Un 21 de marzo en pleno septiembre

25 sept. 2015

Un 21 de marzo en pleno septiembre


  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
 
Nunca pareció fácil. Cuando Víctor Sánchez del Amo llegó al Deportivo para disputar las últimas Víctor Sánchez del Amo Deporjornadas de la pasada liga, la situación del club parecía demasiado delicada como para pensar en otra cosa que no fuera el futuro inmediato. La temporada hasta el día de su contratación había sido plana, leve, aburrida y, sobre todo, mala. Víctor llegó a un equipo roto, sin confianza y cuya afición se sentía hastiada de demasiados meses viendo a los suyos haciendo lo mismo cada semana, perdiendo partidos por inercia, sin buscar soluciones muy distintas a lo que ya se había hecho. Finalmente, el  vital objetivo de la salvación se acabó consiguiendo, aunque por métodos puramente resultadistas, sin evidenciar todavía ninguna de las ideas que se querían inculcar al equipo. No había tiempo para ensayos. 

Una vez obtenida la permanencia, un verano por delante ofreció el margen necesario para trabajar en algo diferente, y con el inicio de la 15/16 parece que aquel crudo invierno deportivo del último lustro está empezando a dar sus primeros signos de llegar a un pequeño oasis de bonanza, siempre que lo visto en las primeras cinco jornadas no acabe por resultar un simple espejismo. A día de hoy, las ideas con las que se están empezando el curso parecen válidas para conseguir, de manera holgada, Lucas Pérez Fajrel principal (y único) objetivo de la temporada, que no es otro que permanecer en la máxima categoría.

Este inicio de campaña está dejando ver cambios drásticos en el estilo de juego y en los resultados obtenidos. Si el pasado año veíamos a un equipo carente de inventiva e iniciativa, que parecía dar los partidos por imposibles desde antes del pitido inicial, este año estamos ante unos jugadores de un carácter diametralmente opuesto. Es precisamente ese salto en cuanto a la actitud una de los principales motivos que están llevando a los blanquiazules al éxito, pues aprendieron a jugar de tú a tú a los rivales que se encuentran en su camino. Todavía no se llegó a los partidos contra los grandes (teniendo en cuenta que el Valencia a día de hoy no es un objeto válido de comparación en ese aspecto), pero ante los rivales de su altura está sabiendo creerse en todo momento que tienen capacidad para conseguir la victoria en cualquier contexto. Logros como el del partido del Sporting, consiguiendo empatar un encuentro que ellos mismos se habían puesto muy cuesta arriba nada más empezar así lo evidencian.

Este equipo tiene ideas más que ideales. No es un conjunto que destaque por ser disciplinado, ni tampoco por un orden militar. Es un equipo de zona baja atípico, que no basa sus conceptos básicos en la idea de no ser mejor que el rival, sino en la de conocer sus virtudes y buscar explotarlas. El Depor ofrece trabajo, apoyo constante entre compañeros y, sobre todo, aprovechamiento de talentos específicos en una especie de libertad vigilada en fase ofensiva. Estamos viendo a un conjunto que sabe explotar a la perfección rasgos diferenciales de sus futbolistas, y es común ver como Lucas tiene libertad para ejercer influencia en una parcela muy extendida del campo en la que resulta muy incómodo en la presión o impredecible en el ataque, o como Sidnei es capaz de ofrecer en diferentes etapas del cada encuentro (con una frecuencia mayor que el año pasado) una de esas explosivas y características galopadas desde atrás con las que se suele poder aprovechar fallos en las transiciones defensivas rivales. Siempre hay alguien haciendo un trabajo por detrás de ellos que les permita hacer esa acción que es capaz de crear superioridades clave.

Otro de los grandes beneficiados de este aspecto del juego deportivista es Fajr. Es un futbolista que puede aportar trabajo y presencia si así se requiere, pero donde más daño hace es cuando ofrece llegada. Es impagable la labor que hacen para liberarle tanto Mosquera, que durante 90 minutos seFede Cartabia Lux Depor Betis ofrece allá donde un compañero necesita pase, cubriendo una amplitud de campo que impresiona, como Borges, cuyo trabajo oscuro es impagable.

El equipo dio durante los primeros partidos la sensación de que en todo momento podría ser capaz de hacer un gol en la siguiente jugada, de ser candidato serio a ganar el partido, y eso es algo que en Riazor no se veía desde tiempos muy remotos. Existe más calidad en ataque que otros años, pero también un mejor aprovechamiento del talento. Hasta el momento no hay una referencia goleadora, pero casi todos los futbolistas de ataque saben crear situaciones de peligro en área rival y se complementan de forma que llegando en bloque la portería se vea comprometida desde varios ángulos. Es un juego efectivo y dinámico, pero de tal exigencia que el éxito de la idea estará motivado en gran parte por la capacidad de las rotaciones para conseguir entrar de manera efectiva en el esquema.

No obstante, no se pueden obviar problemas importantes. En el equipo existieron fallos de concentración graves y plurales que llegaron a costar puntos, y la organización defensiva tiene puntos débiles a tratar. El problema de jugar sin un pivote defensivo puro es que en ocasiones uno de los dos medios complementados en labores defensivas se ve, por el contexto de transición, demasiado lejos de la jugada como para conseguir llegar a apoyar a su compañero. En el partido ante el Sporting, por ejemplo, Borges y Fajr dejaron en varias ocasiones a Mosquera siendo el único tapón de los ataques del equipo de Abelardo. Eso, unido a la falta de coberturas de los extremos, provocó que en alguno de los goles la necesaria cobertura del central al lateral dejaran al '5' deportivista con la doble labor de cubrir la frontal y de ocupar el puesto del central de apoyo, demasiado para un sólo futbolista. 

También será especialmente duro para ciertos jugadores acoplarse a esta dinámica de juego. Juan Domínguez jugó contra el Betis un buen partido, supo ofrecer llegada, descolgarse y apoyar, pero se vio obligado a no ser él. Su capacidad de organización, que en casi todos los años previos a este estuvo negligentemente infrautilizada (tanto por el entrenador como por él mismo) en un contexto de juego en el que habría sido un recurso vital, se ve esta vez menos  necesaria al tener tres jugadores en el centro del campo que se complementan de manera que la transición defensa-ataque no se entiende en términos de balón, sino en términos de movimientos. No obstante, el rol del jugador de Pontedeume ayer evidenció que está preparado para participar en este proyecto, aunque haya que renunciar a lo que realmente sabe hacer. Otro de los jugadores que parece tener complicado entrar en esta dinámica es Álex Bergantiños, con un juego demasiado posicional en el mediocampo que no se acopla del todo bien a lo que parece buscar Víctor, aunque como central podría ser un jugador de plantilla muy aceptable. Oriol Riera, a su vez, es un jugador diferente al resto de hombres de ataque que, si bien no entra dentro de lo que debería ser la referencia titular de este equipo, puede ser un recurso interesante en diversas situaciones del juego que se darán a lo largo de la temporada. Los Fajr, Mosquera Borgesúltimos minutos del partido ante el Sporting habrían sido un lugar en el que el jugador catalán habría encontrado su sitio.

En resumidas cuentas, la temporada que está empezando está ofreciendo todos los rasgos propios de un punto de inflexión, y no son los resultados lo que invitan a hacerlo, ni tampoco es el tipo de juego (que puede tener bajones durante el curso), sino el cambio de actitud. Este equipo está demostrando saber hacer frente a los problemas y trabajar para crear virtudes, siendo la psicología algo básico en el fútbol, sobre todo en la zona baja de la tabla. La fortaleza mental marca la diferencia entre los tres últimos y los siete que quedan por encima, y es algo en lo que el Depor llevaba mucho sin destacar. No podemos saber si llegará definitivamente una primavera a Riazor en la que florecerán los éxitos después de demasiado tiempo con un clima muy desfavorable en todos los aspectos, pero lo que ya está enormemente arraigado en A Coruña es un sentimiento unánime: Ilusión.

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