La náusea

3 feb. 2018

La náusea


   Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
"El sábado los chicos jugaban a la rana y yo quise tirar, como ellos, un guijarro al agua. En ese momento me detuve, dejé caer el guijarro y me fui. Debí de parecer chiflado, probablemente, pues los chicos se rieron a mis espaldas"

El pequeño frangmento citado arriba pertenece a 'La Náusea', una de las obras más significativas de Jean-Paul Sartre, y no se refleja aquí porque tenga intención de convertir esta web en un club de lectura, ni mucho menos. Se refleja porque, en cierto modo, esa náusea en la que el autor intenta profundizar durante todo el libro y que se introduce por primera vez en esas líneas se corresponde de manera bastante fiel (aunque en un sentido  bastante menos existencial, por supuesto) con la sensación que al aficionado del Dépor puede generarle el panorama al que asiste jornada tras jornada con su equipo.

 Cuando comenzó la temporada nadie se esperaba que el equipo fuese a ir de ridículo en ridículo hasta verse a principios de febrero en una situación en la que pensar en una siguiente temporada en la segunda categoría suena como lo más probable. No obstante, no es eso lo que genera la peor sensación, sino el ver que el Deportivo no pasa de ser comparsa en cada partido y la total desgana por luchar cuando vienen mal dadas. Es ahí cuando el aficionado, que buscaba ser partícipe del juego de 'los chicos' se ve inundado de una sensación de desasosiego, desagrado y sinsentido. Una sensación de total desvinculación ante lo que representa lo que se está viendo, de sentirse parte de una pantomima que no hace honor a su escudo. Y la náusea hace acto de presencia de manera inclemente.

Si el 7-1 en el Bernabeu resultó vergonzoso, sirvió para paliarlo en cierta medida la idea de que el enfrentamiento había sido contra una de las plantillas más caras del mundo. No obstante, una derrota por 5-0 contra un rival al que el contexto de la competición le llevó a pelear por algo similar a tu lucha no es admisible. Y no lo es porque en ningún momento el equipo intento poner freno al ridículo que hicieron sufrir de nuevo a todos aquellos a los que le interesa lo más mínimo este club. Quizás no haya plantilla para luchar por Europa como pronosticó atrevidamente el presidente en su momento, pero desde luego sí que la hay para no hacer que el aficionado sienta vergüenza en cada encuentro.

Ayer hubo dos declaraciones post-partido que dieron pie a la especulación. La primera de ellas la expuso Albentosa a pie de campo: "Al final hasta nos hemos dejado ir". Que el (inexplicable) portador del brazalete salga a reconocer públicamente algo como eso, por muy verdad que todos hubiésemos visto que era, deja claro que el equipo está totalmente crispado. La otra frase de la noche fue de Lucas Pérez, que al ser interrogado sobre el futuro de Cristóbal Parralo se limitó a decir que "los resultados mandan". Estas palabras, aún en el caso de que no insinúen como parecen que hay gente en la plantilla deseando que se vaya el técnico, dejan margen a amargas reflexiones. No se puede defenestrar entrenadores de manera tan voraz como se lleva haciendo en el Dépor durante estos años. Si los resultados mandan, el Dépor tuvo cuatro temporadas ridículas para que los perjudicados por los resultados fueran, por una vez, otros en lugar de los técnicos. Cuando algo no funciona tras cambiar mil veces la misma pieza quizás mirar si el problema está en otro sitio no sea mala idea.

En cualquier caso, y una vez sacado a fuera algunos reproches, es momento de hablar también desde el pragmatismo y valorar el contexto. En cuanto al entrenador, si bien es cierto que no es el que más culpa tiene, no se puede obviar que su manejo del timón no está siendo satisfactorio. Este equipo, carente de jugadores de corte defensivo en el mediocampo, sólo funcionó de manera medianamente sólida con trivote, y no se optó por darle continuidad cuando era evidente que así se protegían en mayor medida las carencias defensivas de la zona central. Tampoco se dio cancha a una alternativa que en la situación en la que se encuentra el equipo, con una pareja de centrales muy expuesta, podría haver sido solución tanto como para el aspecto defensivo como para proteger la salida de balón: la defensa de cinco.

Esta tendencia a obcecarse y a prácticamente sólo innovar en la parcela de tres cuartos hacia adelante fue algo que condenó a Parralo a no encontrar la manera de hacer funcionar al equipo (aunque teniendo en cuenta que los mismos jugadores admiten dejarse llevar, quizás no habría conseguido nada igualmente). El partido de ayer no se puede ni comentar en lo futbolístico porque no se vio fútbol por parte del Dépor. Sólo se puede, si cabe hacerlo sin ser injusto con él, extraer que ya no se sostiene el argumento de que Rubén tiene nivel para ser indiscutible en Primera División. No tiene, ni mucho menos, la culpa del resultado, pero volvió a mostrar carencias que en un partido que no acabase 5-0 serían fatales. El gol de falta lejana de Illarramendi podía adivinarse desde dos segundos antes de que el futbolista guipuzcoano disparara.

Por lo demás, poco se puede extraer de un encuentro en el que los coruñeses apenas hicieron cosas con la pelota y apenas hicieron cosas bien sin ella. Se puede poner el foco sobre Bóveda (un futbolista que llegó como solución a los problemas defensivos de la banda derecha y ayer dejó detalles como el de olvidarse de su marca en el primer tanto para irse a la línea de gol a hacer a saber qué mientras William José remataba sólo y a placer a la meta) pero no sería justo mencionar a nadie dentro de la hecatombe defensiva que dejó ver incluso a jugadores de la Real Sociedad rematando corners ¡con el pie! no sólo en una, sino en varias ocasiones. También se volvió a demostrar la total nulidad de este equipo en la combinación (sólo hay que echar un vistazo a las estadísticas de pases) y falta de ideas en ataque salvo en los primeros minutos de Emre sobre el campo, en los que pudieron llegar al área contraria en un puñado de ataques sucesivos. 

Ahora mismo asistimos a un equipo que no compite, y posiblemente al único equipo de la historia reciente del Dépor al que realmente se le puede achacar ese reproche tan habitual como injustamente usado desde la grada de 'falta de actitud' .La situación es desesperada y el margen de error es ya nulo. Hay que sobreponerse a la descompensación en plantilla buscando esquemas que funcionen, hay que buscar compromiso en la idea de juego y resucitar al muerto.

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