20 jul. 2015

Un partido en el ombligo del mundo

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Existe un lugar en el mundo en donde el océano parece ser la única realidad cuando se mira al Rapa Nui Isla de Pascuahorizonte. Un lugar pequeño y tan aislado del resto de tierra emergida que para encontrar vida humana partiendo desde sus costas habría que recorrer la friolera de 2075, kilómetros, y lo que nos encontaríamos no sería más que un minúsculo cúmulo de islas con poco más de 50 habitantes. Esta tierra de la que hablamos, a más de 3000 kilómetros de cualquier puerto en superficie continental se trata de Rapa Nui o, en idiomas foráneos, la Isla de Pascua.

El curioso nombre dado por los extranjeros a esta isla es debido a la fecha en la que el holandés Jakob Roggeveen desembarcó allí, el día de Pascua de 1722, desencadenando así el primer encuentro entre las culturas rapanuí y occidental y el inicio del mito de uno de los lugares más enigmáticos y solitarios del planeta. La pequeña isla, considerablemente inferior en superficie a la isla de El Hierro canaria, podría haber sido colonizada por navegantes polinesios sobre el siglo V de nuestra era, comenzando allí una de las culturas menos conocidas pero más estudiadas de la antigüedad. Con una tradición oral muy marcada, una curiosa escritura todavía sin descifrar (el sistema rongorongo) o, por supuesto, los mundialmente conocidos moais, la cultura de este apartado territorio tiene muchos alicientes para ser objeto de múltiples teorías y dar excusas a la imaginación.

En medio de esa concepción, casi esotérica, arraigada en el subconsciente colectivo occidental, cualquiera podría pensar que los habitantes de Rapa Nui son gente espiritual y evasiva, con poco apego por el mundo terrenal. Más allá de todo eso lo cierto es que, si bien su cultura tiene muchos rasgos característicos, el modo de vida de sus antiguos no es ya adoptado por la sociedad de la isla, al menos en un entorno social, más allá de ritos tradicionales o lugares puntuales. Cabe destacar la irreparable pérdida sufrida en el transporte generacional del saber popular antiguo, debido a la tradicional difusión oral del mismo desde sus inicios y el colapso social grave sufrido por la isla entre los siglos XV y XVII debido a la sobrepoblación y la sobreexplotación de los insuficientes recursos naturales, que hizo caer su población a cifras críticas en mitad de un contexto de guerra civil entre sus habitantes, lo que provocó que la transmisión de la cultura a las siguientes generaciones quedara en segundo plano, por la pérdida de medios humanos para hacerlo y por el mayor énfasis en el conflicto entre pueblos rivales.  

No cabe duda de que todos estos antecedentes convirtieron a los rapanui en una sociedad muy particular, concentrada casi en su totalidad en la única ciudad existente en la isla, Hanga Roa. No obstante, esas peculiaridades debidas a un característico legado no impiden que existan muchos lazos  con el mundo occidental, y el fútbol es uno de ellos. Aunque no es el deporte más popular, tienen su propio selección amateur, que actualmente compite en el Campeonato nacional de fútbol de Pueblos Originarios que se celebra en Chile (país al que pertenece la isla). En la citada competición son uno de los equipos punteros, pero lo que nos ocupa hoy no es eso, sino algo de mayor repercusión mediática, el que podría catalogarse como el verdadero partido del siglo en el territorio insular.

En 2009, la federación chilena decidió contar con la Isla de Pascua en la copa nacional para fomentar su integración, y el modesto seleccionado local (compuesto por los mejores jugadores de los seis equipos de su liga amateur) entró en el sorteo para las eliminatorias, siendo emparejado con Colo-Colo. El partido se celebraría el 5 de agosto de aquel año y la isla se preparó para recibir un día histórico en el que por primera vez su equipo jugaba un partido profesional. Debido a la falta de especialistas en preparación táctica en Rapa Nui, la ANFP envió unas semanas antes de la gran cita al Rapa Nui Colo Coloentrenador Miguel Ángel Gamboa (mundialista en España 82'), para ayudar a preparar al equipo de cara al esperado partido, y allí se quedó hasta que el día del encuentro. 

A pesar de no existir una gran afición por el fútbol, la isla vivía algo histórico y se puso sus mejores galas para ver a sus conciudadanos jugar ante uno de los equipos poderosos del fútbol chileno. Un  estadio pequeño pero repleto, una intimidatoria exhibición de Haka antes de comenzar el encuentro y una dosis de emoción por el reto era lo que tenían que ofrecer los locales en Hanga Roa. La diferencia de nivel era notable, pero los rapanui supieron plantar cara. No fue hasta el minuto 30 cuando Colo-Colo pudo hacerles gol, un tanto que fue el primero en un marcador que acabó 0-4. El resultado hablaba de derrota, pero lo importante ya estaba hecho: habían jugado un partido profesional y conseguido establecer un hito en su historia. El ombligo de la Tierra había conseguido un nuevo nexo con el resto del mundo y estaba ya un poco menos aislado en la inmensidad oceánica. 


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