15 jul. 2014

La insoportable levedad de la canarinha

   Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

¿Qué hace que Brasil lleve años siendo mucho menos temida de lo que desde siempre fue lo habitual? La respuesta puede llegar a ser compleja, pero sin duda genera un curioso debate del que existen numerosas versiones. La canarinha, la eterna fábrica de talento y espectáculo, lleva poco menos de una década (el Mundial 2006 marcó el inicio del presente declive) sin brillar, sometida a una monotonía y una falta de ideas que hizo que, progresivamente, dejasen de provocar pánico en sus rivales. Brasil lleva tiempo sembrando más dudas que temores, y eso es preocupante cuando se habla del país con más Campeonatos del Mundo y más Copas Confederaciones de la historia.

Tras ganar la Copa América en 2004 y la Confederaciones en 2005, la Verde-Amarelha llegaba a la gran cita del Mundial 2006 como una de las grandes favoritas. Aquel equipo tenía al que era vigente Balón de Oro, Ronaldinho, y al siempre temible Ronaldo (que había vuelto a ser un delantero enormemente determinante tras sus graves problemas con las lesiones) como principales estrellas, rodeados por veteranos ilustres como Roberto Carlos y Cafú y jóvenes que pisaban muy fuerte como Robinho, Adriano o Kaká. Parecía que lo tenían todo, pero Francia se cruzó en el camino para dejarles fuera en cuartos de final. A partir de ahí comenzó una monótona etapa del conjunto brasileño que hasta el día de hoy parece no querer llegar a su fin, y que vivió una nuevamente decepcionante etapa en el Campeonato del Mundo celebrado en su país, donde el hecho de que llegasen más lejos que en las dos anteriores ediciones no puede hacer olvidar que el juego no estuvo a la altura de las expectativas, y el histórico 7-1 sufrido ante Alemania será un buen recordatorio de ello.

¿Qué pasa en la cuna del talento? Quizás, a día de hoy, lo más evidente sea el hecho de que hace falta un delantero, una referencia en el frente de batalla que se dedique a algo más que a ser un pivote que ayude a que Neymar reciba el balón de cara, la que pareció ser la única labor destacable de Fred en el entramado táctico de Scolari durante el torneo que acabó recientemente. Alguien con el talento necesario para decidir partidos por sí mismo como lo hacía Ronaldo en sus mejores tiempos (aunque dudo que volvamos a ver en mucho tiempo a alguien que lo haga de forma tan bestial). 

En la generación que estaba destinada a coger el relevo tras el fracaso de 2006, Adriano se erigía como el heredero ideal de O Fenómeno, lo tenía todo, incluso similitudes asombrosas en cuanto a definición. Parecía el heredero ideal y justo aparecía en el momento del declive de su predecesor, pero todo acabó saliendo muy mal para El Emperador y el mundo del fútbol perdió al que podría haber sido el mejor 9 de su generación. Más tarde llegó Alexandre Pato, que irrumpió de forma firme, como queriendo decir que con él por fin Brasil tendría una referencia. Era un jugador distinto a los dos mencionados, pero igualmente genial. Parecía que habría quien cubriese bien ese puesto que llevaba más de 10 años siendo especialmente bien ocupado por jugadores más que brillantes, y que se había convertido ya en un quebradero de cabeza importante. Pero la historia de Pato fue también un relato de fracasos y decepciones, hasta el punto de que a sus tan sólo 24 años parece difícil que vuelva a ilusionar a nadie, y hoy por hoy no parece haber mucho más donde buscar para este puesto.

Tras ver estos dos ejemplos de estrellas fugaces, resulta preocupante ver que no fueron ni mucho menos los únicos jugadores de referencia que perdió Brasil en los últimos años, ya fuese en forma de promesas que nunca llegaron a cumplirse o de futbolistas que sí consiguieron ser cracks pero su estrella se apagó rápidamente debido a variopintas causas. En el primer grupo podríamos situar a Robinho, Ganso o Leandro Damiao, mientras que al segundo pertenecerían Kaká o Ronaldinho. Fuese como fuese, los 5 mencionados son nombres que Brasil perdió y que habrían podido, a día de hoy (unos como veteranos y otros como estrellas en auge) haber hecho de esto una historia más feliz. No fue así, y la pentacampeona seguirá siéndolo, sin poder aumentar a seis su colección de trofeos. 

El talento se apagó demasiado pronto en las grandes estrellas del Brasil de los últimos años, y eso provocó que la selección actual esté formada de veteranos cumplidores pero no geniales (Thiago Silva es genial en su posición, pero no es ese tipo de genialidad la que definió a Brasil desde sus orígenes), clase media y jugadores que serán estrellas pero aún les queda dar el paso definitivo (Neymar, Oscar y el ausente Lucas), lo que dio como resultado un conjunto insuficiente para pelear por lo importante. Brasil depende precisamente de que esa nueva generación de genios no se apague y consigan crear la magia de nuevo. Estamos ante una Brasil de transición, algo que ya ocurrió en otras épocas a lo largo de la historia, y que siempre acabaron desembocando en lo mismo: el resurgir de la genialidad. Hay que esperar y tener paciencia. Brasil siempre renace.

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