16 jul. 2013

On every street

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com 

 "There's gotta be a record of you someplace. You gotta be on somebody's books"


Cuando dejamos de ser lo que fuimos me invadía ese optimismo al que se aferra todo aquel que está seguro de volver y que tiene las ganas de hacer todo lo posible por conseguirlo. No quedaba otra que confiar y mirar hacia adelante. Hay que seguir unas huellas ya marcadas, pero esta vez, como en el pasado reciente, no están en camino llano, sino que la deriva continental nos llevó a chocar contra otra masa de tierra, creando montañas donde existían llanuras. Es otro tipo de carrera la que tenemos por delante, una prueba de alta exigencia.

Supongo que uno empieza a echar cosas en falta cuando es consciente de todo lo que cambiamos, de las diferentes sensaciones que dejábamos. Hace exactamente dos años estábamos rotos, pero era más por la inexperiencia que por la incerteza. Existen pocos enemigos más devastadores que lo incierto, ya que esto te lleva a momentos de desesperación momentánea. El no tener noticias y no saber qué es lo que pasa o pasará. Ver que cada información es una mota de polvo llevada por la escoba hacia debajo de la alfombra y cuestionarse cada día el porqué, si acaso habrá algo más grave de lo que podemos esperar. Sea como sea, no reconozco ya en el Depor aquella ilusión de hace sólo unas semanas, cuando llegamos a creernos que podíamos, ni tampoco las ganas con las que parecíamos empezar la temporada del anterior descenso. Somos un solar a la espera de construcción, con una fecha límite cercana y todavía sin arquitecto.

La mayor impotencia es la que se siente cuando no puedes hacer nada, cuando eres un mero espectador, un aficionado que nada más puede hacer que limitarse a esperar, a valorar sin decidir, a sufrir sin remediar. Supongo que, en ese sentido, algunos no estamos hechos para ser aficionados de fútbol, para confiar en otros mientras ellos te tratan como si algo que sientes como tuyo fuese sólo de ellos. Que el tiempo pase y no se sepa nada sobre si estamos en posición de sobrevivir o de hundirnos nos deja dos posibles situaciones: confiar tranquilamente o desesperarnos en busca de una mínima gota de información, y yo no soy capaz de confiar en el trabajo silencioso  y sin pruebas de desconocidos.

Mientras espero a que vuelvas a los grandes días o me pregunto si volverás a tenerlos pienso que, al menos, pudimos vivir ese pasado, que ya nadie nos quita, pero a la vez aparece la cruel tortura de ver todo aquello que fue nuestro y que ahora nuestras manos no llegan ni a rozar. Y mientras tanto, cuando el tiempo lo permite, busco en cada vídeo el recuerdo de aquellos días, y rastreo por todas las calles la forma de volver a conseguir confiar en un proyecto en el que cada día existen más interrogantes y menos puntos de luz.

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