13 feb. 2013

El día de la bestia

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


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Extremoduro - El día de la bestia

Zlatan Ibrahimovic no es un jugador normal. Basta con ver uno de sus partidos para darse cuenta de que estamos ante una figura excepcional, imprevisible e incluso bestial. Ibra tiene un monstruo en su interior, es un animal competitivo casi a la altura de lo que puede llegar a ser Cristiano Ronaldo, pero con otro estilo. Si el portugués da sentido a la competitividad desde la autoexigencia y la motivación extrema, el delantero del PSG busca la dominación, ser el rey de una selva en la que abundan los aspirantes a león. Una guerra encarnizada, pero con sus 1.95 metros de altura sobresale por encima del resto.

Sólo hace falta ver una intervención puntual suya para saber por qué confía tanto en sí mismo. Su talento es desorbitado, y unido a su altura y fortaleza le convierten en un dominador nato, a la altura de muy pocos en el fútbol. Vive a gran escala, tiene cualidades de bajito en el cuerpo de un gigante, ya que es muy complicado ver a un futbolista de su talla moverse con la destreza que el lo hace, sin desequilibrarse en ningún momento como si controlase su centro de gravedad a su antojo. Además tiene una elasticidad y capacidad acrobática heredada de su afición por el taekwondo que le permite llegar a balones que pocos podrían ni tan siquiera intentar. No cabe duda de que su capacidad asusta por prominente.

Todo ese talento guarda, a su vez, un lado oscuro que le hace indomable en determinados momentos. Para Zlatan resulta muy complicado guardar su personalidad en cautiverio, y con su afán de imponerse sobre todos los demás sucumbe a veces ante su Mr. Hyde. El día de su bestia llega en momentos puntuales de la temporada, en los que una acción no reprimida le cuesta salir del campo antes de tiempo, o acabar mal con un rival durante todo el partido. Crió fama, y eso a veces pasa factura. Ayer se llevó una tarjeta roja por una acción que no era merecedora de dicha sanción, en la que el árbitro ni se planteó la presunción de inocencia.

Entre los que le conocen hay opiniones para todos los gustos, como pasa con cualquier otra persona, pero con el sueco todo se magnifica. No tiene pelos en la lengua, y ese es su sino. Dice las cosas como las cree, aunque sean impopulares, porque es como cree que debe ser, sin miedo a la hipócrita sociedad de lo políticamente correcto. Sabe que quien busca una excusa para criticar siempre la acabará encontrando, y no duda en ponerles el trabajo fácil.

Lo tildan de loco, pero se dice que los genios lo están, y si nos ceñimos al aspecto futbolístico es una de las figuras más geniales de la última década. Un futbolista al que su indomabilidad le privó de cosas, pero que a la vez le dio muchas otras. Sin su temperamento no sería el jugador que es, sino algo totalmente diferente. Los que disfrutamos en cada partido de su juego preferimos que se quede como está, por si acaso una versión más temperada de su carácter provoca un desafortunado cambio en su forma de desenvolverse en el campo. Al fin y al cabo, no se puede agradar a todo el mundo.

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