24 oct. 2013

Una bestia en un mundo de humanos


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


Zlatan Ibrahimovic es incontrolable. Podría decirse que es, a su manera, el Eric Cantona de nuestro tiempo. Uno de esos jugadores que se rebelan ante todo lo que no les gusta sin importarle el rival de la disputa, que con su genialidad encandilan al estadio y que por esa mezcla de carácter desbocado y talento imbatible se convierten en los favoritos de sus aficiones.

En el día de ayer, el delantero del PSG dio una lección magistral en su competición maldita. Una serie de 4 goles que destrozaron al Anderlecht de forma implacable le hicieron convertirse en el séptimo jugador en la historia de la competición europea que logra alcanzar esa cifra anotadora en un único partido, después de Van Nistelrooy, Prso, Shevchenko, Simone Inzaghi, Messi y Van Basten, uniéndose así a una ilustre lista de nombres en un torneo que siempre se le resistió.

El sueco es un futbolista de gran orgullo, que tiene entre ceja y ceja lucirse en cada encuentro, pero siempre le faltó la Champions en sus vitrinas, algo que le obsesiona a pesar de que es probablemente el tercer mejor futbolista de la actualidad, por debajo de los estratosféricos Messi y Cristiano Ronaldo. En las anteriores dos temporadas se acercó a los 60 goles en liga, números a los que en las principales ligas de Europa sólo 5 o 6 jugadores son capaces de acercarse actualmente. Pero es que es un jugador que da mucho más que eso, a diferencia de la gran mayoría de futbolistas que llegan a esas cifras.

Su radio de acción es grande, le gusta bajar a recibir al centro del campo e inventar las jugadas, cae a banda y reparte cada año un buen número de asistencias. Es un jugador antinatural, fuera de sitio, con físico de titán y coordinación de gimnasta. Su altura combinada con su flexibilidad le permiten llegar a lugares sobrehumanos, y su técnica sin rastro de torpeza parece imposible en un jugador que ronda los 2 metros. Tiene magia, tiene fuerza y tiene carácter. Es irrepetible.

Su nacionalidad no le hace justicia, es la antítesis del delantero nórdico. Su paso por el Barcelona pudo granjearle algo muy grande, pero Guardiola, por una vez, no supo (y al final no quiso) entenderlo. Era una pieza discordante, un recurso impagable que un equipo que era todo lo contrario a él no pudo aprovechar, pero que seguro que si lo encajasen habría dado cosas que harían del equipo catalán infinitamente más de lo que fueron ese año. Lo intentó y dio cosas, pero un Messi que por aquel entonces reclamaba ocupar espacio en la parcela central y un concepto de juego colectivo que tenía engranajes fijos y funciones muy fijadas en cada parcela del campo para cada jugador hacían que Ibra no pudiera mostrarse en su plenitud, tenía un radio de acción mucho más limitado del que debería y la sensación de que era un actor secundario. No lo aguantó y se marchó a ser el protagonista a otro lugar, ya que sabía que lo sería en cualquier lugar que no fuese el hogar de Messi o Cristiano.

En Milán volvió a coronarse como el rey del Calcio, y su posterior llegada al PSG le convirtió en el príncipe que buscaba un estadio que en su propio nombre dice albergarlos. Sabe que es lo más importante en un equipo lleno de estrellas, y en ese contexto se erige mastodóntico. Es líder y es crack.

El ambiente europeo parece más competitivo que nunca, pero está muy enrarecido. Los dos principales entrenadores del panorama actual, José Mourinho y Pep Guardiola, acaban de comenzar sus proyectos deportivos, algo que les hace estar todavía poco maduros en sus nuevos puestos y un despiste les puede salir caro. En la misma situación se encuentran la gran mayoría de equipos grandes, que acaban de empezar esta temporada proyectos nuevos (Real Madrid, Barcelona, Manchester United, Manchester City...) con dispar éxito. En estas circunstancias, el PSG no es menos que el resto, también acaban de cambiar de técnico y desembolsar una importante cantidad de dinero en reforzarse en puestos clave y de forma inteligente. Quién sabe si el equipo parisino, que posee probablemente la mejor dupla atacante del momento, un mediocampo asfixiante con extremos rompedores y al mejor central del mundo estará en condiciones de otorgarle a Zlatan el título que lleva toda su vida deseando. Quién sabe si esta temporada llegará el día de la bestia.

2 comentarios :

Anónimo dijo...

Que Ibrahimovic se retire sin un Balón de Oro es una falta de respeto al futbol. Espero que este año este entre los tres primeros por los menos.

Ruben FCP dijo...

Estoy de acuerdo, pero lo veo imposible a día de hoy. Es uno de esos jugadores que no están 'bien vistos' en la FIFA.

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