7 feb 2021

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Miedo y asco en O Vao

  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

No se me quitan de la cabeza unas palabras de Boveda a principios de diciembre en las que comentaba, con cierto mosqueo, que no entendía que se discutiera continuamente el juego del equipo y la labor de Fernando Vázquez. Esas palabras llegaban con el equipo invicto y en lo más alto de la tabla, pero el runrún de que había que jugar a otra cosa y que las victorias llegaban de casualidad ya era ensordecedor.  Cumplir el objetivo era imposible jugando así, se decía. Y reconozco que yo no podría decir lo contrario, el juego no era bueno y ganar partidos de esa manera nunca está asegurado. 
 
De cualquier manera, al escuchar a Eneko hablar dí casi por seguro que la traducción de esas palabras a lenguaje claro sería algo así como: "Estamos ganando y nos sentimos cómodos jugando así. Mientras no se nos puedan reprochar los resultados no nos toquéis las narices, que por una vez las cosas nos salen bien". Y esa lectura, para mí, es lo más importante del asunto, porque lo que necesita un equipo para ganar es sentirse cómodo y capaz de conseguir sus objetivos. Ese contexto mental es más importante que una pizarra de entrenador llena de ideas geniales.

El aspecto psicológico, el sentirse comodos en el campo, es algo que debe protegerse como lo más sagrado de un vestuario. En el futbol, en una misma categoría en la que los equipos están parejos, lo que marca la diferencia entre quedar arriba o abajo es que la cabeza responda, y casi siempre la cabeza responde en base a los resultados y no en base al juego. Por aquel entonces la cabeza parecía responder y el equipo era capaz de sacar encuentros adelante sin sufrir aunque sin brillar, pero ya se había establecido en el ambiente la idea de que "el Deportivo no juega a nada y así es imposible". Yo creo que si le dices a alguien que es imposible, sea futbolista o arquitecto, empezará a plantearse la posibilidad de que efectivamente sea imposible. Quizás los colosos psicológicos, los Rafa Nadal del vestuario, sigan indemnes a esa presión, pero los demás irán viendo cómo hace mella el ser preguntados cada día sobre por qué lo están haciendo tan mal y si no les da vergüenza estar ganando por pura suerte.
 
Para que la cabeza funcione necesitas no estar sintiendote en el alambre y no sentir que el trabajo está bajo sospecha. Boveda pedía que los dejaran en paz, y no los dejaron. Porque ganar partidos no valía, había que jugar bien aunque eso costara sacrificar lo más valioso que tenía el grupo, que era la confianza. Había que jugar como decían otros en vez de continuar con la idea en la que ellos creían. El siguiente partido después de aquellas declaraciones del lateral fue el que enfrentó al Dépor y al Celta B en Riazor, en el que el estilo de juego cambió y el resultado de aquello no fue solo una primera derrota muy dolorosa, sino una racha de infortunios y de actuaciones inexcusables que llega hasta hoy. Se plantaron las semilla de la duda y de la exigencia y brotaron hasta convertir a un equipo ganador en una banda.

Sinceramente, sé que es ventajista decir esto porque yo no sé lo que habría pasado si no hubiésemos pecado de creernos mejores de lo que éramos y pedir que se nos diera de otra forma algo que ya se nos estaba dando. Quizás el resultado de no haber empezado a rajar de quienes tenían al equipo cumpliendo adecuadamente los objetivos y no haber instaurado la idea de que lo hecho hasta aquel entonces no valía habría sido el mismo. Eso sí, que nadie me diga que no tuvo influencia, porque las declaraciones de Bóveda y de otros por aquel entonces son muestra de que ese aroma a exigencia entraba en el vestuario. Ver cómo Abad pasó en semanas de porterazo a manco, Uche de jugador espectacular a futbolista que trota por el campo como si nada le interesara o Gandoy de gran promesa a alumno conflictivo que necesita un toque de atención deja claro que las cabezas no están donde deberían estar.
 
En cualquier caso, se consiguió de nuevo lo que se lleva consiguiendo años y en O Vao se confirmó una vez más: el equipo tiene miedo y nosotros sentimos asco.
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