7 dic 2022

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Odio eterno a los nosotros modernos

 Por Rubén Pedreira 

El fútbol siempre fue un reflejo de la sociedad. Y lo fue siempre porque es un fenómeno social. De la misma manera que los galanes de Hollywood ya no interpretan los mismos personajes que en los años 60 y los Beatles dejaron su espacio en las radios a artistas de otro calado, el fútbol se amolda a su entorno de manera bastante efectiva. Eso sí, se amolda con una diferencia importante con respecto a otras industrias del entretenimiento como las anteriormente mencionadas: Su evolución social no se adapta a los gustos de los consumidores, sino a sus filias y sus fobias; a sus complejos y a sus defectos; a sus sueños y a sus frustraciones. Porque el fútbol es un entretenimiento no artístico. El fútbol, como la vida, es una pelea y está hecho por gente que lleva a cabo en equipo esa pelea de manera análoga a como la llevan a cabo los individuos que viven.

Es posible que todo lo mencionado en el anterior párrafo sea algo abstracto, pero lo bueno que tiene escribir un artículo medianamente extenso es que da margen para seguir explicándose. A lo que me refiero con esas palabras es a que el fútbol actual sigue siendo el deporte que a muchos nos apasionó desde sus inicios hace más de un siglo hasta la actualidad, pero peca de las frustraciones y miedos de su tiempo. En una época dominada por el miedo al fracaso y a la mala crítica, el fútbol es dominado por lo mismo. Y el partido que ayer dejó eliminada a España del Mundial es tan buen ejemplo como muchos otros. 

En un fútbol obsesionado por la especialización, el análisis obsesivo del dato y el encorsetamiento individual, la clase media desaparece si todo el mundo sigue las mismas reglas del juego. De la misma forma que en un mundo dominado por el capital los capitalistas con mejores rentas tienen mayor fuerza para ir haciendo desaparecer a sus competidores medianos, seguir la línea del fútbol pautado hace que aquellos que pueden permitirse los mejores mimbres para ello sean más efectivos dominando a los demás. Estos mimbres no son solo económicos, sino también estructurales. En un fútbol de corsé, solo aquellos proyectos capaces de adaptarse al 100% a lo que necesita la pauta pueden conseguir la excelencia. Y proyectos así en Europa pueden contarse con los dedos de las manos, ni siquiera el PSG con toda su riqueza consiguió saber invertirla.

En cualquier caso no estamos aquí para hablar de proyectos deportivos, sino del contexto actual del fútbol en un sentido conductual. En ese deporte en el que cada vez la clase media está más alejada de la clase dominante, es imposible crear nada ajustándose a lo que marcan los cánones si eres solo uno más de muchos. Es cierto que de vez en cuando puede aparecer un Leicester, o un Arsenal como el de este año, pero tenemos presente que las sorpresas a la hora de la verdad son menos frecuentes que en otros tiempos. Y creo que, como dije, es en cierta parte explicable por el contexto social. Porque el mundo ya no está en los tiempos del sueño americano ni de aspirar a la llegada a la Luna, sino en los tiempos del miedo a perder las migajas que cada uno guarda en su hucha y de la convicción de que el futuro será más austero que el presente.

Si echamos un ojo a la clase media del fútbol contemporáneo, veremos que el partido que ayer eliminó a España del Mundial es paradigmático de ella. Porque ahí vimos a un equipo que se olvidó de que el fútbol, cuando puedes dominarlo, tiene más de intentar hacer daño al contrario que de protegerse con balón. Esto último es útil, por supuesto, pero totalmente inofensivo si lo priorizas sobre el dañar al rival. Nadie se atreve a ser el que tome el riesgo porque cada pérdida es un peligro y ese peligro es inaceptable, orienta los focos hacia tu cara y empeora tus estadísticas aunque las únicas estadísticas realmente importantes sean las asistencias y los goles. En ese síndrome de Estocolmo perpetuo, deseamos con más fuerza no perder nuestro trabajo que conseguir el éxito en él. Por eso buscamos la comodidad del orden propio antes que el riesgo de intentar el desorden ajeno, aunque sea esto último lo que necesitamos para triunfar.

Hoy ya siempre hay pautas por encima de todo. Siempre hay un jefe vigilante dando instrucciones para que cada pieza se amolde a su rol. El regate ya no es relevante y ese mediapunta capaz de atraer hacia él a cuatro defensores para después encontrar un pase imposible hacia un delantero solo ante el portero ya no existe. Mejor dicho, solo existe si eres Messi y te permiten serlo. Porque en nuestro mundo todo lo que no sea la élite de la excelencia está bajo sospecha. Si no tienes la clase para ser Messi serás limitado a ser un engranaje de un grupo que por lo general necesita algo más que eso. Necesita que de vez en cuando alguien se atreva a hacer cosas por su cuenta, a inventarse jugadas aunque salgan mal para decirle a los defensas que al menos vas a seguir probando cosas diferentes. Ayer hubo una acción de Boufal con Llorente en la que el español se quedó totalmente clavado ante los amagos del marroquí, como siendo incapaz de comprender que alguien en un campo de fútbol se atreva a ser un verso libre en pleno 2022. No hace falta tener a Garrincha en el equipo para pensar que dar libertades individuales en ataque merece la pena, basta un Boufal o incluso un Lucas Vázquez que en un momento dado se sienta inspirado y decida intentar algo que no sea un pase seguro o un centro. Porque posiblemente la pierda, pero mandará el mensaje de que no tiene miedo y de que no es un simple engranaje que buscará siempre las mismas dos opciones con la esperanza de que algún rival se despiste o se tropiece.

Es por todo eso y por alguna cosa más por lo que el fútbol actual nos gusta menos de lo que nos gustaba. Porque nosotros también nos gustamos menos, y el fútbol está hecho a nuestra imagen y semejanza. Hoy los equipos y sus individuos tienen más miedo a perder las migajas que tienen que ambición por algo más, la clase media se ahoga en esa mediocridad y se aleja de las élites que sí pueden permitirse la excelencia a partir de esas reglas del juego pautado (véase el City, por ejemplo). El entretenimiento se convirtió en un ocio encorsetado en el que ya el dinero está por encima de todo lo demás. Nosotros hicimos al fútbol moderno y por ello odiamos al fútbol moderno igual que odiamos los defectos ajenos que nos recuerdan a los nuestros. Sentimos el fútbol menos nuestro aunque lo es más que nunca, pero hace rato que no estoy ya hablando de fútbol.

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12 jun 2022

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El fútbol y Coruña

 Por Rubén Pedreira 

El fútbol, desde la grada, no es más que la ilusión de que algo bonito pase. Porque nada depende de ti, es como ver a tu hijo salir por la puerta camino de un examen final. Esperas con todas tus fuerzas que le vaya bien, pero si le va mal le vas a seguir queriendo. Evidentemente.Yo creo que eso es el fútbol. Eso y la ciudad en blanco y azul, la tensión durante semanas, los niños con su equipación, las decenas de miles de personas que sienten que este equipo es algo en sus vidas. La unión de la ciudad, incluso un nexo de unión con los que están fuera.

En un mundo en el que todos somos enemigos de quien no es realmente nuestro enemigo porque así nos lo dogmatizan cada día, sentimientos como los que rodean al fútbol bien entendido son casi movimientos reaccionarios. Las ciudades necesitan puntos de encuentro para no perder su humanidad. El Deportivo tiene la suerte de no ser solo un equipo (hay muchos otros que también tienen esa suerte, pero muchos más aún que no), es la personalidad de la ciudad materializada en algo tangible y contagioso. El fútbol son 90 minutos, pero en los días grandes el fútbol dura más.

El fútbol hay días que dura semanas, que dura desde esa ilusión colectiva por la compra de entradas para algo grande hasta que te cruzas con esa señora que, al verte volviendo a casa con la camiseta puesta y la cara algo descolocada, no duda en decirte un "ánimo, neniño". Porque ahí está todo y porque en Coruña en los años recientes los días grandes siempre acaban con palabras de ánimo y no con palabras de alegría. Si entendemos eso, todo estará bien. Todos estamos fatigados de ver ya la derrota como algo endémico y hay que salir de ahí porque cada año que pasa es más difícil. Pero creo que también cada año tenemos más claro lo que hay. 

Al final todo se resume en eso, entender que esto solo es la ilusión de que algo bonito pase. Fragmentos que llegan cada domingo para que durante 90 minutos esperemos lo bueno de algo sobre lo que no tenemos control tras toda la semana dando lo mejor en lo que sí controlamos. Perder no es admisible (en el sentido de que cuando sucede hay que removerlo todo para que no vuelva a suceder y no asentarse en una mentalidad derrotista), pero es posible. Y cuando no depende en nada de ti, lo único que puedes hacer es rehacerte.

Tristeza sería ver que estamos solos,ver que a nadie más le importa. Tristeza será cuando esto ya no se pueda mantener. Pero que me den este escudo en preferente y yo estaré ahí igual. Porque para mí esto son esos 90 minutos semanales dedicados a la ilusión de ver crecer algo mío
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21 may 2022

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¿Qué pasa con Borja Jiménez si se consigue el objetivo?

 Por Rubén Pedreira

Los entrenadores nunca se ven como proyectos de futuro como sí pasa con los futbolistas. Cuando se les juzga no se está siquiera juzgando a personas, son simples figuras inanimadas a las que se les exige éxito inmediato sin que importe nada más. El caso de Xavi desde que llegó al Barça es un ejemplo claro de este juicio sometido a impulsos irreflexivos: Tras un puñado de partidos malos de inicio Xavi ya no servía, pero cuando empezó a imponer su estilo la cosa cambió y se convirtío en el nuevo Guardiola. Poco duró la alegría, pues la eliminación europea volvió a hacer desconfiar en el proyecto hasta que en los últimos partidos, de nuevo, la trayectoria de la confianza empezó a tomar un camino ascendente. La vida del entrenador es así, nadie tiene tiempo para afianzar su trabajo antes de ser juzgado y los juicios siempre serán instantáneamente irrevocables aunque quien los emite se permita el lujo de cambiarlos en cuestión de semanas como si no pasara nada.

¿Por qué empecé estos párrafos hablando de ver a los entrenadores como proyectos de futuro? Porque cuando se fichó a Borja Jiménez se fichó a un entrenador de 36 años que llegaba en una trayectoria claramente ascendente. Consiguió cumplir los objetivos en todos los equipos por los que pasó y en los dos últimos consiguió justamente lo que busca aquí, el ascenso al fútbol profesional. Eso ya lo sabíamos antes de su llegada, hasta aquí nada nuevo. Lo que no sabíamos era que la temporada iba a seguir la trayectoria que siguió. Después de una primera vuelta intachable, en la que los rivales hacían ya suyas aquellas palabras de Arrasate en las que afirmaba hace unos años que "la pregunta no es si el Dépor va a ascender, sino cuando lo hará", el equipo se cayó de manera incalificable y llegó incluso a temerse que entrar en el playoff estuviera en peligro. Eso sí que no lo esperaba nadie.

Es evidente que el entrenador es el principal responsable de que el equipo se dejara remontar una ingente cantidad de puntos en cuestión de unos meses y que ya no pueda aspirar a más que a una segunda plaza que, por el contexto del que se viene, se ve más como un mal menor que como un éxito. Aún así está más que a tiempo de ser suficiente para llevar la temporada a ser exitosa y, en ese caso, yo no tengo dudas de que el puesto de entrenador del Deportivo debería seguir ocupado la temporada que viene por la misma persona. Los entrenadores también pueden ofrecer motivos para creer que son buenos proyectos a los que interesa mantener, y Borja Jiménez además hizo un doctorado en esta temporada aquí. Supo hacer un equipo ganador que, es cierto, acabó cayéndose con todo el equipo, pero la tendencia de los últimos partidos es hacia una recuperación que parece prometedora. Si esa recuperación se mantiene hasta conseguir el éxito en los play-offs, el técnico habrá conseguido una de las tareas más complicadas del fútbol: revivir a un equipo mentalmente muerto.

Son situaciones distintas, un jugador es uno más y un entrenador es el responsable máximo de los resultados, pero igual que una mala racha no haría pensar a nadie que Noel no debe seguir en el club, quizás deberíamos tener también esa visión global cuando se trata de un entrenador. Si se consigue el objetivo, Borja habrá demostrado en un solo año saber crear a un equipo dominante y también recuperarlo anímicamente cuando todo había dejado de funcionar, y todo ello habiendo aprendido más de lo que sabía antes porque entrenar en Coruña siempre supone una presión mayor. Lo único que importa ahora es conseguir el objetivo, pero si se consigue la continuidad del entrenador no debería estar en entredicho.

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25 nov 2021

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Un estudio estadístico de las rutinas de juego del Dépor 21/22 (Primera parte)

 Por Rubén Pedreira

El Dépor es líder de su grupo de 1ªRFEF y se encuentra actualmente en una dinámica muy positiva de resultados. Teniendo en cuenta que las victorias llegan y que estamos ya en un punto de la temporada en el que se pueden empezar a sacar conclusiones, es buen momento para preguntarse: Más allá de las sensaciones, ¿qué podemos decir del juego del equipo? En este artículo se realizará la primera parte, referida hoy al aspecto defensivo, de un estudio estadístico que permitirá entender a qué juega el conjunto de Borja Jiménez y cómo de bien lo hace en términos cuantitativos.

PRIMERA PARTE: FASE DEFENSIVA: 

En esta primera parte del análisis comenzaremos por la fase de defensa, en la que el equipo está destacando después de recibir solo 6 goles en 13 partidos.

I: Portería

Soy de la idea, no sé si equivocada o no, de que la posición de portero es poco tolerante a ser juzgada con estadísticas a pesar de lo que pueda parecer. Si bien hay muchos números que pueden servir para sacar mil conclusiones acerca de los jugadores de campo, en el caso de los porteros creo que solo hay dos que pueden ayudar a clasificarlos: El ratio entre goles y disparos recibidos y, en los últimos años y siempre con prudencia, la diferencia entre el xGA y los goles recibidos reales. 

Veamos el caso del xGA. Este parámetro, análogo al xG pero para goles encajados, nos da una medida de los goles esperados en un partido en base al estudio de las jugadas de peligro que se llevan a cabo en el encuentro. Utilizando este parámetro lo que encontramos para los partidos que disputó el Dépor es lo siguiente:

FIGURA 1: Análisis del xGA. Dentro de los círculos verdes vemos el dato de los goles encajados en el partido y dentro de los círculos amarillos los que serían esperables encajar según el xGA

En la FIGURA 1 se comprueba que solo en 4 partidos el Dépor encajó más goles de los esperados. En la columna gris de la derecha podemos ver la diferencia numérica entre los goles encajados y el xGA, que si realizamos una suma simple nos dice que, a día de hoy, el Dépor encajó 1.66 goles menos de lo que le correspondería si el xGA se hubiese cumplido.

Hay que tener en cuenta, no obstante, que el xGA no es infalible. En mi opinión, el valor del partido contra el Real Unión infravalora mucho la ocasión del primer gol, en la que un error en la salida de balón provocó una situación de uno contra uno muy clara. En cualquier caso, vemos que el saldo es muy positivo para un Ian Mackay totalmente indiscutido en su puesto y que partido a partido demuestra que es un jugador de otra categoría. Recibió 34 disparos a puerta y encajó solo 6 goles, lo que nos dice que hay que disparar casi 6 veces entre los tres palos para marcarle un gol. Números de nivel superior.

II: Zonas defensivas

La defensa del Dépor esta temporada estuvo marcada por los problemas para cubrir el lateral derecho. La baja de Trilli tras el primer encuentro conllevó una serie de probaturas en esa banda de la zaga, donde nadie llegó a convencer hasta que Víctor García se asentó en el puesto a base de trabajo y despliegue físico. 

Es precisamente esa banda derecha la que se muestra como región preferente de los ataques rivales, conocedores de esa carencia a lo largo de la temporada y sabiendo que incluso ahora que existe un ocupante asentado este no es lateral puro.

FIGURA 2: Ataques recibidos por el Deportivo en sus 12 partidos jugados desglosados por zona del campo por la que llegaron


Si bien la tendencia de los contrarios a atacar el flanco derecho blanquiazul es clara (FIGURA 2), también lo es que no parece estar sacando los frutos esperados por los conjuntos que se enfrentan al Deportivo. Si bien esa zona derecha es claramente la que más se intenta explotar, no es ni mucho menos la más frágil en la práctica, y las siguientes gráficas así lo demuestran. El Dépor sufre más, por normal general, cuando los ataques recibidos llegan por la zona media:


FIGURA 3: Ataques recibidos por la zona central. El valor numérico sobre los datos de ataques finalizados corresponden al porcentaje del total que suponen.

FIGURA 4: Ataques recibidos por la banda derecha. El valor numérico sobre los datos de ataques finalizados corresponden al porcentaje del total que suponen.

FIGURA 5: Ataques recibidos por la banda izquierda. El valor numérico sobre los datos de ataques finalizados corresponden al porcentaje del total que suponen.

Si nos vamos a las cifras brutas, encontramos que de los 372 ataques que recibió el Dépor por su banda derecha (FIGURA 4), sólo un 9% de ellos acabaron en una acción de finalización. Es un porcentaje muy bajo comparado con el 12% de finalizaciones a las que se llegaron en los 297 ataques intentados por zona media (FIGURA 3), aunque alto si lo comparamos con el cerrojo de la banda izquierda (FIGURA 5). La pareja habitual formada por Héctor y Jaime en ese flanco consiguió que solo el 6% de los ataques por su región llegaran a una acción de finalización.

Tenemos, por tanto, que el rival tiene tendencia a buscar hacer daño por banda derecha, buscando aprovechar las dudas que ofreció el equipo en esa posición en la mayor parte de la temporada. Si bien es cierto que en las 5 primeras jornadas consiguieron altos porcentajes de finalización entrando por ese lado, desde la jornada 6 dicho porcentaje experimentó una caída en picado. En el caso dela banda izquierda, los porcentajes de finalización fueron consistentemente bajos mientras que la zona central fluctuó de manera clara.

Comentario técnico: Lo introducido hasta ahora fueron puros números, pero para que tenga utilidad al número hay que complementarlo siempre con la capacidad para interpretarlo o incluso para reconocer que no tiene correspondencia con lo visto en el campo. En el caso de estas estadísticas, existen tres detalles claros a comentar:

  • El rival siempre tuvo tendencia a explotar la banda derecha y durante las primeras cinco jornadas, que coincidieron con el baile de nombres para ocupar ese lateral (Trilli, Benito, Villares, Lapeña...), eso conllevó éxito. No, obstante, justamente vemos que el porcentaje de ataques finalizados por esa banda comienza a caer en picado a partir de la jornada 6, que coincide justamente con el momento en el que Víctor se asentó en la posición y se quedó como titular hasta la actualidad. Los números demuestran que el despliegue físico del valenciano no sólo es meritorio, sino también efectivo. La caída en picado del peligro generado por su lado resulta sorprendente y no es casual.
  • La zona central es un frente de rendimiento muy fluctuante en lo que respecta al orden defensivo del Dépor. Los números secundan sensaciones que ya nos había dejado lo visto en el campo, y es que en ciertas ocasiones es fácil hacer daño al equipo por el centro aprovechando transiciones rápidas. El trio que conforman Álex, Villares y Juergen está dando grandes resultados, pero la versatilidad que demuestran en ocasiones en el reparto de funciones los dos últimos crea algunos contextos en los que es más fácil hacer daño si el rival roba rápido en zona media y se lanza al juego directo. Esta temporada vimos muchas acciones de peligro en contra tras pérdida en esa zona, y es un detalle a mejorar para conseguir afianzar esa capacidad del equipo de saber sufrir tras ponerse por delante en el marcador.
  • En lo que respecta a la banda izquierda, los datos avalan el trabajo impecable de la pareja Héctor - Jaime. Gran capacidad para mantener el cerrojo en esa banda, incluso teniendo normalmente por delante a extremos que suelen ser menos constantes en las ayudas de lo que es Quiles. Los número quizás no acompañen a las sensaciones en lo ocurrido en el último partido, contra el Rayo, en el que Aguirre ocupó el puesto de Héctor y se vió un flanco más vulnerable de lo habitual. Aún así, el porcentaje de finalizaciones desde ese lado se mantuvo claramente bajo en ese partido.

III: Transiciones

Estudiemos ahora las rutinas de recuperación de balón para encontrar en qué zonas es más efectivo el Dépor obteniendo de nuevo la posesión. Para tener una idea realista de esta estadística es importante no solo tener los datos normalizados a una unidad temporal concreta (como en este análisis estamos haciendo un estudio partido a partido ya tenemos esto), sino que también debemos normalizarla a unidad de posesión para eliminar errores debidos al hecho de que ambos equipos no tienen el balón el mismo tiempo durante los encuentros.

En los siguientes gráficos se normaliza el número de recuperaciones a la unidad de posesión de balón rival. Es decir, obtendremos el valor de cuantas recuperaciones realizan los equipos por valor unitario de la posesión contraria, que es cuando estas se realizan:

FIGURA 6: Balones recuperados por el Dépor desglosados por zona de recuperación

La gráfica de recuperaciones llevadas a cabo por el Dépor es una gráfica dentro de lo esperable.


FIGURA 6: Balones recuperados por los rivales desglosados por zona de recuperación

No obstante, en la gráfica de recuperaciones del rival vemos un hecho importante, y es que por lo general al Dépor suelen robarle más balones en zonas medias que en las inmediaciones del área rival. Esto implica que muchos ataques mueren antes de llegar a donde deberían, aunque no necesariamente tiene que implicar una forma negligente de atacar.

Hagamos ahora la comparativa por zonas para ambos equipos. Si se hace eso, lo que obtenemos es lo siguiente:



FIGURA 7: Balones recuperados en zona baja por el Dépor en comparación con sus rivales. El valor numérico sobre cada jornada se refiere al tiempo de posesión obtenido en el partido por el equipo que jugó contra el Deportivo.

FIGURA 8: Balones recuperados en zona media por el Dépor en comparación con sus rivales. El valor numérico sobre cada jornada se refiere al tiempo de posesión obtenido en el partido por el equipo que jugó contra el Deportivo.

FIGURA 9: Balones recuperados en zona baja por el Dépor en comparación con sus rivales. El valor numérico sobre cada jornada se refiere al tiempo de posesión obtenido en el partido por el equipo que jugó contra el Deportivo.

En estos gráficos destaca mucho el partido de la jornada 7, contra el Real Unión. A pesar de perder el encuentro, el Dépor consiguió más de un 70 de posesión y su presión fue muy efectiva en todas las alturas, pero incluso así fue incapaz de dar la vuelta al marcador. Un xG neto de 2.33 a favor del Dépor demuestra que ese partido fue una anomalía estadística.

En datos brutos promedio, el Dépor consigue recuperar 0.65 balones por unidad de posesión rival en zona baja, 0.66 en zona media y 0.22 en zona alta. Por otro lado, los rivales son capaces de conseguir quitarle la posesión de 0.55 balones en zona baja, 0.68 en zona media y 0.17 en zona alta.

 

Comentario técnico: En esta parte del análisis vemos reflejados indicios del que quizás sea el único defecto que se suele reprochar al Dépor esta temporada. El conjunto blanquiazul está siendo un equipo capaz de explotar al máximo sus llegadas gracias a la calidad de los jugadores ofensivos y también sabe resguardarse atrás. La cantidad de recuperaciones en zona baja es por norma general bastante superior a la de sus rivales y eso habla de un equipo que sabe armarse atrás, pero existen otras parcelas en las que los números no son tan positivos.

Ya en la anterior sección se comentó que las pérdidas en zona media estaban creando problemas y generando peligro de los rivales por la zona central, y estas gráficas certifican que el mediocampo es el lugar en el que el Dépor tiene más problemas para generar y para protegerse. No obstante, hay que tener en cuenta un detalle importante y es que el Dépor suele encontrarse con rivales que buscan darle protagonismo y resguardarse. El conjunto de Borja Jiménez suele encontrarse contra bloques cerrados y en ese contexto es normal no encontrar huecos para llegar a las inmediaciones del área y acabar perdiendo balones en zonas intrascendentes. Si bien el dato por sí solo podría hablarnos de un equipo con problemas para generar, el fútbol nos dice más bien que es un equipo al que los rivales no quieren dejar ser protagonista. El ejemplo de lo que puede hacer este equipo contra un rival que deja espacios estuvo en el partido contra el Celta B, y los rivales se esfuerzan por evitar eso.

Seguramente el mismo razonamiento explique en parte los datos de las recuperaciones en zona alta, que no resultan especialmente destacables con respecto a sus rivales a pesar de la intención del técnico de utilizar a menudo la presión tras pérdida en esa zona. El Dépor es un equipo con tendencia a buscar la presión adelantada con su bloque de tres delanteros y el apoyo de Villares o Elitim, aunque también es cierto que su segunda línea suele buscar acudir a regiones de protección en lugar de unirse a la primera presión.

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3 oct 2021

Published 19:24 by with 1 comment

Las claves del bajón del Dépor en los últimos minutos del partido contra la SD Logroñés

Por Rubén Pedreira

El partido del pasado viernes acabó con un jarro de agua fría sobre Riazor. El equipo de Borja Jiménez casi contaba ya con llevarse su quinta victoria de la temporada mientras Ian Mackay tenía el balón en su poder para sacar de puerta en el minuto 93 tras una clara ocasión del equipo rival, pero una mala gestión de una posesión que debía ser utilizada para matar definitivamente el encuentro dio al conjunto riojano una oportunidad aprovechada para poner la igualdad en el marcador en el último segundo. Al final, 1-1 y la sensación de que se perdieron dos puntos en un partido que no se supo cerrar desde el campo ni desde el banquillo.

La primera parte del equipo blanquiazul dejó buenas sensaciones. El Dépor planteó un partido de ritmo alto, con Villares marcando los tiempos y Soriano con libertad partiendo desde la banda para crear contextos de superioridad por dentro y marcando espacios para las internadas de Héctor por banda. Bergantiños ejerció de ancla de manera notable, Quiles ofreció apoyos y ruptura de manera incansable y Miku cazó un gol digno de aplauso. El planteamiento de Borja funcionó, y muy bien, hasta que en el minuto 60 decidió que era momento de protegerse mejor de las respuestas rivales. No quiso dejar de plantear una presión muy profunda en campo rival, que tan buenos resultados había dado en todo el encuentro, pero buscó guardarse las espaldas haciendo dar un pase atrás a Bergantiños y cambiando ligeramente la mentalidad.

Creo que el principio del fin se dio en el minuto 66. En ese momento el técnico dedició sacar del campo a Soriano para introducir a Aguirre y hacer algunos retoques en el estilo de juego. Era una sustitución que debía hacerse, eso sí, porque el jugador cedido por el Atlético llevaba unos minutos visiblemente fatigado y tomando decisiones erróneas, pero implicó modificaciones que no ayudaron. Por un lado, aunque Soriano no tuvo su mejor partido en cuanto a lo que se refiere a contactos con la bola, su perfil y movimientos sin balón sí permitieron encontrar la forma de hacer daño al rival. Además, como ya se comentó, a partir de ese momento se modificó de forma evidente el rol que Álex Bergantiños desempeñaba sobre el césped y la intencionalidad en las transiciones.

Tras la entrada de Aguirre, un jugador con más tendencia a pegarse a banda, Bergantiños se insertó entre los centrales siendo con frecuencia el hombre más atrasado del equipo (FIGURA 1). Al capitán se le encargó ejercer de tercer central y ser el primero en salir a la presión cuando las posesiones del rival superaban la línea del centro del campo y se acercaban peligrosamente al área . 

FIGURA 1: Bergantiños insertado entre los centrales durante la salida de balón (izquierda) y en fase defensiva (derecha)

Diego Villares y Elitim pasaron a ser un doble pivote con amplias labores en la presión. Se les pidió que continuaran defendiendo muy arriba, con el colombiano habitualmente un paso por delante en fase ofensiva y Villares ejerciendo más de faro en la creación y apoyo móvil por su zona del campo. Este planteamiento de líneas de presión alta y Bergantiños anclado entre los centrales tuvo un porcentaje de éxito bastante elevado, el Dépor fue capaz así de frustrar buena parte de las transiciones ofensivas de la SD Logroñés ya fuera con robos, pérdidas forzadas o, cuando las fuerzas flaquearon de manera más evidente, con faltas tácticas. Eso sí, cuando las primeras líneas de presión eran superadas, el equipo riojano encontraba huecos que explotar en zonas ventajosas (FIGURA 2).

 

FIGURA 2: Villares y Elitim mantienen la tendencia a incorporarse a la presión muy adelantada en campo rival (izquierda), y se generan huecos a sus espaldas en posiciones ventajosas para el rival debido a que Bergantiños pasó a jugar en la línea de centrales (derecha)


Viendo esto, el técnico visitante supo entender la oportunidad y aprovechó para dar entrada a Ander, un extremo capaz de aprovechar ataques lanzados y rápidos para explotar este contexto. A partir de esa declaración de intenciones, la SD Logroñés comenzó a buscar una mayor verticalidad y a adelantar su primera línea de presión (FIGURA 3), provocando errores en la salida de balón de un Dépor que durante el partido no había encontrado dificultades para conducir hasta campo rival. El equipo blanquiazul buscó sacudirse estos minutos bajando el ritmo del encuentro en sus posesiones y buscando mover de lado a lado el balón para descubrir las líneas del conjunto de Logroño, aunque con frecuencia no consiguió más que hacer avanzar el reloj.


FIGURA 3: Desde su entrada, Ander se situó como delantero junto a Soberón, con libertad para caer a banda, y formaron una primera línea de presión adelantada sobre la salidad de balón deportivista
 

Este contexto provocó un partido de golpes mutuos entre ambos equipos, el Logroñés intentando ataques rápidos buscando a sus dos hombres de arriba y el Dépor alternando entre la mencionada búsqueda de posesiones largas y los balones largos buscando llegadas de los laterales. Estas llegadas se dieron especialmente por banda derecha debido a que los movimientos habilitadores de Quiles para las subidas de Víctor resultaron efectivos mientras que Aguirre, que trató de mantener la tendencia de Soriano a poblar zonas interiores, sufrió más para encontrar la manera de hacer daño sin balón al ser un jugador de tendencia a vivir más pegado a banda.

La situación de equilibrio duró aproximadamente hasta el minuto 80, cuando el conjunto riojano fue capaz de encadenar varias acciones de peligro poblando peligrosamente el área local (FIGURA 4). El bajón físico del equipo deportivista era evidente, y Borja Jiménez decidió que era momento de dar fuelle a sus jugadores. Además de la entrada forzada de Granero debida a la lesión de Jaime, introdujo a De Vicente por Elitim, uno de los futbolistas más cansados sobre el césped, y Doncel entró sustituyendo a Quiles.

FIGURA 4: Superado el minuto 80 de juego, la SD Logroñés se volcó al ataque y el Dépor no supo frenar las llegadas ni aprovecharlas a la contra

Los cambios deportivistas no surtieron el efecto deseado. La SD Logroñés subió un punto más la presión y forzó a una sucesión de errores en la salida de balón deportivista. El equipo visitante era el único capaz de desarrollar su juego de manera continuada, consiguiendo encerrar en su campo a un equipo local que se vió incapaz de parar la subida de ritmo y de efectivos en ataque que imprimió el equipo entrenado por Raúl Llona. Uno de los jugadores que más sufrió esos minutos fue Diego Villares, que después de completar un gran partido acabó visiblemente fundido por sus esfuerzos en la presión durante más de 70 minutos.

A pesar de los buenos minutos de la SD Logroñés, en las cercanías del minuto 90 comenzaba a parecer que el equipo visitante empezaba a perder fuelle. El Deportivo consiguió incluso tener rachas de dominio del juego y alguna ocasión como la que provocó Doncel con un disparo desde fuera del área mientras el cuarto árbitro enseñaba el cartel con los cuatro minutos de añadido. No obstante, no estaba todo dicho. Los de Llona consiguieron un corner a dos minutos del final que desembocó en una clara doble ocasión que parecía ser la última del encuentro. Mackay sacaba poco después de puerta en largo para intentar matar los 60 segundos que restaban hasta el pitido final, pero Aguirre mandó un balón largo que devolvió la pelota al equipo rival, dándoles una última oportunidad. El cronómetro marcaba el minuto 93:50 cuando un centro lateral llegó a la cabeza de Miguel Ledó para acabar en el fondo de la portería. No había tiempo para más y el pitido final llegó en un partido en el que el Dépor, tras conseguir dominar el partido durante 70 minutos, se fue a los vestuarios con un punto que sabe más bien a derrota. Pero, a veces, estas cosas pasan.

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2 oct 2021

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William de Camargo contra el fútbol moderno

   Por Rubén Pedreira

William de Camargo lleva un par de partidos sin participar con el Dépor, dos partidos en los que el equipo tropezó y en los que, en mi opinión, el contexto de ambas segundas partes pedían a gritos su entrada. En un caso, para darle imprevisibilidad al ataque ante un rival cómodo (en el caso del encuentro contra Unionistas) y en el otro para aprovechar su profundidad ante una SD Logroñés que consiguió hacer dar un paso atrás a los coruñeses en los últimos minutos. 

Hace unos días, William ofrecía una entrevista en La Voz de Galicia en la que comentaba que el fútbol actual le aburría por ser muy robótico y muy táctico. Más allá de que se pueda estar de acuerdo o no con su opinión, lo cierto es que son unas palabras muy acordes a su estilo como futbolista. El fútbol, efectivamente, tiende a estar cada vez más encorsetado, y en el caso del fútbol español incluso puede decirse que se encuentra también embotado. En el fútbol patrio no sólo vemos cómo el ansia por el dominio de todo contexto del juego cohibe con frecuencia al talento y la improvisación, sino que también existe una tendencia al ritmo excesivamente lento y trabado que lleva a que el tiempo de juego efectivo sea muy bajo. El primer perfil casi extinguido por las derivas del fútbol moderno fue el del mediapunta, un tipo de futbolista que no puede sobrevivir ante las exigencias de intensidad y de precisión suiza, y está por ver cómo afectarán los cánones del fútbol español a otro perfil en peligro: El del extremo desequilibrante y regateador.

Creo que en nuestro país existe una filosofía desde la base, instaurada en años recientes, que inconscientemente tiende a enviar el mensaje a los jugadores en formación de que el regate es un recurso demasiado arriesgado como para intentarlo. De un tiempo a esta parte, el regate está bajo sospecha y es cada vez más difícil encontrar a jugadores que llegan a línea de fondo en un contexto de no superioridad y sean capaces de decantarse con éxito por la opción del desborde. España, anclada en los éxitos de 2010, continúa estimulando la predominancia del pase y la posesión como argumento estrella y eso se deja ver incluso en los últimos metros, donde se ven muchas más elecciones de combinación hacia atrás en contextos de uno contra uno en banda de las que se deberían. Si juegas con extremos, gran parte de los contextos en los que se encontrarán estos para generar peligro real más allá de tres cuartos de campo implicarán una situación de uno contra uno, y si las afrontan desde el miedo al error al encarar no conseguirán ser decisivos en ninguna de ellas.

Los extremos de perfil combinativo (tuvimos a Keko en Coruña hasta hace poco) o los extremos con perfil de apoyo y ruptura (como Quiles en muchos momentos de su juego) son útiles y necesarios, pero siempre te encontrarás contextos en los que un regateador generará superioridades que nunca se encontrarían por otros métodos. En los últimos años, el único extremo español que se me viene a la mente que entre dentro del perfil de regateador es Bryan Gil, y esta carencia es preocupante porque hace perder variantes de alto potencial y que no puedes conseguir realmente con jugadores no específicos. Un jugador tiene talento para el desborde o no lo tiene, y si desde la base condicionas a los que lo tienen para que tengan miedo a buscarlo acabas por extinguirlo, porque el don de encarar es casi más un estado de ánimo que una cuestión de técnica.

El fútbol español está perdiendo el regate, y creo que es un gran error. Mientras no se hace nada por solucionarlo, jugadores que aportan ese preciado y escaso don, como es el caso de William, deberían ser utilizados todo lo posible en los contextos que se amoldan a sus características, porque si algo positivo tiene para ellos esa escasez es que los convierte en todavía más peligrosos. No puede ser que extremos nacidos para el desborde se reconviertan en otra cosa y repriman su talento, porque el deborde es tan útil como el mantener la posesión dependiendo de la situación del juego. No puede ser que la cultura futbolística cohiba a un jugador a seguir intentando lo que sabe hacer si en un par de acciones no se le dan las cosas, porque cuando un desborde sale bien en el lugar adecuado genera un peligro que puede compensar cinco pérdidas anteriores y un pase hacia atrás por no atreverse a encarar en el lateral del área nunca genera nada de por sí.

Creo que este Dépor no suele sufrir, sabe controlar los partidos de manera bastante eficiente, y eso es una gran virtud. Pero a veces los planes se vienen abajo y te ves, como contra Unionistas, jugando contra un equipo bien plantado contra el que tienes que marcar gol, o contra la SD Logroñés contra un equipo que consigue hacer que des un paso atrás. Y cuando eso pasa no puedes permitirte no usar al único jugador con esas características singulares de la plantilla. No puedes permitirte no dar libertad a de Camargo para que haga sin miedo lo que mejor se le da.

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