diciembre 2012

28 dic. 2012

Mario Balotelli se lee 'La Regenta' y ficha por el Real Oviedo


El teléfono de Carlos Slim sonó ayer a altas horas de la noche. Eran las 5:00 y recibía una llamada misteriosa de un hombre que hablaba de forma atribulada, con excitación desmedida. El multimillonario mexicano no se creía lo que oía, todavía dormido y sin saber distinguir lo onírico de lo real, aquella voz sonaba como si su propietario estuviese saliendo de un after con los primeros rayos del sol asomando en el cielo, pero nada más lejos de la realidad. Aquella persona llevaba más de 24 horas dedicadas al intelectual arte de la lectura junto a la chimenea.

Se trataba, nada más y nada menos, de Mario Balotelli, el futbolista del Manchester City. El delantero olvidó, debido a la emoción, presentarse antes de empezar su historia, y no lo hizo hasta que Slim lo interrumpió para pedirle que le desvelase su identidad. "Me decía que quería que lo fichase inmediatamente para jugar en el Oviedo. Estaba embebido en sus fantasías y el naturalismo decimonónico había usurpado toda su actividad mental".

Este no es el primer episodio de lectura compulsiva del jugador italiano. Hace un año, Mario ya fue noticia por no poder contener sus irrefrenables ganas de entrar en una librería a inmiscuirse entre las páginas de la Penthouse. "Tenía un artículo sobre nutrición que me interesaba mucho. No podía esperar a saber si mi aporte calórico diario era el adecuado para mi condición de deportista de élite" manifestó en aquella ocasión. 

Sus compañeros de equipo ya se lo veían venir. "Esto nos lo esperábamos desde el mismo instante en el que el mister le regaló el libro para que aprendiese a comportarse con clase.  Le dijimos que habría sido mejor que le obsequiase con una de sus elegantes bufandas, pero para él son como un tesoro. Prefirió arriesgarse a perderlo definitivamente" declaró el defensa y capitán Vincent Kompany.

Preguntado por el episodio, el protagonista lo tuvo claro. "No estaba contento en el City, hace tiempo que quería irme. Llevo años sufriendo en silencio cada vez que coincido con el señor Mancini. No puedo soportar que él tenga ese pelazo mientras yo debo hacerme peinados extravagantes para ocultar que no poseo esa prominencia capilar. Me siento como Raul Meireles, es una pesadilla" dijo entre lágrimas a los periodistas enviados por The Sun para captar la exclusiva. Cuando se tranquilizó explicó su elección: "Quedé prendado con el libro de Clarín. Nada más acabar la lectura busqué en Google qué ciudad era aquella 'Vetusta' en la que se desarrollaba la novela y vi que era Oviedo. Creo que una ciudad que permite para su descripción la utilización de tan bellas paranomasias e hipérboles ha de ser un paraíso. Quiero ir cuanto antes".

Parece que sólo quedan unos flecos por cerrar antes de que el '45' del Manchester City se una a las filas del equipo carbayón, que hace sólo unos meses estaba en una fuerte crisis económica, finiquitada con la llegada de Slim al club. Se espera que el futbolista sea presentado el mismo día de reyes, saliendo de un paquete de regalo gigante.

26 dic. 2012

Reencuentros en la penúltima fase


 Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

Era todavía un novato en el fútbol profesional cuando un hombre con mucho camino recorrido y una idea genial le cambió la vida. Juan Román Riquelme tuvo la suerte, allá por 1998, de encontrarse con un técnico que confió en él como una de sus principales bazas ofensivas. Y lo mejor de todo fue que salió mejor aún de lo esperado.

Román acababa de salir por aquel entonces de una complicada época bajo las órdenes de Hector Veira, un técnico que no confió en él, pero la llegada de Carlos Bianchi al banco de La Bombonera lo cambió todo. Le dio la camiseta con el 'inmancillable' número 10 y lo hizo ser el principal responsable de suministrar balones a sus compañeros de ataque, los también legendarios Guillermo Barros Schelotto y Martín Palermo. Aquellos años le dieron la oportunidad de consagrarse definitivamente como una de las estrellas del fútbol sudamericano y conseguir el firme interés de equipos europeos de primera línea.

Con el esquema de Bianchi, Román alcanzó fama mundial y se convirtió en uno de los principales ejemplos contemporáneos de mediapunta clásico. Con el Virrey en el banquillo, Riquelme ganó todo lo que puede ganar un equipo sudamericano, y en muchos de esos éxitos, el 10 fue pieza clave e indispensable. Boca Juniors ya eran 'Los de Román'.

Aquel espectáculo xeneize estaba armado alrededor de la figura del 'Torero', que distribuía todo el juego ofensivo del equipo de forma que todo parecía funcionar bien en el entramado montado por su técnico, que más que un jefe se convirtió en un padre para su estrella, hasta el punto de llegarle a ofrecer toda su ayuda cuando, en el año 2002, el hermano del jugador fue secuestrado y posteriormente liberado.

Ambos tienen personalidades peculiares, pero se entendieron y se siguen entendiendo de la mejor forma posible, siempre con el fútbol como idioma principal. Los dos se fueron como unos de los mayores ídolos de la historia de Boca, y lo más coherente podría ser acabar sus historias sin volver al lugar donde dejaron un buen recuerdo. No tienen nada más que demostrar en La Bombonera, pero el Virrey se arriesgó a volver, sucumbiendo al magnético efecto de aquel campo que tantas alegrías disfrutó con él, y con su llegada los rumores de que su Delfín decida regresar para ayudar al éxito de su padre futbolístico se hacen cada vez más fuertes.

Se acerca el comienzo del año, y con ello el debut de Carlos Bianchi como DT de Boca. La cuenta atrás para la llegada de su hijo predilecto ya está en marcha, pero hay una divergencia clara en la mente de Román: ¿Podrá más el amor a los colores o el dinero ofrecido desde el Palmeiras brasileño? Todavía es pronto para decirlo, pero la hinchada de Boca sabe que sus colores se sienten más que el resto.


22 dic. 2012

La banalización del odio


 Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

Con José Mourinho llegó la excusa. El entrenador portugués recaló al fútbol español hace dos años y medio y su personaje hizo que muchos sectores de la prensa de este país se frotase las manos mientras hacía gala de fingida dignidad. Poca gente del mundillo de la pluma deportiva se alejó del juicio personal, manifestando el rechazo más absoluto al fichaje del entrenador luso por uno de los dos grandes del fútbol español, pero a la vez sabían que era lo mejor que podía pasar para un gremio que cada día se centra más en lo que menos debe.

La carnaza estaba servida, y nadie lo desaprovechó. Desde que comenzó la etapa de Mou se empezó a hacer lo mismo que se llevaba haciendo durante años en los principales medios de comunicación españoles: no hablar de fútbol, pero esta vez de una forma mucho más bestial y enfermiza. Se encontró la excusa perfecta para tratar temas cómodos, que hasta el periodista con menos idea de fútbol puede desarrollar sin esfuerzo, hablando continuamente de temas extradeportivos, siempre desde la perspectiva del ataque hacia la figura del entrenador.

Estamos en la época negra del periodismo deportivo. Los principales referentes (que por calidad ofrecida no deberían tener tal status) apuestan por escribir y hablar sobre intrascendentes datos que sólo llaman la atención del fanático y son objeto de mofa para la gente corriente. Todas esas páginas rellenas de debates banales y repetidos cíclicamente sobre asuntos que no interesan a nadie crean aburrimiento en el lector coherente, y hacen que el periodismo dedicado al fútbol pierda credibilidad y consideración. Si los trabajadores del gremio no respetan su propio trabajo no pueden esperar que sí lo hagan los de fuera.

No sé cómo lo consiguieron, pero en España hicieron que uno de los puntos fuertes de Mou (centrar la atención hacia su figura para que nada desestabilice al equipo) se volviese contra él. No sé si es esa ambición que existe en este país por juzgar al prójimo, la de envidiar el éxito del que cae mal o por simple gusto por incordiar, que también es deporte nacional. El resultado es que la acumulación de información y la iracunda, ciega y multitudinaria corriente de mala opinion sobre 'el ogro de Setúbal' (mote que me acabo de inventar para dar ideas) hicieron gradualmente que todo el mundo en el vestuario del Real Madrid (incluido el entrenador) se cansase de la situación

Siempre defendí que Mourinho era un gran entrenador, y que como personaje no sobraba en el fútbol español, pero esta situación logró hacer que me equivocase. A estas alturas de la película, me vi obligado a cambiar de opinión, pero no toda la culpa recae en la forma de ser del portugués. El luso se irá, seguramente, pronto, pero hay algo que me preocuparía mucho más que su marcha (aunque realmente no me importa ni lo más mínimo, bastante tengo con la situación de mi equipo): los 'líderes de opinión' del periodismo deportivo más bajo se vanaglorian diciendo que el Real Madrid está por encima de las individualidades, pero lo que nosotros, los coherentes, sabemos es que el fútbol también esta por encima del sector fanático de la prensa, y ese es un mal mucho más difícil de extirpar.

Debemos buscar hablar de fútbol de una forma sana, en la que importe el deporte y no la información rosa. En la que lo importante sea lo que ocurre en el campo, y no en los garajes. Siempre me resultaron curiosas las protestas por la presencia de Karanka en las ruedas de prensa, ya que para hablar de fútbol está autorizado, por lo que supongo que el problema será que no da titulares ni encierra a periodistas en cuartos contiguos. Hagamos que las noticias tengan que ver con el balón, y no con el micrófono, y tendremos un periodismo respetado. Mientras tanto se hará el ridículo y sólo se creará odio.

Lo peor de todo es que este artículo no es más que una obviedad más que repetida, pero estamos muy lejos de que el panorama cambie lo más mínimo. La esperanza es pensar que no todos son iguales, pero a menudo es el menos indicado el que más se hace notar.

19 dic. 2012

El fútbol fue bello


 Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com
- ¿Asientos? ¿en un tren? Ya se nota que nunca has subido a uno. No, todo el mundo va de pie, todos juntos, . ¿Has visto qué cola hay? He podido coger los últimos billetes de milagro. Eh, vamos, vamos tío, no quiero que digan que llegamos demasiado tarde, que ya está lleno y que volvamos a casa. ¡Un momento! tenemos reserva, quietos!, guardadnos un sitio. Mira cuanta gente. Venga, arriba Josué, tenemos una reserva. ¡Vámonos!.

Ser pequeño en los momentos difíciles significa, en muchas ocasiones, vivir engañado. Los valles de la vida traen a los mayores la necesidad mayor de mentir piadosamente, aunque a veces las artimañas que llegan a nuestros oídos poco tienen que ver con la piedad y mucho con la conveniencia ajena.

En el fútbol no existe la excepción, y numerosos engaños son llevados a cabo antes de que la información llegue a las criaturas que pueblan el mundo del deporte rey, que son los aficionados, obligados a creer lo que les dicen quienes están un eslabón por encima, porque es lo único que pueden alcanzar. El aficionado tiene, a lo largo de su vida como consumidor de fútbol, muchos 'padres' que le van contando mentiras piadosas para evitarle preocupaciones o distraer su atención de la dura realidad.

Era un recién nacido en esto del amor por el fútbol cuando todo era felicidad. El Deportivo de la Coruña, mi equipo, estaba en el apogeo  de su esplendor, en aquella época del Superdepor con el que cada temporada llegaba una nueva oportunidad de dar la sorpresa. Las criaturas de la grada vivíamos, ante todo, orgullosos de que entre los nuestros se respirase felicidad, sed de gloria. Éramos una familia perfecta, un equipo con todo lo necesario para triunfar. Los días transcurrían sin el menor temor entre quienes observábamos, desde nuestra inocencia, aquellos partidos históricos que todavía guardamos en la retina. Nuestra admiración por quien nos había dado aquella vida iba en aumento, ajenos a lo que ya se sabía por aquel entonces entre los dirigentes del club, los responsables de nuestra existencia: se estaba viviendo por encima de nuestras posibilidades, con una amenaza latente. No eran nazis buscando recluirnos en un campo de concentración, pero igualmente atentaba contra nuestra existencia. Era una vorágine económica en la que estábamos entrando de forma rápida y segura, que podía costar muy cara. Como en una fábula, nuestra historia estuvo llena de maravillas y de felicidad, pero también hubo dolor. Un dolor que aumentó gradualmente.



Pasaron los años y cada vez se fue haciendo más notable que aquella persecución empezaba a darnos caza. No nos alcanzó de golpe, pero fue una enfermedad que nos fue debilitando. Debimos vivir escondidos mientras nuestros responsables nos decían que todo transcurría por el sendero correcto, y que nuestros problemas eran sólo minucias, intentando que permaneciésemos ajenos a todo aquello. Al fin y al cabo, poco podíamos hacer por solucionarlo desde nuestra posición, por lo que sería mejor disfrutar en nuestra ignorancia mientras pudiésemos. Fue cuestión de tiempo hasta ver que no todo era como creíamos. Vimos los tanques y a los militares apuntándonos de forma amenazadora mientras exigían la resolución de problemas que pensábamos no estar sufriendo, y nos vimos ante el terror del tiempo de guerra. Nosotros, como niños indefensos e impotentes ante algo así, nos sentimos, a partes iguales, decepcionados y temerosos. 

Vimos que el lugar donde vivíamos no era un concurso en el que había que ganar puntos, sino que estábamos en el mismo Auschwitz a punto de ser despachados, y que sólo medidas urgentes serían capaces de salvar nuestra vida. Una operación militar de los aliados, en forma de cuantiosa ayuda económica inmediata, era lo único que podíamos esperar, mientras nos escondíamos, casi temblando, en el primer receptáculo protegido que encontramos.

Pensamos durante un tiempo que el fútbol era bello, y lo fuehasta límites insospechados, pero sólo en parte. Vivimos la utopía de intentar que la historia nos incluyese entre los grandes por derecho, y vimos que no ser poderoso se paga caro cuando te enfrentas a quien sí lo es y no tienes lo suficiente como para plantar cara. No habrá un bando aliado que nos saque de esta con cara sonriente, sino la severidad de gestores preocupados por que todo se haga correctamente, sin piedad. Nos arriesgamos a la ejecución inminente o a la salvación deshonrosa, y entre esas opciones se decidirá nuestro futuro, que no pinta para nada bien. Creímos que la vida era bella, pero sólo lo fue por un tiempo. Un tiempo que, por otra parte, guardamos como un tesoro de incalculable valor en la memoria, que no cambiaríamos por nada. 

Puede que en poco tiempo esos recuerdos se tornen en melancolía inalcanzable si es que no lo hicieron ya, y puede que todo se nos vuelva en nuestra contra con furia ciega pero, si nos paramos a pensar, nuestra perecedera vida en el concurso de los 1000 puntos con un tanque auténtico como premio fue bella en su fugacidad. Conseguimos creernos invencibles, y a veces eso es todo lo que el aficionado busca, aunque sea por un sólo momento. La sensación de mostrar su recuerdo con orgullo a sus nietos. El orgullo de haber podido mirar a la cara a esa anhelada copa liguera y, acercándose a ella con expresión triunfal, exclamar convincentemente (tras soñar toda la noche con ella y hacer el sueño realidad) un sonoro: ¡Buenos días, princesa!.

17 dic. 2012

Recuerdos de fútbol (II): Generación del 98


 Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com
 
No hablaremos aquí de lo que se perdió en Cuba, ni de Valle-Inclán, Azorín o Unamuno. La generación del 98 de la que quiero hablar hoy es la que convivió en territorio francés entre el 10 de junio de 1998 y el 12 de julio del mismo año. En resumidas cuentas, los participantes del Mundial 1998.

El Mundial de Francia es el primer gran evento futbolístico de selecciones del que tengo memoria. Por aquel entonces todavía era un niño y no tenía las nociones tácticas y técnicas sobre el juego que pude ir aprendiendo (y todavía me queda mucho por conocer) con los años, pero recuerdo que en aquel torneo conseguí confirmar definitivamente que este deporte me iba a acompañar para siempre como mi principal pasatiempo. Me costará olvidar aquella primera gran final, aquel álbum de cromos que nunca parecía completarse y también, por qué no decirlo, aquella 'Copa de la Vida' de Ricky Martin que sonaba repetitivamente hasta en los lugares más insospechados durante aquel verano.

Dedicaré este artículo a los jóvenes que se consagraron en este torneo como grandes estrellas o proyectos de crack. Todos esos jugadores sub-23 que destacaron en aquella competición junto a otros más veteranos y con un nombre de prestigio ya por aquel entonces, como eran los Batistuta, Bergkamp, Desailly o el máximo goleador del torneo, Davor Suker, entre otros. Es imposible olvidar el mundial de los hombres citados, junto con el de los dos grandes consagrados de la selección francesa que ganó aquella competición: Zinedine Zidane y Lilian Thuram. Pero hoy no hablaremos de ellos, si no de los futbolistas que, desde su insultante juventud, se hicieron un nombre (o dieron la puntada definitiva al que tenían ya hecho) en territorio francés en aquel verano de 1998.



Ronaldo (Brasil), 21 años


El futbolista al que apuntaban todas las cámaras en cada partido de su selección. A sus 21 años, el de Ronaldo Nazario era un nombre que creaba pavor en los defensas rivales, y admiración en el aficionado. A pesar de su juventud llevaba 4 años en el fútbol europeo destacando de forma abrumadora sobre el resto. Era ya una estrella y su techo aún parecía estar lejos.

No decepcionó y fue uno de los nombres propios de aquel Mundial, liderando a su selección hasta la final con 4 goles y 3 asistencias. No obstante, cuando llegó la hora de la verdad, contra Francia, Ronaldo fue una sombra. Desapareció durante los 90 minutos y apenas se ofreció para recibir balones, provocando así que aquel partido la canarinha no pudiese desplegar su juego, un juego basado en gran parte en él. Aquella final se le escapó de las manos por no estar en condiciones para el juego, ya que años más tarde se desveló que horas antes de disputar aquel fatídico partido, el '9' de Brasil había sufrido severos problemas de salud debido a los cuales no debería haber jugado aquel encuentro.




Thierry Henry (Francia), 20 años


Su llegada al Mundial del 98 fue la antítesis de la de Ronaldo. Thierry Henry llegó a la gran cita en su tierra natal como un completo desconocido a nivel internacional y destacó en la selección campeona cuando nadie se lo esperaba. 

Había debutado con Francia sólo unos meses antes de la Copa del Mundo, y el seleccionador Aimé Jacquet estaba tan impresionado con sus aptitudes que decidió incluirlo entre los 22 elegidos para disputar la competición. Jugó en todos los partidos menos en la final, y se convirtió en el máximo goleador del combinado campeón.

Aquel torneo hizo que su nombre sonase por todo el mundo, y fue el principio de su indiscutibilidad en el combinado bleue, con el que llegó a disputar 123 encuentros.


Michael Owen (Inglaterra), 18 años


Todavía ni se imaginaba que tres años después llegaría a ser Balón de Oro, pero Michael Owen ya despuntaba en el Liverpool con tan sólo 18 años, algo que le valió para ser llamado por Glen Hoddle para disputar el último Mundial de la década de los 90.

El momento más recordado de su participación en el torneo fue su gol ante Argentina,  demostrando una soltura y atrevimiento impropias de un adolescente al que todo el mundo está mirando. Inglaterra quedó apeada precisamente en aquel partido de dieciseisavos, pero Owen nunca olvidará su primer gran torneo a nivel de selecciones, en el que disputó los cuatro encuentros de su selección, dos de ellos como titular, y se convirtió en el máximo goleador de los suyos con 2 tantos, empatado con todo un mito como Alan Shearer.





Juan Sebastián Verón (Argentina), 23 años


'La Brujita' dio en Francia una demostración de visión de juego y pase. Formando como titular en todos los partidos de su selección, el por aquel entonces jugador de la Sampdoria ejerció de pivote organizador por detrás de Ariel Ortega y con Diego Simeone como guardaespaldas.

En Francia 98 se destapó como un creador de juego y gran asistente, un lujo para el juego combinativo de cualquier equipo que apostase por jugar al fútbol ofensivo, y consiguió el interés de los grandes de Europa.  Gracias a su actuación se ganó ser fichado por aquel sorprendente Parma que consiguió la Copa de la UEFA en el 99.


Marcelo Salas (Chile), 23 años


 

Por aquel entonces, el Matador era ya un  ídolo para la afición chilena junto con su compañero de ataque en el torneo, Iván Zamorano, pero todavía tenía 23 años y no había dado el salto a Europa, algo que se ganaría tras su buena actuación en esta competición.

Marcó 4 de los 5 goles de su selección en Francia, y dio muestras de ser un jugador que siempre sabía donde estar, con una definición más que notable de cara a puerta y la suficiente garra para llegar a los balones más complicados. 

Aquella actuación le valió ser traspasado ese mismo verano a la Lazio, que pagó una importante cantidad por hacerse con sus servicios. Era sólo el principio de la leyenda de un jugador que acabaría por convertirse en el máximo goleador histórico de su selección.

14 dic. 2012

Las horas bajas del coloso histórico


 Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

Cualquier aficionado al fútbol crecido en otra época siempre vio a un conjunto por encima del resto dentro de este deporte. Un equipo que se convertía en leyenda con cada generación, y al que tanto rivales como aficionados temían más que el resto. Hablo, por supuesto, de la canarinha.

La selección brasileña se empezó a confirmar como la principal potencia futbolística al conseguir su primer Mundial, el de 1958, que era sólo el principio de la primera era dorada, una época que con Pelé como abanderado los colocó como el país de referencia por juego,  filosofía y capacidad de crear estrellas. Aquella era duró 12 años, en los que consiguieron ganar en tres ocasiones el Mundial y consagrarse como el rival a batir en el fútbol a nivel de selecciones. No obstante, el torneo de 1970 fue el último de Pelé, y aunque muchas de las estrellas de su última época, como Carlos Alberto o Rivelino todavía continuaron en el combinado nacional, aquella generación no volvió a levantar el gran trofeo.

En el 74 y 78 los brasileños no consiguieron llegar a lo más alto. Primero fue la Naranja Mecánica de Cruijff quien los apeó en semifinales y, en la siguiente edición, la Argentina de Kempes y Pasarella levantaría en su país su primer título mundial ganándose el derecho a disputar aquella final al clasificarse por delante de la Verde-amarela en la segunda fase de grupos.

La llegada de una nueva década no mejoró las cosas en lo que a títulos se refiere, aunque en España 82 vimos a una de las generaciónes de futbolistas con más calidad que se quedó sin conseguir una Copa del Mundo. Los Zico, Sócrates y compañía no pudieron superar el post-Catenaccio de una selección italiana que acabó coronándose campeona por tercera vez en su historia. 4 años más tarde, en México, llegó la voracidad de un tal Diego Armando Maradona y nada se pudo hacer ante aquella exhibición que consagró al argentino como el mejor (aunque a los brasileños los eliminó la Francia de Platini).

Los 90 crearon a la otra gran época de esplendor del fútbol no sólo de Brasil, sino sudamericano en general. Pero entre todas aquellas selecciones destacaba una. La que recordaba a los viejos tiempos, con Ronaldo, Romario, Dunga, Cafú, Roberto Carlos y una larga sucesión de estrellas que se unieron bajo un mismo escudo para alcanzar la gloria (bajándose unos del barco y subiendo otros con el paso de los años) durante más de una década. Los trofeos de Estados Unidos 94 y Corea y Japón 2002 acabaron en sus vitrinas, y cerca estuvo de ser así en Francia 98. 

Ya en Alemania 2006 vimos a una canarinha plagada de estrellas veteranas junto con algunos jóvenes cracks como Ronaldinho o Kaká, pero la mezcla no funcionó. Desde ese Mundial, que significó el fin de una nueva era (si la anterior acabó con la retirada de Pelé, esta se fue al traste al acabarse la etapa de esplendor de Ronaldo) nada parece ser lo mismo. 

Sorprende que a día de hoy, los equipos sudamericanos sean menos favoritos que casi nunca en los grandes torneos internacionales, cuando siempre fueron la principal referencia, y mientras llega la nueva explosión de equipos europeos que siempre estuvieron ahí, como Alemania o Holanda, y los años de oro de la hasta hace poco siempre desilusionante España. Las razones pueden buscarse en diversas perspectivas.

Puede ser que el buen momento del fútbol europeo sobre el sudamericano se base en la dogmatización, el avance en las pizarras y la preparación física, que aumentó exponencialmente en los últimos años, y que debido a eso el talento innato ya no destaque tanto, que el fútbol deje de ser un deporte de alegría para ser algo muy serio. Puede ser coincidencia, y que las generaciones actuales no den el nivel de otras veces (cosa que también pasa), pero lo cierto es que, en las últimas grandes citas, el único equipo que llegó desde el otro lado del charco y plantó cara al dominio europeo fue Uruguay, con un estilo basado más en la garra que en el privilegio técnico.

Puede ser nostalgia, pero creo que antes había algo que ahora no tenemos en el fútbol. Un pequeño destello, algo de magia que se perdió entre tanto avance formal. La pérdida de Brasil como principal referente es un mal signo para el fútbol, pero se debe confiar en los que están llegando. Los nombres propios que vistieron la camiseta de la canarinha en los últimos años no eran en muchos casos del nivel que nos acostumbraron siempre, pero una mala racha la atraviesan hasta los más grandes. Ya están llegando los Neymar, Oscar o Lucas Moura para reclamar lo que pertenece a los suyos: la vuelta de la Seleçao al Olimpo del fútbol. La gloria es el objetivo, Brasil 2014 el lugar.

FCP en los Premios 20Blogs


Esta semana empezaron los Premios 20Blogs que cada año premian a las páginas de habla hispana más votadas por categoría. Dediqué un par de segundos a pensar (me gusta reflexionar bien las cosas) sobre la idoneidad de presentarme y el riesgo de caer en el ridículo más absoluto si no fuese capaz de superar mis resultados de la anterior edición, pero después de caer en el hecho de que nunca hasta ahora me había presentado y, por lo tanto, que mi preocupación carecía de base alguna, decidí tirar la casa por la ventana y darle al botón de 'Inscríbete'.

Y así, después de unas semanas a la espera de que acabase el período de inscripción y validación me planté aquí, como uno de los aspirantes, confiando en vosotros para conseguir un resultado digno.

Poco he de decir, aparte de que si os decidís por votarme no tenéis más que entrar en este link y darle al botón de 'Vota a este blog' desde vuestra cuenta de 20 minutos, si es que la tenéis. Si no la tenéis deberíais hacerla, pero no espero imposibles, sé la pereza que da registrarse en estos sitios y que no obtendré muchos votos de gente que no pertenezca a dicha comunidad, pero si os sentís inspirados para hacerlo yo os animo.

Creo que no se me queda nada en el tintero, aparte de recordaros el enlace para poder votar por Fútbol Con Propiedad. En cuanto acabe el concurso ya os informaré de cómo fue la cosa, aunque sólo en el caso de que sea un éxito. Si fracaso correré un tupido velo sobre el asunto y no lo mencionaré en ningún momento, pero es algo completamente normal y que no inventé yo. La ocultación de datos es algo que pasa en las mejores familias y en cualquier gobierno que se precie.

10 dic. 2012

Dos hombres y un destino


    Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

"Boy, I got vision, and the rest of the world wears bifocals"

Nunca debe subestimarse el valor de tener en tus filas a alguien que sabe lo que hacer en cada momento y ejerce de líder de todo aquel que quiera ponerse a su disposición. Dos equipos italianos tuvieron la suerte de tener a dos hombres así durante los últimos años, que además eran hombres de la casa. Uno todavía sigue siendo el faro que guía a los suyos, pero el otro partió hace unos meses para seguramente regresar pronto, aunque convertido en algo diferente, cuando las energías en tránsito existentes en el fútbol se lo permitan. Hablamos, como no, de Francesco Totti y Alessandro Del Piero.

Dos personalidades geniales. Dos amigos creados por el fútbol y condenados a competir por este deporte, a ser un par de jugadores geniales para los que habitualmente sólo había un puesto a repartir en su selección. Tanto Francesco como Alessandro pertenecen a esa admirable especie de delanteros habilidosos a los que los entrenadores suelen situar al lado de otro 9 más 'tanque', más de área. En la azzurra se encontraron con que muy a menudo sólo había sitio para uno, ya que los Vieri, Luca Toni etc. ocupaban la otra posición reservada para los atacantes puros. 



El primer rasgo que salta a la vista al ver a estos futbolistas es la evidente calidad técnica. Los dos se ganaron la admiración de sus aficionados por ser capaces de levantarles del asiento de forma habitual, pero sobre todo la grada les valoró por algo que todo fan de su equipo valora más que nada: la fidelidad y la profesionalidad. Ambos jugadores se pasaron toda una vida vistiendo las camisetas de sus clubes, y curiosamente su paralelismo llega hasta tal punto que empezaron a vestirlas como profesionales en el mismo año, en el ya lejano 1993 (tan lejano que quien hoy escribe estas líneas a duras penas era capaz de sujetar un lápiz).

Se ganaron a todos con sus actos dentro y fuera del campo. Ejercieron durante décadas de capitanes en los que se podía confiar, cada uno era y es (aún en el caso de Del Piero, ya fuera del equipo) el emblema indiscutible de su squadra. La afición sabe valorar a quien los valora, y ambos mostraron siempre continuos detalles hacia la grada. De hecho, Totti incluso llegó a acercarse a los tifosi para escuchar sus opiniones cuando las cosas iban mal el año pasado.


Crecieron bajo el ejemplo del hombre al que todos los jugadores de sus características (que son muy pocos) toman como referencia en Italia desde que en los 90 se convirtió en leyenda: Roberto Baggio, y ejercieron de dignos sucesores. No ganaron un Balón de Oro como su predecesor, pero sí consiguieron hacerse eternos a su manera. Sólo hay un Baggio, pero los niños de la Juventus y la Roma tienen ahora a dos nuevos espejos donde mirarse como tuvieron ellos en su día. Espejos que no traerán 7 años de mala suerte a nadie, pues nunca se romperán.

Dos hombres que empezaron sus carreras sin saber que llegarían a ser lo que hoy son, pero que siempre actuaron con un gran sentido de la lealtad, demostrando fidelidad a quien los supo tratar bien, y sabiendo que la comodidad de sentir que se está en casa difícilmente se puede pagar con dinero. Dos hombres diferentes, amigos y rivales al mismo tiempo, pero con un mismo destino; convertirse en leyendas imborrables en la historia de sus clubes.

7 dic. 2012

Anecdotario de fútbol (III): El Nicolas Cage que resultó ser italiano


   Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

Uno de los episodios más surrealistas del ya de por si delirante mandato de Ramón Calderón al frente del Real Madrid llegó en marzo de 2008, cuando en la previa de un Real Madrid - Roma de Champions League un teórico icono de Hollywood visitó las instalaciones del Santiago Bernabeu. Se trataba de Nicolas Cage, o por lo menos eso creían los responsables del equipo merengue.

El club madrileño recibió un mail de una agencia estadounidense que solicitaba un encuentro con una de sus estrellas, el mencionado Cage, pero nadie se esperaba que todo fuese una broma orquestada para explotar el parecido que guardaba el humorista italiano Paolo Calabresi con el famoso actor, con la intención de convertirlo en una broma para su programa de humor, 'Italian Job'.

Ajenos a las perversas intenciones de Calabresi, la directiva de Ramón Calderón hizo sentir a su invitado como en casa, permitiéndole ver el partido de competición europea desde el palco, entregándole una camiseta con su nombre serigrafiado a la espalda e incluso bajar al vestuario a saludar a los jugadores al término del partido.

El engaño, evidentemente, salió a la luz poco después, pero se hace complicado creer que nadie se diese cuenta de que el humorista no era quien decía ser, ya que aunque estaba bien caracterizado físicamente, el parecido no era el suficiente como para que alguien acostumbrado a ver la imagen del suplantado cayese en el engaño. Por otra parte, también es cierto que lo más prudente era no intentar tirar de la manta por si resultaba ser el Cage real recién salido de una operación estética mal llevada. Sea como sea, este curioso incidente sirvió por lo menos para comprobar que Ramón Calderón se maneja bien hablando inglés.



Poco después del incidente, Andreu Buenafuente entrevistó a Calabresi en su programa:


6 dic. 2012

Thiago Silva, la complejidad sencilla


   Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

 Thiago Silva es un defensa diferente, y eso queda claro una vez se ve un partido en el que existe su presencia. Aquel joven, carioca de nacimiento y que nunca renunció al fútbol, luchó ante las adversidades de su carrera hasta que el éxito europeo sobrevino, quizás demasiado tarde, pero lo suficientemente pronto como para que una leyenda como Paolo Maldini le nombrase su sucesor. Thiago dejó ya atrás aquella apariencia desgarbada que lucía a su llegada a Milan, allá por el 2009, cuando contaba ya con 25 años. Su anterior salto a Europa, primero al Oporto y más tarde al Dynamo de Moscú estuvo marcado por su tendencia a los problemas físicos. No pudo hacer casi nada en su primera etapa al otro lado del charco y tuvo que regresar a su país, volver a empezar de cero.

El Fluminense le dio la oportunidad y todo volvió a su cauce. Thiago fue una de las piezas clave de los éxitos cosechados por el equipo durante su estancia y el Milan confió en él, en un jugador de 25 años que no había conseguido nada todavía en Europa. Los rossoneri no se equivocaron, y desde el primer momento fue uno de los jugadores con más minutos de la plantilla. En su primer año fue el segundo jugador más utilizado por Leonardo, sólo por detrás de Anrea Pirlo, y esta tónica de jugador clave se mantuvo durante sus tres campañas en Milan, en las que fue creciendo hasta convertirse en el que quizás sea a día de hoy el central más completo del mundo, el que más virtudes ofrece.

Se convirtió hace pocos meses en el segundo defensa más caro de la historia con su traspaso al PSG, y no fue de casualidad. La presencia del brasileño está dando al equipo parisino una seguridad defensiva soñada por cualquiera. Lo ofrece todo y falla increiblemente poco, algo que fue puliendo con el paso de los años y los minutos. El ascenso de su autoconfianza desde su llegada a Milan fue apoteósico.

Thiago siempre me llamó la atención por su sentido de la anticipación. Es un genio saliendo al cruce, dando lecciones magistrales de aprovechamiento de su velocidad y capacidad de reacción. No es, evidentemente, el único punto fuerte de su juego, ya que estamos ante un auténtico depredador defensivo. A pesar de no ser excesivamente alto, ejerce de baluarte en el juego aéreo, y es difícil que un balón colgado pase por sus dominios sin que se tire a por él a cualquier precio. Es elegante e inteligente, con una capacidad impecable para la toma de la decisión correcta, algo que ejerce de factor determinante en su juego unido a su pulido posicionamiento. Sabe cuando meter la pierna, y es extremadamente raro verle haciendo faltas prescindibles. 

Defensivamente lo tiene casi todo, pero lo que aporta al ataque marca también la diferencia. Muy pocos jugadores de su posición están a su altura en cuanto a salida de balón, y es siempre el primer eslabón por el que pasan los ataques de su equipo, antes de que el balón sea entregado a la gente de arriba. Tiene también presencia en el área rival gracias a su ya mencionada capacidad para destacar en el juego por alto, y es habitual verlo cada temporada marcando un puñado de goles a balón parado.

Con Thiago Silva estamos sin duda ante uno de los centrales más determinantes del mundo. Un central que tuvo la mala suerte de no poder triunfar en Europa hasta que las lesiones se lo permitieron, pero vio la luz al final del túnel para brillar con luz propia. El del PSG es uno de los centrales que más seguridad me da en la actualidad, junto a Ramos, Chiellini y Puyol (cuando las lesiones se lo permiten). Hace del área su territorio con una autoridad similar a la que muestra su compañero Zlatan Ibrahimovic en campo rival. Su filosofía es clara y le llevó al éxito: jugar de forma sencilla, pero obtener un reultado complejo.