30 sept. 2015

Cuando Lucas encontró a Luis Alberto

  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com
 
¿Por qué Lucas Pérez lleva en estos seis primeros partidos de temporada cifras goleadoras comparables a las conseguidas la temporada pasada completa? La respuesta inmediata que puede Lucas Pérez Espanyolvenir a la mente de cualquiera seguramente estará centrada en aspectos propios del jugador, como la ausencia de las tan frecuentes lesiones durante el año anterior, su presencia más cercana a la portería o una fortaleza mental más férrea debido a que las cosas por fin parecen ir bien.

No obstante, y aunque estas cuestiones juegan también un papel clave, el contexto que le rodea es también un punto interesante a analizar en el estado de forma del líder ofensivo de este Deportivo que ilusiona con su buen inicio de curso. El juego del equipo y las características de sus compañeros habituales en la zona de ataque se adecúa a las condiciones del juego de Lucas como anillo al dedo, y eso se traduce en una mayor posibilidad de delegar obligaciones que hasta el verano sólo él se veía competente para lograr.

La principal circunstancia externa que hace brillar al jugador es, sin duda, el dinamismo en ataque que está ofreciendo el conjunto de Víctor Sánchez del Amo. Se ataca rápido, muy rápido, y es en ese ritmo superior a la media donde el delantero que lleva dentro (recordemos que la de 9 no es su posición natural) se magnifica. Una circulación rápida de balón le permite encontrar más espacios gracias a las continuas correcciones que ha de hacer la defensa rival, y cuando tiene huecos en su parcela de influencia es imparable. Sabe moverse por ellos y buscar la mejor posición en la que ofrecerse para arrancar de manera imprevisible tras recibir, y una vez controla el balón empieza el juego. Es imprevisible y dinámico, sabe hacia dónde llevar a su marcador y, aunque a veces incapaz de controlar el empuje y la ganas, también sabe donde estar para ser importante en Lucas Pérez Luis Albertocada acción, ya sea en la presión, que ejerce de menera incansable, u ofreciendo alternativas. Es el empuje del equipo, el hombre que tiene ese punto de garra que cuando se junta con talento convierte a su poseedor en líder indiscutible. 

Además de un estilo de juego adecuado, cabe destacar que también encontró a unos compañeros con cualidades que le hacen estar más liberado. Por detrás de él tiene a Fayçal siempre presente, que aporta un apoyo vital en la llegada, a Mosquera haciendo acto de presencia en todo momento en posición óptima para recibir y pasar, haciendo que la dinámica no se estanque y desatascando el juego en una labor culminada por el siempre incansable Celso Borges. Además, también tiene la ayuda del principal socio que encontró esta temporada, con el que se entiende de manera brillante y cuya posición busca conocer en todo instante: Luis Alberto. El jugador cedido por el Liverpool es un apoyo ideal en ataque sobre el que Lucas descarga buena parte del peso con el que no puede cargar de forma efectiva durante las posesiones en campo rival. Juegan de manera casi automática entre ellos, entienden sus movimientos y complementan sus virtudes. Lucas rompe, Luis Alberto ve y el peligro empieza. Ambos son una amenaza en la frontal del área y ambos están casi siempre ofreciéndose en ese punto concreto.

Lucas es el nombre propio de este Depor porque por fin puede ser él en lugar de tener que ser todos. Este equipo le permite ocuparse de lo que puede hacer y delegar en otros aquellos trabajos al límite de su jurisdicción. Le permiten estar cerca del área y centrarse en crear el peligro decisivo, y ya no es el hombre para todo en campo contrario, sino la referencia y el desequilibrio final, eligiendo él mismo cuando hacer más y cuando mantener la posición. Ahora es sólo su irrefrenable orgullo el que le hace trabajar más de lo que le corresponde, y no la imperiosa necesidad de un equipo roto e incapaz de hacer nada sin él como figura omnipresente, como pasó el año anterior.

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