21 ene. 2013

Nigel Adkins, final injusto para un ídolo acelerado

  Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Nigel Adkins llegó al Southampton cuando los Saints estaban en League One, en septiembre de 2010. Hoy, menos de 3 años después, el equipo disputa la Premier League y llevaba una buena racha en los últimos partidos, manteniéndose fuera de los puestos de descenso. Podría parecer que el artífice de esta proeza sería alguien bien considerado por sus superiores, y tendría toda la seguridad laboral del mundo. Pero, como si la directiva del Southampton quisiera desafiar el sentido común, Adkins firmó su finiquito el pasado viernes.

La pregunta que cualquiera se hace es evidente: ¿por qué?. Nicola Cortese, banquero de profesión y presidente del equipo inglés como hobby, explicó la decisión diciendo que "fue tomada teniendo en cuenta las ambiciones a largo plazo del club". Sea como sea, no resulta muy convincente que los intereses a largo plazo del club hagan irse del banquillo a las primeras de cambio, y en plena temporada sin que las cosas vayan mal, al responsable de que el equipo se encuentre en la primera división inglesa.

La afición adora a Adkins, la mayor leyenda de la historia del club (Matt Le Tissier) le adora de la misma manera y los resultados le dan todo el crédito del mundo. El fútbol estaba del lado del técnico, pero un banquero creyó que los intereses a largo plazo pasaban por romper un proyecto deportivo a media temporada cuando nada parecía ir mal para traer a un entrenador al que (sin dudar de su valía) destituyeron hace un mes por no saber sacar a su equipo de la zona baja. La decisión es, cuanto menos, escandalosa.

El partido de la pasada semana en Stamford Bridge, de donde el equipo se llevó un empate (2-2), fue probablemente el mejor de la temporada, y la 'recompensa' para el técnico fue su despido. A cambio, llega un entrenador sin experiencia Premier y que a priori tiene el handicap del idioma. Los Saints empezaron mal el año, los errores defensivos se sucedían y no se conseguían resultados, pero el vuelo remontó y contra el Chelsea fue la confirmación. Un proyecto a largo plazo no se puede comenzar a media temporada y mediante una decisión inexplicable.

Cortese tuvo la suerte de encontrarse con un hombre diplomático, cuya reacción fue ejemplar. Se limitó a resignarse a los devenires del fútbol y sólo interactuó con los importantes para él, con los futbolistas en los que confió y confiaron, y dejó este mensaje en el vestuario para que los futbolistas lo vieran al ir a entrenar. Un hombre tranquilo al que pudo no pillar de sorpresa la decisión.

El fútbol moderno está en manos de gente cuyo interés no se centra en el aspecto deportivo. La mala suerte llevó a este bonito deporte a ser demasiado rentable, demasiado bueno como para dejar pasar la oportunidad de enriquecerse a su costa. No es probable que la explicación real llegue a hacerse pública algún día, por lo que sólo queda especular. ¿Trato de favor con algún representante interesado en el cambio? ¿Simple nulidad en la gestión deportiva? Puede que al equipo le vaya bien a partir de hoy, pero no tengo dudas de que eso también pasaría sin cambio alguno. Y si en verano hubiera deseos de iniciar otro proyecto, hacerlo bien y poniendo los cimientos desde la pretemporada.

Hoy, su sustituto, el argentino Mauricio Pochettino, debutará en el banquillo de St. Mary's ante una afición que no olvida. Una grada furiosa y desengañada mirará al palco con la furia del que cree que alguien injusto les está manejando, y que no pasará por alto que en ese banquillo se sienta alguien que no debería estar ahí. No hay nada más peligroso que traicionar a los que llenan tu estadio. Y no hay nada que un estadio valore más que a sus mitos. Y tanto Adkins como Le Tissier lo son, y están en el bando rebelde.

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