La llamada de tu pasado

15 ene. 2014

La llamada de tu pasado


   Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com


Se acerca tu jubilación. Llegas a casa tras un duro día de trabajo y encuentras una llamada perdida en el teléfono. Tu antiguo jefe se acordó de ti para algo. Como sabes que es un tipo excéntrico, piensas hasta tres antes de devolver la llamada y acabas por dejar el aparato a un lado. 'Si me sigue necesitando, ya volverá a llamar', podrías decir. Vives una apacible vida en Brasil, con la tranquilidad como estilo de vida, y no se te ocurre qué puede querer alguien de tu antiguo pasado como estrella del fútbol europeo. Finalmente, el teléfono vuelve a sonar y Sílvio Berluconi te dice: 'Clarence, queremos que vuelvas'. Y vas.

El AC Milan se caracterizó en los últimos tiempos por tomar decisiones deportivas y administrativas curiosas. Sin ir más lejos, una de esas sorprendentes anécdotas ocurrió por intermediación de su nuevo entrenador, cuando instó al club a fichar a un buen amigo suyo, Harvey Esajas, que llegó al fútbol italiano para convetirse en leyenda (urbana). Es un club peculiar, pero más allá de su fama de cementerio de elefantes y de equipo en horas bajas nadie puede negar que es un gigante a la espera de ser resucitado, un reto que, a pesar de hartamente complicado, es también muy atractivo. 

La oportunidad le llega a un Clarence Seedorf que hasta hace unas horas era futbolista profesional, con contrato. Estaba, probablemente, decidiendo junto a sus compañeros y técnicos cómo encarar el debut en Copa Libertadores de su equipo dentro de 2 semanas, y se encontró de repente con una de esas surrealistas genialidades del destino que su antiguo club prepara continuamente. Es una noticia curiosa, pero también, a su modo, triste. Cuelga las botas otro importante pedazo de aquel fútbol de los 90 que tanto nos marcó a todos los que lo vivimos. Junto a él en el banquillo estarán otros dos viejos conocidos de la entidad rossonera, Jaap Stam y Hernán Crespo.

Seedorf, el hombre capaz de cambiar un partido con sólo rozar el balón, el futbolista elegante, el lanzador de misiles teledirigidos, tiene ahora el gran reto de dar a su club tanta gloria desde el banquillo como le dio en su día en el campo. Aceptó un cargo con ilusión, pero puede hacerse duro acostumbrarse a la idea de que, de un día para otro, los que darán patadas al balón serán los demás, mientras tú sólo puedes limitarte a dar instrucciones, y esperar que las cumplan. Comienza una nueva etapa para él, se acabaron los pases elegantes delante de las cámaras. Es momento de ponerse el traje.

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