24 feb. 2012

Futbolistas de cine (I): Encontrando a Eric

Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

El fútbol es una búsqueda constante de mitos. Cada día, cada año, hay alguien que se atreve a pronósticar quien será el siguiente ídolo del fútbol mundial, el que perdurará durante años en el recuerdo de todos los aficionados. Son muchos los que se nombran, pero muy pocos los que consiguen cumplir las espectativas. Hay incluso unos pocos que son capaces de superar lo que se esperaba de ellos para convertirse en leyendas que superan la comprensión del que ve el fútbol como un simple deporte. El primer nombre que se me viene a la cabeza en este selecto grupo es el de un genio atípico, un entrañable y a la vez temible francés que no es un hombre, sino que simplemente es él mismo. A estas alturas muchos sabréis a quién me refiero, y su nombre es Eric Cantona, The King.


Los origenes del mito no fueron fáciles, y sí muy humildes, pero la humildad dejó paso al ansia de superación y creó con el tiempo a un personaje digno de mención en la historia de este deporte. En su infancia empezó de portero, pero pronto dió evidencias de que su destino era otro. El principio de la leyenda estaba en camino.
“Dejé de jugar al fútbol porque ya había hecho todo lo que tenía que hacer. Necesitaba algo que me ilusionara tanto como me había ilusionado el fútbol”
 
Puede que no todos entendáis lo que escribiré hoy aquí. Para algunos no será más que un muy buen jugador, pero para otros Cantona fue un jugador único, que se ganó el apelativo de Dieu por méritos deportivos y actitudes extradeportivas tan geniales (kung-fu aparte) como polémicas. Hablamos hoy de un jugador que consiguió ser idolatrado por sus aficionados como probablemente nadie en su época lo fue (no exagero ni un ápice con esta frase), y se convirtió en el hombre más consentido de la grada de Old Trafford en un equipo que contaba en sus filas con gente como Peter Schmeichel, Denis Irwin o un prometedor joven llamado Ryan Giggs.



Un delantero que resultaba por momentos conflictivo, de hecho se paso una importante parte de su estancia en Manchester sancionado, pero que era respetado por todos en el vestuario, siendo capaz incluso de levantar la admiración (que se convirtió en mutua) de un hombre tan impasible como Sir Alex Ferguson, que veia a su pupilo como alguien irrepetible que era capaz de compensar con el balón en los pies toda posible problemática acaecida en torno a él.

"I am not a man. I am Cantona"

Es imposible entender la figura de Eric sin tener encuenta lo que hubo detrás del futbolista. El protagonista de hoy es uno de los pocos jugadores de la historia que vale la pena estudiar más allá de un campo. La personalidad del King, demostrada sobre todo a partir de su multitud de citas célebres (seña de identidad) y su particular forma de pensar (alejada de lo que suele ser común en su profesión), es una imprevisible bomba de relojería capaz de explotar en cualquier momento en forma de frase filosófica o acto sorprendente.


Recuerdos nítidos en directo de este jugador no tengo demasiados (a partir de ellos me lancé  posteriormente a ver todos los partidos suyos que pude), su carrera en Manchester se desarrollo cuando a la vez yo desarrollaba mi más temprana infancia, pero esos pocos apuntes aislados son los que probablemente hicieron que el Manchester United sea uno de mis equipos predilectos. Recuerdo aquel equipo como una apisonadora, recuerdo a Peter Schmeichel como un portero impresionante, pero sobre todo recuerdo a un jugador que en aquel momento me parecía de dibujos animados y que se convirtió en uno de mis firmes ídolos. Ese jugador no era otro que el hombre que llevaba el 7 a la espalda y los cuellos de la camiseta subidos, y que hoy protagoniza estas lineas

“Nunca me he movido por dinero. Habría jugado sin cobrar nada. Habría pagado por jugar en Wembley”


No es extraño que, además de idolatrías, fuese capaz también de levantar odios entre rivales y detractores. Nunca le importó complacer a quien no hacía nada por ganarse su respeto, ni mucho menos a quien no lo respetaba, y actuó siempre de forma consecuente.



La película Buscando a Eric, de Ken Loach, es imprescindible para entender mejor la figura de este francés elevado a la categoría de dios en Old Trafford, y lo que significó para aquella afición de mediados de los 90. Un deportista que buscó la ilusión de sentir que lo que hacía era aquello para lo que estaba destinado y que nunca tuvo miedo a arrojar los dados para efectuar el siguiente movimiento. Unos dados que le llevaron, una vez retirado, a probar suerte en el fútbol playa,  la interpretación o incluso la política.

"Francia no merece al Auxerre. Inglaterra sin dudas, pero no Francia"

Esta es la vida y obra de un genio empañado por el recuerdo de un momento amargo (igual que pasó con Roberto Baggio y su famoso penalty), aquella patada que lo convirtió en villano y dió una excusa a sus detractores para criticarlo, pero que nunca hará olvidar lo que dio al fútbol.

2 comentarios :

Héctor dijo...

Uno de mis idolos futbolisticos y personales. Aqui en Francia es toda una celebridad, al mismo nivel que Zidane, o que las grandes estrellas del cine o la literatura.

Futbolconpropiedad.com dijo...

Hombre, Hector! cuanto tiempo sin leerte

Fue un jugador muy fuera de lo común, tanto dentro como fuera del campo, por eso desata tantas pasiones alrededor de su figura. Un espectáculo de futbolista y un espectáculo cada vez que aparece publicamente

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