abril 2015

9 abr. 2015

Una nueva esperanza


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


El día de ayer dejó dos noticias importantes en el entorno del Depor. La primera, que el equipo está Victor Fernandezhundido en lo físico, quizás motivado en esencia por un hundimiento también moral, y la segunda debida al relevo, que muchos veíamos muy necesario desde hacía ya tiempo, en el banquillo blanquiazul.

Que nadie me malinterprete, pienso que lo mejor que habría podido pasarle al Depor sería la continuidad hasta final de temporada del hasta ahora técnico, no por pensar que lo estuviera haciendo bien (todo lo contrario), sino porque eso habría significado que los objetivos se estaban cumpliendo, algo que es lo único que debe importar tal y como se plantean actualmente las cosas. No obstante, el empate contra el colista de la categoría en el día de ayer, sólo conseguido gracias a un desafortunado gol en propia meta del rival y después de todo un partido viendo como el equipo era incapaz de hacer frente a un rival que parecía jugarse mucho más cuando realmente ambos están en la misma pelea, hace que sea más que necesario el cambio, un cambio que llega, como mínimo, 5 meses tarde.

Víctor Fernández deja tras de sí un pobre bagaje de 6 victorias en 30 encuentros, y en el recuerdo una imagen de juego que, salvo en 4 partidos, fue entre mala y nefasta, sin conseguir encontrar nunca hueco para la autocrítica. Para el maño, todo lo que pasó esta temporada fue mala suerte, culpa de la situación social del club y una interesante concatenación de más excusas en las que no se recuerda que diese la cara. El fútbol no es, casi nunca, cuestión de suerte. Puede haber partidos en los que un detalle decida para bien o para mal, pero esas situaciones no son comunes. Lo cierto es que el fútbol se basa en la búsqueda de los factores diferenciales, de conocer tus puntos fuertes y las debilidades del rival, y explotar ambas cosas convenientemente. Cuando parece que en 25 partidos tuviste mala José Rodriguez Luis Fariñasuerte porque curiosamente el rival marcó lo que tú no marcaste, las apariencias obedecen a un trasfondo más oscuro. 

En todos los años que llevo viendo fútbol (es cierto que no se puede decir que sean muchos), no recuerdo demasiados partidos en los que me quedara la sensación de que fue todo cuestión de suerte. Más bien, casi siempre, lo que pasa es que hubo ocasiones de gol en las que no se supo crear la ventaja para el jugador adecuado, no se consiguió contrarrestar debidamente el ataque del rival o se eligió un esquema que era adecuado para atacar en un determinado partido pero no para defender, o viceversa, y todo acabó en un desequilibrio fatal. Al final, los partidos en los que la fortuna realmente tuvo incidencia, en los que el lanzador de un penalti pisó una calva del terreno de juego sin advertirla y perdió apoyo para lanzarlo bien, en los que el portero fue obstruido en su visión por una gaviota  perversa o en los que el delantero estrella se pisa el cordón de la bota cayéndose de narices ante un pase de la muerte que le dejaba para rematar a placer son una ínfima minoría. La 'suerte' del Depor estuvo en un negligente aprovechamiento del juego a balón parado, una fragilidad defensiva demasiado evidente, un mediocampo sin competencias claras (que en buena medida contribuyó a lo anterior) o un confuso reparto de los mecanismos de ataque, pero no en el azar. De hecho, diría que globalmente Víctor Fernández tuvo buena fortuna desde el momento en elVictor Sanchez del Amo que un inconmensurable Fabricio apareció en su camino. Creo que todos estaremos de acuerdo en que sin la brillante actuación del portero canario en lo que va de año, el relevo en el banquillo habría venido mucho antes.

Sea como sea, lo cierto es que eso ahora es historia, o al menos es lo que se espera. Llega otro Víctor, esta vez un viejo conocido con ganas de hacerse un nombre como entrenador, y que tiene ante sí la papeleta de revertir una situación que no será nada fácil. Por ahora, lo que parece que sí que consiguió ya fue apaciguar en la medida de lo posible los ánimos en una grada que tenía al antiguo entrenador en el punto de mira y ve como al menos, ahora, llega alguien nuevo, que además es una cara conocida de buen recuerdo para el deportivismo. Por ahora poco puedo decir, pero tengo ganas de poder ver los primeros partidos de este nuevo Depor para poder, en un par de semanas, volver a aquí para escribir opiniones centradas en tácticas y juego, que al fin y al cabo es el único idioma válido para hablar de fútbol, confiando en que sean positivas. Empieza un nuevo ciclo, y una nueva esperanza. Empieza de nuevo la lucha por la supervivencia.

3 abr. 2015

Fast & Fútbol



Aprovechando el auge debido a la publicación de su enésima entrega de la saga que se intenta parodiar con mayor o menor habilidad en el título de este artículo podría ser buena idea dedicar un tiempo a algunas anécdotas extradeportivas de un mundo tan elitista como el fútbol profesional, en este caso siempre con los lujosos coches que suelen conducir las estrellas de este negocio como protagonistas.
 
  •  Drenthe contra el cronómetro

Como no podía ser de otra forma, el primer protagonista de este apartado debía ser el futbolista holandés, que durante su etapa en el Hércules fue cazado a velocidades dignas de competir con el MP4-30 de McLaren esta temporada, y acusado de proferir insultos contra los agentes que le dieron el alto. Debía llevar a una amiga al hospital, según explicó, pero la anécdota fue de lo más recordado de su paso por Alicante.

  • Arbeloa, un lujo alternativo


Sorprendió a todos el lateral diestro del Real Madrid cuando se presentó en un entrenamiento conduciendo un Morgan 3 Wheeler de 2011 con su característico diseño de tiburón, un tipo de vehículo que no es precisamente el más habitual entre los elegidos por los jugadores de fútbol, y probablemente sí un quebradero de cabeza a la hora de buscar recambios para el coche. A pesar de tener tres ruedas y aspecto añejo, alcanza los 200Km/h con sus 82cv, que en una máquina tan ligera son suficientes para hacerle alcanzar de 0 a 100Km/s en unos 4 segundos. Diferente, pero veloz.

  • Zlatan Ibrahimovic y su hombría al volante


El futbolista sueco tuvo que lidiar en su etapa en el Barça con ciertas bromas debidas a su famosa foto junto a Gerard Piqué. Cuando salía de un entreno, uno de esos programas de televisión a los que no merece la pena hacer mención se inmiscuyó en la ventanilla enseñándole la foto con cierta burla. El futbolista no se lo tomó bien y la contestación fue rotunda.

  • Éver Banega y el coche que lo quería demasiado
Complicados meses en el dique seco vivió el argentino, por aquel entonces en el Valencia, cuando su flamante Audi R8 vio horrorizado cómo su dueño se despegaba de él para pagar la gasolina que acababa de repostar y quiso acompañarle. Lo dramatico del asunto fue que el futbolista no estaba de acuerdo con la decisión de su vehículo y no se le ocurrió mejor remedio que poner su pierna delante para pararlo. El resultado fue una rotura de tibia y peroné y seis meses de baja. Su siguiente coche fue un Ferrari 360, que acabó calcinado a la entrada de la ciudad deportiva de Paterna pocas horas después de que el argentino lo hubiese adquirido.

  • Pandiani para ser feliz quiso un camión 

De la misma manera que pregonaban Loquillo y Alaska hace tres décadas, el Rifle no se lo pensó dos veces a la hora de adquirir un  Iveco rojo allá por 2004, hecho que catalogó como "el sueño de mi vida". El jugador uruguayo también se compró un Mini con la bandera de Reino Unido en el techo cuando se rumoreaba su marcha a la Premier. Un amante de las excentricidades automotrices.

  • Jermaine Pennant y un olvido de casi 200.000 euros
El paso por Zaragoza de Pennant no será demasiado recordado, igual que tampoco lo fue para él un suceso que tardó cinco meses en volver a su mente: se había comprado un Porsche 911 Turbo y se lo había dejado olvidado al lado de la estación de tren de la ciudad aragonesa cuando volvió a Inglaterra para jugar en el Stoke City. Además, el coche estaba personalizado con una placa de matrícula que rezaba 'P33NNT'. Cosas que pasan.


  • El buggy del Chelsea


Quizás no sea un coche propiamente dicho, pero es entretenido. Durante la concentración de pretemporada del verano pasado, Didier Drogba manejaba el buggy que movía por el complejo de entranamiento a su equipo, cuando de repente algo falló y el pintoresco vehículo quedó enganchado. Hazard intentaba aconsejar de manera despreocupada una solución para la situación, Ivanovic reía resignado y Obi Mikel escapaba, casi cayéndose trepando una valla pero acabando con una carrera llena de felicidad tras superar el obstáculo. El resto simplemente miraban la escena, entre divertidos y confusos.