La dura vuelta al hogar

4 ene. 2013

La dura vuelta al hogar


Por Rubén López | rubenlopezfcp@gmail.com

Joe Cole siempre fue un jugador fuera de sitio. Comenzó siendo un niño prodigio al que el fútbol de su categoría se le quedaba pequeño y continuó su periplo por los campos ingleses de forma fulgurante pero incierta. Debutó en el West Ham con 17 años y tenía tan sólo 21 cuando se convirtió en capitán, una edad impropia de un portador del brazalete. Era la estrella, pero aquel no era su sitio. Necesitaba un equipo en el que pudiera jugar más liberado, en el que la necesidad de trabajo colectivo no fuese tan acuciante. Se curtió en East London bajo la atenta mirada de los grandes de su país, pero en su futuro esperaba un descenso con el equipo que le hizo debutar en Premier y su llegada a un nuevo rico: el Chelsea.

En su etapa inicial en el Chelsea encontró su sitio por primera y posiblemente única vez en su carrera. Fue una de las estrellas del equipo que consiguió la Premier en 2005 y 2006, lo que le valió para firmar una ampliación y mejora de su contrato, haciéndolo digno del crack en el que por fin se estaba convirtiendo. Pero el periodo más oscuro de su carrera llegó precisamente cuando más predestinado a brillar parecía, en el verano de 2006, cuando se lesionó de gravedad y arrastró molestias durante toda la temporada, algo que le hizo perderse la práctica totalidad del curso. 

Su regreso fue fugaz, ya que su buena forma sólo duró una temporada más. La 07/08 fue la última campaña en la que pudimos ver al mejor Joe Cole. El Chelsea se quedó a las puertas de ganar la Champions League, pero el palo de perder la final no fue el único que se llevó Cole en un espacio de pocos meses, ya que una nueva lesión de rodilla truncó también su temporada 08/09. De nada sirvió que con la llegada de Ancelotti al banquillo londinense hubiese una firme intención del técnico italiano por recuperarlo como pieza clave, ya que los problemas físicos volvieron a convertirse en una plaga otro año más. Se había convertido en otro jugador, un jugador que se veía en cada partido sin confianza, con miedo a recaer en su drama. Y aquel primer año de Ancelotti en el Chelsea fue también el último de Joe como blue.

Su siguiente destino fue el Liverpool, pero nuevamente estaba fuera de la onda esperada. Llevaba el emblemático número 10 a la espalda, signo inequívoco de que se esperaba que fuese la estrella del proyecto, pero no salió bien. Ya no era aquel jugador sobresaliente, seguía teniendo miedo y había perdido el desparpajo. Su primera campaña en el Liverpool fue de una irregularidad sofocante, y acabó siendo cedido al Lille para intentar buscar solución a su situación. En Francia consiguió más continuidad en su rendimiento y se convirtió en un jugador importante, con lo que el equipo red decidió darle una nueva oportunidad en el presente curso, pero no funcionó. El mejor Cole era ya sólo un recuerdo.

Ahora, después de 10 extraños años fuera de su hogar, el hijo pródigo vuelve a casa, vuelve al West Ham. Decidió que su búsqueda de fama y fortuna había terminado, que era momento de dejar sus ambiciones a un lado y resignarse a volver a sus orígenes para acabar el sueño de ser futbolista. Cole regresa a casa, y lo hace para dar lo mejor de sí a un nivel no tan exigente como el que existe en los equipos aspirantes al título. Intentará revivir al jugador que fue, pero ahora sin mayor meta que la de ayudar a los suyos y poder retirarse en paz, con la satisfacción de que pudo vencer un lastre que le acompañó durante su carrera y que nunca quiso quedarse atrás.

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