25 sept. 2013

David Moyes ante las fuerzas del bien y del mal

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Con Ferguson, el Manchester United era un dogma. Era un equipo hecho por y para golpear al rival, capaz de saber cuando hacer y cuando deshacer con una simple mirada. Tenían esa ambición que les permitía esperar al contrario en su campo para acto seguido ir a romper el ataque y lanzarse a la contra. Eran un equipo con un control extremo sobre lo que pasaba en el terreno de juego. Sir Alex tenía referentes marcados, pero siempre supo ser 'él mismo' (que no 'el mismo', ojo a la capital importancia de la tilde en este caso). Su paso por el equipo de su vida, su equipo, fue brutal, y con una palabra por encima de todas: disciplina.

Quizás Ferguson eligió a Moyes por su capacidad para crear proyectos de largo plazo, algo demostrado durante su década como toffee, su fidelidad y su temple. Seguramente se planteó de forma seria la idea de José Mourinho, y recelase al conocer su espíritu descontrolado y capaz a veces de destrozar por completo lo que se cruza en su camino. También puede que eligiese a su compatriota para añadir una nota de nostalgia a sus jugadores, para que el vestuario no perdiese ese característico y brusco acento propio de los habitantes de Escocia. 

Moyes es, al menos en lo que a fútbol se refiere, un escocés tópico y típico. Un hombre al que le gusta el estilo tradicional, que valora el trabajo y le gusta asfixiar de forma silenciosa pero firme. Es árido, pero inteligente, y suele conseguir que sus jugadores busquen la victoria hasta cuando parece estar todo perdido. Es un entrenador clásico en una personalidad conservadora que le lleva a (totalmente al contrario que su predecesor) no cambiar nada cuando cree que las cosas funcionan, pero tiene carisma aunque no sea de la misma clase del que se ve en televisión. Es un buen entrenador y gestor, pero se encontró con un escollo mastodóntico: existe una sombra que todavía cubre Old Trafford, mientras el estadio se aferra a ella en la garganta de cada aficionado, en el recuerdo de los fieles al escudo del diablo rojo y en el corazón del hombre nostálgico, y esta sombra no es otra que la de su predecesor, el hombre más carismático de la historia reciente (y no tan reciente) del fútbol británico, e incluso del mundial. Una sombra que lleva a Moyes a intentar adecuarse al pasado y ser demasiado cauteloso a la hora de dar sus propios matices al equipo, y eso es un error, al menos si tu objetivo es marcar una época.

El final de una era (especialmente una tan importante) necesita un marcado evento como forma de empezar una nueva, como el Descubrimiento de América marca el final de la Edad Media o como Titanic inició el final de la carrera de James Cameron como director de cine serio. Moyes, hasta el momento, ni logró ni parece querer lograr ese nuevo Big Bang que redefina las leyes de la física en el nuevo universo creado en Manchester, y el tiempo apremia. La elección del nuevo entrenador del Manchester United fue muy arriesgada, y si las cosas no empiezan a ir bien pronto es posible que la emoción que plantea un riesgo se convierta de forma rauda en desesperación. Debe demostrar que es algo más que la razón por la que lo contrataron, que no es un simple buen gestor de proyectos; que es capaz de hacer algo que en el Everton ni siquiera se atisbó: crear un equipo ganador.

El United siempre fue una eterna búsqueda de cordura, un yin y un yang en manos del arquitecto supremo que los hacía funcionar. Los diablos siempre fueron demoníacos y leales a partes iguales, siempre existió una dualidad controlada y eso, el poder para combinar la chispa de la oscura genialiad con la luz guía de la fidelidad, les llevó al éxito. Busby tuvo a Best y Charlton para encarnar a la perfección esos dos roles, mientras que Ferguson contó con Cantona y Giggs como exponentes más claros de personalidades enfrentadas de las que supo sacar partido. A Moyes le falta todavía comprender que la luz y la oscuridad deben ir de la mano en el infierno de Old Trafford, un lugar que todavía no sabe olvidar a Sir Alex, el Beelzeboss, el todavía líder de ese poblado ejército de Red Devils.

16 sept. 2013

¿Qué piezas no encajan en el puzzle del Depor?

Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

En A Coruña llevamos meses con la incógnita del delantero, presenciando la búsqueda de un futbolista que llene una parcela que parece ser la que más quebraderos de cabeza da al equipo técnico. Parece que sin el 9 el equipo está cojo y que no puede aspirar a nada, pero ¿es realmente un rematador lo que hace falta?

Tras 5 jornadas transcurridas y 5 encuentros bastante diferentes entre sí disputados, creo que el problema de este equipo no se centra en la ausencia de un killer, sino principalmente en el funcionamiento de la línea de mediapuntas. Es cierto, todos los equipos ganadores necesitan a un jugador que promedie al menos 15-20 goles por temporada, pero también es necesario crearle situaciones propicias para que consiga aportar goles, y esta temporada vemos serios inconvenientes para avanzar y crear peligro a partir de la línea de tres cuartos. Borja Bastón participa, baja balones con autoridad, juega de espaldas y se mueve adecuadamente, pero apenas es capaz de encontrar la bola en el área. Un nuevo delantero se encontrará en una situación igual a no ser que sea un superclase, y ese tipo de jugadores no habitan en Segunda División.

Creo, como decía, que la principal razón de las trabas ofensivas que tiene este conjunto está en la segunda línea de fuego. Es un hecho que a los extremos les falta desborde, algo que sería vital al menos en una de las bandas. Arizmendi aporta mucho trabajo y ayudas en defensa, Rudy es un jugador de buena capacidad que sabe aguantar bien el balón, pero falta ese añadido que debe tener un atacante de banda, esa capacidad para irse de la cobertura y llegar a línea de fondo para ponerla, y es que para el entramado ofensivo, el trabajo de ambos es casi yermo. Este Depor apenas consigue poner un centro, algo imperdonable cuando tienes un delantero de 1.91 metros de altura. Si hubiese sido posible la permanencia de Salomao un año más habríamos tenido resueltas todas esas carencias (al menos mientras le respetasen las lesiones), pero actualmente no tenemos a nadie que sepa hacer la labor de extremo puñal.

Por otra parte, está la problemática del puesto de mediapunta, que es posiblemente una de las piezas que menos aportan al fútbol del Depor con Culio en esa posición. Opino que la de mediapunta es probablemente la posición más delicada del fútbol, que sólo compensa si el futbolista que la ocupa es capaz de ofrecer detalles decisivos cada vez que recoge el balón. Lo que el ocupante de este puesto deja de ofrecer en labores defensivas y de construcción es demasiado como para sacrificarlo a cambio de darle esa posición a un futbolista que no tiene la visión, pausa e inteligencia necesarias. Culio es un jugador con calidad, pero sería más útil en cualquier otra función, ahí ni vale ni está cómodo. Llevamos tanto tiempo jugando con un mediapunta que lo tenemos como algo asumido, pero este año caeríamos en un grave error si no lo suprimiésemos.

El equipo, por primera vez en tiempo, ofrece más garantías en defensa que en ataque, y no veo que la razón de eso esté en el hombre de referencia. Soluciones podría haber varias, las que se me pasaron por la cabeza las enumeraré aquí

  • La más arriesgada, poner a un jugador que sí tiene esa chispa en el puesto de mediapunta. Hablo de riesgo porque ese jugador que tiene lo que hay que tener sólo cuenta con 17 años y mucho que pulir, pero es cierto que en los partidos que jugó nunca decepcionó. No creo a priori que vaya a ser la opción escogida, pero sería la única manera de aferrarse al mediapunta sin caer en la intrascendencia.
  • Poner a Culio en banda izquierda, con Rudy o Arizmendi por la derecha y jugar con dos delanteros. De esa forma seguiríamos con extremos sin desborde, pero al menos aprovecharíamos lo que sí tiene Culio, que es un gran centro.
  • Por último, MI PREFERIDA, lo que yo probaría si fuese entrenador: retrasar a Culio para formar un trivote junto a Juan Domínguez y Álex, intentando que el argentino cumpliese un rol similar al de Abel Aguilar y en el que por garra y despliegue podría ser apto. De esa forma daría opciones de combinar por dentro a los extremos y a falta de llegada a línea de fondo tendríamos un óptimo mecanismo de apertura de huecos.
El jugador que podría haber solucionado parte de estas carencias, aunque todavía es joven, es Lemos. El canterano tiene cualidades que llenarían nuestras carencias citadas, ya que desborda y tiene un buen centro, pero todavía le queda para volver. Puede ser el mejor refuerzo posible para la segunda vuelta.

3 sept. 2013

La gente de Vicente

Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

Del Bosque sorprendió a todos durante el día de ayer convocando a Nacho para suplir el lugar que Iñigo Martínez dejó por lesión para el partido ante Finlandia. Es un jugador de 23 años, que lleva en el Real Madrid media vida, y que en lo últimos dos años llamó a las puertas del primer equipo llegando, de hecho, a conseguir ficha para el mismo esta temporada. Puede parecer un buen currículum, pero lo cierto es que su experiencia en la máxima categoría es escasa. Hablaba de sorpresa por su convocatoria pero, ¿en serio es tan sorprendente? Viendo las rutinas de Vicente Del Bosque, no tanto.

El seleccionador tiene una idea inamovible en su cuaderno: los futbolistas formados en equipos grandes estuvieron desde muy jóvenes entrenados y condicionados para aguantar una presión superior a la media, algo que no suele pasar en otros equipos más pequeños. Nacho lleva toda su vida en las categorías inferiores del Real Madrid, y sabe como son las exigencias a las que debe responder un jugador del máximo nivel.

Algo que también tiene en cuenta el entrenador salmantino es la armonía dentro del vestuario. Cuando no tiene tiempo para un estudio concienzudo de las personalidades de los futbolistas que tiene pensado citar, suele apostar por jugadores que juegan donde lo hace la mayoría. El Real Madrid aportó 4 jugadores al equipo nacional en la última lista, que seguramente darían las informaciones oportunas sobre la idoneidad de su convocatoria y su facilidad de adaptación.

Del Bosque suele decidir este tipo de cosas con baremo similar. Es más un patriarca que un entrenador, busca la estabilidad, la concordia y se esfuerza por adecuarse en todo momento a causas ajenas. Son cosas que hacen que suela estar en completo desacuerdo con sus decisiones deportivas, pero también es cierto que cuando eres seleccionador y tienes tan poco tiempo para trabajar con el grupo, amoldarse a lo que la mayoría sabe hacer y acatar lo que otros técnicos enseñaron durante toda una temporada a los pupilos en lugar de buscar revoluciones puede ser la actitud más inteligente.

Nacho lleva sólo 12 partidos en primera división, y Martín Montoya todavía menos la primera vez que fue convocado. Fueron dos decisiones polémicas, sorprendentes y sobre todo injustas. En ese tipo de convocatorias hay un agravio comparativo bastante evidente, y parece claro que están tomadas bajo el mismo patrón de comportamiento. Seguiremos en desacuerdo con él, yo mismo no le considero ni mucho menos un entrenador de la categoría que muchos le otorgan, pero sí es posible que para esta generación sea el mister ideal. Una generación con la que simplemente hay que charlar, debatir y decidir qué estrategia tomar, saber que en el campo son ellos los que saben tomar el mando y actuar para ganar. Y eso sí que Del Bosque lo sabe hacer como pocos.

2 sept. 2013

Disparando al pianista.

Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

Durante los tiempos dorados del western de Hollywood se hizo muy típico en las escenas de saloon el utilizar una frase que se convirtió más tarde en cliché: en las paredes de algunos de los decorados cinematográficos que representaban aquellos emblemáticos locales norteamericanos del siglo XIX se podía leer un cartel con la leyenda 'Por favor, no disparen al pianista'. Eran tiempos arriesgados, en los que una ingesta mal asimilada de Old Overholt podía resultar fatal para los que rodeaban al armado consumidor de alcohol. Y por supuesto, el hombre que tocaba el piano para amenizar la estancia era un blanco muy apetecible, sobre todo cuando su habilidad no era sobrada. 

Claro está que en esta vida la fortaleza pesa, por sí misma, más que el talento, y destaca más alguien que llega entrando con una patada en la puerta (el borracho que viene a buscar pelea) que el que ya estaba dentro sin hacer ruido pero aportando la única pizca de magia en la sala. En el Real Madrid, durante estos días, ocurre una analogía interesante con esta situación, y parece que hoy, último antes del cierre de mercado, va a ser uno de los temas destacados. 

No es que Bale llegase borracho (o al menos no me consta), pero sí que apareció reventando la puerta con fuerza hasta el punto de no dejar ni el marco. Y mientras, dentro del bar, un hombre sin la personalidad necesaria ni siquiera para dar un golpe sobre la mesa delante de todos espera con mala cara, mientras el recién llegado hace que la gente se fije en él y lo miren con curiosidad, esperando a ver lo que hará y por qué apareció allí con esos aires.

Özil, este músico improvisado para la causa, se mueve donde a Bale le cuesta, cuando no hay espacios, y después de desembarazarse de los rivales crea dichos espacios para sus compañeros, algo muy necesario tanto para el galés como para Cristiano. Diría que sería un futbolista clave en el estilo de juego que pretende crear Ancelotti, aunque la figura de Isco le arrolló. Para la Liga, Özil puede ser más determinante que Bale en muchos partidos por la mayor necesidad de buscar y gestionar espacios, pero sí es cierto que en Europa el ex del Tottenham puede hacer más daño en partidos grandes, y es una competición que en el Bernabeu pesa más que ninguna. Sería interesante ver lo que podrían conseguir jugando juntos, aprovechándose cada uno de las virtudes del otro. No obstante, no lo veremos.

Por supuesto, también está el dato de que la oferta se dice que ronda los 50 millones y es una cantidad considerable teniendo en cuenta que supera en mucho a los 18 por los que llegó a España. Pero la raíz del asunto es que es una oferta hecha porque desde hace tiempo se llevan haciendo amagos de poenerle en el mercado. Siempre me desesperó su tendencia a desaparecer, pero su nivel en los partidos en los que está fino es de la máxima élite. Quien sabe, es posible que el cambio de cromos les acabe dando su ansiada décima, pero lo harán sin piano sonando de fondo. A partir de ahora sonará una furiosa orquesta y comenzaran a cabalgar las valkirias: Valhalla espera.

1 sept. 2013

Lukaku y un paso más a la madurez

Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

La Supercopa del pasado viernes nos dejó un detalle, una prueba de fuego no superada por un joven que necesitaba convertirse en adulto. Romelu Lukaku tiene 20 años, y José Mourinho quiso darle el testigo: le preguntó si se veía capaz de darle la victoria a su equipo en la tanda de penaltys. El belga, movido por algo que se suele catalogar como 'impetuosidad', no se paró demasiado (y a la vez no estaba para nada seguro) a pensar en las consecuencias de su respuesta afirmativa.

39 metros. Los que hay aproximadamente desde el centro del campo hasta el punto de penalty. 39 pasos interminables para alguien inseguro, que se desplaza con el balón acunado en las manos, como intentando dar el cariño necesario para convencer al esférico de que sea él quien haga todo el trabajo, que no confíe en lo que digan sus botas y se desplace por sí mismo hasta el fondo de las redes. Esa distancia se hace kilométrica, enorme, mastodóntica para aquel que la recorre sabiendo que puede ser su tumba y no su reivindicación. Esos últimos metros con la cara inexpresiva, los ojos mirando a ninguna parte, lo dicen todo. El joven llega al punto de penalty deseando que todo salga bien, pero no sabía que durante su camino a los 11 metros se iba haciendo más pequeño a cada paso. Era minúsculo, una mota de polvo incapaz de hacer nada con un pesado balón de fútbol cuando llegó al lugar del lanzamiento, y Neuer lo sabía. Lukaku se encaminó a aquel lanzamiento con la oportunidad de hacerse un hombre, pero salió de allí convertido en un niño indefenso.

El futbolista debería tomárselo como un aprendizaje más, como un nuevo paso hacia hacerse fuerte. Sólo tenía 16 años cuando se convirtió en una de las más firmes promesas del fútbol europeo y parece que hace siglos de eso, pero todavía sigue siendo una apuesta de futuro, no debería creerse aún que está obligado a jugar como un veterano.

Tiene un futuro imponente, y lo demostró el año pasado en el West Brom. Es una de los jugadores destinados a dominar el fútbol europeo en los próximos años, y su entrenador demostró que confía en él para ayudarle a serlo. Eso sí, apostaría por que su falsa convicción le costará algún castigo por parte de José Mourinho, porque al portugués le gusta dejar muy claro a sus jugadores que dentro del grupo, la confianza que deben tener los jugadores en el entrenador y el entrenador en sus jugadores debe ser máxima, y confesarse apto para algo cuando en realidad no es así traiciona esa confianza. 

A Romelu aún le queda un tiempo para convertirse en lo que aspira a ser, pero lo hará. El tiempo que tardará lo dictará su capacidad para sobreponerse y aprender de estos errores de juventud que para un hombre pesimista pueden ser demoledores, pero para uno fuerte son los cimientos sobre los que se basa una aspiración.