21 ago. 2013

Juan Domínguez, el maestro de esgrima

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


La figura del organizador es una de las más incomprendidas en el fútbol moderno, ya que a menudo se le exigen a los ocupantes de este puesto que  ofrezcan cosas diferentes a las que están destinados a hacer. Hay muchos equipos en las que esta labor la lleva a cabo un futbolista con habilidades resultonas para ella, pero que no van más allá, y aparte de eso ofrecen también otro tipo de talentos, normalmente (dado que esto se da sobre todo en equipos pequeños) relacionados con la garra o el trabajo. Pero cuando aparece un buen organizador, con las cualidades que confieren a este puesto de un recurso muy poderoso si se le sabe usar, suele haber recelo si las cosas no van bien. Es el puesto más exigido en un equipo junto al de portero, y cuando las cosas fallan es el primer señalado. Le pasó incluso a Xavi hasta que el equipo empezó a asombrar.

Juan Domínguez conoce muy bien todo eso, la fina línea que hay entre la alabanza y la crítica, y que a menudo le exijan cosas que no va a ofrecer. Es uno de esos futbolistas superdotados para su puesto, pero que no da (de manera continuada) esos rasgos de garra que tanto gustan al público. Pero ojo, que no se confunda garra con intensidad, porque eso sí lo tiene. Siempre pensé que las críticas hacia el 10 del Depor son, en su mayoría, sin tener muy claro su función. Él es un organizador, y para el pundonor ya están otros. No se gana nada con un equipo lleno de trotones sin criterio, el talento es necesario, y en una posición tan clave como la suya, si hay que pagarlo con una menor presencia defensiva, se paga. 

Cuando hablamos de la presencia defensiva de este jugador hay que tener clara una cosa, no es un destructor, aunque sí juega su rol, presionando y ganando tiempo, consiguiendo que llegue el compañero defensivo en la ayuda. Pero donde se magnifica su figura es cuando el equipo tiene el balón, ahí es innegociable. Desde siempre me pareció un jugador superlativo en lo suyo, con la necesidad de minutos para madurar, pero también para ayudar al equipo en un trabajo clave en el que desde hace años carece de otro futbolista que no sea él. Recuerdo que en su primer año en el primer equipo ofrecía lagunas importantes, pero cualquiera que observase bien veía que tenía aptitudes nada comunes, y que desde luego el Depor lleva años sin encontrar más allá de él. Hace dos años, en la temporada del ascenso, la grada lo valoró como nunca porque sabíamos cómo era el equipo sin él, una verbena. Pero en la vuelta a primera volvieron las críticas, parecía que nos habíamos olvidado (el nivel que mostró no era tan bueno como en la 11/12, pero no tan alejado del mismo como algunos decían) de aquel Depor partido en dos sectores que Oltra había planteado en los albores de su proyecto, hasta la irrupción del futbolista de Narón. Se pasó 3 meses fuera de la titularidad, y no fue hasta su vuelta cuando el equipo reacciono. De los partidos que ganaron en todo el año en el que acabamos descendiendo, sólo 1 fue sin él en el campo.

Si algo tiene este jugador es que casi nunca pierde el balón sin fala de por medio cuando lo tiene en sus pies. La protege de forma sobresaliente y la sube hasta encontrar al compañero adecuado. Sin alardes, simplemente con la seguridad de aquel que sabe que lo que está haciendo es su especialidad. Su toma de decisiones en el pase es muy acertada, sabe cuando debe probar dándola hacia atrás y cuando debe poner la marcha larga y lanzarse hacia arriba buscando la jugada, algo vital (probablemente lo más vital) en un organizador. Crea ocasiones estudiando el movimiento y posición de sus compañeros, enlaza las fases del juego y es el primer eslabón del equipo con el criterio para subir la bola, exactamente las tres cualidades principales que debe tener un jugador de su posición.

En el partido contra Las Palmas, además, vimos que está buscando el siguiente paso, el paso definitivo hacia la madurez de un organizador: Con el equipo en inferioridad se echó a los suyos a la espalda y marcó el ritmo en todo momento, moviendo al conjunto de forma brillante. Sólo un adelanto de lo que nos puede esperar durante esta temporada si consigue creerse que su madurez llegó y se le dan galones.

Es un puesto complejo. Son creadores de fútbol, pero a la vez no tienen la magia que tiene un mediapunta, y por eso se les suele juzgar mal, esperando de ellos lo que no son. En Juan Domínguez estarán gran parte de las esperanzas de luchar por el ascenso, y debe ser la pieza clave de un equipo que le necesita para ser la unión entre defensa y ataque. Hay que confiar, y seguro que seguirá creciendo a buen ritmo, su destino es triunfar. Calma, y balones a JuanDo.

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