diciembre 2013

28 dic. 2013

Mario Balotelli lanza al mercado su décimo libro "El ego como burla del absurdo"



Uno de los bombazos editoriales del año se confirmó en la noche de ayer. Mario Balotelli, delantero del Milán y escritor alabado por obras como "El alma que navegaba astuta hacia el futuro" o "Una introducción a la Guerra de las Dos Rosas. Contexto y reflexiones" anunció que publicará la que será su décima obra "El ego como burla del absurdo" a mediados de febrero de 2014.

El futbolista italiano, que consiguió una impresionante mejora de su prosa desde que publicara su ópera prima (y a la vez su novela más vendida hasta la fecha): "Kuando me avurro me boi de fiesta" se encamina ahora hacia las profundas reflexiones del ser, contextualizadas en la más cruda de las realidades: el temor al lado oscuro latente en la personalidad del hombre sabio.

El propio Balotelli definió su trabajo como "un texto maduro, muy rico en sinécdoques, anáforas, asíndentons, catacresis, circunloquios, jitanjáforas, opistodomos y alvéolos" y añadió: "en serio, está de puta madre". La novela, que el autor quiso definir más bien como un "ensayo catastrofista, una liada de carallo" será publicada por una editorial que prefirió mantener su nombre en secreto hasta el día de la publicación para evitar saqueos en su inventario antes de la esperadísima fecha. 

Lo que si se desveló fue el precio, que será de 123€ por cada uno de los cinco tomos de 2356 páginas que forman el total del flamante libro.  Por cada ejemplar comprado, un 15% será donado a la Fundación Silvio Berlusconi que, según palabras del propio fundador "nace con el firme propósito de ayudar a los presidentes del AC Milan a salir adelante y luchar por una vida mejor".

John Terry irrumpe en el vestuario al grito de "¡Adivinad quién lo ha vuelto a hacer!"



En lo que probablemente fue la anécdota de la mañana en el entrenamiento del equipo londinense, el capitán del Chelsea, John Terry, apareció por el vestuario con aspecto risueño y satisfecho antes de comenzar la sesión, mientras gritaba reiteradamente: "¡Adivinad quién lo ha vuelto a hacer!" cada vez que se cruzaba con compañeros y empleados del club.

El emblemático jugador blue se mostró confiado y alegre en todo momento, pero se negó a dar más detalles sobre sus manifestaciones a los jugadores que se acercaban con cara de pánico a preguntar sobre ello. El momento más incómodo llegó cuando el entrenador, José Mourinho, hizo acto de presencia y se encontró con sus jugadores en un escenario dantesco. Algunos de ellos estaban en el suelo, en posición fetal, mientras se balanceaban hacia adelante y hacia atrás ante la tensión del momento. Mientras tanto, en una esquina de la estancia, Frank Lampard y Terry cuchicheaban mientras este último realizaba una amplia variedad de gestos con los dedos, llegando incluso a sacar del bolsillo una salchicha Bratwurst y un Donut de chocolate que se había traído de casa para poder explicar mejor su punto de vista a su amigo.

El técnico portugués exigió explicaciones de forma inmediata, pero el murmullo en el lugar era ensordecedor y nadie le escuchó. Reporteros de The Sun habían ya hecho acto de presencia y algunos se encontraban sacando fotos a la ropa interior de los jugadores mientras otros grababan a Samuel Eto'o dándose una ducha mientras exclamaban gritos como: "¡La gente quiere saber!" o "¡Las partes íntimas también son noticia!". Ninguno de ellos, por otra parte, parecía estar allí por el revuelo montado alrededor del capitán.

Todo acabó cuando Mou consiguió convencer (disfrazándose habilmente de Iker Casillas y bajando sus defensas) a un reputado periodista español que se había desplazado hasta Londres sólo para gritarle "¡Mourinho cabrón!" de que le dejara su megáfono, y con dicho aparato consiguió mandar a calentar a sus futbolistas para dar el asunto por zanjado. Mientras abandonaban el vestuario, Terry advirtió a su compañero David Luiz que fuese con cuidado y agachase la cabeza al pasar por la puerta, seguramente debido a la magnitud de su cabellera, en un claro gesto de que, a pesar de todo, el capitán siempre vela por sus compañeros.