noviembre 2013

8 nov. 2013

Stand by




"Me enervan los que no tienen dudas y aquellos que se aferran a sus ideales sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto tráfico y tanto sinsentido"

Cuando uno se sienta a escribir, debe hacerlo porque su estado de ánimo le incita a ello, porque tiene ideas que compartir. Hace tiempo que cuando me pongo delante de la pantalla para agregar contenidos a esta página no salen las palabras y tengo que obligarlas a que lo hagan, traicionando así la intención inicial con la que empezó todo esto hace ya más de tres años, que no era otra que la de entretenerme. Cuando te das cuenta de que vas contra tus principios, las únicas opciones correctas son dejarlo o conectar de nuevo con ellos. Ahora mismo me resulta imposible hacer lo segundo, por lo tanto sólo me queda una opción.

Hace unos días esta página llegó a la redonda cifra de un millón de visitas, y mientras estaba pensando qué hacer para conmemorarlo, me replanteé si aguantaría otro millón más. Llegué a la conclusión de que no, al menos en estas condiciones. Creo que en estos momentos, por falta de motivación y ganas, no puedo mantener un nivel de calidad autoexigible.

Desde aquí siempre intenté hacer las cosas de una forma diferente a lo que se ve en los medios de forma habitual, pero no soy, ni mucho menos, nadie que pueda hacer frente a todo ese mercado basado en vendernos lo que les resulta fácil de crear, que no consigue otra cosa más allá de hacer del fútbol un deporte odiado por aquellos a los que no le gusta, o a hacer que a los que sí les gusta pero apoyan a un equipo modesto odien a los dos grandes. Llegué a cogerle manía a la cultura (nunca al juego) del fútbol hasta el punto en el que por momentos me llegó a irritar ser relacionado con él de cualquier forma posible.

Creo que lo que más me cansó fue esa 'lucha' contra lo que altera mis nervios, el estar rodeado de guerras absurdas por cualquier motivo ocurrido en el césped o fuera de él. El fútbol, a pesar de que es un juego brillante, está rodeado de gente empeñada en desmerecerlo. Es un mundo en el que la gente se deja robar el raciocinio de forma rápida y desesperante. Un mundo en el que el respeto al rival o a las opiniones ajenas no es algo que se vea a menudo. Por supuesto, en lo personal no tengo queja alguna, en estos años no recuerdo haber sufrido personalmente ningún ataque irracional contra una de mis opiniones, y es de agradecer. No obstante, uno no puede vivir en la tranquilidad mientras lo que le rodea es caos. 

Este, el que rodea al fútbol, es un mundo en el que no quiero tener cabida ni nunca planee tenerla. Me refiero, por supuesto, al ámbito global, ya que en el trato personal uno se encuentra a gente que merece mucho la pena, como en todos sitios. Es sólo un juego del que no puedo ya desprenderme (y unos colores, los del Depor, que forman parte de mi vida), pero nunca introducirme en su círculo, ya que eso me supera. Tras todo lo expuesto, consideraría hipócrita y una falta de respeto seguir con esto durante más tiempo en la actualidad.
El control del mundo será siempre de los villanos, pero la felicidad es un lujo reservado sólo para los buenos. El reto es luchar por lo justo, pero sin emplear las fuerzas en lugares o en luchas ajenas. Esta nunca fue mi lucha, sólo un hobby. Volveré si algún día vuelvo a ver esto como un simple entretenimiento. Muchas gracias y hasta otro día.

4 nov. 2013

Están locos estos romanos



  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Un intrépido galo triunfa como nunca lo hizo nadie comandando las tropas romanas, y hasta el día de hoy no parece que esté cerca el día en el que el cielo se caiga sobre su cabeza. Este domingo una pequeña llovizna en forma de empate contra el Torino se interpuso en su camino provocando que su bagaje en la Serie A ya no permanezca impoluto, pero hasta ese momento llevaban un total de 10 triunfos consecutivos en la liga italiana.

Cuando Alessio Cerci coló el balón en la portería de De Sanctis en el minuto 63 del partido disputado en el Stadio Olímpico de Turín parecía que, por inercia, el equipo romano acabaría por conseguir un tanto que les diese los tres puntos, pero no fue así. El equipo de Rudi Garcia perdió los primeros dos puntos de lo que va de temporada.

Después de un 6º puesto la anterior campaña que les dejó fuera de los puestos europeos y después de dos proyectos fallidos consecutivos, uno a cargo de Luis Enrique y otro con el carismático Zdenek Zeman al frente, pocos daban a los Giallorossi como favoritos al título, pero según pasan las jornadas su superioridad parece no tener fin. Vencieron ya a Napoli e Inter, dos de los equipos que también se esperaba que acabasen luchando por los puestos de arriba, y sólo les queda ya mantenerse en esa línea y pasar el examen de la Juventus para determinar si este equipo va en serio. Pero ese enfrentamiento no llegará hasta enero.

Lo más llamativo de este equipo es seguramente su solidez defensiva. Únicamente 2 goles encajados en 11 partidos es una cifra increíble, casi de cuento de hadas. Además, debemos sumarle una capacidad goleadora cuanto menos interesante en la que participa de forma clara la segunda línea. Hay una gran dispersión entre los autores de los goles, hasta 11 futbolistas vieron puerta cuando todavía llevamos poco más de 1/4 de competición. Son el equipo de moda en Europa, y no es para menos. Rudi Garcia resucitó a un equipo que ahora, por números, brilla más que nunca.

Una de las noticias más celebradas por los nostálgicos en esta resurrección es la segunda juventud de un incombustible como Francesco Totti. A sus 37 años consiguió 3 tantos y 6 asistencias en los 8 partidos que disputó hasta hace unas semanas, cuando una lesión se cruzó en su camino y todavía no le permitió volver. Se espera que Il Capitano vuelva a pisar césped a mediados de noviembre.

Llama la atención también su mediocampo, que se asienta titánico en ese 4-3-3 habitual. De Rossi sigue como siempre siendo un eje en el mediocentro, flanqueado por un Pjanic que parece haber dejado por fin atrás su tendencia a la irregularidad y por un Strootman con gusto por volar y hacer daño con sus escaladas. Garcia también supo recuperar a un jugador con el que ya había hecho magia en el pasado, Gervinho, tras unos años de intrascendencia en el Arsenal.

Parece que, por fin, a fórmula de la poción mágica fue desvelada al imperio del César, pero esta vez fue el galo el que pudo erguirse para manifestar un contundente: Veni, vidi, vici.