30 may. 2013

Revienta los cimientos

Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com



Florentino Pérez sacó recientemente a relucir un tema que suele ser tabú entre los personajes públicos para evitarse confrontaciones con un gremio del que actualmente tanto depende la imagen de cualquier famoso cuando sacó los trapos sucios de la prensa, que tan evidentes son y que tan poco freno encuentran entre los responsables. Utilizaré esa crítica del presidente del Real Madrid como excusa para tratar el tema desde una perspectiva menos cortés, sin la necesidad de quedar bien con nadie, sino solamente de hablar claro y administrar un poco de propia medicina. Hablaré generalizando por no redundar, pero está claro a qué grupo me refiero dentro del mundo del periodismo: al grupo de mediocres que tienen montado su circo y no dejan lugar para los buenos.
 
Desde ya quiero dejar claro que esto no es un ataque al periodismo ni mucho menos, sino una defensa del mismo porque defiendo lo que creo que debería ser. Una defensa de una profesión secuestrada por camorristas con bufanda, con conocimientos generalmente muy limitados sobre lo que hablan y demasiado pícaros como para buscar hacer de su trabajo algo interesante para el público cuando sale mucho más fácil y rentable crear crispación, decir medias verdades o echar agua a la hoguera para que salga el humo para conseguir la atención.

Está de moda el extremismo, el salir públicamente a defender la postura propia mediante la exageración y la exposición pública de burradas con tal de que se hable de lo que uno dice. Las tertulias son discusiones de taberna en lugar de debates entre personas racionales y se basan en hablar de trivialidades o en quedar continuamente en ridículo con afirmaciones de exacerbado sentimiento bufandista, que sirven para enardecer a una legión de gente con igual gusto por quedar en evidencia. No nos gusta ese juego, no nos gusta que nos vendan motos que no arrancan, no nos gusta perder el tiempo con desvaríos de gente que no tiene ni idea de hacer su trabajo, pero que irónicamente sí hacen lo que les mandan a la perfección. En definitiva, peleles que en su currículum ponen que son una cosa y en verdad son simples marionetas en un teatro.

¿Es de recibo utilizar un medio líder de audiencia como forma de desprestigio impune? ¿Es moral fijar una línea editorial en base al ataque a un rival o a un empleado de un club propio con el que uno no está satisfecho (más allá de la ironía de que existan colores dentro de un medio de información)? Los artículos de opinión dejaron hace mucho tiempo de ser columnas puntuales esparcidas por las páginas de un periódico para convertirse en noticias que pueblan la totalidad de la publicación

Intentan manejar la opinión de la mayoría vendiéndonos como malos a los que son dañinos para su negocio y como buenos a sus amigos. Intentándonos hacer creer que odian a personajes como José Mourinho cuando se frotan las manos con él, cuando provocan a propósito sus jugosas declaraciones. Deberían ser el recurso para informar e incluso luchar contra lo injusto sacando a la luz historias que nadie conoce y merecen ser contadas, pero son intrascendentes para las buenas causas y sibilinos para las malas.

Estamos cansados de Real Madrid y Barcelona. De gente que aparece todos los días en los medios y no puede decir dos palabras sobre fútbol sin hablar de lo mismo. Toda repetición llega a cansar, hasta a los más fieles, y espero que el día de decir basta llegue pronto. Las noticias cíclicas, que llevan a esta gente, por ejemplo, a rellenar espacios con lo mismo que los años anteriores cuando se acerca un Barcelona - Real Madrid resultan esperpénticas.

¿Es el periodismo actual una lacra para el fútbol, y para otros deportes que defenestra al no dar protagonismo? Por supuesto. ¿Es el periodismo actual una basura creada para consumo de gente a la que el fútbol le importa poco o que busca simplemente reírse de los ridículos engendrados por los 'periodistas' mediáticos de pacotilla? Cierto. Todas estas preguntas y muchas más que dispararían directamente contra las cloacas en las que muchos convirtieron su propia profesión tendrían respuesta dolorosa, pero la que más dolor puede causar es preguntarse: ¿Es el periodismo actual una vergüenza para los periodistas de verdad, de esos que todavía hay muchos, con vocación y relegados a un segundo plano porque cuidan su trabajo o hablan de cosas interesantes sobre las que la pandilla de secuaces del mínimo esfuerzo y máxima crispación que pueblan las televisiones, radios y periódicos en lugar destacado no podrían ni apuntar un detalle? Sin lugar a dudas. 

Periodista, no creas que son los tuyos, reniega de eso y haz desde dentro lo que no podemos hacer los de fuera. No temas destruír al periodismo, porque eso no lo es, crea algo nuevo, crea algo de lo que estar orgulloso, no algo de lo que sacar dinero y público a toda costa. Y sobre todo, confía en que la gente saldrá de ese mundo de prestar atención a los mismos de siempre por muy mal que lo hagan en el que los principales perjudicados somos todos.

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