29 oct. 2012

Cesc Fábregas: Vuelta al Génesis

 Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com


Siempre dije de Cesc Fábregas que era un jugador para el que habría que inventarse una nueva denominación. No es realmente un pivote ni tampoco mediapunta. La posición del de Arenys es algo intermedio pero a la vez diferente y con añadidos, algo que se sacó él mismo de la manga desde su precoz profesionalidad. Sus habilidades siempre fueron diferentes a las predefinidas, algo que Wenger supo ver perfectamente y se frotó las manos con lo que tenía ante sí. El técnico francés hizo de Cesc su jugador franquicia, y le hizo jugar en su puesto, que a la vez es una combinación de varios. Estamos probablemente ante uno de los jugadores más complejos del fútbol europeo actual, que en el Arsenal se convirtió en una figura clave y fue nombrado capitán con apenas 22 años.

Echando un vistazo a su progreso, siempre fue un jugador con distintivos peculiares. A pesar de ser creativo, tuvo como mentor a todo un Patrick Vieira, genio de la destrucción. Al principio era utilizado como un volante más, sustituyendo incluso al medio defensivo en sus labores, pero poco a poco el sabio Arsène hizo de él un nuevo invento. Le dio libertad total para ser él, para adueñarse del centro del campo gunner y hacer de nexo entre la defensa y el ataque ocupando la parcela ancha a su antojo. Se convirtió en la pieza clave, en el hombre por el que pasaba todo y el que provocaba de forma acertada que otros pudieran acabarlo. Cesc era el principio y la antesala del final. Lo era todo.

Se podría decir de Fábregas que lo tenía (y tiene) todo para su puesto, pero que a la vez no existe generalmente un puesto para él. En el Arsenal lo había, porque el equipo se llegó a crear en torno a su figura, pero ni en España ni en el Barcelona de la temporada pasada parecía haber predisposición por apostar por él. Su situación fue complicada fuera de Londres, siempre estuvo en tierra de nadie. Siempre fue el hombre que pedía demasiado. Su máximo rendimiento exigía un cambio absoluto de la filosofía, y teniendo a Xavi, Iniesta y Busquets, la sala de máquinas estaba bien engrasada y sin necesidad de reparaciones. Sin el amparo de Wenger se convirtió en el jugador número 12, el que jugaba porque tenía demasiado talento como para quedarse inédito, pero sin que su utilidad fuese demasiado clara.

Llegados al punto de volver al lugar de su origen, el Barcelona, Guardiola se vio con la papeleta de incluirlo en un once donde todo funcionaba bien en la organización, y cuando el mediocampo fallaba, también sabía que no era exactamente el reemplazo natural de Xavi ni de Iniesta. Por eso Pep buscó un nuevo invento para situarlo, pero en lugar de ser para buscar su mayor rendimiento como ocurriera en el Arsenal, este nuevo rol buscó la practicidad. El cuerpo tácnico blaugrana vio en él a un jugador con un amplio don de la oportunidad que podría perfectamente solaparse con los compañeros de ataque y hacer daño. Nacía así el famoso 'falso 9'. Marcó goles y llegó a ser determinante, pero también fue criticado. Su fama no la ganó haciendo de killer, y se le exigían otras cosas, aunque jugando más allá de la línea de tres cuartos tenía muy complicado hacer su especialidad.

Fábregas destaca sobre todo por algo que se describe en una palabra: visión. Su capacidad para ver el pase y para dar la asistencia definitiva es sorprendente. Su habilidad para crear jugadas de peligro es inagotable, y lo mejor de todo es que en su mejor versión no se limita a la faceta atacante, si no que también sabe defender con inteligencia (no en vano en sus inicios lo entrenaron para ser el heredero de Vieira) y tapar el hueco allá donde es necesario. 

Después de un año complicado parece que con Tito al mando Fábregas vuelva a dejar de sentirse en el cuerpo de otro. Vuelve a dejar de sentirse un jugador apersonal y genérico al que sólo se le pedía efectividad para convertirse en un centrocampista de los que marcan la diferencia. Parece que Tito tiene al ver jugar a Cesc la misma sonrisa que tuvo Wenger cuando descubrió su potencial. La sonrisa del entrenador que ve una base de futuro para su equipo y no tiene miedo de arriesgarlo todo por confiar en ella.

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