Goles míticos (XXIX): Juninho Pernambucano al Sedan-Ardennes (2008)

23 oct. 2015

Goles míticos (XXIX): Juninho Pernambucano al Sedan-Ardennes (2008)


Juninho pasó a la historia del fútbol como uno de los mejores lanzadores de faltas de la historia, pero fue mucho más que eso: un gran líder dentro del campo para un Olympique de Lyon que dominó de manera incontestable el fútbol francés durante más de un lustro con mucha influencia en su juego. Sería ridículo reducir la figura del futbolista brasileño a la de un simple especialista a balón parado, pero lo que sí es cierto es que en ese aspecto destacó por encima de los demás, y debido a ello es obligatorio recordar en esta sección su habilidad para poner el balón donde se le antojaba. Su técnica no se basaba en la potencia, como la de Roberto Carlos, ni en otorgarle al balón una curvatura idónea como hacía Beckham, sino que buscaba un golpeo seco para darle al balón un movimiento de rotación impredecible que en multitud de ocasiones desviaba su trayectoria en el aire de manera aparentemente aleatoria. Sirva este extenso vídeo como un ejemplo más completo de la capacidad de sorpresa del brasileño.

Entre todos los goles conseguidos por la antigua estrella del Olympique de Lyon (incluido el que anotó haciendo chocar a Oliver Kahn contra el poste), me quedo con uno que además de servir para conseguir el hito de introducir a su equipo en la primera final de Copa en casi 30 años, también ejemplifica a la perfección la pesadilla que era para los porteros un balón salido de las botas de nuestro protagonista:

Era un 7 de mayo de 2008, y se disputaba el partido de la semifinal de la Copa de Francia de aquel año entre Lyon y Sedan-Ardennes, equipo que por aquel entonces estaba en Ligue 2. El partido estaba llegando a su final con un anodino 0-0, y en el minuto 87 se produjo una falta de las que no suelen resultar especialmente peligrosas, a más de 37 metros de la portería. Juninho, que había saltado al campo como suplente en la segunda parte, fue el encargado de lanzar el tiro libre, y lo que salió de sus botas fue una trayectoria casi imparable. El balón cambió de sentido en el aire en varias ocasiones para desesperación del portero, que no supo hacer más que mirar el balón sin decidirse sobre hacia donde tirarse. El gol supuso la clasificación para la final, que acabaría ganando el Lyon frente al PSG con un gol de Govou.

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