febrero 2013

27 feb. 2013

Destapando la manga


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

José Mourinho siempre se guardó todos los ases en la manga para mostrarlos en el momento adecuado. A veces ganó, y otras perdió, pero desde luego casi siempre supo ir un paso por delante del resto, levantando suspicacias de todo tipo.

El mundo del fútbol está lleno de opinadores, y muchos de ellos se guían poco por el fútbol y mucho por filias y fobias personales. En el caso de Mou, todo esto se magnifica, y es difícil encontrar a gente interesada en este deporte que se muestre indiferente hacia su figura. El propio personaje así lo quiere, no le gustan las medias tintas. Él mismo sabe que para adelantarse al resto no puede casarse con nadie. De esa forma se encuentra con la previsibilidad en sus detractores, ya que lo atacan por cualquier cosa, y a la vez le da margen a la hora de que, cuando haga algo realmente significativo la gente esté ocupada en otras cosas y no le dé la importancia debida.

Dentro de estos opinadores abundan los aprovechados. Periodistas que tienen en el portugués a su gallina de los huevos de oro, que les hace vivir cómodos en su poltrona de creadores de odio mientras a su vez rezan por no perder nunca aquello que critican, porque les facilita (y mucho) su trabajo, les hacen tener que pensar menos a la hora de opinar. Aquellos que defenestraban a Pellegrini por falta de caracter y que se ceban ahora con el actual técnico del Real Madrid porque sí lo tiene. Aquellos que pregonan que el de Setúbal sólo provoca crispación y que utilizan como réplica la creación de un todavía mayor belicismo verbal. En definitiva, una amplia fauna de hipócritas y gilipollas (en el buen sentido de la palabra, que nadie se enfade) que pueblan nuestro país.

Sinceramente, no me sorprendería que todos los rumores sobre el mal ambiente del vestuario madridsta sean una obra orquestada por Mourinho. Se habla mucho y se demuestra poco, y manipular lo que rodea a su equipo para su propio beneficio es una de las señas de identidad del entrenador. Quizás no sea más que un simple guión escrito para la larga actuación que supone comenzar una nueva temporada.

La de Mou es una personalidad que levanta ampollas, al igual que la de Guardiola, pero hay que cerrar demasiado la vista para manifestar públicamente que no tiene ni idea de fútbol, como se escucha cada día en esas cómicas tertulias deportivas en las que se habla de todo menos de deporte. No es que tenga idea, sino que además es sobrada y los títulos así lo atestiguan. Cuando aparecen los defensores acérrimos del antimourinhismo, con su fachada absurda de justicieros de lo políticamente correcto, mientras caen en lo mismo que critican (con insultos fáciles y descalificaciones varias) me da la sensación de estar ante una legión de papanatas siguiendo el camino del pastor, al igual que lo sentía cuando esos mismos (aunque vistiendo otros colores) hacían lo propio con Guardiola, pero con motivos completamente opuestos. A Pep le acusaban de hipócrita, ellos, especialistas de la puñalada trapera.

A estas alturas todos entenderíais que no hablo de opinión pública, tan maleable y propensa a subirse a carros (además de las evidentes cuestiones de afición por equipos rivales), sino del periodismo de barrios bajos. Ese periodismo, principal interesado en tener carroña fresca, que enarbola la falsa bandera de la corrección. Esos opinadores de barra con carnet profesional que cada partido lo basan en destilar odio contra el entrenador fijado en su punto de mira y nunca en tratar los aspéctos tácticos y técnicos del juego que el aficionado debería reclamar.

José Mourinho sabe que el objetivo es la décima, y puede que creyese (aunque evidentemente no es probable que la tirase a propósito) que sin presiones ligueras sería más fácil, y que dando sensación de equipo acabado el factor sorpresa se convierte en clave. En el día de ayer su equipo dio síntomas de sintonía y de que existe un bloque perfectamente orquestado para las metas que quedan por delante. Mou se sacó su primer as de la manga y se plantó en la primera final sin dar las muestras de debilidad que el equipo viene dando en liga. Lleva meses trabajando bien a la sombra, y eso se nota. Se nota que su meta de esta temporada está en estudiar a los rivales grandes y crear un equipo capaz de batirlos en las citas europeas, y que lo de ayer fue la prueba evidente. No sólo demostró tener a un equipo compacto ante los rivales importantes, sino que además demostró que los jugadores están con él (Varane fue a su encuentro nada más marcar el gol) y que incluso los que parecían renegados, como Iker Casillas, están dispuestos para entrar en su causa. Podrá tener más o menos éxito, pero desde luego mi sensación es que a día de hoy tiene la situación perfectamente encarrilada.

Ayer Mourinho rió merecidamente, porque tuvo razón, y toda ese regimiento de demagogos habituales no se resignó a callar, siguió buscando motivos. No culpen a Mourinho y a sus palabras de las reacciones de otros, ya que indignarse con las palabras de un hombre de fútbol sobre cuestiones que no influyen en la vida diaria de nadie es algo que demuestra mucho tiempo libre y mucha incomodidad existencial. Relájense, disfruten del fútbol. Toda esa gente que exige la presencia en rueda de prensa del primer entrenador para preguntarle sobre temas extrafutbolísticos y sacar carroña, y que después de defender a Iker del malvado ogro de Setúbal menosprecian su aparición de ayer en rueda de prensa porque trastocó sus planes de ataque no merecen que les dediquen ni un segundo de su tiempo. No se dejen influir por los opinadores ni por las palabras de Mou, porque ambas están muy estudiadas y con el único motivo de sacar beneficio propio. Huyan de ese juego, vivan felices y disfruten del fútbol. Y, sobre todo, no se olviden de que yo soy un opinador más y tengan clara una cosa: el buen sentido de la palabra 'gilipollas' no existe.



22 feb. 2013

El crack de perfil bajo


 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


El Levante es un equipo con el que se agotan los calificativos. Puede que fuera de casa sus números sean flojos, y puede que su fútbol no sea todo lo vistoso que pueda desear un espectador que se dispone a ver un partido de fútbol por placer y no por sentimiento, pero dan la cara en Liga y Europa League de una forma que nadie se podría llegar a esperar. Juan Ignacio Martínez creo a un equipo con una capacidad de trabajo inquebrantable.

Todos son importantes en el bloque, pero entre los 11 jugadores que salen de inicio en cada partido destaca una figura incuestinable, la de Jose Javier Barkero. El Guipuzkoano consiguió el reconocimiento merecido por su talento superada ya la treintena, cuando el Levante confió en él después de ejercer durante tres campañas como jefe indiscutible de un Numancia con el que vivió fútbol de primera y segunda división, siempre como la estrella del equipo. A pesar de no ser delantero, siempre fue un buen goleador, y un especialista a balón parado. Su zurda es de oro, y su edad le dota de esa experiencia futbolística que tanto le gusta explotar a su entrenador. 

Desde su llegada al Levante se resarció de no haber tenido la carrera que prometía cuando fue campeón del mundo sub-20 en 1999 junto a Casillas o Xavi. Aquel jugador aspiraba a ser una referencia, pero nunca llegó a triunfar en la Real Sociedad, en un equipo en el que la indiscutibilidad de jugadores como De Pedro o el innegociable sistema con dos delanteros (Nihat y Kovacevic) siempre perjudicaron su incursión en las alineaciones. Su éxito no llegaría hasta que se fue del equipo de su vida.

Tanto caído a banda zurda como por detrás del delantero, por Barkero pasa toda la canalización del fútbol ofensivo granota. Es un futbolista con talento y mentalidad colectiva brillantes. Su equipo aporta todo el trabajo necesario para que al final tanto él como la referencia en ataque hagan el resto. Y lo hacen con confianza, porque saben que siempre ponen lo necesario por no fallar, y en eso se basa la filosofía del equipo, en creer en el compañero y en estar dispuesto a darlo todo por el bloque.

La mentalidad ganadora de este equipo es la clave, ya que en el fútbol es tan importante poder como creer que se puede. Una mentalidad basada en la confianza en su estrella, que no es otra que ese jugador capaz de marcar importantes cifras de goles a lo largo de la temporada y que hace que el delantero rentabilice siempre sus desmarques, porque a Barkero pocas veces se le escapa un buen movimiento de un compañero. No es un futbolista con el gran cartel que tienen otros y se tuvo que ganar la vida peleando en segunda durante buena parte de su carrera, pero desde luego es un crack y ya todos lo sabemos.

20 feb. 2013

Jack Wilshere y el fútbol romántico


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Jack Wilshere es un futbolista en peligro de extinción. Todo cuanto es y le rodea tiene tintes clásicos a pesar de su insultante juventud. Mucho más allá de sus exhibiciones en el campo, lo que resulta chocante es su filosofía en alguien de su edad, o incluso de cualquier edad dentro de este fútbol en el que sólo importa una cosa.

Cuando salta al campo deslumbra. Utiliza el balón como si fuese un apéndice de su propio cuerpo y hace increíblemente difícil que alguien sea capaz de quitárselo. Trabaja con un pundonor impropio de un futbolista de su pequeña altura, maneja los tiempos de su equipo, decide cómo y cuando sus compañeros tienen que ir a por el gol y cuando deben calmar el esférico y esperar los espacios. En definitiva, su presencia crea un equipo a su antojo, que es a la vez el antojo de Wenger, un entrenador que sabe que sus pupilos deben bailar al ritmo de su número 10 para conseguir el éxito. Nadie va a descubrir a estas alturas las bondades del juego de esta promesa que ya es una realidad que progresa día a día. Sus impresionantes dotes siempre llevaron a sobrevalorar su presente, pero lesiones aparte progresa más que adecuadamente para no quedarse en el camino. Y es en gran medida gracias a su forma de actuar, a su código ético.

El simple hecho de llegar a los 9 años a la cantera de un club como el Arsenal ya es un hecho diferencial. Desde muy joven fue moldeado para ser importante, y se vio que su talento sería clave para el futuro de uno de los clubes del mundo que más importancia da a sus jóvenes. Siempre fue el niño mimado, y a los 16 años se convirtió en el jugador más joven de la historia en debutar con el Arsenal, captando la atención de todo el mundo del fútbol. Prometía y su intención era no decepcionar.

Hasta hace pocos meses, Wilshere estaba en su peor época. Llevaba más de un año lastrado por lesiones inoportunas que incluso hacían temer por su carrera, pero finalmente pudo superarlas y volver a vestirse de corto con intención de quedarse así durante mucho tiempo. Su vuelta se antojaba como algo a tomarse con calma, sin forzar la máquina y con consciencia del riesgo de una recaída, pero finalmente está consiguiendo volver a su mejor nivel con una rapidez digna de admiración.

En el partido de ayer ante el bestial Bayern de Heynckess se vio la auténtica demostración de todo lo que es este futbolista, tanto dentro como fuera del campo. El equipo alemán asestó muy pronto dos poderosas puñaladas que hizo a los de Wenger empezar a verlo todo cuesta arriba. Sobre el terreno de juego había 10 gunners deseando que llegase ya el pitido final, pero uno de sus compañeros sabía que el fútbol de Champions no se basa en la búsqueda del menor daño posible, sino en la competitividad. Ese líder que no tiró la toalla no era otro que el más joven de todos ellos, Jack Wilshere. 

El futbolista de Stevenage dirigió, como casi siempre, a los suyos desde la búsqueda de no dejar mal a su escudo y, sobre todo, con la intención de brindarle una alegría al hombre que confió en él y que en estos momentos pasa por una etapa muy complicada: Arsène Wenger. Wilshere tiene una gran lealtad a sus colores y a su técnico, y lo ejemplifica siempre que tiene la oportunidad. Después de su exhibición sobre el campo, consiguiendo que su equipo se mantuviese vivo e incluso rozase el empate hasta que los rivales sentenciaron con un tercer gol, también mostró ante las cámaras que para él hacer las cosas bien tiene significado más allá de conseguir un mejor contrato, significa la búsqueda del honor. En zona mixta dijo algo muy complicado de escuchar en boca de un jugador, explicando que los culpables de la derrota no eran otros que los jugadores. Y lo más significativo es que lo hizo mientras luchaba para que las lágrimas no cayesen.



Wilshere es todavía muy joven, pero tiene madera para conseguir lo que se proponga. Tiene talento, madera de líder y un espíritu competitivo envidiable. Le sobran novias, pero está agradecido al Arsenal porque le dio todo lo que tiene. Puede que algún día se vaya, en el inevitable curso de la vida dentro de este fútbol en el que cualquier gran talento acaba dejando su casa para fichar por una más grande. Puede que Jack deje en un tiempo de vestir la camiseta gunner, pero su marcha será atípica. Él aguantará todo lo que pueda, porque en el fondo es un caballero vestido de futbolista y su código dicta que debe llevar a su equipo a lo más alto antes de poder marcharse hacia otras metas.

18 feb. 2013

Bandas sonoras (II): Working on a dream


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com



Bruce Springsteen - Working on a dream



Out here the nights are long, the days are lonely
I think of you and I'm working on a dream
I'm working on a dream 


Lucha. Ambición. Capacidad para recoger la toalla lanzada al suelo por el compañero para volverla a colocar en su mano con palabras de ánimo. No sólo eres tú, dependes también del buen hacer de otros para conseguir tu meta. Esta meta es oscura, la lucha se hace interminable y las noches parecen no acabar mientras esperas un nuevo día en el que seguir poniéndolo todo por conseguir tu objetivo, sin poder muchas veces evitar una profunda situación de soledad cuando ves que los tuyos no responden como esperabas. Eres futbolista, entrenador, aficionado... No importa el qué. Cuando entras en esa batalla todos deben remar en la misma dirección. Lo que está en juego es la subsistencia de lo que es de todos. El prestigio de un escudo siempre debe ser lo más importante durante las casi dos horas de pelea encarnizada de cada fin de semana.  




Now the cards I've drawn's a rough hand, darling
I straighten the back and I'm working on a dream
I'm working on a dream 

El reparto de cartas al inicio de la partida no fue bueno, por eso te encuentras ahora en esta situación. La indiscutible justicia de la tabla clasificatoria te aparta de la gloria y te hace luchar por otras metas. Luchas por sobrevivir mientras otros disfrutan de una agradable competición por alcanzar lo más alto. No lo ves justo, pero naciste con ese sino. Empiezas desde abajo cuando otros están arriba desde el principio, como si una ley que no comprendes así lo dictaras. Eres el esclavo lanzado a los leones para disfrute del resto, pero sin ti el circo no existiría. O, desde otro punto de vista, tu sufrimiento no existiría si no hubiese circo.


I'm working on a dream
Though sometimes it feels so far away
I'm working on a dream
And I know it will be mine someday 


Hay momentos en los que ves tu permanencia demasiado lejos, en los que sientes que a pesar de darlo todo sobre el campo no puedes hacer más. Que todas las batallas perdidas están empezando a decantar la guerra para darle la victoria a otros bandos de forma irremediable. Ves a tus contrincantes y están igual de abatidos, pero siguen golpeando y te preguntas por qué tú no eres capaz de dar lo mismo. Sabes que tres de los contendientes no sobrevivirán al final del conflicto y nadie quiere ser uno de ellos. Esto es un arte, todo se basa en no dar nada por perdido, poner caro el precio de tu vida. Quien gana es quien sabe que, por muy difícil que parezca, cuando llegue el día de la verdad el premio será suyo.



Rain pourin' down, I swing my hammer
My hands are rough from working on a dream
I'm working on a dream

Ves a esa afición entregada y empapada apoyándote en los días de lluvia desde la cercana grada y tienes aliento para intentar asestar otro golpe. Que sea certero o no tendrá mucha influencia en el momento definitivo, pero no siempre se consigue. A veces las fuerzas están gastadas del continuo trabajo en el territorio hostil que se crea en la lucha por el descenso. Las manos fallan, las piernas tiemblan, pero mientras hay vida hay esperanza, y miras a los ojos de los tuyos y ves que sólo tienen en mente un objetivo; el mismo que el tuyo, el de todos: no ser los responsables de la deshonrosa muerte del escudo, este año no. No mientras un sólo ápice de su supervivencia dependa de lo que tú puedas ofrecer. Sabes que lo darás todo y saben que lo darán todo. Es la única forma de hacer frente a ese terrible virus futbolístico que infecta a los pobladores de las zonas bajas del mapa con una desmedida sensación de inferioridad. Los que no consiguieron poner en práctica ese método de cura nunca fueron capaces de escapar de la enfermedad y los comió poco a poco, hasta que sus organismos cayeron a ese infierno del que nadie quiere hablar cuando se ve tan cerca de conocerlo en sus carnes.


I'm working on a dream
Though trouble can feel like it's here to stay
I'm working on a dream
Well our love will chase trouble away 


Puede haber momentos en los que parezca que la infame situación llegó para quedarse, de hecho llega un día en el  que no hay marcha atrás, en el que la única aspiración es salir victorioso de la criba. Conforme las jornadas pasan hay un punto de no retorno en el que el tiempo apremia y te deja sin mayor margen de reacción, te deja incapaz de pensar en otras metas diferentes a la de saltar el obstáculo en el último segundo. Cuando ese momento llega te sientes abatido y sin posibilidad de maniobra intentas pensar que tu liga es otra, que lo que ahora tienes que hacer es seguir trabajando. Porque aunque sea una guerra más amarga, el placer del sueño cumplido es tan satisfactorio como el sentido por quien obtiene la verdadera gloria de los trofeos. A su vez, la amargura de quien pierde se ceba más con quien se precipita en este abismo que con el que se queda a las puertas del título. No hay mucho que ganar, tan sólo una sensación. Pero esa sensación es brillante y magnificada porque, en cambio, sí hay mucho que perder. Se podría decir que se pierde todo.


I'm working on a dream
Though it can feel so far away
I'm working on a dream
Our love will make it real someday 


 La lejanía de los objetivos del derrotado se hace kilométrica. No es una carrera hacia un muro, si no a una valla que el buen atleta debe saber saltar. Todos los aspectos de la vida se asemejan a una carrera de obstáculos en la que el vencedor es el que mejor sabe anticiparse para superarlos en el momento justo. Un tropiezo es preocupante, pero no levantarse es fatal. La diferencia entre subir un puesto o bajarlo muchas veces es cuestión de milésimas y no hay lugar para pensamientos más allá de seguir adelante cuando la competición está en marcha.


The sun rise up, I climb the ladder
The new day breaks and I'm working on a dream
I'm working on a dream
I'm working on a dream
I'm working on a dream 


Según te acercas al final puedes encontrarte en mejor o peor posición, pero mientras hay vida no se puede dar nada por perdido. Te repites a ti mismo que lo conseguirás, y haces saber al resto que estáis juntos en esto, que nadie puede fallar. Te centras en ello, porque eres su capitán, eres el que lleva el brazalete y esperan de ti que contagies el espíritu necesario. Todo el vestuario te eligió para que consiguieras ser su referente y no puedes caer ante la presión. Llega el día definitivo, y en ese partido se juega todo. Saltas al campo y al mirar a tus compañeros ves que no sonríen, pero tampoco dudan. Están mentalizados, al igual que lo estás tú. Miras a la grada y ves esperanza. Miras al entrenador y demuestra confianza en los suyos. Estás en el escenario ideal. Saltas al campo convencido de que todo el trabajo puede llegar a buen puerto.



I'm working on a dream
Though it can feel so far away
I'm working on a dream
Our love will make it real someday
I'm working on a dream
Though it can feel so far away
I'm working on a dream
And our love will make it real someday


Sea cual sea el resultado has de saber que, si luchaste, el mal trago se hace menos amargo. Este, por fortuna, es un sueño al que se puede volver, aunque una vez te precipitas al vacío del cambio de categoría la visión se nubla y la dificultad de alcanzar de nuevo la cima se multiplica. Debes siempre encarar los partidos con la mentalidad de que nada está perdido mientras el marcador final no lo dice así. Porque la consecución de un sueño necesita de ilusión, constancia, pero, sobre todo, de trabajo. Porque todos los que estamos trabajando en un sueño sabemos que hasta que las matemáticas no nos lo quitan, nadie nos hará empezar nuestra pesadilla antes de tiempo.

15 feb. 2013

Futbolistas de cine (III): Djalma desencadenado



Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


Luis Bacalov - Django

Llegó de Brasil con ganas de comerse el mundo. En el fútbol de su país saboreó la completa libertad en las filas de Palmeiras, equipo en el que consiguió todos los éxitos posibles como estrella de una plantilla integrada por jugadores como Rivaldo, Cafú o Luizao. En aquel equipo se descubrió como crack, por él pasaba todo el juego de aquel exitoso conjunto y disfrutaba como nadie armando y definiendo jugadas. Su impresionante forma de destacar en el fútbol más puro del planeta le llevó a cruzar el charco, el sueño de casi todo futbolista sudamericano en busca de grandes metas, cuando fichó por el Deportivo de La Coruña. Tenía todavía mucha carrera por delante.

Sus primeros pasos por Europa fueron dados con ilusión, en un un equipo que llevaba unos años convirtiéndose en una habitual revelación liguera y viéndose dirigido por el que ya había sido entrenador del Palmeiras, Carlos Alberto Silva. El panorama parecía ideal para un jugador ambicioso, pero pronto se dio de bruces con la realidad. El fútbol español no era como el que conocía, había otro canon y unas cadenas que lo ataban a mayor rigidez táctica. El talento ya no era tan esencial.


Empezó a darse cuenta de la realidad cuando vio marcharse al técnico brasileño transcurridas tan sólo 6 jornadas de competición, después de un desastroso inicio. Aquello era un territorio complicado para alguien que se sabía superior siempre que tenía el balón en los pies. Djalminha no quería que le dijeran cómo colocarse, quería tener la bola y manejarla a su antojo, ya que él era la estrella y el resto debían saberlo. Su habilidad y su carácter estuvieron siempre fuera de lo controlable, haciéndole ambas características capaz de lo mejor y, en algunas ocasiones, también de lo peor.

Se convirtió en un animal competitivo, que a veces caía en el pecado de ir a la guerra por su cuenta, pero que en el fondo sabía que su éxito residía en conseguir arrimar el hombro para funcionar como equipo. Destacó en su época como uno de los mayores talentos en bruto que el fútbol había visto a lo largo de su historia y tenía un don tan sobrecogedor que ni él mismo era capaz de controlarlo. Su superioridad le llevó a serlo todo y a la vez no saber mantenerlo. Se liberó de las cadenas que los técnicos siempre quisieron imponerle mientras él se rebelaba a la rigidez y la disciplina. Su fútbol no estaba hecho para ponerle límites, era pura magia y la magia ha de salir libremente de quien la crea.

Viendo sólo un rato de alguno de sus mejores partidos podemos darnos cuenta de qué clase de jugador era. Un futbolista irrepetible, cuya forma de jugar no se entendía sin el espectáculo. Esa clase de espectáculo que sólo consigue el que confía en sus exageradas condiciones, no la suerte de enlazar unas cuantas acciones meritorias que creen un vídeo de Youtube listo para embaucar a los directores deportivos más incautos. Lo que Djalma hacía era puro, sin engaños. Ofrecía algo que le salía de dentro y quién lo veía sonreía de incredulidad, porque en cada partido disfrutaba y hacía disfrutar. 

Djalminha en Fiebre Maldini

Que se retirase sin conseguir una nominación al Balón de Oro, con tan sólo 14 internacionalidades y, sobre todo, sin marcar una época más allá de los corazones de los deportivistas que lo recordamos como un mito no se entendería sin valorar su temperamento. Un temperamento que le llevaba a recibir expulsiones con mayor frecuencia de lo que un atacante debería o a cabecear a su entrenador y comenzar de esa forma su declive como futbolista.

Puede que no aparezca en los libros de historia básica, que no tenga las vitrinas repletas de trofeos individuales y que no supiera rentabilizar su talento, pero puede consolarse con que fue capaz de convertirse en una leyenda en un pequeño lugar que todavía recuerda su figura cada vez que alguien lleva el número 8 en Riazor. Un aprecio que, a pesar de su personalidad, sabemos que es mutuo. Siempre podremos especular con qué habría podido pasar si su caracter fuese otro, pero una cosa sería segura: sin él, este jugador nunca habría sido nuestro Djalma.


14 feb. 2013

Cita con el balón (III): Santiago Solari


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Un nuevo día en el que me apetece volver a dar protagonismo a la sección de frases célebres. Esta vez el protagonista es el argentino Santiago Solari.

 
 

Con una dilatada carrera futbolística a sus espaldas, plagada de éxitos en las filas de Real Madrid o Inter de Milán entre otros, a Solari también le gusta hablar sobre papel de este deporte que tantos días de gloria le dio estando presente en el campo. Es por ello que desde hace años tiene una columna de opinión en el diario español El País, donde habla, sobre todo, del Real Madrid y de fútbol sudamericano. En uno de sus artículos de marzo de 2012 (titulado 'Juicios y prejuicios') comenzó su intervención con la frase:
Hay pocas verdades absolutas en el fútbol. Una de ellas es que los árbitros siempre benefician al rival
Resulta curiosa tal afirmación salida de la boca de un futbolista, como confirmando que los colegiados no siempre tienen la culpa que se les achaca. Sea como sea, refleja perfectamente lo que es el post-partido de un aficionado de cualquiera de los equipos perdedores de la jornada.



13 feb. 2013

El día de la bestia


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


Extremoduro - El día de la bestia

Zlatan Ibrahimovic no es un jugador normal. Basta con ver uno de sus partidos para darse cuenta de que estamos ante una figura excepcional, imprevisible e incluso bestial. Ibra tiene un monstruo en su interior, es un animal competitivo casi a la altura de lo que puede llegar a ser Cristiano Ronaldo, pero con otro estilo. Si el portugués da sentido a la competitividad desde la autoexigencia y la motivación extrema, el delantero del PSG busca la dominación, ser el rey de una selva en la que abundan los aspirantes a león. Una guerra encarnizada, pero con sus 1.95 metros de altura sobresale por encima del resto.

Sólo hace falta ver una intervención puntual suya para saber por qué confía tanto en sí mismo. Su talento es desorbitado, y unido a su altura y fortaleza le convierten en un dominador nato, a la altura de muy pocos en el fútbol. Vive a gran escala, tiene cualidades de bajito en el cuerpo de un gigante, ya que es muy complicado ver a un futbolista de su talla moverse con la destreza que el lo hace, sin desequilibrarse en ningún momento como si controlase su centro de gravedad a su antojo. Además tiene una elasticidad y capacidad acrobática heredada de su afición por el taekwondo que le permite llegar a balones que pocos podrían ni tan siquiera intentar. No cabe duda de que su capacidad asusta por prominente.

Todo ese talento guarda, a su vez, un lado oscuro que le hace indomable en determinados momentos. Para Zlatan resulta muy complicado guardar su personalidad en cautiverio, y con su afán de imponerse sobre todos los demás sucumbe a veces ante su Mr. Hyde. El día de su bestia llega en momentos puntuales de la temporada, en los que una acción no reprimida le cuesta salir del campo antes de tiempo, o acabar mal con un rival durante todo el partido. Crió fama, y eso a veces pasa factura. Ayer se llevó una tarjeta roja por una acción que no era merecedora de dicha sanción, en la que el árbitro ni se planteó la presunción de inocencia.

Entre los que le conocen hay opiniones para todos los gustos, como pasa con cualquier otra persona, pero con el sueco todo se magnifica. No tiene pelos en la lengua, y ese es su sino. Dice las cosas como las cree, aunque sean impopulares, porque es como cree que debe ser, sin miedo a la hipócrita sociedad de lo políticamente correcto. Sabe que quien busca una excusa para criticar siempre la acabará encontrando, y no duda en ponerles el trabajo fácil.

Lo tildan de loco, pero se dice que los genios lo están, y si nos ceñimos al aspecto futbolístico es una de las figuras más geniales de la última década. Un futbolista al que su indomabilidad le privó de cosas, pero que a la vez le dio muchas otras. Sin su temperamento no sería el jugador que es, sino algo totalmente diferente. Los que disfrutamos en cada partido de su juego preferimos que se quede como está, por si acaso una versión más temperada de su carácter provoca un desafortunado cambio en su forma de desenvolverse en el campo. Al fin y al cabo, no se puede agradar a todo el mundo.

3 feb. 2013

Goles míticos (XIX): Humberto Suazo a Santos Laguna (2010)


Un gol que dio la vuelta al mundo y probablemente sirvió como redención a Suazo por no poder disfrutar de más tiempo en Europa, después de que sólo unos meses antes el Zaragoza decidiese no efectuar su fichaje tras un breve periodo de cesión. 

En la vuelta de la final del Torneo Apertura mexicano de 2010 (disputada el 5 de diciembre), Monterrey debía remontar un resultado adverso de 3-2 contra el Santos Laguna. Los Rayados plantearon bien el partido y en el minuto 72 iban ganando 2-0, un resultado que les daba muchas posibilidades, pero que aún no cerraba del todo la final. El partido tenía como goleadores hasta el momento al propio Suazo, que abrió el marcador, y a José Basanta. Era un muy buen resultado, pero el Chupete no se conformaba con eso. Quería más.

En el minuto 85 de partido, el goleador recogió un pase de Walter Ayoví en el centro del campo y no se lo pensó dos veces. A base de explosividad y potencia creó una frenética jugada en la que dejó atrás a dos defensas y se plantó en el área, donde sorteó la presencia del portero con un globo medido hacia la red. Era el tercer y último gol del partido, que cerraba así la victoria del equipo albiazul.




1 feb. 2013

Cita con el balón (II): Lukas Podolski



Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Me estoy planteando fijar esta sección para los viernes, ya que la pasada semana también la publiqué este día y las casualidades no engañan. Mientras decido el devenir de la sección, vamos empezando con la frase de hoy, obra del siempre intermitente Lukas Podolski.
 



Durante la Eurocopa de Austria y Suiza, aquella que también nos dejó a Albiol diciendo que si no fuera por el torneo iría igualmente a Austria a ver los canguros, Lukas Podolski quiso poner una frase en la lista del recuerdo. En una frase recogida por Spiegel Online, el ahora jugador del Arsenal dejó claro cuál no es su juego de mesa preferido, afirmando que "el fútbol es como el ajedrez pero sin dados".

No se sabe si el atacante aleman cuenta 20 al comer la torre, pero lo que es seguro es que no será el nuevo Bobby Fischer.