20 nov. 2012

Una verdad incómoda

  Por Rubén López | ruben@futbolconpropiedad.com

 Según datos desvelados a principios de este año, 23 clubes europeos están en Ley Concursal. De esa cifra total, 22 eran españoles y el otro, el Portsmouth inglés, que en menos de 5 años descendió dos categorías.

¿Por qué estas vergonzosas cifras señalan a España como el paraíso del moroso consentido? No nos engañemos, siempre fuimos un país de chapuceros, en el que las cosas se buscan por el camino de lo cómodo y no de lo correcto, pero eso no es razón suficiente para explicar la sangría económica que sufre desde hace años nuestro fútbol, cuya deuda pública supera ampliamente los 700 millones de euros y no parece que la situación dé muestras de mejoría, sino todo lo contrario.

Si echamos la vista a otras grandes ligas europeas nos encontramos situaciones también negativas. Sin ir más lejos, la Premier League tiene también una desorbitante deuda acumulada y sus balances son deficitarios. Pero lo cierto es que en el caso de la liga inglesa las deudas son en su gran mayoría entre entidades privadas, y no con Hacienda, como pasa en el fútbol español.

Alrededor del 50% de los clubes europeos tienen déficit de ingresos, pero a diferencia de lo que ocurre en España no es la Administración Pública quien 'paga' sus deudas. Se está haciendo la vista gorda con el enorme agujero presente en el dinero de toda la población, porque probablemente el circo es una importante distracción popular. Hay suficiente dinero todavía para que vayan cobrando los que toman este tipo de decisiones, y no urge por el momento hacer ver al aficionado medio que la situación del país es crítica acabando con la apacible (de puertas para afuera) existencia de su club.

Desde el Gobierno se pide un cuantioso rescate a Europa y mientras se permite a un sector muy localizado no imprescindible (aunque sí importante y pasional) para el funcionamiento del país acumular una deuda de casi el 1% de dicho rescate. La situación es cuanto menos surrealista.

Tenemos que tener claro que permitir a un club sobrevivir con la deuda no es beneficioso para nadie, ya que el club en cuestión tendrá que sufrir lo indecible para conseguir la más mínima solvencia, y se condenará a subsistir en las posiciones bajas de su categoría. Los jugadores perderán la confianza al ver que la situación no es la ideal y verán en peligro su sueldo, mientras que la parte acreedora sufrirá la evidente deuda no pagada. 

¿Qué factores hacen que la Concursal se cebe con nuestro fútbol? La solución no es fácil, pero la raíz del problema está bastante localizada

  • Despilfarro en épocas de bonanza: Cuando la cosa va bien es fácil pensar que la gallina siempre pondrá los huevos de oro, pero nunca es así. La naturaleza humana hace pensar que cuando los empieza a poner de plata será algo transitorio, pero al final pasan a ser de bronce y finalmente no sirven para más que hacer tortilla. La nula capacidad de predicción de la tormenta o las intenciones de grandeza insostenible provocaron que muchos dirigentes despilfarrasen cantidades ingentes de dinero sin ver que a la esquina esperaba el desastre, o confiando que el desbarajuste se lo comiera el tonto que viniera después. Cabe decir que esta práctica no sólo la llevaron a cabo los clubes de fútbol, sino toda la población en todos sus estamentos. No obstante los que lo están pagando son los muchos que se aprovecharon poco y no los pocos que se aprovecharon mucho.
  • Años barriendo hacia debajo de la alfombra Mientras la burbuja no estalló en las narices (y todavía ahora, que ya hace tiempo que reventó) a nadie parecía importarle. Todo eran sonrisas en busca de un mañana mejor. Todos soñaban la vida en rosa y aparecían felices, como si de un anuncio de compresas se tratase. Ahora nos llevamos las manos a la cabeza y culpamos a otros de forma cobarde, como si nos encontrásemos en un programa del corazón cualquiera.
  • Competitividad imposible: Cuando la organización de la competición crea desigualdades insalvables, los equipos perjudicados (la mayoría) tienen que hacer lo imposible por no ser comparsas. Si Real Madrid o Barcelona 'generan' mucho más y además son CF y no S.A.D. no debería servir como excusa para permitirles más deuda. Esto es una competición, no una lucha por el monopolio, y lo que se debe buscar es el atractivo para el aficionado, y no la supremacía salvaje del económicamente fuerte. Para ver eso ya tenemos la vida real.
Las alternativas son pocas más allá de la dureza. No puede permitirse que equipos que no pueden pagar su deuda se gasten cantidades ingentes en nuevas incorporaciones, ni amenazar inocuamente con coacciones que nunca llegan. Tampoco es de recibo cebarse con algunos deudores y no con todos. No se puede fijar un límite temporal para el saneado de una deuda para unos y no para el resto, ya que vuelve a afectarse a la competitividad. En términos económicos, la idea de que los plazos sean los mismos para todos puede parecer una locura, pero este deporte es un mundo aparte y buena muestra de ello es que la Ley Concursal suele acabar en desastre para todos los que se acogen a ella menos para los clubes de fútbol. Además, hacer que entidades multimillonarias como las futbolísticas sobrevivan en base a no pagar la mitad de la deuda con gente que no tiene la culpa de su nula solvencia no parece una solución muy ética.

Permitir, como decía antes, que unos fichen futbolistas por cantidades millonarias mientras otros equipos en igual o mejor situación tienen ingresos intervenidos suena a cachondeo, y al igual que al ciudadano corriente que no se puede permitir mantener sus ya adquiridas posesiones no se le concede un préstamo para comprarse una mansión de lujo, el fútbol no debería presentar estos agravios comparativos. Debe haber un plazo para solucionar todo esto, y proponer como única alternativa la desaparición y refundación. A todos nos gusta el fútbol y queremos con pasión a nuestro equipo, pero no podemos imponerlo por delante de nosotros mismos. Nos queremos muy poco para permitir que a otros (por mucho que sean nuestros colores) les permitan deber cantidades que ni soñamos mientras al vecino de enfrente o (toquemos madera) incluso a nosotros mismos nos puedan echar como perros a la calle por cantidades insignificantes en comparación.

¿Es el fútbol la más importante de las cosas poco importantes? Sí, pero no nos cachondeemos de nosotros mismos. En esta época de la historia nos estamos jugando más que un liga, nos estamos jugando perder derechos sociales por culpa de una teórica crisis mundial. Estamos haciendo a los ricos más ricos y a los pobres más pobres bajo la idea de una 'desaceleración' que lleva al Gobierno a rescatar gente que se baña en dinero para mientras, de forma psicópata, ir cebándose con quien se mantiene a duras penas. No escupamos hacia arriba, no hagamos que esas desigualdades seamos mayores y aceptemos de una vez que el fútbol no es sostenible. Rechazar esta situación será un paso para hacer ver que no nos conformamos con lo que hay. Si somos de nuestro equipo nos dará igual que juegue en primera o en tercera, ellos son los nuestros y lucharemos igualmente por ellos. Poniéndonos en el lado positivo, esto traería incluso algo beneficioso a la hora de celebrar éxitos, ya que en la primera división el pescado está vendido. Ahí está el ejemplo de los hasta hace poco todopoderosos Rangers de Glasgow, que desde hace unos meses compiten en la tercera división de su país con gran apoyo de su afición.
Debe haber mano dura. En la Antigua Roma se echaba mano del famoso 'pan y circo' para tener a la población entretenida de los asuntos políticos incómodos, pero no se puede intentar sostener el circo cuando el pan escasea. O puede que la población esté ya tan atontada que le dé igual ver su mesa vacía a cambio de que los suyos ganen el partido. No sé qué pensarán otros, pero yo me veo por detrás en el marcador.

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