14 ene. 2013

Alquimistas de la pizarra (I): Herbert Chapman

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Existe un cargo dentro del asfixiante mundo del fútbol que llega a ser incómodo como ninguno cuando las cosas se tuercen, y no es otro que el de entrenador. Los técnicos son los primeros en ser cuestionados cuando los resultados no acompañan, y los que más papeletas tienen para irse cuando un equipo no funciona. Esta sección nace hoy con la intención de reconocer y recordar las trayectorias de aquellos hombres que, con su trabajo, contribuyeron a hacer del trabajo de entrenador una ciencia. 

El primer protagonista nos remonta a principios de siglo XX, cuando el fútbol estaba todavía en una fase muy distinta de la actual. Herbert Chapman nació en 1878 en un pequeño pueblo inglés llamado Riverton. Aprendió lo que era el fútbol al igual que muchos jóvenes ingleses de la época, jugando como amateur en clubes que se ubicaban cerca de su lugar de trabajo. A lo largo de la geografía inglesa fue encontrándose con diferentes formas de jugar, aunque veía que los equipos no estaban lo suficientemente aprovechados en un período en el que las tácticas eran todavía algo muy rudimentario e inexplorado.

Empezó a entrenar de casualidad y rebote, cuando un amigo que iba a asumir el puesto de técnico del Northampton Town se echó para atrás y le recomendó en su lugar. Chapman se lo pensó y terminó aceptando, convirtiéndose en jugador-entrenador. Aquel equipo venía de una dinámica muy negativa, pero todo cambió en un periodo de tiempo muy corto. Por aquella época no era nada habitual que los entrenadores influyesen demasiado en el juego más allá de poner a los mejores en cada partido, pero Chapman creyó que aquello debía cambiar. Pasado el tiempo, cuando ya era un hombre de éxito, declaraba: "No era común el hecho de planear la victoria. Lo más que recuerdo es alguna charla ocasional entre dos futbolistas jugando en la misma banda". Quiso cambiar aquella tendencia, y diseño un esquema mediante el cual hacer actuar a cada uno de sus jugadores. Aquel esquema retrasaba la posición de los centrocampistas para dar mayor libertad a los delanteros y hacer jugar a los defensas rivales más alejados de su área. Ese equipo era extremadamente organizado y con un poder de contraataque que resultaba una amenaza constante para los contrarios. En aquel humilde club se ganó la confianza de los directivos y responsabilidades a la hora de efectuar los fichajes, posicionándose como un reputado cazatalentos. Sus 5 años de innovación le hicieron dar el salto a un equipo superior, el Leeds City.

Aquel Leeds no atravesaba un buen momento, y lo primero que hizo tras su llegada fue dedicarse a la búsqueda de jóvenes talentos que dieran otro aire al equipo. Su primera temporada fue muy irregular, pero superó con creces el rendimiento que habían dado en la campaña anterior. Su estilo de juego se hizo muy popular en Leeds, y se convirtió en un reclamo para la afición local, que se había ilusionado con el nuevo proyecto. No obstante, el estallido de la I Guerra Mundial mermó considerablemente al fútbol europeo, y la etapa de Chapman en el club precursor del Leeds United acabó aceleradamente.

Con la Guerra ya acabada y en tiempos de mayor bonanza, el revolucionario entrenador tomó el mando del Huddersfield Town en 1921. En su nuevo equipo volvió a buscar la creación de un equipo fuerte y contragolpeador, con resultados inmejorables, llevándoles incluso al primer trofeo de First Division de su historia, al que seguiría otro más. Aquel hito le valió su fichaje por el por aquel entonces todavía carente de títulos Arsenal, con una considerable mejora de sueldo y animado por la posibilidad de entrenar a un club con tanto seguimiento. 

Justo a su llegada al Arsenal hubo modificaciones en la ley del fuera de juego (hasta ese momento el fuera de juego se pitaba cuando el atacante tenía menos de tres rivales por delante incluyendo al portero, y se redujo a dos), haciendo que Chapman se planteara una importante revolución, que se convertiría en su aportación más famosa, la táctica 'WM':

Táctica 'WM':

Fue una táctica completamente innovadora, ya que hasta ese momento los equipos solían jugar con 2 defensas, 3 centrocampistas estáticos y 5 hombres de ataque (extremos, delanteros interiores y delantero centro), pero creó un nuevo estilo retrasando la posición básica de uno de los centrocampistas para alinear a tres defensas, que se encargarían de dar seguridad atrás ante la nueva y más permisiva norma del fuera de juego. Este sistema permitía mayor cooperación defensiva y una mejor salida del balón al contragolpe, uno de los rasgos de identidad del técnico. Durante toda su carrera buscó, ante todo, la seguridad en área propia y el ataque rápido, y de esta forma consiguió montar un equipo férreo.







El esquema parecía ser adecuado (y fue copiado por otros equipos), pero el técnico no acababa de encontrar los jugadores adecuados para adaptarse a cada posición. El Arsenal se pasó la segunda mitad de los años 20 ocupando la zona media de la tabla, pero en 1930 el proyecto de 5 años dio sus frutos, cuando ganaron la FA Cup y un año más tarde la First División. Había encontrado el equilibrio: Un delantero, robusto, al igual que los dos mediapuntas. Estos últimos se alternaban cubriendo el puesto de tercer centrocampista (y yéndose a defender cuando era necesario), flanqueados en las bandas por dos extremos con gusto por irse al centro y probar el disparo.

En la parcela defensiva, Chapman situaba la línea de tres muy retrasada, casi en el área de penalty, concediendo libertad de posesión al rival cuando se encontraba en campo del Arsenal. Esto provocaba que el equipo contrario se posicionase por completo en posiciones de ataque, con lo que al robar el cuero, el Arsenal no tenía más que irse rápidamente al contragolpe, cogiendo al otro equipo totalmente descolocado.

Este sistema necesitaba de una exigencia física total, y se alejaba mucho del modelo clásico del fútbol inglés. De hecho, este equipo fue el origen del 'Boring, boring Arsenal', un malintencionado  apelativo utilizado por los rivales para atacar la forma de jugar del equipo londinense. Este 'slogan' acompañó a los gunners durante gran parte de su historia (y es descrito magistralmente por Nick Hornby en su imprescindible libro, 'Fiebre en las gradas'), hasta que Arsène Wenger dio la vuelta a la tortilla. 

Era un equipo atípico. Defensivo y férreo, pero que a la vez conseguía cifras goleadoras inéditas hasta la fecha. El compromiso de los futbolistas y las facilidades tácticas que daba la 'WM' eran letales cuando el conjunto se entendía bien. En total, Herbert Chapman ganó dos títulos de First Division con su Arsenal, y una FA Cup, además de dejar en herencia un equipo ganador bajo sus conceptos tras su repentina muerte en 1934. Fue, además, uno de los principales impulsores de aspectos que hoy nos parecen banales, como los dorsales o el tinte blanco de los balones para facilitar su identificación.

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