20 años de recuerdos en Primera

23 may. 2011

20 años de recuerdos en Primera


Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

El pasado sábado se decidió quién sería el tercer equipo que sufriría el descenso en nuestra Liga, y el desafortunado elegido fue el Deportivo de La Coruña. Como muchos sabréis, es el equipo del que soy aficionado, por lo que me gustaría utilizar el artículo de hoy para recordar lo que fueron estos 20 años en Primera para todos los deportivistas. Una época difícilmente repetible.

Corría el año 1991, un 9 de junio, cuando la historia empezó. Un enfrentamiento contra el Murcia en Riazor (con incendio de la grada incluído) que terminó 2-0 certificó el ascenso (el primero desde el año 1973) de un equipo que todavía no se imaginaba lo que conseguiría unos años después. Marco Antonio Boronat fue el primer entrenador de la nueva etapa, pero sería suplido antes de terminar el curso por el técnico del ascenso, Arsenio Iglesias, con el que se conseguiría la permanencia.

Con la continuidad en Primera conseguida, llegó el turno de los fichajes importantes. De cara a la 92/93 el club se hizo con los servicios de Bebeto y Mauro Silva, dos de los jugadores más importantes de la historia reciente del Dépor, y empezaría el sueño. Por primera vez, el equipo coruñés se clasificó para Europa, quedando eliminado en octavos de final de la Copa de la UEFA 1994, tras perder contra el Eintracht. Pero el año 94 no sería recordado por la participación en Europa, sino por uno de los episodios más amargos de la historia moderna del club. Los de Arsenio llegaron líderes a la última jornada, y un penalty de Serer sobre Nando, pitado en el último minuto del partido final contra el Valencia e Riazor cuando el marcador iba 0-0 hizo soñar a la grada con el primer título de Liga. Se esperaba que fuese Bebeto el que lo lanzase, pero por razones que todavía hoy sólo se intuyen, fue Djukic el que se dispuso a ejecutar la pena máxima. El portero González paró y el Barcelona se proclamó campeón. La rueda de prensa de Arsenio posterior al encuentro fue ejemplar.

Curiosamente, un nuevo partido clave contra el Valencia llegaría en la siguiente temporada. La final de la Copa del Rey enfrentó a ambos equipos, esta vez con final feliz para el conjunto deportivista (aunque el partido fue aplazado por lluvia y se tuvo que jugar en dos tandas) que consiguió el primer título oficial de su historia. El equipo recién ascendido se estaba convirtiendo en una escuadra capaz de competir con los grandes y un habitual en los puestos de arriba. Con el título en las vitrinas, Arsenio decidió dejar el equipo y retirarse (aunque la siguiente temporada llegó a entrenar durante la 2ª vuelta al Real Madrid) siendo sustituido por John Benjamin Toshack. Empezaría una época más oscura en el club, hasta la llegada de Jabo Irureta en el 98. El nuevo técnico supo sacar partido de la gran plantilla con la que contaba, con jugadores como Djalminha, Makaay, Donato, Fran, Turu Flores o el anteriormente citado Mauro Silva, para conseguir la primera y única Liga de la historia blanquiazul. Comenzaba así la época más dorada del club.

Con el prestigio que el club iba logrando, los fichajes de renombre (Tristán, Valerón, Andrade...) iban llegando, y con una plantilla sólida se fue consiguiendo, además de una nueva Copa del Rey en el llamado Centenariazo contra el Real Madrid, un logro inédito para el equipo: participar 5 años consecutivos en la Champions League. En 2004, además, se quedaron a las puertas de conseguir llegar a la final. Tras la épica y recordada remontada al Milán, otro famoso penalty se cruzó en el camino deportivista, pero esta vez fue anotado por Derlei, en semifinales de la máxima competición europea, metiendo al Oporto en una final que terminaría ganando al Mónaco (equipo que goleó en la fase de grupos de ese mismo año a los de Irureta por 8-3) y que sería el comienzo de una prometedora carrera para un míster que hoy por hoy todo el mundo conoce y a nadie le es indiferente: José Mourinho.

El siguiente curso fue el último en el que el equipo disputaría Champions, y el final del ciclo de Irureta al frente del club. Al de Irún lo sustituyó Joaquín Caparrós, iniciando así un declive palpable (puede que provocado en gran medida por la grave lesión de Valerón en 2006). El Dépor pasó a ser un equipo de media tabla en las siguientes temporadas, y con la llegada de Lotina la cosa no mejoró, si bien se pudo volver a disputar competición europea, consiguiendo la clasificación para UEFA mediante Intertoto. No obstante no sería una participación para el recuerdo, ya que el Aalborg eliminó a los de Lotina en 32avos de final con un parcial de 6-1.

La historia de estos 20 años en la élite se vio truncada el pasado sábado, cuando la derrota ante un rival para nada desconocido como el Valencia provocó el descenso del que hasta ahora era el 5º club de España con más años consecutivos en Primera a sus espaldas, sólo por detrás de los 3 equipos nunca descendidos y precisamente el equipo che. Un día que será recordado como uno de los más tristes del deportivismo, pero nos quedan momentos de unidad que serán recordados durante mucho tiempo.









Recuerdo los goles de Tristán y Makaay, la magia de Djalminha y Valerón (dos magos totalmente opuetos), la entrega de Mauro Silva. La compenetración defensiva de Naybet y Andrade. El desconcertante talento de Turu Flores para lo mejor y lo peor. Los partidos europeos en los que cada vez que el himno de la Champions sonaba un escalofrío recorría el cuerpo. Recuerdo un Centenariazo que nadie esperaba y en el que yo creí desde el primer momento. Recuerdo ver a Valerón, a Manuel Pablo o a Filipe Luís en el suelo mientras todo el deportivismo se encogía compartiendo el dolor. Recuerdo el gol de Donato al Espanyol, el de Sergio en la final de Copa, el de Fran al Milán y muchos otros que pasarán a la historia de un equipo que sorprendió a todos. Lo que no recuerdo para nada es a un Dépor en 2ª división, y es algo que ahora toca afrontar.

Acaba una época, empieza otra, con la incerteza de no saber qué ocurrirá de quí en adelante, con las lágrimas que inundaron Riazor y con esta dulce historia en el recuerdo. Toca sufrir, y mucho, pero el sufrimiento nos hará más fuertes y nos bajará de la nube en la que parecía que esto no pasaría nunca. No es momento para lamentos, no es momento para preguntarse por qué. Es momento para levantarse, caminar y triunfar. Deportivistas, llegó la hora. A demostrar que el apoyo de este tramo final de Liga no fue un espejismo, y a conseguir devolver a nuestro equipo a la máxima categoría con el apoyo de todos. Nadie nos va a regalar nada. Estamos en 2ª, pero esto sólo significa que de aquí a la Liga BBVA sólo hay un paso. Esta hinchada nunca se rinde.


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