17 jul. 2015

Mwepu Ilunga: El juicio erróneo a un héroe irreverente

 Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Existen acciones que quedan en la memoria del aficionado al fútbol de manera irremediable. Jugadas Mwepu Ilunga Escocia 1974que por su plasticidad, importancia o contexto acaban siendo comentada y recordadas a lo largo del tiempo, sin importar los años que pasen. Algunas de esas jugadas no significaron una obra de arte futbolístico, ni provocaron goles que dieron títulos, sino simplemente fueron notas tan discordantes en un campo de fútbol que se quedaron en la retina de todo aquel que las vio. La jugada que protagonizará el artículo de hoy pertenece a este último caso, y muchos la conocerán, a pesar de haber ocurrido hace ya más de 40 años. Lo que no todo el mundo conoce (de hecho, la idea general es una simplificación del contexto que nada tiene que ver con la realidad) es lo que había detrás de ella. Hablaremos del despeje ilegal de Mwepu Ilunga en el Mundial de 1974, que se expone a continuación:

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Durante los años 70, el contexto político de Zaire era controvertido, como suele pasar aún en la actualidad en buena parte de los países centroafricanos. Cabe destacar, además, que a día de hoy el país se corresponde con la República Democrática del Congo, siendo Zaire un nombre que el dictador Mobutu adoptó para su país como una derivación de la palabra que en su idioma se utiliza para Mobutu fútbolreferirse al río Congo. Mobutu fue un líder déspota, corrupto, vanidoso y cruel (algo esperable en un autócrata), y además utilizó el deporte como vía de distracción de sus ciudadanos, llegando incluso a unir a Muhammad Ali a su causa. Por ello, como no podía ser de otra forma, recurrió al fútbol como principal opio del pueblo.

En aquella búsqueda del éxito deportivo para crear amor por el líder, Mobutu se acercó a sus jugadores, y los trató con mimo. Puso los medios para formar a futbolistas competitivos y, de esa forma, un país acostumbrado a no conseguir nada en el deporte rey se convirtió bajo su mandato en campeón de África en 1968 y consiguieron la primera y única clasificación para el Mundial de su historia en 1974, no sin antes volver a ganar la máxima competición de selecciones africanas ese mismo año.

Zaire se presentó en Alemania para disputar aquel Mundial con la ilusión de seguir haciendo historia tras convertirse en el primer equipo del África subsahariana en llegar tan lejos, y también con la promesa de Mobutu de que sólo por haberse clasificado para aquella gran cita tendrían una cuantiosa prima económica. No obstante, las arcas del Estado en aquella época estaban en un estado ruinoso, víctimas de las ostentosas prácticas de su dirigente, y en mitad de la competición los jugadores supieron que no cobrarían. La noticia sentó como un jarro de agua fría en la expedición zaireña, y existió un amago de huelga que al final se tradujo en un partido jugado sin intensidad ante Yugoslavia en el que perdieron 9-0.

En aquel contexto, y sin tratar de entender nada al ser los 'bichos raros' del Mundial, tanto la prensa como la opinión pública extranjera ridiculizó a los futbolistas y culpó al seleccionador de querer favorecer a la selección de su país (Blagoje Vidinic, que así se llamaba, era yugoslavo), pero en ningún momento se preocuparon por averiguar las causas de que un equipo que tan buena sensación había dejado en su primer encuentro contra Escocia (a pesar de una derrota por dos goles) se hubiera paseado por el campo en su segundo partido del torneo. Cabe destacar, también, que Ilunga fue expulsado (de manera voluntaria, a modo de protesta) durante aquel enfrentamiento, pero debido a un error en el acta, el sancionado fue uno de sus compañeros, con lo que tuvo que jugar el últimoZaire Mundial 74 encuentro de la fase de grupos ante Brasil, donde se desencadenó la acción que dio motivo de ser a este artículo.

Para frenar la sangría y el desprestigio de su equipo y, por extensión, de su persona, Mobutu recurrió a las amenazas: si Brasil les ganaba por más de cuatro goles se les prohibiría el regreso a su país, una meta que ante una selección tan poderosa como la canarinha se antojaba complicada. Tan difícil de soportar para los futbolistas africanos fue la encomienda que, acercándose el minuto 80 de partido y con 2-0 en contra, Ilunga no pudo más y se gestó una de las acciones más curiosas de la historia de los mundiales. En una falta a punto de ser ejecutada por Rivelino, un especialista a balón parado, y ante la certeza de que aquel balón tenía muchas papeletas de entrar y provocar su expatriación, el defensa zaireño salió corriendo de la barrera y pegó un zapatazo al balon con la intención de ganar tiempo y salir expulsado para no formar parte de aquello pero el árbitro decidió simplemente amonestarlo. Los brasileños se miraban confusos, el público reía y el mundo no acertaba a comprender lo que había pasado, pero Ilunga y sus compañeros lo comprendían perfectamente: era miedo.

El resultado final fue un 3-0 que permitía a los jugadores volver a su país, pero Ilunga fue víctima de la incomprensión extranjera durante el resto de su existencia. Durante décadas vivió para muchos siendo el hombre que no conocía las reglas del fútbol en un Mundial, un estigma puesto por gente que no se preocupó por comprender. Ilunga había jugado durante muchos años antes al fútbol en su país, llegando a ser campeón de la Copa de Campeones africana en dos ocasiones, con lo que la teoría del desconocimiento no tenía sentido. Ilunga acabó siendo un anónimo más en un país que le dió la espalda a él y sus compañeros por orden de su dictador, a pesar de la gesta lograda, y acabó sobreviviendo como pudo hasta que la muerte le llegó el pasado mes de mayo.

1 comentarios :

Ruben FCP dijo...

Recomiendo la lectura de este genial artículo del que pude extraer mucha de la información utilizada en aquí http://www.elenganche.es/reportaje/ilunga-el-despeje-de-zaire/

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