según los principales medios tiene poco que ver con el fútbol y mucho con la farándula. El penalty a lo Cruijff (aunque, como hace más de un lustro escribí aquí, su inventor oficial fue el belga Rik Coppens) de Leo Messi ocupó un altísimo porcentaje de los espacios dedicados a hablar de fútbol en prensa, pero ni mucho menos por ser una jugada sorprendente o haber conseguido pillar a todos desprevenidos, sino porque, según algunos (ninguno de ellos, por supuesto, jugador o técnico del Celta) lo que hizo el argentino fue una auténtica falta de respeto.

Por supuesto, cualquiera que se esté enterando ahora de que una polémica encarnizada se formó porque un jugador utilizó en un penalty un recurso que, si bien no es habitual, ya se había llevado a cabo en anteriores ocasiones (incluso con pésimo desenlace, como cuando lo probaron Pires y Henry en un partido contra el City) sin que se hubiese vilipendiado a nadie, pensará que no tiene mucho sentido, pero lo cierto es que ocurrió y todavía hoy es tema de debate, un debate al que se le añadió a posteriori - y a este añadido sí que no le falta razón - el hecho de que Suárez entra en el área antes de que Messi toque el balón. No obstante, sólo fue una oportuna circunstancia que hizo que algunos reivindicaran su caza de brujas inicial, enarbolándola como estandarte de la razón absoluta.

Mi opinión, diametralmente opuesta a la de esta corriente de no pensamiento, es cristalinamente clara: en el fútbol no existe una falta de respeto mayor que capar el propio talento para no hacer herida al rival. Bajar el nivel para no hacer más sangre de un oponente herido siempre me pareció sinónimo de falsa modestia y un indicio de que el equipo se cree por encima. El único que debe preocuparse de que el contrario no haga más goles es uno mismo y no el que ataca tu portería, y no existe mayor muestra de respeto al otro equipo que morir en el campo hasta el minuto 90. Lo demás es palabrería y excusa de mal perdedor.

Por otra parte, lo que sí me parece una falta de respeto al Celta es pregonar que lo que ocurrió en la última jornada fue irrespetuoso con el club gallego. Quejarse de una acción en la que el rival marcó un gol legal (y sí, ya sé que dije que más tarde se comprobó que no lo había sido, pero el argumento inicial de los críticos no tenía esto en cuenta) es de mediocres, y si algo demostró este Celta es no ser, ni mucho menos, una medianía. La única falta de respeto que cometió el Barça con el club de Vigo fue precisamente la que reivindicó su directiva no acudiendo al palco del Camp Nou, pero esa parece no interesar a esos medios a los que tanto les gusta crear crispación con este tipo de debates.

Sólo puedo pedir que esos mediocres no decidan lo que está bien y lo que está mal, porque para eso ya están los árbitros y el reglamento. Intentemos desterrar esa rancia ideología de que una patada a un rival que hace una filigrana es una reacción más aceptable que el propio regate. Dejemos de coartar en el fútbol la libertad de acción de los jugadores con talento bajo la excusa de no herir la sensibilidad de los más tosco (sean del Barça o del Anorthosis Famagusta) y permitamos que se juegue a este deporte como las reglas dicen que puede jugarse, dejando de regirlo por reglas no escritas, porque una regla no escrita no es más que una excusa de perdedores para que la legalidad real no les perjudique.