10 dic. 2015

El Blitzkrieg del Depor

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


Este año está ocurriendo algo a lo que no estaba acostumbrado el Estadio de Riazor durante losVíctor Sánchez del Amo Depor últimos años. Se escucha un sonido homógeneo de ilusión en la grada, aunque siempre con cierta dosis de cautela. Por fin, el público coruñés puede disfrutar de un equipo de fútbol que muestra lo que se espera de él y más. Las sensaciones son buenas pero, sobre todo, lo que más cala en el ambiente es que por fin se puede decir aquello de que este equipo sí que representa lo que la afición quiere ser. Y no lo hace porque consiga sacar buenos resultados y ganar partidos, sino por actitud, orgullo e identificación con una idea. Es esa idea la que hoy trataremos de analizar.

En algunas ocasiones, al ver un partido de este Depor, se me viene a la cabeza un término bélico cuyo concepto empezó a desarrollarse en el siglo XIX, pero el término para definirlo fue acuñado en la Alemania de entreguerras, el Blitzkrieg. Esta táctica fue llevada a la fama por Hitler en el contexto bélico y por The Ramones en el contexto musical, y se basa, fundamentalmente, en un rápido paso a la acción, dejando al enemigo momentáneamente aturdido, aprovechando esa confusión para crear todo el daño posible y afianzar la posición todo lo que las circunstancias permitan.

Si somos capaces de extrapolar el siempre cruel 'juego' de la guerra a un terreno de fútbol, lo cierto es que el estilo del Depor de Víctor es bastante similar, en fundamentos, a este estilo de ofensiva militar. Su juego en la búsqueda del gol se basa más en generar situaciones de descontrol en el entramado rival que en ejercer el control del suyo. En ataque, todo gira alrededor de la sintonía y la sincronía de un bloque que tiene como piezas críticas a un general (Mosquera), que vigila, acompaña y comanda, y un jefe de operaciones especiales (Lucas) capaz de infiltrarse entre las líneas rivales al menor despiste del contrario. 

Todo comienza cuando el rival tiene todavía la posesión. En el momento en el que la transición se acerca, Lucas estudia el terreno y trabaja para situarse entre líneas, cerca del central, para darle a este una fingida sensación de control de la situación. Espera, se mueve, transmite pausa y pone cara de cordialidad. "No te preocupes por mí" parece decirle al defensor. No obstante, en cuanto el Depor recupera el balón, el llega frenetismo. El primer paso es buscar, preferiblemente y de manera lo más rápida posible, a un jugador con buen golpeo de balón, y el primer impulso de este al recibir es mirar hacia arriba buscando el número 7 de Lucas. Si cuando lo identifica ve que está en situación Lcas Perez Deporideal para romper líneas con un movimiento, el balón sale inmediatamente desplazado hacia la posición del delantero coruñés, pero no al pie, sino unos cuantos metros más en dirección a la portería, los suficientes para que su veloz compañero pueda imponer su explosividad y dejar atrás a su par.

En cuanto comienza esta fase, llega el caos. Las defensas, que no se esperaban ese ataque fortuito justo en ese momento, tienen poco tiempo para reaccionar y darse cuenta de lo que se avecina. Tienen dos frentes abiertos: una avanzadilla con la firme decisión de hacer mucho daño si no se le corta inmediatamente y un ejército que espera sacar provecho de la cuña inicial introducida por su punta de lanza entre las líneas enemigas. Este doble ataque en una sola jugada crea una situación de indefensión momentánea y, en caso de que el máximos goleador del equipo coruñés no consiga introducir el balón en la portería en su primera carrera, el daño está igualmente hecho. La defensa que consigue pararlo se verá de bruces con un nuevo peligro: un equipo rival que aprovechó la coyuntura para ocupar posiciones de peligro de cara a puerta rival. De nuevo, la línea defensiva está obligada a reaccionar en décimas de segundo para tener opciones de defenderse ante la inferioridad posicional.

Evidentemente, este estilo de ataque no es siempre factible, pero sí que cumple que cuando sale es tremendamente efectivo. Si el contexto del ataque no tiene las condiciones necesarias para probarlo, el balón recalará, casi siempre, en las botas de Pedro Mosquera, y el hará lo que deba hacer. Por suerte, este Depor no es un simple esclavo de un estilo de jugada y tiene recursos para hacer daño por otros medios. De ninguna otra forma habrían conseguido llegar tan arriba a estas alturas del año.

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